{"id":36542,"date":"2022-07-11T22:00:00","date_gmt":"2022-07-11T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-07-11T22:00:00","modified_gmt":"2022-07-11T22:00:00","slug":"la-visita-de-matias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-visita-de-matias\/","title":{"rendered":"La visita de Mat\u00edas"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"36542\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 19<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>&mdash;Sandra, soy yo.<\/p>\n<p>Me qued&eacute; con el interfono en la mano, incapaz de pronunciar la menor palabra. Una ola de calor me envolvi&oacute; brutalmente, subiendo de mis piernas hacia mis hombros.<\/p>\n<p>Cuando Mat&iacute;as hab&iacute;a dicho que me visitar&iacute;a en Z&uacute;rich, no le hab&iacute;a cre&iacute;do ni un segundo. Sin embargo, le hab&iacute;a dejado mi direcci&oacute;n en un post-it cuando nos hab&iacute;amos vuelto a encontrar en Santiago. Era m&aacute;s bien para no ofenderlo al insinuar que nunca iba a viajar Suiza que por pensar que un d&iacute;a lo iba a encontrar, bajo su eterna gorra negra, en la entrada del edificio donde yo viv&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Me abres?<\/p>\n<p>Mat&iacute;as era mi ex. Lo hab&iacute;a conocido la primera semana de intercambio universitario en Chile de mi m&aacute;ster. Hab&iacute;amos compartido una mesa de laboratorio, unas cervezas, una cama, y finalmente un peque&ntilde;o estudio. Hab&iacute;a regresado a Suiza al final del a&ntilde;o universitario y hab&iacute;amos tenido la lucidez de abandonar el proyecto de dejar de querernos. A&ntilde;os despu&eacute;s, y a pesar de habernos casado cada uno por su lado, nos segu&iacute;amos deseando con furia. En secreto, nos mand&aacute;bamos fotos y videos excitantes y no perd&iacute;amos una ocasi&oacute;n de masturbarnos juntos a distancia, calent&aacute;ndonos con mensajes y audios. Sol&iacute;amos acompa&ntilde;arnos hacia el orgasmo con una videollamada, disfrutando de vernos venir bajo todos los &aacute;ngulos. Cada vez que compraba ropa interior nueva, regresaba apurada a casa para sacarme fotos y mand&aacute;rselas. Nunca demoraba mucho antes de contestarme con una foto de la erecci&oacute;n que le hab&iacute;a provocado la vista de mi culo, que las peque&ntilde;as piezas de encaje que eleg&iacute;a no ocultaban para nada. Yo la recib&iacute;a con mucha satisfacci&oacute;n y a menudo empezaba a tocarme llevando mis nuevos atuendos. Lo que m&aacute;s me gustaba era cuando sacaba una foto al bulto que ten&iacute;a en su entrepierna mientras estaba en su escritorio, en la oficina donde trabajaba. Me excitaba mucho saber que ten&iacute;a que aguantar sus ganas y esperar que sus colegas salieran a almorzar para ir al ba&ntilde;o y pajearse fren&eacute;ticamente como un adolescente frustrado. A veces me mandaba videos de cuando se ven&iacute;a. Guardaba las preciosas im&aacute;genes del semen choreando a lo largo de su verga, siempre acompa&ntilde;adas por su delicioso suspiro de alivio, y las miraba en el preciso momento de venirme cuando me masturbaba. Mat&iacute;as era mi inspiraci&oacute;n infalible y mi detonante favorito.<\/p>\n<p>Hac&iacute;a unos meses, hab&iacute;a tenido que viajar a Santiago para coordinar un proyecto de investigaci&oacute;n internacional en biolog&iacute;a. Menos de dos horas despu&eacute;s del aterrizaje de mi avi&oacute;n, est&aacute;bamos tirando en el piso de la habitaci&oacute;n de mi hotel, sin tomar el tiempo de llegar a la cama ni de quitarnos toda la ropa. Hab&iacute;a sido un reencuentro rico y animal, reanudando con las costumbres de nuestro pasado de novios, mir&aacute;ndonos a los ojos y sonriendo mientras nos agarr&aacute;bamos el cabello y nos ara&ntilde;&aacute;bamos la espalda. Siempre hab&iacute;amos sido excelentes en el sexo y nos hab&iacute;amos extra&ntilde;ado mucho. Era la primera vez que enga&ntilde;&aacute;bamos a nuestras parejas respectivas y la culpabilidad hab&iacute;a sido totalmente anihilada por el goce y la arrechura que compart&iacute;amos. Me hab&iacute;a quedado all&iacute; una peque&ntilde;a semana durante la cual nos las hab&iacute;amos ingeniado para vernos todos los d&iacute;as y disfrutar el uno del otro sin l&iacute;mites. Cuando viv&iacute;amos juntos, a pesar de tener una intimidad entusiasta e impetuosa, nunca hab&iacute;amos conseguido superar algunos complejos o miedos, temiendo que ciertos deseos, aficiones o gustitos inconfesables pudieran incomodar al otro. Entonces, libres de cualquier forma de presi&oacute;n con respecto a la perennidad de una relaci&oacute;n de pareja y franqueando las antiguas barreras, hab&iacute;amos descubierto nuevos placeres. En nuestro nuevo p&oacute;dium del sexo hab&iacute;an tomado posici&oacute;n varias innovaciones nuestras, como por ejemplo sentarme en su cara para que me lamiera o tambi&eacute;n que me escupiera en la boca mientras me cachaba. La versi&oacute;n descontrolada de nosotros hab&iacute;a sido una maravilla, un desfogo total y necesario.<\/p>\n<p>Las im&aacute;genes de este reencuentro invadieron mi mente al escuchar su voz.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Mat&iacute;as?<\/p>\n<p>&mdash;Sandra, hace un fr&iacute;o tremendo, &iexcl;abre!<\/p>\n<p>Abr&iacute; la ventana para agacharme y mirar la entrada del edificio. Era &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;No puede ser&hellip; &mdash;dije para m&iacute; misma &mdash;&iexcl;Te abro, sube! Est&aacute; en el quinto piso.<\/p>\n<p>Por suerte para &eacute;l, aquel d&iacute;a hab&iacute;a regresado temprano de la universidad donde era profesora. Mi esposo se hab&iacute;a ido de viaje para el fin de semana con un par de amigos y yo hab&iacute;a decidido aprovechar estos d&iacute;as libres para hacer algunas cosas que no ten&iacute;an espacio en la vida marital. As&iacute;, cuando hab&iacute;a sonado el interfono, estaba cumpliendo con un total clich&eacute; de treinta&ntilde;era soltera: me acababa de meter en una ba&ntilde;era llena de espuma de jab&oacute;n, con una copa de vino en una mano y un cigarro en la otra. Hab&iacute;a puesto mi laptop en un banquito justo al lado y empezaba unos de mis videos porno favoritos. Era de dos chicas que probaban juguetes una con otra y, definitivamente, el ejercicio les procuraba un placer intenso. Sudaban, se besaban, se lam&iacute;an, se penetraban y se ven&iacute;an varias veces, con caras exaltadas y l&uacute;bricas. Estaba a punto de dedicarme a 40 minutos de masturbaci&oacute;n, inspirada por estas dos morbosas y la variedad de consoladores que empe&ntilde;aban en chupar y meterse mutuamente en la concha o en el culo. Sab&iacute;a que ten&iacute;a el tiempo de fumar un cigarro antes de que se viniera la m&aacute;s carnosa. Despu&eacute;s de verla gemir en cuatro, con sus tetas pesadas que balanceaban, arque&aacute;ndose para sentir mejor las idas y venidas del juguete con lo cual la cachaba su amiguita, me era complicado resistir a las ganas de tocarme. Siempre me fascin&oacute; la expresi&oacute;n que tiene la gente en el momento de venirse, es m&aacute;s, creo que es la cosa que m&aacute;s me fascina en el mundo. Se puede mandar robots en Marte, descubrir nuevas medicinas, tesoros arqueol&oacute;gicos o medios revolucionarios de protecci&oacute;n medioambiental, construir edificios inmensos o crear m&uacute;sica sinf&oacute;nica: ning&uacute;n logro del ser humano llega a conmoverme m&aacute;s que su cara deformada por la intensidad de un orgasmo. Por eso hab&iacute;a esperado que sonara el interfono por segunda vez antes de tomarme la pena de salir de mi ba&ntilde;era. Pensado que era un vecino a qui&eacute;n se le hab&iacute;a olvidado las llaves, no hab&iacute;a tomado la pena de vestirme y hab&iacute;a atravesado el departamento calata y sin secarme, dejando agua por todo el piso.<\/p>\n<p>Al invitarlo a subir, me hab&iacute;a precipitado para agarrar una bata, cerr&aacute;ndola con un nudo torpe y blando, y le hab&iacute;a abierto la puerta as&iacute;, con el mo&ntilde;o desordenado que sol&iacute;a hacer para ba&ntilde;arme, mi copa de vino todav&iacute;a en la mano y, lo confieso, algo de incomodidad. Sonri&oacute; al descubrirme as&iacute; y me abraz&oacute; como se abraza a los amigos. Me explic&oacute; que hab&iacute;a llegado el d&iacute;a de antes a Suiza, invitado por una universidad para participar a un coloquio internacional. Mat&iacute;as tambi&eacute;n era bi&oacute;logo, bastante reconocido en Chile, pero por primera vez viajaba a Europa para presentar el resultado de sus investigaciones.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no me avisaste que viajabas?<\/p>\n<p>&mdash;Para hacerte la sorpresa, pero no te quiero molestar. Est&aacute;s esperando a tu esposo &iquest;no? &mdash;me contest&oacute; mirando mi copa de vino.<\/p>\n<p>&mdash;No, sali&oacute; con sus amigos para el fin de semana. Estaba a punto de ba&ntilde;arme. &iquest;Quieres una copa?<\/p>\n<p>Sonri&oacute;, travieso.<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto.<\/p>\n<p>Empezamos a conversar, d&aacute;ndonos las ultimas noticias de nuestras vidas mientras lo serv&iacute;a. Como siempre ten&iacute;amos muchas cosas que contarnos, la conversaci&oacute;n flu&iacute;a, alegre y entusiasta. Cuando me vio ajustar el cintur&oacute;n de mi bata se cort&oacute; en medio de una frase.<\/p>\n<p>&mdash;No te quer&iacute;a interrumpir, anda a ba&ntilde;arte, conversamos luego, te espero.<\/p>\n<p>Regres&eacute; al ba&ntilde;o r&aacute;pidamente. Las dos chicas segu&iacute;an divirti&eacute;ndose en la pantalla de mi laptop. Me apur&eacute; en cerrarla, algo avergonzada por el entretenimiento que ten&iacute;a planeado para noche. Mis fantas&iacute;as lesbianas y en particular mi deseo intenso de lamer y chupar tetas formaban parte de las cosas que no compart&iacute;a con nadie.<\/p>\n<p>Dej&eacute; caer mi bata en el piso, entr&eacute; en la ba&ntilde;era y apenas cerr&eacute; la cortina que escuch&eacute; a mi espalda:<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Se puede fumar en tu ba&ntilde;o?<\/p>\n<p>Entreabr&iacute; un poco la cortina para sacar la cabeza. Mat&iacute;as me hab&iacute;a seguido y ya lo ten&iacute;a tranquilamente apoyado al lavadero con su copa de vino, a punto de prender el cigarro que ten&iacute;a entre los labios.<\/p>\n<p>&mdash;Me acord&eacute; que te gustaba conversar cuando te ba&ntilde;abas, &mdash;sigui&oacute;, bajando la tapa del inodoro para sentarse en &eacute;l, &mdash;&iquest;quieres?<\/p>\n<p>&mdash;Ahora es un poco raro, pero claro, me gusta tener compa&ntilde;&iacute;a hasta bajo la ducha, &mdash;le contest&eacute; antes de volver a cerrar la cortina. &mdash;Y, s&iacute;, puedes fumar. Fumo donde me da la gana cuando no est&aacute; mi esposo.<\/p>\n<p>Seguimos conversando mientras me lavaba el cabello y me jaboneaba todo el cuerpo. Era imposible negar que la situaci&oacute;n me excitaba. Al darme la vuelta para enjuagarme, la cortina fina se peg&oacute; contra mis nalgas. Mat&iacute;as tuvo el gusto de ver sus formas dibujarse n&iacute;tidamente en la tela que el contacto con mi piel mojada volv&iacute;a transparente. Escuch&eacute; un &ldquo;Uhm, interesante&hellip;&rdquo;, ligeramente burl&oacute;n, antes de que continuara lo que me contaba. Me gustaba saber que me hab&iacute;a visto, ya le ten&iacute;a ganas y era claro que &eacute;l tambi&eacute;n. &Eacute;ramos incapaces de resistir a la atracci&oacute;n sexual que compart&iacute;amos, pero parec&iacute;a que ten&iacute;amos ganas de jugar un poco a los desinteresados.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Estabas mirando una pel&iacute;cula en tu ba&ntilde;era cuando llegu&eacute;? &mdash;me pregunt&oacute; al ver mi laptop en el banquito.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, estaba en eso, tranquilita con una copa de vino y un cigarro.<\/p>\n<p>No lo ve&iacute;a, pero hab&iacute;a agarrado la m&aacute;quina y la hab&iacute;a abierta, descubriendo la naturaleza de mi selecci&oacute;n audiovisual. Termin&eacute; mi ducha y cort&eacute; el agua, extend&iacute; el brazo afuera para agarrar una toalla y me sequ&eacute; r&aacute;pidamente antes de envolverme en ella. Cuando abr&iacute; la cortina, Mat&iacute;as ten&iacute;a la laptop sobre sus rodillas y me miraba con una expresi&oacute;n de gula febril.<\/p>\n<p>&mdash;Le puse &ldquo;play&rdquo;, para ver qu&eacute; era&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; te pareci&oacute;?<\/p>\n<p>Calentada por la situaci&oacute;n y la tensi&oacute;n sexual que empezaba a ser evidente entre nosotros, le hab&iacute;a contestado sonriendo, mir&aacute;ndolo a los ojos mientras sal&iacute;a de la ba&ntilde;era. A modo de respuesta, agarr&oacute; mi mu&ntilde;eca para llevar mi mano a su entrepierna. Sent&iacute; su verga dura a trav&eacute;s de su pantal&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Veo que en este g&eacute;nero tambi&eacute;n compartimos los mismos gustos cinematogr&aacute;ficos &mdash;le dije, sin retirar mi mano, al contrario.<\/p>\n<p>Hubo un silencio en lo cual se escuchaba la respiraci&oacute;n de Mat&iacute;as que se aceleraba. Me sent&eacute; en el borde de la ba&ntilde;era, sin dejar de acariciarlo ni de sostener su mirada. Sent&iacute;a que mi cl&iacute;toris se estaba hinchando, con una ola de calor y un ligero picaz&oacute;n que pronto iba a volverse casi doloroso si no me tocara. En el movimiento de sentarme, mis labios se deslizaron uno contra otro. Sin darme cuenta, me hab&iacute;a empezado a mojar. Desde la noche en la cual nos hab&iacute;amos conocido, nunca hab&iacute;a dejado de desearlo. Le bastaba una mirada para prenderme. A pesar de haber recorrido su cuerpo tantas veces, su piel, sus labios, sus manos y obviamente su sexo me segu&iacute;an atrayendo como imanes.<\/p>\n<p>Puso su mano en mi muslo y empez&oacute; a subir lentamente debajo de la toalla. Acerc&oacute; su cara para besarme y se detuvo a unos cent&iacute;metros de mis labios, para prolongar un poquito la espera del beso que nos iba a reunir. Le agarr&eacute; la nuca para acercarlo y mis labios entreabiertos encontraron los suyos. Su lengua empez&oacute; a acariciar la m&iacute;a, mientras sus dedos llegaron a mi sexo. Abr&iacute; ligeramente las piernas a modo de invitaci&oacute;n, &eacute;l sab&iacute;a exactamente c&oacute;mo tocarme. Era, sin ninguna duda, el &uacute;nico hombre capaz de hacerme venir m&aacute;s r&aacute;pidamente que yo masturb&aacute;ndome. Comenz&oacute; como siempre por tomar mi concha en la mano, con la delicadeza con la cual se toma una fruta madura y jugosa, y amasarla suavemente. Los primeros escalofr&iacute;os de placer me recorrieron la espalda. Me segu&iacute;a mirando a los ojos, con los labios todav&iacute;a entreabiertos por nuestro beso. Sus dedos empezaron a jugar con mis labios, desliz&aacute;ndose entre ellos de arriba hasta abajo, lentamente. Gem&iacute; y abr&iacute; las piernas m&aacute;s a&uacute;n, avanzando mis caderas hacia &eacute;l. Hab&iacute;a dejado su entrepierna para apoyarme con las dos manos al borde de la tina. Me entregaba a sus dedos expertos que no tardaron mucho antes de penetrarme. Las idas y venidas de dos de sus dedos me electrizaban y gem&iacute;a m&aacute;s fuerte. Mat&iacute;as conoc&iacute;a los gestos que me gustaban y le encantaba hacerme venir. M&aacute;s a&uacute;n le encantaba desnudarme y quedarse vestido para meterme dedos hasta que me retorciera placer. A menudo no se tocaba antes de que me viniera, como para disfrutar completamente de la posici&oacute;n de voyerista que ten&iacute;a. Yo, imp&uacute;dica y arrecha, le regalaba con gusto e insolencia el espect&aacute;culo de la subida de mi goce. As&iacute;, cuando la toalla en la cual me hab&iacute;a envuelto termin&oacute; por abrirse y caer, desvelando mis senos y mi concha, no pudo detener un suspiro de satisfacci&oacute;n. Su mirada hab&iacute;a sido absorta por la visi&oacute;n de sus dedos brillantes que entraban y sal&iacute;an de mi sexo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te gusta verme as&iacute;? &mdash;le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Uy s&iacute;, qu&eacute; hermosa eres&hellip;<\/p>\n<p>Abr&iacute; las piernas al m&aacute;ximo y entendi&oacute; que quer&iacute;a m&aacute;s. Con la palma hacia arriba y presionando mi cl&iacute;toris con su pulgar, me penetr&oacute; con tres dedos y se qued&oacute; unos segundos as&iacute;, sin mover, para dejarme disfrutar de la sensaci&oacute;n de tener la concha llena. Era una delicia. Aprovechando de este momento de calma, agarr&oacute; uno de mis pezones y empez&oacute; a pellizcarlo. Gem&iacute; m&aacute;s fuerte, este ligero dolor me excitaba terriblemente. Sin mover los dedos que ocupaban mi concha ni soltar mi pez&oacute;n, volvi&oacute; a mirarme a los ojos, con la expresi&oacute;n seria y tensa que ten&iacute;a cuando luchaba para no voltearme y met&eacute;rmela de una vez y con fuerza.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quieres que te haga venir?<\/p>\n<p>&mdash;Con tus dedos&hellip; C&aacute;chame con tus dedos&hellip;<\/p>\n<p>No me contest&oacute; porque hab&iacute;a empezado a lamer mi otro pez&oacute;n con lenguazos hambrientos mientras sus dedos volvieron a moverse, con idas y venidas lentas y profundas. Mis gemidos se aceleraron, se deslizaba dentro de m&iacute; sin ninguna pena, hac&iacute;a tiempo que no hab&iacute;a sido tan excitada y que no me mojaba tanto. Le gustaba tenerme toda empapada, m&aacute;s a&uacute;n cuando llevaba ropa interior de color claro y que me era imposible disimular la mancha que se marcaba en mi calz&oacute;n, evidencia implacable de mi excitaci&oacute;n. Tambi&eacute;n le gustaba mamar y aspirar mis pezones hasta adolorarlos un poco, lo que siempre me mandaba bien lejos. Cuando vio que estaba al borde del orgasmo, separ&oacute; ligeramente sus dedos, que hasta el momento hab&iacute;a mantenido apretados unos contra otros. Era riqu&iacute;simo cuando me abr&iacute;a la concha as&iacute;. Sent&iacute; un cuarto dedo juntarse a los dem&aacute;s y los avanz&oacute; al m&aacute;ximo para met&eacute;rmelos lo m&aacute;s profundo que fuera y se detuvo de nuevo. Presa de mi orgasmo suspendido, gem&iacute;a y mov&iacute;a las caderas como un animal en celo. Dej&oacute; de mamarme y volvi&oacute; a mirarme a los ojos para disfrutar de su momento favorito. Sin mover sus dedos, presion&oacute; fuertemente mi cl&iacute;toris con su pulgar, como si tratara de juntarlo con los dedos que me ten&iacute;a metidos. Mi gemido largo y ronco reson&oacute; en el ba&ntilde;o mientras mi concha se contra&iacute;a sobre su mano.<\/p>\n<p>Cerr&eacute; los ojos unos segundos para recuperar. Mat&iacute;as me bes&oacute; con ternura, feliz de haberme dado un placer tan intenso, pero m&aacute;s arrecho que nunca.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; rico, Sandra, me encanta cuando te vienes &mdash;me dijo mientras se arrodillaba entre mis piernas y se acercaba de mi sexo. &mdash;Te quiero lamer todita.<\/p>\n<p>Hundi&oacute; su cara entre mis piernas y empez&oacute; a lamerme con aplicaci&oacute;n. Al mismo tiempo, abri&oacute; el cierre de su pantal&oacute;n para liberar su verga, dura y tensa, y masturbarse lentamente. Mat&iacute;as pod&iacute;a quedarse as&iacute; durante largos minutos, sabore&aacute;ndome como si fuera una golosina deliciosa. Acerqu&eacute; mi pie de su sexo para acariciarlo. Gimi&oacute; y solt&oacute; su verga, le excitaba mucho que le tocara el sexo con los pies. Suavemente, paseaba a lo largo de su verga con indolencia, de abajo hacia arriba, presionando un poco, para que se quede con una sensaci&oacute;n de masturbaci&oacute;n frustrada. Me lam&iacute;a m&aacute;s r&aacute;pidamente y sent&iacute; que pod&iacute;a venirme de nuevo bajo su lengua. Mis suspiros se aceleraron cuando concentr&oacute; sus amplios lenguazos sobre mi cl&iacute;toris. Le agarr&eacute; la cabeza para pegarlo a mi sexo y presion&eacute; su verga m&aacute;s fuerte con mi pie. Su gemido ahogado fue la chispa que volvi&oacute; a hacerme perder el control. Me penetr&oacute; con su lengua y me vine sob&aacute;ndome en su cara con espasmos incontrolables.<\/p>\n<p>Esta vez, no me dej&oacute; mucho tiempo para recuperarme, se par&oacute; en seguida y se quit&oacute; la ropa con apuros. No aguantaba m&aacute;s las ganas de met&eacute;rmela. Me dio la mano para que me levantara y se puso detr&aacute;s de m&iacute;, bes&aacute;ndome la nuca vorazmente. Me apoy&eacute; en el lavatorio, arque&aacute;ndome para presentarle mi culo. Nuestras miradas se encontraron en el gran espejo que estaba de frente a nosotros y me penetr&oacute; de una vez, desliz&aacute;ndose en mi concha sin ninguna pena. Me miraba con morbo, le encantaba verme as&iacute; cuando me la met&iacute;a, con mis piernas largas, mis muslos firmes y redonditos, abiertos y tensos, mi concha llenada por su verga, mis tetas que saltaban al ritmo de sus movimientos de caderas, mi boca abierta y mis ojos clavados en los suyos. Me agarraba una teta con fuerza mientras su otra mano hab&iacute;a bajado hasta mi sexo para agregar las caricias a la delicia de su penetraci&oacute;n. Su verga dura, cuyas fotos y videos me hab&iacute;an acompa&ntilde;ado para tantos orgasmos solitarios, por fin iba y ven&iacute;a dentro de m&iacute; y, como siempre, me llenaba totalmente. Solt&oacute; mi concha y acerc&oacute; de mi boca los dedos que le hab&iacute;a empapado. Sin dejar de mirarlo, me puse a lamerlos y chuparlos. Sus movimientos se aceleraron, lo escuchaba gemir en mi espalda, al verme as&iacute; de zorra, sacando mi lengua para lamer sus dedos llenos de mi propio jugo, le costaba contener la ola de goce que le invad&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Quiero venirme en tu cara &mdash;me dijo jadeando.<\/p>\n<p>&mdash;Con mucho gusto&hellip;<\/p>\n<p>Me di la vuelta y me arrodill&eacute; con las piernas abiertas para masturbarme. Lo que me acababa de pedir me volv&iacute;a loca, me quer&iacute;a venir mientras me llenaba la cara de leche. Empez&oacute; a pajearse r&aacute;pidamente a la altura de mi cara, lo miraba con febrilidad, boca abierta y sacando la lengua, hipnotizada por su verga brillante que parec&iacute;a estar a punto de explotar. Gimi&oacute; m&aacute;s fuerte, cerr&eacute; los ojos para disfrutar plenamente de la sensaci&oacute;n de su leche c&aacute;lida y espesa que brot&oacute; en abundancia en mis mejillas, en mis parpados y que sent&iacute; caer en mi lengua. Me vine al instante, apretando mi concha con fuerza.<\/p>\n<p>Mat&iacute;as se sent&oacute; en el piso y agarr&oacute; la toalla que hab&iacute;a dejado caer para limpiarme la cara. Nos besamos, sonriendo.<\/p>\n<p>&mdash;Tomaremos otra copita de vino &iquest;no? &mdash;le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>El fin de semana se anunciaba bajo con los mejores auspicios. &mdash;Sandra, soy yo.<\/p>\n<p>Me qued&eacute; con el interfono en la mano, incapaz de pronunciar la menor palabra. Una ola de calor me envolvi&oacute; brutalmente, subiendo de mis piernas hacia mis hombros.<\/p>\n<p>Cuando Mat&iacute;as hab&iacute;a dicho que me visitar&iacute;a en Z&uacute;rich, no le hab&iacute;a cre&iacute;do ni un segundo. Sin embargo, le hab&iacute;a dejado mi direcci&oacute;n en un post-it cuando nos hab&iacute;amos vuelto a encontrar en Santiago. Era m&aacute;s bien para no ofenderlo al insinuar que nunca iba a viajar Suiza que por pensar que un d&iacute;a lo iba a encontrar, bajo su eterna gorra negra, en la entrada del edificio donde yo viv&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Me abres?<\/p>\n<p>Mat&iacute;as era mi ex. Lo hab&iacute;a conocido la primera semana de intercambio universitario en Chile de mi m&aacute;ster. Hab&iacute;amos compartido una mesa de laboratorio, unas cervezas, una cama, y finalmente un peque&ntilde;o estudio. Hab&iacute;a regresado a Suiza al final del a&ntilde;o universitario y hab&iacute;amos tenido la lucidez de abandonar el proyecto de dejar de querernos. A&ntilde;os despu&eacute;s, y a pesar de habernos casado cada uno por su lado, nos segu&iacute;amos deseando con furia. En secreto, nos mand&aacute;bamos fotos y videos excitantes y no perd&iacute;amos una ocasi&oacute;n de masturbarnos juntos a distancia, calent&aacute;ndonos con mensajes y audios. Sol&iacute;amos acompa&ntilde;arnos hacia el orgasmo con una videollamada, disfrutando de vernos venir bajo todos los &aacute;ngulos. Cada vez que compraba ropa interior nueva, regresaba apurada a casa para sacarme fotos y mand&aacute;rselas. Nunca demoraba mucho antes de contestarme con una foto de la erecci&oacute;n que le hab&iacute;a provocado la vista de mi culo, que las peque&ntilde;as piezas de encaje que eleg&iacute;a no ocultaban para nada. Yo la recib&iacute;a con mucha satisfacci&oacute;n y a menudo empezaba a tocarme llevando mis nuevos atuendos. Lo que m&aacute;s me gustaba era cuando sacaba una foto al bulto que ten&iacute;a en su entrepierna mientras estaba en su escritorio, en la oficina donde trabajaba. Me excitaba mucho saber que ten&iacute;a que aguantar sus ganas y esperar que sus colegas salieran a almorzar para ir al ba&ntilde;o y pajearse fren&eacute;ticamente como un adolescente frustrado. A veces me mandaba videos de cuando se ven&iacute;a. Guardaba las preciosas im&aacute;genes del semen choreando a lo largo de su verga, siempre acompa&ntilde;adas por su delicioso suspiro de alivio, y las miraba en el preciso momento de venirme cuando me masturbaba. Mat&iacute;as era mi inspiraci&oacute;n infalible y mi detonante favorito.<\/p>\n<p>Hac&iacute;a unos meses, hab&iacute;a tenido que viajar a Santiago para coordinar un proyecto de investigaci&oacute;n internacional en biolog&iacute;a. Menos de dos horas despu&eacute;s del aterrizaje de mi avi&oacute;n, est&aacute;bamos tirando en el piso de la habitaci&oacute;n de mi hotel, sin tomar el tiempo de llegar a la cama ni de quitarnos toda la ropa. Hab&iacute;a sido un reencuentro rico y animal, reanudando con las costumbres de nuestro pasado de novios, mir&aacute;ndonos a los ojos y sonriendo mientras nos agarr&aacute;bamos el cabello y nos ara&ntilde;&aacute;bamos la espalda. Siempre hab&iacute;amos sido excelentes en el sexo y nos hab&iacute;amos extra&ntilde;ado mucho. Era la primera vez que enga&ntilde;&aacute;bamos a nuestras parejas respectivas y la culpabilidad hab&iacute;a sido totalmente anihilada por el goce y la arrechura que compart&iacute;amos. Me hab&iacute;a quedado all&iacute; una peque&ntilde;a semana durante la cual nos las hab&iacute;amos ingeniado para vernos todos los d&iacute;as y disfrutar el uno del otro sin l&iacute;mites. Cuando viv&iacute;amos juntos, a pesar de tener una intimidad entusiasta e impetuosa, nunca hab&iacute;amos conseguido superar algunos complejos o miedos, temiendo que ciertos deseos, aficiones o gustitos inconfesables pudieran incomodar al otro. Entonces, libres de cualquier forma de presi&oacute;n con respecto a la perennidad de una relaci&oacute;n de pareja y franqueando las antiguas barreras, hab&iacute;amos descubierto nuevos placeres. En nuestro nuevo p&oacute;dium del sexo hab&iacute;an tomado posici&oacute;n varias innovaciones nuestras, como por ejemplo sentarme en su cara para que me lamiera o tambi&eacute;n que me escupiera en la boca mientras me cachaba. La versi&oacute;n descontrolada de nosotros hab&iacute;a sido una maravilla, un desfogo total y necesario.<\/p>\n<p>Las im&aacute;genes de este reencuentro invadieron mi mente al escuchar su voz.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Mat&iacute;as?<\/p>\n<p>&mdash;Sandra, hace un fr&iacute;o tremendo, &iexcl;abre!<\/p>\n<p>Abr&iacute; la ventana para agacharme y mirar la entrada del edificio. Era &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;No puede ser&hellip; &mdash;dije para m&iacute; misma &mdash;&iexcl;Te abro, sube! Est&aacute; en el quinto piso.<\/p>\n<p>Por suerte para &eacute;l, aquel d&iacute;a hab&iacute;a regresado temprano de la universidad donde era profesora. Mi esposo se hab&iacute;a ido de viaje para el fin de semana con un par de amigos y yo hab&iacute;a decidido aprovechar estos d&iacute;as libres para hacer algunas cosas que no ten&iacute;an espacio en la vida marital. As&iacute;, cuando hab&iacute;a sonado el interfono, estaba cumpliendo con un total clich&eacute; de treinta&ntilde;era soltera: me acababa de meter en una ba&ntilde;era llena de espuma de jab&oacute;n, con una copa de vino en una mano y un cigarro en la otra. Hab&iacute;a puesto mi laptop en un banquito justo al lado y empezaba unos de mis videos porno favoritos. Era de dos chicas que probaban juguetes una con otra y, definitivamente, el ejercicio les procuraba un placer intenso. Sudaban, se besaban, se lam&iacute;an, se penetraban y se ven&iacute;an varias veces, con caras exaltadas y l&uacute;bricas. Estaba a punto de dedicarme a 40 minutos de masturbaci&oacute;n, inspirada por estas dos morbosas y la variedad de consoladores que empe&ntilde;aban en chupar y meterse mutuamente en la concha o en el culo. Sab&iacute;a que ten&iacute;a el tiempo de fumar un cigarro antes de que se viniera la m&aacute;s carnosa. Despu&eacute;s de verla gemir en cuatro, con sus tetas pesadas que balanceaban, arque&aacute;ndose para sentir mejor las idas y venidas del juguete con lo cual la cachaba su amiguita, me era complicado resistir a las ganas de tocarme. Siempre me fascin&oacute; la expresi&oacute;n que tiene la gente en el momento de venirse, es m&aacute;s, creo que es la cosa que m&aacute;s me fascina en el mundo. Se puede mandar robots en Marte, descubrir nuevas medicinas, tesoros arqueol&oacute;gicos o medios revolucionarios de protecci&oacute;n medioambiental, construir edificios inmensos o crear m&uacute;sica sinf&oacute;nica: ning&uacute;n logro del ser humano llega a conmoverme m&aacute;s que su cara deformada por la intensidad de un orgasmo. Por eso hab&iacute;a esperado que sonara el interfono por segunda vez antes de tomarme la pena de salir de mi ba&ntilde;era. Pensado que era un vecino a qui&eacute;n se le hab&iacute;a olvidado las llaves, no hab&iacute;a tomado la pena de vestirme y hab&iacute;a atravesado el departamento calata y sin secarme, dejando agua por todo el piso.<\/p>\n<p>Al invitarlo a subir, me hab&iacute;a precipitado para agarrar una bata, cerr&aacute;ndola con un nudo torpe y blando, y le hab&iacute;a abierto la puerta as&iacute;, con el mo&ntilde;o desordenado que sol&iacute;a hacer para ba&ntilde;arme, mi copa de vino todav&iacute;a en la mano y, lo confieso, algo de incomodidad. Sonri&oacute; al descubrirme as&iacute; y me abraz&oacute; como se abraza a los amigos. Me explic&oacute; que hab&iacute;a llegado el d&iacute;a de antes a Suiza, invitado por una universidad para participar a un coloquio internacional. Mat&iacute;as tambi&eacute;n era bi&oacute;logo, bastante reconocido en Chile, pero por primera vez viajaba a Europa para presentar el resultado de sus investigaciones.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no me avisaste que viajabas?<\/p>\n<p>&mdash;Para hacerte la sorpresa, pero no te quiero molestar. Est&aacute;s esperando a tu esposo &iquest;no? &mdash;me contest&oacute; mirando mi copa de vino.<\/p>\n<p>&mdash;No, sali&oacute; con sus amigos para el fin de semana. Estaba a punto de ba&ntilde;arme. &iquest;Quieres una copa?<\/p>\n<p>Sonri&oacute;, travieso.<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto.<\/p>\n<p>Empezamos a conversar, d&aacute;ndonos las ultimas noticias de nuestras vidas mientras lo serv&iacute;a. Como siempre ten&iacute;amos muchas cosas que contarnos, la conversaci&oacute;n flu&iacute;a, alegre y entusiasta. Cuando me vio ajustar el cintur&oacute;n de mi bata se cort&oacute; en medio de una frase.<\/p>\n<p>&mdash;No te quer&iacute;a interrumpir, anda a ba&ntilde;arte, conversamos luego, te espero.<\/p>\n<p>Regres&eacute; al ba&ntilde;o r&aacute;pidamente. Las dos chicas segu&iacute;an divirti&eacute;ndose en la pantalla de mi laptop. Me apur&eacute; en cerrarla, algo avergonzada por el entretenimiento que ten&iacute;a planeado para noche. Mis fantas&iacute;as lesbianas y en particular mi deseo intenso de lamer y chupar tetas formaban parte de las cosas que no compart&iacute;a con nadie.<\/p>\n<p>Dej&eacute; caer mi bata en el piso, entr&eacute; en la ba&ntilde;era y apenas cerr&eacute; la cortina que escuch&eacute; a mi espalda:<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Se puede fumar en tu ba&ntilde;o?<\/p>\n<p>Entreabr&iacute; un poco la cortina para sacar la cabeza. Mat&iacute;as me hab&iacute;a seguido y ya lo ten&iacute;a tranquilamente apoyado al lavadero con su copa de vino, a punto de prender el cigarro que ten&iacute;a entre los labios.<\/p>\n<p>&mdash;Me acord&eacute; que te gustaba conversar cuando te ba&ntilde;abas, &mdash;sigui&oacute;, bajando la tapa del inodoro para sentarse en &eacute;l, &mdash;&iquest;quieres?<\/p>\n<p>&mdash;Ahora es un poco raro, pero claro, me gusta tener compa&ntilde;&iacute;a hasta bajo la ducha, &mdash;le contest&eacute; antes de volver a cerrar la cortina. &mdash;Y, s&iacute;, puedes fumar. Fumo donde me da la gana cuando no est&aacute; mi esposo.<\/p>\n<p>Seguimos conversando mientras me lavaba el cabello y me jaboneaba todo el cuerpo. Era imposible negar que la situaci&oacute;n me excitaba. Al darme la vuelta para enjuagarme, la cortina fina se peg&oacute; contra mis nalgas. Mat&iacute;as tuvo el gusto de ver sus formas dibujarse n&iacute;tidamente en la tela que el contacto con mi piel mojada volv&iacute;a transparente. Escuch&eacute; un &ldquo;Uhm, interesante&hellip;&rdquo;, ligeramente burl&oacute;n, antes de que continuara lo que me contaba. Me gustaba saber que me hab&iacute;a visto, ya le ten&iacute;a ganas y era claro que &eacute;l tambi&eacute;n. &Eacute;ramos incapaces de resistir a la atracci&oacute;n sexual que compart&iacute;amos, pero parec&iacute;a que ten&iacute;amos ganas de jugar un poco a los desinteresados.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Estabas mirando una pel&iacute;cula en tu ba&ntilde;era cuando llegu&eacute;? &mdash;me pregunt&oacute; al ver mi laptop en el banquito.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, estaba en eso, tranquilita con una copa de vino y un cigarro.<\/p>\n<p>No lo ve&iacute;a, pero hab&iacute;a agarrado la m&aacute;quina y la hab&iacute;a abierta, descubriendo la naturaleza de mi selecci&oacute;n audiovisual. Termin&eacute; mi ducha y cort&eacute; el agua, extend&iacute; el brazo afuera para agarrar una toalla y me sequ&eacute; r&aacute;pidamente antes de envolverme en ella. Cuando abr&iacute; la cortina, Mat&iacute;as ten&iacute;a la laptop sobre sus rodillas y me miraba con una expresi&oacute;n de gula febril.<\/p>\n<p>&mdash;Le puse &ldquo;play&rdquo;, para ver qu&eacute; era&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; te pareci&oacute;?<\/p>\n<p>Calentada por la situaci&oacute;n y la tensi&oacute;n sexual que empezaba a ser evidente entre nosotros, le hab&iacute;a contestado sonriendo, mir&aacute;ndolo a los ojos mientras sal&iacute;a de la ba&ntilde;era. A modo de respuesta, agarr&oacute; mi mu&ntilde;eca para llevar mi mano a su entrepierna. Sent&iacute; su verga dura a trav&eacute;s de su pantal&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Veo que en este g&eacute;nero tambi&eacute;n compartimos los mismos gustos cinematogr&aacute;ficos &mdash;le dije, sin retirar mi mano, al contrario.<\/p>\n<p>Hubo un silencio en lo cual se escuchaba la respiraci&oacute;n de Mat&iacute;as que se aceleraba. Me sent&eacute; en el borde de la ba&ntilde;era, sin dejar de acariciarlo ni de sostener su mirada. Sent&iacute;a que mi cl&iacute;toris se estaba hinchando, con una ola de calor y un ligero picaz&oacute;n que pronto iba a volverse casi doloroso si no me tocara. En el movimiento de sentarme, mis labios se deslizaron uno contra otro. Sin darme cuenta, me hab&iacute;a empezado a mojar. Desde la noche en la cual nos hab&iacute;amos conocido, nunca hab&iacute;a dejado de desearlo. Le bastaba una mirada para prenderme. A pesar de haber recorrido su cuerpo tantas veces, su piel, sus labios, sus manos y obviamente su sexo me segu&iacute;an atrayendo como imanes.<\/p>\n<p>Puso su mano en mi muslo y empez&oacute; a subir lentamente debajo de la toalla. Acerc&oacute; su cara para besarme y se detuvo a unos cent&iacute;metros de mis labios, para prolongar un poquito la espera del beso que nos iba a reunir. Le agarr&eacute; la nuca para acercarlo y mis labios entreabiertos encontraron los suyos. Su lengua empez&oacute; a acariciar la m&iacute;a, mientras sus dedos llegaron a mi sexo. Abr&iacute; ligeramente las piernas a modo de invitaci&oacute;n, &eacute;l sab&iacute;a exactamente c&oacute;mo tocarme. Era, sin ninguna duda, el &uacute;nico hombre capaz de hacerme venir m&aacute;s r&aacute;pidamente que yo masturb&aacute;ndome. Comenz&oacute; como siempre por tomar mi concha en la mano, con la delicadeza con la cual se toma una fruta madura y jugosa, y amasarla suavemente. Los primeros escalofr&iacute;os de placer me recorrieron la espalda. Me segu&iacute;a mirando a los ojos, con los labios todav&iacute;a entreabiertos por nuestro beso. Sus dedos empezaron a jugar con mis labios, desliz&aacute;ndose entre ellos de arriba hasta abajo, lentamente. Gem&iacute; y abr&iacute; las piernas m&aacute;s a&uacute;n, avanzando mis caderas hacia &eacute;l. Hab&iacute;a dejado su entrepierna para apoyarme con las dos manos al borde de la tina. Me entregaba a sus dedos expertos que no tardaron mucho antes de penetrarme. Las idas y venidas de dos de sus dedos me electrizaban y gem&iacute;a m&aacute;s fuerte. Mat&iacute;as conoc&iacute;a los gestos que me gustaban y le encantaba hacerme venir. M&aacute;s a&uacute;n le encantaba desnudarme y quedarse vestido para meterme dedos hasta que me retorciera placer. A menudo no se tocaba antes de que me viniera, como para disfrutar completamente de la posici&oacute;n de voyerista que ten&iacute;a. Yo, imp&uacute;dica y arrecha, le regalaba con gusto e insolencia el espect&aacute;culo de la subida de mi goce. As&iacute;, cuando la toalla en la cual me hab&iacute;a envuelto termin&oacute; por abrirse y caer, desvelando mis senos y mi concha, no pudo detener un suspiro de satisfacci&oacute;n. Su mirada hab&iacute;a sido absorta por la visi&oacute;n de sus dedos brillantes que entraban y sal&iacute;an de mi sexo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te gusta verme as&iacute;? &mdash;le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Uy s&iacute;, qu&eacute; hermosa eres&hellip;<\/p>\n<p>Abr&iacute; las piernas al m&aacute;ximo y entendi&oacute; que quer&iacute;a m&aacute;s. Con la palma hacia arriba y presionando mi cl&iacute;toris con su pulgar, me penetr&oacute; con tres dedos y se qued&oacute; unos segundos as&iacute;, sin mover, para dejarme disfrutar de la sensaci&oacute;n de tener la concha llena. Era una delicia. Aprovechando de este momento de calma, agarr&oacute; uno de mis pezones y empez&oacute; a pellizcarlo. Gem&iacute; m&aacute;s fuerte, este ligero dolor me excitaba terriblemente. Sin mover los dedos que ocupaban mi concha ni soltar mi pez&oacute;n, volvi&oacute; a mirarme a los ojos, con la expresi&oacute;n seria y tensa que ten&iacute;a cuando luchaba para no voltearme y met&eacute;rmela de una vez y con fuerza.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quieres que te haga venir?<\/p>\n<p>&mdash;Con tus dedos&hellip; C&aacute;chame con tus dedos&hellip;<\/p>\n<p>No me contest&oacute; porque hab&iacute;a empezado a lamer mi otro pez&oacute;n con lenguazos hambrientos mientras sus dedos volvieron a moverse, con idas y venidas lentas y profundas. Mis gemidos se aceleraron, se deslizaba dentro de m&iacute; sin ninguna pena, hac&iacute;a tiempo que no hab&iacute;a sido tan excitada y que no me mojaba tanto. Le gustaba tenerme toda empapada, m&aacute;s a&uacute;n cuando llevaba ropa interior de color claro y que me era imposible disimular la mancha que se marcaba en mi calz&oacute;n, evidencia implacable de mi excitaci&oacute;n. Tambi&eacute;n le gustaba mamar y aspirar mis pezones hasta adolorarlos un poco, lo que siempre me mandaba bien lejos. Cuando vio que estaba al borde del orgasmo, separ&oacute; ligeramente sus dedos, que hasta el momento hab&iacute;a mantenido apretados unos contra otros. Era riqu&iacute;simo cuando me abr&iacute;a la concha as&iacute;. Sent&iacute; un cuarto dedo juntarse a los dem&aacute;s y los avanz&oacute; al m&aacute;ximo para met&eacute;rmelos lo m&aacute;s profundo que fuera y se detuvo de nuevo. Presa de mi orgasmo suspendido, gem&iacute;a y mov&iacute;a las caderas como un animal en celo. Dej&oacute; de mamarme y volvi&oacute; a mirarme a los ojos para disfrutar de su momento favorito. Sin mover sus dedos, presion&oacute; fuertemente mi cl&iacute;toris con su pulgar, como si tratara de juntarlo con los dedos que me ten&iacute;a metidos. Mi gemido largo y ronco reson&oacute; en el ba&ntilde;o mientras mi concha se contra&iacute;a sobre su mano.<\/p>\n<p>Cerr&eacute; los ojos unos segundos para recuperar. Mat&iacute;as me bes&oacute; con ternura, feliz de haberme dado un placer tan intenso, pero m&aacute;s arrecho que nunca.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; rico, Sandra, me encanta cuando te vienes &mdash;me dijo mientras se arrodillaba entre mis piernas y se acercaba de mi sexo. &mdash;Te quiero lamer todita.<\/p>\n<p>Hundi&oacute; su cara entre mis piernas y empez&oacute; a lamerme con aplicaci&oacute;n. Al mismo tiempo, abri&oacute; el cierre de su pantal&oacute;n para liberar su verga, dura y tensa, y masturbarse lentamente. Mat&iacute;as pod&iacute;a quedarse as&iacute; durante largos minutos, sabore&aacute;ndome como si fuera una golosina deliciosa. Acerqu&eacute; mi pie de su sexo para acariciarlo. Gimi&oacute; y solt&oacute; su verga, le excitaba mucho que le tocara el sexo con los pies. Suavemente, paseaba a lo largo de su verga con indolencia, de abajo hacia arriba, presionando un poco, para que se quede con una sensaci&oacute;n de masturbaci&oacute;n frustrada. Me lam&iacute;a m&aacute;s r&aacute;pidamente y sent&iacute; que pod&iacute;a venirme de nuevo bajo su lengua. Mis suspiros se aceleraron cuando concentr&oacute; sus amplios lenguazos sobre mi cl&iacute;toris. Le agarr&eacute; la cabeza para pegarlo a mi sexo y presion&eacute; su verga m&aacute;s fuerte con mi pie. Su gemido ahogado fue la chispa que volvi&oacute; a hacerme perder el control. Me penetr&oacute; con su lengua y me vine sob&aacute;ndome en su cara con espasmos incontrolables.<\/p>\n<p>Esta vez, no me dej&oacute; mucho tiempo para recuperarme, se par&oacute; en seguida y se quit&oacute; la ropa con apuros. No aguantaba m&aacute;s las ganas de met&eacute;rmela. Me dio la mano para que me levantara y se puso detr&aacute;s de m&iacute;, bes&aacute;ndome la nuca vorazmente. Me apoy&eacute; en el lavatorio, arque&aacute;ndome para presentarle mi culo. Nuestras miradas se encontraron en el gran espejo que estaba de frente a nosotros y me penetr&oacute; de una vez, desliz&aacute;ndose en mi concha sin ninguna pena. Me miraba con morbo, le encantaba verme as&iacute; cuando me la met&iacute;a, con mis piernas largas, mis muslos firmes y redonditos, abiertos y tensos, mi concha llenada por su verga, mis tetas que saltaban al ritmo de sus movimientos de caderas, mi boca abierta y mis ojos clavados en los suyos. Me agarraba una teta con fuerza mientras su otra mano hab&iacute;a bajado hasta mi sexo para agregar las caricias a la delicia de su penetraci&oacute;n. Su verga dura, cuyas fotos y videos me hab&iacute;an acompa&ntilde;ado para tantos orgasmos solitarios, por fin iba y ven&iacute;a dentro de m&iacute; y, como siempre, me llenaba totalmente. Solt&oacute; mi concha y acerc&oacute; de mi boca los dedos que le hab&iacute;a empapado. Sin dejar de mirarlo, me puse a lamerlos y chuparlos. Sus movimientos se aceleraron, lo escuchaba gemir en mi espalda, al verme as&iacute; de zorra, sacando mi lengua para lamer sus dedos llenos de mi propio jugo, le costaba contener la ola de goce que le invad&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Quiero venirme en tu cara &mdash;me dijo jadeando.<\/p>\n<p>&mdash;Con mucho gusto&hellip;<\/p>\n<p>Me di la vuelta y me arrodill&eacute; con las piernas abiertas para masturbarme. Lo que me acababa de pedir me volv&iacute;a loca, me quer&iacute;a venir mientras me llenaba la cara de leche. Empez&oacute; a pajearse r&aacute;pidamente a la altura de mi cara, lo miraba con febrilidad, boca abierta y sacando la lengua, hipnotizada por su verga brillante que parec&iacute;a estar a punto de explotar. Gimi&oacute; m&aacute;s fuerte, cerr&eacute; los ojos para disfrutar plenamente de la sensaci&oacute;n de su leche c&aacute;lida y espesa que brot&oacute; en abundancia en mis mejillas, en mis parpados y que sent&iacute; caer en mi lengua. Me vine al instante, apretando mi concha con fuerza.<\/p>\n<p>Mat&iacute;as se sent&oacute; en el piso y agarr&oacute; la toalla que hab&iacute;a dejado caer para limpiarme la cara. Nos besamos, sonriendo.<\/p>\n<p>&mdash;Tomaremos otra copita de vino &iquest;no? &mdash;le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>El fin de semana se anunciaba bajo con los mejores auspicios.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 19<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>&mdash;Sandra, soy yo. Me qued&eacute; con el interfono en la mano, incapaz de pronunciar la menor palabra. Una ola de calor me envolvi&oacute; brutalmente, subiendo de mis piernas hacia mis hombros. Cuando Mat&iacute;as hab&iacute;a dicho que me visitar&iacute;a en Z&uacute;rich, no le hab&iacute;a cre&iacute;do ni un segundo. Sin embargo, le hab&iacute;a dejado mi direcci&oacute;n en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":20157,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":{"0":"post-36542","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-infidelidad"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/36542","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/20157"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=36542"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/36542\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=36542"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=36542"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=36542"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}