{"id":37068,"date":"2022-08-20T22:00:00","date_gmt":"2022-08-20T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-08-20T22:00:00","modified_gmt":"2022-08-20T22:00:00","slug":"la-curvy-deseada-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-curvy-deseada-1\/","title":{"rendered":"La curvy deseada (1)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"37068\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">3<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Rosal&iacute;a era una mujer atractiva. Hab&iacute;a llegado a los cincuenta, pero manten&iacute;a un encanto especial para los varones. Dotada de un busto exuberante y caderas anchas, atra&iacute;a al g&eacute;nero masculino.<\/p>\n<p>Era una mujer morena, aunque por arte de la peluquer&iacute;a luc&iacute;a un pelo pelirrojo oscuro que le deba un atractivo especial. Alta, de complexi&oacute;n mas bien fuerte manten&iacute;a unas definidas curvas gracias a sus caderas anchas, a las que a&ntilde;ad&iacute;a un busto exuberante que no la permit&iacute;a pasar desapercibida.<\/p>\n<p>Cuando se dirig&iacute;a al trabajo cada ma&ntilde;ana, se sent&iacute;a observada por los hombres que compart&iacute;an el metro con ella. Era una mujer que no pasaba desapercibida. Vest&iacute;a con discreta elegancia, porque era de estas personas que lo que se pongan les sienta bien. Sab&iacute;a sacar partido de su cuerpo, y a&ntilde;ad&iacute;a a su encanto natural un cuidado, pero sencillo maquillaje.<\/p>\n<p>Al mediod&iacute;a, a la hora del almuerzo que consum&iacute;a en el comedor de la propia empresa, sal&iacute;a unos veinte minutos a tomar un caf&eacute; a un bar cercano. All&iacute; coincid&iacute;a con un caballero que discretamente la observaba, pero, que nunca se le acerc&oacute; ni siquiera hizo adem&aacute;n para ello. Rosal&iacute;a, si que se fij&oacute; en el hombre, bien vestido de una edad similar a la suya, que la segu&iacute;a con los ojos, y cada vez con mayor atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>Un d&iacute;a, era jueves, y al entrar en la cafeter&iacute;a vio al caballero sentado en una mesa, sin nadie alrededor, y la muchacha sinti&oacute; el deseo de conocer a su admirador silencioso. Aprovechando que en la barra no hab&iacute;a sitio y las dem&aacute;s mesas estaban ocupadas se acerc&oacute; y con suaves modales le espet&oacute;, &ldquo;Hola, le importa que me siente, est&aacute; todo lleno y no dispongo de demasiado tiempo para tomar el caf&eacute;&quot;.<\/p>\n<p>El caballero amable y sonriente le hizo un gesto de aprobaci&oacute;n refrendado por las palabras &quot;ser&aacute; un placer compartir la mesa con usted&quot; &quot;Me llamo Carlos&quot; dijo y alarg&oacute; su mano.<\/p>\n<p>Rosal&iacute;a, con una repuesta de manual se qued&oacute; algo azorada &quot;mucho gusto, yo soy Rosal&iacute;a&quot; Vio que Carlos, ahora ya sin recato la repasaba de arriba a abajo.<\/p>\n<p>&quot;Trabaja por aqu&iacute;&quot; -le inquiri&oacute;. Y as&iacute;, de esta manera repleta de formalismos se inici&oacute; la conversaci&oacute;n entre ambos. &quot;Si, en el edifico de enfrente y usted tambi&eacute;n est&aacute; por la zona, no, me parece haberle visto alguna vez&quot;. Su interlocutor le explic&oacute; que trabajaba justo en el edificio del lado, ocupado por las oficinas de un grupo inversor.<\/p>\n<p>Rosal&iacute;a se dio cuenta del descaro con el que Carlos la miraba, eso si con una sonrisa elegante, de categor&iacute;a. Los ojos de su interlocutor se fijaron en su rostro, bien maquillado, sin estridencias, pero con un rojo carm&iacute;n que perfilaba sus labios carnosos, luego, descend&iacute;an hacia su busto y cuando se levant&oacute; para ir al servicio, percibi&oacute; que la repasaba de arriba abajo, sin duda sus caderas, anchas y sugerentes hab&iacute;an sido el objetivo de su contemplaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Al regresar del ba&ntilde;o la mujer se despidi&oacute; de su interlocutor, con &quot;he de volver al trabajo, encantada de que me aceptara en su mesa, ya nos veremos&quot;. El caballero cort&eacute;s se levant&oacute; y le espet&oacute; &ldquo;seguro que si, siempre tendr&aacute; un lugar en mi mesa&quot;.<\/p>\n<p>Sonaban las seis de la tarde, hora de concluir la tarea. La intuici&oacute;n femenina le sugiri&oacute; a Rosal&iacute;a que Carlos se har&iacute;a el encontradizo con ella. No fue as&iacute; exactamente, pero, el hombre la estaba espiando, y la sigui&oacute; a cierta distancia hasta que ella se perdi&oacute; en las escaleras del metro.<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente, la mujer decidi&oacute; abstenerse del caf&eacute; tras la comida. le cost&oacute;, porque estaba habituada a ello, pero, convencida de que Carlos la esperar&iacute;a por la cafeter&iacute;a, prefiri&oacute; no acudir, y crearle algo de intriga, si, como ella supon&iacute;a, el caballero del traje gris perla estaba interesado en ella.<\/p>\n<p>No se equivoc&oacute; ni un &aacute;pice. Esta vez, el &quot;lobo&quot; hab&iacute;a esperado a la Caperucita en el Metro, donde se hizo el encontradizo. &quot;Qu&eacute; casualidad Rosal&iacute;a, no pens&eacute; que fuera a encontrarla aqu&iacute;, la verdad es que mir&eacute; si la ve&iacute;a por la cafeter&iacute;a.&quot;. &ldquo;Ahhh hola -dijo ella- no, hoy no he tenido tiempo de bajar a tomar mi caf&eacute; y lo acuso, es mi &quot;vitamina&quot; para pasar la tarde&rdquo;.<\/p>\n<p>-&quot;Pues le invito a uno, si tiene tiempo&rdquo;.<\/p>\n<p>Me parec&iacute;a un desaire no aceptarlo, y la verdad, me sent&iacute;a halagada por sus miradas hacia m&iacute; . As&iacute; que le acept&eacute; un caf&eacute; en el mismo bar del Metro, no era un lugar muy rom&aacute;ntico que digamos, pero, lo suficientemente adecuado para abreviar el tiempo si no me conven&iacute;a el cariz que tomase la conversaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Me pregunt&oacute; en qu&eacute; trabajaba, y dando un circunloquio h&aacute;bilmente tejido de antemano, lo vi claro, quiso averiguar un poco sobre mi vida personal, en qu&eacute; estaci&oacute;n bajaba, para delimitar claro est&aacute; la zona en que viv&iacute;a y como el que no quiere m&aacute;s la cosa, me dio una tarjeta en que estaba subrayado su n&uacute;mero de tel&eacute;fono que era el de su wasap. Tuve que corresponderle, aunque este &uacute;ltimo extremo no me apetec&iacute;a mucho. Soy celosa de mi intimidad y Carlos no entraba de momento en mi c&iacute;rculo m&aacute;s personal. Pasado un cuarto de hora nos despedimos.<\/p>\n<p>Era s&aacute;bado, uno de estos del mes de marzo en que el invierno va quedando atr&aacute;s y apetece salir a tomar algo por las terrazas. A eso de las 10 de la ma&ntilde;ana recibo un wassap. &quot;Hola, soy Carlos, hace un d&iacute;a magnifico no se si te apetecer&iacute;a acompa&ntilde;arme a la Barceloneta y picotear algo&quot;<\/p>\n<p>No le pill&oacute; de sorpresa a Rosal&iacute;a, ten&iacute;a claro que antes o despu&eacute;s la llamar&iacute;a. Quer&iacute;a en el fondo llegar a conocer las intenciones de su admirador, y quiz&aacute; hoy, sin las prisas de un d&iacute;a laborable podr&iacute;a comprobar como se mov&iacute;a en las distancias cortas. As&iacute; que se dispuso a contestarle el wassap. &quot;Tienes raz&oacute;n luce una jornada excelente, me parece una buena idea aprovecharla, a qu&eacute; hora y donde quedamos&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Si te parece a las 12 frente a la parada del metro de Barceloneta, y ya decidiremos donde vamos&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Perfecto, all&iacute; estar&eacute;&rdquo;.<\/p>\n<p>Rosal&iacute;a baraj&oacute; todas las posibilidades de la cita. Pod&iacute;a ser un contacto de tanteo, o pod&iacute;a intentar algo m&aacute;s &iacute;ntimo. Valorando esta &uacute;ltima posibilidad, decidi&oacute; vestirse para la ocasi&oacute;n, por fuera y&#8230; por dentro. Opt&oacute; por una falda que le permitiera mostrar sus piernas, fuertes, pero elegantes, y al mismo tiempo marcar la cintura y las caderas. Una camisa, ligeramente desabrochada que le daba opci&oacute;n a exhibir parte de su generoso busto. Busc&oacute; un conjunto de sujetador y tanga, negro jalonado con puntillas, que dejaban su generosa anatom&iacute;a bien visible en el caso de quitarse la falda y la camisa.<\/p>\n<p>A las 12 menos dos minutos Rosal&iacute;a lleg&oacute; a la estaci&oacute;n del metro y all&iacute; le estaba esperando Carlos que luc&iacute;a un conjunto sport. Se saludaron con un discreto beso en la mejilla y se encaminaron hacia las terrazas de la zona nueva del puerto.<\/p>\n<p>All&iacute; disfrutaron de un buen aperitivo, clima un primaveral y hablaron de lo divino i lo humano. Carlos estaba muy pendiente de ella, y le sugiri&oacute; dar un paseo antes de comer. Lo hicieron tranquilamente por la zona del embarcadero y llegados a la Plaza del Mar, Carlos le propuso almorzar juntos con una visi&oacute;n panor&aacute;mica de la ciudad a sus pies y subieron a la Torre Sant Sebasti&agrave;, convertida en restaurante de lujo, desde el que se divisa toda Barcelona desde un &aacute;ngulo ins&oacute;lito.<\/p>\n<p>Almorzaron pausadamente, con parsimonia, dialogo distendido hablado de todo y de nada muy especial. Rosal&iacute;a, en su interior esperaba que desenlace propondr&iacute;a Carlos para el resto de la tarde, si es que hab&iacute;a pensado previamente alguno. Fue al tocador para retocar su maquillaje, y a su regreso a la mesa encontr&oacute; dos copas de cava &quot;para brindar por recibir juntos a la primavera y para que prolonguemos estos momentos de solaz tan maravillosos&quot; solt&oacute; Carlos. Rosal&iacute;a ya ten&iacute;a la respuesta. Pero lo que faltaba por despejar era el d&oacute;nde y el qu&eacute;, aunque esto &uacute;ltimo no era demasiado dif&iacute;cil de adivinar, a tenor de las atenciones que le dispensaba su admirador.<\/p>\n<p>Carlos sondeo a su amiga. &quot;que te parecer&iacute;a que concluy&eacute;semos este memorable d&iacute;a escuchando buena m&uacute;sica oteando el skyline de Barcelona al atardecer?&quot;<\/p>\n<p>-Me parece una excelente idea. &iquest;Conoces alg&uacute;n lugar especial? -inquiri&oacute; ella.<\/p>\n<p>-&quot;Si, el sal&oacute;n de mi casa, vamos, si no te importa descubrir los secretos de mi guarida&quot; puntualiz&oacute; Carlos.<\/p>\n<p>Estaba claro, el prop&oacute;sito. Ahora le tocaba a ella aceptar el envite que, como bien hab&iacute;a intuido al vestirse por la ma&ntilde;ana, concluir&iacute;a en la cama.<\/p>\n<p>Carlos solicit&oacute; un taxi y dio una direcci&oacute;n al conductor. Mientras, acercaba sus manos a la de su amiga, a modo de insinuante caricia. Rosal&iacute;a, dud&oacute; un momento en ser m&aacute;s expl&iacute;cita, cont&oacute; mentalmente hasta tres, y puso la mano de Carlos sobre su pierna, a modo de invitaci&oacute;n por si el caballero quer&iacute;a empezar el juego en el veh&iacute;culo de una forma sutil.<\/p>\n<p>Carlos capt&oacute; la propuesta, y con elegancia desliz&oacute; su mano pierna arriba, como si quisiera conocer los l&iacute;mites que le pondr&iacute;a Rosal&iacute;a, si es que hab&iacute;a alguno. Ella no opuso resistencia y la mano del caballero fue progresando en busca de la parte superior del muslo de la chica, acerc&aacute;ndose a la ingle. Ella esboz&oacute; una sonrisa.<\/p>\n<p>El taxi se dirig&iacute;a a la zona alta de Barcelona, y se detuvo ante un edificio singular en el barrio de la Bonanova. Carlos pago la carrera y abri&oacute; la puerta del veh&iacute;culo con exquisitez. Atravesaron la puerta de cristal del inmueble y cruzaron el hall en busca del ascensor.<\/p>\n<p>Rosal&iacute;a se sent&iacute;a tr&eacute;mula, entre el deseo y el temor de lo que se acercaba.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>3 Rosal&iacute;a era una mujer atractiva. Hab&iacute;a llegado a los cincuenta, pero manten&iacute;a un encanto especial para los varones. Dotada de un busto exuberante y caderas anchas, atra&iacute;a al g&eacute;nero masculino. Era una mujer morena, aunque por arte de la peluquer&iacute;a luc&iacute;a un pelo pelirrojo oscuro que le deba un atractivo especial. 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