{"id":33897,"date":"2022-02-28T23:00:00","date_gmt":"2022-02-28T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-02-28T23:00:00","modified_gmt":"2022-02-28T23:00:00","slug":"la-farmaceutica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-farmaceutica\/","title":{"rendered":"La farmac\u00e9utica"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"33897\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Isabel es una mujer atractiva. A sus cuarenta y dos a&ntilde;azos sigue conservando un cuerpo envidiable, sus ciento setenta cent&iacute;metros de altura la vuelven imponente detr&aacute;s del mostrador de la farmacia que dirige. Adorna su figura con una melena negra que le llega hasta el hombro y alguna cana furtiva que la hacen m&aacute;s interesante si cabe; un busto de buena talla y sobre el cual la gravedad no se ha cebado, y un culo redondo y resping&oacute;n que vuelve loco a Jos&eacute; Mar&iacute;a, su marido. Risue&ntilde;a y con un don de gentes que la ha hecho famosa en el barrio. Pero de puertas adentro, las cosas no son tan perfectas, su vida matrimonial ha ca&iacute;do en una tediosa rutina de la que s&oacute;lo Jos&eacute; Mar&iacute;a parece darse cuenta. Da la sensaci&oacute;n que ella tiene su vida plena con su farmacia y sus hijos. Hasta aquella tarde de un mes de octubre.<\/p>\n<p>Ariel es el nuevo delegado de zona de la farmac&eacute;utica Irrelevant Pharma. Campe&oacute;n de boxeo en la categor&iacute;a de peso W&eacute;lter en su Cuba natal, y m&eacute;dico graduado por la Universidad La Habana. F&iacute;sicamente un portento, su metro ochenta y cinco, su piel negra, su sonrisa cautivadora con una fila de dientes blancos perfectos, un culo redondo, espaldas anchas, pectorales definidos&#8230;m&aacute;s de alguna mujer hab&iacute;a vuelto la cabeza para mirarle en la calle. Y para qu&eacute; hablar del personal femenino del polideportivo donde entrenaba todas las tardes. Se pod&iacute;a ganar la vida ejerciendo de gigol&oacute;, sin embargo su objetivo era trabajar y hacerse un hueco en nuestro pa&iacute;s.<\/p>\n<p>* * * * *<\/p>\n<p>Isabel estaba distra&iacute;da ordenado recetas y albaranes de pedidos que la cooperativa farmac&eacute;utica le hab&iacute;a dejado por la ma&ntilde;ana. La puerta autom&aacute;tica de cristal de la entrada se abri&oacute; y entr&oacute; un chico joven negro que se present&oacute; como el nuevo delegado de un proveedor con el que Isabel hab&iacute;a empezado a trabajar recientemente. Dej&oacute; lo que estaba haciendo, llam&oacute; a su empleada, y pas&oacute; con Ariel a un despacho en la parte de atr&aacute;s de la botica. Ariel despleg&oacute; todos sus encantos para conseguir que Isabel aumentara la cantidad de productos de su laboratorio. Dej&oacute; algunas muestras, cat&aacute;logos, e inform&oacute; a Isabel de las promociones para los clientes distinguidos, que inclu&iacute;an viajes al Caribe, o fines de semana en hoteles de superlujo en C&aacute;diz y M&aacute;laga. Pero Isabel no se dej&oacute; impresionar por todo aquello, le llamaba m&aacute;s la atenci&oacute;n la forma de hablar de Ariel, ese acento cubano meloso mezclado con el hablar espa&ntilde;ol. Una sucesi&oacute;n de palabras terminadas en &ldquo;L&rdquo;, con ces y zetas que a Isabel le hac&iacute;a mucha gracia. Una especie de interruptor se activ&oacute; en su cerebro, la l&iacute;bido que parec&iacute;a dormida se activ&oacute; de repente. A Ariel algo se le activ&oacute; tambi&eacute;n en su interior, aquella mujer que ten&iacute;a delante le inspiraba. Intuy&oacute; que era mayor que &eacute;l, pero ten&iacute;a mucho morbo. Pens&oacute; en invitarla a tomar un caf&eacute;, pero recapacit&oacute; y antepuso el trabajo al ligoteo. Cuando dieron por terminada la visita se despidieron d&aacute;ndose la mano, pero Isabel tir&oacute; al suelo accidentalmente una carpeta que estaba encima de la mesa. Ariel muy sol&iacute;cito se agach&oacute; a recogerla, e Isabel de forma instintiva hizo lo mismo. Los ojos de Ariel se fueron directamente al escote de Isabel y pudo deleitarse con un hermoso canalillo y un sujetador de encaje negro. Isabel aspir&oacute; profundamente el aroma de Ariel, &ldquo;Le Male&rdquo;, de Jean Paul Gaultier&rdquo; pens&oacute;, &ldquo;buena elecci&oacute;n&rdquo;.<\/p>\n<p>Las visitas de Ariel se prolongaron durante todo el mes, siempre por las tardes y a la misma hora. Isabel no sab&iacute;a la raz&oacute;n, pero esos d&iacute;as antes de llegar Ariel a la farmacia, se arreglaba el pelo, se desabrochaba un bot&oacute;n de la camisa, o dejaba la bata abierta para poder lucirse por entero. Un d&iacute;a Ariel se decidi&oacute; y la invit&oacute; a comer. Como excusa puso la disculpa de un viaje a Alemania y para no faltar a su cita semanal con ella, en una comida podr&iacute;an hablar de negocios sin que ninguno de los dos faltara luego a su trabajo. Durante la comida hablaron lo justo de trabajo, y dedicaron m&aacute;s tiempo a hablar de banalidades. Salir de la rutina diaria relaj&oacute; mucho a Isabel, tanto que bebi&oacute; y rio como hac&iacute;a tiempo que no hac&iacute;a. Y cuanto m&aacute;s tiempo pasaba, m&aacute;s se sent&iacute;a Ariel atra&iacute;do por aquella mujer. Ariel se ofreci&oacute; a llevar a su invitada de nuevo a la farmacia, abri&oacute; la puerta derecha de su flamante Alfa Romeo Stelvio cortes&iacute;a de la empresa, y condujo hasta su destino. Sin meditar antes las consecuencias, se despidi&oacute; de ella con un beso en la boca. Sus gruesos labios abrazaron la boca de Isabel, y la punta de su lengua entr&oacute; en la boca de la farmac&eacute;utica. Isabel tampoco reflexion&oacute; mucho, y sigui&oacute; el juego. El beso dur&oacute; unos segundos, pero fue lo justo para despertar un ansia, un arrebato. Repitieron el beso una y otra vez, la lengua de Ariel entraba cada vez m&aacute;s en la boca de Isabel, y ella permit&iacute;a que llegara cada vez m&aacute;s adentro. Cerr&oacute; los ojos sin pensar en las repercusiones, mientras la mano de Ariel subi&oacute; por su muslo. El coraz&oacute;n de ella iba desbocado, sent&iacute;a una mezcla de miedo y deseo, al contrario que Ariel, que cada segundo que pasaba se sent&iacute;a m&aacute;s seguro.<\/p>\n<p>Eran las dos y media de la tarde, y aquel d&iacute;a la farmacia no abrir&iacute;a hasta las cinco. Isabel invit&oacute; a Ariel a pasar por una puerta lateral del local. En la parte de atr&aacute;s hab&iacute;a un cuarto con un ba&ntilde;o y una cama, que usaban cuando la farmacia estaba de guardia o abr&iacute;a las 24 horas para descanso del personal. Entraron de forma atolondrada, tropezando con todo pero sin despegarse el uno del otro. Isabel se agarraba al cuello de su amante, y &eacute;l no dejaba de apretar el culo de ella por encima del vestido. Isabel se hab&iacute;a puesto ese d&iacute;a un vestido camisero de color verde, que le llegaba a medio muslo, una fila de botones desde el cuello hasta abajo, y un cintur&oacute;n que le estilizaba mucho la figura. Sin dejar de besarse y enredar sus lenguas, se desnudaron mutuamente y tiraron la ropa sin mirar donde ca&iacute;a, hasta que ella qued&oacute; &uacute;nicamente con sus bragas negras, y Ariel con su b&oacute;xer azul. Ariel recorri&oacute; el cuerpo de ella hasta quedar de rodillas. Empez&oacute; por el cuello, los hombros, se detuvo en las tetas de Isabel y chup&oacute; los pezones. En su lengua not&oacute; el tacto duro de los mismos. Isabel apret&oacute; la cabeza de su amante negro contra su pecho, mientras se le aceleraba la respiraci&oacute;n. Hac&iacute;a tiempo que no sent&iacute;a aquella sensaci&oacute;n, sentirse deseada, esa especie de arrebato que hace que todo te d&eacute; igual. Ten&iacute;a curiosidad por saborear una piel desconocida y furtiva.<\/p>\n<p>Ariel baj&oacute; las bragas hasta los tobillos, y frente a su cara apareci&oacute; el sexo de Isabel. Hundi&oacute; su cara entre las piernas de ella, pase&oacute; su lengua mientras agarraba con fuerza las nalgas de la mujer. Isabel jadeaba, y mirando hacia abajo para no perder detalle de lo que hac&iacute;a Ariel, sujet&oacute; su cabeza en un intento de que no escapara. Abri&oacute; un poco las piernas para facilitarle la labor. Estaba fuera de si, no se hab&iacute;a tan siquiera parado a pensar en lo que estaba haciendo o lo que estuviera por venir. Sin aviso previo Ariel se puso de pie y empuj&oacute; a Isabel sobre la cama, termin&oacute; de quitarle las bragas, y se deshizo de sus b&oacute;xer. Ante ella se present&oacute; un Dios de &eacute;bano, se incorpor&oacute; para quedar sentada al borde de la cama y pudo ver de cerca el dibujo de sus abdominales como el mapa de una ciudad perfecta, l&iacute;neas verticales y horizontales que formaban cuadros sim&eacute;tricos. Los muslos perfectos con los cu&aacute;driceps y los femorales marcados, y los pectorales perfectamente definidos. Y qu&eacute; decir de su verga, a Isabel le pareci&oacute; perfecta. Con poco vello, unos test&iacute;culos redondos y un glande al descubierto y brillante. Una erecci&oacute;n descarada y soberbia que no se merec&iacute;a caricias, sino engullirla con falta de decoro. Instintivamente sus labios abrazaron la punta de aquella erecta polla, mientras sus manos sujetaban las caderas del hombre que le estaba regalando uno de los momentos m&aacute;s locos de su vida. Introdujo el falo duro caliente en su boca, sinti&oacute; como chocaba en su paladar pero advirti&oacute; que era imposible tragarlo por entero. Sus labios se dilataron y abrazaron aquella polla oscura, a la par que apretaba aquellas nalgas masculinas que le parecieron duras como el m&aacute;rmol. Ariel no se mov&iacute;a, puso sus brazos en jarras, baj&oacute; la cabeza para ver con claridad como Isabel se deleitaba con aquella mamada, y con unos leves vaivenes de cadera, introduc&iacute;a su miembro en la boca de Isabel.<\/p>\n<p>&Eacute;l parec&iacute;a no tener prisa, por el contrario ella aceler&oacute; el movimiento de su cabeza como si quisiera acabar con aquello cuanto antes, pero la idea de Isabel no era esa realmente; quer&iacute;a m&aacute;s, y quer&iacute;a que durara toda la tarde a ser posible, pero la p&eacute;rdida del h&aacute;bito y el ansia le hac&iacute;an ir m&aacute;s deprisa de lo que deseaba. Cuando Isabel se tomaba una pausa para respirar notaba como la saliva le sal&iacute;a de la boca por la comisura de los labios, y le ca&iacute;an gotas por la barbilla. Miraba detenidamente la polla de su amante, y la ve&iacute;a lustrosa y mojada, embadurnada con sus babas. Ariel puso sus manos sobre los hombros de la mujer y la empuj&oacute; sobre la cama. Acto seguido se arrodill&oacute;, subi&oacute; las piernas hasta sus hombros, y volvi&oacute; a meter su cabeza entre las piernas de Isabel. Sujet&oacute; los muslos suaves fuertemente, y recorri&oacute; con su lengua todo el camino que va desde el culo hasta el cl&iacute;toris. Chup&oacute; los labios vaginales, moj&oacute; la entrada del ano, estimul&oacute; con la punta de la lengua el bot&oacute;n del cl&iacute;toris, y todo eso con una lentitud que exasperaba a Isabel a la par que la hac&iacute;a gozar. El placer que sent&iacute;a le llegaba con oleadas, sent&iacute;a la necesidad de revolverse, de agitarse, pero Ariel la sujetaba con fuerza y a ella no le quedaba m&aacute;s remedio que arquear la espalda, jadear y agarrarse con fuerza al edred&oacute;n que cubr&iacute;a la cama.<\/p>\n<p>-&iexcl;Joder!, no te pares cabr&oacute;n, sigue, sigue, -le apremiaba a gritos. -&iexcl;Ah!, &iexcl;ah!, &iexcl;ah!&#8230;<\/p>\n<p>Pero Ariel no se dejaba llevar por las prisas, le estaba regalando a Isabel un placer indescriptible. Hasta que le lleg&oacute; el primero de los muchos orgasmos de aquella tarde.<\/p>\n<p>-&iexcl;Aaaah!, &iexcl;aaaah!&#8230; me corrooo, -grit&oacute; mientras tensaba la espalda. -&iexcl;Ah!, &iexcl;ah!, joderrrr.<\/p>\n<p>Pero Ariel no iba a tener piedad. Sin esperar a que esa mujer blanca totalmente entregada recuperara el resuello, se elev&oacute; quedando en cuclillas lo justo para encarar su polla frente al co&ntilde;o de Isabel y la introdujo con un golpe de cadera. Ese trozo de carne entr&oacute; sin dificultad taladrando a Isabel, que lo recibi&oacute; con un gemido. Ariel comenz&oacute; a bombear con fuerza en cuanto advirti&oacute; que el sexo de Isabel se hab&iacute;a adaptado al grosor de su polla. Los jadeos de ambos se mezclaron con el sonido de sus cuerpos chocando. Ariel no hab&iacute;a soltado las piernas de la mujer, y a ella la sensaci&oacute;n de estar a merced de ese semental, de no poder moverse, la volv&iacute;a m&aacute;s loca a&uacute;n. Ella, acostumbrada al misionero, a cuatro patas y poco m&aacute;s cada vez que follaba con su marido, aquello era irresistible, pero a&uacute;n le quedaba m&aacute;s que experimentar. Ariel se levant&oacute; sin sacar su miembro, subi&oacute; a Isabel en volandas y la dej&oacute; subida empalada a su polla. Ella se abraz&oacute; con fuerza al cuello del macho y sent&iacute;a como la penetraba con fuerza, hasta que Ariel camin&oacute; hasta la pared, apoy&oacute; a Isabel contra ella y sigui&oacute; percutiendo.<\/p>\n<p>-&iexcl;Joder cabr&oacute;n!, f&oacute;llame, f&oacute;llame m&aacute;s, -gritaba Isabel sin verg&uuml;enza ninguna. -Ostias joder, m&eacute;teme esa polla entera.<\/p>\n<p>-Tu marido no te ha follado nunca as&iacute;, &iquest;verdad?, -le susurraba &eacute;l en su o&iacute;do, -toma polla puta.<\/p>\n<p>Cuando Isabel le iba a gritar que no se corriera dentro, ya era tarde. Ariel descarg&oacute; un buen chorro de semen tibio acompa&ntilde;ado de un gru&ntilde;ido. Sigui&oacute; metiendo y sacando su verga sin tomarse un descanso, pero el bombeo ya era m&aacute;s lento. Su polla lubricada con una mezcla de semen y flujos se deslizaba f&aacute;cilmente. A Isabel el coraz&oacute;n se le sal&iacute;a del pecho, y sent&iacute;a sus tetas bailando al comp&aacute;s de la danza de Ariel. Le pidi&oacute; que la bajara porque quer&iacute;a ir al ba&ntilde;o, lo que &eacute;l hizo de buena gana. Cuando volvi&oacute; del peque&ntilde;o aseo, encontr&oacute; a su amante recostado sobre la cama. Una pierna colgaba fuera del colch&oacute;n y la otra flexionada; una mano sobre el pecho y la otra detr&aacute;s de la nuca como una almohada. Ella admir&oacute; el cuerpo desnudo de Ariel y se qued&oacute; pensativa. Durante a&ntilde;os hab&iacute;a escondido en el fondo de su cerebro estas fantas&iacute;as que esa tarde estaba haciendo realidad. Se acerc&oacute; a la cama y sin mediar palabra, se sent&oacute; a horcajadas sobre el hombre que la recibi&oacute; de buen grado.<\/p>\n<p>-Quiero m&aacute;s, -le dijo Isabel mir&aacute;ndolo fijamente, -otro antes de que tengas que irte.<\/p>\n<p>-Y parec&iacute;as una mosquita muerta cuando te conoc&iacute;, -contest&oacute; Ariel con su inconfundible acento caribe&ntilde;o. -&iquest;No te ha bastado?<\/p>\n<p>La respuesta de Isabel fue situar su sexo sobre la verga negra de su amante, y bajando suavemente sus caderas, la introdujo dentro de ella. Ariel flexion&oacute; ambas piernas para bombear y le dio a Isabel dos sonoros azotes. Para ella aquello era nuevo, inusual, no sab&iacute;a si era bueno o malo, si proced&iacute;a o no, pero si tuvo claro que el placer de los dos azotes y la polla de Ariel entrando y saliendo de su co&ntilde;o, le provocaron un placer enorme. Grit&oacute; con fuerza, se desahog&oacute; como si hubiera tenido reprimido un sentimiento durante mucho tiempo. Se puso erguida, apoy&oacute; ambas manos sobre el pecho de Ariel y aceler&oacute; el movimiento cerrando los ojos, y percibiendo las sensaciones que le provocaba aquel trozo de carne caliente y duro rozando las paredes de su sexo. &Eacute;l le masajeaba los pechos y los estrujaba con sus manos, le pellizcaba los pezones, y a Isabel se le mezclaba dolor y placer a la vez. Ariel decidi&oacute; ir un paso m&aacute;s all&aacute;, y llev&oacute; su dedo coraz&oacute;n hasta el culo de ella, estimul&oacute; el esf&iacute;nter y lo introdujo lentamente. Isabel quiso decirle que no, pero algo le impidi&oacute; dec&iacute;rselo. Nunca le hab&iacute;an follado por el culo ni estimulado de ninguna forma, siempre le dio la sensaci&oacute;n de que aquello aparte de doloroso, no era bueno. Pero algo la atenaz&oacute; y no fue capaz de poner un l&iacute;mite. Es m&aacute;s, al igual que con los azotes, se le mezcl&oacute; una sensaci&oacute;n de placer con un cierto dolor pero sin llegar a un l&iacute;mite que le hiciera pedir basta. Ariel entendi&oacute; la falta de rechazo por parte de ella, como algo bueno, y con un movimiento lento, volte&oacute; a la mujer coloc&aacute;ndola boca abajo. Pas&oacute; su mano por la vagina y moj&oacute; la entrada del ano de Isabel con sus flujos.<\/p>\n<p>-Espera, -dijo ella, -ponte algo porque me vas a hacer da&ntilde;o.<\/p>\n<p>Se levant&oacute; y trajo de la estanter&iacute;a un tubo de vaselina.<\/p>\n<p>-Lo siento, pero es que no tengo otra cosa m&aacute;s a mano, -le dijo a Ariel mientras le embadurnaba la polla con la pomada grasienta.<\/p>\n<p>Se coloc&oacute; a cuatro patas, y dej&oacute; que Ariel le untara el esf&iacute;nter con la vaselina, al mismo tiempo que aprovechaba para introducirle un dedo primero, y luego dos.<\/p>\n<p>-&iexcl;Aaaah!, -gimi&oacute; Isabel en una mezcla de dolor y placer.<\/p>\n<p>Ariel repiti&oacute; la acci&oacute;n varias veces, ampliando el movimiento de su mano hasta llegar a la vagina y el cl&iacute;toris de Isabel. Cuando crey&oacute; que era el momento, guio con su mano la polla hasta el hermoso culo de Isabel y apoy&oacute; el glande en la entrada. Hizo unos suaves movimientos intentando hundir su verga dentro de ella, hasta que fue entrando lentamente, buscando la dilataci&oacute;n. Isabel se dej&oacute; caer, extendi&oacute; los brazos hasta tocar la pared con las manos y exponiendo m&aacute;s su culo. Ariel la sujet&oacute; por la cintura y empez&oacute; un lento baile, sodomizando a Isabel. De forma lenta y pausada pero con determinaci&oacute;n Ariel mov&iacute;a sus caderas bombeando y provoc&aacute;ndole a la mujer un placer hasta entonces desconocido. Como una corriente el&eacute;ctrica, el orgasmo invadi&oacute; el cuerpo de ambos, uni&eacute;ndose todo en sus zonas genitales. Ariel volvi&oacute; a eyacular su semen c&aacute;lido dentro de ella al mismo tiempo que lanzaba un gru&ntilde;ido. Ella lo recibi&oacute; con un prolongado gemido, cerrando los ojos y apretando los pu&ntilde;os.<\/p>\n<p>La vida perfecta y ordenada de Isabel s&oacute;lo le dejaba sitio para lo desconocido y lo furtivo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Isabel es una mujer atractiva. A sus cuarenta y dos a&ntilde;azos sigue conservando un cuerpo envidiable, sus ciento setenta cent&iacute;metros de altura la vuelven imponente detr&aacute;s del mostrador de la farmacia que dirige. 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