{"id":34613,"date":"2022-04-27T22:00:00","date_gmt":"2022-04-27T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-04-27T22:00:00","modified_gmt":"2022-04-27T22:00:00","slug":"secuelas-de-una-pandemia-i-olfato","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/secuelas-de-una-pandemia-i-olfato\/","title":{"rendered":"Secuelas de una pandemia (I): Olfato"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"34613\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>&ndash;&iquest;Qu&eacute; hac&eacute;s boludo? &iquest;Te est&aacute;s oliendo la pija?<\/p>\n<p>&ndash;Nada que ver &ndash;respondi&oacute; Diego a la pregunta de su amigo, sin darse cuenta de la evidencia que lo delataba: la mano izquierda enterrada por completo en el calz&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Sos un cerdo, chab&oacute;n &ndash;dijo Pato levant&aacute;ndose a cambiar la yerba del mate.<\/p>\n<p>&ndash;Dale, &iquest;vos nunca te oliste la verga? Es re natural. Todos lo hacen.<\/p>\n<p>&ndash;Bue, todos no s&eacute; &ndash;opin&oacute; Pato, regresando al sill&oacute;n desde donde ve&iacute;an la d&eacute;cima pel&iacute;cula desde el inicio del aislamiento; la famosa palabra incorporada al vocabulario cotidiano, impuesta por la realidad de una pandemia inesperada.<\/p>\n<p>Diego y Pato se conoc&iacute;an desde tercer a&ntilde;o de la secundaria y hab&iacute;an decidido aventurarse a vivir fuera del amparo dela casa paterna del conurbano porque ya estaban &ldquo;grandecitos&rdquo;, con 21 y 23 a&ntilde;os de edad. Obligados por la pandemia que reci&eacute;n empezaba, no imaginaban que el encierro se volver&iacute;a la &uacute;nica forma de vida desde que decidieron compartir el departamento dos meses atr&aacute;s.<\/p>\n<p>Los primeros d&iacute;as fueron los m&aacute;s dif&iacute;ciles, pero las diferencias en el car&aacute;cter no resultaban un impedimento para la convivencia, sino m&aacute;s bien un encastre casi perfecto. Pato se dedicaba a ciertas tareas, mientras que Diego hac&iacute;a lo propio con otras. Cada quien ten&iacute;a su cuarto y si pintaba, compart&iacute;an living, pero nada resultaba forzado. Incluso para coger las reglas fueron claras: no hacer ruidos. El argumento era sencillo. &ldquo;Si escucho garchar me caliento. Punto&rdquo;, dijo Diego el d&iacute;a en que se mudaron y Pato estuvo de acuerdo. Solo una vez coincidi&oacute; que ambos hab&iacute;an levantado a unas pibas en el boliche y como cada cual ten&iacute;a su garche, nadie dej&oacute; con las ganas al otro. S&iacute;, esa noche hubo gritos de placer y cada uno escuch&oacute; a su amigo en plena faena sexual: una an&eacute;cdota m&aacute;s para contar al resto de los flacos del boliche.<\/p>\n<p>Pero hubo una vez una pandemia y las cosas cambiaron.<\/p>\n<p>Como el resto de la humanidad, debieron preservarse en su casa y, aunque el teletrabajo ayudaba, la restricci&oacute;n de salir al mundo exterior se hac&iacute;a cada vez m&aacute;s insoportable. En esa convivencia de 24 horas por siete d&iacute;as a la semana, comenzaron a crecer charlas in&eacute;ditas, como esta, aleatoria, de olerse la pija.<\/p>\n<p>&ndash;En serio &ndash;insisti&oacute; Diego&ndash;. Es re com&uacute;n. Dale. No me digas que no lo hac&eacute;s.<\/p>\n<p>&ndash;Bueno&hellip; s&iacute;, pero cuando me estoy por dormir, ponele.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Ah, viste puto! Yo sab&iacute;a &ndash;dijo Diego jugando con la bombilla del mate. &ndash;&iquest;Por qu&eacute; ser&aacute; que lo hacemos?<\/p>\n<p>&ndash;No s&eacute;, costumbre&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, claro, pero no s&eacute;; la verdad es que me gusta olerme. Posta. Debe ser algo animal&hellip; Y te digo m&aacute;s: un poco me calienta.<\/p>\n<p>Pato levant&oacute; la vista y se limit&oacute; a clavarle la mirada con intenci&oacute;n reprobatoria.<\/p>\n<p>&ndash;Bueno &ndash;se justific&oacute; Diego &ndash;no s&eacute;&hellip; pens&eacute; que a vos te pasaba igual.<\/p>\n<p>&ndash;No, para nada &ndash;respondi&oacute; Pato, y para cambiar de tema, agreg&oacute;: &ndash; Che, hoy hago pizza. &iquest;Te va?<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente ambos volvieron a sus rutinas, incluyendo un entrenamiento que propuso Diego, fan&aacute;tico del gym. Al finalizar los ejercicios, ambos se acostaron en el sill&oacute;n para reponer energ&iacute;as, sin mediar palabras. De pronto, Pato llev&oacute; su mano izquierda a la calza que usaba para entrenar, se manose&oacute; el paquete y luego se oli&oacute; los dedos con un leve sonido de aspiraci&oacute;n. Diego volvi&oacute; la cabeza sorprendiendo a su amigo, quien lejos de inhibirse, con los dedos en la nariz declar&oacute;:<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Uff! &iexcl;El olor a chota que manejo!!<\/p>\n<p>Diego respondi&oacute; con una carcajada y acto seguido hizo lo propio.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Boludo! &iquest;No era que nunca te la ol&iacute;as?<\/p>\n<p>Pero Pato, por toda respuesta volvi&oacute; a manosearse para volver a su nariz con los dedos impregnados de su olor. Como parte del di&aacute;logo, Diego hurg&oacute; dentro de su short anaranjado.<\/p>\n<p>&ndash;Yo tambi&eacute;n &ndash;declar&oacute;&ndash;. Pero m&aacute;s a huevo sudado que a pija.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Jajaja! &iexcl;Qu&eacute; nabo! &iquest;Cu&aacute;l es la diferencia? &ndash;pregunt&oacute; Pato algo confundido.<\/p>\n<p>&ndash;Son dos cosas distintas, gil &ndash;respondi&oacute; Diego sin dudarlo. Y viendo que su amigo parec&iacute;a no entender, pas&oacute; a explicar el tema con la autoridad de un profesor.<\/p>\n<p>&ndash;Los huevos huelen por el sudor, ponele, pero la pija tiene olor propio. Algo de meo, algo de leche.<\/p>\n<p>&ndash;Dale, es lo mismo&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;No! Mir&aacute; &ndash;dijo baj&aacute;ndose el short y dejando al descubierto su pija. &ndash;Primero olete los huevos, despu&eacute;s pel&aacute; la cabeza y vas a notar la diferencia.<\/p>\n<p>Pato sinti&oacute; un calor intenso en las mejillas. Era la primera vez que ve&iacute;a el sexo de su amigo. A&ntilde;os de salir juntos a todos lados, de confidencias y charlas; pero jam&aacute;s hab&iacute;a ocurrido que una situaci&oacute;n los pusiera en este trance tan particular de que uno de ellos mostrase al otro sus genitales.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Ey! Hacelo, boludo, no te quedes mirando.<\/p>\n<p>Pero Pato no pod&iacute;a apartar la mirada de la pija de su amigo. Sobre todo de sus huevos peludos. De pronto, se puso de pie y fue al ba&ntilde;o. Ese d&iacute;a no se habl&oacute; m&aacute;s del tema hasta despu&eacute;s de la cena, birra mediante.<\/p>\n<p>&ndash;Boludo, te quedaste mal hoy cuando te mostr&eacute; la chota. No me di cuenta. Pens&eacute; que&hellip; nada, hay confianza, &iquest;no?<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;M&aacute;s bien! &ndash;respondi&oacute; Pato algo sorprendido por el tema que volv&iacute;a sin previo aviso. &ndash;Lo que pasa es que&hellip; bueno, no me lo esperaba. Pero todo bien, posta.<\/p>\n<p>&ndash;Mir&aacute; Pato, hace bocha que nos conocemos, tenemos la mejor onda, &iquest;no? Y bueno, si vamos a convivir as&iacute;, las 24 horas, mejor que hablemos de todo sin drama, &iquest;no te parece?<\/p>\n<p>Pato sonri&oacute; afirmando con la cabeza y sin pudor lanz&oacute;:<\/p>\n<p>&ndash;Ten&eacute;s raz&oacute;n. Tienen olores diferentes.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Desde aquella charla, algo cambi&oacute; definitivamente. Peque&ntilde;os gestos empezaron a incorporarse con naturalidad: hablar de todos los temas, compartir m&aacute;s momentos en com&uacute;n.<\/p>\n<p>Y olerse las pijas.<\/p>\n<p>Peli en la tele &ndash;a cualquier hora&ndash;, una birra y manoseada de ganso sin rastros de verg&uuml;enza. Diego era el m&aacute;s &ldquo;compulsivo&rdquo; en eso del toqueteo, pero Pato no se quedaba atr&aacute;s. Los dos hac&iacute;an eso sin reparar en el otro, como si hacerlo fuera igual a llevarse la mano al pelo o rascarse la nariz. Incluso Pato sacaba el tema con naturalidad, al punto de comentar una tarde, casi como un chiste, &ldquo;hoy me huele m&aacute;s el culo que la pija&rdquo;. Nada inusual en ese contexto, excepto esa frase. Mejor dicho, esa palabra en particular. Verga y huevos eran parte del vocabulario habitual, pero culo&hellip; Del culo no se hablaba.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te oliste el hoyo? &ndash;pregunt&oacute; Diego con una sonrisa socarrona.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, &iquest;por?<\/p>\n<p>&ndash;Ah, mir&aacute;. No&hellip; Por nada&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Y?<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Y qu&eacute;?<\/p>\n<p>&ndash; No, nada. &iquest;A ver yo? &ndash;dijo Diego y se pas&oacute; un dedo por el tajo peludo. &ndash;No. No tiene olor.<\/p>\n<p>&ndash;Mentiroso.<\/p>\n<p>&ndash;Te juro.<\/p>\n<p>&ndash;Sal&iacute;, forro. &iquest;Me vas a decir que no ten&eacute;s olor a culo?<\/p>\n<p>&ndash;Te juro &ndash;repiti&oacute; Diego mientras se acercaba a Pato con el dedo en alto&ndash;. Ol&eacute;.<\/p>\n<p>Pato iba a decir algo pero la situaci&oacute;n lo sorprendi&oacute; a tal punto que apenas pudo apartar la cara. Sin embargo, oli&oacute;, comprobando que era cierto. Y si bien no ol&iacute;a a nada que lo pudiera estimular, la situaci&oacute;n le provoc&oacute; una erecci&oacute;n inmediata.<\/p>\n<p>Diego not&oacute; el bulto pujando contra el algod&oacute;n del joggin gris y, r&aacute;pido de reflejos, le tir&oacute; un almohad&oacute;n a la entrepierna de su amigo en un gesto compasivo para que pudiera disimular su estado.<\/p>\n<p>Nadie agreg&oacute; una palabra. Pacto de caballeros. Pero Diego empez&oacute; a madurar algo que no entend&iacute;a bien y que sin embargo lo seduc&iacute;a.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>&ndash;Dale boludo, hace un a&ntilde;o que est&aacute;s ah&iacute;. Pongo la serie, me cans&eacute;.<\/p>\n<p>Desde el ba&ntilde;o, Diego respondi&oacute; con un sutil &ldquo;chupame la verga&rdquo;. Enseguida sali&oacute; envuelto en una toalla y se tir&oacute; en el sill&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Dale impaciente, ponela.<\/p>\n<p>&ndash;&ldquo;Esta&rdquo; te voy a poner &ndash;dijo Pato, mientras se agarraba el bulto y daba enter al cap&iacute;tulo del d&iacute;a.<\/p>\n<p>Pero Diego no pod&iacute;a dejar pasar el chiste; la r&eacute;plica se ca&iacute;a de maduro y eso inclu&iacute;a desvalorizar el miembro de su interlocutor, como debe hacer todo macho que se precie de tal. &iquest;Y qu&eacute; debe hacer por su parte el otro aspirante a alfa de la manada? &iquest;Callar o elevar la apuesta?<\/p>\n<p>&ndash;Tengo m&aacute;s pija que vos &ndash;se defendi&oacute; Pato, y el silencio se hizo espeso.<\/p>\n<p>Uno de los dos deb&iacute;a hablar.<\/p>\n<p>&ndash;En serio &ndash; insisti&oacute;&ndash;. La tengo m&aacute;s grande.<\/p>\n<p>Diego ahora deb&iacute;a responder, pero hacerlo no era f&aacute;cil. Implicaba meterse de lleno en terreno desconocido; un tanto peligroso, pero sin dudas excitante. Y en segundos, la frase obvia cay&oacute; por su propio peso:<\/p>\n<p>&ndash; &iquest;A ver?<\/p>\n<p>Como si estuviese esperando el momento, Pato se levant&oacute; del sill&oacute;n y con un movimiento limpio se desabroch&oacute; el pantal&oacute;n dejando al descubierto una pija grande, sobre todo gruesa y de venas marcadas.<\/p>\n<p>&ndash;&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;Te dije, forro. L&aacute;stima que no jugamos una apuesta.<\/p>\n<p>&ndash;Alta verga, chab&oacute;n. No sab&iacute;a &ndash;atin&oacute; a comentar Diego sin dejar de mirar&ndash;. &iquest;Y parada crece mucho m&aacute;s?<\/p>\n<p>&ndash;Bastante &ndash;fue la respuesta inmediata de Pato al tiempo que se la amasaba despreocupadamente.<\/p>\n<p>Sin ropa que disimulara, la pija de Diego empez&oacute; a crecer debajo de la toalla, que se movi&oacute; dej&aacute;ndola al descubierto. Cada uno miraba la verga de su amigo con gesto hipn&oacute;tico. Las manos comenzaron su juego y de la chota de Diego asom&oacute; una gota gruesa de presemen que lubric&oacute; el movimiento de la mano.<\/p>\n<p>Como saliendo de un trance, Pato advirti&oacute; que eso que estaba ocurriendo era, en principio, &ldquo;raro&rdquo; y la forma que encontr&oacute; para normalizar la situaci&oacute;n vino en forma de una propuesta l&oacute;gica.<\/p>\n<p>&ndash; &iquest;Pongo una porno?<\/p>\n<p>Diego no respondi&oacute; y Pato busc&oacute; una peli cualquiera. En silencio, comenzaron una paja casi sincronizada. Los ojos de ambos, fijos en la pantalla, se alimentaban de la escena que serv&iacute;a de excusa para tocarse las chotas. Diego abri&oacute; del todo la toalla y as&iacute;, desnudo como estaba, comenz&oacute; a pasarse la mano libre por el pecho peludo. Pato, en cambio, ten&iacute;a el pantal&oacute;n en los tobillos y una remera, pero el cabo de unos segundos termin&oacute; quit&aacute;ndosela. Como imitando a su amigo, comenz&oacute; a acariciarse el pecho despojado de pelos, sin dejar de sobar su verga que, tal como lo hab&iacute;a adelantado, hab&iacute;a crecido m&aacute;s a&uacute;n que cuando la hab&iacute;a pelado minutos atr&aacute;s.<\/p>\n<p>De pronto, como respondiendo a una orden, los dos se miraron. Con sus ojos recorr&iacute;an el cuerpo del compa&ntilde;ero hasta detenerse en las pijas. La peli era apenas una banda sonora de fondo, compuesta de gemidos y chasquidos h&uacute;medos.<\/p>\n<p>El primero en acabar fue Diego, convulsionando su cuerpo y haciendo que los abdominales se le marcaran notablemente en la rigidez del orgasmo. Tres segundos despu&eacute;s, la verga de Pato escupi&oacute; un lechazo que le dio de lleno en la boca y que limpi&oacute; enseguida relami&eacute;ndose.<\/p>\n<p>El olor a leche apestaba el living.<\/p>\n<p>La panza de Diego brillaba despu&eacute;s de la acabada. El brazo del sill&oacute;n del lado de Pato estaba completamente salpicado. No pod&iacute;an dejar de mirarse a los ojos. Como un estallido, Diego comenz&oacute; a re&iacute;r y Pato lo sigui&oacute; con una carcajada, en esa extra&ntilde;a reacci&oacute;n que sobreviene al orgasmo entre dos. Y despu&eacute;s, el silencio. Inc&oacute;modo, extra&ntilde;o, cargado de un contenido no dicho pero claramente expl&iacute;cito y que deb&iacute;a romperse con una frase; cualquiera, la primera que viniese a poner orden en ese desmadre de dos machos que hab&iacute;an acabado a la vez mientras se miraban desnudos.<\/p>\n<p>&ndash;Alta paja, boludo. Me voy a dormir.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Pato arranc&oacute; a la ma&ntilde;ana siguiente con un mal humor evidente. &ldquo;Tengo mucho laburo que hacer hoy&rdquo;, fue lo primero que dijo cuando sali&oacute; de su cuarto para hacerse un caf&eacute;, y regresar enseguida sin asomarse hasta la noche. Diego crey&oacute; ver en esa actitud un gesto de verg&uuml;enza por aquella intimidad compartida y opt&oacute; por ser comprensivo, evitando cualquier comentario, hasta que, de a poco, volvieron a recuperar el clima de convivencia anterior, aunque despojado de cualquier situaci&oacute;n sexual.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 &ndash;&iquest;Qu&eacute; hac&eacute;s boludo? &iquest;Te est&aacute;s oliendo la pija? &ndash;Nada que ver &ndash;respondi&oacute; Diego a la pregunta de su amigo, sin darse cuenta de la evidencia que lo delataba: la mano izquierda enterrada por completo en el calz&oacute;n. &ndash;Sos un cerdo, chab&oacute;n &ndash;dijo Pato levant&aacute;ndose a cambiar la yerba del mate. &ndash;Dale, &iquest;vos nunca te [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":21532,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[10],"tags":[],"class_list":{"0":"post-34613","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-gays"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/34613","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/21532"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=34613"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/34613\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=34613"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=34613"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=34613"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}