{"id":34394,"date":"2022-04-01T22:00:00","date_gmt":"2022-04-01T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-04-01T22:00:00","modified_gmt":"2022-04-01T22:00:00","slug":"sayo-onara-relato-de-una-atraccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/sayo-onara-relato-de-una-atraccion\/","title":{"rendered":"Sayo &#8211; onara. Relato de una atracci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"34394\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>&quot;Sobre una roca, en medio de aguas termales, se levantaba un peque&ntilde;o &aacute;rbol de tronco retorcido, hojas verdes y peque&ntilde;o tama&ntilde;o. Una mujer oriental, de culito prieto y tetas peque&ntilde;as, daba peque&ntilde;os pasos en direcci&oacute;n al agua. Dentro de la piscina natural, dos amigas japonesas, con el cabello recogido en un mo&ntilde;o, hablaban en susurros riendo y disfrutando de la c&aacute;lida sensaci&oacute;n que el l&iacute;quido provocaba sus cuerpos. Un poco m&aacute;s all&aacute;, sentada en un saliente, una joven europea de pelo rubio y algo entrada en carnes, mostraba sus grandes senos mientras que con el cuenco de la mano se echaba agua por encima. La brisa primaveral, de vez en cuando, tra&iacute;a el aroma de los cerezos en flor que no muy lejos de all&iacute; crec&iacute;an. Otra chica, de gran belleza, se hallaba en las instalaciones del onsen completando el proceso de higiene previo. La lluvia artificial procedente de una ducha de mano resbalaba por su espalda, mezcl&aacute;ndose con la espuma del gel, formando remolinos que osaban explorar el nacimiento de la rajita de su culete. Una peque&ntilde;a toalla de color blanco ocultaba de manera pudorosa su entrepierna&#8230;&quot;<\/p>\n<p>&#8211; En breve iniciaremos la maniobra de aterrizaje en el aeropuerto de Narita. &#8211; son&oacute; la voz del piloto en ingl&eacute;s sacando a Manuel de su sue&ntilde;o er&oacute;tico.<\/p>\n<p>Cerca de una hora y media despu&eacute;s, tras dejar sus cosas en el hotel, asearse y cambiarse de ropa, el var&oacute;n sali&oacute; en direcci&oacute;n a una taberna japonesa a la que los habitantes de aquel pa&iacute;s llamaban &quot;Izakaya&quot;.<\/p>\n<p>&#8211; Manuel, bienvenido. &#8211; salud&oacute; una chica espa&ntilde;ola que llevaba a&ntilde;os viviendo en Tokio.<\/p>\n<p>&#8211; Hola Sonia, &iexcl;qu&eacute; alegr&iacute;a verte!<\/p>\n<p>&#8211; Mira, te presento a mi amigo Peter, que viene de Nueva York y a mi amiga Sayo, que es de Yokohama, pero lleva tiempo viviendo aqu&iacute;.<\/p>\n<p>Manuel hizo una peque&ntilde;a inclinaci&oacute;n con la cabeza y hablando en ingl&eacute;s les salud&oacute; con un &quot;Hello&quot;.<\/p>\n<p>&#8211; Sayo sabe un poco de espa&ntilde;ol. &#8211; inform&oacute; Sonia.<\/p>\n<p>&#8211; Hora Manueru, &iquest;qu&eacute; tal? &#8211; saludo la japonesa sonriendo y acompa&ntilde;ando el saludo con una inclinaci&oacute;n.<\/p>\n<p>La velada transcurri&oacute; de manera animada, entre conversaciones que utilizaban palabras en tres idiomas, traducciones improvisadas y muestras de sorpresa por parte de Manuel seg&uacute;n iba descubriendo platos y costumbres t&iacute;picos del pa&iacute;s nip&oacute;n.<\/p>\n<p>Al despedirse, mir&oacute; a la chica japonesa y queriendo practicar su escaso japon&eacute;s, y por qu&eacute; no decirlo, impresionarla, dijo &quot;Adi&oacute;s&quot; en el idioma de los samurais sin doble intenci&oacute;n, fruto de la ignorancia.<\/p>\n<p>&#8211; Sayo&#8230;onara, Sayo.<\/p>\n<p>Sonia no pudo reprimir la risa mientras que la aludida se pon&iacute;a roja.<\/p>\n<p>Manuel sonri&oacute; est&uacute;pidamente sin saber muy bien que estaba pasando.<\/p>\n<p>&#8211; Te acompa&ntilde;o al hotel &#8211; se ofreci&oacute; Sonia.<\/p>\n<p>&#8211; Vale<\/p>\n<p>Durante el trayecto, ambos iniciaron una animada conversaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Tus amigos parecen buena gente.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, tengo suerte de conocerlos.<\/p>\n<p>&#8211; Por cierto, de que te re&iacute;as al final, ya s&eacute; que mi pronunciaci&oacute;n es un desastre pero&#8230; adem&aacute;s tu amiga se puso colorada.<\/p>\n<p>&#8211; Ah, eso. Es que dijiste Sayo y luego despu&eacute;s de una pausa &quot;onara&quot;. Sayo es el nombre de mi amiga y &quot;onara&quot; significa &quot;tirarse un pedo&quot; en japon&eacute;s<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;De verdad? qu&eacute; verg&uuml;enza. &#8211; dijo Manuel ruboriz&aacute;ndose.<\/p>\n<p>&#8211; No pasa nada&#8230; adem&aacute;s, creo que le gustas.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;T&uacute; crees?<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, ya quedaremos otro d&iacute;a.<\/p>\n<p>****************<\/p>\n<p>Dos d&iacute;as despu&eacute;s, Manuel baj&oacute; del tren en una estaci&oacute;n rodeada de &aacute;rboles. El plan era visitar un templo que estaba en lo alto de una monta&ntilde;a.<\/p>\n<p>El americano, la espa&ntilde;ola y la japonesa le recibieron vestidos con ropa deportiva, zapatillas, camisetas de deporte y mochilas con su correspondiente cantimplora. Sayo llevaba el pelo recogido en una coleta y pantalones negros ajustados que le quedaban francamente bien. Sobre su cabeza, un gorro blanco para protegerse del sol.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Listos! Empezamos.<\/p>\n<p>La ascensi&oacute;n ten&iacute;a lugar por caminos que alternaban escaleras de piedra y senderos de tierra. Sobre las laderas crec&iacute;an arbustos y de vez en cuando aparec&iacute;an peque&ntilde;as cascadas que, junto con el sonido de la respiraci&oacute;n y el esfuerzo, pon&iacute;an banda sonora al camino.<\/p>\n<p>&#8211; Konnichiwa &#8211; dijo Sonia al cruzarse con excursionistas que ven&iacute;an de vuelta.<\/p>\n<p>&#8211; Konnichiwa &#8211; respond&iacute;an por turno los aludidos.<\/p>\n<p>Pronto el resto entr&oacute; en la din&aacute;mica del grupo y el saludo se convirti&oacute; en algo autom&aacute;tico que contribu&iacute;a a crear una atm&oacute;sfera &uacute;nica.<\/p>\n<p>&#8211; Paramos aqu&iacute;. &#8211; dijo el americano visiblemente fatigado.<\/p>\n<p>&#8211; Vale &#8211; respondi&oacute; Manuel tosiendo.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Bien? &#8211; pregunt&oacute; Sayo interes&aacute;ndose mientras se quitaba el sudor de la frente con la mano.<\/p>\n<p>&#8211; Arigato, gracias. &#8211; respondi&oacute; Manuel apoyando sus posaderas sobre una piedra h&uacute;meda.<\/p>\n<p>Sayo se sent&oacute; a su lado.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Quieres una toallita? &#8211; le ofreci&oacute; en ingl&eacute;s.<\/p>\n<p>La japonesa asinti&oacute; agradecida y se sec&oacute; el sudor. Manuel no pudo evitar fijarse en sus senos durante un instante. Luego, recuperando la compostura la mir&oacute; y empez&oacute; a hablar al mismo tiempo que ella. Ambos pararon y se rieron. Esta vez el chico esper&oacute; contemplando el rostro de aquella mujer que cada hora que pasaba le parec&iacute;a m&aacute;s hermosa. Tendr&iacute;a que aprender a decir &quot;eres bonita&quot; en japon&eacute;s, aunque despu&eacute;s de lo del otro d&iacute;a mejor era estar seguro.<\/p>\n<p>Casi sin querer, mientras esperaban en silencio, Sayo tom&oacute; la mano de Manuel para luego retirarla con rapidez y separarse un poco, como temerosa de su osad&iacute;a. El breve contacto pill&oacute; por sorpresa a nuestro protagonista. En ese momento, si no hubiesen estado en medio de un camino transitado, Manual hubiese correspondido a su gesto con una caricia en la mejilla.<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, bueno. Seguimos no&#8230; ya tendr&eacute;is tiempo para jueguecitos &#8211; intervino Sonia.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Eres mala? &#8211; intervino Manuel recuperando la lengua de Cervantes para la ocasi&oacute;n.<\/p>\n<p>Sayo mir&oacute; sin comprender y Sonia le dijo unas palabras en japon&eacute;s en las que el espa&ntilde;ol crey&oacute; o&iacute;r una menci&oacute;n a su nombre.<\/p>\n<p>Unos minutos despu&eacute;s una se&ntilde;al de madera en forma de flecha indic&oacute; que faltaba un kil&oacute;metro para llegar. Sonia, que iba primera, aviv&oacute; el paso. Sayo, empezando a sudar de nuevo la sigui&oacute; de cerca, mientras Manuel y el americano trataban de no perderlas.<\/p>\n<p>Ya en la cima visitaron el templo y luego, en una pradera cercana, disfrutaron de un picnic compuesto de bolas de arroz blanco rellenas de at&uacute;n y envueltas en una tira hecha de algas. De bebida agua y refrescos de sabores imposibles que conten&iacute;an una pizca de alcohol.<\/p>\n<p>En el camino de vuelta, cuesta abajo. Hicieron una parada para orinar. Jap&oacute;n es el pa&iacute;s de los servicios. No importa que est&eacute;s en medio del bosque, seguro que siempre se podr&aacute; encontrar un aseo cerca. Incluso uno de estos aseos con botones que lanzan chorritos de agua caliente y que hacen innecesario el uso de papel higi&eacute;nico. Mientras orinaba, Manuel pens&oacute; en Sayo, sentada en una de esas tazas con calefacci&oacute;n, orinando, quiz&aacute;s tir&aacute;ndose un&#8230; apart&oacute; la imagen de su cabeza, era est&uacute;pido pensar en ello, parec&iacute;a un ni&ntilde;o de ocho a&ntilde;os repitiendo el &quot;caca, culo, pis&quot;.<\/p>\n<p>&#8211; Cuesta abajo es m&aacute;s f&aacute;cil. &#8211; dijo Peter cuando retomaron el camino.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, la verdad es que s&iacute;.<\/p>\n<p>Manuel decidi&oacute; extremar la precauci&oacute;n, no era momento de tropezar torpemente por ir pensando en ella.<\/p>\n<p>Antes de coger el tren de vuelta compraron helados de t&eacute; verde.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Te gustan los dulces? &#8211; pregunt&oacute; Sayo a Manuel en ingl&eacute;s.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;. &#8211;<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Yo es dulce? &#8211; prob&oacute; a preguntar, esta vez en espa&ntilde;ol<\/p>\n<p>&#8211; Eres dulce.<\/p>\n<p>Sayo se dirigi&oacute; a Sonia en japon&eacute;s y Sonia habl&oacute; en castellano con Manuel traduciendo.<\/p>\n<p>&#8211; B&aacute;sicamente, Sayo quiere saber si te apetecer&iacute;a ir pasado ma&ntilde;ana a su casa a probar comida japonesa.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, podemos ir, as&iacute; me cont&aacute;is que&#8230;<\/p>\n<p>&#8211; No me has entendido. &#8211; dijo Sonia interrumpi&eacute;ndole<\/p>\n<p>&#8211; La invitaci&oacute;n solo te incluye a ti.<\/p>\n<p>****************<\/p>\n<p>Manuel dedic&oacute; el d&iacute;a siguiente a la excursi&oacute;n a ir de compras y visitar el barrio d&oacute;nde se vend&iacute;an todo tipo de dispositivos electr&oacute;nicos. De vuelta al hotel, su mente se centr&oacute; en Sayo. Estaba nervioso y ten&iacute;a cierto temor a que la chica pensara que era un desastre o a equivocarse de nuevo. En su activa imaginaci&oacute;n, lleg&oacute; a visualizar como era arrestado por la polic&iacute;a por insultar y comportarse como un pervertido. En una celda una mujer con cara de pocos amigos se estaba poniendo unos guantes de l&aacute;tex mientras que un guardia, con se&ntilde;as, le indicaba que se bajase los pantalones.<\/p>\n<p>Suspir&oacute; y decidi&oacute; pensar, al menos por una vez, de forma pr&aacute;ctica. &iquest;Se entender&iacute;an? Qu&eacute; har&iacute;a si no le arrestaban antes y llegaba a tener cierta intimidad. Al menos tendr&iacute;a que aprender algunas palabras. As&iacute; que, con este prop&oacute;sito en mente, naveg&oacute; por Internet y tras descartar algunas palabras que le parecieron demasiado subidas de tono, apunt&oacute; &quot;oppai&quot; (teta) y &quot;oshiri&quot; (culo)&#8230; beso era f&aacute;cil &quot;kisu&quot; y por supuesto bonita&#8230; &quot;utsukushi&quot;&#8230; como no, la m&aacute;s &uacute;til y la m&aacute;s dificil de todas. &iquest;Qui&eacute;n dijo que romper el hielo fuese f&aacute;cil?<\/p>\n<p>********<\/p>\n<p>&#8211; Hola &#8211; salud&oacute; en castellano cuando Sayo abri&oacute; la puerta de su casa.<\/p>\n<p>&#8211; Hola. &#8211;<\/p>\n<p>Sayo se hab&iacute;a puesto una &quot;yukata&quot; una bata decorada con flores que se sujetaba con un cintur&oacute;n de tela grueso. El cabello suelto y los labios pintados de rojo p&aacute;lido.<\/p>\n<p>&#8211; Utsukushi &#8211; dijo Manuel<\/p>\n<p>&#8211; Tu japon&eacute;s mejor que otro d&iacute;a. &#8211; respondi&oacute; Sayo riendo.<\/p>\n<p>&#8211; Pasa y si&eacute;ntate. &#8211; a&ntilde;adi&oacute; en ingl&eacute;s<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Te ayudo?<\/p>\n<p>Sayo le dijo que no hac&iacute;a falta.<\/p>\n<p>Manuel se sent&oacute; en la mesa y mir&oacute; a su alrededor. El sal&oacute;n y la cocina compart&iacute;an el mismo espacio abierto. Un sencillo sill&oacute;n de dos plazas, la tele y un cuadro representando una escena del periodo Edo del antiguo Jap&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Perdona, no te he ense&ntilde;ado casa.<\/p>\n<p>El invitado se levant&oacute; y acompa&ntilde;&oacute; a su anfitriona mientras esta le mostraba el dormitorio principal, una habitaci&oacute;n sin nada y un cuarto de ba&ntilde;o con ba&ntilde;era y retrete moderno.<\/p>\n<p>La comida, a base de peque&ntilde;as porciones de distintos platos transcurri&oacute; de manera amena, de bebida tomaron cerveza y de postre algo dulce que estaba muy bueno. Luego se sentaron en el sill&oacute;n y Sayo le mostr&oacute; unas fotos familiares que por lo poco que entendi&oacute;, fueron tomadas en un festival de verano.<\/p>\n<p>&#8211; Bonitas fotos y bonita chica<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Tu crees? &#8211; dijo Sayo cogiendo la mano de Manuel.<\/p>\n<p>El perfume, la singular belleza de su cuello desnudo, la electricidad y calidez que transmit&iacute;a su mano y el ligero mareo fruto de la cerveza unido, esta vez s&iacute;, a la intimidad del momento hicieron posible lo inevitable. El beso en los labios. Un beso correspondido, un beso con lengua, saliva y pasi&oacute;n.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de minuto y medio, se separaron.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Te gust&oacute;?<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Voy un momento al ba&ntilde;o. &#8211; dijo Sayo.<\/p>\n<p>Manuel la observ&oacute; mientras caminaba y antes de que cerrase la puerta la llam&oacute; por su nombre.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Sayo!<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;. Manuel san.<\/p>\n<p>&#8211; Sayo&#8230; onara<\/p>\n<p>Sayo no cerr&oacute; la puerta del todo y obedeci&oacute;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>&quot;Sobre una roca, en medio de aguas termales, se levantaba un peque&ntilde;o &aacute;rbol de tronco retorcido, hojas verdes y peque&ntilde;o tama&ntilde;o. Una mujer oriental, de culito prieto y tetas peque&ntilde;as, daba peque&ntilde;os pasos en direcci&oacute;n al agua. Dentro de la piscina natural, dos amigas japonesas, con el cabello recogido en un mo&ntilde;o, hablaban en susurros [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":19928,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[7],"tags":[],"class_list":{"0":"post-34394","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-erotismo-y-amor"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/34394","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/19928"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=34394"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/34394\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=34394"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=34394"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=34394"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}