{"id":36673,"date":"2022-07-23T22:00:00","date_gmt":"2022-07-23T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-07-23T22:00:00","modified_gmt":"2022-07-23T22:00:00","slug":"servicio-domestico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/servicio-domestico\/","title":{"rendered":"Servicio dom\u00e9stico"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"36673\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Mar&iacute;a Isabel de los Montes se levant&oacute; de la silla, tom&oacute; en su mano enguantada un peque&ntilde;o espejo y se mir&oacute; el rostro.<\/p>\n<p>Sonri&oacute;.<\/p>\n<p>El recogido de su cabello era impecable, el maquillaje, rosa p&aacute;lido, hac&iacute;a juego con su vestido y sus delicados guantes; sus carnosos labios pintados de rojo transmit&iacute;an el necesario toque de sensualidad que acompa&ntilde;a a quien est&aacute; acostumbrado a tener todo lo que quiere.<\/p>\n<p>Suspir&oacute; y mir&oacute; a trav&eacute;s del cristal de un gran ventanal.<\/p>\n<p>Fuera, el primaveral y soleado d&iacute;a hab&iacute;a dado paso a una tarde con nubes de tonos rojizos que anunciaban viento. La primavera hab&iacute;a comenzado hac&iacute;a solo unos d&iacute;as y todav&iacute;a se notaba en el ambiente un frescor m&aacute;s propio del invierno.<\/p>\n<p>Unos golpecitos en la puerta seguidos del familiar quejido de las jambas cuando se abri&oacute;, hicieron que Isabel apartase los ojos del paisaje.<\/p>\n<p>Una joven sirvienta de piel p&aacute;lida, constituci&oacute;n delgada y mirada risue&ntilde;a entr&oacute; con una bandeja de plata.<\/p>\n<p>-Su manzanilla. -dijo dejando una tacita sobre el mantel floreado de una mesa.<\/p>\n<p>-Gracias Teresa. -respondi&oacute; la mujer tomando asiento y llev&aacute;ndose la taza a los labios.<\/p>\n<p>-&iexcl;Quema! -dijo cuando prob&oacute; la infusi&oacute;n.<\/p>\n<p>Teresa se puso nerviosa y balbuce&oacute; algunas palabras de disculpa.<\/p>\n<p>-Llama a Sebastian. -orden&oacute; Isabel.<\/p>\n<p>Sebastian era un hombre maduro que desempe&ntilde;aba la funci&oacute;n de mayordomo y jefe de servicio. Adem&aacute;s de a Teresa, ten&iacute;a a su cargo a la cocinera, al encargado del jard&iacute;n y al mozo de cuadras.<\/p>\n<p>La doncella le cont&oacute; brevemente lo que hab&iacute;a ocurrido.<\/p>\n<p>-Est&aacute; bien. Vamos a ver a la se&ntilde;ora. -dijo sin poder disfrazar un tono de disgusto.<\/p>\n<p>Le gustaba el orden y las cosas bien hechas. En el fondo admiraba a su se&ntilde;ora. Ten&iacute;a claro su papel de empleado, siempre dispuesto a cumplir &oacute;rdenes. Sab&iacute;a que entre su mundo y el de do&ntilde;a Isabel hab&iacute;a un abismo infranqueable, y que &eacute;l, por muy bien que lo hiciese nunca estar&iacute;a ah&iacute;. Su meta era simple, que la se&ntilde;ora no tuviera quejas.<\/p>\n<p>Camino a la estancia observ&oacute; a Teresa. Estaba nerviosa y a su juicio, ese nerviosismo estaba m&aacute;s que justificado. Su se&ntilde;ora no se andaba con chiquitas. Una vez, pill&oacute; al mozo con la cocinera en el establo practicando sexo. El acto en s&iacute; no estaba prohibido, siempre que tuviese lugar fuera del horario laboral. Recordaba como si fuera ayer la escena. El chico, desnudo de cintura para abajo pidiendo perd&oacute;n, a su lado su compa&ntilde;era, con los mofletes colorados y las tetas al aire. No le sirvi&oacute; de mucho. Do&ntilde;a Isabel mand&oacute; que desnudaran por completo al mozo y que fuese amarrado a un poste de madera. Luego, usando un manojo de ramas de abedul, le azot&oacute; en espalda y culo durante un buen rato.<\/p>\n<p>La cocinera ocup&oacute; el mismo lugar poco despu&eacute;s, en su caso los golpes se concentraron en las nalgas, y aunque el castigo fue m&aacute;s breve, no pudo evitar las l&aacute;grimas.<\/p>\n<p>****************<\/p>\n<p>Isabel recibi&oacute; a mayordomo y doncella sujetando una vara entre sus manos.<\/p>\n<p>-Ven aqu&iacute; Teresa, apoya las manos en la pared e incl&iacute;nate.<\/p>\n<p>La joven obedeci&oacute;.<\/p>\n<p>Isabel, ante la atenta mirada del mayordomo, levant&oacute; la falda del uniforme de su empleada y de un tir&oacute;n le bajo las bragas dejando a la vista un culito prieto, p&aacute;lido y algo desinflado.<\/p>\n<p>-Sebastian, &iquest;qu&eacute; te parece el culo de Teresa? Bonito, &iquest;verdad?<\/p>\n<p>-S&iacute; se&ntilde;ora, es un bonito culo.<\/p>\n<p>Isabel se quit&oacute; un guante y toc&oacute; las nalgas de la muchacha. Eran tiernas y suaves.<\/p>\n<p>Luego cogi&oacute; la vara y la hizo silbar dos veces.<\/p>\n<p>-Esto no es solo por lo de hoy.<\/p>\n<p>Unos segundos despu&eacute;s azot&oacute; el trasero.<\/p>\n<p>Sebastian sigui&oacute; el castigo con su habitual seriedad, tratando de controlar el tama&ntilde;o de su pene. Su intento no resulto exitoso. No solo era la escena del culete contray&eacute;ndose y movi&eacute;ndose en un intento f&uacute;til de escapar al correctivo, era tambi&eacute;n su se&ntilde;ora, su mirada, sus pechos que a buen seguro estaban duros ante semejante espect&aacute;culo. De alg&uacute;n modo, esa mujer, bajo esa aparente estampa de control, transmit&iacute;a sensualidad, dominaci&oacute;n, poder. Por un instante el mayordomo deseo estar en lugar de la doncella. No se trataba de experimentar el escozor de la vara mordiendo la carne, no, se trataba de ser el foco de atenci&oacute;n, el origen, la fuente de esa excitaci&oacute;n que su se&ntilde;ora no pod&iacute;a ocultar.<\/p>\n<p>Terminado el castigo. Teresa cubri&oacute; su trasero, dio las gracias y se retir&oacute;.<\/p>\n<p>Sebastian la sigui&oacute;.<\/p>\n<p>-Espera Sebastian. -dijo Isabel.<\/p>\n<p>La criada se detuvo un instante para mirar al mayordomo y luego sali&oacute; de la habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>-Sebastian esta es la en&eacute;sima negligencia del servicio dom&eacute;stico.<\/p>\n<p>El aludido trag&oacute; saliva, fue a decir algo, pero opt&oacute; por el silencio.<\/p>\n<p>-Creo que va siendo hora de que aprendas algo&#8230; adem&aacute;s, &iquest;te gusta verdad? No seas tan correcto&#8230; he visto como me miras los senos. Seguro que te gustar&iacute;a chuparlos.<\/p>\n<p>El hombre se puso tenso, el crecido bulto bajo los pantalones le delataba.<\/p>\n<p>-Va a explotar. -dijo la se&ntilde;ora se&ntilde;al&aacute;ndolo con la vara.<\/p>\n<p>-B&aacute;jate los pantalones y los calzoncillos.<\/p>\n<p>Sebastian, que no estaba seguro de que aquello fuese real, obedeci&oacute;.<\/p>\n<p>La mujer observ&oacute; el erguido miembro.<\/p>\n<p>-Eres un poco travieso. Ven aqu&iacute;, de rodillas, camina a cuatro patas.<\/p>\n<p>Isabel se sent&oacute; en una silla y se levant&oacute; el vestido. Luego se baj&oacute; las bragas hasta los tobillos dejando a la vista su co&ntilde;o peludo.<\/p>\n<p>-Pens&aacute;ndolo mejor las tetas pueden esperar. Ven, mete tu carita en el bosque y comienza a lamerme con la lengua.<\/p>\n<p>El contacto h&uacute;medo de la lengua del var&oacute;n con sus partes le hizo soltar un gemido.<\/p>\n<p>Cogi&oacute; la vara con su mano derecha y descarg&oacute; un latigazo en la nalga del mayordomo.<\/p>\n<p>Escoc&iacute;a y, sin embargo, su miembro estaba cada vez m&aacute;s duro.<\/p>\n<p>Los azotes siguieron llegando de modo irregular. Sebastian chupaba y lam&iacute;a con ansia, azuzado por los grititos de placer de su se&ntilde;ora.<\/p>\n<p>El semen salt&oacute; tres minutos despu&eacute;s, la corriente de placer le hizo jadear. Se levant&oacute; con una mezcla de torpeza y ansiedad, la mirada algo borrosa, el objetivo claro.<\/p>\n<p>Sus manos se cerraron sobre los senos de su se&ntilde;ora y sin pensar en las consecuencias, la bes&oacute; en la boca.<\/p>\n<p>Isabel le abofete&oacute; para luego ser ella la que tomaba la iniciativa de un nuevo beso salvaje con lengua y mucha saliva.<\/p>\n<p>FIN<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Mar&iacute;a Isabel de los Montes se levant&oacute; de la silla, tom&oacute; en su mano enguantada un peque&ntilde;o espejo y se mir&oacute; el rostro. Sonri&oacute;. 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