{"id":34623,"date":"2022-04-27T22:00:00","date_gmt":"2022-04-27T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-04-27T22:00:00","modified_gmt":"2022-04-27T22:00:00","slug":"el-universo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-universo\/","title":{"rendered":"El universo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"34623\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Se paseaba por la pasarela confiada. Una pose natural al caminar hac&iacute;a de ella una modelo excelente para modistos exc&eacute;ntricos. Nada le importaba tener las rodillas nudosas ni los muslos anchos; ni incluso presentar una peque&ntilde;a mancha, una heridita, la de una &uacute;lcera, en mitad de la piel que cubr&iacute;a su peron&eacute;. No. Su seguridad desafiaba a las modelos mejor esculpidas. &quot;Est&aacute; buena Sandra&quot;, susurr&oacute; en mi o&iacute;do mi amigo Claudio, sentado junto a m&iacute; frente al costado de la pasarela; &quot;S&iacute;, ya ves, f&iacute;jate en el vaiv&eacute;n de sus tetas&quot;, le indiqu&eacute; en voz baja; &quot;T&iacute;o, s&iacute;, me encanta&quot;; &quot;He quedado luego con ella&quot;; &quot;Qu&eacute; suerte&quot;; &quot;S&iacute;&quot;, dije.<\/p>\n<p>Fui al camerino de Sandra en cuanto vi que no pasaba m&aacute;s vestidos. Pegu&eacute; un par de toques con los nudillos en la puerta. O&iacute; que dijo: &quot;Entra, Toni&quot;, y entr&eacute;. &quot;Oh, Toni&quot;, exclam&oacute; Sandra nada m&aacute;s verme, echando su cuerpo sobre el m&iacute;o hasta quedar completamente pegados. Nos besamos largamente en las bocas. Met&iacute; una mano por debajo de la falda de su vestido corto y le acarici&eacute; el co&ntilde;o con suavidad. &quot;Oh, Toni, Toni&quot;, exhal&oacute; melosa Sandra antes de arrodillarse ante m&iacute;. Sandra desabroch&oacute; mi cintur&oacute;n, baj&oacute; la cremallera de la porta&ntilde;uela de mis pantalones y sac&oacute; mi polla de debajo del calz&oacute;n. Seguidamente la lami&oacute;, el frenillo, el glande, gimiendo, despacio.<\/p>\n<p>&quot;Toni&quot;, me dijo desde abajo amorosamente, &quot;oh, Toni, me gusta tu polla&quot;. Sandra se meti&oacute; mi polla en su boca. Me la mamaba fenomenal. Sus labios apretados recorr&iacute;an el tronco dejando su saliva un mojado rastro que brillaba bajo el foco led de su tocador, &uacute;nica luz que hab&iacute;a. &quot;Uff, Sandra, qu&eacute; bien me la chupas, uff, sigue, as&iacute;&quot;, la anim&eacute;, &quot;estoy a punto de correrme, &iquest;quieres mi corrida?&quot;, pregunt&eacute; extasiado; &quot;S&iacute;, Toni, s&iacute;, d&aacute;mela, dame tu corrida&quot;, dijo Sandra escupiendo mi polla unos instantes antes de continuar. &quot;Mmm, mmm&quot;. &quot;Uff, me corro-o-oohh&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Bueno, ver&aacute;s, acab&eacute; con Toni porque no me apreciaba&#8230;, en fin, ya sabes&#8230;, que s&oacute;lo me quer&iacute;a para&#8230;, t&uacute; sabes&quot;, explic&oacute; Sandra a Claudio. Ambos estaban desnudos sobre la cama de un hotel. Estaban tumbados de costado, mir&aacute;ndose, viendo sus cuerpos desnudos. Muy cerca uno del otro. Sandra exhib&iacute;a sus grandes tetas redondas terminadas en morenos pezones. Y Claudio, de vez en cuando, se las besaba. &quot;&iquest;Y t&uacute;, qu&eacute;?&quot;, pregunt&oacute; Sandra a bocajarro; &quot;Mujer, Sandra, es que est&aacute;s para mojar pan, qu&eacute; quieres que te diga&quot;, solt&oacute; Claudio; &quot;S&iacute;, vamos, que me quieres follar y si te he visto no me acuerdo&quot;, dijo Sandra graciosa; &quot;Eso&quot;. Sus cuerpos se enlazaron; fue como una peque&ntilde;a lucha. Claudio termin&oacute; debajo. Sandra a horcajadas sobre &eacute;l. Claudio no pod&iacute;a dejar de admirar la agitaci&oacute;n de las tetas de Sandra, que se mov&iacute;an arriba y abajo, a derecha y a izquierda a cada embestida. &quot;Ah, ah, Claudio, ah, a-ah&quot;, gem&iacute;a Sandra pr&oacute;xima al orgasmo que iba a tener si Claudio continuaba as&iacute; de empalmado. &quot;Ah, ah, Claudio, no te corras, espera, es-pe-ra-ah-aahh&quot;. Sandra se corri&oacute; y, bella y femenina, dej&oacute; caer su cuerpo sobre el t&oacute;rax de Claudio, que, sujetando fuerte las nalgas de Sandra, dio varias poderosas sacudidas elevando su abdomen para conseguir eyacular, llenar de semen el caliente co&ntilde;o de su amante.<\/p>\n<p>&quot;Toni&quot;, me dijo Sandra, &quot;ahora que ya somos marido y mujer me dejar&aacute;s por otra m&aacute;s joven&quot;. Sandra, qu&eacute; loca. &quot;No, Sandra&quot;. Est&aacute;bamos en el saloncito de nuestra flamante casa. Ambos en bata, aunque no llev&aacute;bamos nada debajo. Hab&iacute;an pasado m&aacute;s de diez a&ntilde;os desde que la conoc&iacute; cuando pasaba modelos. Hab&iacute;an pasado m&aacute;s de cinco a&ntilde;os desde que ella se hab&iacute;a divorciado de Claudio. Sandra ya no era esa jovencita que quitaba el sentido s&oacute;lo con mirarla. No. Era a&uacute;n mejor. Su madurez era pura fantas&iacute;a. Ver&eacute;is. Mirad. Se est&aacute; quitando la bata. Sus tetas van a mi boca, que las chupa y las saborean como se saborea el pan reci&eacute;n horneado. Estamos en el sof&aacute; del saloncito y no hay tiempo que perder, pues en cualquier momento de esta tarde puede regresar mi hija peque&ntilde;a del colegio y&#8230; empujo con suavidad a Sandra para que apoye su cabeza en el reposabrazos y se abra de piernas. Lamo su cl&iacute;toris. Lo lamo, m&aacute;s, hasta que se endurece y sabe dulce, entonces me subo sobre Sandra y le meto la polla en su raja, la follo. Follo. Follamos y, el&eacute;ctricos, nos sacudimos. La polla entra y sale. Las tetas aplauden. Nuestro lenguaje se simplifica: &quot;M&aacute;s&quot;, &quot;Mmm&quot;, &quot;S&iacute;&quot;, &quot;Nena, nena&quot;. Llega un espasmo, el de ella, y otro m&aacute;s; de Sandra. Por &uacute;ltimo llega el m&iacute;o, que es descomunal, como el universo. Despu&eacute;s, suena el timbre de la puerta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Se paseaba por la pasarela confiada. Una pose natural al caminar hac&iacute;a de ella una modelo excelente para modistos exc&eacute;ntricos. Nada le importaba tener las rodillas nudosas ni los muslos anchos; ni incluso presentar una peque&ntilde;a mancha, una heridita, la de una &uacute;lcera, en mitad de la piel que cubr&iacute;a su peron&eacute;. 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