{"id":33881,"date":"2022-02-26T23:00:00","date_gmt":"2022-02-26T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-02-26T23:00:00","modified_gmt":"2022-02-26T23:00:00","slug":"cuando-se-ama-es-el-corazon-quien-juzga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/cuando-se-ama-es-el-corazon-quien-juzga\/","title":{"rendered":"Cuando se ama es el coraz\u00f3n quien juzga"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"33881\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El despertador del m&oacute;vil son&oacute; a las siete. S&oacute;lo hab&iacute;a dormido dos horas. Claudia lo apag&oacute; somnolienta y camin&oacute; desnuda, &mdash;como una aut&oacute;mata&mdash; hasta el ba&ntilde;o, se sent&oacute; en la taza a orinar entre bostezo y bostezo, despu&eacute;s se levant&oacute;, apoy&oacute; las manos en el lavabo frente al espejo y tuvo unas arcadas que le hicieron vomitar el escaso contenido de su est&oacute;mago. Permaneci&oacute; unos segundos inm&oacute;vil contempl&aacute;ndose en el espejo sin gustarle lo que ve&iacute;a, por lo que se lav&oacute; la cara, como si al hacerlo pudiese blanquear tambi&eacute;n la vileza de sus actos. A continuaci&oacute;n se sec&oacute; y volvi&oacute; a mirarse en &eacute;l, por si le devolv&iacute;a alg&uacute;n cambio sustancial, pero no fue as&iacute;. Sali&oacute; del ba&ntilde;o un poco m&aacute;s recompuesta, se visti&oacute;, se dio unos retoques al pelo y por &uacute;ltimo cogi&oacute; su bolso, observ&oacute; a su amante durmiendo y sali&oacute; de la vivienda sin hacer ruido.<\/p>\n<p>A las ocho llegaba a casa, habiendo disfrazado una vez m&aacute;s su aventura carnal con una guardia en el hospital. Iv&aacute;n ya hab&iacute;a preparado el desayuno para los dos. Claudia colg&oacute; el abrigo en la percha, el bolso en la silla, le dio los buenos d&iacute;as acompa&ntilde;ados de un beso y se sent&oacute; a desayunar con &eacute;l, pese a su inapetencia. S&oacute;lo deseaba estar sola, darse un ba&ntilde;o y recapitular.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tal la noche?<\/p>\n<p>&mdash;Movidita, &mdash;respondi&oacute;. Inmediatamente cay&oacute; en la cuenta de que no andaba lejos de la verdad.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Algo destacable? &mdash;pregunt&oacute; levantando la vista del peri&oacute;dico.<\/p>\n<p>&mdash;Nada que merezca la pena rese&ntilde;ar, &mdash;minti&oacute;.<\/p>\n<p>Apenas desayun&oacute;. Tom&oacute; un caf&eacute;, &uacute;nicamente por interpretar el papel de buena esposa y camuflar su perfidia. Tampoco le apetec&iacute;a comentar nada m&aacute;s. En esos momentos siempre albergaba la extra&ntilde;a sensaci&oacute;n de que, de alguna manera, su infidelidad era di&aacute;fana, es decir, ten&iacute;a el presentimiento de que si dec&iacute;a o hac&iacute;a algo inapropiado se delatar&iacute;a, como tambi&eacute;n ten&iacute;a la percepci&oacute;n de que en su cuerpo quedaba alg&uacute;n resquicio, alguna mancha, alg&uacute;n resto en el peinado o cualquier otro elemento singular o indicio sospechoso que la pudiese inculpar.<\/p>\n<p>&mdash;Voy a darme un ba&ntilde;o, &mdash;le indic&oacute; a fin de eliminar cualquier rastro que solamente exist&iacute;a en su cabeza, y no tener que seguir una conversaci&oacute;n que no le apetec&iacute;a en esos momentos, dada su vulnerabilidad.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te ocurre algo? &mdash;le pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&ldquo;Apenas he dormido. Ha sido una noche de sexo duro&rdquo;.<\/p>\n<p>Esa hubiera sido su sincera respuesta, no obstante, evoc&oacute; las palabras de su psicoanalista afirmando que la fuerza m&aacute;s poderosa que mueve el mundo era la mentira. Todo el mundo miente: pol&iacute;ticos que prometen lo que nunca cumplen; periodistas que omiten la verdad; hijos que dicen no haber tomado nunca drogas; vecinos que se saludan cordialmente, pero en realidad se detestan; padres que dicen entender a sus hijos; hijos que dicen obedecer a sus padres; c&oacute;nyuges que aseguran no enga&ntilde;ar a su pareja. Se dice que los ni&ntilde;os nunca mienten, pero incluso, cuando lloran est&aacute;n mintiendo para reclamar la atenci&oacute;n de la madre. Despu&eacute;s de la convincente reflexi&oacute;n respald&oacute; la verdad de su psic&oacute;logo y se reafirm&oacute; en que la mentira era m&aacute;s apropiada si no quer&iacute;a que se desatara el caos, aun cuando estuvo tentada de sincerarse, teniendo en cuenta que su dignidad estaba tocando fondo.<\/p>\n<p>&mdash;No, s&oacute;lo estoy cansada, necesito relajarme y dormir un rato, &mdash;dijo enmascarando una vez m&aacute;s la media verdad.<\/p>\n<p>&mdash;Hoy est&aacute;s especialmente guapa, &mdash;le declar&oacute; Iv&aacute;n con total sinceridad, como hac&iacute;a siempre. Tal vez era la excepci&oacute;n que confirmaba la regla. Puede que tambi&eacute;n, la podredumbre en la cual se ve&iacute;a ella reflejaba por su vileza era lo opuesto a lo que percib&iacute;a Iv&aacute;n, y quiz&aacute;s tambi&eacute;n por el amor que le profesaba.<\/p>\n<p>Hundi&oacute; la cabeza en la ba&ntilde;era unos segundos buscando despejar su mala conciencia y cuando supuso haberlo hecho emergi&oacute; del agua ech&aacute;ndose el pelo hacia atr&aacute;s con las manos.<\/p>\n<p>Un poco m&aacute;s serenada sali&oacute; del agua y cogi&oacute; la toalla. Iv&aacute;n entr&oacute; para despedirse, se qued&oacute; un instante observ&aacute;ndola obnubilado, como si ella fuese Afrodita, la diosa de la belleza, la sensualidad y el amor. A continuaci&oacute;n, injustificadamente dichoso, le dio un beso y se march&oacute; al hospital.<\/p>\n<p>El tel&eacute;fono son&oacute; y Claudia confi&oacute; en que no fuese una urgencia.<\/p>\n<p>&mdash;Te has ido sin decirme nada, &mdash;le reproch&oacute; su amante.<\/p>\n<p>&mdash;Estabas dormido. No quise despertarte.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;ndo nos volvemos a ver? &mdash;pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Ya te llamar&eacute;, &mdash;sentenci&oacute; para inmediatamente colgar.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a pensado en dormir un rato, pero su cabeza era un hervidero de contradicciones y sab&iacute;a que era in&uacute;til intentarlo a no ser que tomara un tranquilizante, y no le gustaba la idea porque luego andaba el resto del d&iacute;a adormecida, por consiguiente, decidi&oacute; ir al hospital y mantener la cabeza ocupada para as&iacute; desde&ntilde;ar sus cavilaciones, si eso era posible.<\/p>\n<p>El tel&eacute;fono volvi&oacute; a sonar. De nuevo era Cristian, y por un momento pens&oacute; en no contestar, pero lo hizo.<\/p>\n<p>&mdash;No puedes llamarme cuando te venga en gana, &mdash;le reproch&oacute;<\/p>\n<p>&mdash;Antes me has colgado.<\/p>\n<p>&mdash;No estaba de humor.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te encuentras bien?<\/p>\n<p>&mdash;Se me pasar&aacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te apetece que nos veamos y lo hablemos?<\/p>\n<p>&mdash;No quiero volver a verte.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;s segura?<\/p>\n<p>&mdash;No, no lo estoy, pero es lo que quiero. No puedo seguir as&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Ven a casa y lo hablamos.<\/p>\n<p>Claudia dud&oacute; un instante y pens&oacute; que era un buen momento para cortar con todo aquel desprop&oacute;sito.<\/p>\n<p>&mdash;En una hora estoy ah&iacute;.<\/p>\n<p>Cristian la salud&oacute; con su cautivadora sonrisa. Iba descalzo, y como &uacute;nica prenda vest&iacute;a un vaquero rasgado en las rodillas, mostrando su fibroso torso. Claudia lo observo un momento y su cuerpo le mand&oacute; una se&ntilde;al inequ&iacute;voca de que estaba preparada de nuevo.<\/p>\n<p>El ambiente de la estancia estaba cargado y pod&iacute;a percibir todav&iacute;a la mezcla de olores de la contienda de la noche anterior.<\/p>\n<p>&mdash;Tenemos que poner fin a esto, &mdash;le dijo mientras se sentaba en el sof&aacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Si es lo que quieres&hellip; &iquest;pero crees que podr&aacute;s?<\/p>\n<p>&mdash;Al menos lo intentar&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;T&uacute; me gustas demasiado, Claudia. Eres la mujer que todo hombre desear&iacute;a para &eacute;l y por eso envidio a tu marido, pero sabes de sobra que si no soy yo, ser&aacute; otro con quien busques saciar tu sed.<\/p>\n<p>&mdash;Por el momento, quiero intentarlo. No puedo vivir con este desasosiego constante. No puedo m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que son tus prejuicios los que no te dejan avanzar.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Crees que esto es avanzar? &mdash;se quej&oacute;. &mdash;Para ti es f&aacute;cil decirlo. A ti no te ata nada ni nadie. &iquest;Crees que puedo continuar as&iacute; y seguir mirando a mi marido a la cara por las ma&ntilde;anas?<\/p>\n<p>&mdash;Pues d&eacute;jalo y vente conmigo.<\/p>\n<p>&mdash;A ti no te quiero.<\/p>\n<p>&mdash;Pero s&iacute; que me buscas para follar. Todo no puede ser en la vida, Claudia. La pareja perfecta no existe y creer lo contrario te har&aacute; m&aacute;s da&ntilde;o que bien. Muchas veces caemos en la creencia de que el amor todo lo puede, o que todo es por amor y eso no es as&iacute;. &iquest;Por qu&eacute; no disfrutas de ese don que se te ha dado y dejas ya de lamentarte tanto?<\/p>\n<p>&mdash;No me sermonees con tu psicolog&iacute;a barata. Para ti es f&aacute;cil. &iquest;Qu&eacute; tienes que perder? Absolutamente nada. &iquest;Crees que mi ninfoman&iacute;a es un don? Para m&iacute; desde luego no lo es.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres de m&iacute; Claudia? &iquest;Si tan mal te sientes por qu&eacute; me buscas?<\/p>\n<p>&mdash;He venido a despedirme.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Seguro? Podr&iacute;as haberlo hecho por tel&eacute;fono, o ma&ntilde;ana en el hospital, pero aqu&iacute; est&aacute;s.<\/p>\n<p>Claudia intent&oacute; contradecir su argumento, pero no pudo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; sientes cuando te cruzas con Iv&aacute;n en el hospital?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres que te diga? Nada. Eres t&uacute; quien quiere mantener encubierta esta relaci&oacute;n. Si quisieras, ma&ntilde;ana hablaba con &eacute;l, pero tienes que saber qu&eacute; deseas, puesto que tienes un problema que ni t&uacute; misma sabes c&oacute;mo resolver. Yo te doy lo que no te da &eacute;l y &eacute;l te da lo que no te doy yo, pero tampoco eso te satisface. Sigues aferr&aacute;ndote a la idea de que todo ir&aacute; sobre ruedas si me dejas y sabes que no va a ser as&iacute;.<\/p>\n<p>Reconoci&oacute; que ten&iacute;a raz&oacute;n. Amaba a Iv&aacute;n, pero sus exigencias superaban con creces esa adoraci&oacute;n. &iquest;Se pod&iacute;a ser feliz con la persona a la que se amaba, pero sustituy&eacute;ndola en los momentos de pasi&oacute;n? Era evidente que no. Su situaci&oacute;n comportaba un dilema importante dif&iacute;cil de resolver, no obstante, hab&iacute;a dos maneras: seguir ocultando su doble vida, o dejar al amor de su vida. Tanto una decisi&oacute;n como la otra no conduc&iacute;a a la felicidad, dado que, en una y en otra continuar&iacute;a existiendo una carencia de diferente naturaleza, y viendo su congoja, Cristian le hizo mirarle de frente virando su rostro con la mano.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute;date esta ma&ntilde;ana! No tienes por qu&eacute; tomar esa decisi&oacute;n ahora. Date tiempo.<\/p>\n<p>Claudia lo mir&oacute;, sinti&oacute; su mano en la zona er&oacute;gena del cuello y se dej&oacute; llevar de nuevo por las sensaciones, abandon&aacute;ndose al intercambio de saliva del pasional beso. Sus pezones respondieron al beso queriendo perforar la fina prenda y el contacto entre los labios se torn&oacute; m&aacute;s apasionado llevando a que el desenfreno tomase las riendas de las suaves caricias.<\/p>\n<p>Claudia pase&oacute; su mano por la espalda desnuda de &eacute;l con impaciencia. Ambos se deshicieron en pocos segundos del estorbo de la ropa con la acelerada ansiedad de dos primerizos, y ante la manifiesta torpeza, ella termin&oacute; de quitarse las bragas para inmediatamente abrir sus piernas a fin de recibirlo anhelante, y sin demorarse la penetr&oacute; de un golpe llev&aacute;ndola a exhalar un gemido de placer cuando lo sinti&oacute;, cual barra de hierro candente en sus entra&ntilde;as. A ese gemido le siguieron otros muchos cuando empez&oacute; a bombear con vehemencia en su interior.<\/p>\n<p>Le bast&oacute; tan s&oacute;lo un minuto para que se corriera reclam&aacute;ndole que se lo diera todo en un orgasmo que se prolong&oacute; durante otro minuto entre jadeos y espasmos de placer. Cristian extrajo la polla erecta de su vagina y contempl&oacute; unos instantes sus intimidades totalmente expuestas, a continuaci&oacute;n se escupi&oacute; repetidas veces el falo y se lo embadurn&oacute;, lo pos&oacute; a la entrada del peque&ntilde;o orificio y empuj&oacute; con suavidad hasta que el miembro penetr&oacute; hasta el fondo. Claudia contuvo sus lamentos con la verga percutiendo en sus esf&iacute;nteres, y el morbo, la lujuria y el desenfreno se instal&oacute; en su ser, de manera que sus jadeos se solaparon con los gritos de placer. Su dedo busc&oacute; el peque&ntilde;o n&oacute;dulo en busca de un segundo orgasmo, al mismo tiempo, Cristian se agarr&oacute; a sus pechos con ensa&ntilde;amiento sin dejar de percutir con contundentes golpes de cadera en la b&uacute;squeda de un cl&iacute;max compartido que no se hizo de esperar. Claudia grit&oacute;, y Cristian no fue menos, mientras le atizaba con unos &uacute;ltimos golpes de ri&ntilde;&oacute;n, entre espasmos y bramidos, al tiempo que alojaba en el estrecho canal los postreros restos de su simiente. Seguidamente se dej&oacute; caer encima de Claudia y ella acus&oacute; el peso muerto. Despu&eacute;s se deshizo de &eacute;l para ir al lavabo. Se sent&oacute; en el bidet y visualiz&oacute; el mismo escenario de la noche anterior, pero esta vez no quiso verse reflejada en el espejo. A continuaci&oacute;n sigui&oacute; con el ritual, se visti&oacute; y se march&oacute; sin despedirse. Cristian la mir&oacute; antes de salir por la puerta y se compadeci&oacute; de ella.<\/p>\n<p>Deambul&oacute; por la calle durante todo el d&iacute;a como una aut&oacute;mata sin un rumbo fijo, como si quisiera encontrar la senda de la circunspecci&oacute;n, de tal modo que el arrebol del atardecer la sorprendi&oacute; al pie del Miguelete. Mir&oacute; hacia arriba y admir&oacute; su majestuosidad. Tantos a&ntilde;os viviendo all&iacute; y nunca hab&iacute;a subido, y pens&oacute; que era un buen momento para hacerlo, por lo que pag&oacute; los dos euros de la entrada y subi&oacute; los doscientos siete escalones hasta la terraza, situada a sesenta y tres metros de altura.<\/p>\n<p>Se apoy&oacute; en la baranda presenciando la magia del crep&uacute;sculo con el sol arrojando sus &uacute;ltimos rayos de luz sobre el horizonte y tamizando el cielo en tonos viol&aacute;ceos, amarillos, naranjas y rojos, al igual que un pintor fauvista se ensa&ntilde;aba en el cromatismo de su paleta. Claudia observ&oacute; fascinada como el astro rey desaparec&iacute;a en el horizonte, dedic&aacute;ndole el hermoso espect&aacute;culo, y durante ese breve periodo de tiempo se embriag&oacute; de la belleza intr&iacute;nseca de su exhibici&oacute;n.<\/p>\n<p>El atardecer dio paso al ocaso y el centellear de las luces adorn&oacute; la ciudad otorg&aacute;ndole a la noche un clima especial para so&ntilde;ar donde se percib&iacute;a mejor el estruendo del coraz&oacute;n, el repiqueteo de la ansiedad, el murmullo de lo imposible y el silencio del mundo.<\/p>\n<p>Mir&oacute; hacia abajo y el v&eacute;rtigo golpe&oacute; su sien. No hab&iacute;a nadie. Tan s&oacute;lo estaba ella, sus razonamientos, su culpa y su prop&oacute;sito. Sus heridas eran tan profundas que no ve&iacute;a otra alternativa y pens&oacute; que esas heridas que no sangraban eran las que m&aacute;s costaban de curar y no estaba segura de que nunca lo hicieran.<\/p>\n<p>El coraz&oacute;n parec&iacute;a que iba reventarle en el pecho. Mir&oacute; de nuevo hacia abajo, pero el v&eacute;rtigo le imped&iacute;a dar el paso, por ello desvi&oacute; la mirada hacia arriba. Contempl&oacute; un cielo oscuro y con ello, una luz alumbr&oacute; su angustia, pues, cuanto m&aacute;s oscura era la noche, m&aacute;s brillantes eran las estrellas y cuanto m&aacute;s profundo era el dolor, m&aacute;s cerca estaba Dios.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>El despertador del m&oacute;vil son&oacute; a las siete. 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