{"id":34093,"date":"2022-03-14T23:00:00","date_gmt":"2022-03-14T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-03-14T23:00:00","modified_gmt":"2022-03-14T23:00:00","slug":"con-las-botas-puestas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/con-las-botas-puestas\/","title":{"rendered":"Con las botas puestas"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"34093\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 12<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El contenido del relato es muy sencillo. Me gusta tomar fotos de mi mujer mientras tiene sexo con sus conquistas, porque encuentro est&eacute;ticas, atractivas y muy excitantes las im&aacute;genes que se capturan, las composiciones, el ambiente, el decorado, el color de las s&aacute;banas y el contraste del color de su piel con la de su amante. Tal vez lo &uacute;nico que interesar&iacute;a en estos casos es el tema netamente sexual, pero hay algo de cautivador en las fotograf&iacute;as cuando tu mujer se ve a medio vestir, gesticula durante el acto y se perciben texturas y colores que generan inter&eacute;s y excitaci&oacute;n cuando estas fotograf&iacute;as se ven una y otra vez.<\/p>\n<p>Ella generalmente no se desnuda del todo a la hora de fornicar con sus corneadores, sino que se deja puestas las pantimedias y sus zapatos de tac&oacute;n. Digamos que es una marca registrada. Ella tambi&eacute;n ha disfrutado viendo las fotograf&iacute;as que he tomado en sus encuentros y sabe que hay diferencia entre aquellas donde est&aacute; totalmente desnuda y las que la muestran a medio vestir. Tal vez por eso, y sabiendo que los estoy fotografiando, ella nunca se desnuda completamente.<\/p>\n<p>Alg&uacute;n d&iacute;a, sin embargo, caminando por un centro comercial, nos detuvimos frente a la vitrina de un almac&eacute;n de calzado que exhib&iacute;a maniqu&iacute;s de mujeres luciendo diferentes tipos de botas. &iquest;Te llaman la atenci&oacute;n? Le pregunt&eacute;. S&iacute;. Est&aacute;n bonitas, respondi&oacute;. Bueno, coment&eacute; sin titubear, te voy a regalar unas. Y, sin decir palabra, entramos al lugar para ver qu&eacute; se nos antojaba.<\/p>\n<p>Poco tiempo despu&eacute;s se estaba probando diferentes modelos de botas, mir&aacute;ndose en el espejo para ver con cual de ellas se sent&iacute;a m&aacute;s c&oacute;moda. La selecci&oacute;n no fue f&aacute;cil, porque ella estaba pensando en c&oacute;mo combinarlas con la ropa que ten&iacute;a mientras que yo estaba pensando en c&oacute;mo quedar&iacute;an las fotograf&iacute;as y c&oacute;mo se ver&iacute;a ella retozando con sus amantes.<\/p>\n<p>Finalmente estuvimos de acuerdo en adquirir unas botas negras, de tac&oacute;n alto, bastante ajustadas a sus piernas y que llegaban un poco m&aacute;s arriba de sus rodillas. Pero, claro, hab&iacute;a un pero. Con las mujeres, en temas de vestimenta, siempre hay un pero. Esas botas, seg&uacute;n su opini&oacute;n, no lucir&iacute;an bien con la ropa que ten&iacute;a. En fin. El regalo, entonces, tendr&iacute;a que ser algo m&aacute;s que las simples botas, as&iacute; que nos fuimos a buscar un vestido que hiciera juego. Y, la verdad, los almacenes que visitamos ten&iacute;an solo ropa convencional, de manera que nada parec&iacute;a satisfacer sus gustos.<\/p>\n<p>Habiendo visitado varios lugares, al parecer sin resultado, seguimos vitrineando hasta que, quiz&aacute; por casualidad, cruzamos por enfrente de un almac&eacute;n de lencer&iacute;a er&oacute;tica. Y ella, sin yo sugerir nada, coment&oacute; que all&iacute; pudiera haber ropa que hiciera juego con sus botas. He llegado a pensar que, para ese momento, por su cabeza ya pasaban im&aacute;genes excitantes exhibi&eacute;ndose para otros. Lo cierto es que, una vez entramos al lugar, la selecci&oacute;n result&oacute; a&uacute;n m&aacute;s complicada, no porque los vestidos no combinaran sino porque ella, al fin y al cabo, no sab&iacute;a por cual decidirse.<\/p>\n<p>Finalmente escogi&oacute; un conjunto en l&aacute;tex, de color negro mate, compuesto por un corpi&ntilde;o escotado y una falda bastante corta, que ciertamente permit&iacute;a resaltar sus piernas, haci&eacute;ndolas ver incluso m&aacute;s largas de lo que eran. Ella se ve&iacute;a bastante sexy y atractiva con ese atav&iacute;o. Y, con gusto evidente, hicimos la compra.<\/p>\n<p>Bueno, pregunt&eacute;, pero &iquest;d&oacute;nde y cu&aacute;ndo vas a tener la oportunidad de exhibir esa vestimenta? No es un atuendo com&uacute;n y ser&iacute;an muy pocos los espacios y momentos para usar ese vestido. Ya habr&aacute; oportunidad, dijo. Y si no, pues se usa en ocasiones especiales. &iquest;C&oacute;mo cu&aacute;les? Pregunt&eacute; curioso. Pues lo lucir&iacute;a para ti. &iquest;Te parece poco? No, para nada contest&eacute;. De verdad te ves muy bien.<\/p>\n<p>Pasaron los d&iacute;as y, de verdad, no hubo oportunidad para justificar el uso de aquel atuendo. Las anheladas botas y el conjunto de cuero permanec&iacute;an guardados en el closet, sin estrenar. Tuvimos encuentros casuales con &ldquo;singles&rdquo; y nunca se dio el momento para lucir aquellas prendas. Y as&iacute; fue pasando el tiempo hasta que lleg&oacute; el mes de octubre y, con ocasi&oacute;n del d&iacute;a de brujas, por fin se encontr&oacute; justificaci&oacute;n para lucir las prendas.<\/p>\n<p>Fuimos invitados a una fiesta aquel d&iacute;a, en un hotel exclusivo, motivo por el cual no pod&iacute;amos aparecernos con cualquier atav&iacute;o. Ella, sin dudarlo, recurri&oacute; a las prendas guardadas en su guarda ropas y yo, un tanto indeciso, decid&iacute; caracterizarme como el Conde Dr&aacute;cula, tambi&eacute;n de negro y con capa.<\/p>\n<p>La fiesta estuvo bastante concurrida y, como era de esperarse la dama de botas altas, con hombros descubiertos y corpi&ntilde;o escotado, caus&oacute; sensaci&oacute;n. Fuimos presentados con varias personas, conocidas de nuestros anfitriones y, en medio de la algarab&iacute;a, tambi&eacute;n aparecieron otros muchos que simplemente quer&iacute;an acercarse para detallar muy de cerca a mi mujer. El ambiente era alegre y agradable, por lo cual ambos est&aacute;bamos a gusto, sin prever nada diferente a divertirnos un rato aquella noche.<\/p>\n<p>Pero era obvio que muchos hombres estaban cautivados con el &ldquo;look&rdquo; de mi mujer y se acercaban a ella en plan de galanteo y conquista, impulso que se ve&iacute;a un tanto frenado cuando identificaban que quien estaba a su lado era yo, su esposo. As&iacute; que todo muy distante, muy educado y muy respetuoso. Sin embargo, ella no rechazaba, para nada, las invitaciones a bailar, que fueron recurrentes y muy seguidas. Y, como ella lo disfruta, pues nada raro hab&iacute;a en que lo hiciera.<\/p>\n<p>Avanzada la noche y habiendo departido con varias parejas, ciertamente surgi&oacute; el inter&eacute;s y preferencia por alguien. Ya sab&iacute;a yo que, si ella mostraba inter&eacute;s en alguien, era porque en sus acercamientos ya hab&iacute;a podido evaluar su virilidad, imaginado en su cabeza c&oacute;mo pudiera ir un encuentro m&aacute;s all&aacute; del simple baile. El hombre seleccionado, un muchacho un tanto m&aacute;s alto que ella, de piel morena y contextura normal, parec&iacute;a divertirla con su conversaci&oacute;n, buenos modales y habilidades para el baile.<\/p>\n<p>Avanzada la noche y dado que bailaban repetidamente, una y otra vez, era evidente que aquello pintaba para algo m&aacute;s que divertirse bailando. Al percibir aquello, en mi cabeza ya aparec&iacute;an im&aacute;genes de ellos dos retozando desnudos en la cama, pero ella, claro est&aacute;, con las botas puestas. Se la ve&iacute;a muy contenta y acaramelada con su parejo de baile, as&iacute; que me fui anticipando por lo que pudiera suceder y fui a la recepci&oacute;n para rentar una habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a posibilidades de seleccionar la habitaci&oacute;n que m&aacute;s me gustase, as&iacute; que el botones me acompa&ntilde;&oacute; para mirar varias opciones, decidi&eacute;ndome por un cuarto grande, en el s&eacute;ptimo piso, con una vista magn&iacute;fica de la ciudad, dotado con una elegante y acogedora cama. A su lado, en la pared, hab&iacute;a un espejo que le permit&iacute;a a uno verse de cuerpo entero. Me pareci&oacute; ideal para lo que imaginaba iba a pasar. Y si no fuese as&iacute;, no importaba. Estaba decidido a pasar all&iacute; lo que quedaba de la noche.<\/p>\n<p>Cuando volv&iacute; de nuevo a la reuni&oacute;n, parec&iacute;a que nada hab&iacute;a cambiado. Se la ve&iacute;a a ella bastante relajada y desenvuelta, bailando con el muchacho que hab&iacute;a cautivado su atenci&oacute;n. Sin embargo, cuando volv&iacute;an a la mesa, pude observar la delicadeza con la que &eacute;l la tomaba a ella por la cintura, dirigi&eacute;ndola entre la multitud de regreso a nuestra mesa. La escena se ve&iacute;a un tanto c&oacute;mica, porque Luis Andr&eacute;s, que as&iacute; se llamaba el muchacho, iba disfrazado de payaso. Un payaso caminando detr&aacute;s de una &ldquo;esposa caliente&rdquo;.<\/p>\n<p>Tan solo con ver la mirada de mi esposa supe que la aventura ya estaba en marcha. Hab&iacute;a algo de picard&iacute;a reflejada en su mirada y morbosidad en sus gestos cuando se dirig&iacute;a a &eacute;l. Se sentaron en la mesa y conversaron por un rato, al cabo del cual mi mujer, sin recato alguno, dijo: me gustar&iacute;a que nos hicieras unas fotograf&iacute;as. &iquest;Trajiste la c&aacute;mara? No entiendo, dije yo haci&eacute;ndome el desentendido. Ya tu sabes, bobo, quisiera estar un rato con Luis Andr&eacute;s y me gustar&iacute;a que me tomar&aacute;s unas fotos luciendo esta indumentaria.<\/p>\n<p>Okey, dije. Supongo que &eacute;l ya est&aacute; enterado c&oacute;mo funciona la cosa. Pues no le he dicho nada, coment&oacute;, pero no creo que eso sea problema. El parece estar muy a gusto conmigo, se ha mostrado muy dedicado y bastante insinuante, por lo que pienso que no va a haber inconveniente. Se la ha pasado coqueteando todo el rato y pienso que, de propon&eacute;rselo, no rechazar&iacute;a la oportunidad. Est&aacute; encantado. Pero, pregunt&eacute;, est&aacute;s hablando en serio o es solo una idea. Es en serio, respondi&oacute;, a menos que no est&eacute;s de acuerdo. No es que no est&eacute; de acuerdo, respond&iacute;, solo que no lo esperaba.<\/p>\n<p>Bueno, dije, d&eacute;jame pagar la cuenta y vamos a la habitaci&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo as&iacute;? pregunt&oacute;. &iquest;Ya reservaste? S&iacute;, contest&eacute;. No s&eacute; por qu&eacute;, pero imagin&eacute; que esto iba a pasar. Est&aacute; en el s&eacute;ptimo piso, la n&uacute;mero 703. &iquest;Nos vamos adelantando? Sugiri&oacute;. &iexcl;Si quieres! respond&iacute;, entreg&aacute;ndole una llave. Yo tengo otra. All&aacute; les llego, entonces. Y proced&iacute; a cancelar el consumo. Por otra parte, habiendo sido mi esposa el centro de atracci&oacute;n, debi&oacute; verse curioso que el Conde Dr&aacute;cula, el payaso y la &ldquo;hotwife&rdquo; abandonaran la fiesta y se dirigieran a las habitaciones&hellip;<\/p>\n<p>No me demor&eacute; mucho y, al llegar a los ascensores, ellos estaban esperando. Pens&eacute; que ya estaban arriba, coment&eacute;. No, dijo ella, preferimos esperar y subir todos juntos. &iexcl;Perfecto! En el ascensor &iacute;bamos solo los tres. Luis Andr&eacute;s, lanzado a la aventura, bes&oacute; a mi mujer en frente m&iacute;o y ella no lo rechaz&oacute;. Es m&aacute;s, dir&iacute;a que lo disfrut&oacute;, porque &eacute;l empez&oacute; a utilizar sus manos para estimular su sexo. As&iacute; que me limit&eacute; a observar c&oacute;mo se acariciaban y besaban mutuamente hasta que nos detuvimos en el s&eacute;ptimo piso.<\/p>\n<p>Me dio un tanto de risa porque, caracterizados como estaban con la indumentaria, se ve&iacute;a un tanto c&oacute;mico c&oacute;mo el payaso besaba a mi esposa, vestida muy insinuante, tal vez luciendo como una prostituta. Pero aparte de ese detalle, ambos, hembra y macho, ya estaban enfrascados en su sexual aventura.<\/p>\n<p>Al detenerse el ascensor y abrirse la puerta, les hice la se&ntilde;a para que se adelantaran, mostr&aacute;ndoles el camino. Habitaci&oacute;n 703, dije. El recorrido hasta all&iacute; ser&iacute;a como de unos veinte metros. Mi mujer encabezaba la fila, yendo Luis Andr&eacute;s y yo detr&aacute;s de ella. El golpeteo de sus tacones al caminar y las im&aacute;genes que ya corr&iacute;an por mi cabeza me excitaron sobre manera. El muchacho, caminando muy cerca de ella y atrevido en exceso para mi gusto, le acariciaba con delicadeza sus nalgas mientras hac&iacute;amos el recorrido. El ya estaba en lo suyo.<\/p>\n<p>Ella us&oacute; la llave para abrir la puerta e ingres&oacute; a la habitaci&oacute;n. Luis Andr&eacute;s, no m&aacute;s entrar, la abraz&oacute;, bes&aacute;ndola nuevamente. El encuentro sexual ya hab&iacute;a empezado en ese punto. Y fui yo quien, cerrando el grupo, cerr&eacute; la puerta. Para ellos, en ese instante, concentrados el uno en el otro, yo ya hab&iacute;a dejado de existir, ignorando totalmente mi presencia, as&iacute; que me relaj&eacute; y me limit&eacute; a observar la escena y tomar fotograf&iacute;as del evento.<\/p>\n<p>Mi esposa tom&oacute; el control de la situaci&oacute;n y empez&oacute; a desvestir a Luis Andr&eacute;s, que, muy excitado, estaba dedicado a masajear sus senos y llevar sus manos por debajo de su falda hasta las nalgas, sin dejar de besarla por un instante. Sus bocas abiertas dejaban ver c&oacute;mo sus lenguas se entrelazaban y, al ritmo de sus respectivas caricias, sus manos inquietas exploraban sus cuerpos en toda su extensi&oacute;n.<\/p>\n<p>Mi mujer nunca se ha equivocado en estos casos, pues al desvestir al bajar sus pantalones puso al descubierto el enorme miembro que ten&iacute;a. Y ella, encantada con tal vista, de inmediato procedi&oacute; a empujarlo hacia atr&aacute;s, hacia la cama, llev&aacute;ndolo a que se acostase de espaladas mientras ella se deleitaba contemplando y masajeando tan provocativo pene, que, poco tiempo estuvo a mi vista, porque r&aacute;pidamente lo llev&oacute; a su boca para chuparlo como quien degusta una colombina.<\/p>\n<p>Definitivamente la dureza y textura de aquel miembro deslumbr&oacute; a mi esposa, que no dejaba de masajear y chupar ese miembro para deleite del muchacho, quien no dejaba de gesticular y emitir t&iacute;midos gemidos mientras ella hac&iacute;a su trabajo. El le pidi&oacute; que se volteara y ella as&iacute; lo hizo, ubicando su cuerpo a un costado de &eacute;l. Al principio, en esa posici&oacute;n, &eacute;l se dedic&oacute; a acariciar sus piernas y sus nalgas mientras ella segu&iacute;a concentrada en chupar y chupar con deleite aquel pene.<\/p>\n<p>Ahora d&eacute;jame hacerlo a m&iacute;, suplic&oacute; el muchacho. &iquest;No te gusta? Replic&oacute; ella. S&iacute;, me encanta, pero ya hiciste tu parte. D&eacute;jame hacer la m&iacute;a. Bueno, dijo ella, sent&aacute;ndose en la cama, a su lado, en posici&oacute;n invertida, como estaban. El se levant&oacute; de la cama y se puso de pie. &iexcl;Ven! Le dijo, invit&aacute;ndole a que le acompa&ntilde;ara y ella as&iacute; lo hizo.<\/p>\n<p>Estando as&iacute;, entonces, Luis empez&oacute; a desvestirla mientras se besaban y acariciaban, y tambi&eacute;n a despojarse &eacute;l de las prendas que a&uacute;n vest&iacute;a, quedando los dos desnudos, frente a frente, excepto por las botas que mi esposa ten&iacute;a puestas. Fue &eacute;l quien ahora empuj&oacute; a mi esposa hacia la cama para que se acostara de espaldas. Ella, quiz&aacute; pensando que hab&iacute;a llegado el momento de la penetraci&oacute;n, se dispuso c&oacute;modamente y abri&oacute; sus piernas para facilitar las cosas, pero Luis ten&iacute;a otra cosa en mente. Se fue acercado a ella, poco a poco, pero se inclin&oacute; sobre sus caderas para saborear su sexo.<\/p>\n<p>Estuvo en esa posici&oacute;n, chupando la vagina de mi esposa, lamiendo su cl&iacute;toris con la lengua e insertando los dedos dentro de ella para estimularla todav&iacute;a m&aacute;s. Y ella, por supuesto, encantada. Jug&oacute; y jugo con ella, por un largo rato, entretenido con los gemidos de mi esposa hasta que, al parecer, sin m&aacute;s recursos, anunci&oacute;: &ldquo;Ya no aguanto m&aacute;s&rdquo;. &iquest;Por qu&eacute; lo dices&rdquo;, pregunt&oacute; ella? Porque te quiero penetrar ya, respondi&oacute; &eacute;l. &iquest;Y qu&eacute; te detiene? Gracias, se limit&oacute; a decir &eacute;l y se incorpor&oacute; para penetrar a mi esposa, que ansiosa ya lo estaba deseando.<\/p>\n<p>A m&iacute; esa imagen siempre me va resultar excitante. El momento en que su miembro erecto entra en su vagina genera muchas sensaciones. El que ella abra sus piernas para recibirlo y que, una vez est&eacute; entrando ese pene dentro de su cuerpo, ella empiece a gesticular, a atraer con sus manos el cuerpo del muchacho para que vaya m&aacute;s profundo, ciertamente excita, calienta, emociona. Y ese pene, erecto y curvado hacia arriba, pronto gener&oacute; en ella reacciones placenteras. Fue evidente. Su cuerpo empez&oacute; a contorsionarse debajo de aquel macho que met&iacute;a y sacaba su miembro compasadamente.<\/p>\n<p>Ella, entregada al momento, y muy excitada con el accionar de su amante, lo estimulaba a actuar dici&eacute;ndole repetidamente, &iexcl;dale! no te detengas, te siento rico. Y el muchacho, envalentonado con aquellas palabras, taladraba sin cesar a m&iacute; esposa, que gesticulaba, se contorsionaba y gem&iacute;a a placer, haciendo aquella escena todav&iacute;a m&aacute;s atractiva. Y m&aacute;s excitante a&uacute;n porque, con sus botas puestas, la imagen era muy er&oacute;tica y caliente. No lo puedo describir. Mi miembro estaba que estallaba con s&oacute;lo ver c&oacute;mo ella mov&iacute;a sus piernas debajo de aquel macho que la penetraba, proporcion&aacute;ndole mucho placer.<\/p>\n<p>Luis, de cuando en cuando, interrump&iacute;a sus embestidas, sin dejar de sacar su miembro, para volver a atacar, primero lentamente y luego con mayor velocidad, a mi excitada esposa. No pares, le dec&iacute;a, &iquest;por qu&eacute; te detienes? Era solo para preguntarte si est&aacute;s bien, dec&iacute;a &eacute;l. &iquest;Lo est&aacute;s? S&iacute;, respond&iacute;a ella con una vocecita, estoy super. Te siento rico. &iexcl;dale!<\/p>\n<p>Y darle es lo que hac&iacute;a ese muchacho. Embestir y embestir el sexo de mi esposa, d&aacute;ndose sus ma&ntilde;as para besarla, para tocarla, para apretar sus nalgas y para disfrutar de ella a sus anchas, as&iacute; como ella disfrutaba de las caricias sexuales de su macho. El tiempo transcurr&iacute;a y aquel, con su t&aacute;ctica de embestir y detenerse peri&oacute;dicamente, hab&iacute;a extendido el tiempo y ella pareci&oacute; demandar una mayor sensaci&oacute;n, as&iacute; que &eacute;l aceler&oacute; y aceler&oacute; sus embestidas hasta que ella, gimiendo desesperadamente, pareci&oacute; alcanzar el cl&iacute;max de placer.<\/p>\n<p>Con un sonoro uuuyyy&hellip; ella ech&oacute; sus brazos hacia atr&aacute;s y disfrut&oacute; en silencio las sensaciones que le produjo aquel instante, relaj&aacute;ndose a voluntad para descansar de la faena. El muchacho se qued&oacute; un rato sobre ella, besando y masajeando su cuerpo a placer hasta que ya, tambi&eacute;n relajado, se incorpor&oacute; mostrando un miembro fl&aacute;cido, que a&uacute;n goteaba algo de semen por la punta. Y, al parecer satisfecho, se recost&oacute; al lado de mi esposa, sin dejar de masajear sus senos. &iquest;Te gusto? Le pregunt&oacute;. S&iacute;, mucho, respondi&oacute; ella.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de aquello, con sus cuerpos muy juntos y entrelazadas sus piernas, se quedaron dormidos. Pens&eacute; que aquello hab&iacute;a terminado as&iacute; y no supe si despertar al muchacho para insinuarle que, finalizada la sesi&oacute;n, ya era tiempo de dejarnos solos, pero prefer&iacute; esperar. No quise importunar a mi mujer que dorm&iacute;a pl&aacute;cidamente. Sin embargo, transcurrido el tiempo, ella, palpando el cuerpo que reposaba a su lado, instintivamente busc&oacute; con su mano el miembro de Luis, que, al contacto con esa caricia, despert&oacute; de nuevo.<\/p>\n<p>Parec&iacute;an estar dormidos, pero mi mujer, masajeaba decididamente el miembro de Luis, estimul&aacute;ndole nuevamente para entrar en acci&oacute;n. Y &eacute;l, seguramente, as&iacute; lo entendi&oacute;, porque tambi&eacute;n empez&oacute; a estimular con sus dedos su sexo. Poco a poco parecieron despertar totalmente. El miembro empez&oacute; a crecer y endurecerse en las manos de mi mujer, quien, tal vez sinti&eacute;ndolo totalmente dispuesto, tom&oacute; la iniciativa para incorporase y acomodarse sobre el cuerpo de su amante, insertando aquel pene dentro de su vagina.<\/p>\n<p>Montada como estaba sobre &eacute;l, empez&oacute; a mover sus caderas adelante y atr&aacute;s, a un lado y a otro, y en c&iacute;rculos, buscando encontrar el est&iacute;mulo que le procurase alcanzar el mismo o mayor placer que hab&iacute;a experimentado minutos atr&aacute;s. Y seguramente lo logr&oacute; muy pronto, porque la velocidad de sus movimientos aumentaba, estimulada con las caricias de aquel hombre que, inm&oacute;vil bajo la hembra en movimiento, acariciaba su cuerpo, especialmente las piernas y sus senos. Y eso parec&iacute;a incrementar en ella su excitaci&oacute;n y ponerla a mil revoluciones. Gem&iacute;a y gem&iacute;a, pero era ella quien controlaba el nivel de placer que experimentaba.<\/p>\n<p>Se movi&oacute; y se movi&oacute; sobre aquel hombre por un buen rato, gesticulando y gimiendo sin ton ni son, hasta que, de un momento a otro, se retir&oacute; para cambiar de ubicaci&oacute;n, coloc&aacute;ndose de perrito al lado del cuerpo de su amante. Ya me cans&eacute;, le dijo a Luis mientras lo hac&iacute;a. Ahora te toca a ti de nuevo. Y siendo evidente lo que ella quer&iacute;a, aquel hombre se incorpor&oacute; para penetrarla desde atr&aacute;s.<\/p>\n<p>Y as&iacute; lo hizo. Nuevamente fue excitante ver c&oacute;mo el miembro de aquel hombre se insertaba lentamente dentro del cuerpo de mi esposa. Y ver como entraba y sal&iacute;a r&iacute;tmicamente al comp&aacute;s de sus embestidas. Ella encontr&oacute; mucho placer al ser penetrada en esa posici&oacute;n y tambi&eacute;n mov&iacute;a su cuerpo, adelante y atr&aacute;s, en respuesta a los movimientos del macho. Y ella, con sus botas puestas, se ve&iacute;a como toda una amazona. Una imagen inolvidable.<\/p>\n<p>La escena se prolong&oacute; por varios instantes. El embest&iacute;a decidido a alcanzar su m&aacute;ximo placer mientras ella, receptora de sus maniobras, estaba esperando lo mismo. Y, despu&eacute;s de minutos de un tira y afloje mutuo, ambos parecieron llegar a la c&uacute;spide al mismo tiempo. Generaba mucho morbo verlos a los dos tan excitados en el momento, moviendo sus cuerpos para lograr las m&aacute;ximas sensaciones.<\/p>\n<p>Luis, despu&eacute;s de acelerar sus embestidas impetuosa y vigorosamente, sac&oacute; su miembro para expulsar todo su semen en la espalda de ella, quien, tambi&eacute;n agitada y congestionada con la sensaci&oacute;n que experimentaba, termin&oacute; de acostarse boca abajo sobre la cama y dejar pasar el &iacute;mpetu del momento. El, por el contrario, descargado su contenido, se incorpor&oacute; y se dirigi&oacute; al ba&ntilde;o, dej&aacute;ndola a ella tendida, disfrutando la intensidad de su aventura. No hubo m&aacute;s gemidos, m&aacute;s palabras, m&aacute;s expresi&oacute;n de sensaciones y todo qued&oacute; en silencio.<\/p>\n<p>Ella, sin embargo, teniendo aquel macho a su disposici&oacute;n, todav&iacute;a parec&iacute;a querer m&aacute;s. Luis, asom&aacute;ndose a la puerta del ba&ntilde;o, dijo, ya es tarde, &iquest;verdad? &iquest;Ya te quieres ir? Replic&oacute; mi esposa. De pronto ustedes est&aacute;n cansados y ya quieren estar solos. &iquest;Te parece? Pregunt&oacute; mi esposa. Supongo, respondi&oacute; &eacute;l. Y si te dijera que quisiera estar otra vez contigo, &iquest;Qu&eacute; me dir&iacute;as? Pues, que encantado. Y me quedar&iacute;a un rato m&aacute;s. Entonces, dijo ella, no pierdas el tiempo y ven ac&aacute;. Aquello fue un afrodisiaco para ese muchacho, porque su miembro se endureci&oacute; de nuevo.<\/p>\n<p>Y as&iacute;, enarbolando su pene erecto, volvi&oacute; a acercarse a ella, quien, levant&aacute;ndose de la cama, se coloc&oacute; de pie, de espaldas a &eacute;l, apoyada en el espaldar de una silla, exponiendo sus nalgas. Luis entendi&oacute; de una vez lo que ella quer&iacute;a y, sin pensarlo dos veces, se acerc&oacute; para penetrarla sin titubeo. La maniobra fue f&aacute;cil porque ella ya estaba dispuesta y su vagina lubricada, de tal manera que penetrarla de nuevo no tuvo ninguna dificultad.<\/p>\n<p>Y, entonces, con su permiso, el muchacho empez&oacute; a taladrarla de nuevo mientras ella, apoyada con sus brazos, controlaba su cuerpo para buscar la mejor posici&oacute;n, aquella que le permitiera disfrutar de los embates de su macho y obtener las mejores sensaciones. El, por su parte, apretaba su cuerpo al de mi mujer, buscando que su miembro alcanzara las mayores profundidades de su cuerpo. Y tambi&eacute;n su propio placer. Siendo esta la tercera faena en la noche, quiz&aacute; costara un poco m&aacute;s de trabajo lograr eyacular.<\/p>\n<p>Por lo tanto, para disfrute de mi mujer, su intercambio se demor&oacute;, tal vez, algo m&aacute;s de lo esperado. Ella, dichosa, retozaba y mov&iacute;a el cuerpo a su antojo mientras Luis se dedicaba a empujar y empujar para lograr el efecto deseado. Ella lo estaba logrando y, en medio de la excitaci&oacute;n, los gemidos y dem&aacute;s, el hombre se estaba viendo retrasado en el prop&oacute;sito. Al poco tiempo ella estaba contorsion&aacute;ndose y gimiendo de lo lindo, al parecer porque una vez m&aacute;s hab&iacute;a alcanzado la cima de sus orgasmos. Y eso la llev&oacute; a que, de un momento a otro, compulsivamente, se retirara qued&aacute;ndose inm&oacute;vil, dejando al macho con su miembro enarbolado y expectante.<\/p>\n<p>Pasados unos instantes, y respuesta del disfrute de sus sensaciones, ella, mir&aacute;ndolo, a&uacute;n &eacute;l con su miembro erecto y ella sinti&eacute;ndose en deuda, le pregunt&oacute;, T&uacute; no llegaste, &iquest;verdad? El no respondi&oacute;, pero su expresi&oacute;n lo dec&iacute;a todo. Perdona, dijo ella. Y, dirigi&eacute;ndose de nuevo a la cama, le dijo&hellip; &iexcl;Ven! Y acost&aacute;ndose de espaldas, abri&oacute; sus piernas. No te puedes ir sin acabar. Termina lo que empezaste.<\/p>\n<p>Y para qu&eacute; dijo ella eso. El hombre se abalanz&oacute; sobre ella para penetrarla y ahora, tal vez algo frustrado, la embisti&oacute; con mucho m&aacute;s vigor y fuerza, moviendo su cuerpo para todos lados y, luego de un rato, coloc&aacute;ndose al lado de ella, la penetro de nuevo, ahora desde atr&aacute;s, levantando una de sus piernas con su mano. Y as&iacute;, despu&eacute;s de darle y darle sin cesar, finalmente alcanz&oacute; su orgasmo y se pudo ver c&oacute;mo, mientras se agitaba congestionado, retiraba su miembro del cuerpo de mi mujer. El chorro cay&oacute; sobre las s&aacute;banas.<\/p>\n<p>Ahora s&iacute;, de verdad, la faena hab&iacute;a terminado. Mi esposa ya hab&iacute;a quedado satisfecha y &eacute;l, su amante de turno, tambi&eacute;n hab&iacute;a logrado dar fin a su aventura y no haber dejado nada a medias. Ya estamos a mano, le dijo mi mujer. La pas&eacute; muy rico. Espero que t&uacute; tambi&eacute;n. S&iacute;, dijo &eacute;l, yo tambi&eacute;n. Pas&eacute; una noche incre&iacute;ble. Se los agradezco. Y visti&eacute;ndose nuevamente, con su disfraz de payaso, se despidi&oacute; de nosotros y se fue.<\/p>\n<p>Las fotograf&iacute;as quedaron incre&iacute;bles, le dije a mi esposa. El encuentro estuvo s&uacute;per excitante y d&eacute;jame decirte que te ves muy atractiva haciendo el amor con las botas puestas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 12<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>El contenido del relato es muy sencillo. 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