{"id":34544,"date":"2022-04-16T22:00:00","date_gmt":"2022-04-16T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-04-16T22:00:00","modified_gmt":"2022-04-16T22:00:00","slug":"todos-quieren-con-laura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/todos-quieren-con-laura\/","title":{"rendered":"Todos quieren con Laura&#8230;"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"34544\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">2<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Oye, coment&oacute; mi esposa, tengo curiosidad. Chequeando el internet, encontr&eacute; este anuncio: Hoy viernes, 5 pm hasta 3 am, noche de esposos cornudos y esposas en gangbang. Noche de coger y beber. Tenemos confirmadas varias damas que tendr&aacute;n sexo grupal con varios de los asistentes en presencia de los esposos. Me gustar&iacute;a ver qu&eacute; pasa all&iacute;, dijo. &iquest;Est&aacute;s segura? Pregunt&eacute;. Es curiosidad, contest&oacute;, no hay ninguna obligaci&oacute;n. &iquest;O s&iacute;? Para nada, respond&iacute;. Si quieres, vamos&hellip;<\/p>\n<p>Era evidente que aquel anuncio hab&iacute;a despertado su inter&eacute;s, porque de inmediato inici&oacute; los preparativos y no hubo necesidad de precisar sobre aspectos de modo, tiempo y lugar. La idea de asistir a aquello ya rondaba en su cabeza, as&iacute; que procur&oacute; alistarse lo m&aacute;s pronto posible, pues ya eran algo as&iacute; como las 7 pm. No era necesario preguntar nada acerca de sus intenciones, pues su vestimenta, ligera y atrevida, hac&iacute;a suponer que iba en plan de acci&oacute;n, si es que aquello captaba su inter&eacute;s.<\/p>\n<p>El recorrido hasta all&iacute; no dur&oacute; mucho. El lugar se encontraba realmente cerca, as&iacute; que llegamos bastante r&aacute;pido. Cuando estuvimos dentro del sitio, comprobamos que se trataba de un sal&oacute;n de forma circular, no muy grande, con sillas y mesas colocadas en frente de una pista de baile, de forma semicircular, decorada con grandes espejos. No nos pareci&oacute; gran cosa y la primera impresi&oacute;n no fue muy agradable. Hab&iacute;a pocas parejas en el lugar y, para la hora, no parec&iacute;a muy concurrido el evento.<\/p>\n<p>La m&uacute;sica sonaba y, poco a poco, las parejas que hab&iacute;a all&iacute; se fueron animando a bailar para romper el hielo e ir calentando el ambiente. Y tambi&eacute;n, de a poco, empezaron a aparecer m&aacute;s hombres que mujeres en aquel lugar. Ellos, semidesnudos, se intercalaban con las parejas que all&iacute; bailaban. Su rutina consist&iacute;a en abrazar a las mujeres por la espalda y acariciar sus cuerpos mientras ellas bailaban con sus parejas, maridos, novios o amigos. Incluso se atrev&iacute;an a coquetear con ellas y, si lo permit&iacute;an, pasar de las caricias superficiales a toqueteos algo m&aacute;s profundos en sus vaginas como parte del proceso de calentamiento sexual.<\/p>\n<p>Era claro que quienes est&aacute;bamos all&iacute; &iacute;bamos dispuestos a tolerar aquellas intervenciones y disfrutar de la aventura, porque nadie parec&iacute;a molestarse o disgustarse por tales atrevimientos con las mujeres. Todo estaba permitido y consentido. Y ellas, claro est&aacute;, se mostraban dispuestas a dejar fluir todo aquello. En principio no hubo m&aacute;s que dos parejas sobre la pista, de manera que los dem&aacute;s simplemente observ&aacute;bamos c&oacute;mo evolucionaba aquello.<\/p>\n<p>Los hombres, en el ejercicio de su rol, proced&iacute;an a desnudar de a poco a las damas, quienes, sin dejar de bailar con sus parejas, lo consent&iacute;an y disfrutaban. Los hombres, los cornudos, ni se inmutaban ante esto y segu&iacute;an marcando el comp&aacute;s de la m&uacute;sica mientras sus parejas eran atendidas por aquellos dedicados hombres, quienes, actuando de a tres por pareja, masajeaban, desnudaban y coqueteaban con las excitadas damas.<\/p>\n<p>La rutina inclu&iacute;a que los hombres, poco a poco, iban desplazando a la pareja y se turnaban para bailar y coquetear con las se&ntilde;oras, ya tambi&eacute;n semidesnudas, haciendo m&aacute;s expl&iacute;citas sus caricias y toqueteos en sus cuerpos, hasta el punto de que ya empezaban a exhibir sus erectos miembros, alent&aacute;ndolas para que participaran acarici&aacute;ndoles y masaje&aacute;ndoles sus penes. Quien estaba de frente estrechaba a la dama en un abrazo mientras que quienes estaban detr&aacute;s empujaban sus miembros contra las nalgas de la elegida, haci&eacute;ndole sentir su virilidad.<\/p>\n<p>Una de esas damas no aguant&oacute; el voltaje de tales embestidas y se prest&oacute; para ser penetrada, ah&iacute; mismo, en la pista de baile, a la vista de todos. El agraciado muchacho que tuvo la fortuna de iniciar el acto, la abord&oacute; con mucha delicadeza y ella, en armon&iacute;a con el momento, se inclin&oacute; para mamar el pene del hombre que ten&iacute;a en frente mientras era taladrada insistentemente por el muchacho que ten&iacute;a atr&aacute;s. El otro muchacho, el tercero en discordia, segu&iacute;a masajeando el cuerpo de la excitada mujer. Despu&eacute;s de un rato, y coordinados, los hombres turnaban sus puestos, sin dejar que la mujer descansara de tal acoso.<\/p>\n<p>Llegu&eacute; a pensar que aquellos eran actores que se prestaban para mostrar, m&aacute;s o menos c&oacute;mo era que funcionaba la rutina prevista para esa noche y motivar a quienes asist&iacute;amos para que nos atrevi&eacute;ramos en la aventura. No obstante, la persona que se prest&oacute; para aquello era una mujer normal, que vest&iacute;a de manera conservadora y, eso s&iacute;, muy dispuesta a que pasara de todo. As&iacute; que pocos instantes despu&eacute;s, aquellos hombres le insinuaron algo al o&iacute;do y, sin dejar de asediarla, se retiraron de la pista de baile, dirigi&eacute;ndose hacia una escalera situada al fondo del sal&oacute;n. En la pista quedaba otra pareja que, al igual que la anterior, era abordada por otro grupo de tres muchachos, que procuraban despertar en la mujer el deseo para imitar a la mujer que ya abandonaba la pista.<\/p>\n<p>Detr&aacute;s de ellos, claro est&aacute;, otro grupo de hombres, incluido yo, seguimos a la mujer y sus tres corneadores. Dej&eacute; sola a mi mujer, haci&eacute;ndole se&ntilde;as de que iba a observar. Y estuvo de acuerdo. Al llegar al segundo piso de aquella instalaci&oacute;n, hab&iacute;a un sal&oacute;n iluminado con una luz p&uacute;rpura, bastante tenue, donde hab&iacute;a varios sof&aacute;s de forma redonda. Las mujeres que llegaban all&iacute;, se acostaban, o, en la posici&oacute;n de su predilecci&oacute;n, permit&iacute;an que se les abordara sexualmente por quienes la acompa&ntilde;aban en la aventura.<\/p>\n<p>Esa primera mujer, no m&aacute;s llegar all&iacute;, se tendi&oacute; de espaldas, boca arriba y, abriendo sus piernas, dej&oacute; que aquellos hombres la penetraran. Uno de ellos la ensartaba mientras ella observaba c&oacute;mo lo hac&iacute;a y simult&aacute;neamente proced&iacute;a a acariciar y mamar el pene de sus compa&ntilde;eros, quienes, posteriormente, tambi&eacute;n se turnaban para penetrarla.<\/p>\n<p>El grupo de hombres se iba incrementando, porque, adem&aacute;s de los tres inicialistas, ahora se agregaban aquellos que, curiosos, nos acercamos a observar aquello y nos decidimos a participar, por qu&eacute; no, siempre y cuando la dama lo permitiera, como en efecto sucedi&oacute;. Tal vez fuimos diez o quince hombres quienes tuvimos la suerte de participar de aquello y, para disfrute de la dama, quien parec&iacute;a no contentarse con nada, la penetramos no una sino varias veces. Ella, ya comprometida en la aventura, propiciaba variaciones en la manera de hacerlo.<\/p>\n<p>Inicialmente se dej&oacute; penetrar manteni&eacute;ndose acostada de espaldas, pero despu&eacute;s decidi&oacute; colocarse en posici&oacute;n de perrito y fue en esta posici&oacute;n donde el mayor n&uacute;mero de hombres accedimos a ella. Quiz&aacute; se sent&iacute;a m&aacute;s c&oacute;moda dej&aacute;ndose penetrar sin conocer el rostro y contextura de quienes la abord&aacute;bamos. Su acompa&ntilde;ante, el esposo supon&iacute;a yo, se limitaba a observar y fotografiarla. Y pasado el tiempo, y aquel disfrute, la aglomeraci&oacute;n se fue diluyendo, principalmente porque otra mujer ingresaba al lugar y, por supuesto, hab&iacute;a que atenderla.<\/p>\n<p>El grupo de hombres, ahora, acud&iacute;a al lugar donde otra mujer se iba instalando para tratar de tener sexo con ella, y al parecer esa era la forma como se desarrollaba la din&aacute;mica del evento. Y habiendo visto c&oacute;mo era aquello, baj&eacute; a reunirme con mi esposa. Tremenda sorpresa me llev&eacute; cuando, al llegar al primer piso, la encuentro en la pista de baile, ya involucrada en la din&aacute;mica del espect&aacute;culo. No se hab&iacute;a aguantado, pens&eacute;. Y, asediada por tres hombres, ya disfrutaba de la experiencia.<\/p>\n<p>Uno de ellos estrechaba su cuerpo contra el de ella, mientras sus compa&ntilde;eros le hac&iacute;an sentir en sus nalgas la dureza de sus miembros. Y ella, encantada, les segu&iacute;a el juego, pero a&uacute;n se manten&iacute;a vestida, de manera que aquello no pasaba de ser un calentamiento previo. Al verme llegar, por supuesto, se disculp&oacute; con los muchachos, tal vez dici&eacute;ndoles que se reunir&iacute;a conmigo y que despu&eacute;s seguir&iacute;an con el cuento. Realmente no s&eacute; qu&eacute; pas&oacute;, pero lo cierto es que abandon&oacute; la pista de baile y se junt&oacute; conmigo en la mesa.<\/p>\n<p>Te vi muy animada coment&eacute; y pens&eacute; que ya estabas metida en el cuento. No, contest&oacute;. Te estaba esperando. Bueno, dije, y empec&eacute; a comentarle c&oacute;mo era que funcionaba el asunto, as&iacute; que era cosa de ella si se involucraba o no en la actividad. &iquest;Qu&eacute; piensas t&uacute;? Pregunt&eacute;. Pues, si ya estamos aqu&iacute;, contest&oacute;, hag&aacute;mosle. &iquest;Est&aacute;s de acuerdo? Me pregunt&oacute;. Si t&uacute; quieres y no te incomodas, no tengo objeci&oacute;n. Al fin y al cabo, es una aventura compartida. T&uacute; decides&hellip; Decidimos los dos, replic&oacute; ella. De acuerdo, entonces, dije. &iexcl;Vamos!<\/p>\n<p>Cuando salimos a la pista de baile, ya fue otro grupo de muchachos el que nos abord&oacute;. Los anteriores quiz&aacute; ya estaban goz&aacute;ndose a otra mujer en el segundo piso, porque, a esa hora, el lugar ya estaba bastante concurrido. As&iacute; que, no m&aacute;s iniciados los primeros compases de baile, ya mi mujer era asediada por los hombres que, siguiendo la rutina del evento, ten&iacute;an la funci&oacute;n de abordarla, excitarla y prepararla para tener su m&uacute;ltiple aventura sexual.<\/p>\n<p>Para complacencia de ella, uno de los integrantes del grupo era un muchacho de color, con un cuerpo bien trabajado, un poco m&aacute;s alto que ella y que, casi de inmediato, capt&oacute; su atenci&oacute;n. Bien pronto fui relegado de mi papel de pareja de baile, o sea, ahora, oficialmente designado como cornudo mir&oacute;n, de modo que me qued&eacute; a un lado de la pista siendo testigo de los acontecimientos que se iban desarrollando conforme avanzaba el tiempo.<\/p>\n<p>El muchacho de color no perdi&oacute; el tiempo y, tal vez conocedor del inter&eacute;s que mi esposa mostr&oacute; por su compa&ntilde;&iacute;a, decidi&oacute; tomar el control y dirigir la rutina. Poco a poco la fueron desvistiendo hasta dejarla, no semidesnuda, sino totalmente desnuda. El permaneci&oacute; siempre frente a ella, actuando como su pareja de baile, mientras que sus compa&ntilde;eros de tarea la tocaban y restregaban sus penes contra sus nalgas hasta decir no m&aacute;s. Y ella, entregada a la aventura, disfrutaba la situaci&oacute;n mostr&aacute;ndose complacida. Para nada le import&oacute; bailar desnuda frente a aquellos hombres y la audiencia que a esta hora acud&iacute;a al lugar.<\/p>\n<p>Incluso, adem&aacute;s de los muchachos que conformaban el tr&iacute;o inicial, algunos hombres se aventuraban a palpar el cuerpo de mi mujer y restregar sus cuerpos contra el de ella, siguiendo la rutina que observaban por parte del grupo de muchachos, sin que al parecer le perturbara en lo m&aacute;s m&iacute;nimo. La actividad se fue prolongando en el tiempo hasta que, el muchacho de color, algo le musit&oacute; al o&iacute;do a mi esposa, porque pronto empezaron a moverse dirigi&eacute;ndose hacia las escaleras que conduc&iacute;an al segundo piso.<\/p>\n<p>Cuando llegamos ah&iacute;, el lugar rebosaba de actividad. Hab&iacute;a ruido, jolgorio, murmullos y gritos de placer por parte de las damas que ya estaban instaladas en medio de su aventura. Laura lleg&oacute; acompa&ntilde;ada, no s&oacute;lo de los tres hombres que la escoltaban sino tambi&eacute;n por otro grupo de hombres que se vino detr&aacute;s de nosotros tan pronto empezamos a desplazarnos al lugar de encuentro.<\/p>\n<p>No m&aacute;s llegado al sof&aacute; seleccionado, el muchacho de color le ofreci&oacute; a mi mujer utilizar una venda en los ojos. Y ella, por alguna raz&oacute;n, acept&oacute;. As&iacute; que &eacute;l cubri&oacute; sus ojos con una banda de tela negra y, habl&aacute;ndole al o&iacute;do, la fue llevando de espaldas hasta acostarla de espaldas en aquel gran sof&aacute; circular. No s&eacute; qu&eacute; le dijo, pero ella abri&oacute; sus pernas y fue &eacute;l, su parejo de color, quien primero la penetr&oacute;. Ella, no m&aacute;s sentir ese primer contacto, emiti&oacute; un gritico de emoci&oacute;n y placer, porque ciertamente aquel miembro, de gran tama&ntilde;o, inund&oacute; de plano su sexo.<\/p>\n<p>El muchacho empez&oacute; a empujar y empujar dentro de Laura mientras, sus compa&ntilde;eros, coloc&aacute;ndose a un costado de ella, expon&iacute;an sus penes y se lo hac&iacute;an sentir sobre su cara para que ella dispusiera de ellos. Ella, as&iacute; lo hizo, pero, muy excitada, como estaba, soportando las embestidas de quien la penetraba, solo atin&oacute; a masajear y masajear aquellos miembros. Poco despu&eacute;s empez&oacute; la rotaci&oacute;n. Muy coordinados, el uno sacaba su miembro mientras el otro, sin tardanza, ocupaba su lugar.<\/p>\n<p>Laura estaba excitad&iacute;sima. Su rostro estaba congestionado y gem&iacute;a de lo lindo cada vez que era embestida por esos machos. Y, entonces, empezaron a llegar los otros comensales, quienes, alentados por los gestos y gemidos de mi mujer, tambi&eacute;n quisieron participar de la actividad. Los muchachos, poco a poco fueron cediendo su puesto a quienes, con su herramienta preparada y dispuesta, ven&iacute;an llegando.<\/p>\n<p>Ella, sin saber quienes la abordaban, tan solo respond&iacute;a a las sensaciones que el contacto de su cuerpo con aquellos penes le produc&iacute;a. Hubo s&iacute;, un hombre de cuerpo y voluminoso pene, que, al penetrarla, logr&oacute; sacarle un gemido intenso y sonoro. Ella, tal vez demasiado excitada, cuando sinti&oacute; ser llenada por aquel inmenso pene, simplemente no pudo m&aacute;s y expuls&oacute; l&iacute;quido en cantidades. Ya varios penes hab&iacute;an estado alojados en su sexo, as&iacute; que aquello fue la c&uacute;spide de las sensaciones. Y de hecho grit&oacute; con intensidad al sentir la profusi&oacute;n de orgasmos que estaba experimentando.<\/p>\n<p>El hombre, tambi&eacute;n satisfecho, se retir&oacute;, y ella trat&oacute; de levantarse. El muchacho de color la alent&oacute; a colocarse en otra posici&oacute;n, ahora de perrito, y fue tambi&eacute;n &eacute;l quien inaugur&oacute; la penetraci&oacute;n masculina en esa nueva pose. Ahora, ella quedaba a merced de quienes aparecieran en escena. Y fueron varios. Mientras su colega la penetraba desde atr&aacute;s, los muchachos colocaban sus penes al alcance de su boca para que ella, los mamara, como en efecto y presa de la creciente excitaci&oacute;n, lo hiciera.<\/p>\n<p>La vagina de mi mujer, para ese momento, ya hab&iacute;a sido invadida por unos treinta penes. De hecho, ya hab&iacute;a batido el registro de hombres con los que hab&iacute;a compartido en una sola sesi&oacute;n de sexo. Antes hab&iacute;amos tenido aventuras donde hubo compartido con dos y hasta tres hombres en una sesi&oacute;n, pero ser pose&iacute;da por un n&uacute;mero tan alto de personas rebasaba cualquier expectativa. Y lo mejor de todo era que parec&iacute;a no cansarse y excitarse todav&iacute;a m&aacute;s.<\/p>\n<p>El muchacho de color, que oficiaba como director de orquesta, dispon&iacute;a de Laura a su antojo. Nuevamente le habl&oacute; para que ella se colocar&aacute; de espaldas, recostada sobre la cama, penetr&aacute;ndola nuevamente en la posici&oacute;n de misionero. Ella, al sentir a ese macho cubri&eacute;ndola con todo su cuerpo, se excit&oacute; sobre manera y, aferr&aacute;ndose con intensidad a las nalgas de ese hombre, lo atra&iacute;a hacia ella con insistencia. El contacto fue muy intenso y, ella, ya rendida de tanto placer, dio a entender que hasta ah&iacute; hab&iacute;a llegado. Ya no pod&iacute;a m&aacute;s. Fue mucha adrenalina y no hab&iacute;a experimentado eso antes.<\/p>\n<p>Ella se incorpor&oacute;, se quit&oacute; la venda y se sorprendi&oacute; al ver tanto hombre y tanto pene erecto a su alrededor. Con todo y eso, agarr&oacute; fuerzas de d&oacute;nde pudo y se atrevi&oacute; a decirle a aquellos hombres que les agradec&iacute;a su presencia y los momentos de placer que le hab&iacute;an hecho pasar, pero que ya no ten&iacute;a &aacute;nimos ni fuerzas para continuar. Que todo hab&iacute;a sido tan intenso y placentero, que ya hab&iacute;a llegado al l&iacute;mite de su resistencia. Y todos los hombres, como siempre, se atrev&iacute;an a decir de todo&hellip; sin tapujos. Tranquila reina, dec&iacute;an, coja fuerzas otra vez que culea muy rico. Nosotros la esperamos&hellip; y cosas as&iacute;.<\/p>\n<p>Jorge, el muchacho de color, estuvo con ella, protegi&eacute;ndola del acoso masculino. Se&ntilde;ores, ya fue suficiente, muchas gracias. Ya la dama termin&oacute;. Hay otras damas en celo, as&iacute; que disfruten la velada. Todav&iacute;a no acaba la diversi&oacute;n. Y as&iacute;, poco a poco, el grupo de personas alrededor de ese sof&aacute; se fue disipando. Algunos permanec&iacute;an, quiz&aacute;, solo por ver el cuerpo desnudo de mi mujer, y el contraste que color de su piel blanca hac&iacute;a con el de su compa&ntilde;ero negro. Quiz&aacute; otros esperaban que el muchacho la cabalgara otra vez. &iexcl;En fin!<\/p>\n<p>Lo cierto es que, pasados los minutos, quedamos los tres solos, porque la turba de caballeros ya se concentraba en otros lugares donde apenas se iniciaba la acci&oacute;n. De ser actores principales, ahora fuimos observadores de lo que suced&iacute;a a nuestro alrededor y ah&iacute; s&iacute;, Laura, mi esposa, sin su venda, pudo ver la magnitud de la aventura a la que estuvo expuesta, pero no se inmut&oacute;. Por el contrario, se mostr&oacute; muy agradecida con el muchacho, Jorge, que a&uacute;n, pasados los minutos, permanec&iacute;a junto a ella.<\/p>\n<p>Ella y el permanec&iacute;an desnudos, as&iacute; que le insinu&eacute; que se vistiera, pero Laura no fue receptiva a mi se&ntilde;a y, aferrando y acariciando el pene de &eacute;l, sugiri&oacute; algo m&aacute;s. El hombre lo entendi&oacute; claramente, as&iacute; que all&iacute;, y sin pronunciar palabra alguna, se irgui&oacute; frente a ella con su pene erecto y, abriendo con delicadeza sus piernas a los costados, volvi&oacute; a penetrarla. Varias personas, la mayor&iacute;a hombres, nos quedamos contemplando como aquel hombre taladraba sin recato a m&iacute; mujer hasta que, nuevamente, la hizo estallar de placer. Ese fue el cierre de la jornada.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de aquello Jorge, nos indic&oacute; d&oacute;nde estaba el ba&ntilde;o de damas, instruy&eacute;ndole que all&iacute; se pod&iacute;a ba&ntilde;ar y arreglar. Y, que, si quer&iacute;amos, pod&iacute;amos continuar en el lugar porque ya no &iacute;bamos a ser abordados. Ya hab&iacute;amos aportado lo nuestro y los muchachos se dedicaban a las parejas y mujeres nuevas, las que a&uacute;n no hab&iacute;an tenido la aventura. As&iacute; que, despu&eacute;s que ella se hubo ba&ntilde;ado y arreglado, permanecimos un rato m&aacute;s como espectadores en aquel lugar, viendo ahora, desde otra perspectiva, c&oacute;mo funcionaba aquello.<\/p>\n<p>Nunca antes hab&iacute;amos tenido tal experiencia y Laura se mostr&oacute; muy satisfecha y, viendo todo aquello, nuevamente excitada ante la posibilidad de repetir la experiencia en alg&uacute;n momento. Me enfoqu&eacute; en mostrarle todos los penes que hab&iacute;an estado en su vagina y que a&uacute;n andaban presentes por ah&iacute;, y que no dejaban de echarle una mirada. Hab&iacute;a hombres de todos los gustos. Colores y sabores. Todos, en alg&uacute;n momento de la noche, hab&iacute;an centrado su mirada e inter&eacute;s en ella, que estaba, como perra en celo, dispuesta a recibir entre sus piernas a cualquier macho que le ayudara a bajar la calentura. Y, como ella misma dijo, vali&oacute; la pena calmar la curiosidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>2 Oye, coment&oacute; mi esposa, tengo curiosidad. Chequeando el internet, encontr&eacute; este anuncio: Hoy viernes, 5 pm hasta 3 am, noche de esposos cornudos y esposas en gangbang. Noche de coger y beber. Tenemos confirmadas varias damas que tendr&aacute;n sexo grupal con varios de los asistentes en presencia de los esposos. 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