{"id":34652,"date":"2022-04-30T22:00:00","date_gmt":"2022-04-30T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-04-30T22:00:00","modified_gmt":"2022-04-30T22:00:00","slug":"encuentro-esporadico-con-una-persona-especial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/encuentro-esporadico-con-una-persona-especial\/","title":{"rendered":"Encuentro espor\u00e1dico con una persona especial"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"34652\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 24<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Pablo era un hombre de piel morena, cejas normales, ojos caf&eacute;s, orejas diminutas, cabello rizado de color casta&ntilde;o que le tapaba la nuca y los laterales del rostro, cachetes un poco hundidos, labios gruesos y oscuros, marcado arco de Cupido, ment&oacute;n lampi&ntilde;o y triangular con un hueco apenas visible, protuberante nuez de Ad&aacute;n, cuello angosto, hombros altos, pectorales desarrollados, abdomen marcado, cadera delgada, extremidades extensas y fuertes. Ten&iacute;a muy poco vello corporal. Ten&iacute;a veintiocho a&ntilde;os de edad y med&iacute;a un metro ochenta y dos. Ten&iacute;a una voz gruesa, tirando a aguardentosa.<\/p>\n<p>Desde el primer a&ntilde;o de la escuela primaria, Pablo se hab&iacute;a limitado a socializar con pocos ni&ntilde;os de su edad. Era un chiquillo retra&iacute;do, introvertido y miedoso. Los maestros cre&iacute;an que ten&iacute;a un trastorno de aprendizaje porque le costaba mucho aprender contenidos b&aacute;sicos, que a los otros ni&ntilde;os no les costaba tanto. Lo consideraban un alumno incompetente y de baja autoestima. Una de las razones por las que nunca quiso darse a conocer fue por temor a que descubrieran que le gustaba jugar con las mu&ntilde;ecas de su hermana.<\/p>\n<p>En aquellos tiempos, a los ni&ntilde;os se los criaba con la costumbre de usar ropa azul, afici&oacute;n por los deportes violentos, inter&eacute;s por los autos y rechazo por el comportamiento mujeril. Estaba terminantemente prohibido que un ni&ntilde;o vistiera ropa de ni&ntilde;a, o que llevara mudas de color rosa; la cultura sexista acarreaba ideolog&iacute;as segregacionistas que de nada serv&iacute;an m&aacute;s que para separar los gustos de los sexos.<\/p>\n<p>Pablo (apodado &ldquo;el miedica&rdquo; por sus compa&ntilde;eros de curso) pas&oacute; su infancia relegado, distanciado de los dem&aacute;s ni&ntilde;os, en especial de los repipis. Mientras los dem&aacute;s se divert&iacute;an practicando deportes como el f&uacute;tbol o el baloncesto, &eacute;l se divert&iacute;a peinando mu&ntilde;ecas y dibujando ponis. Los dem&aacute;s ni&ntilde;os aspiraban a convertirse en verdaderos machos (n&oacute;tese la iron&iacute;a impl&iacute;cita); &eacute;l so&ntilde;aba con participar en concursos de belleza como lo hac&iacute;an las mujeres. No ten&iacute;a ning&uacute;n problema con su sexo, lo que le molestaba era el rechazo por no ser como los ni&ntilde;os normales.<\/p>\n<p>Los padres de Pablo, el se&ntilde;or Octavio y la se&ntilde;ora Marta, poca atenci&oacute;n (si es que algo) les daban a los dos hijos que ten&iacute;an. Malena no ten&iacute;a ning&uacute;n problema siendo ni&ntilde;a, era ampliamente aceptada por las dem&aacute;s ni&ntilde;as de su edad al ser una m&aacute;s del grupo. Pablo la envidiaba porque ella pod&iacute;a vestirse como quer&iacute;a y &eacute;l no. Usaba pantalones s&oacute;lo porque sus padres le obligaban, no porque quer&iacute;a.<\/p>\n<p>La presi&oacute;n social y el contexto sexista, hicieron que Pablo se autoconvenciera de que era un inadaptado social, un enfermo mental, un maldito desviado, por el simple hecho de querer parecerse m&aacute;s a una mujer que a un hombre. Se vio obligado a convertirse en alguien que nunca hab&iacute;a querido ser, un jovencito con una marcada crisis existencial. Rechazarse a s&iacute; mismo s&oacute;lo hac&iacute;a que se sintiera peor. A nadie le importaba lo que pasaba por su mente.<\/p>\n<p>Fue en la escuela secundaria, una instituci&oacute;n muy distinta de la olla de grillos en la que hab&iacute;a estado nueve a&ntilde;os (contando los dos a&ntilde;os del nivel inicial), donde conoci&oacute; a alguien que sent&iacute;a lo mismo que &eacute;l. Por casualidad, se sent&oacute; junto a la persona que m&aacute;s adelante le cambiar&iacute;a la vida para siempre, la persona que pasar&iacute;a a ser su mejor amigo de toda la vida. Se trataba de un tal Andr&eacute;s S&aacute;nchez, un jovencito insociable y con pocas ganas de vivir.<\/p>\n<p>Andr&eacute;s era albino, de ojos celestes, orejas peque&ntilde;as, cabello lacio de color amarillo p&aacute;lido que le llegaba hasta la nuca, cachetes rechonchos y rosados, nariz achatada, labios blancuzcos, ment&oacute;n redondeado, cuello grueso, hombros anchos, abdomen grasiento, extremidades fofas, manos con u&ntilde;as invisibles y pies hinchados. Sufr&iacute;a de miop&iacute;a y obesidad. Era lampi&ntilde;o y ten&iacute;a la piel el&aacute;stica como un chicle. Le hab&iacute;an puesto &ldquo;bola de nieve&rdquo; como sobrenombre, algo ofensivo y descort&eacute;s.<\/p>\n<p>Pablo descubri&oacute; que Andr&eacute;s, adem&aacute;s de sufrir acoso escolar y maltrato psicol&oacute;gico de parte de los docentes, tambi&eacute;n sent&iacute;a que estaba en el cuerpo equivocado. Odiaba ser el gordinfl&oacute;n de la clase, el mantecoso, el cegato, el lechoso, el andr&oacute;gino. Casi nadie lo llamaba por su nombre, se dirig&iacute;an a &eacute;l con adjetivos calificativos de muy mal gusto. Lo que m&aacute;s le molestaba, aparte de ser el hazmerre&iacute;r del grupo, era no poder amistarse con ninguna de las chicas. Ellas lo ve&iacute;an como una persona desagradable y ap&aacute;tica.<\/p>\n<p>Pablo fue el &uacute;nico que nunca lo menospreci&oacute; por su condici&oacute;n f&iacute;sica ni por su problema ocular, el &uacute;nico que nunca le puso apodos, ni busc&oacute; ofenderlo, ni quiso pegarle, ni lo trat&oacute; como lelo. Fue la &uacute;nica persona que le dio una mano y le ayud&oacute; a levantarse y luchar por lo que quer&iacute;a lograr. Gracias a ese comportamiento, forj&oacute; los lazos de amistad que luego los mantendr&iacute;a unidos en el futuro.<\/p>\n<p>Durante la adolescencia, esa complicada etapa de cambios hormonales y h&aacute;bitos nocturnos, Andr&eacute;s se puso como meta bajar de peso, quer&iacute;a ser delgado y apuesto como su mejor amigo. Tuvo que pasar mucho tiempo haciendo ejercicio, comiendo sano y bebiendo agua para poder eliminar toda esa molestosa grasa que ten&iacute;a de sobra. En tres a&ntilde;os, pas&oacute; de tener cien kilos a tener setenta. Obtuvo un cambio notable, se sinti&oacute; muy satisfecho con el mismo.<\/p>\n<p>Como Pablo era el &uacute;nico amigo de confianza que ten&iacute;a Andr&eacute;s, lo empez&oacute; a ver como algo m&aacute;s que una amistad cercana. Le pareci&oacute; extra&ntilde;o admitirlo al principio, pero luego se dio cuenta de que la atracci&oacute;n que hab&iacute;a no era algo insustancial. Aquel jovenzuelo maravilloso le hab&iacute;a cambiado la vida para siempre al aceptarlo como compa&ntilde;ero de juego. Las experiencias cercanas durante la preadolescencia fueron forjando un deseo irreprimible por gan&aacute;rselo y llevarlo a la cama.<\/p>\n<p>No fue sino hasta el d&iacute;a de graduaci&oacute;n que Andr&eacute;s se le insinu&oacute; en el ba&ntilde;o de la escuela, dici&eacute;ndole que quer&iacute;a experimentar con &eacute;l los placeres que todo p&uacute;ber anhelaba probar. Le cont&oacute; que sent&iacute;a por &eacute;l algo m&aacute;s que aprecio, algo m&aacute;s que admiraci&oacute;n; lo que sent&iacute;a era amor en estado puro. Se le declar&oacute; en el peor momento ya que Pablo hab&iacute;a conocido una chica recientemente y quer&iacute;a iniciar un noviazgo con ella. Sin deseos de hacer que se sintiera mal, rechaz&oacute; la petici&oacute;n y le pidi&oacute; que nunca m&aacute;s volviera a pedirle eso.<\/p>\n<p>Pablo ya hab&iacute;a tenido suficiente con que lo llamaran marica dentro y fuera de la escuela, d&iacute;a y noche. Quer&iacute;a demostrarles a los dem&aacute;s que era heterosexual y que de marica no ten&iacute;a nada. Despu&eacute;s de la pubertad, adopt&oacute; un comportamiento agresivo t&iacute;pico del adolescente posmoderno. Decir groser&iacute;as y amenazar a otros era la regla a cumplir a rajatabla a fin de envalentonarse, y as&iacute; ser socialmente aceptado.<\/p>\n<p>Para Andr&eacute;s, aquel rechazo de fin de a&ntilde;o hab&iacute;a sido una de las peores experiencias de su vida, una de las m&aacute;s dolorosas y tambi&eacute;n una de las m&aacute;s negativas. Aun despu&eacute;s de haber bajado de peso y ponerse en forma, no logr&oacute; ganarse el cari&ntilde;o de Pablo. Supuso que no le quedaba otra alternativa m&aacute;s que darse por vencido. El problema era que el amor que sent&iacute;a por &eacute;l no desist&iacute;a en ning&uacute;n momento. Incluso con el correr de los meses venideros, la sensaci&oacute;n se manten&iacute;a firme. Hab&iacute;a que intentar otra cosa.<\/p>\n<p>Pablo sigui&oacute; adelante con su vida como cualquier estudiante universitario, pas&oacute; por la facultad de ciencias sociales, se licenci&oacute; en lengua y literatura, y al poco tiempo, se doctor&oacute; en literatura. Con s&oacute;lo veintiocho a&ntilde;os, ten&iacute;a dos t&iacute;tulos de grado que le serv&iacute;an para conseguir un buen trabajo, ya fuera como docente universitario, corrector literario o investigador independiente. Sin embargo, su vida amorosa se hab&iacute;a visto opacada y se qued&oacute; sin el pan y sin la torta. La soledad se aferr&oacute; a &eacute;l como un par&aacute;sito que no pod&iacute;a eliminar por m&aacute;s que quisiera.<\/p>\n<p>Durante un simposio en el aula magna de una prestigiosa universidad, Pablo se cruz&oacute; con profesionales y expertos que admiraba. Quer&iacute;a ser reconocido como ellos, mas no ten&iacute;a el nivel suficiente para eso. Pese a tener un doctorado, los ensayos acad&eacute;micos que escrib&iacute;a no destacaban en el contexto editorial. Sent&iacute;a que a nadie le importaba lo que escrib&iacute;a y lo que investigaba, como si todo el mundo fuese ajeno a &eacute;l. Invert&iacute;a un mont&oacute;n de tiempo escribiendo para que luego nadie leyera sus libros.<\/p>\n<p>Al salir de la universidad y cruzar la calle, se dirigi&oacute; a uno de los bancos met&aacute;licos ubicado en la plaza de enfrente. Bajo una noche de luna llena, se pregunt&oacute; a s&iacute; mismo c&oacute;mo har&iacute;a para triunfar como acad&eacute;mico, o si es que a&uacute;n pod&iacute;a intentarlo. Los &aacute;rboles y arbustos que adornaban los laterales del sendero iluminado, se mov&iacute;an con el suave viento oto&ntilde;al. &Eacute;l llevaba ropa formal y un saco gris por las dudas. La temperatura sol&iacute;a descender mucho por las noches. Faltaban muy pocos d&iacute;as para el inicio del invierno.<\/p>\n<p>Antes de que se fuera, una figura de un metro setenta y ocho se aproxim&oacute; desde el costado y se sent&oacute; a pocos cent&iacute;metros de &eacute;l. Era una mujer muy guapa, con cabello extenso, rostro p&aacute;lido, labios pintados, pesta&ntilde;as postizas, p&oacute;mulos maquillados, pechos grandes, gl&uacute;teos firmes y piernas esbeltas. Llevaba una pollera corta de color rojo, un par de tacones negros, una camisa a cuadros y aretes dorados en las orejas. Por la forma en la que estaba maquillada, parec&iacute;a una furcia de la zona. No pudo evitar mirarla con atenci&oacute;n. Ella se dio cuenta.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te pasa algo? &mdash;le pregunt&oacute; y lo mir&oacute; a los ojos como si buscara algo en ellos.<\/p>\n<p>&mdash;Eh, no, perd&oacute;n &mdash;respondi&oacute; avergonzado&mdash;. S&oacute;lo estaba distra&iacute;do.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te conozco de alguna parte?<\/p>\n<p>&mdash;No lo creo.<\/p>\n<p>&mdash;Tu cara me resulta familiar.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No me estar&aacute;s confundiendo con alguien m&aacute;s?<\/p>\n<p>&mdash;Soy muy buena reconociendo rostros &mdash;le dijo y cheque&oacute; el celular para ver la hora&mdash;. Estoy segura de que te vi en alguna parte.<\/p>\n<p>&mdash;Es probable.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Eres abogado?<\/p>\n<p>&mdash;No. Yo soy una persona honesta.<\/p>\n<p>&mdash;Quiz&aacute;s era otro sujeto el que me encontr&eacute; en el bar &mdash;murmur&oacute; con la vista en el suelo&mdash;. Como sea, me resultas muy familiar. Creo que deber&iacute;amos vernos en alg&uacute;n momento. A lo mejor descubro algo interesante &mdash;dijo y le entreg&oacute; una tarjetita blanca con un seud&oacute;nimo y un n&uacute;mero de tel&eacute;fono. &Eacute;l la tom&oacute; y se la qued&oacute; mirando como si no supiese qu&eacute; decir.<\/p>\n<p>&mdash;Agradezco tu amabilidad, pero&hellip; yo no le entro a eso.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;A qu&eacute; cosa no le entras?<\/p>\n<p>&mdash;Me gustan las mujeres serias, con un objetivo por delante. Las mujeres como t&uacute; no tienen futuro.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;De qu&eacute; est&aacute;s hablando? No entiendo a qu&eacute; te refieres con eso de que no tenemos futuro.<\/p>\n<p>&mdash;Mira, no quiero ofenderte &mdash;intent&oacute; sonar lo m&aacute;s cort&eacute;s que pod&iacute;a&mdash;. Es que no me caen bien las mujerzuelas que venden su cuerpo por dinero. Admiro el esfuerzo que haces por verte bonita y coquetear con desconocidos, pero yo no soy el m&aacute;s indicado para esto. La prostituci&oacute;n me parece un trabajo mediocre.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Prostituci&oacute;n? &mdash;Se lo qued&oacute; mirando boquiabierta, incapaz de reaccionar&mdash;. &iquest;Te parezco una prostituta?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No lo eres?<\/p>\n<p>&mdash;Claro que no, gal&aacute;n. Soy mucama y bailarina nocturna &mdash;le cont&oacute; y se lo tom&oacute; con humor&mdash;. Trabajo en el hotel Cambodia, act&uacute;o en el bar los fines de semana. Me pagan por limpiar las habitaciones y bailar frente a los clientes.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ay, Dios! Qu&eacute; tonto fui al pensar eso &mdash;se tap&oacute; la boca por lo que hab&iacute;a dicho antes. Se le ca&iacute;a la cara de verg&uuml;enza&mdash;. Te ruego que me disculpes. No era mi intenci&oacute;n hacerte sentir mal.<\/p>\n<p>&mdash;No me molesta. A cualquiera le puede pasar.<\/p>\n<p>&mdash;Merezco que me des una bofetada por lo que te dije.<\/p>\n<p>&mdash;Si quieres quedar bien conmigo, ven a visitarme el pr&oacute;ximo s&aacute;bado por la noche. No es necesario que te hospedes en el hotel para ingresar al bar. Diles a los empleados que vas de mi parte. No te fastidiar&aacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; quieres que vaya a verte? A m&iacute; no me agrada mucho esa clase de espect&aacute;culos.<\/p>\n<p>&mdash;Necesito hablar con alguien. A nadie le interesa escucharme. He estado tan aislada que apenas me siento humana.<\/p>\n<p>Al pensarlo, Pablo not&oacute; que la franqueza con la que hablaba la mujer era leg&iacute;tima. Ella no parec&iacute;a estar satisfecha con la vida que llevaba y quer&iacute;a que alguien le prestara atenci&oacute;n. No era su culpa que los dem&aacute;s no mostraran inter&eacute;s por sus sentimientos. &Eacute;l sab&iacute;a muy bien c&oacute;mo se sent&iacute;a ser ignorado por el resto.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; bien. Ir&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Ll&aacute;mame el viernes para que te reserve un lugar. Te aseguro que la pasar&aacute;s muy bien &mdash;le dijo y se puso de pie.<\/p>\n<p>&mdash;Espera. Antes de que te vayas, &iquest;me puedes decir tu nombre?<\/p>\n<p>&mdash;Me llamo Andrea, pero todos me conocen como Sanchi &mdash;respondi&oacute; y se&ntilde;al&oacute; la tarjetita que le hab&iacute;a entregado antes. Sanchi era su nombre art&iacute;stico, proveniente de su apellido.<\/p>\n<p>&mdash;Bien, Andrea. Gracias por invitarme. Yo me llamo Pablo y soy de Montevideo&hellip; por si te interesa saber.<\/p>\n<p>&mdash;Estar&eacute; ansiosa por verte el s&aacute;bado. Cu&iacute;date mucho &mdash;se despidi&oacute; de &eacute;l y se fue caminando.<\/p>\n<p>Como Pablo no ten&iacute;a muchos amigos, pens&oacute; que ir a ver a esa mujer no era mala idea despu&eacute;s de todo. El bello cuerpo que ten&iacute;a le parec&iacute;a estupendo, lo hipnotizaba. Andrea era una mujer guapa con la que todos los hombres so&ntilde;aban acostarse, o al menos los m&aacute;s pajeros. Las bailarinas nocturnas ten&iacute;an la fama de ser mujeres lascivas, a las que les gustaba mostrarse semidesnudas y llevar a cabo danzas seductoras, con el &uacute;nico objetivo de excitar a los hombres que iban a verlas.<\/p>\n<p>Aquel encuentro espor&aacute;dico fue un tanto extra&ntilde;o. Por la manera en la que ella se hab&iacute;a puesto a hablar con &eacute;l, parec&iacute;a que ya lo conoc&iacute;a. Era sospechoso el hecho de que no le preguntara su nombre en ning&uacute;n momento. &Eacute;l se sent&iacute;a como un tonto por haberla confundido con una prostituta, aunque sospechaba que ella buscaba sexo y no alguien para compartir palabras. Por otra parte, la posibilidad de que una mujer hermosa cayese del cielo para flirtear con &eacute;l era &iacute;nfima. Hab&iacute;a gato encerrado y &eacute;l lo present&iacute;a.<\/p>\n<p>Considerando las paup&eacute;rrimas relaciones amorosas que Pablo hab&iacute;a tenido de joven, cualquier compa&ntilde;&iacute;a femenina servir&iacute;a para levantarle el &aacute;nimo. Su mayor anhelo era conocer una mujer de la que pudiera enamorarse y tener sexo con mucha frecuencia. Andrea era una buena candidata para eso, a pesar de que no era la mujer ideal para un profesional como &eacute;l. Seg&uacute;n sus colegas, tener una pareja con un buen salario y un t&iacute;tulo de grado era necesario para generar una mejor impresi&oacute;n.<\/p>\n<p>La semana pas&oacute; volando y lleg&oacute; el d&iacute;a tan esperado. A causa del fr&iacute;gido clima, Pablo tuvo que ponerse el ropero encima antes de salir. La &aacute;lgida temperatura no superaba los tres grados cent&iacute;grados, las corrientes de aire fr&iacute;o eran molestas y la falta de luz era com&uacute;n. Al sol se lo ve&iacute;a unas pocas horas al d&iacute;a y despu&eacute;s todo quedaba oscuro. La ciudad se hab&iacute;a visto envuelta en un manto blanco que se iba condensando con el correr de los d&iacute;as.<\/p>\n<p>El peque&ntilde;o departamento en el que viv&iacute;a estaba en el tercer piso, ten&iacute;a siete metros de ancho y seis de largo, paredes h&uacute;medas, puertas despintadas, ventanas empa&ntilde;adas, grifer&iacute;a oxidada, muebles carcomidos, bisagras ruidosas, cer&aacute;micos blancos y un techo bajo. Estaba acostumbrado a vivir en una covacha con un ba&ntilde;ito, una habitaci&oacute;n, un cuarto de lavado, una cocina-comedor, una sala de estar y un balconcito donde pon&iacute;a las macetas. No era un sitio digno para alguien como &eacute;l, pero era lo m&aacute;s barato que hab&iacute;a en la zona c&eacute;ntrica.<\/p>\n<p>Mientras bajaba las escaleras con la pesada campera de cuero que ten&iacute;a puesta, se acord&oacute; de que se hab&iacute;a olvidado de algo y regres&oacute; al departamento. Tom&oacute; la tarjetita que hab&iacute;a usado para llamar a Andrea la noche anterior. Lo malo fue que le respondi&oacute; otra persona, la supuesta representante que atend&iacute;a las llamadas cuando ella no se encontraba disponible. Le pidi&oacute; que le reservara una mesa en el bar y le coment&oacute; que Andrea le hab&iacute;a invitado.<\/p>\n<p>Ten&iacute;a ciertas dudas al respecto. Como no conoc&iacute;a el mundo de las bailarinas nocturnas, no sab&iacute;a qu&eacute; esperar de una de ellas. Lleg&oacute; a pensar que estar&iacute;a solo durante el show. Quer&iacute;a hacerle unas cuantas preguntas antes de avanzar al siguiente nivel. El mi&eacute;rcoles hab&iacute;a tenido una fantas&iacute;a con ella y eso lo convenci&oacute; de que ten&iacute;a que aprovechar la oportunidad para hacerle el amor. Como todo solter&oacute;n, andaba al acecho, en busca de una presa para devorar.<\/p>\n<p>Viaj&oacute; en taxi hasta el hotel Cambodia, en donde trabajaba Andrea como mucama y tambi&eacute;n como bailarina. Ella cobraba una buena suma de dinero al cumplir con dos trabajos, el de limpieza y el de entretenimiento. Debido a las estrictas normas vigentes, no estaba permitido consumir drogas ilegales ni llevar menores de edad al bar. Las funciones nocturnas arrancaban a eso de las nueve y segu&iacute;an hasta medianoche, en las que varios artistas interpretaban papeles diferentes. Sin duda alguna, lo que m&aacute;s disfrutaba el p&uacute;blico era el show de baile con m&uacute;sica de fondo.<\/p>\n<p>Tras bajar del veh&iacute;culo, Pablo qued&oacute; anonadado al ver de cerca el lujoso hotel. Era un edificio gigantesco de diez pisos, ventanas oscuras, puertas relucientes, pisos &aacute;speros de color caf&eacute;, paredes doradas con adornos, candelabros y l&aacute;mparas de variados colores, muebles reci&eacute;n barnizados, floreros en cada esquina, sillones y cojines, cortinas naranjas y un fuerte aroma a desodorante de ambiente. Pose&iacute;a cincuenta habitaciones en total, todas del mismo tama&ntilde;o, y un ascensor, que iba desde el s&oacute;tano hasta el &uacute;ltimo piso.<\/p>\n<p>Los empleados (mozos, conserjes, asistentes, mucamas, maleteros, botones, encargados de limpieza, sonidistas, taberneros, estilistas, recepcionistas, guardias de seguridad y masajistas) llevaban el uniforme correspondiente con una etiqueta que describ&iacute;a el puesto de trabajo en el que estaban. Todos ellos eran personas amables y bien preparadas para ofrecer un servicio excelente en todo momento. Un hotel cinco estrellas era exigente con sus empleados y con los servicios que ofrec&iacute;a, de modo que no hab&iacute;a lugar para inexpertos.<\/p>\n<p>Pablo hab&iacute;a llegado unos minutos antes para conocer el interior del bar y ver qu&eacute; tan agradable era el ambiente. Les dijo a los recepcionistas que ven&iacute;a como invitado de Andrea, de forma que buscaron su nombre en la agenda. Una vez que lo hallaron, lo pusieron en la lista de invitados VIP. Ten&iacute;a la oportunidad de pasar la noche en una habitaci&oacute;n del hotel sin pagar ni un centavo, todo ir&iacute;a a cuenta de la mujer que lo hab&iacute;a invitado.<\/p>\n<p>A las nueve en punto, se dirigi&oacute; al bar que estaba en el fondo y se acomod&oacute; en la mesa n&uacute;mero diecisiete, una que estaba a pocos metros del escenario en el que actuaban los artistas. Todas las dem&aacute;s mesas estaban ocupadas, hombres de mediana edad esperaban con ansias las presentaciones nocturnas. Los mozos aprovechaban la circunstancia para ofrecerles bebidas alcoh&oacute;licas y platillos ligeros. Parec&iacute;a m&aacute;s un burdel que un bar por lo oscuro que era.<\/p>\n<p>&Eacute;l se limit&oacute; a beber tragos ligeros (sin alcohol) y a comer man&iacute; salado y s&aacute;nguches durante las presentaciones art&iacute;sticas. Las personas que aparec&iacute;an en el escenario eran muy variadas: mulatas entusiastas, mimos creativos, bailarinas profesionales, talentosos cantantes, destacados m&uacute;sicos, acr&oacute;batas orientales, payasos que hac&iacute;an el rid&iacute;culo, estramb&oacute;ticos ventr&iacute;locuos, poetas de renombre y comediantes jocosos. Lo que m&aacute;s le agrad&oacute; fue la funci&oacute;n de los saltimbanquis de oriundez china y los recitados de los lir&oacute;foros extranjeros.<\/p>\n<p>La &uacute;ltima funci&oacute;n era la m&aacute;s esperada, en la que aparec&iacute;a la &uacute;ltima tanda de bailarinas con disfraces exc&eacute;ntricos. Realizaban coreograf&iacute;as singulares todas las semanas, desde m&uacute;sica cl&aacute;sica hasta canciones de rock. Esa noche, ten&iacute;an pensado bailar una canci&oacute;n lenta de rock latino de principios del 2000. Aquella canci&oacute;n le gustaba mucho a Pablo, era una de sus favoritas de cuando era adolescente. La letra era pegajosa y el ritmo era agradable.<\/p>\n<p>Siempre le gust&oacute; escuchar temas de Ricardo Arjona, Chayanne, Marco Antonio Sol&iacute;s, Cristian Castro, Alejandro Sanz, Luis Miguel, Jos&eacute; Luis Perales, Ricky Martin, Shakira, Man&aacute; y Reik. Amaba la m&uacute;sica latinoamericana, en especial la de Centroam&eacute;rica, la que ten&iacute;a los mejores pasos de baile y las mejores melod&iacute;as. A su mejor amigo tambi&eacute;n le gustaba ese g&eacute;nero, s&oacute;lo que nunca se lo dijo. Esa noche, con esa canci&oacute;n de fondo, revivir&iacute;a momentos del pasado que le hab&iacute;an quedado marcados.<\/p>\n<p>Ocho bellas mujeres vestidas con plumas blancas y variopintos trajes holgados, formaron un c&iacute;rculo y esperaron el momento preciso para darle la bienvenida a la estrella de la funci&oacute;n. Cuando la canci&oacute;n inici&oacute;, las mujeres se movieron al ritmo de la rumba y Andrea apareci&oacute; en el centro del escenario. Llevaba un vestido violeta ajustado al cuerpo, y zapatos de baile para mantener el equilibrio. Sus brazos y sus piernas estaban al descubierto, lo dem&aacute;s estaba tapado.<\/p>\n<p>Bail&oacute; la canci&oacute;n de cinco minutos como una verdadera profesional. Sigui&oacute; prolijamente los pasos de baile junto con las acompa&ntilde;antes, con diligentes movimientos de piernas y provocador meneo de cadera. Al p&uacute;blico le fascinaba verla en vivo y en directo, le tomaban fotograf&iacute;as con los tel&eacute;fonos desde sus asientos. Aplaud&iacute;an su talento y se dejaban contagiar por el armonioso tono pegadizo de aquella canci&oacute;n cubana.<\/p>\n<p>Al finalizar el show, el p&uacute;blico ovacionaba a los artistas, les lanzaban silbidos y gritaban: &iexcl;Bravo! Disfrutaban las funciones nocturnas como si estuvieran en un concierto. Tras finalizar las presentaciones, arrancaba la segunda parte de la fiesta. Un DJ se presentaba y pon&iacute;a m&uacute;sica electr&oacute;nica para que todos bailaran. El descontrol y la diversi&oacute;n prosegu&iacute;an hasta la madrugada. Lo mejor era que los dem&aacute;s hu&eacute;spedes no escuchaban la bataola desde sus habitaciones.<\/p>\n<p>Pablo sali&oacute; del bar y se dirigi&oacute; a la sala principal, se sent&oacute; sobre un c&oacute;modo sill&oacute;n verde y estir&oacute; las piernas. Estaba contento con lo que hab&iacute;a visto esa noche, la hab&iacute;a pasado muy bien. El interior del hotel era c&aacute;lido con todas las estufas que ten&iacute;a, los hu&eacute;spedes apenas notaban que estaban en la &eacute;poca m&aacute;s fr&iacute;a del a&ntilde;o. Cambodia era, sin lugar a dudas, un para&iacute;so artificial.<\/p>\n<p>A los pocos minutos, apareci&oacute; Andrea con ropa de mucama y lo atendi&oacute;. Se puso muy contenta de verlo de vuelta. Estaba ansiosa por llevarlo a la habitaci&oacute;n y decirle lo mucho que lo hab&iacute;a extra&ntilde;ado durante los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os. Sent&iacute;a que todav&iacute;a estaba a tiempo para concretar aquel deseo inoportuno que hab&iacute;a tenido el d&iacute;a de graduaci&oacute;n. Lo mejor de todo era que Pablo ni cuenta se hab&iacute;a dado de qui&eacute;n era ella.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; te pareci&oacute; la funci&oacute;n de hoy? &mdash;le pregunt&oacute; y se sent&oacute; a su lado.<\/p>\n<p>&mdash;Estuvo entretenida. Te luciste en el escenario.<\/p>\n<p>&mdash;Es que me encanta bailar.<\/p>\n<p>&mdash;Ya me di cuenta.<\/p>\n<p>&mdash;Oye &mdash;le toc&oacute; el brazo con los dedos, de forma amistosa&mdash;, &iquest;por qu&eacute; no vienes conmigo as&iacute; te muestro una de las habitaciones del hotel? Tal vez alg&uacute;n d&iacute;a quieras venir a hospedarte.<\/p>\n<p>&mdash;Este hotel es muy lujoso para mi bolsillo. Tendr&iacute;a que ganar muy bien para venir a hospedarme aqu&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No ganas bien?<\/p>\n<p>&mdash;Todav&iacute;a no consigo un trabajo decente. Estuve dando clases particulares en institutos privados. Apenas me alcanza para pagar el alquiler.<\/p>\n<p>&mdash;Estoy segura de que ya encontrar&aacute;s algo mejor &mdash;dijo y se puso de pie&mdash;. Vamos, que ya termin&eacute; mi turno.<\/p>\n<p>Pablo la sigui&oacute;, pensando que se la llevar&iacute;a a la cama y la har&iacute;a gozar. Camin&oacute; tras ella por la amplia escalera, subieron muchos escalones, atravesaron un pasillo bien iluminado hasta meterse en la habitaci&oacute;n correspondiente. Llegaron al octavo piso y se dirigieron a la &uacute;ltima puerta del fondo. All&iacute; era donde Andrea hab&iacute;a conocido a su actual pareja. Para ella ese era el mejor lugar del mundo y lo ten&iacute;a reservado para encuentros especiales.<\/p>\n<p>El interior de la habitaci&oacute;n era bastante c&oacute;modo. La temperatura era c&aacute;lida, los muebles estaban intactos, la enorme cama estaba tendida y luc&iacute;a estupenda. El ba&ntilde;o era precioso y ten&iacute;a una ba&ntilde;era ideal para sumergirse en pareja. Hab&iacute;a un herc&uacute;leo armario en el que pod&iacute;an poner un mont&oacute;n de maletas y bolsos. Las mesillas de noche ten&iacute;an veladores y tres cajoncitos para guardar admin&iacute;culos y pertenencias. Ten&iacute;an televisi&oacute;n con cable e internet inal&aacute;mbrico para conectarse desde dispositivos electr&oacute;nicos.<\/p>\n<p>Pablo acomod&oacute; las posaderas en el borde de la cama, se tumb&oacute; a la bartola y movi&oacute; los brazos y las piernas como si estuviera sobre un c&uacute;mulo de nieve. El colch&oacute;n era incre&iacute;blemente resistente y ol&iacute;a a nuevo. Ten&iacute;a unas ganas terribles de quedarse a dormir ah&iacute;. Esa habitaci&oacute;n era m&aacute;s grande que el departamento en el que viv&iacute;a. Semejante lujo costaba un ojo de la cara y por eso le era imposible acceder a &eacute;l.<\/p>\n<p>Andrea se fue al ba&ntilde;o, se lav&oacute; las manos, se pein&oacute; y se ech&oacute; un poco de perfume encima. Se quit&oacute; el uniforme de mucama y se qued&oacute; en ropa interior. Ten&iacute;a un sost&eacute;n y bragas de color negro con el&aacute;sticos ultra resistentes. Le hab&iacute;a agarrado calor despu&eacute;s de haber subido las escaleras. Se quit&oacute; el calzado y los calcetines; le dol&iacute;an los pies luego del baile. Al mirarse en el espejo, le maravillaba ver el cambio en su cuerpo. Luc&iacute;a como una vedete.<\/p>\n<p>Retorn&oacute; al cuarto y tom&oacute; a Pablo por sorpresa. &Eacute;l se peg&oacute; un susto al verla en pa&ntilde;os menores, pens&oacute; que quer&iacute;a hacerlo ah&iacute; mismo. Fue inexcusable sentirse nervioso. Esa era la primera vez que una mujer guapa lo invitaba a un hotel de lujo. Se qued&oacute; mir&aacute;ndola con estupefacci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Disculpa mi indecencia. Es que tengo mucho calor &mdash;le dijo y se par&oacute; frente al modular que ten&iacute;a un espejo en la parte de arriba, atornillado a la pared.<\/p>\n<p>&mdash;Parece que hubieras estado en la playa. Tu espalda est&aacute; enrojecida.<\/p>\n<p>&mdash;Es porque soy albina.<\/p>\n<p>&mdash;Pens&eacute; que era maquillaje lo que ten&iacute;as puesto.<\/p>\n<p>&mdash;Ya nac&iacute; as&iacute;. Tengo que ir con la dermat&oacute;loga a cada rato. En verano con el calor se me quema la piel y quedo roja como un tomate.<\/p>\n<p>&mdash;Ah, no sab&iacute;a. Igualmente, luces linda as&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;A ti no te quema el sol cuando vas a la playa?<\/p>\n<p>&mdash;Nunca voy a la playa. Detesto tomar sol.<\/p>\n<p>&mdash;El invierno es mi estaci&oacute;n favorita. Me gusta sentarme y tomar un sabroso caf&eacute; con leche por las ma&ntilde;anas. El fr&iacute;o me fascina.<\/p>\n<p>&mdash;A m&iacute; tambi&eacute;n.<\/p>\n<p>Andrea se volte&oacute;, se dirigi&oacute; a la cama y se sent&oacute; al lado de &eacute;l. Sus intenciones eran claras, pero Pablo no quer&iacute;a ser brusco. Lo mejor que pod&iacute;a hacer era seguirle el ritmo e ir despacito hasta conquistarla, como en un baile de salsa. Se quit&oacute; la pesada campera de cuero y el oscuro su&eacute;ter de lana que ten&iacute;a encima de la camiseta gris. Se desabroch&oacute; los cordones y se quit&oacute; los zapatos. Estaba entusiasmado por lo que vendr&iacute;a a continuaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Andrea lo miraba de una manera provocativa y seductora. Esa mirada sical&iacute;ptica pose&iacute;a una beldad incomprensible, fuera de lo com&uacute;n. Aquellos bellos ojos celestes recorr&iacute;an el cuerpo de Pablo de una punta a la otra, estudiando cada c&eacute;lula de &eacute;l. No dejaban de resplandecer con la luz de la l&aacute;mpara del techo. El silencio que hubo en ese momento fue estrepitoso.<\/p>\n<p>&mdash;Oye, Andrea. Antes de que&hellip; t&uacute; sabes &mdash;le costaba pronunciar las palabras por temor a meter la pata de nuevo&mdash;, hagamos eso. Quisiera que me contaras un poco sobre ti.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Antes de que hagamos qu&eacute; cosa?<\/p>\n<p>&mdash;Yo s&eacute; que me trajiste para tener sexo. Esa mirada tuya la conozco muy bien. Si no recuerdo mal, esa misma mirada la ten&iacute;a mi novia cuando estaba excitada. Reconozco los deseos de las mujeres por sus miradas.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Piensas que te traje para tener sexo?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; otra raz&oacute;n una mujer hermosa como t&uacute; me invitar&iacute;a a este lujoso hotel si no es para pasarla bien un rato?<\/p>\n<p>&mdash;Tienes una imagen distorsionada de las mujeres, Pablo &mdash;le dijo y se rio&mdash;. Yo no me dedico a eso.<\/p>\n<p>&mdash;Pues aunque ese no sea tu deseo, yo lo quiero experimentar.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;s acos&aacute;ndome?<\/p>\n<p>&mdash;No voy a dejar que te escapes. No esta noche. Ser&aacute;s m&iacute;a sea como sea. Tendr&aacute;s que luchar si quieres librarte de m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Pablo, suenas como un abusador. &iquest;Qu&eacute; te ha pasado? Antes no eras as&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Pero si t&uacute; ni siquiera me conoces.<\/p>\n<p>&mdash;En realidad s&iacute; te conozco. Te conozco desde hace mucho. T&uacute; eres uno de mis recuerdos m&aacute;s valiosos.<\/p>\n<p>&mdash;No me digas que t&uacute; eres la chica con la que me acost&eacute; esa noche que me embriagu&eacute; en el bar de Ricach&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;T&uacute; y yo nunca tuvimos sexo &mdash;neg&oacute; con la cabeza.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Entonces?<\/p>\n<p>&mdash;Te lo puedo contar, pero antes quisiera que me respondas algo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres que te responda?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; opinas de la gente transexual?<\/p>\n<p>&mdash;No es algo que me concierne. Cada persona es libre de hacer lo que quiera con su cuerpo y con su sexualidad. Mientras no le hagan da&ntilde;o a nadie, qu&eacute; hagan de su vida lo que se les plazca.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Entonces no odias a la gente transexual?<\/p>\n<p>&mdash;Para nada. Son personas, y como tales, merecen ser respetadas.<\/p>\n<p>&mdash;Me alegro que pienses eso &mdash;le respondi&oacute; y se mordi&oacute; los labios.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Algo m&aacute;s que quieras saber de m&iacute;?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Tienes pareja?<\/p>\n<p>&mdash;Ya no. Tuve tres novias, ninguna me dur&oacute; m&aacute;s de dos a&ntilde;os. Soy un desastre con las relaciones serias. Dicen que soy muy inmaduro.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te gustar&iacute;a tener pareja de por vida?<\/p>\n<p>&mdash;No lo s&eacute;. Nunca me puse a pensar en ello.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te gustan las aventuras espor&aacute;dicas?<\/p>\n<p>&mdash;Claro que me gustan. &iquest;Por qu&eacute; crees que vine al hotel? Es porque sab&iacute;a que har&iacute;a el amor contigo &mdash;le contest&oacute; y se acerc&oacute; a ella para olerla&mdash;. Por cierto, a&uacute;n no me has contado nada sobre ti.<\/p>\n<p>&mdash;Si quieres que lo haga, tendr&aacute;s que esperar.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Esperar? No me gusta esperar.<\/p>\n<p>&mdash;Haz que me gane tu confianza.<\/p>\n<p>&mdash;Cuando estoy excitado, lo &uacute;nico en lo que pienso es en ponerla en alg&uacute;n lado.<\/p>\n<p>&mdash;Eres un muchacho atrevido &mdash;le susurr&oacute; al o&iacute;do y le roz&oacute; la nariz contra su mejilla.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quieres que te muestre lo atrevido que puedo ser?<\/p>\n<p>&mdash;No me parece mala idea. Adelante.<\/p>\n<p>Pablo se cans&oacute; de tanto palabrer&iacute;o superfluo. La tom&oacute; con ambos brazos y la bes&oacute; como si fuera su novia. Le acarici&oacute; los hombros, le toc&oacute; el cabello y le manose&oacute; la espalda. Descarg&oacute; toda la lujuria contenida con besos apasionados. El intercambio de sensaciones fue tan intenso que sirvi&oacute; para empalmarlo. Palp&oacute; sus senos y le susurr&oacute; al o&iacute;do. Le dijo que estaba demasiado caliente para detenerse, a lo que ella respondi&oacute; con una risita picarona.<\/p>\n<p>La acost&oacute; en la cama, explor&oacute; cada m&uacute;sculo de su cuerpo, la manose&oacute; de adelante hacia atr&aacute;s, de arriba abajo, de izquierda a derecha, sin deseos de parar. Le dio besitos en el rostro, el cuello, el pecho y el vientre. Le humedec&iacute;a el cuerpo con cada lamida que le daba. La estaba excitando a prop&oacute;sito para que luego le diera lo que &eacute;l quer&iacute;a: una buena chupada.<\/p>\n<p>Con las inquietas manos, explor&oacute; el pubis, los muslos, las rodillas y las pantorrillas. Le gustaba lamer piernas de mujeres, en especial la zona baja. Le lami&oacute; los pies, chup&oacute; cada uno de los dedos, la suela, el empeine, los tobillos y el tal&oacute;n. Mordisque&oacute; y sabore&oacute; la piel con &iacute;mpetu. Estaba tan ensimismado en el juego exploratorio que hab&iacute;a perdido noci&oacute;n del tiempo transcurrido.<\/p>\n<p>Cuando retorn&oacute; a la parte de arriba, se encontr&oacute; con las delicadas manos con u&ntilde;as largas y sin filo. Las llen&oacute; de besos y le pidi&oacute; que las mantuviera quietas. Ella no se resisti&oacute; en ning&uacute;n momento, quer&iacute;a que &eacute;l siguiera adelante toda la noche. La babosa lengua recorri&oacute; los antebrazos, los codos, los b&iacute;ceps, los tr&iacute;ceps, los deltoides y las axilas. Las manos se concentraron en las abultadas tetas que yac&iacute;an ocultas detr&aacute;s del sost&eacute;n.<\/p>\n<p>Andrea estaba sobrecogida por lo que estaba sintiendo en ese momento. Sab&iacute;a que un hombre calent&oacute;n era el &uacute;nico que pod&iacute;a darle tanto placer con las manos y la boca. La blancura de su piel estaba tomando un color m&aacute;s natural y vibraba con cada caricia que recib&iacute;a. Al ruborizarse, su rostro tomaba un color fuerte, como si se estuviera quemando. La temperatura corporal hab&iacute;a aumentado m&aacute;s de lo esperado.<\/p>\n<p>Pablo se desvisti&oacute;, se quit&oacute; la camiseta, el pantal&oacute;n vaquero, los calcetines y la polaina. Lo &uacute;nico que le qued&oacute; fue el b&oacute;xer blanco que le cubr&iacute;a los genitales. El cuerpo del hombre luc&iacute;a vigoroso y marcado, como el de un atleta. Andrea se maravill&oacute; al ver esos m&uacute;sculos definidos. La superaba por unos pocos kilogramos de diferencia. Le toc&oacute; el pecho y los pezones, luego los marcados abdominales y por &uacute;ltimo la ingle.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te gusta lo que ves?<\/p>\n<p>&mdash;Adoro los hombres fibrosos. Me ponen cachond&iacute;sima.<\/p>\n<p>Se desabroch&oacute; el sost&eacute;n, le pidi&oacute; que le devorara los pechos y que palpara su agujero. Pablo se reacomod&oacute; encima de ella para darle el gusto que se merec&iacute;a. Le comi&oacute; las tetas, besuque&aacute;ndole las areolas mamarias como una bestia en celo, y le meti&oacute; los dedos ensalivados en la parte interna de la concha. No sinti&oacute; nada raro al tocarla, le parec&iacute;a lo m&aacute;s normal del mundo. Esa bella mujer era una joya hecha carne.<\/p>\n<p>Pablo era bueno para calentar mujeres, sobre todo durante periodos de calistenia. Sab&iacute;a c&oacute;mo tocarlas y c&oacute;mo hacerlas sentirse bien antes de penetrarlas. A Andrea se la devor&oacute; sin piedad, le chup&oacute; los pezones y le lami&oacute; los puntos m&aacute;s sensibles una y otra vez. La bes&oacute; en la boca y le pellizc&oacute; los cachetes. Not&oacute; que su piel era el&aacute;stica como un chicle. Al verla a los ojos, le trajo recuerdos de alguien que conoc&iacute;a. Supuso que ella guardaba alg&uacute;n parentesco con su mejor amigo del pasado.<\/p>\n<p>&mdash;Me recuerdas a alguien &mdash;le dijo y estudi&oacute; su mirada&mdash;. La palidez de tu piel y la brillantez de tus ojos son id&eacute;nticas a una persona que conozco.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Una de tus novias anteriores?<\/p>\n<p>&mdash;No. Es un amigo al que extra&ntilde;o mucho. Dar&iacute;a cualquier cosa por volver a verlo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Un amigo tuyo?<\/p>\n<p>&mdash;Le debo una disculpa por mi descortes&iacute;a. Lo mand&eacute; a fre&iacute;r esp&aacute;rragos el d&iacute;a que se me declar&oacute;. Al pobrecito le debe haber dolido mucho ese rechazo.<\/p>\n<p>Andrea sinti&oacute; que el coraz&oacute;n se le aceleraba y la mente se le llenaba de maravillosos recuerdos y reminiscencias del pasado. Casi solt&oacute; l&aacute;grimas por lo emocionada que estaba. Tom&oacute; a Pablo de los labios, lo sostuvo fuerte y lo bes&oacute; con ganas. Le clav&oacute; las u&ntilde;as en la espalda y lo rasgu&ntilde;&oacute; sin llegar a lastimarlo. Lo bes&oacute; con todo el fervor del mundo y le transmiti&oacute; todo el cari&ntilde;o que ten&iacute;a para dar. Para &eacute;l, esa reacci&oacute;n lo puso a&uacute;n m&aacute;s caliente de lo que ya estaba.<\/p>\n<p>El acontecimiento inusitado hab&iacute;a despertado en ellos pasiones desconocidas y unos deseos monstruosos por hacer el delicioso. Quer&iacute;an follar a lo bestia hasta desvanecerse y desplomarse por completo. Los cuerpos estaban tibios y temblorosos, listos para iniciar la escena tan esperada.<\/p>\n<p>Cambiaron de posici&oacute;n, Pablo se acomod&oacute; a lo largo y ancho de la cama, Andrea se arrodill&oacute; frente a &eacute;l, le toc&oacute; las piernas y le lami&oacute; las pies tal y como &eacute;l hab&iacute;a hecho antes. Busc&oacute; la mejor forma de enloquecerlo. Acarici&oacute; los pies tiesos del hombre y hurg&oacute; entre los dedos. Olisque&oacute; y besuque&oacute; la suela y los laterales. Humedeci&oacute; los dedos para luego dirigirlos a la zona m&aacute;s importante de su cuerpo: la entrepierna.<\/p>\n<p>Manose&oacute; el paquete voluminoso y toquete&oacute; todo lo que ten&iacute;a a su alcance. Sin inhibici&oacute;n alguna, recorri&oacute; la cara interna de los muslos con la lengua, explor&oacute; los bordes de las nalgas, el centro del perineo y debajo del ombligo. Desde el interior del b&oacute;xer, se ergu&iacute;a un objeto punzante que segregaba un fluido transparente, sin olor y sin sabor. Dirigi&oacute; la atenci&oacute;n a ese objeto rimbombante y lo toc&oacute; como si le perteneciera a ella.<\/p>\n<p>Al bajarle la prenda y quit&aacute;rsela de una vez por todas, presenci&oacute; la erecci&oacute;n m&aacute;s hermosa de todas. Primero, se lanz&oacute; de lleno a los escrotos, engull&oacute; aquel par de huevos y los colm&oacute; de saliva. Despu&eacute;s, besuque&oacute; y mordisque&oacute; todo el aparato reproductor, puso especial atenci&oacute;n en la cabeza del miembro. El trozo de carne de dieciocho cent&iacute;metros de largo qued&oacute; a merced de su lubricidad y se lo trag&oacute; entero. El hacerle garganta profunda era un sue&ntilde;o hecho realidad.<\/p>\n<p>Pablo se derret&iacute;a de placer, respiraba agitado, sent&iacute;a fuertes palpitaciones en el pecho, se le erizaba la piel, le temblaban las piernas, le sudaban las manos y jadeaba sin parar. Andrea estaba d&aacute;ndole la felaci&oacute;n m&aacute;s sabrosa del mundo y lo estaba haciendo gratis. Al fin y al cabo, se hab&iacute;a cumplido su deseo de ser felado por una hur&iacute;.<\/p>\n<p>El problema se present&oacute; cuando los desgarradores espasmos dome&ntilde;aron el cuerpo del hombre, sobrecogi&eacute;ndolo a cascoporro. Sinti&oacute; que estaba en la parte m&aacute;s fr&aacute;gil de su resistencia carnal, no pod&iacute;a hacer nada para evitar la perentoria eyaculaci&oacute;n. Andrea se la chupaba a escape, con premura y sin deseos de detenerse hasta que se viniera. Sigui&oacute; adelante pese a la resistencia que &eacute;l pon&iacute;a. Lleg&oacute; un momento en el que ya no se pudo hacer nada y el semen fue expulsado del cuerpo.<\/p>\n<p>Andrea sabore&oacute; esa ins&iacute;pida miel blanca proveniente de los test&iacute;culos, se la trag&oacute; sin problema y la degust&oacute; como si fuese chocolate. Mantuvo la boca abierta todo el tiempo, sorbi&oacute; el fluido genital y lami&oacute; el frenillo y el meato urinario. Las manos hac&iacute;an su parte sujetando la base del dur&iacute;simo miembro viril que hab&iacute;a acabado de hacer erupci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;No pens&eacute; que iba a venirme tan pronto &mdash;admiti&oacute; Pablo, todav&iacute;a exaltado por la f&eacute;rvida chupada que hab&iacute;a recibido&mdash;. Eres incre&iacute;ble.<\/p>\n<p>&mdash;Es hora de que me muestres de qu&eacute; est&aacute;s hecho, gal&aacute;n &mdash;le habl&oacute; con tono atrayente, suplic&aacute;ndole que la partiera en dos&mdash;. Dame una muestra de tu resistencia.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No te preocupa hacerlo sin protecci&oacute;n?<\/p>\n<p>&mdash;No pasar&aacute; nada.<\/p>\n<p>Se quit&oacute; las bragas, se acomod&oacute; encima de &eacute;l, le coloc&oacute; las manos sobre los hombros, las rodillas a los costados y la concha encima de la verga. Cuando el orificio vaginal engull&oacute; el miembro, Andrea se puso muy tensa y arrug&oacute; el macilento rostro. Tremenda tranca le causaba un dolor tremebundo. Para ella, todas las vergas eran palos ricos que deb&iacute;a chupar antes de montar. La lubricaci&oacute;n con saliva que les daba serv&iacute;a para facilitar la penetraci&oacute;n.<\/p>\n<p>Se apoder&oacute; de &eacute;l, mont&aacute;ndolo a matacaballo, en un intento desesperado por domar a la fiera. Sudaba sangre para que &eacute;l se viniera de nuevo, con el mismo frenes&iacute; que la primera vez. Mov&iacute;a la cadera de arriba abajo con toda la emoci&oacute;n. Quer&iacute;a expresar con tacto lo que sent&iacute;a por &eacute;l, aquello que hab&iacute;a esperado con ansias durante una d&eacute;cada. Perd&iacute;a el culo para darle la fruici&oacute;n que hab&iacute;a estado deseando desde que pis&oacute; el hotel.<\/p>\n<p>La respiraci&oacute;n de ambos se vio afectada por la exigencia f&iacute;sica, por los veloces movimientos y por los roces de labios. La reciprocidad de besos franceses y los apretones de manos creaban la escena ideal de una noche en pareja. Parec&iacute;an dos desesperados que hab&iacute;an estado centurias sin verse y que hacer el amor era su &uacute;ltima voluntad antes de fenecer. Un singular arrumaco acompa&ntilde;aba la escena.<\/p>\n<p>Pablo toc&oacute; fondo al poco tiempo, inund&oacute; el orificio apretado de Andrea y se desmoron&oacute; de placer sobre la cama. Tuvo un orgasmo de lo m&aacute;s intenso, con fuertes contracciones prost&aacute;ticas y bruscos espasmos. Entre resuellos y gemidos, caricias y besitos, larg&oacute; lo que ten&iacute;a guardado para la segunda ronda. Saboreaba las secuelas de su intemperancia una vez m&aacute;s.<\/p>\n<p>Andrea no ten&iacute;a inter&eacute;s en dejarlo en libertad hasta que acabase exhausto. Su mayor deseo era verlo satisfecho. Pero para que Pablo no pudiera con el alma, deb&iacute;a hac&eacute;rselo salvajemente. Un hombre joven y sano era capaz de soportar hasta el trato m&aacute;s inhumano.<\/p>\n<p>La montada continu&oacute; igual que antes, con el mismo impulso y la misma celeridad. M&aacute;s arrebatada que nunca, Andrea se hab&iacute;a propuesto a darle con todo, sin aprensi&oacute;n ni l&aacute;stima. Buscaba que esa fuera la cogida de la vida para Pablo, la que quedase en sus recuerdos como la mejor de todas. El haber reprimido ese deseo durante tantos a&ntilde;os al fin mostr&oacute; su poder&iacute;o.<\/p>\n<p>El hombre volvi&oacute; a correrse ante el est&iacute;mulo que recib&iacute;a de la mujer. Sinti&oacute; un volc&aacute;n haciendo erupci&oacute;n entre sus piernas; los fluidos internos fueron expulsados con &eacute;xito. Lo bueno de &eacute;l era que no sent&iacute;a agotamiento siendo que no estaba haciendo ning&uacute;n esfuerzo por venirse, todo lo hac&iacute;a su pareja de juego.<\/p>\n<p>La habilidad de la mujer para montar hombres era asombrosa, casi imposible de imitar. Se contoneaba provocativamente. La elasticidad en sus m&uacute;sculos inferiores le permit&iacute;a moverse con total soltura. Ejerc&iacute;a presi&oacute;n sobre el pecho de &eacute;l con las manos, aferr&aacute;ndose a su carne con las u&ntilde;as. Se comportaba como una leg&iacute;tima ninf&oacute;mana. Lo ten&iacute;a bajo control.<\/p>\n<p>Pablo hac&iacute;a lo imposible para aguantar aunque sea cinco minutos sin eyacular. Cualquier cosa que intentase, r&aacute;pida o lenta, no le servir&iacute;a de nada. Ante la estimulaci&oacute;n brindada, no pod&iacute;a hacer otra cosa m&aacute;s que dejarse llevar por la delectaci&oacute;n. La dadivosidad de ella era el mejor obsequio que alguien le pod&iacute;a otorgar.<\/p>\n<p>Se vino por cuarta vez, goz&oacute; de manera escandalosa y se mantuvo tenso por unos segundos, mientras sal&iacute;an los fluidos de su miembro. A medida que la llama de la concupiscencia se iba apagando, las ganas de com&eacute;rsela a besos aumentaban a paso agigantado. Una vez finalizada la escena de sexo, ten&iacute;a planeado darle cari&ntilde;o.<\/p>\n<p>Andrea le acarici&oacute; el rostro, le movi&oacute; los rizados cabellos, lo tom&oacute; del ment&oacute;n y le susurr&oacute; que lo quer&iacute;a ver correrse otra vez. La respuesta de Pablo no necesit&oacute; palabras, con un simple gesto le respondi&oacute;. La tom&oacute; de los labios y le meti&oacute; la lengua en la boca. Al intercambiar saliva, increment&oacute; el afecto mutuo. Sus cuerpos se laxaban a medida que iban acerc&aacute;ndose. La mujer aquilataba mucho el esfuerzo de su mejor amigo por hacerla gozar. Pocos hombres le daban tanta felicidad.<\/p>\n<p>Al retomar las cadencias r&iacute;tmicas del baile sensual, Andrea se desplaz&oacute; nuevamente sobre aquel enderezado miembro que tanta fruici&oacute;n le otorgaba. Tan concentrada estaba en el objetivo que apenas le prestaba atenci&oacute;n al entorno. Ignoraba por completo el hecho de que alguien pod&iacute;a entrar de sopet&oacute;n y sorprenderla. A esa altura del partido, poco le importaba.<\/p>\n<p>Brinc&oacute; sobre el palito enjabonado, haciendo que las tetas se le bambolearan hacia arriba y hacia abajo. Pablo se las tom&oacute; con ambas manos y las sostuvo para que no salieran volando. Al apretarlas, las sent&iacute;a blanditas, como dos esferas llenas de gelatina. Se las sujetaba sin necesidad de apretarlas.<\/p>\n<p>Al traspasar el l&iacute;mite de la resistencia, hubo una quinta corrida de la que Pablo apenas habl&oacute;. Ten&iacute;a la verga m&aacute;s lubricada que nunca, el semen que largaba serv&iacute;a como lubricante natural. Andrea estaba al tanto de sus limitaciones como macho f&eacute;rtil, sab&iacute;a que no le quedaba mucha gasolina en el tanque. Ten&iacute;a que disfrutar la poca energ&iacute;a que le restaba.<\/p>\n<p>Los dos sacaban el pie del tiesto, se lanzaban besos y chupones a espuertas, se tocaban y acariciaban con ternura, se daban lamidas al cuello como perros. Experimentaban con emociones gratificantes e irresistibles. Buscaban la mejor manera de amoldarse sobre la cama para estar m&aacute;s c&oacute;modos. Los movimientos p&eacute;lvicos aportaban placer extra durante la escena de manoseo y besuqueo, y viceversa. La penetraci&oacute;n no se deten&iacute;a en ning&uacute;n momento.<\/p>\n<p>A lo largo del trecho que recorr&iacute;an juntos, concomitantes resuellos los tomaban por sorpresa en pleno apogeo. Una vez alcanzado el pico m&aacute;s alto de los placeres carnales, fueron azotados por la delectaci&oacute;n m&aacute;s fruct&iacute;fera que pod&iacute;an recibir. Fue entonces que se tomaron un corto descanso antes de seguir bes&aacute;ndose con &eacute;xtasis. En un arrebato de lib&iacute;dine, los chupones eran esenciales.<\/p>\n<p>Andrea extendi&oacute; las piernas hacia adelante, apoy&oacute; los talones a la altura de los hombros de Pablo, puso las manos a los costados del colch&oacute;n, inhal&oacute; y exhal&oacute;, inclin&oacute; la cabeza hacia atr&aacute;s, mantuvo el cuerpo en quietud por qui&eacute;n sabe cu&aacute;nto tiempo, movi&oacute; la cadera hacia atr&aacute;s; el miembro sali&oacute; del hoyo que hab&iacute;a llenado con ese jugo blanco y pegajosos que a ella tanto le gustaba.<\/p>\n<p>Al ver que la erecci&oacute;n todav&iacute;a no se hab&iacute;a esfumado, decidi&oacute; tomarla entre sus c&aacute;lidas manos, limpiarla a leng&uuml;etazos y lamidas, luego la jal&oacute; para que se pusiera m&aacute;s tiesa y esper&oacute; a que largara todo el l&iacute;quido atrapado en la uretra. Pablo la detuvo para decirle que quer&iacute;a besarla por en&eacute;sima vez. Ella se acost&oacute; a su lado y dej&oacute; que la besara mientras le masturbaba.<\/p>\n<p>&mdash;Eso fue intenso &mdash;Pablo asever&oacute;, a&uacute;n jadeante&mdash;. No pens&eacute; que lo iba a disfrutar tanto.<\/p>\n<p>&mdash;C&oacute;rrete una vez m&aacute;s &mdash;le suplic&oacute; con cara de ni&ntilde;a inocente.<\/p>\n<p>&mdash;No creo que pueda.<\/p>\n<p>&mdash;Claro que puedes.<\/p>\n<p>Andrea tuvo que estar un buen rato masturb&aacute;ndole para que acabara. Como era de esperar, la &uacute;ltima corrida fue escasa en jugos pero gratificante en placer. Pablo larg&oacute; lo poco de semen que le quedaba y Andrea se encarg&oacute; de limpiarlo con la boca. Despu&eacute;s de eso, el miembro finalmente qued&oacute; devastado y perdi&oacute; su encanto.<\/p>\n<p>Pablo la tom&oacute; entre sus brazos, la abraz&oacute;, la bes&oacute;, la acarici&oacute;, y como premio, le meti&oacute; los dedos en la concha. Al introducirle el dedo &iacute;ndice y el dedo cordial en la parte interna del orificio, toc&oacute; el viscoso fluido que hab&iacute;a salido de su cuerpo. Ese hoyo era un mar de fluidos corporales. En dec&uacute;bito lateral, sigui&oacute; d&aacute;ndole placer con los dedos y los labios.<\/p>\n<p>Lleg&oacute; un momento en el que se sintieron satisfechos con el resultado final y dejaron de tocarse. Pablo ya hab&iacute;a tenido suficiente diversi&oacute;n por el d&iacute;a y Andrea tambi&eacute;n. Hab&iacute;a llegado el momento de sacar a relucir la verdad que hab&iacute;a permanecido oculta por tanto tiempo. Tras recuperar el aliento y la temperatura corporal, la mujer tom&oacute; la palabra.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Recuerdas ese amigo tuyo del que me hablaste?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;. &iquest;Qu&eacute; tiene?<\/p>\n<p>&mdash;Te ha extra&ntilde;ado un mont&oacute;n desde el d&iacute;a de graduaci&oacute;n. Ha so&ntilde;ado contigo tantas que veces que es imposible contarlas. Sufri&oacute; much&iacute;simo durante tu ausencia.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo sabes eso? &iquest;Conoces a Andr&eacute;s S&aacute;nchez?<\/p>\n<p>&mdash;Lo conozco mejor que nadie.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Sabes d&oacute;nde se encuentra?<\/p>\n<p>&mdash;Se encuentra en frente de ti.<\/p>\n<p>Al escucharla decir eso, qued&oacute; desconcertado, sin palabras. Le resultaba imposible creer que Andrea y su mejor amigo eran la misma persona. Ella no se parec&iacute;a a &eacute;l ni &eacute;l a ella. Eran dos personas totalmente distintas, con gustos distintos y metas distintas. Andr&eacute;s hab&iacute;a sido un adolescente con problemas de peso y trastornos depresivos, alguien acostumbrado al rechazo y la burla. Andrea era una mujer mentalmente sana y sin ning&uacute;n tipo de problema para relacionarse con los dem&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;No hay forma de que t&uacute; seas Andr&eacute;s. Quiero decir&hellip; no hay forma de que hayas sido &eacute;l &mdash;le dijo y suspir&oacute;&mdash;. T&uacute; eres una persona optimista y sociable.<\/p>\n<p>&mdash;Tuve que pasar por un largo tratamiento de hormonas, varias cirug&iacute;as, cambios de ritmo, ejercicios aer&oacute;bicos, dietas saludables, noches de insomnio, trastornos alimenticios &mdash;le confes&oacute;&mdash;. Todo eso lo hice para poder acostarme contigo. &iquest;O acaso pensaste que una mujer com&uacute;n aparecer&iacute;a de la nada para invitarte a un hotel de lujo a hacer el amor? Me encargu&eacute; de preparar todo para que esta noche fuera especial. La espera fue larga, pero vali&oacute; la pena.<\/p>\n<p>&mdash;Al verte a los ojos, sent&iacute; que te conoc&iacute;a &mdash;afirm&oacute; Pablo y le acomod&oacute; el flequillo&mdash;. Eres albina, de ojos azules y nariz chata. Fui un tonto al no darme cuenta de que eras Andr&eacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;No pasa nada. Poca gente sabe que soy una mujer trans &mdash;le dijo&mdash;. Mi familia dej&oacute; de hablarme el d&iacute;a que les coment&eacute; de mi decisi&oacute;n. Creen que estoy mal de la cabeza por haberme operado.<\/p>\n<p>&mdash;Cambiarte de sexo s&oacute;lo para acostarte conmigo fue una locura. &iquest;En qu&eacute; rayos estabas pensando?<\/p>\n<p>&mdash;La culpa fue tuya por haberme dejado con las ganas. Sab&iacute;a que jam&aacute;s lo har&iacute;as con un hombre, as&iacute; que tom&eacute; la decisi&oacute;n de cambiar de sexo &mdash;le explic&oacute;&mdash;. Ahora que soy mujer, me siento mucho m&aacute;s feliz. Ya nadie me fastidia, nadie me pone apodos, nadie me insulta. Soy una persona normal.<\/p>\n<p>&mdash;Quisiera que Andr&eacute;s estuviera aqu&iacute; para pedirle disculpas. No fui sincero con &eacute;l en muchos aspectos. Nunca le dije cu&aacute;nto lo quer&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;El pasado qued&oacute; atr&aacute;s, enf&oacute;cate en el presente ahora &mdash;le aconsej&oacute;&mdash;. Tu amigo Andr&eacute;s dej&oacute; de existir hace mucho, ahora se llama Andrea S&aacute;nchez.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Hiciste esto por calentura nom&aacute;s?<\/p>\n<p>&mdash;Lo hice para cambiar mi vida. Me cans&eacute; de ser un hombre infeliz.<\/p>\n<p>&mdash;Ahora entiendo por qu&eacute; me preguntaste si odiaba a la gente transexual. Quer&iacute;as cerciorarte de que no era un transf&oacute;bico.<\/p>\n<p>&mdash;T&uacute; siempre me aceptaste tal y como fui. Por eso te quiero mucho.<\/p>\n<p>&mdash;Oye, &iquest;crees que&hellip; lo nuestro funcionar&aacute;?<\/p>\n<p>&mdash;S&oacute;lo somos amigos. No quiero que seas mi pareja &mdash;le respondi&oacute; con una sonrisita y le toc&oacute; la punta de la nariz con el dedo &iacute;ndice&mdash;. Lo &uacute;nico que quiero es darte las gracias por ser la &uacute;nica persona en querer a mi yo del pasado. Si hubiera m&aacute;s gente como t&uacute;, el mundo ser&iacute;a un lugar mejor.<\/p>\n<p>Siguieron hablando de todas las cosas que hab&iacute;an hecho durante los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os en los que hab&iacute;an estado distanciados. Pasaron la mejor noche de sus vidas. El apego que compart&iacute;an era lo m&aacute;s bello que exist&iacute;a. Cuando se cansaron de hablar, se acomodaron bajo la gruesa colcha y durmieron juntos. Pablo quer&iacute;a que Andrea fuese su pareja, pero ella quer&iacute;a buscarse otro hombre. No quer&iacute;a echar a perder esa valiosa amistad que los un&iacute;a.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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