{"id":34400,"date":"2022-04-03T01:06:13","date_gmt":"2022-04-03T01:06:13","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-04-03T01:06:13","modified_gmt":"2022-04-03T01:06:13","slug":"los-deseos-de-damaris","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/los-deseos-de-damaris\/","title":{"rendered":"Los deseos de Damaris"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"34400\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">2<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Llego a casa de Mabel.&nbsp; La m&uacute;sica resuena en el interior y el olor a alcohol se filtra por las rendijas de la puerta mezclado con el tabaco y alg&uacute;n otro aroma dulz&oacute;n que no s&eacute; discernir. Alguien desconocido me abre la puerta y se marcha. Permanezco algunos segundos bajo el quicio de la entrada observando el interior. Tardo unos segundos en adaptar la vista a la penumbra, no hay una sola l&aacute;mpara encendida, s&oacute;lo velas, montones de velas distribuidas estrat&eacute;gicamente por todo el pasillo, en la escalera, y por supuesto, en el gran sal&oacute;n, donde el volumen de la m&uacute;sica y la semioscuridad envuelven los movimientos sugerentes de quienes se dejan llevar por ella sin control.<\/p>\n<p>Cierro la puerta tras de m&iacute; y avanzo unos pasos d&aacute;ndome de bruces con Mabel, que me mira perpleja de arriba abajo, sin mediar palabra me coge por la mu&ntilde;eca y me arrastra literalmente hasta su dormitorio.<\/p>\n<p>&mdash;Pero&#8230; &iquest;Qu&eacute; carajos es eso? &mdash;pregunta, apenas entramos en su habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;? &iquest;No te gusta?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Es en serio? &iquest;Vans? &iquest;Jeans? &iquest;Camisa tres cuartos? &iexcl;Por Dios, Damaris!, &mdash;rezonga frente al espejo, mientras se ajusta sus firmes pechos en su vestido rojo&mdash;. Querida, esto es una fiesta, no es una iglesia. As&iacute; que hazme el favor y deshazte inmediatamente de esos trapos.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; se supone que me voy a poner?<\/p>\n<p>&mdash;Eso te vas a poner &mdash;dice, ladeando su cabeza con una sonrisa y se&ntilde;alando las prendas de vestir sobre la cama&mdash;. Mujer prevenida vale por mil, querida. Sab&iacute;a que vendr&iacute;as vestida como una mojigata y, bueno, tom&eacute; mis precauciones.<\/p>\n<p>Miro mi ropa y no percibo nada extra&ntilde;o en ella, a excepci&oacute;n de un clasicismo que parece estar fuera de lugar en esta fiesta. Pero no puedo resistirme. Una fuerza interior hace que me deshaga de ella y me coloque la que Mabel ha elegido para m&iacute;.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de escasos minutos, abro las puertas del armario para observarme en un espejo de cuerpo entero y me ruborizo mientras me pregunto si ser&eacute; capaz de salir a la fiesta vestida as&iacute;.<\/p>\n<p>Nunca me he vestido tan apretada, tan insinuante, tan sugerente. La falda ce&ntilde;ida de punto gris remarca mis curvas hasta el &uacute;ltimo mil&iacute;metro. No hab&iacute;a sido consciente, sino hasta este instante de la atractiva redondez de mis caderas y de la prominencia de mis nalgas, elevadas y firmes, cuyo trazado curvo muere en el comienzo de mi espalda, parcialmente descubierta, imbuida en el top negro anudado al cuello que deja al aire parte de mi cintura, de mis hombros torneados y un amplio escote que desvela sutilmente la parte superior de mis senos. No cabe nada m&aacute;s en el interior del top que casi me corta la respiraci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Mabel, yo&#8230;<\/p>\n<p>&mdash;T&uacute;, nada &mdash;interrumpe, detr&aacute;s de m&iacute; con sus manos puesta en mis hombros&mdash;. T&uacute;, nada, querida. Adem&aacute;s, est&aacute; aqu&iacute;, abajo, y s&eacute; que le fascinar&aacute; verte vestida as&iacute;.<\/p>\n<p>Su revelaci&oacute;n me ha bloqueado, no s&eacute; si Mabel se est&aacute; refiriendo a la misma persona en la que estoy pensando, pero desconoc&iacute;a que estar&iacute;a aqu&iacute; y, por un momento, me asalta la duda de salir huyendo de inmediato. No s&eacute;, pero sentir su presencia cerca de m&iacute; me intimida, me pone nerviosa, hasta el punto de no haber sido capaz de dirigirle la palabra en las tres o cuatro veces en que hab&iacute;amos tenido la ocasi&oacute;n de coincidir, tal vez es porque me gusta demasiado de una manera que no comprendo, y de alguna forma, mi amiga lo intuye o ya lo sabe.<\/p>\n<p>Mabel, coge un vaso largo que hab&iacute;a dejado por un momento en la c&oacute;moda y se sienta sobre la cama cruzando sus piernas.<\/p>\n<p>&mdash;Querida, est&aacute;s de infarto y tienes unas piernas de esc&aacute;ndalo &mdash;dice, d&aacute;ndole un trago a su bebida.<\/p>\n<p>No me hab&iacute;a fijado antes en mis piernas, ni siquiera antes de acostarme o cuando me depilo, siempre han estado escondidas bajo los monos deportivos y los jeans. Vuelvo a sentir verg&uuml;enza de mostrarlas hasta la mitad de mis muslos, sin unas medias que velen algo la visi&oacute;n de su contorno y de una piel que, a pesar de lo tersa y aterciopelada que, seg&uacute;n Mabel parece ver, a m&iacute; me violenta profundamente ense&ntilde;ar en tal medida; el borde inferior de la falda, me queda a poco m&aacute;s de dos cuartas de la confluencia de mis piernas. Pero no hay discusi&oacute;n. Mabel me acerca unas botas negras, altas, de elevado tac&oacute;n y me desabrocha los dos botones delanteros de la parte superior del top, dejando el encaje transparente de mi ropa interior y la turgencia que trata de contener, parcialmente a la vista. Me mira con autoridad cuando me llevo las manos al escote y me hace desistir de mi recato, me suelta el pelo largo y liso, ligeramente despuntado, y lo deja caer alborot&aacute;ndolo sobre mis hombros, y me perfila los ojos con l&aacute;piz negro y sombra gris. Lo que hab&iacute;a pensado inicialmente que podr&iacute;a ser un atuendo de una ordinariez sublime, me queda atractivo, sugerente y nada vulgar. Por un momento, no reconozco la imagen que me devuelve el espejo. Pero me gusta. Y mucho.<\/p>\n<p>Mabel, me tiende el vaso de tubo y me apremia a beber un trago largo sin remilgos. No s&eacute; con certeza lo que pretende con todo esto, pero tampoco se lo pregunto. No he estado antes en ninguna de sus fiestas, ni he intimado con su c&iacute;rculo de amistades m&aacute;s all&aacute; de lo que pudiera ser una conversaci&oacute;n intrascendente. Pero yo necesito m&aacute;s. Siento que mi cuerpo necesita m&aacute;s.<\/p>\n<p>Bajo las escaleras con las piernas temblorosas y Mabel me va presentando a varios chicos y chicas que est&aacute;n reunidos en peque&ntilde;os grupos, a medida que nos acercamos a la peque&ntilde;a barra que est&aacute; en una esquina del gran sal&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Pide lo que quieras y disfruta del ambiente, ya vuelvo, querida &mdash;dice Mabel, mientras yo me siento frente a la barra y ella se pierde por el pasillo.<\/p>\n<p>La suave voz de Adele, interpretando &laquo;easy on me&raquo; comienza a resonar en los altavoces, y en el mismo momento en el que agarro el trago sobre la barra, siento una c&aacute;lida mano sobre mi hombro, me volteo y ah&iacute; est&aacute;. Es ella. El coraz&oacute;n me da un vuelco descomunal. Me quedo perpleja, su aroma a Jasm&iacute;n y rosas invaden mis fosas nasales en cuesti&oacute;n de segundos y una bella sonrisa se le refleja en su fino, blanco y perfilado rostro. Lleva una falda de color negro con franjas blancas que le llega hasta las rodillas y una blusa blanca sin sost&eacute;n que delinea su hermosa silueta y remarca sus peque&ntilde;os y fascinantes senos. Su corto pelo negro, ha crecido un poco desde la &uacute;ltima vez que la vi y luce cuidadosamente despeinada, con dos largos mechones cay&eacute;ndole sobre el rostro. Sus rosados y carnosos labios a&ntilde;aden un atractivo al profundo color negro de sus ojos, que noto clavados en m&iacute; cuando le da un sorbo a su largo vaso con un l&iacute;quido color rosado claro. No s&eacute; discernir si es atracci&oacute;n o sorpresa lo que le provoco, pero me sonr&iacute;o t&iacute;midamente y eso es suficiente para que un escalofr&iacute;o me recorra el cuerpo hasta sus rincones m&aacute;s rec&oacute;nditos. Bebo otro largo trago antes de que se acerque m&aacute;s a m&iacute; y me salude con un tierno beso en la mejilla, muy, pero muy cerca de la comisura de mis temblorosos labios. No s&eacute; si es el alcohol o su proximidad lo que me enciende, pero me pone la piel de gallina en un dos por tres.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute;s hermosa &mdash;dice, despacio, mir&aacute;ndome de arriba abajo.<\/p>\n<p>Intento responder &laquo;gracias&raquo;, pero las palabras no salen de mi boca.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; te parece si vamos a sentarnos en el sof&aacute;? &mdash;interroga, pero m&aacute;s que una pregunta, es una sugerencia.<\/p>\n<p>Me dejo acompa&ntilde;ar cuando me toma con sutileza por el brazo, para luego bordear mis hombros con un abrazo y comienza a hacer peque&ntilde;os c&iacute;rculos con la yema de su dedo en mi brazo. Miro hacia una zona del sal&oacute;n donde m&aacute;s de una decena de invitados est&aacute;n contoneando el cuerpo al ritmo de la m&uacute;sica, ocultos bajo la penumbra de las velas.<\/p>\n<p>Mabel, pasa por mi lado y nos cambia el vaso vac&iacute;o por otro lleno de diferente color, tanto a Elisa, como a m&iacute;, nos dedica un gui&ntilde;o c&oacute;mplice y se marcha agitando el cuerpo y los brazos alocadamente. Elisa, en vez de llevarme al sof&aacute;, me agarra por la cintura y me adentra entre las personas, y yo, instintivamente, comienzo a contonearme con lentitud, dej&aacute;ndome llevar. Me siento flotar y me encuentro bien, la timidez parece evaporarse junto al humo de los cigarros. En la penumbra, observo las siluetas de las chicas que bailan a mi alrededor, unas con chicos; otras con chicas, y comienzo a imitar sus movimientos sensuales, insinuantes, marcando sutiles c&iacute;rculos con la cintura y bamboleando las caderas, elevando los brazos por encima de la cabeza. Me siento tan abducida por la m&uacute;sica y por mi baile particular, que no me percato de la proximidad de Elisa, hasta notar su aliento en mi nuca. El est&oacute;mago me da un vuelco, pero no le reh&uacute;yo. Esbozo una media sonrisa y caigo en la cuenta de que no le hab&iacute;a dirigido la palabra en todo el tiempo, pero hablar con ella es lo que menos me importa en este momento. Por primera vez la tengo cerca y no me siento intimidada. Por primera vez no deseo salir corriendo.<\/p>\n<p>El ritmo de la m&uacute;sica ha cambiado. Ahora, comienza a sonar &laquo;primera vez&raquo; de Ricardo Arjona, tengo el cuerpo de Elisa pegado a la espalda y una mano en mi abdomen abrazando mi cintura. Comenzamos a movernos a la vez, al comp&aacute;s de la melod&iacute;a y de los tragos del c&oacute;ctel que mantenemos en la otra mano. Noto acelerarse mi respiraci&oacute;n cuando me roza el cuello con sus labios. Me pongo ligeramente tensa y en un acto reflejo, echo la cabeza hacia un lado sutilmente para favorecer su acercamiento. Noto la sonrisa contenida de Elisa ante tal invitaci&oacute;n y no tarda en pasear sus labios h&uacute;medos por mi cuello de arriba abajo, mientras suelta el vaso sobre una mesa para recobrar la libertad de ambas manos. No dejamos de movernos, ni de contonear las caderas con un ligero vaiv&eacute;n que le permite rozarme de manera insinuosa sus duros pezones. Elisa, me rodea el cuerpo con el otro brazo, posando la mano bajo mi pecho mientras mordisquea suavemente el l&oacute;bulo de mi oreja.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Est&aacute;s guap&iacute;sima! &mdash;susurra&mdash;. Y me est&aacute;s poniendo, &iquest;sabes? &iexcl;Mucho!<\/p>\n<p>Esas palabras me terminan de encender completamente, nunca me he sentido tan atractiva, jam&aacute;s me hab&iacute;a sentido capaz de despertar deseo sexual en ninguna mujer. Y yo, es la primera vez que me siento tan cerca, la primera vez que siento unas manos femeninas posadas sobre mi piel, acarici&aacute;ndome con los dedos la parte desnuda que mi top no es capaz de cubrir. Estoy acelerada, noto calor en las mejillas y un cosquilleo interno que no quiero que acabe. Me tiemblan ligeramente las piernas, y por un momento, temo caer de estas botas de tacones afilados en las que me he subido por primera vez.<\/p>\n<p>Doy un &uacute;ltimo trago al l&iacute;quido que contiene mi vaso, el sabor de lo prohibido, de lo novedoso, de lo que no hab&iacute;a hecho nunca, me excita. Y, sin perder el contacto con ella, me aventuro a echar ambos brazos hacia atr&aacute;s para aproximarla a&uacute;n m&aacute;s a m&iacute;, al menos hasta que termine esta pieza musical y luego se rompa el hechizo. De pronto, noto como Elisa, me empuja y me apremia a caminar sin despegarse de m&iacute;. Sorteamos una mesa, un peque&ntilde;o sill&oacute;n, un par de sillas y nos adentramos en el oscuro pasillo, no sin antes de apropiarse de un grueso cirio encendido colocado sobre una c&oacute;moda a la salida del sal&oacute;n. Abre la primera puerta de la izquierda y me empuja dentro. Estamos en el ba&ntilde;o. La cierra con el pie y la bloquea mientras deja la vela encendida sobre la amplia encimera de m&aacute;rmol donde est&aacute; encastrado el lavabo. Miro fijamente el rostro de Elisa, insinu&aacute;ndose bajo la intermitencia de luz que provoca la llama encendida. Est&aacute; guap&iacute;sima. Su atractivo rostro y su atrayente cuerpo me hacen respirar nerviosa, no puedo creer lo que estoy haciendo y que la tengo tan cerca, no tanto como para besarme. Elisa sujeta mi cuello con sus manos y me besa, invadi&eacute;ndome por entero, mordisque&aacute;ndome los labios de forma desenfrenada. El contacto con su boca desata una inusitada corriente el&eacute;ctrica en mi piel que no hab&iacute;a sentido jam&aacute;s. Siento que me abandono, dispuesta a dejar mi cuerpo a su merced.<\/p>\n<p>Sujeto a Elisa por los brazos, apretando con nerviosismo sus antebrazos, mientras ella me desabrocha con dedos &aacute;giles los botones delanteros de mi top, sin interrumpir su largo y profundo beso. Mi respiraci&oacute;n se acelera a&uacute;n m&aacute;s. Miro hacia la puerta, temiendo que pueda entrar alguien, me morir&iacute;a de verg&uuml;enza si nos llegan a ver. Pude haberme zafado de ella, pero quiero y deseo que siga, que me toque, que me haga subir al cielo o al mism&iacute;simo infierno, aunque solo fuera por un momento. Elisa, desliza una mano por mi espalda y la pone sobre mis nalgas, apret&aacute;ndome contra ella, mientras libera mi pecho de la ropa interior que lo mantiene oculto parcialmente. Su respiraci&oacute;n se hace mucho m&aacute;s profunda y sonora cuando pone su mano sobre uno de mis senos oprimi&eacute;ndolo con deseo. La destreza con que Eliza desliza sus manos por mi cuerpo me hace gemir y cerrar los ojos. Acaricio su espalda, sus brazos, sus pechos, pero no me atrevo a bajar. No hab&iacute;a tenido nunca entre mis manos a una mujer, sin contar con que nunca hab&iacute;a sido tan atrevida como para consentir lo que est&aacute; ocurriendo en este instante. Elisa, comienza a besar mi piel desnuda por todas partes, y yo, apenas puedo soportar esta sensibilidad tan placentera; siento erizado el vello, los pechos y el cuerpo entero. Veo mi torso completamente desnudo, cuando Elisa se retira de m&iacute; ligeramente para agarrar mi falda por ambos lados y subirla bruscamente hasta la altura de la cintura, pasando a acariciarme la cara interna de los muslos con la yema de los dedos, ascendiendo lentamente. Tiene la mirada clavada en mis ojos, l&aacute;nguida, seria, la boca entreabierta y la respiraci&oacute;n jadeante. Creo que busca mi aprobaci&oacute;n para proseguir, y yo, no se la pienso negar, me tiene por completo, rendida a sus pies. Coge una de mis manos y la pone en su sexo sobre su vestido. Me estremezco. Sonr&iacute;o ligeramente mientras mi pecho sube y baja con rapidez. Estoy excitada, tremendamente excitada. Deslizo mis manos por debajo de su falda buscando nerviosa su humedad. Pero Elisa, no me deja seguir. Me gira bruscamente en direcci&oacute;n al espejo y aprisiono mi cuerpo entre el suyo y la encimera de m&aacute;rmol oblig&aacute;ndome a doblegarme ligeramente hacia adelante. Noto como una de sus manos me acaricia el muslo y clava sus u&ntilde;as en mis nalgas sobre la ropa interior; mientras que la otra mano, comienza a masajear mis senos y me besa la espalda. Gimo una y otra vez, y la humedad entre mis muslos se hace mucho m&aacute;s intensa, cuando Elisa, rasga el encaje de mi ropa interior haci&eacute;ndola caer al suelo, me libera por completo del top y de la minifalda, para luego deshacerse de su vestido y vuelvo a sentirla sobre m&iacute;. Puedo ver su rostro y sus peque&ntilde;os, pero firmes senos a trav&eacute;s del espejo, su rostro desencajado junto a mi nuca, su aliento confundi&eacute;ndose con el m&iacute;o, empa&ntilde;ando la pared de espejo que nos observa a las dos, me sujeta con fuerza por la cintura, mientras comienza a dejar un camino de besos por toda mi espalda hasta llegar a mis nalgas; las muerde, las lame y vuelve a morderlas. Sus dedos comienzan a frotar con delicadeza mi cl&iacute;toris, y yo, me aferro al espejo, mientras levanto una de mis piernas y la coloco encima de la encimera, ella sigue frotando con suavidad, y de pronto, siento su respiraci&oacute;n muy cerca, muy cerquita de mi anillo que se dilata y se contrae con el contacto de su lengua haciendo peque&ntilde;os c&iacute;rculos a su alrededor. Me muerdo los labios y aprieto mis senos cuando siento sus dedos adentrarse en m&iacute;, apretando y acariciando mi punto G simult&aacute;neamente. Ahogo un gemido intenso cuando noto la primera embestida con su otra mano en mi ano&hellip; su doble penetraci&oacute;n me hace emprender por primera vez el camino al cielo o al infierno, ya no lo s&eacute;, no s&eacute; ad&oacute;nde me est&aacute; llevando esta mujer. No creo que mi pie pueda seguir sosteniendo mi peso, Elisa se da cuenta y me da la vuelta dej&aacute;ndome abierta por completa sobre el m&aacute;rmol, sube una de sus piernas y choca su sexo con el m&iacute;o, produciendo en m&iacute; una sensaci&oacute;n incontrolable, comienza a moverse lentamente y a frotar su humedad contra la m&iacute;a, mis caderas se unen al movimiento de la suya, mientras me aprieta los senos y pellizca los pezones. Siento mi piel arder, suaves espasmos amenazan mi entrepierna cuando Elisa acelera sus movimientos. Gimo, gimo y sigo gimiendo hasta no poder contenerme por m&aacute;s tiempo y exploto en una sensaci&oacute;n imposible de descifrar, dej&aacute;ndome las piernas temblando e incapaz de mantenerme en pie.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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