{"id":34440,"date":"2022-04-05T22:37:37","date_gmt":"2022-04-05T22:37:37","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-04-05T22:37:37","modified_gmt":"2022-04-05T22:37:37","slug":"fue-solo-un-sueno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/fue-solo-un-sueno\/","title":{"rendered":"\u00bfFue s\u00f3lo un sue\u00f1o?"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"34440\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Se sent&iacute;a distinta a las dem&aacute;s chicas de su edad. No le gustaba hablar de los t&iacute;picos temas de los que hablaban sus compa&ntilde;eras de clase: de moda y modelitos; de la m&uacute;sica latina y el reggaet&oacute;n, que tanto odiaba; no quer&iacute;a saber nada de los cotilleos de los famosos, ni de la vida de los cantantes; hu&iacute;a de los postureos y los selfies; y, por supuesto, no opinaba de chicos ni de las supuestas aventuras sexuales en las que las dem&aacute;s dec&iacute;an que hab&iacute;an participado.<\/p>\n<p>De esto &uacute;ltimo no pod&iacute;a opinar ni alardear, m&aacute;s que nada porque nunca hab&iacute;a tenido ning&uacute;n tipo de relaci&oacute;n con un chico. Hasta ese momento no hab&iacute;a sentido la necesidad de experimentar el sexo con ninguno, ni hacer esas mamadas de las que hablaban las otras, ni dejarse hacer sexo oral ni, mucho menos, llegar a follar. Claro que se masturbaba, aunque no hac&iacute;a demasiado que hab&iacute;a empezado a hacerlo. Pero el hacerse dedos lo utilizaba como un medio para relajarse ante situaciones estresantes, como en la &eacute;poca de ex&aacute;menes. En esos momentos, cuando sus dedos tocaban su cl&iacute;toris, notaba principalmente mucha tranquilidad; se quedaba un buen rato acarici&aacute;ndolo al tiempo que sus manos pasaban por sus tetas y se deten&iacute;an en los pezones. Le gustaba pellizcarlos y notar c&oacute;mo se endurec&iacute;an al contacto de las yemas, y eso s&iacute; que le proporcionaba un placer que se extend&iacute;a al interior de su vagina, que reaccionaba humedeci&eacute;ndose poco a poco.<\/p>\n<p>A Nerea le gustaba sentir esa sensaci&oacute;n de humedad dentro de ella, y aprovechaba el flujo que sal&iacute;a hasta la entrada de su vulva para mojarse los dedos y seguir acariciando y frotando su cl&iacute;toris. Con una mano en su co&ntilde;o y otra en sus pezones, sol&iacute;a alcanzar un intenso orgasmo, que le hac&iacute;a temblar su vientre, sus piernas, y que le proporcionaba un tranquilo sue&ntilde;o.<\/p>\n<p>Le gustaba eso, pero no abusaba de ello. Disfrutaba de esas masturbaciones, pero se conformaba con hac&eacute;rselas a s&iacute; misma. No necesitaba a ning&uacute;n t&iacute;o para sentir placer. Adem&aacute;s, ve&iacute;a a los chicos de su clase como unos completos inmaduros. M&aacute;s que terminando la Secundaria, parec&iacute;an ni&ntilde;os en la guarder&iacute;a; siempre gritando, haciendo el tonto en clase, hablando s&oacute;lo de f&uacute;tbol, haciendo chistes de no demasiado buen gusto&hellip; Pero esas actitudes, que a Nerea le parec&iacute;an horrorosas, eran las que gustaban al resto de sus compa&ntilde;eras, que re&iacute;an las supuestas gracias de los t&iacute;os como si fueran idiotas.<\/p>\n<p>Por todo ello, Nerea era la rara de la clase, la que no se integraba, la que quedaba al margen de las reuniones de grupo, la que no participaba en las actividades. Era la rara porque no segu&iacute;a a los dem&aacute;s, porque no se dejaba llevar por modas ni por opiniones. Y, por ser la rara, estaba sola.<\/p>\n<p>Ella sab&iacute;a que, incluso, hab&iacute;a profesores que la criticaban por eso. Llevaba s&oacute;lo dos a&ntilde;os en ese colegio, pero los tutores de los cursos anteriores ya le hab&iacute;an dicho que ten&iacute;a que intentar cambiar; que ten&iacute;a que &ldquo;socializarse&rdquo; y colaborar con sus compa&ntilde;eros.<\/p>\n<p>Aun as&iacute;, a Nerea todo eso parec&iacute;a no importarle. Estaba acostumbrada a no tener amigos y a pasar sola en casa los fines de semana, ante la preocupaci&oacute;n de su madre, con la que viv&iacute;a.<\/p>\n<p>Sab&iacute;a que su madurez estaba por encima de la de la gente de su edad, pero, pese a todo, hab&iacute;a momentos en que necesitaba ser escuchada; necesitaba expresar sus sentimientos y preocupaciones porque, aunque quer&iacute;a hacerse la fuerte, en el fondo, en muchas ocasiones, sufr&iacute;a y lloraba.<\/p>\n<p>Pero ese curso que empezaba ten&iacute;a algo bueno. Uno de sus profesores volv&iacute;a a ser Jaime. Ya el a&ntilde;o anterior, Jaime se hab&iacute;a mostrado muy amable con ella. En alguna ocasi&oacute;n se hab&iacute;a acercado para preguntarle qu&eacute; tal se encontraba, y Nerea se dio cuenta de que su inter&eacute;s era sincero y que, a diferencia de otros profesores, Jaime parec&iacute;a entenderla sin juzgarla.<\/p>\n<p>&Eacute;l era un hombre maduro, de unos 45 a&ntilde;os o m&aacute;s. No era el m&aacute;s popular de entre los profesores, quiz&aacute; porque era exigente en su asignatura. Tampoco destacaba por su f&iacute;sico; a lo mejor entre mujeres de su edad podr&iacute;a tener cierto &eacute;xito, pero sus alumnas lo ve&iacute;an poco atractivo por la p&eacute;rdida de cabello, su incipiente barriga y por las arrugas que iban surcando su rostro.<\/p>\n<p>Pero tambi&eacute;n en esto Nerea era diferente. No es que sintiera una especial atracci&oacute;n f&iacute;sica hacia &eacute;l, pero le encantaban sus ojos verdes, que la miraban siempre con un brillo especial; su boca que, pese a las veces que se enfadaba en clase, sol&iacute;a lucir una sonrisa y, sobre todo, su voz, una voz suave que transmit&iacute;a mucha tranquilidad. Escuch&aacute;ndole, Nerea se quedaba ensimismada perdiendo, incluso, el relato de lo que Jaime estaba contando.<\/p>\n<p>Como el a&ntilde;o anterior, Jaime le pregunt&oacute; c&oacute;mo se encontraba; como el a&ntilde;o anterior, Nerea se dirig&iacute;a a &eacute;l para preguntarle por dudas de la asignatura. Poco a poco, esos tiempos para las dudas se iban alargando porque, de una manera natural, empezaban a hablar de otras cosas. As&iacute; fue c&oacute;mo Nerea se fue abriendo a contar sentimientos que nadie m&aacute;s conoc&iacute;a. Y Jaime supo de la necesidad que Nerea ten&iacute;a de ser aceptada como era, y se dio cuenta de que necesitaba sentirse querida. Y, tambi&eacute;n de una manera bastante natural, Jaime se reconoci&oacute; que empezaba a sentirse atra&iacute;do por ella.<\/p>\n<p>Uno de esos d&iacute;as de conversaciones en el recreo, Nerea estaba especialmente triste. Hab&iacute;a tenido un problema con sus compa&ntilde;eros a la hora de hacer un trabajo y, nuevamente, se hab&iacute;a sentido rechazada por ellos. Jaime intent&oacute; consolarla volviendo a repetirle las cosas que sol&iacute;a decirle sobre su val&iacute;a y personalidad, pero, esta vez, Nerea parec&iacute;a estar m&aacute;s ausente. Fue en ese instante cuando Jaime le dijo algo que jam&aacute;s antes se hab&iacute;a atrevido a decirle.<\/p>\n<p>&#8211; Vamos, Nerea. No debes estar as&iacute;, tan alica&iacute;da. T&uacute; vales m&aacute;s que muchos de esos capullos que se meten contigo. No puedes rendirte. Y, adem&aacute;s, prefiero verte sonre&iacute;r porque est&aacute;s mucho m&aacute;s guapa -. Nerea estaba sentada mirando hacia el suelo. Jaime, suavemente, puso sus dedos debajo de su barbilla y le levant&oacute; un poco la cabeza. Se quedaron mirando fijamente -. En realidad, siempre est&aacute;s guapa.<\/p>\n<p>&#8211; No soy guapa &ndash; dijo Nerea en un susurro, sin apartar sus ojos de los de Jaime. &ndash; No me gusto, y no creo que guste a nadie.<\/p>\n<p>&#8211; Pues est&aacute;s equivocada. Cr&eacute;eme, eres una chica con un atractivo especial, y tienes una cara preciosa. S&oacute;lo te falta encontrar a quien te sepa apreciar de verdad, y no s&oacute;lo por tu f&iacute;sico. Y ese d&iacute;a llegar&aacute;, te lo aseguro, y entonces ver&aacute;s las cosas de otra manera.<\/p>\n<p>Nerea sonri&oacute; casi sin querer y sus labios formaron un &ldquo;gracias&rdquo; que Jaime apenas oy&oacute; pero que sinti&oacute;.<\/p>\n<p>****<\/p>\n<p>Estuvo pensando toda la tarde en las palabras que le hab&iacute;a dicho Jaime, y se sent&iacute;a feliz. Quiz&aacute; s&oacute;lo lo hab&iacute;a hecho para animarla, pero, fuera como fuera, se sent&iacute;a muy bien.<\/p>\n<p>Estaba en su habitaci&oacute;n a punto de acostarse, delante de un espejo de pie, donde pod&iacute;a verse de cuerpo entero. &ldquo;Eres guapa y atractiva&rdquo;, resonaban esas palabras en su cerebro. Se empez&oacute; a desnudar, quit&aacute;ndose la camiseta. Contempl&oacute; sus pechos, recogidos en un sujetador blanco que le quedaba muy ajustado. Con la destreza que le daba la cantidad de veces que lo hab&iacute;a hecho en su vida, se lo desabroch&oacute; y lo dej&oacute; caer al suelo.<\/p>\n<p>S&iacute;, ten&iacute;a unas buenas tetas. No eran demasiado grandes, pero estaban duras, muy firmes, como ten&iacute;a que corresponder a una chica de su edad. Se las toc&oacute; y acarici&oacute;, notando en las palmas de sus manos esa dureza, unida a la suavidad de la piel. Sus pezones, de un color marr&oacute;n oscuro, no eran muy grandes, y sol&iacute;an estar bastante erectos. Ahora sobresal&iacute;an de las areolas y Nerea los pellizc&oacute; levemente. El contacto de sus dedos con los pezones le proporcion&oacute; una sensaci&oacute;n que conoc&iacute;a bien.<\/p>\n<p>Apart&oacute; sus manos de las tetas y se quit&oacute; el pantal&oacute;n de ch&aacute;ndal que vest&iacute;a. Al comenzar el curso, Nerea estaba m&aacute;s gordita, ten&iacute;a m&aacute;s carne, y sus caderas y la cintura estaban m&aacute;s rellenas. Luego decidi&oacute; comer un poco m&aacute;s sano y hacer algo m&aacute;s de ejercicio. Esos meses produjeron un efecto en su cuerpo. Ahora, en aquel espejo, Nerea ve&iacute;a la imagen de una chica m&aacute;s estilizada, con unas piernas fuertes y un vientre plano, en el que destacaba un ombligo hundido. Sus muslos tambi&eacute;n se ve&iacute;an duros, y sin apenas celulitis.<\/p>\n<p>Meti&oacute; los dedos en la tira de las bragas blancas que llevaba y las dej&oacute; caer hasta el suelo. Al colegio sol&iacute;a llevar bragas porque le resultaban m&aacute;s c&oacute;modas y porque le gustaba c&oacute;mo le quedaban. Cuando se cambiaba en los vestuarios para la clase de educaci&oacute;n f&iacute;sica, observaba c&oacute;mo la mayor&iacute;a de sus compa&ntilde;eras usaban tangas, algunos tan diminutos que apenas tapaban el co&ntilde;o. A otras las ve&iacute;a con la tira meti&eacute;ndose dentro del culo, y se preguntaba si no les resultaba inc&oacute;modo. Nerea ten&iacute;a tangas para pon&eacute;rselos sobre todo con mallas o ropa m&aacute;s ajustada, pero no eran tangas de hilo, con lo cual pod&iacute;a soportarlos mejor.<\/p>\n<p>Completamente desnuda ya, observ&oacute; el oscuro tri&aacute;ngulo de vello que cubr&iacute;a su pubis. No era un vello muy fuerte, y nunca hab&iacute;a tenido demasiado. Le gustaba tocarlo porque era muy suave al tacto. Siempre le hab&iacute;a gustado tener pelo ah&iacute;, porque le daba un aspecto de mayor. Sol&iacute;a recort&aacute;rselo ella misma, bien con unas tijeras o bien con una maquinilla, intentando que mantuviera siempre esa forma geom&eacute;trica. Tampoco entend&iacute;a muy bien esa moda de afeit&aacute;rselo del todo, que algunas de sus compa&ntilde;eras llevaban a rajatabla.<\/p>\n<p>&ldquo;Eres guapa y atractiva&rdquo;. Jaime le hab&iacute;a dicho eso con esa voz que tanto le gustaba a ella, mientras la miraba directamente a los ojos. A lo mejor s&iacute; que soy guapa, y gusto a los chicos, se dec&iacute;a mientras miraba su cuerpo, y se giraba para ver un culo peque&ntilde;o y redondo, pero que sobresal&iacute;a muy sensualmente. Se dio unas palmadas en las nalgas y not&oacute; que estaban duras, como el resto de ella.<\/p>\n<p>Empez&oacute; a tocarse nuevamente las tetas. Las apretaba y las amasaba, y con la palma de la mano volvi&oacute; a rozar los pezones. Hizo unos giros suaves y not&oacute; c&oacute;mo reaccionaban a su est&iacute;mulo. Sab&iacute;a muy bien lo que ten&iacute;a que hacer.<\/p>\n<p>Para comentarios pod&eacute;is escribirme aqu&iacute;: ramses.370@hotmail.es<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Se sent&iacute;a distinta a las dem&aacute;s chicas de su edad. 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