{"id":37102,"date":"2022-08-23T22:00:00","date_gmt":"2022-08-23T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-08-23T22:00:00","modified_gmt":"2022-08-23T22:00:00","slug":"la-curvy-deseada-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-curvy-deseada-2\/","title":{"rendered":"La curvy deseada (2)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"37102\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El edificio en el que viv&iacute;a Carlos estaba dotado de todos los servicios adicionales de una residencia de alto nivel. Portero permanente, sistema electr&oacute;nico de vigilancia, amplio hall con sillones para esperar las visitas que por cualquier raz&oacute;n no acceden a las viviendas.<\/p>\n<p>Tras saludar al conserje de turno, Carlos le franque&oacute; la puerta del ascensor y marc&oacute; la planta &Aacute;tico. Solo hab&iacute;a dos puertas. Carlos mediante llave electr&oacute;nica a distancia abri&oacute; una de ellas, la situada a la izquierda. Inmediatamente se encendieron las luces. Rosal&iacute;a tuvo la sensaci&oacute;n de entrar en un palacete. Un amplio sal&oacute;n cuya continuidad enlazaba con una terraza decorada con exquisitez con plantas que preservaban la intimidad de las miradas de los edificios colindantes, en uno de los extremos de la terraza hab&iacute;a una peque&ntilde;a piscina rodeada de parasoles y dos tumbonas. Como le hab&iacute;a explicado Carlos, desde la terraza se divisaba toda Barcelona, el mar, y por el lateral la cercana monta&ntilde;a del Tibidabo. Una visi&oacute;n privilegiada.<\/p>\n<p>Carlos le ofreci&oacute; asiento c&oacute;modo bajo un toldo que proteg&iacute;a del sol, todav&iacute;a incipiente, pero que se adivinaba aumentar&iacute;a sus rayos en d&iacute;as venideros. &quot;Que deseas tomar, un gin t&oacute;nic, seguimos con cava, o prefieres champan aut&eacute;ntico, aqu&iacute; guardo unas botellas de Dom P&eacute;rignon para las buenas ocasiones y &acute;hoy es una de ellas&quot;.<\/p>\n<p>Rosal&iacute;a qued&oacute; deslumbrada por el lujo reinante en el piso. En el sal&oacute;n comedor, colgaba un Mir&oacute; aut&eacute;ntico y dos Casas. Probablemente estos tesoros justificaban el sofisticado entramado de c&aacute;maras de seguridad que estaban repartidas por todas las estancias.<\/p>\n<p>Ante la invitaci&oacute;n, y puesto que no hab&iacute;a bebido nunca, se inclin&oacute; por el Dom P&eacute;rignon. Carlos, sali&oacute; un momento y reapareci&oacute; con una cubitera, dos copas y la consiguiente botella. Adem&aacute;s, coloc&oacute; encima de la mesita unas trufas heladas.<\/p>\n<p>&quot;Si me dispensas un momento, y puesto que estoy en mi casa, me voy a poner m&aacute;s c&oacute;modo. Si lo deseas, puedo ofrecerte alguna bata y zapatillas para que te encuentres m&aacute;s a gusto&quot;.<\/p>\n<p>A medida que trascurr&iacute;a el tiempo, la mujer aquilataba la situaci&oacute;n, pero, en verdad, no ten&iacute;a ni remota idea de lo que le esperaba. A modo de ejemplo desconoc&iacute;a que su tel&eacute;fono m&oacute;vil hab&iacute;a quedado anulado desde el momento en que cruzaron el umbral de la puerta, mediante unos sensores, a la manera con que se a&iacute;slan las salas de reuniones de algunas grandes empresas o despachos de pol&iacute;ticos.<\/p>\n<p>Dudaba en cambiarse de ropa. Sus c&aacute;lculos de seducci&oacute;n los ten&iacute;a estudiados en la abertura de su falda mostrando generosamente sus piernas bien torneadas y el ligero escote que asomaba por su camisa desabrochada, pero, Carlos casi decidi&oacute; por ella. Acababa de regresar con un bat&iacute;n corto que le dejaba al descubierto medio cuerpo y zapatillas. En la mano llevaba una bata rojo fucsia y unas pantuflas del mismo color, que ofreci&oacute; a su amiga. &quot;Te lo dejo aqu&iacute;, por si te apetece cambiarte&#8230; en la puerta de la izquierda hay un ba&ntilde;o&quot;.<\/p>\n<p>Inmediatamente Carlos puso en marcha un equipo de m&uacute;sica cuyos altavoces situados en la terraza desgranaban una melod&iacute;a suave de piano., mientras &eacute;l se arrellenaba perezosamente en una comoda silla con cojines, dispuesta a saborear el champan y otras cosas&#8230;<\/p>\n<p>Rosal&iacute;a se sent&iacute;a tr&eacute;mula, entre el deseo y el temor de lo que se acercaba. Sent&iacute;a deseo de ser amada por Carlos, pero, algo dentro de si le dec&iacute;a que se avecinaba una tormenta, aunque nada, en aquel escenario lo hiciera presagiar.<\/p>\n<p>Se decidi&oacute; al fin a cambiarse&#8230; se sac&oacute; la blusa y la falda y se puso la bata que le llegaba hasta las rodillas. Ya que estaba en el juego, jugar&iacute;a, se repas&oacute; los labios, y apareci&oacute; contone&aacute;ndose al ritmo de la m&uacute;sica, mientras maliciosamente dejaba que se le entreabriera la bata, para mostrar el tanga que llevaba. Al llegar a la altura de Carlos, hizo un moh&iacute;n de ni&ntilde;a buena y se abri&oacute; toda la bata. &quot;Te gusto, toda tuya&quot;.<\/p>\n<p>Su amigo, se levant&oacute; ceremonioso y le ofreci&oacute; una copa que hab&iacute;a sido escanciada minutos antes. Lo que desconoc&iacute;a Rosal&iacute;a es que la bebida llevaba disuelta una pastilla que har&iacute;a sus efectos en el momento oportuno. Brindaron, bebieron un sorbo, y Carlos acarici&oacute; suavemente a su compa&ntilde;era, que, hab&iacute;a vuelto a cubrir su cuerpo con la bata, pero con una insinuaci&oacute;n en su rostro, de que estaba dispuesta a quit&aacute;rsela del todo.<\/p>\n<p>Bebieron una copa, y otra. Carlos esperaba que el f&aacute;rmaco hiciera sus primeros efectos. As&iacute; que se acerc&oacute; a Rosal&iacute;a y la camel&oacute; con voz queda, &quot;Si me acompa&ntilde;as experimentar&aacute;s las mejores sensaciones de tu vida&quot;. Dicho esto le dio la mano y la condujo hacia el interior del piso, hacia una estancia que la mujer intuy&oacute; que ser&iacute;a el dormitorio donde ambos gozar&iacute;an de las mieles de Venus.<\/p>\n<p>Cu&aacute;n errada estaba Rosal&iacute;a. En cuanto hubo traspasado el umbral qued&oacute; at&oacute;nita. En la habitaci&oacute;n hab&iacute;a ciertamente una cama, pero redonda, y estaba iluminada de rojo, con un sistema de luces que iban variando de intensidad y reflejos, en la pared, sujetos, l&aacute;tigos, y bridas y otros artilugios que le descubrieron que en aquella estancia se practicaba el sado y otras perversiones sexuales, no una c&oacute;pula com&uacute;n entre una mujer y un hombre.<\/p>\n<p>Carlos la agarr&oacute; con suavidad, pero con firmeza, ante el paso dubitativo de Rosal&iacute;a para acabar de entrar en la habitaci&oacute;n, le quit&oacute; con delicadeza la bata, y la chica qued&oacute; en sujetador y tanga recibiendo las caricias de su anfitri&oacute;n. La bes&oacute; en los labios, ella, hab&iacute;a quedado como inerte, el f&aacute;rmaco comenzaba a surtir sus efectos, y la mujer sin oponer resistencia alguna se tendi&oacute; en la cama y vio como Carlos le colocaba unas esposas que la inmovilizaban con las manos atr&aacute;s&#8230;<\/p>\n<p>Un escalofr&iacute;o recorri&oacute; todo su cuerpo. &quot;&iquest;D&oacute;nde me he metido?&quot; Pens&oacute;. Un sudor frio le embarg&oacute; pensando lo peor, y como iba a resolverse la situaci&oacute;n. Intent&oacute; sobreponerse, decidi&oacute; que lo mejor ser&iacute;a no oponer ning&uacute;n tipo de resistencia a las acciones de Carlos, cuyo rostro se hab&iacute;a trasmutado.<\/p>\n<p>El hombre se hab&iacute;a despedido de su indumentaria y hab&iacute;a quedado solo con un slip en el que se marcaba un prometedor paquete, pero, su rostro hab&iacute;a perdido el tono sol&iacute;cito y se asemejaba a un monstruo que desea devorar a su v&iacute;ctima.<\/p>\n<p>Se acerc&oacute; y tomando un l&aacute;tigo, lo pas&oacute;, si herirle por parte del torso, &quot;Ser&aacute;s una ni&ntilde;a buena &iquest;verdad? Obedecer&aacute;s a tu amo&quot; Luego, la levant&oacute; y la at&oacute; a la pared.<\/p>\n<p>Carlos sali&oacute; de la habitaci&oacute;n, algo le hab&iacute;a salido mal. La cabeza le daba vueltas, cada vez se encontraba m&aacute;s mareado. Una sensaci&oacute;n extra&ntilde;a que jam&aacute;s hab&iacute;a sentido. Se recost&oacute; en el sof&aacute; y all&iacute; le sorprendieron unas convulsiones y un fuerte dolor en el pecho. Hizo adem&aacute;n para incorporarse y buscar su tel&eacute;fono, y no lleg&oacute; a tiempo, cay&oacute; fulminado al suelo. En pocos minutos su coraz&oacute;n habr&aacute; dejado de latir.<\/p>\n<p>Rosal&iacute;a entretanto luchaba por deshacerse de las esposas que la manten&iacute;an asida a la pared. Por fortuna, al cabo de una hora y pico, pudo deshacerse del artilugio corriendo al ba&ntilde;o. Fue entonces cuando se apercibi&oacute; que Carlos estaba en el suelo, inerte, con un extra&ntilde;o rictus en su cara y los ojos entreabiertos.<\/p>\n<p>Lo mir&oacute; con horror y no supo que hacer. Se visti&oacute; en un santiam&eacute;n. Quiso huir del escenario, pero pens&oacute; en las c&aacute;maras y en el conserje que la hab&iacute;a visto entrar con Carlos.<\/p>\n<p>Bebi&oacute; agua en abundancia y un caf&eacute;, poco a poco los efectos de la pastilla que le hab&iacute;a suministrado su amigo se iban desvaneciendo. Fue consciente de la realidad y llam&oacute; al 112. En realidad, no sab&iacute;a la direcci&oacute;n exacta. Su m&oacute;vil no funcionaba porque estaba anulado, entonces se visti&oacute; y sali&oacute; a la puerta del piso pidiendo socorro con un grito desgarrado.<\/p>\n<p>Acudi&oacute; el conserje, que fue quien llam&oacute; a la Polic&iacute;a.<\/p>\n<p>Tras un primer interrogatorio, pidi&oacute; ir a un centro hospitalario, all&iacute;, fue reconocida por los m&eacute;dicos y en la anal&iacute;tica dio positivo de las sustancias que le hab&iacute;a colocado Carlos en la bebida.<\/p>\n<p>La dejaron que se fuera a casa. Ya la llamar&iacute;an.<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente, fue a declarar. Le atendieron dos mujeres polic&iacute;as, que, con un aire emp&aacute;tico, escucharon otra vez toda la narraci&oacute;n de la secuencia. &quot;Has tenido mucha suerte.&rdquo; le dijeron. Tenemos la certeza de que no habr&iacute;as salido con vida. Hemos encontrado en la casa el ADN de mujeres que han aparecido muertas por los alrededores de Barcelona, en carreteras secundarias.&quot;<\/p>\n<p>Carlos, era un enfermo mental. Sus desviaciones le llevaban a cometer torturas con mujeres, que luego, de ser abusadas de la peor manera eran asesinadas.<\/p>\n<p>Rosal&iacute;a estuvo unos d&iacute;as de baja. Volvi&oacute; al trabajo, donde no explic&oacute; nada de lo ocurrido. Pero debi&oacute; seguir una terapia psicol&oacute;gica durante seis meses. Jam&aacute;s permiti&oacute;, desde esta fecha, que un hombre se le acercara.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 El edificio en el que viv&iacute;a Carlos estaba dotado de todos los servicios adicionales de una residencia de alto nivel. Portero permanente, sistema electr&oacute;nico de vigilancia, amplio hall con sillones para esperar las visitas que por cualquier raz&oacute;n no acceden a las viviendas. 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