{"id":34438,"date":"2022-04-04T23:36:58","date_gmt":"2022-04-04T23:36:58","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-04-04T23:36:58","modified_gmt":"2022-04-04T23:36:58","slug":"huatulco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/huatulco\/","title":{"rendered":"Huatulco"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"34438\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Esto sucedi&oacute; apenas a fines del a&ntilde;o pasado, con mi novia Alina.&nbsp; Durante nuestras vacaciones en la costa de Oaxaca, un d&iacute;a lo dedicamos a un paseo en una lancha deportiva que hab&iacute;amos reservado con varias semanas de anticipaci&oacute;n.<\/p>\n<p>La cita fue a las 10 de la ma&ntilde;ana en el muelle tur&iacute;stico de Santa Cruz, que estaba aglomerado, por la temporada alta de diciembre, as&iacute; que tardamos casi media hora en finalmente poder salir. La lancha no era muy grande, pero para nosotros dos era m&aacute;s que suficiente; el capit&aacute;n &ndash;Roberto- era un tipo serio, de unos cuarenta a&ntilde;os y llevaba como auxiliar a un muchacho delgado y joven, de no m&aacute;s de veinte, llamado Sebasti&aacute;n.<\/p>\n<p>Navegamos primero lentamente entre docenas de embarcaciones. Alina y yo nos fuimos instalando, extendimos dos grandes toallas en la colchoneta del asoleadero de proa y colocamos nuestra mochila y c&aacute;mara en un lugar seco y a la sombra. El sol estaba intenso, sin una sola nube, pero la brisa consegu&iacute;a un clima perfecto, una vez que pudimos tomar velocidad. De lo primero que hice fue aplicarle abundante bloqueador a mi novia, quien tiene la piel bastante delicada, aunque en los tres d&iacute;as previos hab&iacute;a empezado a tomar un hermoso color. Para esta ocasi&oacute;n, Alina hab&iacute;a elegido un traje de ba&ntilde;o, digamos, conservador. Un calz&oacute;n negro de corte brasile&ntilde;o con ataduras en los costados que le sentaba de maravilla y un top blanco muy elegante, que le hormaba perfectamente en sus deliciosas y firmes tetas 34C. Yo llevaba uno de mis &ldquo;pouch bikinis&rdquo; de Joe Snyder, breve, delgado y c&oacute;modo, tambi&eacute;n negro.<\/p>\n<p>El primer tramo del paseo nos lo pasamos sentados en el asoleadero, disfrutando del paisaje, hasta que llegamos frente a un islote donde, nos dijeron era un lugar muy bueno para hacer snorkel. El agua estaba un poco fr&iacute;a, pero el paisaje subacu&aacute;tico vali&oacute; la pena; al volver a la lancha nos dimos cuenta que abordar desde el agua no era una tarea f&aacute;cil, ya que no hab&iacute;a escalerilla para auxiliarnos, pero con la ayuda del capit&aacute;n, lo logramos sin mayor problema.<\/p>\n<p>Alina se tendi&oacute; boca abajo sobre la colchoneta y yo la sequ&eacute; para que recuperara el calor; luego le volv&iacute; a poner bloqueador y le desat&eacute; las cintas del top. Anduvimos poco m&aacute;s de una hora navegando, realmente disfrutando de la hermosa costa de ese conjunto de bah&iacute;as. Al llegar a la playa de San Agust&iacute;n, nos pregunt&oacute; el capit&aacute;n si querr&iacute;amos bajar all&iacute;, pero hab&iacute;a demasiada gente y le dijimos que prefer&iacute;amos un lugar solitario, as&iacute; que dio media vuelta y tom&oacute; rumbo al este. Llegamos frente a la bah&iacute;a de Cacaluta; a la izquierda hab&iacute;a numerosas sombrillas y quiz&aacute; un centenar de personas, sin embargo el extremo opuesto &ndash;a unos 500 metros- se ve&iacute;a completamente solo; le ped&iacute; que se acercara a esa orilla. Roberto ancl&oacute; la lancha con la popa hacia la playa y Alina y yo saltamos al agua, nadando los 20 o 30 metros que nos separaban de la orilla, hasta llegar a la playa de arena dorada en la que el mar estrellaba olas de mediana intensidad. Subimos hacia la duna y vimos que bajo una enramada r&uacute;stica estaba una pareja; nadie m&aacute;s a la vista.<\/p>\n<p>Como es costumbre cuando estamos en una playa solitaria, Alina se despoj&oacute; de su traje de ba&ntilde;o; yo la imit&eacute; en seguida y dejamos las prendas sobre una roca, disfrutando de la placentera sensaci&oacute;n del sol y el viento sobre el cien por ciento de nuestras epidermis. Al cabo de un rato nos dimos cuenta de un inconveniente: no hab&iacute;a un solo lugar con sombra y, de continuar as&iacute;, la piel de mi novia pronto se empezar&iacute;a a irritar. En ese momento, estaba anclando junto a nuestra lancha una embarcaci&oacute;n similar, de donde bajaron tres mujeres y un hombre y se colocaron a unos cincuenta metros de nosotros.<\/p>\n<p>-Tenemos dos posibilidades &ndash;le dije a Alina. &ndash;O nos regresamos a la lancha ahora mismo o voy a traer bloqueador.<\/p>\n<p>-Yo quiero estar aqu&iacute; m&aacute;s tiempo &ndash;me respondi&oacute;. As&iacute; que camin&eacute; hasta quedar frente a la lancha y nad&eacute; hasta ella. Para esto deb&iacute; pasar muy cerca del peque&ntilde;o grupo, quienes notaron mi desnudez.<\/p>\n<p>Ya a bordo busqu&eacute; un par de bloqueadores y la peque&ntilde;a toalla de microfibra que llev&aacute;bamos, y las met&iacute; en una bolsa de polietileno que me facilit&oacute; el capit&aacute;n. Regres&eacute; junto a Alina, a quien encontr&eacute; sentada en la arena. Se levant&oacute; para secarse y recibir la protecci&oacute;n solar tan requerida; luego hice yo lo mismo. Cuando la crema se absorbi&oacute;, nos metimos a jugar en el agua, saltando entre las olas, como dos chiquillos.<\/p>\n<p>A la lancha que lleg&oacute; despu&eacute;s de nosotros, se sum&oacute; otra, bastante m&aacute;s grande, con un segundo nivel en el que estaban dos hombres. Abajo ven&iacute;a un grupo heterog&eacute;neo de adultos y j&oacute;venes, en total una docena de personas. Anclaron pero de momento nadie baj&oacute;. Salimos del agua y nos recostamos sobre la arena h&uacute;meda. La pareja que estaba bajo la enramada se acerc&oacute; al mar; eran un hombre de alrededor de cincuenta a&ntilde;os, de buen cuerpo, su pareja era una mujer algo m&aacute;s joven, con un cuerpo muy llamativo; mientras &eacute;l iba desnudo, ella usaba un bikini negro muy peque&ntilde;o, que la hac&iacute;a ver sumamente sexy. Entraron al agua y se quedaron all&iacute;, flotando y saltando olas. Nos acab&aacute;bamos de sentar cuando los vimos saliendo del mar, caminaron hacia donde est&aacute;bamos nosotros y cuando estaban a corta distancia de nosotros, se detuvieron y nos saludaron amablemente; &eacute;l mostraba una erecci&oacute;n completa que le hac&iacute;a lucir un pene grande y grueso, de medidas similares al m&iacute;o; el bikini mojado y ajustado de ella, en color naranja, marcaba perfectamente sus labios mayores, en un atractivo &ldquo;camel toe&rdquo;; era dif&iacute;cil apartar la vista de ambos, sobre todo que sus genitales quedaban a la altura de nuestros ojos. Tuvimos una charla superficial de menos de un minuto, despu&eacute;s de la cual ellos tomaron su camino hacia los riscos del final de la playa, a menos de cincuenta metros de nosotros. &Eacute;l se recarg&oacute; en una roca lisa y redonda y atrajo hacia s&iacute; a su pareja, bes&aacute;ndola y magre&aacute;ndola apasionadamente, al tiempo que le desataba el top del bikini; Alina y yo no los perd&iacute;amos de vista, como tampoco lo hac&iacute;an los dos tipos de la parte alta de la lancha grande, uno de ellos incluso con binoculares. Tanto mi novia como yo est&aacute;bamos sumamente excitados y a m&iacute; se me notaba a ojos vistas, mi pito estaba firme y palpitaba con fuerza.<\/p>\n<p>Nos pusimos de pie y caminamos en diagonal, de nuevo hacia el mar, pero intentando acercarnos a ellos sin que fuera muy evidente. Realmente quer&iacute;amos estar cerca de la acci&oacute;n. Con el agua un poco debajo de la cintura, puse a Alina de espaldas a m&iacute;, de tal manera que ambos pudi&eacute;ramos ver bien la escena, mientras mi pene se frotaba contra sus nalgas. Para ese momento, la mujer ya estaba desnuda y, arrodillada, le hac&iacute;a una felaci&oacute;n al marido. Despu&eacute;s ella fue quien se recarg&oacute; en la roca y el marido la penetr&oacute; levant&aacute;ndole una pierna con su antebrazo, lo que hac&iacute;a que ambos formaran una especie de escultura er&oacute;tica en movimiento, un agasajo para la vista. De cuando en cuando ellos nos miraban y nosotros les sosten&iacute;amos la mirada; era evidente que disfrutaban al ser vistos.<\/p>\n<p>Cuando terminaron de coger &ndash;&iexcl;C&oacute;mo lamentamos que el ruido del mar no nos permitiera escucharlos!- pensamos que entrar&iacute;an al agua para refrescarse, pero para nuestra desilusi&oacute;n caminaron hacia la enramada donde estaban cuando desembarcamos y quedaron fuera de nuestra vista. La siguiente media hora no sucedi&oacute; nada interesante. El grupo de tres mujeres y un hombre caminaron hacia los riscos del final y volvieron sobre sus pasos, mir&aacute;ndonos disimuladamente, en esa actitud tan poco natural que distingue a un mir&oacute;n culposo de alguien abiertamente voyeur.<\/p>\n<p>Consideramos que era momento de volver a la lancha; recogimos nuestras escasas pertenencias y, antes de que Alina pudiera decir una palabra, met&iacute; ambos trajes de ba&ntilde;o en la bolsa de pl&aacute;stico, junto con la toalla y el bloqueador.<\/p>\n<p>-&iquest;En serio nos vamos a ir desnudos? &ndash;pregunt&oacute; Alina.<\/p>\n<p>-Yo lo hice hace rato y no pas&oacute; nada &ndash;le respond&iacute;.<\/p>\n<p>-&iquest;Y los chavos de la lancha, no dir&aacute;n nada?<\/p>\n<p>-&iexcl;Huy, seguro se van a incomodar! &ndash;le dije con sarcasmo.<\/p>\n<p>Caminamos hasta situarnos en el punto m&aacute;s cercano a la lancha, que estaba justo frente al lugar donde segu&iacute;an las tres mujeres y el hombre, quedando adem&aacute;s a tiro de piedra de la lancha de dos niveles. Alina entr&oacute; al mar y comenz&oacute; a nadar con ese estilo limpio que tiene para hacerlo. Yo la segu&iacute;, con cierta dificultad debido a la bolsa con nuestras cosas, pero pude sostener el ritmo por los cerca de cincuenta metros que nos separaban de nuestra lancha. El capit&aacute;n ya esperaba en la borda, tendi&eacute;ndole una mano a mi novia para auxiliarla a subir. Luego, sin tanta gentileza pero con la misma eficiencia, me ayud&oacute; a trepar.<\/p>\n<p>-&iquest;La pasaron bien? &ndash;nos pregunt&oacute; atentamente.<\/p>\n<p>-&iexcl;Excelente! &ndash;dijo Alina.<\/p>\n<p>-&iquest;A d&oacute;nde quieren ir ahora?<\/p>\n<p>-A ning&uacute;n sitio en particular, capi &ndash;ped&iacute;. &ndash;Sigamos navegando despacio.<\/p>\n<p>De inmediato nos acerc&oacute; un par de cervezas fr&iacute;as, nos acomodamos en la colchoneta de proa y, luego de que el asistente recogiera el ancla, enfilamos mar adentro. Tom&eacute; mi c&aacute;mara y empec&eacute; a disparar una foto tras otra, mientras Alina acced&iacute;a a modelar para m&iacute;. Luego ella tom&oacute; el aparato e hizo lo propio, conmigo como modelo. Despu&eacute;s nos concretamos a llenarnos de sol y viento.<\/p>\n<p>Cerca de las cuatro de la tarde, faltando poco m&aacute;s de una hora para terminar el paseo, mi novia se tendi&oacute; boca abajo y cerr&oacute; los ojos. Tom&eacute; una abundante cantidad de aceite en mi mano y empec&eacute; a recorrer el delicioso cuerpo de Alina, en una suerte de masaje \/ caricias que, a juzgar por el ritmo de su respiraci&oacute;n, estaba disfrutando. Me coloqu&eacute; arrodillado entre sus piernas, recorriendo con mis manos desde la base de sus nalgas hasta su nuca, a veces por el centro de su espalda, a veces por los laterales de &eacute;sta, rozando sus tetas. A cada pasada disminu&iacute;a la velocidad e incrementaba la cercan&iacute;a, hasta que nuestros cuerpos se frotaban el uno con el otro. No tengo ni que explicar que mi pito estaba a mil y con discreci&oacute;n lo fui acomodando entre sus piernas hasta que la punta rozara su concha h&uacute;meda. Como &uacute;nica respuesta, ella levant&oacute; la pelvis y llev&oacute; su mano hasta alcanzar su cl&iacute;toris que empez&oacute; a frotar r&iacute;tmicamente. Sus dedos tocaban ocasionalmente mi glande. Me acerqu&eacute; a su o&iacute;do y le dije suavemente, en un tono entre afirmaci&oacute;n y pregunta:<\/p>\n<p>-&iquest;Voy?<\/p>\n<p>-&iquest;A qu&eacute; esperas? &ndash;me susurr&oacute; ella.<\/p>\n<p>Y con toda la calma del mundo, con estudiada lentitud, introduje mi tranca en las humedades de su vagina. Uno, dos, tres, cinco cent&iacute;metros&hellip; hasta que desapareci&oacute; por completo en el interior de su tibio centro, desplegada en sus 19 cent&iacute;metros de longitud y 52 mil&iacute;metros de di&aacute;metro. Un ahogado gemido marc&oacute; el momento en que inici&eacute; el recorrido hacia afuera, hasta dejar s&oacute;lo la punta metida y esperar una casi imperceptible se&ntilde;al para volver hacia dentro. De nuevo, introducci&oacute;n lenta&hellip; larga pausa y hacia afuera. Alina coloc&oacute; sus manos a los lados de su cabeza, crispadas contra la colchoneta; yo las sujet&eacute; con las m&iacute;as y ya unidos fuimos poco a poco incrementando el ritmo de nuestros movimientos.<\/p>\n<p>Sab&iacute;amos que est&aacute;bamos siendo observados muy de cerca, pero ambos jug&aacute;bamos un doble juego: por una parte nos mov&iacute;amos como si estuvi&eacute;ramos en la intimidad; por la otra, el morbo de estar dando un show aceleraba nuestra calentura. Prueba de ello fue que Alina alcanz&oacute; el orgasmo en tiempo r&eacute;cord, sin darme oportunidad de alcanzarla; al darme cuenta que yo no llegar&iacute;a, me esmer&eacute; por prolongar el suyo el mayor tiempo posible, lo que finalmente consegu&iacute;. Entonces por fin me dijo, con voz ahogada:<\/p>\n<p>-&iexcl;Ya&hellip; ya, despacio&hellip; detente&hellip; no te salgas&hellip;!<\/p>\n<p>Segu&iacute; sus instrucciones sin que mi erecci&oacute;n cediera un solo cent&iacute;metro, sintiendo c&oacute;mo su vagina dejaba de pulsar. Sal&iacute; con delicadeza de all&iacute; y me tend&iacute; boca arriba; sent&iacute;a la urgencia de eyacular, por lo que puse mi mano en la tarea de lograrlo. Pero las dos manos de Alina desplazaron a la m&iacute;a; con maestr&iacute;a me frotaba la verga y me estimulaba test&iacute;culos y perineo. Ocasionalmente acercaba su boca, chupaba y lam&iacute;a con fuerza, para luego seguir con las manos. No tard&eacute; en estallar, la eyaculaci&oacute;n no fue abundante, pero s&iacute; muy potente. Alina se recost&oacute; sobre m&iacute;, dejando caer todo el peso de su cuerpo y bes&aacute;ndome lenta y profundamente en la boca.<\/p>\n<p>Durante algunos minutos m&aacute;s no fuimos conscientes de que hab&iacute;amos dado un espect&aacute;culo a quienes esa ma&ntilde;ana seguramente ni lo sospechaban. No es que fuera nuestra primera vez teniendo sexo en p&uacute;blico, pero las anteriores &ndash;pocas, por cierto, menos de las que me habr&iacute;a gustado- siempre hab&iacute;an sido en entornos en donde este tipo de actividades se esperaban.<\/p>\n<p>Nos levantamos y quedamos sentados uno frente a otro sobre la colchoneta, intentando actuar de la manera m&aacute;s natural posible. De la misma forma, como si nada especial hubiese sucedido, el capit&aacute;n nos pregunt&oacute;:<\/p>\n<p>-&iquest;Les gustar&iacute;a darse un &uacute;ltimo chapuz&oacute;n antes de llegar al muelle, para refrescarse?<\/p>\n<p>-&iexcl;Me parece una excelente idea, Roberto! &ndash;respond&iacute;.<\/p>\n<p>-Dejen entonces acercarme a la islita donde esnorquelearon esta ma&ntilde;ana.<\/p>\n<p>Alina se tir&oacute; un clavado con mucha gracia y yo la segu&iacute; de manera algo m&aacute;s torpe. &iexcl;El agua estaba deliciosa! Refrescante, tal como el capit&aacute;n lo hab&iacute;a sugerido. Nadamos por 10 o 15 minutos y volvimos a bordo. Una vez m&aacute;s fuimos auxiliados por Roberto, quien, me dio la impresi&oacute;n, barri&oacute; con la mirada a mi novia, como grabando en su retina la imagen de esta mujer sin falsos pudores, de cuerpo exquisito y cuya piel hab&iacute;a adquirido un tono espectacular.<\/p>\n<p>La lancha tom&oacute; rumbo al muelle. Al poco, el capit&aacute;n nos dijo que era el momento de vestirse.<\/p>\n<p>-Algunas personas se escandalizan si ven gente desnuda cerca &ndash;se justific&oacute; sin que fuera necesario, lo entend&iacute;amos.<\/p>\n<p>Alina se puso su vestido blanco de algod&oacute;n, sin nada debajo. A contraluz era evidente que era la &uacute;nica prenda que llevaba. Yo me enfund&eacute; en mi aburrida bermuda. Poco antes de las cinco de la tarde est&aacute;bamos desembarcando; le di una generosa propina al capit&aacute;n.<\/p>\n<p>-Espero que hayan disfrutado el paseo &ndash;me dijo, gui&ntilde;&aacute;ndome un ojo. -Aqu&iacute; los esperamos para cuando quieran volver.<\/p>\n<p>Esa noche, en nuestro peque&ntilde;o hotel, despu&eacute;s de una rica cena, cogimos de nuevo, con la pasi&oacute;n que s&oacute;lo puede tener una pareja que, a&uacute;n despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os, sigue encontrando nuevas chispas para mantener el fuego a todo lo alto.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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