{"id":33880,"date":"2022-02-26T23:00:00","date_gmt":"2022-02-26T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-02-26T23:00:00","modified_gmt":"2022-02-26T23:00:00","slug":"viuda-de-garcia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/viuda-de-garcia\/","title":{"rendered":"Viuda de Garc\u00eda"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"33880\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Permitan que me presente.&nbsp; Mi nombre es Dami&aacute;n. Quer&iacute;a compartir con ustedes la singular y rocambolesca historia de la que fui testigo trabajando como chico de los recados en la pensi&oacute;n que regentaba la Vda. De Garc&iacute;a en la calle Jacometrezo de Madrid.<\/p>\n<p>Corr&iacute;a el a&ntilde;o 2006, contaba ella por entonces con 60 primaveras cumplidas y llevadas con verdadera dignidad. Hac&iacute;a 5 que regentaba su negocio en solitario tras el fallecimiento de su marido a causa de un c&aacute;ncer &lsquo;galopante&rsquo; en palabras de la susodicha.<\/p>\n<p>Tras haber superado las penurias y miserias iniciales, lleg&oacute; a un pacto muy decente y provechoso con el Sr. Laredo, un hombre de 72 a&ntilde;os que viv&iacute;a muy cerca de ella y que gozaba de una posici&oacute;n econ&oacute;mica muy ventajosa tras haber ejercido la carrera diplom&aacute;tica. Cabe recalcar que dicho hombre no contribuy&oacute; solo a llenar la escu&aacute;lida despensa de la viuda, sino que tambi&eacute;n sol&iacute;a hacer las delicias de la se&ntilde;ora y sus invitados cuando contaba historias sobre los pintorescos lugares donde hab&iacute;a sido embajador.<\/p>\n<p>Decidieron sellar su acuerdo matrimonial al poco de conocerse. Ambos eran muy felices juntos y gozaban de una vida apacible, si bien es cierto que el se&ntilde;or me confes&oacute; su insatisfacci&oacute;n en lo que a la vida de cama se refer&iacute;a: al parecer, la viuda, con objeto de hacer que su virtud permaneciera intachable, hab&iacute;a decidido no consumar su segundo matrimonio y, desde entonces, dorm&iacute;an los esposos en habitaciones separadas.<\/p>\n<p>Yo ofrec&iacute; a mi amigo la posibilidad de recrearse en ciertos lupanares donde era conocida mi reputaci&oacute;n y no le faltar&iacute;a de nada, pero reitero que se trataba de un aut&eacute;ntico caballero.<\/p>\n<p>Sucedi&oacute; entonces que, recuperada la prosperidad y el prestigio de la pensi&oacute;n, sol&iacute;an acudir atra&iacute;dos por su aire cl&aacute;sico y decadente, numerosos artistas, aspirantes a escritores, bohemios pintores y, hasta alg&uacute;n m&uacute;sico.<\/p>\n<p>Uno de ellos, fue un joven flautista, que deleitaba a los se&ntilde;ores con su m&uacute;sica las tardes de oto&ntilde;o.<\/p>\n<p>Quiso el Sr. Laredo contribuir a su causa sufragando los gastos de su estancia all&iacute; a cambio de que compusiera una pieza inspirada en su bella esposa.<\/p>\n<p>La se&ntilde;ora, a pesar de su edad, manten&iacute;a una piel tersa y un cuerpo m&aacute;s propio de una mujer veinte o treinta a&ntilde;os m&aacute;s joven gracias a su riguroso estilo de vida, todo ello coronado por una larga cabellera sobre la que aplicaba algunos reflejos rubios para tratar de ocultar a la implacable blancura que amenazaba con hacerse perenne en su frente.<\/p>\n<p>El flautista, cumpli&oacute; con su palabra y dedic&oacute; una muy bella melod&iacute;a a la viuda, la cual agasaj&oacute; los o&iacute;dos de los presentes que estaban all&iacute; la tarde que decidi&oacute; que hab&iacute;a llegado la hora de compartirla con el mundo.<\/p>\n<p>Agradecidos y reconfortados por la dulzura de la pieza, aquella noche fueron a dormir tarde despu&eacute;s de horas de conversaci&oacute;n sobre la desarraigada existencia de aquel m&uacute;sico errante.<\/p>\n<p>De madrugada, el se&ntilde;or Laredo se despert&oacute; por culpa de unos golpes que proven&iacute;an de la otra ala de la pensi&oacute;n. Alarmado, sali&oacute; al pasillo ataviado con su ropa de noche y armado con un garrote de notables dimensiones, elaborado con madera de un roble perteneciente a su familia. Decidi&oacute; pertrecharse as&iacute; pues no era extra&ntilde;o que sucedieran all&iacute; altercados en relaci&oacute;n con los excesos et&iacute;licos de algunos de sus hu&eacute;spedes.<\/p>\n<p>Sigui&oacute; los sonidos hasta llegar al origen, que no era otro que la habitaci&oacute;n de la viuda. Apoy&oacute; su oreja en la puerta y oy&oacute; unos quejidos que no hicieron sino acrecentar su alarma.<\/p>\n<p>Se decidi&oacute; entonces a abrir la puerta y, lo que vio all&iacute;, lo dej&oacute; petrificado.<\/p>\n<p>Ante &eacute;l, el cuerpo desnudo de su esposa (al menos en lo concerniente a la legalidad), de espaldas a la puerta, en un movimiento lento y cadencioso sobre el flautista. Cuando sus ojos se acostumbraron a la tenue luz de la vela que alumbraba la estancia, contempl&oacute; como su esposa sub&iacute;a y bajaba, cada vez m&aacute;s r&aacute;pido, haciendo que el pene de aquel joven se introdujera en el interior de su vagina, sacudiendo la pelvis para aumentar a&uacute;n m&aacute;s la excitaci&oacute;n de este que, sin poder aguantar m&aacute;s, la volte&oacute; sobre la cama y la abri&oacute; de piernas para penetrarla profundamente.<\/p>\n<p>Tan abstra&iacute;dos estaban por el acto carnal, que ninguno de los dos se percat&oacute; de la presencia del marido.<\/p>\n<p>Lo que vino despu&eacute;s fue la demostraci&oacute;n de la inclinaci&oacute;n salvaje de aquella mujer, aparentemente recatada y pudorosa, por el miembro de aquel joven al que acababa de conocer.<\/p>\n<p>Tras muchos minutos de atraer a su amante hacia sus entra&ntilde;as con el empuje de sus piernas, este cay&oacute; rendido y ella tom&oacute; el relevo, cabalgando nuevamente sobre &eacute;l. No contenta con este primer acto, tras la eyaculaci&oacute;n, comenz&oacute; a manosear lujuriosamente el miembro de aquel chico y lo chup&oacute; con la devoci&oacute;n de quien lleva a&ntilde;os sin disfrutar de semejantes placeres.<\/p>\n<p>La segunda erecci&oacute;n sirvi&oacute; para propagar los gritos y gemidos de la viuda por toda la pensi&oacute;n despu&eacute;s de que este la cubriera tras ponerla boca abajo y la embistiera con fuerza, primero tumbada, despu&eacute;s con el culo en pompa y, para finalizar, se entregaron a la locura con la se&ntilde;ora abierta de piernas contra la pared del cuarto, retrepando una y otra vez sobre aquella ansiada verga hasta que volvi&oacute; a sentir la irrupci&oacute;n del semen de su amante en su interior.<\/p>\n<p>El se&ntilde;or huy&oacute; despavorido al lugar de donde hab&iacute;a venido tras semejante visi&oacute;n.<\/p>\n<p>Durante muchos d&iacute;as, los desayunos fueron tensos entre los dos, sin cruzar palabra, el se&ntilde;or cada d&iacute;a m&aacute;s ojeroso a causa de la estruendosa forma con la que cada noche, el m&uacute;sico de tez morena, se follaba a la viuda.<\/p>\n<p>Tras un per&iacute;odo de reflexi&oacute;n, &eacute;l se atrevi&oacute; a recriminarle su actitud, pues se sent&iacute;a ultrajado tras haber demostrado paciencia y comprensi&oacute;n con las creencias que su esposa ahora hab&iacute;a dejado caer a los pies de la cama.<\/p>\n<p>Ella, visiblemente ofendida, le record&oacute; que su matrimonio se basaba en la conveniencia de dicha uni&oacute;n, que ya hab&iacute;a aguantado al petulante de su marido durante muchos a&ntilde;os y que no estaba dispuesta a volver a sentir el mismo asco que cuando este la tocaba.<\/p>\n<p>Las cosas, siguieron sin cambios durante el tiempo que el m&uacute;sico pernoct&oacute; en la pensi&oacute;n. Si acaso, comenzaba a atisbarse un deje de cansancio en el rostro de este, a causa de la fren&eacute;tica actividad a la que era sometido cada noche.<\/p>\n<p>Y quiso la funesta providencia, que el se&ntilde;or de la casa, tras percatarse de que pod&iacute;a ver el interior de la habitaci&oacute;n de su esposa desde su ventana, tomase por costumbre masturbarse viendo dichas escenas con una bolsa de pl&aacute;stico transparente cubriendo su cabeza y apretada esta con una soga.<\/p>\n<p>Contemplaba a su esposa abierta de piernas, recibiendo aquel pene colosal entre sus piernas, sus gritos ahogados, su mirada perdida entre orgasmo y orgasmo.<\/p>\n<p>A tal grado lleg&oacute; su demencia, que una noche apret&oacute; demasiado y as&iacute; lo encontr&eacute; yo cuando fui a ordenar su habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Desde entonces, se hace llamar viuda de Garc&iacute;a y Laredo y yo sigo acudiendo cada d&iacute;a, aunque ya no trabajo all&iacute;, alimentando la dulce fantas&iacute;a de su boca recorriendo mi cuerpo para despu&eacute;s envolverme con sus piernas y dejar que me pierda en el misterio de su sexo.<\/p>\n<p>Barcelona, 25 de febrero de 2022<\/p>\n<p>Roberto Cechinello<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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