{"id":36216,"date":"2022-06-15T03:29:39","date_gmt":"2022-06-15T03:29:39","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-06-15T03:29:39","modified_gmt":"2022-06-15T03:29:39","slug":"secuelas-de-una-pandemia-iii-cruzada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/secuelas-de-una-pandemia-iii-cruzada\/","title":{"rendered":"Secuelas de una pandemia (III): Cruzada"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"36216\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Ser&iacute;an las dos de la ma&ntilde;ana cuando Diego se despert&oacute; al o&iacute;r los gemidos er&oacute;ticos de una mujer.&nbsp; Sin saber si se trataba de un sue&ntilde;o (que por cierto le provoc&oacute; una erecci&oacute;n), se sent&oacute; en la cama hasta que entendi&oacute; lo que ocurr&iacute;a. Algo molesto se puso de pie, abri&oacute; la puerta de su cuarto y se dirigi&oacute; al living para encontrarse con lo que ya sospechaba: Pato, desvelado, miraba una porno mientras se hac&iacute;a una paja.<\/p>\n<p>Si decir nada, Diego se sent&oacute; al lado de su amigo y comenz&oacute; a ver la peli. Dos machos de cuerpos trabajados y pijas gigantes le cog&iacute;an la concha y el culo a una rubia tetona que no paraba de gritar. Pato se manoseaba la chota con lentitud sin sacar los ojos de la tele. Diego miraba la pantalla, adormilado, y se acomodaba la verga que le hac&iacute;a carpa dentro del b&oacute;xer.<\/p>\n<p>Como en trance, sin ning&uacute;n pre&aacute;mbulo, Diego tom&oacute; la pija de Pato y comenz&oacute; a Pajearlo. El aludido contuvo la respiraci&oacute;n por un segundo hasta que la sorpresa dej&oacute; paso al disfrute. Dej&oacute; su mano a un lado y lentamente se la llev&oacute; al pecho para acariciarse: otro hac&iacute;a el trabajo por &eacute;l.<\/p>\n<p>Era fabuloso sentir c&oacute;mo los dedos de Diego ejerc&iacute;an la presi&oacute;n justa, cambiaban de ritmo inesperadamente o pasaban del glande a los huevos indefinidamente. Fue una paja larga, en silencio, cargada de sensualidad y camarader&iacute;a.<\/p>\n<p>Comprobando que el cl&iacute;max estaba cerca, Diego aceler&oacute; el ritmo con firmeza y sin pausa, hasta hacer estallar a su amigo en un chorro de leche que lo salpic&oacute; en varios puntos. Lejos de interrumpir su labor para limpiarse, sigui&oacute; acariciando la cabeza morada y brillante de semen por unos minutos m&aacute;s.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Est&aacute;s bien? &ndash;pregunt&oacute; Diego en un susurro.<\/p>\n<p>&ndash;Joya, amigo. Gracias.<\/p>\n<p>&ndash;Que descanses &ndash;agreg&oacute; mientras se secaba la leche de Pato en el b&oacute;xer, camino a su cuarto para seguir durmiendo.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Aquella tarde, Diego estaba al palo y se dispon&iacute;a a ver una porno, cuando Pato lleg&oacute; de hacer la compra en el s&uacute;per.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;C&oacute;mo estamos hoy! &ndash;dijo Pato riendo. &iquest;Ya vas por la segunda?<\/p>\n<p>&ndash;Ah&aacute;. Estoy alzadito&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;Che&hellip;<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; pasa?<\/p>\n<p>-Nada, digo&hellip; &iquest;Quer&eacute;s que te pajee? &ndash;pregunt&oacute; Pato fingiendo naturalidad &ndash;. Esta vuelta me toca a m&iacute;.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;En serio me lo har&iacute;as?<\/p>\n<p>&ndash;No, bueno. No s&eacute;&#8230; Si quer&eacute;s&hellip; yo&hellip;<\/p>\n<p>Diego iba a contestar &ldquo;dale&rdquo;, pero en un segundo cambi&oacute; su respuesta:<\/p>\n<p>&ndash;No, dej&aacute;. Mejor hag&aacute;monos una cruzada.<\/p>\n<p>Pato prefer&iacute;a esta propuesta; pajear a su amigo no le cerraba del todo. Aunque se lo hab&iacute;a ofrecido de buena gana algo lo incomodaba; una cosa era pajearse frente a frente y otra muy distinta era tocarle la pija a su amigo. Enseguida, apag&oacute; la tele y se puso en bolas en dos segundos. No necesitaban la porno.<\/p>\n<p>Un poco inseguros, ambos de pie, comenzaron a manosearse las vergas. Iban al mismo ritmo al principio, como en espejo, para comenzar luego una alternancia con la intenci&oacute;n de sorprenderse mutuamente.<\/p>\n<p>Frente a frente, los cuerpos se rozaban; el pecho peludo de Diego toc&oacute; los pezones de Pato eriz&aacute;ndolos, en tanto las respiraciones se agitaban cada vez m&aacute;s y el calor del aliento les entibiaba la piel.<\/p>\n<p>Pato, o Diego, o ambos a la vez (&iquest;Qui&eacute;n puede decir qui&eacute;n fue el primero?) juntaron sus labios en un beso profundo y h&uacute;medo que hizo explotar las vergas inflamadas en un ba&ntilde;o de leche tibia.<\/p>\n<p>Sin palabras que decir, unieron sus cuerpos en un abrazo que detuvo el tiempo indefinidamente hasta que, agotados, se tumbaron en el sill&oacute;n para quedarse dormidos.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Pato despert&oacute; primero. Le cost&oacute; unos segundos entender qu&eacute; hac&iacute;a la cabeza de Diego apoyada sobre su pecho.<\/p>\n<p>&ldquo;Dios, esto es una locura&rdquo;, fue lo primero que pens&oacute; mientras observaba la pija de su amigo completamente al palo. Todo era tan confuso: se sent&iacute;a p&eacute;simo y culposo, pero no pod&iacute;a dejar de admitir que lo que pas&oacute; unas horas atr&aacute;s le hab&iacute;a resultado genial. Hab&iacute;a experimentado un leve punto de ternura que completaba la experiencia sensorial y puramente genital que tanto le gustaba. Pero estaba mal. Eso era de putos. Y sin embargo no pod&iacute;a dejar de mirar la chota de Diego que palpitaba como si tuviera vida propia. Nunca hab&iacute;a pensado que una verga le hubiese podido parecer algo bello. No, no era esa la palabra. Atractivo. Tampoco. Ese cilindro de carne erguido, recubierto de piel suave, atravesado por venas poderosas era fascinante de ver. Fascinante, eso: el adjetivo que buscaba. En tanto, el peso de la cabeza de Diego movi&eacute;ndose al ritmo de la respiraci&oacute;n de su pecho, la sensaci&oacute;n de sentir sobre su cuerpo el cuerpo de otro hombre recostado, durmiendo pl&aacute;cidamente, completaba aquel estado tan especial. Y segundos despu&eacute;s, volver a pensar que todo estaba mal, que era un error. Pero a la vez, esa saliva tibia que sal&iacute;a de las comisuras de la boca de Diego y que se depositaba sobre su vientre parec&iacute;a desafiar aquella l&oacute;gica de lo que estaba mal, porque todo eso se sent&iacute;a tan bien&#8230; era tan placentero, tan sensual, tan motivo para que la pija de Pato respondiera poni&eacute;ndose dura&hellip;<\/p>\n<p>Diego abri&oacute; los ojos y frente a sus narices, la chota de Pato. Gruesa, blanca, lisa. Tan erecta que el prepucio se hab&iacute;a corrido levemente para dejar ver la cabeza rosada y reluciente. Pens&oacute;: &ldquo;qu&eacute; linda verga tiene este hijo de puta&rdquo;. Pens&oacute; tambi&eacute;n: &ldquo;&iquest;Estar&aacute; dormido?&rdquo;. Pens&oacute; adem&aacute;s: &ldquo;Yo tambi&eacute;n estoy al palo&rdquo;. No se quer&iacute;a mover, no quer&iacute;a que Pato notase que estaba despierto. No quer&iacute;a romper ese momento; primero porque lo estaba disfrutando, pero sobre todo porque habr&iacute;a que hablar de esto, de lo que hab&iacute;a pasado.<\/p>\n<p>Pato estaba sinti&eacute;ndose inc&oacute;modo en esa posici&oacute;n pero no quer&iacute;a moverse; no quer&iacute;a romper ese momento, primero porque lo estaba disfrutando, pero sobre todo porque habr&iacute;a que hablar de aquello, de lo que hab&iacute;a pasado.<\/p>\n<p>Ambos estaban experimentando lo mismo en perfecta sincron&iacute;a, sin saberlo, aunque sospech&aacute;ndolo.<\/p>\n<p>Enfrentar el placer puede ser atemorizante.<\/p>\n<p>Uno de los dos dijo &ldquo;buen d&iacute;a&rdquo;. El otro respondi&oacute;: &ldquo;&iquest;Descansaste bien?&rdquo;.<\/p>\n<p>No hab&iacute;a mucho m&aacute;s que decir.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Ese d&iacute;a fue un infierno. Ambos no dejaban de torturarse, de cuestionarse ese arrebato que los hab&iacute;a sorprendido y que sacud&iacute;a las estructuras con las que hab&iacute;an crecido. Que a un hombre le guste otro hombre estaba bien, s&iacute;; los dos eran pibes de cabeza abierta, educados en familias bastante progres&#8230; ten&iacute;an amigos putos y todo eso. Pero ellos no. Ellos eran heteros. Paquis. Cog&iacute;an con minas. Les gustaba la concha. Se volv&iacute;an locos por chupar un buen par de tetas. Y sin embargo, hab&iacute;an sentido el placer de entregarse a un par; se hab&iacute;an dado al goce de tocarse los miembros hasta reventar en un orgasmo diferente.<\/p>\n<p>Y se hab&iacute;an besado.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>&ndash;Mir&aacute; Pato, yo tengo que hablar.<\/p>\n<p>&ndash;&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;C&oacute;mo seguimos?<\/p>\n<p>Pato se acomod&oacute; en la silla, dej&oacute; la taza de caf&eacute; y respondi&oacute;. Hab&iacute;a en su voz una seguridad que lo sorprendi&oacute; m&aacute;s a &eacute;l mismo que a Diego.<\/p>\n<p>&ndash;Seguimos igual, chab&oacute;n. No s&eacute; lo que me pas&oacute;, pero a vos tambi&eacute;n te pas&oacute;. Y si pas&oacute; es por algo.<\/p>\n<p>Diego quiso agregar unas palabras, pero Pato sigui&oacute; su improvisada tesis, casi como aquel d&iacute;a cuando Diego dio su verborr&aacute;gica c&aacute;tedra sobre los morbos.<\/p>\n<p>&ndash;Nunca nos pareci&oacute; mal que Mauro fuera puto. &iquest;OK? &ndash;sigui&oacute; disertando&ndash;. Lo supimos desde el primer d&iacute;a de clases, cuando dijo &ldquo;presente&rdquo;, con voz de nena. Lo habremos gastado al principio, nos re&iacute;mos un par de veces, pero despu&eacute;s ya no; el pibe siempre se la banc&oacute; y finalmente todos entendimos que era as&iacute; y que no pasaba nada.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, incluso yo una vez&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;Dejame hablar &ndash;sigui&oacute; Pato respirando algo agitado&ndash;. Esta vez nosotros hicimos lo que Mauro hace desde que tiene pelos en las bolas.<\/p>\n<p>&ndash;Pato, lo que vos dec&iacute;s&#8230;<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Estoy hablando! Sigo, no me interrumpas, &iquest;Ok? La pregunta es: &iquest;somos putos? &iquest;O hicimos esto porque estamos aislados? &iquest;Nos gustan los hombres y lo reprimimos porque as&iacute; fuimos educados?<\/p>\n<p>Diego sent&iacute;a que los ojos se le llenaban de l&aacute;grimas. Pensaba que cada palabra dicha por su amigo podr&iacute;a haber sido pronunciada por &eacute;l.<\/p>\n<p>&ndash;No lo s&eacute; &ndash;continu&oacute; Pato, que no pod&iacute;a dejar de verbalizar euf&oacute;rico lo que se le cruzaba por la cabeza&ndash;. &iquest;Vos s&iacute;?<\/p>\n<p>&ndash;Yo&#8230;<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Ves? Vos tampoco lo sab&eacute;s. Pero lo que s&iacute; s&eacute; es que pas&oacute;.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;S&iacute; qu&eacute;?<\/p>\n<p>&ndash;Nada, que&#8230; Bueno, que pienso lo mismo &ndash;dijo Diego en un arrebato. &ndash;Tal cual, boludo. Y adem&aacute;s, no s&eacute;&hellip;<\/p>\n<p>&ndash; &iquest;Qu&eacute;? Adem&aacute;s &iquest;qu&eacute;?<\/p>\n<p>&ndash;Que&hellip; No s&eacute;. Bueno, s&iacute; que&#8230; que estuvo buen&iacute;simo. &iexcl;Eso!<\/p>\n<p>&ndash; &iquest;Entonces?<\/p>\n<p>Hubo un silencio. No inc&oacute;modo; un silencio reflexivo, profundo.<\/p>\n<p>&ndash;Entonces&#8230; Supongo que habr&aacute; que vivirlo. Es decir, experimentarlo.<\/p>\n<p>Se abrazaron largamente, como dos amigos que se reconcilian o que se encuentran despu&eacute;s de un tiempo sin verse.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Volver al sexo despu&eacute;s de aquella charla fue f&aacute;cil. Hab&iacute;a una complicidad que ya hab&iacute;a roto las barreras m&aacute;s r&iacute;gidas. Pajas mutuas, compartidas, frente a frente, uno al otro. Si pintaba, hab&iacute;a beso, pero solo en el momento del &eacute;xtasis, como consecuencia natural de acabar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Ser&iacute;an las dos de la ma&ntilde;ana cuando Diego se despert&oacute; al o&iacute;r los gemidos er&oacute;ticos de una mujer.&nbsp; Sin saber si se trataba de un sue&ntilde;o (que por cierto le provoc&oacute; una erecci&oacute;n), se sent&oacute; en la cama hasta que entendi&oacute; lo que ocurr&iacute;a. 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