{"id":34618,"date":"2022-04-27T22:00:00","date_gmt":"2022-04-27T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-04-27T22:00:00","modified_gmt":"2022-04-27T22:00:00","slug":"sexo-con-mi-vecina-madura-a-cambio-de-un-potaje-gitano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/sexo-con-mi-vecina-madura-a-cambio-de-un-potaje-gitano\/","title":{"rendered":"Sexo con mi vecina madura a cambio de un potaje gitano"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"34618\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>En mi relato &ldquo;Descubriendo mi lado homosexual&rdquo;, habl&eacute; de c&oacute;mo compart&iacute;a piso con un compa&ntilde;ero con el que tuve mi primera sexual durante la pandemia. La siguiente historia est&aacute; conectada con ese contexto.<\/p>\n<p>Era una tarde del mes de abril del 2020, en pleno estado de alarma, cuando tendr&iacute;a mi primera experiencia con una mujer madura. A lo largo de mi vida hab&iacute;a tenido sexo con chicas mayores que yo, pero nunca hab&iacute;a estado con una mujer, en may&uacute;sculas, como aquella que conoc&iacute; en la localidad de &Eacute;cija (Sevilla), donde entonces me encontraba por motivos laborales, aunque a ra&iacute;z del estado de alarma s&oacute;lo teletrabajaba. En los ratos en los que no trabajaba, hac&iacute;a las labores de casa, iba al supermercado a hacer la compra y ten&iacute;a experiencias sexuales con mi compa&ntilde;ero de piso.<\/p>\n<p>Cierto d&iacute;a, regres&eacute; de hacer la compra cuando mi compa&ntilde;ero Daniel me esperaba en la cocina con una olla de habas. &ldquo;Las trajo nuestra vecina Lola&rdquo;, me dijo Daniel, &ldquo;parece ser que hizo de m&aacute;s y como le has ca&iacute;do en gracia, nos trajo para que podamos comer&rdquo;. Dios, que alegre me puso esa noticia, hac&iacute;a m&aacute;s de un mes que s&oacute;lo com&iacute;a congelados y fritos, necesitaba unas buenas habas. Aquel d&iacute;a fue el primero en todo el estado de alarma en que comimos en caliente.<\/p>\n<p>&ldquo;&iquest;Y por qu&eacute; dices que le ca&iacute; en gracia?&rdquo;, le pregunt&eacute; a Daniel. &ldquo;Te ve desde su balc&oacute;n cargado con las bolsas de la compra, sale siempre a la misma hora, creo que eres su tipo&rdquo;, me contest&oacute;. &ldquo;No te pongas celoso&rdquo;, le dije a Daniel. &ldquo;Podr&iacute;as darle un poco de alegr&iacute;a a la mujer, as&iacute; comer&iacute;amos m&aacute;s a menudo en caliente&rdquo;, me sugiri&oacute; Daniel.<\/p>\n<p>Sinceramente, no me hab&iacute;a fijado en ella hasta ese d&iacute;a, quiz&aacute;s nos habr&iacute;amos cruzado alguna vez por la escalera y la habr&iacute;a saludado sin m&aacute;s. Pero en realidad no me suelo fijar en mujeres tan mayores, que me sacaban veinte a&ntilde;os, quiz&aacute;s porque me recuerdan a mi madre y las veo diferentes a otras mujeres. La &uacute;nica excepci&oacute;n, quiz&aacute;s, eran algunas actrices, como Rebecca de Mornay o Susan Sarandon y quiz&aacute;s tambi&eacute;n la cantante Marta S&aacute;nchez. Cierto es que la mujer se manten&iacute;a en buena forma a sus cincuenta y tres a&ntilde;os, algo gordita, pelo te&ntilde;ido de casta&ntilde;o claro que le llegaba hasta los hombros, alta&hellip; Ten&iacute;a los ojos negros, piel blanca, con alguna arruga, pero se manten&iacute;a joven por dentro. No sab&iacute;a si ese gesto de amabilidad fue por solidaridad en un momento de crisis en nuestro pa&iacute;s, si fue un gesto maternal hacia dos chicos j&oacute;venes o si realmente se sent&iacute;a atra&iacute;da hacia m&iacute;. Fuera como fuera, tras haber comido bien y pegado una buena siesta, fui a su casa para devolverle la olla y as&iacute; darle las gracias.<\/p>\n<p>Me abri&oacute; la puerta, cubierta con una bata blanca. &ldquo;Quer&iacute;a agradecerle las habas que nos ha tra&iacute;do hoy&rdquo;, le dije. &ldquo;Ni&ntilde;o, no me hables de usted, que soy tu vecina de al lado. Me alegra que os hayan gustado, es un placer para m&iacute;&rdquo;. &ldquo;Si en algo puedo ayudarte, no dudes en llamar a mi puerta&rdquo;, le respond&iacute;. &ldquo;Ay, no me digas eso, que soy muy pesada, pero te lo agradezco igualmente, guapo&rdquo;. Me desped&iacute; sin m&aacute;s, con una sensaci&oacute;n agradable por su simpat&iacute;a y bondad hacia m&iacute;. No pensaba darle m&aacute;s vueltas al asunto, pero es que nos encantaron aquellas habas. Esto es lo que tiene que nuestros padres nos hayan creado como unos in&uacute;tiles, que no sabemos cocinar y dependemos de nuestras madres para comer caliente, o en este caso, mi vecina madura.<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente, Daniel me dijo que por qu&eacute; no iba a hacerle compa&ntilde;&iacute;a de vez en cuando para alegrarle la vista o algo m&aacute;s y as&iacute; poder comer cosas del estilo. Nos mor&iacute;amos y ser&iacute;amos capaz de matar por comer un potaje gitano y unas lentejas con chorizo. No hab&iacute;a estado nunca con una mujer de su edad, pero estaba dispuesto a todo con tal de comer. Mi compa&ntilde;ero me recomend&oacute; ir a verla para ver si pod&iacute;a ayudarla comprando algo en el supermercado. Me puse unos pantalones vaqueros ajustados y una camiseta de color negro, me ech&eacute; colonia y fui a verla.<\/p>\n<p>&ldquo;&iquest;Necesitas que vaya a comprarte algo al supermercado, Lola?&rdquo;, le pregunt&eacute;. &ldquo;Ay, ni&ntilde;o, no, muchas gracias, yo compro a domicilio y me lo traen a casa, pero te lo agradezco igualmente, &iquest;no te apetece algo para ti y tu amigo?&rdquo;, me pregunt&oacute;. Claro que me apetec&iacute;a, s&oacute;lo Dios sab&iacute;a lo que me apetec&iacute;a comer en caliente y dejarme de frituras y congelados. As&iacute; que Lola me invit&oacute; a entrar a su casa y mientras puso a calentar un potaje gitano (Dios, qu&eacute; ganas ten&iacute;a de un potaje gitano), me mostr&oacute; su casa. Me llam&oacute; la atenci&oacute;n un peque&ntilde;o altar dedicado a la Virgen del Valle Coronada, patrona de &Eacute;cija, y algunas medallas relacionadas con premios de Danza, pues Lola se hab&iacute;a dedicado profesionalmente al baile, en especial flamenco y danza oriental. Lola me ense&ntilde;&oacute; una foto donde aparec&iacute;a ella con otras dos chicas: las tres llevaban unas faldas largas que llegaban hasta los pies, pero abiertas por los lados, mostrando sus hermosas piernas. Por la parte de arriba, llevaban un sujetador con lentejuelas, mostrando unos pechos firmes y deliciosos. El vientre quedaba al aire, quedando bastante sexy.<\/p>\n<p>&ldquo;&iexcl;Qu&eacute; guapa estaba aqu&iacute;!, &iquest;verdad?&rdquo;, me dijo. &ldquo;S&iacute;, la verdad es que ten&iacute;as buen tipo. Aunque ahora tambi&eacute;n lo tienes, no significa que ahora no&hellip;&rdquo;, dije torpemente. &ldquo;Calla, mi ni&ntilde;o, no seas zalamero&rdquo;. &ldquo;La verdad, Lola, te mantienes muy bien, justo lo estuve comentando con mi compa&ntilde;ero de piso&rdquo;. &ldquo;Uy, ni&ntilde;o, me vas a poner color&aacute;&rdquo;. Entre estos y otros comentarios est&aacute;bamos cuando Lola me invit&oacute; a sentarme en el tresillo del sal&oacute;n y me puso una cervecita y unas patatas. El potaje gitano ya estaba listo, pero pod&iacute;a guardar tiempo. Hablamos de nuestras vidas, y me enter&eacute; de que Lola era divorciada y ten&iacute;a un par de hijos un poco m&aacute;s j&oacute;venes que yo. Seg&uacute;n me dijo, se hab&iacute;a divorciado al no poder soportar su marido que bailara semidesnuda ante tantos desconocidos, que se la com&iacute;an con los ojos. Llevaba ya un par de cervezas cuando me sent&iacute; desinhibido y le dije, &ldquo;pues Lola, espero que no te importe, pero menudo tonto debe ser ese hombre para dejarte con lo guapa que eres, y lo bien que cocinas. Si yo fuera ese marido no te hubiera dejado nunca escapar&rdquo;. Lola rio y al rato, poniendo su mano en mi muslo, casi, casi al lado de la entrepierna, me dijo: &ldquo;&iquest;te apetece algo m&aacute;s que un potaje?&rdquo; Y acto seguido la bes&eacute;. Estuvimos bes&aacute;ndonos en el sof&aacute;, acariciando su rostro, menos suave que el de una chica joven, pero igual de excitante, hasta que decidi&oacute; levantarme la camiseta y poder acariciar mi torso peludo. &ldquo;C&oacute;mo me gustan los hombres peludos&rdquo;, dijo.<\/p>\n<p>Le quit&eacute; a ella una blusa de color p&uacute;rpura que llevaba, dejando al aire sus pechos, &uacute;nicamente ocultos por un sujetador negro. Le desabroch&eacute; ese sujetador con la mano derecha mientras con la izquierda sosten&iacute;a su nuca mientras la besaba. Al caer el sujetador, vi sus enormes pechos (me enter&eacute; despu&eacute;s que su talla era 110 C), los cuales quiz&aacute;s no ten&iacute;an la firmeza de aquellas fotos donde la hab&iacute;a visto bailando de joven, pero eran m&aacute;s grandes y guardaban el regalo de la experiencia: esos pechos hab&iacute;an desahogado el amor de varios hombres antes que yo. Mi pene estaba dur&iacute;simo, y Lola estaba m&aacute;s caliente que muchas de las chicas de m&aacute;s o menos mi edad con las que hab&iacute;a estado. Con un brillo en sus hermosos ojos negros me desabroch&oacute; la cremallera, me hizo ponerme de pie y quit&aacute;rmelo al mismo tiempo que ella se tumbaba sobre el tresillo y se bajaba la falda y las bragas. Me dio permiso para penetrarla sin cond&oacute;n, ya que a su edad no pod&iacute;a quedarse embarazada y tanto ella como yo est&aacute;bamos libres de enfermedades ven&eacute;reas. Comenc&eacute; a penetrarla y la forma con que ella apretaba los m&uacute;sculos vaginales parec&iacute;a que iba a hacerme explotar en cualquier momento, cosa que ocurri&oacute;.<\/p>\n<p>Pens&eacute; que quiz&aacute;s la hab&iacute;a decepcionado por haber durado tan poco, pero ella me hizo incorporar, se puso encima de m&iacute; y me dijo: &ldquo;Cari&ntilde;o, esto le pasa a cualquiera, y adem&aacute;s, ahora puedes rematar tu faena&rdquo;. Me empez&oacute; a besar hasta que el pene volvi&oacute; a estar erecto, y as&iacute;, se lo acomod&oacute; en su interior y empez&oacute; a cabalgar sobre m&iacute; mientras sus enormes pechos chocaban contra mi cara. Tocaba a Lola con mis manos, recorriendo su trasero (muy firme), su torso (sus michelines saltando arriba y abajo eran hipn&oacute;ticos, como una de aquellas &ldquo;BBW&rdquo; o &ldquo;Big Beautiful Woman&rdquo; de los videos pornogr&aacute;ficos que ve&iacute;a a veces, si bien Lola s&oacute;lo estaba algo rellenita) y finalmente sus enormes tetas, que me llevaba a la boca, lamiendo con placer sus pezones, lo que la hac&iacute;a gemir. &ldquo;Te gustan las tetas de mami, &iquest;verdad?&rdquo;, me dec&iacute;a. Que hablara como si fuera mi madre me creaba una sensaci&oacute;n extra&ntilde;a, mezcla de excitaci&oacute;n y extra&ntilde;eza (&iquest;quiz&aacute;s culpabilidad?), pero consigui&oacute; endurec&eacute;rmela m&aacute;s. Fue cuando empec&eacute; a respirar de forma profunda y a gemir, a lo que Lola me dijo &ldquo;s&iacute;, cari&ntilde;o, c&oacute;rrete dentro de m&iacute;&rdquo;, mientras encog&iacute;a los m&uacute;sculos vaginales, lo que aument&oacute; el placer. Empez&oacute; a gemir casi a coro conmigo hasta que me vine en su co&ntilde;o.<\/p>\n<p>Lola me bes&oacute; mientras acariciaba mi pelo, llam&aacute;ndome &ldquo;mi ni&ntilde;o&rdquo; y diciendo &ldquo;pobrecito, es que no comes nada y te quedas sin fuerzas, necesitas comer para estar en forma&rdquo;. Se levant&oacute;, me lanz&oacute; el calzoncillo y el pantal&oacute;n, se puso una bata blanca y me dijo que me sentara a la mesa. Me vest&iacute; mientras ella iba a la cocina y regres&oacute; con un plato de potaje gitano.<\/p>\n<p>&ldquo;Come conmigo, ya le llevar&aacute;s a tu amigo su parte en un tupper&rdquo;. Y he de decir que fue el mejor potaje gitano que hab&iacute;a comido en mucho tiempo. Lola hab&iacute;a logrado derrotarme en el sexo, pero logr&oacute; mi amor a trav&eacute;s del est&oacute;mago. Al despedirme para volver a mi piso la bes&eacute; en la boca: estaba seguro de que no ser&iacute;a la &uacute;ltima vez que me acostar&iacute;a con ella ni la &uacute;ltima en que comer&iacute;a alguno de sus guisos. Daniel, mi amante homosexual, tendr&iacute;a que compartirme a partir de ahora con ella.<\/p>\n<p><u>Moraleja de este relato<\/u>: acostarse con mujeres maduras est&aacute; bien, pero no exclusivamente por la experiencia que se les supone en lo sexual, sino porque al acabar te preparan unos potajes de puta madre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>En mi relato &ldquo;Descubriendo mi lado homosexual&rdquo;, habl&eacute; de c&oacute;mo compart&iacute;a piso con un compa&ntilde;ero con el que tuve mi primera sexual durante la pandemia. 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