{"id":34063,"date":"2022-03-12T23:00:00","date_gmt":"2022-03-12T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-03-12T23:00:00","modified_gmt":"2022-03-12T23:00:00","slug":"estos-frios-dias-de-marzo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/estos-frios-dias-de-marzo\/","title":{"rendered":"Estos fr\u00edos d\u00edas de marzo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"34063\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Yolanda me esperaba todos los martes a las diez de la ma&ntilde;ana. Yolanda sab&iacute;a que a esa hora de ese d&iacute;a yo pasaba por su calle, y me esperaba. Me esperaba sentada en una silla de anea; y, en estos fr&iacute;os d&iacute;as de marzo, lo hac&iacute;a envuelta en una bata. Ah&iacute; la ve&iacute;a. Bajo la bata llevaba un pijama. Sin embargo, a pesar de la baja temperatura, Yolanda calzaba unas chanclas playeras que dejaba entrever sus bronceados pies. Bronceados pies del color de su cara. Bronceada piel que yo ansiaba ver desnuda, por la que yo mor&iacute;a. &quot;Hola&quot;, me salud&oacute;; &quot;Buenos d&iacute;as, Yolanda&quot;, la salud&eacute;; &quot;&iquest;Entramos ya o hace un cigarrillo?&quot;; &quot;Entramos&quot;. Yolanda empuj&oacute; la puerta semiabierta del portal y ambos pasamos adelante a trav&eacute;s de un pasillo; bajamos cinco escalones y, tras abrir la puerta de su estudio, entramos.<\/p>\n<p>La cama estaba pulcramente hecha en mitad de la habitaci&oacute;n que era a la vez dormitorio y a la vez salita de estar; justo en el centro. Mientras Yolanda se quitaba la ropa, yo saqu&eacute; un billete de 50 euros de mi cartera y lo dej&eacute; en el mueble sobre el que estaba el televisor. Yolanda se tumb&oacute; de espaldas en el edred&oacute;n, despu&eacute;s de encender una peque&ntilde;a estufa el&eacute;ctrica que ten&iacute;a cerca de la cama, y me esper&oacute;. Esper&oacute; a que yo tambi&eacute;n me desnudase. Una vez lo hice, se abri&oacute; de piernas. Yo, frente a ella, admir&eacute; su figura. Yolanda era delgada; sus caderas eran anchas y sus tetas eran como peque&ntilde;os limones: los pezones sobresal&iacute;an de la carne, oscuros, m&aacute;s oscuros que su piel. Me sub&iacute; encima de Yolanda despu&eacute;s de ponerme el preservativo y mi polla penetr&oacute; en su co&ntilde;o lubricamente. &quot;Venga, ni&ntilde;o, hazme tuya&quot;, me susurr&oacute; Yolanda al o&iacute;do cuando acerqu&eacute; mi cabeza a la suya; y comenc&eacute; a follarla. &quot;Ah, aahh, s&iacute;, s&iacute;, dame&#8230;, m&aacute;s, m&aacute;s&quot;, dec&iacute;a Yolanda entre gemido y gemido con la intenci&oacute;n de que me corriera a gusto. &quot;Aahh, vaya polla tienes, lo que se pierden algunas&quot;, segu&iacute;a diciendo Yolanda entre jadeos y suspiros. &quot;Uff, oh, oohh, Yo-lan-daaa&quot;, grit&eacute; al correrme. Fue a despedirse de m&iacute; a la puerta de su estudio. &quot;&iquest;Ma&ntilde;ana vendr&aacute;s?&quot;, me pregunt&oacute;; &quot;Ya sabes, Yolanda, cada semana&quot;, respond&iacute;; &quot;S&iacute;, lo olvid&eacute;&quot;, dijo, y cerr&oacute; la puerta.<\/p>\n<p>Pero, cosas que pasan, s&iacute;, volv&iacute; al d&iacute;a siguiente. Yolanda no estaba. Pregunt&eacute; a otra puta que por la calle paseaba a la espera de clientela. &quot;&iquest;Yolanda?, ella no est&aacute; aqu&iacute; siempre, ni siquiera vive aqu&iacute;&quot;; &quot;&iquest;Ah, no?&quot;, pregunt&eacute; desconcertado; &quot;No&quot;, dijo la puta, &quot;pero &iquest;si te puedo servir en algo?&quot;, me gui&ntilde;&oacute;. Cierto es que esta mujer promet&iacute;a un buen polvo; rubia y con exuberantes formas, parec&iacute;a nacida para follar, para satisfacer los apetitos sexuales de cualquier macho. Pero no, no quise entrar con ella y me desped&iacute; amablemente.<\/p>\n<p>Yo la imaginaba con otro hombre, quiz&aacute; su marido. Imaginaba a Yolanda extasiada, ida de amor, suplicando sin fingimientos m&aacute;s br&iacute;o a su amante: &quot;M&aacute;s, dame m&aacute;s&#8230;&quot;, como lo hac&iacute;a conmigo. O la imaginaba meti&eacute;ndose en la boca una hinchada polla, quiz&aacute; la de su marido, que en el momento final lanzaba un chorro de semen sobre sus labios entreabiertos. No pod&iacute;a saberlo con exactitud. Digamos que, si Yolanda ten&iacute;a una doble vida, &eacute;sta estaba prohibida para m&iacute;.<\/p>\n<p>&iquest;Cu&aacute;l no ser&iacute;a mi sorpresa cuando, unos minutos despu&eacute;s de despedirme de aquella puta, vi a Yolanda por la misma calle? &quot;Hola&quot;, dijo nada m&aacute;s cruzarse conmigo, &quot;me dijiste que hoy no venias&quot;; &quot;A m&iacute; me acaban de decir que t&uacute; no estabas&quot;, dije alzando la mano cerrada y se&ntilde;alando detr&aacute;s con el pulgar; &quot;&iquest;Esa?, te ha mentido para que te vayas con ella, ya sabes&quot;, dijo riendo; &quot;Entonces &iquest;vives aqu&iacute;?&quot;; &quot;Pues claro, no voy a vivir en un palacio&#8230;&quot;, rio; &quot;Claro&quot;, asent&iacute;.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s, follamos.<\/p>\n<p>Aunque esta vez no quiso cobrarme. Yo not&eacute; algo distinto: Yolanda no fing&iacute;a; de hecho, Yolanda no emiti&oacute; ning&uacute;n gemido mientras yo, arqueado mi torso sobre el suyo, le chupaba las tetas a la misma vez que la embest&iacute;a dando golpes de caderas firmes y acompasados. Fue s&oacute;lo unos segundos antes de correrme, y durante toda la corrida, que Yolanda dio un gran suspiro y puso los ojos en blanco. Interpret&eacute; por estas se&ntilde;ales que ella tambi&eacute;n se hab&iacute;a corrido; no obstante, se lo pregunt&eacute;. &quot;Aahh, s&iacute;, me he corrido&#8230;, y no sabes cu&aacute;nto tiempo hace que esto no me sucede&quot;, me contest&oacute;, habi&eacute;ndome dado un sonoro beso en los labios antes.<\/p>\n<p>Por la noche volv&iacute; a mi casa. Mi mujer, Mariv&iacute;, en la salita de estar, ve&iacute;a la televisi&oacute;n. &quot;Buenas noches, amorcito&quot;, me dijo sin despegar la vista de la pantalla. Entr&eacute; en la cocina para picar algo de comer pues estaba hambriento. &quot;Te he dejado unas croquetas en el microondas, s&oacute;lo tienes que calentarlas&quot;, o&iacute; que dec&iacute;a mi mujer. Program&eacute; el microondas y, tras sonar la campanilla, saqu&eacute; el plato de croquetas y las devor&eacute;. Despu&eacute;s fui a la salita de estar. Mariv&iacute; vest&iacute;a la bata polar de color rojo que le regal&eacute; el d&iacute;a de su cumplea&ntilde;os. El cabello rubio de Mariv&iacute;, peinado con la raya a un lado, me retrotrajo a otro tiempo. Un tiempo feliz. Un tiempo en el que nos am&aacute;bamos con pasi&oacute;n. &quot;Mariv&iacute;&quot;, dije, &quot;hoy he vuelto a ver a Yolanda&quot;; &quot;Te la sigues tirando&quot;; &quot;S&iacute;&quot;; &quot;Echaste a su madre de tu empresa, se suicid&oacute; por tu culpa, &iquest;ella no lo sabe?&quot;; &quot;Por supuesto, no sabe qui&eacute;n soy&quot;. Esa noche, Mariv&iacute; y yo follamos, como siempre que sent&iacute;amos dolor, dolor por las cosas mal hechas. El vello rubio de Mariv&iacute; rodeaba mi polla hinchada, que entraba en su co&ntilde;o con fuerza.<\/p>\n<p>Yo pensaba mucho en Yolanda. S&iacute;, ya s&eacute;, me la tiraba, y s&oacute;lo eso es lo que me importaba; pero pensaba en ella. Mi matrimonio iba bien; quiero decir, Mariv&iacute; y yo nos entend&iacute;amos y acept&aacute;bamos nuestras infidelidades con naturalidad. Cierto es que cuando descubr&iacute; a Yolanda en la calle, enseguida supe de qui&eacute;n era hija, pues el parecido que ten&iacute;a con su madre muerta era asombroso, y que fue precisamente Mariv&iacute; la que me anim&oacute; a frecuentarla. &quot;F&oacute;llatela y paga, se lo debes&quot;, me dec&iacute;a a oscuras en nuestro dormitorio mientras me hac&iacute;a una felaci&oacute;n; &quot;Calla, sigue, sigue Mariv&iacute;&quot;, le dec&iacute;a yo a punto de correrme; &quot;Mmm, mmm, prom&eacute;temelo&quot;, me dec&iacute;a Mariv&iacute; con mi polla entre sus labios, antes de continuar hasta el final; &quot;Ooh, oohh, s&iacute;&iacute;&iacute;, Mariv&iacute;&quot;. Y me sacaba una promesa a la misma vez que el semen.<\/p>\n<p>&quot;No s&eacute; nada de Yolanda&quot;, me inform&oacute; una de las putas que rondaban por la calle estrecha; &quot;Ya no vive aqu&iacute;&quot;, dijo otra; &quot;&iquest;D&oacute;nde vive ahora?&quot;, pregunt&eacute;; &quot;No s&eacute;&quot;; &quot;No sabemos&quot;; &quot;&iquest;Quieres follar, guapo?&quot;, me propuso una tercera que por ah&iacute; estaba; &quot;&iquest;Cu&aacute;nto?&quot;, pregunt&eacute;; &quot;Cuarenta, y te lo hago rico rico&quot;. Me fui con ella. Era una morenaza de caderas finas y tetas grandes que se quit&oacute; el mono rojo que llevaba en un instante en cuanto entr&eacute; en su habitaci&oacute;n. &quot;&iquest;C&oacute;mo quieres?&quot;, me pregunt&oacute;; &quot;Por detr&aacute;s&quot;, le dije. Se coloc&oacute; a gatas sobre el colch&oacute;n y yo lo me arrodill&eacute; detr&aacute;s; me saqu&eacute; la polla del pantal&oacute;n y, tras ponerme el preservativo, se la met&iacute; por su estrecho agujero. &quot;Ay, canalla&quot;, exclam&oacute;, &quot;vaya pollazo&quot;. Me agarr&eacute; a la cintura de la puta y emprend&iacute; mi cubrimiento con vigorosas embestidas, a las que la puta respond&iacute;a con sonoros gritos de satisfacci&oacute;n: &quot;Aahh, aahh, aahh&quot;. A punto de eyacular, solt&eacute;: &quot;Yolanda&quot;, y la puta solt&oacute;: &quot;Aahh, la pobre&quot;. Par&eacute;. &quot;&iquest;Qu&eacute; has dicho?&quot;, pregunt&eacute;; &quot;Nada, nada, sigue, guapo, c&oacute;rrete&quot;. Saqu&eacute; mi polla del agujero y me tumb&eacute; bocarriba pensativo sobre el colch&oacute;n. La puta se apoy&oacute; en uno de sus codos y se arrim&oacute; a m&iacute;. &quot;Guapo, no he dicho nada, no me hagas caso&#8230;, digo cosas mientras me follan, pero no son en serio&quot;, se explicaba la puta entretanto me quitaba el preservativo y comenzaba a pajearme, &quot;vamos, vamos, guapo, c&oacute;rrete, c&oacute;rrete&quot;. Su mano empu&ntilde;aba mi polla y la recorr&iacute;a de arriba a abajo. &quot;Uf, s&iacute;, vamos, me corro, me corro, oohh&quot;. Mi semen sali&oacute; disparado y cay&oacute; esparcido sobre el brazo de ella. Despu&eacute;s dijo: &quot;Yolanda est&aacute; muerta&quot;.<\/p>\n<p>Yolanda muri&oacute; de pena<\/p>\n<p>por no tener un amor,<\/p>\n<p>por follar con este actor<\/p>\n<p>que le puso una cadena.<\/p>\n<p>Saberlo fue su condena:<\/p>\n<p>que su madre muerta est&aacute;<\/p>\n<p>por culpa de &eacute;l. Ay, ser&aacute;<\/p>\n<p>ahora ella la que se muera.<\/p>\n<p>Ya el infeliz desespera<\/p>\n<p>con raz&oacute;n: su hora vendr&aacute;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Yolanda me esperaba todos los martes a las diez de la ma&ntilde;ana. Yolanda sab&iacute;a que a esa hora de ese d&iacute;a yo pasaba por su calle, y me esperaba. Me esperaba sentada en una silla de anea; y, en estos fr&iacute;os d&iacute;as de marzo, lo hac&iacute;a envuelta en una bata. Ah&iacute; la ve&iacute;a. 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