{"id":36303,"date":"2022-06-24T01:09:20","date_gmt":"2022-06-24T01:09:20","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-06-24T01:09:20","modified_gmt":"2022-06-24T01:09:20","slug":"mi-hija-y-el-messenger-cosas-de-familia-parte-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/mi-hija-y-el-messenger-cosas-de-familia-parte-3\/","title":{"rendered":"Mi hija y el messenger: Cosas de familia (Parte 3)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"36303\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 23<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Patricia bostez&oacute; ruidosamente en el Uber que le tra&iacute;a de regreso del aeropuerto a casa. Hab&iacute;an sido casi 8 horas de vuelo y 6 cambios de husos horarios y su cuerpo daba cuenta de ello. El taxista, un hombre de mediana edad, moreno y de melena alborotada, repart&iacute;a sus miradas entre el camino y las bien torneadas piernas de la guapa y madura aeromoza con insistencia tal, que ya le estaba poniendo inc&oacute;moda. La vibraci&oacute;n de un mensaje nuevo en su m&oacute;vil la sac&oacute; de su semi letargo y lo sac&oacute; de su bolso para leer. &quot;Tengo que salir de urgencia por un par de d&iacute;as a Tur&iacute;n. Traemos un l&iacute;o con unas adquisiciones y necesitamos ir hoy mismo. Te explico despu&eacute;s, besos&quot; seguido de un &quot;Te encargo a Cristina que se quedar&aacute; sola en casa&quot; le&iacute;a el texto. Era Ricardo, su marido. No le sorprendi&oacute; en absoluto y con un dejo de cansancio guard&oacute; el aparato en su bolso de nuevo.<\/p>\n<p>Tras un largo trayecto en el que el conductor del Uber intentara infructuosamente sacarle alguna pl&aacute;tica trivial, Patricia lleg&oacute; finalmente a su casa. En alg&uacute;n punto del viaje, intent&oacute; comunicarse con Cristina para ver si estaba en casa y &eacute;sta le contest&oacute; con un lac&oacute;nico mensaje &quot;No estoy en casa. Estoy en el centro comercial nuevo para comprarme unos tenis y unos shorts. Besos&quot;. Suspirando con resignaci&oacute;n, cerr&oacute; los ojos, sabedora de que el tipo se dar&iacute;a vuelo mir&aacute;ndola con ojos de deseo y tal vez mas tarde esa noche, se masturbar&iacute;a pensando en ella como el objeto de sus fantas&iacute;as que jam&aacute;s se habr&iacute;an de cumplir. Patricia s&oacute;lo sonri&oacute; ante su imaginaci&oacute;n desmedida y decidi&oacute; que no le importaba lo que pasara o dejara de pasar por la mente del sujeto.<\/p>\n<p>Y aqu&iacute; estaba finalmente en casa, reci&eacute;n ba&ntilde;ada y envuelta solamente en un amplio albornoz esperando que su hija regresara del centro comercial. Imagin&oacute; que los hab&iacute;a comprado para empezar a ir al gimnasio, como lo hac&iacute;a siempre que empezaba el periodo vacacional como era el caso en esta ocasi&oacute;n. Record&oacute; que Pamela se hab&iacute;a ido de vacaciones con sus padres a visitar a unos t&iacute;os por tres semanas y se dio cuenta de que extra&ntilde;aba las formas turgentes de su joven esclava que tantas emociones le hab&iacute;a despertado en esas &uacute;ltimas semanas. Se imagin&oacute; besando esos senos duros y juveniles, acariciando ese chochito h&uacute;medo y apenas cubierto de un vello incipiente y se empez&oacute; a calentar, metiendo casi sin darse cuenta la mano bajo el albornoz para acariciar su seno como el preludio de una sesi&oacute;n de sexo imaginaria&#8230;<\/p>\n<p>Patricia escuch&oacute; el ruido de la puerta de la entrada al abrirse y apresuradamente corri&oacute; a la sala y se encontr&oacute; con Cristina que la recibi&oacute; con un abrazo efusivo. Cristina, su hija, estaba radiante, vestida con una blusa ligera que ella misma le hab&iacute;a regalado en su cumplea&ntilde;os y unos jeans ce&ntilde;idos al cuerpo. Sinti&oacute; la calidez del cuerpo de la joven y se estremeci&oacute; por dentro al rodear su breve cintura con sus brazos y sentir la piel de su hija bajo el contorno de su blusa. Cerr&oacute; los ojos y se imagin&oacute; el cuerpo de Pamela agit&aacute;ndose como una gacela mientras hac&iacute;an el amor apenas un par de semanas atr&aacute;s y un breve atisbo de remordimiento se asom&oacute; en su cabeza. De pronto, se sinti&oacute; cohibida como si su hija pudiera adivinar sus pensamientos.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;C&oacute;mo est&aacute;s, mam&aacute;? &iquest;C&oacute;mo estuvo tu viaje? &#8211; pregunt&oacute; Cristina con una amplia sonrisa.<\/p>\n<p>&#8211; Bien, hija. Agotador como siempre pero ya sabes c&oacute;mo es esto.<\/p>\n<p>&#8211; Si, me imagino. &iquest;Qu&eacute; piensas hacer hoy? &iquest;Supiste que mi pap&aacute; sali&oacute; de viaje esta ma&ntilde;ana?<\/p>\n<p>&#8211; Si, me lo dijo. Ahora mismo lo que quiero es buscar algo para que podamos comer y luego me gustar&iacute;a pasar algo de tiempo contigo si no te molesta.<\/p>\n<p>&#8211; Claro que no me molesta. &iquest;A d&oacute;nde quieres ir?<\/p>\n<p>&#8211; En realidad no quiero salir, solo se me antoja una tarde tranquila en casa&#8230;<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Quieres que veamos una pel&iacute;cula aqu&iacute;?<\/p>\n<p>&#8211; Claro, eso me encantar&iacute;a, hija. &iquest;Qu&eacute; pel&iacute;cula te gustar&iacute;a ver?<\/p>\n<p>&#8211; La que t&uacute; gustes, mam&aacute;. T&uacute; eres la invitada de honor hoy &#8211; dijo Cristina separ&aacute;ndose de su abrazo finalmente.<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, &iquest;qu&eacute; te parece una comedia rom&aacute;ntica de Netflix como las que nos gustan y mientras ordenamos una pizza para las dos?<\/p>\n<p>&#8211; Me parece perfecto, mam&aacute;. &#8211; Dijo Cristina d&aacute;ndole un beso en la mejilla. &#8211; Patricia se estremeci&oacute; de nueva cuenta y Cristina se alej&oacute; para tomar el tel&eacute;fono y llamar a su pizzer&iacute;a preferida (aquella misma del relato anterior de nuestra antojadiza amiga Cristina)<\/p>\n<p>La tarde transcurri&oacute; tranquila, comieron una pizza que le supo inesperadamente deliciosa y una Coca cola fr&iacute;a y burbujeante que tambi&eacute;n disfrut&oacute; inmensamente antes de retirarse ambas a sus respectivas habitaciones.<\/p>\n<p>____<\/p>\n<p>Estaba casi anocheciendo cuando Patricia estaba finalmente instalada en su rec&aacute;mara con un recipiente lleno de palomitas y una pel&iacute;cula con una trama que promet&iacute;a puesta en pausa, cuando entr&oacute; Cristina. Tra&iacute;a el pantal&oacute;n corto de el&aacute;stico que se hab&iacute;a comprado esa misma tarde y una camisa negra ombliguera que resaltaba su piel morena y la curvil&iacute;nea forma de su breve cintura. Su pelo h&uacute;medo indicaba que se hab&iacute;a reci&eacute;n ba&ntilde;ado y se acost&oacute; a un lado de Cristina para disfrutar la peli que hab&iacute;an seleccionado mientras com&iacute;an la pizza.<\/p>\n<p>Patricia se acomod&oacute; en su lugar decidida a disfrutar de ese momento madre \/ hija cuando sinti&oacute; un sopor incontrolable apoderarse de sus ojos. El cansancio la venci&oacute; y se qued&oacute; profundamente dormida. Cuando abri&oacute; los ojos de nueva cuenta, era ya de noche y su reloj despertador mostraba que eran las 12:32 de la madrugada. Una tenue claridad se proyectaba desde el televisor que continuaba encendido con la suficiente luz para poder ver el contorno del cuerpo de su hija a su lado. Su respiraci&oacute;n acompasada le indic&oacute; que ella tambi&eacute;n se hab&iacute;a quedado dormida viendo la peli o tal vez contagiada por el cansancio de su madre.<\/p>\n<p>Cristina estaba acurrucada con el rostro volteado hacia su madre. Un rebelde mech&oacute;n de su cabello le cubr&iacute;a medio rostro y su blusa ombliguera se hab&iacute;a levantado ligeramente exponiendo el nacimiento de sus senos que se agitaban suavemente al comp&aacute;s de su respiraci&oacute;n evidenciando su falta de sost&eacute;n.<\/p>\n<p>Patricia acerc&oacute; su rostro al de Cristina para comprobar que estuviera durmiendo y sinti&oacute; la calidez del aire que respiraba en su nariz. Un tenue olor a palomitas de ma&iacute;z y el olor de su crema de ba&ntilde;o le hicieron sentir aquella sensaci&oacute;n que hab&iacute;a tenido esa misma tarde cuando le abraz&oacute;, not&oacute; su respiraci&oacute;n acompasada, sus ojos cerrados y se pregunt&oacute; qu&eacute; sue&ntilde;os le permit&iacute;an transmitir esa paz. Con mucha lentitud acerc&oacute; a&uacute;n m&aacute;s su rostro hasta que la distancia entre ambas era m&iacute;nima. Su intenci&oacute;n original era el poder verla m&aacute;s de cerca, pero al acercarse al rostro de la joven se dio cuenta que aquello m&aacute;s bien parec&iacute;a un casi beso en toda la forma y not&oacute;, para su desmayo, que se empezaba a excitar sin saber a ciencia cierta porqu&eacute;. Casi por voluntad propia, su mano temblorosa toc&oacute; el vientre expuesto de la chica sin que ella diera se&ntilde;ales de vida. Volvi&oacute; a sentir la tibieza de su piel y sus dedos empezaron a recorrer la distancia de la cintura al vientre hasta llegar al nacimiento de sus senos. Sent&iacute;a la imperiosa necesidad de tocarlos con su mano, pero tuvo temor de despertarla y sigui&oacute; acarici&aacute;ndola solamente con un ligero toque de su dedo. Sus labios a su vez, envalentonados por el avance de su mano, se movi&oacute; ese peque&ntilde;o espacio que le faltaba y sintieron el contacto de esos labios adolescentes prohibidos. &quot;&iquest;qu&eacute; est&aacute;s haciendo&quot; se pregunt&oacute; entre sue&ntilde;os, pero sigui&oacute; con ese contacto ligero, aunque endiabladamente excitante que le hab&iacute;a empezado a mojar la entrepierna casi sin propon&eacute;rselo.<\/p>\n<p>Patricia sinti&oacute;, o al menos crey&oacute; sentir, que la respiraci&oacute;n de Cristina se hac&iacute;a m&aacute;s agitada y profunda y sigui&oacute; subiendo su mano hasta rozar el pez&oacute;n endurecido de la chica. Con su dedo pulgar e &iacute;ndice como una tenaza los apret&oacute; ligeramente, intensificando el contacto. Cristina se agit&oacute; en su sue&ntilde;o y Patricia alej&oacute; su rostro del de su hija aun cuando continu&oacute; con su cometido en pos de la teta de la chica. Cristina se movi&oacute; un poco m&aacute;s y dej&oacute; su posici&oacute;n casi fetal para quedar recostada boca arriba en la mitad de la cama. La mano de Patricia pareci&oacute; de nueva cuenta cobrar vida propia y retrocedi&oacute; bajando por su vientre y su cintura hasta detenerse brevemente al borde del el&aacute;stico del pantal&oacute;n corto. Ahora era su respiraci&oacute;n la que estaba muy agitada y parec&iacute;a que el latido de su coraz&oacute;n hac&iacute;a un eco ensordecedor en toda la rec&aacute;mara. &quot;Detente, puta de mierda. Es tu hija la que est&aacute;s a punto de tocar&quot; gritaba su yo interno con una voz cada vez m&aacute;s apagada. Dud&oacute; por un par de minutos con la mano en la cintura de Cristina, sintiendo c&oacute;mo su mano sub&iacute;a y bajaba siguiendo el ritmo de su respiraci&oacute;n. Un vestigio de raz&oacute;n le susurraba que se detuviera, sin embargo, su voz se iba haciendo cada vez m&aacute;s peque&ntilde;a a medida que su excitaci&oacute;n segu&iacute;a creciendo.<\/p>\n<p>Finalmente, Patricia pretendi&oacute; que se giraba sobre s&iacute; misma y aprovech&oacute; el s&uacute;bito movimiento para meter su mano por debajo de la prenda de Cristina. Para su sorpresa, se dio cuenta de que su hija no llevaba nada m&aacute;s por debajo del pantaloncillo y sinti&oacute; el cosquilleante roce de sus vellos p&uacute;bicos en la punta de sus dedos. Le pareci&oacute; escuchar un apagado gemido de la boca de Cristina y sigui&oacute; con su recorrido, ya despojada de sus escr&uacute;pulos, hasta tocar los labios vaginales de la chica. Estaban muy mojados tal como supuso que estar&iacute;an los suyos y haciendo una leve presi&oacute;n con su dedo &iacute;ndice de nuevo lo introdujo dentro de la vagina de Cristina. La sinti&oacute; arquearse en la cama y se qued&oacute; quieta como si el mundo se hubiera detenido de pronto. Lo sac&oacute; lentamente para acariciar el discreto bot&oacute;n de su cl&iacute;toris con la yema de su dedo arrancando un susurro, casi un ronroneo de los labios de Cristina. Sigui&oacute; de nuevo su movimiento hacia abajo para tocar de nuevo los labios de su vagina y los sinti&oacute; mas h&uacute;medos y lubricados todav&iacute;a, tanto que sin ning&uacute;n esfuerzo, logr&oacute; que este resbalara nuevamente dentro de aquel para&iacute;so juvenil y prohibido.<\/p>\n<p>T&iacute;midamente, el &iacute;ndice de Patricia inici&oacute; un mete-saca lento a trav&eacute;s de las paredes empapadas de su vagina de Cristina, sintiendo c&oacute;mo su propio placer y excitaci&oacute;n se transmit&iacute;an a trav&eacute;s de ese contacto. Los gemidos, al principio imperceptibles, de Cristina se hicieron m&aacute;s notorios a trav&eacute;s de sus labios cerrados y de la tensi&oacute;n de su cuerpo que se sacud&iacute;a ante los embates cada vez m&aacute;s atrevidos de Patricia. Sin pensarlo mucho, aceler&oacute; el movimiento de su mano hasta sentir que el cuerpo de su hija se arqueaba por la cintura, siguiendo el ritmo de ese dedo invasor, sus labios fuertemente apretados hac&iacute;an un moh&iacute;n de placer contenido y no tard&oacute; mucho antes de que su madre sintiera c&oacute;mo su mano se mojaba de manera copiosa y un alarido escapaba finalmente de su boca mientras su cuerpo se convulsionaba, incapaz de soportar tantas sensaciones que le estaba provocando todas aquellas caricias invasoras.<\/p>\n<p>Cuando finalmente Cristina volvi&oacute; a quedar quieta, Patricia se apart&oacute;, expectante, sin saber qu&eacute; pasar&iacute;a a continuaci&oacute;n entre ambas, estaba caliente, apenada, adormecida y sorprendida de s&iacute; misma. &iquest;Le reclamar&iacute;a su hija por propasarse de esa manera? &iquest;Se abalanzar&iacute;a sobre ella para devorar su boca con la misma pasi&oacute;n? &iquest;Se pondr&iacute;a a llorar de remordimiento por aquel placer inesperado y prohibido?<\/p>\n<p>Pasaron m&aacute;s de dos minutos en aquel silencio expectante, con Cristina quieta a su lado, con los ojos cerrados, regresando lentamente a su respiraci&oacute;n acompasada. Poco a poco, Patricia se dio cuenta de que aquella situaci&oacute;n no iba a cambiar y que su calentura iba bajando de intensidad as&iacute; que decidi&oacute; levantarse e ir al ba&ntilde;o para satisfacer sus propias ansias reprimidas. Al tocarse pudo notar lo h&uacute;meda que se encontraba ella tambi&eacute;n y se dirigi&oacute; al ba&ntilde;o cerrando la puerta. Una vez dentro, se masturb&oacute; rabiosamente apretando los labios para no gemir por el intenso placer que su roce le provocaba. S&oacute;lo bastaron un par de minutos para que se pudiera correr de manera brutal en la quietud de su ba&ntilde;o quedando exhausta y asustada por lo que acababa de ocurrir. Cuando regres&oacute; a la cama, Cristina ya no estaba ah&iacute;. En su lugar quedaba la forma de su silueta sobre las s&aacute;banas y Patricia sinti&oacute; que una sensaci&oacute;n de culpa y cansancio se apoderaba de ella. &iquest;Qu&eacute; pensaba Cristina? &iquest;Por qu&eacute; se fue a su cuarto sin platicar de lo que hab&iacute;a ocurrido? &iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a con esa relaci&oacute;n que apenas en esas semanas hab&iacute;a comenzado a mejorar? Sin poder encontrar las respuestas a todas esas preguntas, Patricia decidi&oacute; hacerle caso a su cansancio y asumir las consecuencias de lo que pudiera pasar hasta el d&iacute;a siguiente. Y sin querer pensar en nada m&aacute;s en aquella noche. Se qued&oacute; profundamente dormida.<\/p>\n<p>______<\/p>\n<p>La ma&ntilde;ana siguiente la encontr&oacute; de un mejor &aacute;nimo ya sin las consecuencias del desfase horario y se levant&oacute; hambrienta. Como una andanada de memorias dispersas le lleg&oacute; el recuerdo de la noche anterior y tuvo temor de salir de la habitaci&oacute;n y encontrarse con su hija. Las mismas preguntas que se hac&iacute;a la noche anterior permanec&iacute;an a&uacute;n en su mente y no ten&iacute;a la menor idea de c&oacute;mo podr&iacute;a explicar su comportamiento. T&iacute;midamente se asom&oacute; desde la puerta de la habitaci&oacute;n y escuch&oacute; ruidos desde la cocina, donde seguramente Cristina preparaba su desayuno. Eso, o s&oacute;lo buscaba un cuchillo o algo filoso para darle su merecido.<\/p>\n<p>Camin&oacute; como son&aacute;mbula los escasos metros que separaban su cuarto de la cocina y entr&oacute; decidida a enfrentar lo que viniera. Con la mirada agachada escuch&oacute; la voz de su hija:<\/p>\n<p>&#8211; Hola dormilona. &iquest;C&oacute;mo dormiste? &iquest;lograste descansar del viaje? &#8211; Dijo Cristina jovialmente.<\/p>\n<p>&#8211; Si&#8230; &#8211; contest&oacute; Patricia ligeramente confundida y levantando su rostro para verla finalmente. Cristina le sonre&iacute;a con esa misma sonrisa radiante del d&iacute;a anterior como si nada hubiera pasado. Aun vest&iacute;a su misma blusa ombliguera y su pantaloncillo corto y unas pantuflas de Eeyore.<\/p>\n<p>&#8211; Te prepar&eacute; desayuno, ma. Hice los huevos como a ti te gustan. &#8211; Se&ntilde;al&oacute; la chica mostr&aacute;ndole el par de platos y la taza de caf&eacute; humeante que estaban sobre la mesa.<\/p>\n<p>&#8211; Gracias, hijita, eres un amor. &#8211; Dijo Patricia sent&aacute;ndose a la mesa. Le dio un sorbo al caf&eacute; y lo encontr&oacute; muy cargado, pero no dijo nada para no hacerla sentir mal. Le dio una probada a los huevos revueltos con tocino y los encontr&oacute; m&aacute;s sabrosos y agradeci&oacute; internamente que pudiera comerlos sin tener que fingir.<\/p>\n<p>&#8211; De nada, quer&iacute;a agradecerte por la fiesta de cumplea&ntilde;os que me hiciste y no hab&iacute;a tenido oportunidad de hacerlo. &#8211; Contest&oacute; Cristina.<\/p>\n<p>&#8211; No tienes nada qu&eacute; agradecer, mi ni&ntilde;a. &#8211; me gust&oacute; mucho ver que divertiste.<\/p>\n<p>Tras un breve silencio entre ambas, ocupadas en decorar el desayuno, Patricia carraspe&oacute; antes de formular una nueva pregunta:<\/p>\n<p>&#8211; Hija, &iquest;qu&eacute; pas&oacute; anoche? &#8211; dijo casi mordisqueando sus palabras, c&oacute;mo si no quisiera que escaparan de su boca.<\/p>\n<p>&#8211; Que te quedaste dormida a los cinco minutos de que empez&oacute; la peli. Jajaja. &#8211; contest&oacute; Cristina sin poder contener la risa. &#8211; Yo tambi&eacute;n me qued&eacute; dormida antes de que terminara, me despert&eacute; como a la medianoche y supuse que estabas en el ba&ntilde;o as&iacute; que mejor decid&iacute; irme a mi rec&aacute;mara para dejarte descansar a gusto.<\/p>\n<p>&#8211; Me sorprendi&oacute; que te hubieras ido as&iacute;. &#8211; Ahond&oacute; con recelo Patricia sin atreverse a preguntar m&aacute;s.<\/p>\n<p>&#8211; Supuse que querr&iacute;as descansar y como soy medio loca para dormir, jajajaja&#8230; &#8211; respondi&oacute; Cristina sonriendo. Patricia respir&oacute; ya m&aacute;s tranquila y siguieron desayunando en silencio hasta que Cristina pregunt&oacute;:<\/p>\n<p>&#8211; Oye m&aacute;&#8230; aprovechando que no est&aacute; mi pap&aacute;, &iquest;Crees que t&uacute; y yo pudi&eacute;ramos salir esta noche para festejar mi mayor&iacute;a de edad?<\/p>\n<p>&#8211; Claro que s&iacute;, hija. Me encantar&iacute;a que sali&eacute;ramos. &iquest;Qu&eacute; tienes en mente?<\/p>\n<p>&#8211; No lo s&eacute;, un lugar tranquilo supongo&#8230;<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, pero tampoco tan tranquilo, &iquest;eh? no estoy tan viejita&#8230;<\/p>\n<p>&#8211; Jajajaja, ya lo s&eacute;, me hablaron de uno que tal vez nos guste y que est&aacute; por la zona hotelera.<\/p>\n<p>&#8211; Me pare muy bien. Es m&aacute;s, como parte de tu cumplea&ntilde;os, vamos a ese centro comercial que abrieron y te compro un atuendo para la noche, &iquest;te parece?<\/p>\n<p>&#8211; Si, &iexcl;gracias m&aacute;! &#8211; exclam&oacute; la joven levant&aacute;ndose para rodear a su madre por el cuello en un fuerte abrazo. Patricia sinti&oacute; la suavidad del cuerpo de su hija apretada en su espalda y sinti&oacute; una corriente de placer cruzar r&aacute;pidamente por su cuerpo. &quot;Estoy loca, definitivamente&quot; pens&oacute; mientras recib&iacute;a un sonoro beso en la mejilla. Se levant&oacute; apresuradamente, libr&aacute;ndose del abrazo de su hija con el pretexto de llevar su plato al fregadero.<\/p>\n<p>_____<\/p>\n<p>Eran las 9:30 de la noche cuando Cristina y Patricia entraron al antro que hab&iacute;an elegido para festejar la mayor&iacute;a de edad de la joven. El lugar estaba abarrotado a pesar de ser jueves con todas las mesas ocupadas. Cristina hab&iacute;a elegido una breve minifalda negra que le quedaba de infarto, y una blusa rosa p&aacute;lido semitransparente que resaltaba su sost&eacute;n de color negro tambi&eacute;n, todo esto complementado con unos tacones altos que hicieron que una buena parte de los concurrentes voltearan a verla con admiraci&oacute;n y lujuria mal disimulada. Patricia, a su vez, llevaba una falda tambi&eacute;n corta, aunque un poco m&aacute;s discreta y una blusa floreada que resaltaba sus muy bien proporcionados senos.<\/p>\n<p>&#8211; M&aacute;, si alguien nos pregunta, no digamos que eres mi mam&aacute;. Somos compa&ntilde;eras de trabajo, &iquest;te parece?<\/p>\n<p>&#8211; Jajajaj, qu&eacute; ocurrente, Cristina. Est&aacute; bien, te voy a seguir la corriente. &#8211; dijo Patricia alegremente, tomando a su hija del brazo.<\/p>\n<p>Al fondo del lugar hab&iacute;a una mesa con dos lugares disponibles. La ocupaba una pareja de mediana edad que parec&iacute;an estar divirti&eacute;ndose bastante. &Eacute;l, un se&ntilde;or de unos cuarenta y tantos a&ntilde;os, con una ligera barriga no demasiado prominente, y ella un poco mas joven, seguramente entre 30 y 35 a&ntilde;os, la otra opci&oacute;n era un par de j&oacute;venes que descaradamente ve&iacute;an a ambas con ganas de encamarlas ah&iacute; mismo y que adem&aacute;s se notaba que ya llevaban un buen rato embriag&aacute;ndose.<\/p>\n<p>Patricia se acerc&oacute; con la pareja y les pregunt&oacute; que si les daban oportunidad de sentarse junto a ellos. El se&ntilde;or, con una amplia sonrisa, les invit&oacute; a que se sentaran, no sin antes dejar escapar una mirada de admiraci&oacute;n que a pesar de todo no se sinti&oacute; incomoda, sobre ellas.<\/p>\n<p>A medida que la noche transcurr&iacute;a y, ambientadas por los cocteles que iban consumiendo, comenzaron a platicar entre ellos. El caballero se llamaba Roberto y era el esposo de Karla con quien llevaba ya 4 a&ntilde;os de casados. Estaban de visita ya que ellos eran de Estados Unidos y hab&iacute;an decidido tomar dos semanas de vacaciones que conclu&iacute;an al d&iacute;a siguiente. Su vuelo estaba programado para la 1 de la tarde del siguiente d&iacute;a y hab&iacute;an decidido probar la vida nocturna de la ciudad antes de partir de regreso al d&iacute;a siguiente. Ambos eran muy agradables y abiertos y se hab&iacute;a logrado una buena qu&iacute;mica entre los cuatro. Patricia no pudo dejar de notar las miradas que le lanzaba Roberto a Cristina de cuando en cuando, que sin embargo no parec&iacute;an molestar a Karla, o al menos no daba muestra de ello. Tambi&eacute;n not&oacute; las mejillas enrojecidas de Cristina y su voz cada vez m&aacute;s atropellada como evidencia de que le estaban haciendo efecto los tragos que hab&iacute;a consumido.<\/p>\n<p>&#8211; Y &iquest;qu&eacute; les ha parecido el ambiente hasta ahora? &#8211; pregunt&oacute; Patricia. Ten&iacute;a a su derecha a Karla y Roberto se hallaba enfrente, a su izquierda se hab&iacute;a sentado Cristina que quedaba tambi&eacute;n a la derecha de Roberto.<\/p>\n<p>&#8211; La verdad, bien hasta ahora. No nos podemos quejar. &#8211; Esta ciudad ha sido muy hospitalaria con nosotros. &iquest;y ustedes salen juntas seguido? &#8211; Dijo Roberto sonriendo mientras tomaba la mano de su esposa de forma afectuosa.<\/p>\n<p>&#8211; La verdad es que es la primera vez que salimos juntas, somos compa&ntilde;eras de trabajo. Estamos festejando que Cristina cumpli&oacute; a&ntilde;os &#8211; respondi&oacute; Patricia volteando a ver a Cristina con complicidad.<\/p>\n<p>&#8211; Ambas son muy hermosas. Les deben sobrar pretendientes, supongo &#8211; Dijo Roberto tomando la mano de Cristina con familiaridad como si la conociera de tiempo atr&aacute;s. La chica no dijo nada al sentir el contacto de la mano del hombre.<\/p>\n<p>&#8211; Pues no lo voy a negar, pero ahora me encuentro bien as&iacute; donde estoy. &#8211; Contest&oacute; Patricia<\/p>\n<p>&#8211; Y t&uacute;, hermosura. &iquest;A cu&aacute;ntos galanes les has roto el coraz&oacute;n? &#8211; pregunt&oacute; volteando a ver a Cristina aun sin soltar su mano.<\/p>\n<p>&#8211; Jajajaja, a ninguno. No tengo novio por lo pronto. &#8211; Contest&oacute; Cristina. Le supo muy bien la mentira mientras ven&iacute;a a su mente el rostro de su novio en la escena donde se la hab&iacute;an follado encima de &eacute;l.<\/p>\n<p>&#8211; Entonces nadie se va a molestar si te invito a bailar, &iquest;verdad? &#8211; Dijo Roberto levant&aacute;ndose y haciendo un gesto teatral mientras le ofrec&iacute;a su mano a la chica, aprovechando que hab&iacute;a iniciado la tanda de canciones lentas. Cristina le tom&oacute; la mano y se dirigieron a la pista de baile con la apetitosa chica moviendo sensualmente sus caderas apresadas en esa breve minifalda negra que segu&iacute;a atrayendo lascivas miradas masculinas&#8230; y una que otras femeninas como las de su &quot;amiga&quot; Patricia que no pudo evitar el admirar lo sexy que se ve&iacute;a su hija.<\/p>\n<p>Hab&iacute;an transcurrido dos o tres canciones, tiempo en el cual estuvo platicando amenamente con Karla cuando Patricia sinti&oacute; un toque en el hombro. Un joven, de buen ver, pero con signos de estar bastante ambientado, le extend&iacute;a la mano como un mudo gesto de una invitaci&oacute;n para bailar. La madura mujer dud&oacute; un par de segundos, pero finalmente decidi&oacute; aceptar la invitaci&oacute;n a bailar motivada por lo apetitoso que se miraban los b&iacute;ceps del joven. Llegaron a la pista y sinti&oacute; el abrazo firme del muchacho sobre su cintura girando al comp&aacute;s de la m&uacute;sica. Uno de los acompa&ntilde;antes del muchacho aprovech&oacute; para invitar tambi&eacute;n a Karla a bailar quien acept&oacute; gustosa dejando la mesa vac&iacute;a. Patricia, un poco mareada y excitada por el roce de su cuerpo con el muchacho se dejaba llevar poco a poco. En uno de esos giros, descubri&oacute; a Cristina firmemente abrazada de Roberto, mientras parec&iacute;a que este le susurraba algo al o&iacute;do. La mano del hombre descansaba un poco m&aacute;s abajo de su cintura, ya en terrenos que se pod&iacute;an considerar a nivel trasero. A Cristina no parec&iacute;a importarle el gesto atrevido de Roberto y lo abrazaba a su vez con ambos brazos alrededor de su cuello. Patricia, por su parte, sinti&oacute; el aliento caliente de su pareja de baile y el bulto que se empezaba a formar en su entrepierna que apretaba firmemente contra la suya. Sinti&oacute; c&oacute;mo su co&ntilde;ito despertaba de su letargo cuando sinti&oacute; la mano del joven tocando firmemente sus nalgas a la vista de todos. Volte&oacute; para ver si nadie les hab&iacute;a prestado atenci&oacute;n y descubri&oacute; a Karla besando al otro joven en un morreo intenso que parec&iacute;a atraer la atenci&oacute;n del resto de los bailarines. De pronto sinti&oacute; la mano de su acompa&ntilde;ante hurgando bajo su falda y el roce de su dedo tratando de entrar dentro de su vagina a pesar de la barrera de sus bragas mojadas. Enmedio de su calentura, Patricia, aun con restos del decoro que le quedaba, se sinti&oacute; indignada, y, quit&aacute;ndole su mano, se separ&oacute; del joven y dej&aacute;ndolo solo con sus manos de pulpo en medio de la pista.<\/p>\n<p>Antes de regresar a su mesa volte&oacute; a ver a Karla que segu&iacute;a con su morreo intenso y busc&oacute; con la mirada a Cristina que segu&iacute;a abrazada y danzando a un ritmo semi-lento con Roberto.<\/p>\n<p>Cuando termin&oacute; el ciclo de canciones rom&aacute;nticas, Cristina y Roberto regresaron a la mesa donde Patricia le hac&iacute;a el amor a su vodka tonic casi vac&iacute;o. Roberto se sent&oacute; de nuevo a un lado de Cristina, cogiendo de nueva cuenta su mano como si estuviera marcando su territorio.<\/p>\n<p>De pronto, Patricia repar&oacute; en que Karla, en lugar de volver a sentarse a la mesa junto con ellos, estaba acompa&ntilde;ando al joven con el que estaba bailando apasionadamente. La joven se&ntilde;ora, no solamente lo acompa&ntilde;aba, sino que estaba sentada en su regazo mientras el tipo la cog&iacute;a por la cintura charlando animadamente y acariciando su cuello con la mano libre. Roberto sigui&oacute; la mirada de Patricia y ubic&oacute; a su mujer, pero no hizo ning&uacute;n gesto de incomodidad o de sorpresa. &quot;Lo siento&quot; musit&oacute; Patricia sin voz y Roberto s&oacute;lo encogi&oacute; los hombros.<\/p>\n<p>&#8211; Karla tiene sus propias maneras de buscar diversi&oacute;n y a veces encuentra a alguien que le saque de la monoton&iacute;a. &#8211; Dijo finalmente despu&eacute;s de que se hab&iacute;a formado un inc&oacute;modo silencio entre los tres.<\/p>\n<p>&#8211; Pero eso, &iquest;no te lo molesta? &#8211; pregunt&oacute; Patricia. Cristina segu&iacute;a el rumbo de la conversaci&oacute;n, pero parec&iacute;a estar m&aacute;s interesada en el liberar a su octava pi&ntilde;a colada del encierro de su copa.<\/p>\n<p>&#8211; Ser&iacute;a muy pretencioso de mi parte el pretender que soy due&ntilde;o de esas maravillosas piernas y esas hermosas tetas que la naturaleza tuvo a bien darle, jejeje. &#8211; Me gusta que mi mujer se sienta due&ntilde;a y se&ntilde;ora de s&iacute; misma y lo disfrute.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Aunque sea con otros? &#8211; Pregunt&oacute; Patricia m&aacute;s por compromiso ya que la respuesta estaba frente a sus propios ojos, con el joven bes&aacute;ndola apasionadamente en la mesa de enfrente, mientras su acompa&ntilde;ante que hab&iacute;a bailado con Patricia, le acariciaba las tetas descaradamente. Roberto gir&oacute; su rostro y encogi&oacute; los hombros en se&ntilde;al de t&aacute;cita aceptaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Plat&iacute;quenme de ustedes. &#8211; Dijo Roberto. &#8211; &iquest;Como es posible que un par de bellezas como ustedes est&eacute;n sin pareja? &iquest;Qu&eacute; los hombres de ac&aacute; son ciegos?<\/p>\n<p>&#8211; No, solo que nosotras tambi&eacute;n somos due&ntilde;as de nosotras mismas&#8230; &#8211; dijo Patricia.<\/p>\n<p>&#8211; Como Karla. &#8211; complet&oacute; Cristina, levantando la mano para chocarla con su madre por encima de la mesa.<\/p>\n<p>&#8211; Ah ya veo. Miren. Nosotros nos vamos a retirar en un momento m&aacute;s pero si les apetece, o si os apetece como dicen ustedes, tenemos un par de botellas que quedaron anoche en el cuarto y que y podemos tomar para seguir platicando un poco m&aacute;s de tiempo si no est&aacute;n cansadas. &iquest;Qu&eacute; les parece?<\/p>\n<p>&#8211; A m&iacute; me encanta la idea. &#8211; Se apresur&oacute; a decir, Cristina. &#8211; Y &iquest;a ti, ma&#8230; Patricia?<\/p>\n<p>&#8211; No lo s&eacute;, Cristina, seguramente tienen que hacer los preparativos para el viaje ma&ntilde;ana&#8230;<\/p>\n<p>&#8211; No se preocupen por nosotros, ya descansaremos en el vuelo.<\/p>\n<p>&#8211; Est&aacute; bien, pero solo un rato m&aacute;s. &#8211; Accedi&oacute; Patricia.<\/p>\n<p>Roberto se volte&oacute; y le hizo una se&ntilde;a a Karla, quien, quitando la mano del joven de su cintura, se levant&oacute; de la mesa de los j&oacute;venes, dej&aacute;ndolos sorprendidos y cachondos cuando ya se hallaban bastante animados. la falda arrugada de Karla y su maquillaje corrido daban cuenta de aquel momento caliente que se hab&iacute;an otorgado apenas unos momentos antes.<\/p>\n<p>&#8211; Nos vamos, mi amor. &#8211; Dijo Roberto a guisa de saludo rodeando la cintura de su mujer. No era una pregunta ni una petici&oacute;n sino una orden directa que la mujer acat&oacute; sin chistar.<\/p>\n<p>&#8211; Claro que s&iacute;, amor. &iquest;Nos van a acompa&ntilde;ar Cristina y Patty?<\/p>\n<p>&#8211; Espero que s&iacute;. &#8211; Contest&oacute; Roberto y volte&oacute; a ver a Patricia, quien asinti&oacute; en silencio.<\/p>\n<p>________<\/p>\n<p>Los cuatro abandonaron el local no sin antes aguantar los insistentes ruegos de los j&oacute;venes de la mesa y se dirigieron caminando al hotel que se hallaba a un par de calles sobre la avenida principal. Cristina caminaba trastabillante, producto de su estado de embriaguez y de las altas zapatillas que usaba y se apoyaba de vez en cuando en Roberto que finalmente opt&oacute; por tomarla de la cintura ante la mirada complaciente de su esposa. Cruzaron el lobby del hotel y llegaron al elevador donde Roberto puls&oacute; el bot&oacute;n del octavo piso.<\/p>\n<p>Cuando finalmente llegaron a la habitaci&oacute;n del hotel se encontraron con un lujoso decorado, un minibar, un amplio sill&oacute;n y una cama King Size al centro de la habitaci&oacute;n. Al fondo se ve&iacute;a un balc&oacute;n que daba hac&iacute;a la calle que acababan de transitar y a un lado de la puerta, las maletas ya listas para partir al dia siguiente. Roberto les sirvi&oacute; un trago de whisky con soda y hielos y reanudaron la pl&aacute;tica ya sin el ruido de la m&uacute;sica del antro.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;T&uacute; a qu&eacute; te dedicas, Karla? &#8211; pregunt&oacute; Patricia.<\/p>\n<p>&#8211; Soy una simple ama de casa, amiga.<\/p>\n<p>&#8211; Todo menos simple, mi amor. &#8211; Dijo Roberto arrastrando las palabras. &#8211; Eres una esposa maravillosa, lo sabes, &iquest;verdad?<\/p>\n<p>&#8211; Si lo s&eacute;, mi esposo.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Y c&oacute;mo se conocieron ustedes dos, tortolitos? &#8211; pregunt&oacute; de nueva cuenta Patricia. Se hab&iacute;an colocado los cuatro en el sof&aacute;, con Cristina en la orilla, y Roberto en medio de ella y de Karla, con Patricia a duras penas sentada en la orilla opuesta. Roberto ten&iacute;a la mano puesta en la pierna de Cristina movi&eacute;ndola abstra&iacute;damente hasta llegar al borde de su minifalda mientras platicaba. Patricia sinti&oacute; una sensaci&oacute;n de temor y excitaci&oacute;n al mirar hacia donde parec&iacute;a que iba toda aquella situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Ella era una escort y yo la contrataba para que me hiciera algunos trabajitos&#8230;<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;C&oacute;mo trabajitos? &#8211; pregunt&oacute; Cristina confundida, quiz&aacute; por el alcohol o por su ingenuidad juvenil.<\/p>\n<p>&#8211; Se la estaba follando por dinero. &#8211; Contest&oacute; Patricia con desparpajo sin m&aacute;s pre&aacute;mbulo. &#8211; Todos estallaron en una carcajada.<\/p>\n<p>&#8211; Guau, qu&eacute; interesante historia. &iquest;y cu&aacute;ndo decidiste que ser&iacute;a tu esposa? &#8211; Ahond&oacute; Patricia genuinamente interesada en el giro que hab&iacute;a tomado la conversaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Cuando la invit&eacute; a qu&eacute; tuvi&eacute;ramos un tr&iacute;o con una de sus compa&ntilde;eras, Patricia. &#8211; Dijo Roberto y a&ntilde;adi&oacute;. &#8211; No tienes idea de lo buena que es mi esposa para el sexo con otra mujer.<\/p>\n<p>&#8211; Gracias cari&ntilde;o, pero vas a ruborizar a Patricia con tus guarradas. &#8211; Dijo Karla intercediendo.<\/p>\n<p>&#8211; Yo no me ruboriz&oacute;, Karla, solo que me sorprende porque nunca lo he hecho con otra mujer. &#8211; Minti&oacute; Patricia. &#8211; No estoy segura de que me pudiera gustar.<\/p>\n<p>&#8211; Y t&uacute;, Cristina. &iquest;Lo has hecho con otra mujer? &#8211; Pregunt&oacute; Roberto. Los cuatro estaban sentados en el amplio sill&oacute;n en el medio de la habitaci&oacute;n. Roberto en la orilla, Cristina, Patricia y finalmente Karla, recargada en la codera con su trasero ligeramente encima de la pierna de Patricia.<\/p>\n<p>&#8211; No, nunca. No creo que me pudiera atrever. &#8211; Dijo adoptando la ingenuidad de una jovencita de 18 a&ntilde;os como si fuera la presa de unos cazadores experimentados.<\/p>\n<p>&#8211; Nadie sabe a lo que se puede atrever hasta que lo hace, querida. &#8211; Presion&oacute; Roberto acariciando su pierna. &#8211; Todos hemos tenido una primera vez, lo creas o no. Hasta la zorra de mi mujer. &#8211; Dijo Roberto terminando con una carcajada que reson&oacute; en la habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Deja Roberto. Vas a incomodar a nuestros invitados. &#8211; Intercedi&oacute; Karla.<\/p>\n<p>&#8211; Te propongo un trato, Cristina. T&uacute; decides hasta d&oacute;nde quieres llegar si lo aceptas. &#8211; Invit&oacute; Roberto.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;De qu&eacute; se trata? &#8211; pregunt&oacute; Cristina con recelo pero excitada a la vez.<\/p>\n<p>&#8211; Te propongo que te vendemos los ojos y a ver si logras adivinar quien es la persona que te est&aacute; tocando. &#8211; Dijo Roberto. Patricia dio un respingo justo cuando le daba un nuevo trago a su bebida pero Karla s&oacute;lo sonr&iacute;o en anticipaci&oacute;n pues conoc&iacute;a los detalles de los jueguitos de su marido.<\/p>\n<p>&#8211; No s&eacute;, de verdad, no piensen que soy una monja pero&#8230;<\/p>\n<p>&#8211; T&uacute; decides hasta d&oacute;nde Cristina. &#8211; presion&oacute; Roberto secundado por Karla.<\/p>\n<p>&#8211; No te vamos a dejar a manos de este viejo libidinoso, no te preocupes.<\/p>\n<p>Cristina volte&oacute; a ver a Patricia buscando aprobaci&oacute;n y se encontr&oacute; con una mirada llena de deseo de su madre, en parte por el alcohol ingerido y en parte por la perspectiva de ver a su hija manoseada por una pareja que hasta hac&iacute;a unas horas eran unos perfectos desconocidos para ellas.<\/p>\n<p>&#8211; Como t&uacute; veas, Cristina. Recuerda que lo que pasa aqu&iacute;, aqu&iacute; se queda. &#8211; Dijo esperando que la chica captara el velado mensaje de su discreci&oacute;n.<\/p>\n<p>Est&aacute; bien. &#8211; acept&oacute; Cristina finalmente. &#8211; &iquest;Qu&eacute; tengo que hacer?<\/p>\n<p>&#8211; Solo quedarte quieta mientras Karla te pone esa pa&ntilde;oleta en tu cara. &#8211; Contest&oacute; Roberto mientras Karla hurgaba en su maleta de donde sac&oacute; una pa&ntilde;oleta de color guinda, la cual puso en Cristina en cuanto ella se levant&oacute; del sill&oacute;n. Patricia la contempl&oacute; de pies a cabeza, pasando por sus esbeltas piernas y sus pechos que se agitaban en anticipaci&oacute;n a lo que vendr&iacute;a despu&eacute;s.<\/p>\n<p>&#8211; Cierra tus ojos y siente, Cristina. Trata de imaginar de quien es la mano que te va a tocar ahora. &#8211; Dijo Roberto d&aacute;ndole sitio a Karla para que se acercara a la chica. Esta, se puso a su espalda y acarici&oacute; sus senos con ambas manos roz&aacute;ndolos por encima de la blusa.<\/p>\n<p>&#8211; Hmm, creo que es Karla. &#8211; Dijo Cristina sin poder evitar que se escapara un suave quejido al decirlo.<\/p>\n<p>&#8211; Muy bien. &#8211; Cristina. Lo has adivinado. Ahora siente estas manos para ver si las identificas.<\/p>\n<p>En esta ocasi&oacute;n fue el propio Roberto quien, arrodill&aacute;ndose frente a la chica, dej&oacute; su mano vagar por su pantorrilla, pasando por la rodilla temblorosa y en su pierna un poco m&aacute;s arriba de la falda aun sin llegar a su entrepierna.<\/p>\n<p>&#8211; Hummm, esa mano tuvo que ser tuya, Roberto. &#8211; Dijo ahora Cristina temblorosa ante el embate de aquella mano indiscreta.<\/p>\n<p>Roberto, en silencio, le hizo se&ntilde;as a Patricia de que se acercara a la joven. Con un nudo en la garganta y el coraz&oacute;n galopando en su pecho, la mujer se acerc&oacute; a donde se hallaba su hija vendada y a merced de los tres. Con mano temblorosa por el miedo y la excitaci&oacute;n, le rode&oacute; la cintura con una leve caricia. Roberto le hizo la se&ntilde;a de que no era suficiente, que deb&iacute;a acariciarla de una manera m&aacute;s atrevida. Envalentonada por las circunstancias que le rodeaban, Patricia se acerc&oacute; al rostro de Cristina y, sin pensarlo, acerc&oacute; sus labios a los de su hija quien, al sentir el contacto de su boca, los abri&oacute; para recibir ese beso incestuoso a&uacute;n sin saber de qu&eacute; boca proven&iacute;a.<\/p>\n<p>La lengua de Cristina se apoder&oacute; de la boca de Patricia en un morreo delicioso. Sentir la humedad de la boca de su propia hija dentro de la suya, le hizo sentir un mareo intenso y un intento de orgasmo en su entrepierna. A duras penas se separ&oacute; de aquellos labios, cuando Roberto pregunt&oacute; a Cristina que si quien le hab&iacute;a besado. Apenas repuesta de la intensidad del beso, Cristina jade&oacute;:<\/p>\n<p>&#8211; Creo que fue Karla, &iquest;no?<\/p>\n<p>&#8211; Conform&eacute;monos con saber que besaste unos labios de mujer. &iquest;Como te sentiste?<\/p>\n<p>&#8211; Muy bien&#8230; creo. &#8211; Dijo Cristina con un poco de dudas ante lo que acababa de suceder. Lo cierto de todo aquello es que estaba muy caliente y no quer&iacute;a que aquel momento se acabara. Como si Roberto le hubiera le&iacute;do la mente le pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Te animas a una segunda vuelta?<\/p>\n<p>&#8211; Si. &#8211; Contest&oacute; con un hilo de voz la joven.<\/p>\n<p>Sin esperar m&aacute;s, Roberto se volvi&oacute; a arrodillar frente a Cristina y esta vez levant&oacute; su falda para exponer su co&ntilde;ito detr&aacute;s de una peque&ntilde;a tanga transparente de color negra. De manera instintiva, la joven abri&oacute; las piernas para facilitar el acceso de aquel intruso en su intimidad. Roberto hundi&oacute; su boca en la entrepierna de la chica lamiendo esa prenda que como sospechaba, estaba ya empapada. El olor de la prenda era embriagador y el hombre la sujet&oacute; de ambas nalgas para atraer hacia si a la joven rozando su entrepierna con su barbilla mientras sacaba su lengua para recoger los abundantes jugos que mojaban la tela.<\/p>\n<p>&#8211; Ayy qu&eacute; delicia. &#8211; Exclam&oacute; Cristina. &#8211; Quien quiera que sea, sigue por favor.<\/p>\n<p>Karla se acerc&oacute; a la chica por detr&aacute;s de ella mientras su marido segu&iacute;a chupando su co&ntilde;o vorazmente y le despoj&oacute; de su blusa con delicadeza. Seguidamente, le abri&oacute; los broches del sost&eacute;n y en un momento le quit&oacute; la prenda tambi&eacute;n dejando sus senos expuestos de los que sobresal&iacute;an dos delicados botones perfectamente erectos como soldados en estado de guerra. Con la mirada, Karla invit&oacute; a Patricia a que los acariciara y esta, todav&iacute;a embriagada de la cachondez que le provocaba la situaci&oacute;n, meti&oacute; una teta de Cristina en su boca, chup&aacute;ndola con desesperaci&oacute;n y sintiendo el contacto del pez&oacute;n siendo acariciado por sus dientes. Mientras esto suced&iacute;a, Roberto iba bajando la tanga enroll&aacute;ndola entre sus piernas y dejando expuesto aquel delicioso co&ntilde;ito juvenil, adornado con una coqueta mata de vellos suaves igualmente mojados. Finalmente meti&oacute; su lengua profundamente en ese co&ntilde;ito que hab&iacute;a estado anhelando durante toda la velada y sinti&oacute; c&oacute;mo Cristina se estremec&iacute;a, incapaz de aguantar esas acometidas. Karla la sujet&oacute; de nuevo por la cintura y se apoder&oacute; de la teta que hab&iacute;a quedado libre, dando unos chupetones igual de ardientes que los que le estaba dando Patricia. Finalmente, la adolescente estall&oacute; en un ruidoso y prolongado orgasmo, golpeando con su pelvis en el rostro de Roberto que recib&iacute;a ese golpeteo estoicamente mientras sent&iacute;a el cuerpo de Cristina soltarse a merced de las dos mujeres y de &eacute;l mismo. Roberto se par&oacute; frente a ella, una vez que se hubo calmado y le dio un largo beso con el sabor del sexo de ella misma. Karla y Patricia se separaron para permitirle continuar con esas caricias y el hombre le quit&oacute; con delicadeza la venda. Cristina segu&iacute;a con los ojos cerrados, aun disfrutando de aquel momento que acababa de suceder. Con la misma delicadeza, le quit&oacute; su minifalda dej&aacute;ndola completamente desnuda frente a &eacute;l.<\/p>\n<p>Roberto la levant&oacute; en vilo con sus dos manos firmemente sujetando su trasero y sus piernas apretadas alrededor de &eacute;l; mientras le daba un nuevo beso profundo a duras penas fue movi&eacute;ndose con el cuerpo de Cristina aun a horcajadas encima de &eacute;l hacia la cama. Mientras esto suced&iacute;a, Karla por su parte, estaba besando a Patricia y ambas se iban despojando mutuamente de su ropa, Patricia pudo constatar que Roberto no ment&iacute;a cuando dijo que Karla era experta en hacerle el amor a otra mujer. un beso largo y h&uacute;medo que dej&oacute; el pecho de ambas mujeres lleno de saliva y el toque de los dedos de Karla en los duros pezones de Patricia hasta casi hacerle aullar de dolor mientras besaba su cuello la ten&iacute;a al borde de un orgasmo que se hab&iacute;a estado gestando desde las tempranas horas de la noche.<\/p>\n<p>Cuando Patricia sinti&oacute; los dedos de Karla hurgando en su vagina, ya no se pudo contener m&aacute;s y explot&oacute; colaps&aacute;ndose de placer jadeando como un perro sediento en el sill&oacute;n donde ambas hab&iacute;an quedado tendidas. Patricia meti&oacute; su mano bajo la falda de Karla y al sentir lo h&uacute;meda que ella tambi&eacute;n se encontraba, hizo a un lado su braga y le hundi&oacute; el dedo coraz&oacute;n meti&eacute;ndolo y sac&aacute;ndolo repetidamente mientras su boca retornaba a la boca de Karla para disfrutar de un nuevo beso salvaje e intenso.<\/p>\n<p>Roberto se dirigi&oacute; a la cama King Size todav&iacute;a cargando a Cristina y la deposit&oacute; suavemente en el colch&oacute;n. Con estudiada lentitud le fue colocando encima del mullido colch&oacute;n hasta que dej&oacute; a la joven completamente a su merced. Abri&oacute; sus piernas y se lanz&oacute; a probar esa almeja palpitante que goteaba ya, producto de su excitaci&oacute;n. La lengua del hombre entr&oacute; muy dentro de la vagina de Cristina y esta se estremeci&oacute; de placer ante la serie de emociones que le produjo esa lengua intrusa y lo sensible que se encontraba despu&eacute;s de la intensa corrida que hab&iacute;a tenido minutos antes.<\/p>\n<p>Karla se levant&oacute; del sill&oacute;n quit&aacute;ndose la ropa por completo tambi&eacute;n. Cuando qued&oacute; desnuda al igual que Patricia, continuaron bes&aacute;ndose apasionadamente, deteni&eacute;ndose por momentos para caminar rumbo a la cama al igual que Cristina y Roberto. Los senos de Karla se sent&iacute;an duros y firmes como los de la misma Patricia, aunque un poco m&aacute;s peque&ntilde;os. Sus pezones erguidos y duros eran presa de la lengua de Patricia que no cesaba de besarlos, tratando de recompensar el intenso placer que la antigua escort le hab&iacute;a proporcionado hac&iacute;a unos momentos.<\/p>\n<p>por su parte, Cristina se gir&oacute; haciendo que Roberto se acostara en la cama, y con mucha intenci&oacute;n, aunque poca pericia, le baj&oacute; el pantal&oacute;n descubriendo un pene grueso y erecto en pie de guerra que la chica devor&oacute; sin pensarlo. Sentir la dureza de ese miembro y su propia saliva correr por su tronco le hizo ponerse m&aacute;s cachonda a&uacute;n y empez&oacute; a acariciar su cl&iacute;toris mientras le daba placer oral al hombre. El miembro de Roberto era grueso y a duras penas cab&iacute;a en su boca as&iacute; que decidi&oacute; sacarlo y acariciar toda su extensi&oacute;n con su lengua dejando que su caliente saliva cubriera por completo ese pene que besaba como si no hubiera un ma&ntilde;ana. De pronto sinti&oacute; unos dedos acariciar su co&ntilde;ito y una lengua caliente rozando sus nalgas, supo que era Karla al ver a su madre frente a ella, totalmente desnuda y acarici&aacute;ndose al contemplar esa escena tan sensual. Cristina dej&oacute; de dar placer al hombre y volte&oacute; para encontrarse con el rostro sonriente de Karla. Sin mediar palabra, se fundieron en un beso apasionado apretando sus tetas entre s&iacute;. La experta mujer mesaba sus cabellos atray&eacute;ndola hacia ella con fuerza y haciendo mas intenso aun el contacto de sus bocas. Patricia, al ver a Roberto recostado en la cama con el m&aacute;stil completamente erguido, lo meti&oacute; en su boca con tal habilidad que logr&oacute; meterlo por completo hasta sentir el golpeteo de sus huevos en su barbilla. A lo lejos escuch&oacute; al hombre bufar de placer y dese&oacute; que no se fuera a venir en ese momento para no sentirse asfixiada. El hombre aguant&oacute; estoicamente y se sali&oacute; de la boca de Patricia quien volte&oacute; a ver a Cristina y a Karla enfrascadas en un furioso morreo. Como si la hubiera invocado, Karla volte&oacute; a verla y s separ&oacute; de Cristina para ir a su encuentro. Como una gatita, se subi&oacute; a la cama y abri&oacute; las piernas de la mujer para devorar de nueva cuenta su h&uacute;medo co&ntilde;ito. Cristina por su parte, aprovechando el estado de indefensi&oacute;n de Roberto, se subi&oacute; encima de &eacute;l, guio su grueso aparato entre sus piernas y dando un largo suspiro de satisfacci&oacute;n sinti&oacute; como la iba penetrando lentamente. La sensaci&oacute;n de esa gruesa polla apretando firmemente las paredes estrechas de su vagina, le hicieron que las sensaciones de ese polvo se extendieran por todo su cuerpo. De pronto, ya no import&oacute; la madrugada, ni Karla, ni el que su madre estuviera ah&iacute; junto a ella, comi&eacute;ndose el co&ntilde;o de la mujer de Roberto. Los gritos que sal&iacute;an de su garganta, guturales y roncos, parec&iacute;an provenir de alguien m&aacute;s. No de sus peque&ntilde;os y juveniles labios. &quot;M&eacute;teme la polla as&iacute; cabr&oacute;n hijo de puta&quot; no eran expresiones comunes en su vocabulario, pero en esos momentos era lo &uacute;nico que lograba salir de su boca. Sinti&oacute; vagamente unas manos apretando sus senos y, como si algo estallara en su interior, se qued&oacute; un momento en un estado de semi consciencia que jam&aacute;s hab&iacute;a sentido&#8230;<\/p>\n<p>Patricia por su parte, excitada a mas no poder, cachonda como hac&iacute;a mucho no se sent&iacute;a, escuch&oacute; los gemidos descontrolados de su hija y sinti&oacute; oleadas de placer del mismo calibre recorrer todo su cuerpo. Se encontraba en la cama con la cabeza de Karla firmemente entre sus piernas y a un lado de Roberto quien completamente entregado, se dejaba llevar por la jovencita pose&iacute;da que le hacia el amor salvajemente, montada encima de &eacute;l y retorci&eacute;ndose incontrolablemente,<\/p>\n<p>Entre sue&ntilde;os, Patricia escuch&oacute; el ronco rugido de Roberto al venirse abundantemente mente dentro de Cristina que segu&iacute;a temblando de placer ante sus orgasmos incontrolables y sinti&oacute; su propia humedad llenar la boca de Karla, que con desesperaci&oacute;n le chupaba el co&ntilde;o y le acariciaba su cl&iacute;toris con maestr&iacute;a.<\/p>\n<p>Patricia, exhausta, abri&oacute; los ojos y se top&oacute; a un par de cent&iacute;metros con la mirada vidriosa de Cristina. Era una mirada inundada por la lujuria m&aacute;s primitiva que se pudiera imaginar. Se quedaron calladas, solo contempl&aacute;ndose y sin darse cabal cuenta de lo que hac&iacute;an se besaron entre ellas dando gru&ntilde;idos casi como de animales en celo. A su lado, Roberto y Karla les contemplaban fascinados de ver aquella lascivia entre las dos amigas y les abrieron un poco de espacio en la cama. Las dos mujeres, completamente entregadas al placer, se giraron entre si, hasta quedar en un perfecto 69. Patricia sinti&oacute; el acre sabor del semen de Roberto escurriendo por la abertura de Cristina y se lanz&oacute; a lamer con desesperaci&oacute;n esa cuevita inundada a la vez que Cristina hac&iacute;a lo propio con su propia vagina. Por unos minutos solo se escuch&oacute; el jadeo de sus respiraciones agitadas y el chapoteo de sus lenguas al lamer sus jugos que flu&iacute;an copiosamente.<\/p>\n<p>Roberto, ya repuesto de su primera corrida descomunal, follaba de perrito a su esposa sin perder detalle de la escena l&eacute;sbica que en el centro de la cama.<\/p>\n<p>&quot;m&eacute;teme el dedo perra! as&iacute;, hija de puta, mas, m&aacute;s, cabrona&quot; gritaba Cristina a su propia madre, ya totalmente entregada a ese nuevo episodio de placer, agotada y sudorosa, sinti&oacute; la sensaci&oacute;n de un orgasmo a chorros de Patricia y con las &uacute;ltimas fuerzas que le quedaban, se corri&oacute; de nueva cuenta casi al mismo tiempo quedando ambas temblando en la cama mientras Roberto y Karla se corr&iacute;an de igual manera ante esa vor&aacute;gine de emociones. Con la respiraci&oacute;n agitada y sintiendo las pulsaciones de sus co&ntilde;itos, agradecidos por tanto placer, Cristina y Patricia se quedaron un momento con los ojos cerrados, solo tratando de revivir aquel momento tan intenso que acababan de protagonizar.<\/p>\n<p>Cuando finalmente llegaron a su casa, ya las primeras luces del d&iacute;a se asomaban por el horizonte y madre e hija, con el maquillaje corrido y su ropa arrugada como dos prostitutas trasnochadas, entraron en silencio a la casa, ya con los rastros de la borrachera convertidos en resaca y se tendieron en la cama matrimonial completamente exhaustas. Se miraron fijamente tratando de leer los pensamientos de la otra. Incapaces de atreverse a reconocer que aquello hab&iacute;a ocurrido en realidad.<\/p>\n<p>Al final, Cristina aproxim&oacute; su rostro al de su madre y le susurr&oacute; &quot;te quiero, mam&aacute;, gracias por tan lindo regalo.&quot; Patricia, solo atin&oacute; a abrir la boca antes de sentir la suavidad de los labios de Cristina. Era todo lo que necesitaban decirse. En silencio, ambas se levantaron y se quitaron su ropa de calle. Patricia hizo el intento de alcanzar su bata, pero al sinti&oacute; la mano de su hija en su hombro y volte&oacute; a verla para encontrarla desnuda y con una sonrisa sugerente. Ambas se acostaron en la cama redescubri&eacute;ndose en su desnudez y se quedaron viendo fijamente, como tratando de capturar ese momento y perpetuarlo. Los ojos de Patricia se cerraron de cansancio cuando volvi&oacute; a sentir el roce de los labios de su hija y le abraz&oacute; sintiendo la suavidad de aquel joven cuerpo, y supo que una nueva faceta se hab&iacute;a abierto entre ambas. Sonriendo, apret&oacute; su abrazo y se quedaron profundamente dormidas.<\/p>\n<p>Dark Knight<\/p>\n<p>jbmx36a@gmail.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 23<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Patricia bostez&oacute; ruidosamente en el Uber que le tra&iacute;a de regreso del aeropuerto a casa. Hab&iacute;an sido casi 8 horas de vuelo y 6 cambios de husos horarios y su cuerpo daba cuenta de ello. 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