{"id":34536,"date":"2022-04-15T22:00:00","date_gmt":"2022-04-15T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-04-15T22:00:00","modified_gmt":"2022-04-15T22:00:00","slug":"me-acoste-con-una-monja-el-amor-hacia-la-hermana-janet","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/me-acoste-con-una-monja-el-amor-hacia-la-hermana-janet\/","title":{"rendered":"Me acost\u00e9 con una monja: El amor hacia la hermana Janet"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"34536\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">7<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>En estos tiempos de Semana Santa me viene el recuerdo de cuando invit&eacute; a pasar unos d&iacute;as a mi casa a la hermana Janet, una monja novicia de la Orden de Carmelitas Descalzas, con la que Dios bendijo mi vida sexual aquel a&ntilde;o. Por entonces me encontraba viviendo en un pueblo andaluz como profesor de Lengua y Literatura y decid&iacute; pasar las vacaciones de Semana Santa en el mismo.<\/p>\n<p>En aquel pueblo no abandon&eacute; la pr&aacute;ctica de mi devoci&oacute;n religiosa, acudiendo a una iglesia renacentista aleda&ntilde;a a un convento de la ya citada orden. All&iacute; conoc&iacute; a la hermana Janet, una novicia alemana aunque de origen catal&aacute;n, que hab&iacute;a acudido a Espa&ntilde;a para consagrarse a la Orden de las Carmelitas Descalzas por su devoci&oacute;n a Santa Teresa de Jes&uacute;s. La hermana Janet era una aut&eacute;ntica belleza germ&aacute;nica, con su cara angelical, con rasgos delicados, sus ojos color verde clarito, y su larga melena rubia. Como a&uacute;n era novicia, no llevaba el pelo oculto por un velo, sino que lo llevaba al aire. Por su vestimenta, vi que Janet cubr&iacute;a el resto de su cuerpo: llevaba una camisa blanca de manga larga, una falda negra que le llegaba hasta las rodillas, unas medias y unos zapatos negros de suela plana. Desde el primer momento me enamor&eacute; de la hermana Janet y creo que desde el primer momento congeniamos, ya que &eacute;ramos las dos &uacute;nicas personas j&oacute;venes que sent&iacute;amos devoci&oacute;n en aquella iglesia, siendo el resto personas de la tercera edad. Yo ten&iacute;a 31 a&ntilde;os y ella 27. Ambos compart&iacute;amos, adem&aacute;s, el gusto por la Literatura, siendo San Juan de la Cruz uno de sus poetas de cabecera.<\/p>\n<p>En cuanto a personalidad, Janet era muy conservadora, incluso m&aacute;s que para un cristiano promedio, siendo contraria radicalmente a cuestiones como el aborto y muy cr&iacute;tica con el Papa Francisco (aunque lo respetaba como cabeza de la Iglesia) por considerar que se hab&iacute;a ablandado en algunas cuestiones y porque pensaba que estaba abandonando parte de la tradici&oacute;n milenaria de la Iglesia Cat&oacute;lica. Los que han le&iacute;do mis anteriores relatos, saben que si bien soy cristiano practicante, a la vez soy muy heterodoxo, cuestionando algunos dogmas de la Iglesia, ya que ante todo soy una persona racional y si bien tengo sentimientos espirituales, si algo no coincide con mi pensamiento lo rechazo. Y es aqu&iacute; donde en este relato comienzo a cuestionarme uno de los preceptos de la Iglesia con respecto al clero (del que Janet formaba parte) y era el celibato obligatorio.<\/p>\n<p>Supe que Janet no era una chica virgen, ya que tuvo un amor de juventud, el cual no la supo apreciar y le fue infiel. Decepcionada en el amor y con los valores modernos de la sociedad actual, Janet decidi&oacute; tomar los h&aacute;bitos y vivir apartada del mundo, aunque no aislada por completo, ya que colaboraba en un comedor y usaba Internet para completar sus estudios de Filosof&iacute;a. Mi presencia en aquella iglesia la anim&oacute; a salir algunos d&iacute;as a hablar de la vida. He de decir que Janet no era alguien triste y gris como parecen algunas personas que viven en conventos, sino que era alguien alegre y simp&aacute;tica, y al verla sonre&iacute;r sent&iacute;a que mi alma hallaba la paz interior, paz que me abandonaba cuando ella se retiraba a su convento. Pensaba que era una injusticia que ella hubiera tomado los votos, envidiaba a aquel novio con el que ella perdi&oacute; su virginidad y le odiaba por no haberla tratado como merec&iacute;a.<\/p>\n<p>Una pena no muy distinta a cuando Santa Teresa decidi&oacute; tomar los h&aacute;bitos, la cual casi perdi&oacute; la virginidad con uno de sus primos y tuvo muchos pretendientes. Janet no era muy distinta, en ese aspecto, de la fundadora de la Orden a la que pertenec&iacute;a. Pero viendo la complicidad que nos un&iacute;a, intent&eacute; ir m&aacute;s all&aacute; de la amistad con ella, ya que si algo hab&iacute;a aprendido en mis anteriores experiencias, era que hay que aprovechar las oportunidades de tener sexo que se me presentaban en la vida, o de lo contrario, me pasar&iacute;a la vida lament&aacute;ndolo.<\/p>\n<p>Invit&eacute; a la hermana Janet a pasar unos d&iacute;as en mi casa de aquel pueblo, desde el mi&eacute;rcoles al domingo de Resurrecci&oacute;n, ya que viv&iacute;a por el centro hist&oacute;rico, y ten&iacute;a un balc&oacute;n donde la casera me hab&iacute;a asegurado que all&iacute; se ve&iacute;an muy bien las procesiones en Semana Santa. Personalmente no soy muy de procesiones, mi espiritualidad es m&aacute;s introspectiva, pero s&oacute;lo quer&iacute;a tener a la hermana Janet disponible para m&iacute;. Compr&eacute; comida y bebida (refrescos y zumos, ya que Janet no tomaba alcohol y yo s&oacute;lo lo tomaba cuando sal&iacute;a de fiesta) de manera que no hubiera necesidad de salir de all&iacute; en varios d&iacute;as (ya que era complicado transitar por aquellas calles estrechas en esa &eacute;poca del a&ntilde;o), as&iacute; como condones. S&oacute;lo tocaba que Janet acudiera a la cita.<\/p>\n<p>Janet se pidi&oacute; unos d&iacute;as de asueto en el convento y vino a mi casa. La ve&iacute;a m&aacute;s hermosa con aquella melena rubia colgando tras su camisa blanca. Le hice pasar a la habitaci&oacute;n que le ten&iacute;a preparada para que se acomodara, y puse la televisi&oacute;n para ver con ella &ldquo;Quo Vadis&rdquo;. &ldquo;&iquest;No te parece hermosa la historia de amor entre Marco Vinicio y Ligia? Me gusta la parte en que el primero le hace elegir entre estar con &eacute;l o con su Dios y ella elige a su Dios, aunque confiesa a San Pablo que estuvo a punto de irse con &eacute;l&rdquo;, me comentaba Janet tras acabar la pel&iacute;cula. Aquello era como cuando de adolescente invitabas a una chica al cine a ver una pastelada, s&oacute;lo que Janet ten&iacute;a buen gusto por el cine y adem&aacute;s de contenido religioso.<\/p>\n<p>&ldquo;Al final obtuvo a ambos&rdquo;, le contest&eacute;, &ldquo;no renuncia a Dios pero a la vez logra estar con el hombre al que ama&rdquo;. &ldquo;Tienes raz&oacute;n, ojal&aacute; tuviera tanta suerte como ella&rdquo;. Janet se llen&oacute; un vaso de agua y mir&oacute; hacia el balc&oacute;n, con aspecto triste. Fue cuando me relat&oacute; lo que ocurri&oacute; con su amor de juventud, se nota que, pese al paso de los a&ntilde;os, aquello le segu&iacute;a afectando. Empezamos a o&iacute;r de fondo las trompetas y tambores de la procesi&oacute;n, y salimos a verla. Janet segu&iacute;a seria, aunque cuando vio pasar aquel paso con el Cristo transportando la Cruz, se emocion&oacute;, y algunas l&aacute;grimas brotaron en su rostro. Me pareci&oacute; tan tierna que no pude reprimirme m&aacute;s y la bes&eacute;.<\/p>\n<p>Janet, lejos de reprimirse, continu&oacute; aquel beso, que no se limit&oacute; a los labios, sino que tambi&eacute;n me bes&oacute; las mejillas y pas&oacute; luego al cuello. &ldquo;Dios, cu&aacute;nto te deseo&rdquo;, le dije, &ldquo;he contado los d&iacute;as, las horas, los minutos y los segundos hasta que has venido a mi casa&rdquo;. &ldquo;No quiero hablar, necesito que me folles&rdquo;, me dijo Janet. La verdad, me sorprend&iacute;a que una monja dijera esas palabras, pero la met&iacute; en casa, cerr&eacute; las cortinas y la lanc&eacute; contra el sof&aacute;. Se quit&oacute; aquellos zapatos y yo fui acariciando aquellas piernas con esas medias, mientras le sub&iacute;a aquella negra falda. Conviene decir que Janet no llevaba una ropa interior &ldquo;sexy&rdquo; o que ayudara, en condiciones normales, a la erecci&oacute;n, pero a m&iacute; me excitaba igual con aquellas bragas color carne antediluvianas, las cuales arranqu&eacute;, al mismo tiempo que me bajaba el pantal&oacute;n y le mostr&eacute; mi miembro viril, comprendiendo c&oacute;mo estaba de excitado con aquella situaci&oacute;n. Tras arrancarme las zapatillas y deshacerme por completo del pantal&oacute;n, me quit&eacute; la camiseta, mostr&aacute;ndome totalmente desnudo hacia ella, mientras con una mano, algo t&iacute;mida pero sin pesta&ntilde;ear, comenz&oacute; a acariciarla.<\/p>\n<p>&ldquo;Desabr&oacute;chate esa camisa, necesito verte desnuda&rdquo;, le dije a Janet. Esta obedeci&oacute; y me mostr&oacute; sus pechos, ocultos por un sujetador blanco. La falta de combinaci&oacute;n entre colores y el no usar lencer&iacute;a sexy me hac&iacute;a pensar que Janet no ten&iacute;a pensado hacer nada sexual conmigo, que todo hab&iacute;a sido de improviso. Segu&iacute; bes&aacute;ndola y acariciando con las yemas de mis dedos su piel suave y blanquecina. &ldquo;D&eacute;jate puesta la faldita, me excita&rdquo;, le dije. Fui a colocarme un cond&oacute;n, pero ella me detuvo: &ldquo;no uses preservativo, las monjas estamos autorizadas a tomar p&iacute;ldoras anticonceptivas por temas m&eacute;dicos, para evitar el c&aacute;ncer de ovarios y de &uacute;tero&rdquo;.<\/p>\n<p>Desconoc&iacute;a ese dato, pero me excit&oacute; saber que pod&iacute;a eyacular dentro de ella sin temor a un embarazo no planificado. As&iacute; que tras lam&eacute;rselo un rato, proced&iacute; a penetrarla. Me sent&eacute; en el sof&aacute; y la puse encima, haci&eacute;ndole ir de arriba abajo mientras en mi cara ten&iacute;a sus hermosas tetas blanquitas con pezones rosados golpe&aacute;ndome la cara mientras sent&iacute;a el tacto de su falda de novicia mientras la sosten&iacute;a por el culo. Sin m&aacute;s, ech&eacute; su tronco hacia m&iacute; con la otra mano para poder tener en mi boca aquellos pechos tan hermosos, algo que correspond&iacute;a con peque&ntilde;os gemidos. &ldquo;Eres preciosa, como Santa Teresa&rdquo;, le dije. Janet me cogi&oacute; de la cara para volverme a besar y aquello me hizo eyacular.<\/p>\n<p>&ldquo;No s&eacute; si hemos hecho lo correcto&rdquo;, me dijo Janet. &ldquo;Janet, ha sido incre&iacute;ble, &iquest;acaso no te gust&oacute;? &iquest;Si te gust&oacute; qu&eacute; problema hay?&rdquo;, le pregunt&eacute;. &ldquo;Pero soy una monja novicia&rdquo;, respondi&oacute;. &ldquo;Janet, monja o no, eres una chica preciosa, a cualquier hombre le gustar&iacute;a tener sexo contigo, adem&aacute;s, que el celibato obligatorio es algo impuesto por la Iglesia de forma muy posterior al origen del cristianismo. Nunca cre&iacute; esa tonter&iacute;a de que Jes&uacute;s tuviera como esposa a Mar&iacute;a Magdalena, porque &eacute;l es Hijo de Dios y est&aacute; con la mente en otras cosas. Pero los ap&oacute;stoles de Jes&uacute;s, incluido San Pedro, estaban casados. Incluso los estudiosos hablan de que San Pablo en realidad no era c&eacute;libe, sino viudo&rdquo;. Me levant&eacute; a coger un ejemplar de la Biblia y busqu&eacute; en 1&ordf; de Corintios, cap&iacute;tulo 7, vers&iacute;culos del 8 al 9: &ldquo;Digo pues a los solteros y a las viudas, que bueno les es si se quedaren como yo (es decir, sin pareja) Y si no tienen don de continencia, c&aacute;sense; que mejor es casarse que quemarse&rdquo;.<\/p>\n<p>&ldquo;Puede que tengas algo de raz&oacute;n, pero yo soy tradicionalista, y deseo tomar mis h&aacute;bitos&rdquo;, me respondi&oacute;. No hab&iacute;a forma de convencerla de que dejase los h&aacute;bitos para venirse conmigo, y al fin y al cabo, si ella estaba tan convencida en sus creencias, &iquest;qui&eacute;n era yo para cuestionarlo? Janet podr&iacute;a servir a la Iglesia estando tanto c&eacute;libe como ejerciendo de esposa y madre. &ldquo;Bueno, pero ya que estamos aqu&iacute; unos d&iacute;as, &iquest;por qu&eacute; no seguimos divirti&eacute;ndonos? Todav&iacute;a tengo ganas de hacerte m&aacute;s y m&aacute;s cosas para que te estremezcas de placer&rdquo;.<\/p>\n<p>Y cogi&eacute;ndola en brazos totalmente desnuda, sin ya la falda, la llev&eacute; a mi cama, la lanc&eacute; contra el colch&oacute;n y salt&eacute; sobre ella para volver a penetrarla al mismo tiempo que la besaba y masajeaba sus pechos, hasta que, pasados largos minutos, le di su orgasmo, poniendo unas muecas en su rostro no muy diferentes a las que esculpi&oacute; Bernini en su &ldquo;&Eacute;xtasis de Santa Teresa&rdquo;. Echar&eacute; de menos a Janet (pseud&oacute;nimo que utilizo aqu&iacute; para ocultar la identidad real de aquella que hoy contin&uacute;a con sus votos, al igual que el pueblo donde tuvo lugar nuestro romance), el perfume de su pelo, sus pechos dentro de mi boca y su co&ntilde;ito ejerciendo la caridad con un necesitado de amor en tierra extra&ntilde;a. A menudo me carteo con ella donde discutimos asuntos teol&oacute;gicos y donde a veces cuelo palabras de amor y deseo para ella.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>7 En estos tiempos de Semana Santa me viene el recuerdo de cuando invit&eacute; a pasar unos d&iacute;as a mi casa a la hermana Janet, una monja novicia de la Orden de Carmelitas Descalzas, con la que Dios bendijo mi vida sexual aquel a&ntilde;o. 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