{"id":37110,"date":"2022-08-23T22:00:00","date_gmt":"2022-08-23T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-08-23T22:00:00","modified_gmt":"2022-08-23T22:00:00","slug":"el-novio-de-rafaela-parte-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-novio-de-rafaela-parte-1\/","title":{"rendered":"El novio de Rafaela (parte 1)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"37110\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Rafaela era un sol. Una pelirroja sonriente y en&eacute;rgica, cuya belleza estallaba por sus curvas generosas y su inteligencia rara, r&aacute;pida y aguda. Hablaba fuerte y bien, defend&iacute;a sus opiniones en debates apasionados y fuimos amigas desde el primer semestre en la universidad de biolog&iacute;a. Diez a&ntilde;os y un doctorado despu&eacute;s, segu&iacute;amos compartiendo caf&eacute;s, conferencias, borracheras alegres y, &uacute;ltimamente, los preparativos de su boda. Se iba a casar con Lionel en agosto. Siempre la hab&iacute;a conocido saliendo con &eacute;l y, por lo que sab&iacute;a, nunca se hab&iacute;an separado ni enga&ntilde;ado. &Eacute;l era como un contrapunto oscuro de Rafaela. Moreno, flaco, callado y c&iacute;nico. Sus sonrisas eran escasas, a menudo las forzaban un trago de m&aacute;s, pero era un amigo fiel y paciente. Al inicio me hab&iacute;a ca&iacute;do mal. Por su tono de burla &aacute;cida, me incomodaba y hasta le ten&iacute;a miedo. A medida que pasaron los a&ntilde;os, aprend&iacute; a conocerlo y a apreciarlo. Ya pod&iacute;amos conversar horas juntos sin que yo temiera sus comentarios &aacute;speros. Hab&iacute;a entendido que no los hacia para da&ntilde;ar, solo era as&iacute;, directo. Con mi novio, sal&iacute;amos a menudo con Rafaela y Lionel, era la pareja de amigos con quienes mejor nos llev&aacute;bamos.<\/p>\n<p>Confesar&eacute; que, en realidad, Lionel siempre me atrajo, m&aacute;s bien por la dificultad para relacionarme con &eacute;l que por un tema de deseo f&iacute;sico. Hasta hace un par de a&ntilde;os, cuando tuve un sue&ntilde;o er&oacute;tico con Rafaela y con &eacute;l. Un orgasmo espont&aacute;neo me hab&iacute;a despertado en plena escena morbosa creada por el lado m&aacute;s perverso de mi mente. Estaba en cuatro, mamando las tetas de mi amiga, arrodillada frente a m&iacute;, mientras su novio me cachaba divinamente bien con su verga ancha, haciendo movimientos lentos y profundos. Desde entonces y sin que lo pueda detener, se desarrollaron mis fantas&iacute;as con &eacute;l. Cuando demoraba en venirme mientras estaba con mi novio o que me masturbaba habiendo agotado la reserva de videos y fotos que me mandaba mi ex, Mat&iacute;as, y mi selecci&oacute;n en l&iacute;nea, pensaba en Lionel. Me excitaba la idea del doble enga&ntilde;o, de la traici&oacute;n amorosa y amistosa para ambos. Sent&iacute;a que, si comparti&eacute;ramos un deseo capaz de hacernos franquear los l&iacute;mites la buena moral, el sexo con &eacute;l ser&iacute;a un descontrol total. As&iacute; me vine varias veces, vergonzosamente perdida en mis fantas&iacute;as, en particular cuando estaba en cuatro con mi novio. En esta posici&oacute;n no me costaba mucho imaginar que era Lionel que me agarraba las nalgas con fuerza y me cachaba, abri&eacute;ndome el culo concienzudamente con sus dedos antes de met&eacute;rmela por ah&iacute;. Pensando en eso, me agarraba la concha a plena mano y me ven&iacute;a con un grito ronco para la m&aacute;s grande satisfacci&oacute;n de mi novio.<\/p>\n<p>El control de mis fantas&iacute;as se volvi&oacute; m&aacute;s complicado este verano, unas semanas antes de la boda. Estaba de vacaciones y los apoyaba para la organizaci&oacute;n de la fiesta. Me hab&iacute;a emocionado y honrado que mi amiga me pidiera ser su testigo de boda, y fuera de los preparativos generales, le reservaba un par de sorpresas lindas que esperaba que le iban a gustar. Pas&aacute;bamos tardes enteras juntas conversando y arreglando adornos para las mesas o bromeando acerca de las peores disposiciones de asientos que se pod&iacute;an imaginar. Un d&iacute;a que est&aacute;bamos hablando del tema de la fidelidad, me coment&oacute; que era la cosa que m&aacute;s valoraba en una relaci&oacute;n. No entend&iacute;a a la gente que ten&iacute;a relaciones abiertas y despreciaba a las personas infieles.<\/p>\n<p>&mdash;No somos animales, Sandra, no entiendo c&oacute;mo la gente no consigue reprimir sus pulsiones. Si amas realmente a tu pareja, ni siquiera se te ocurre mirar a los dem&aacute;s. Los infieles son personas b&aacute;sicas, sin voluntad e incapaces de tener una relaci&oacute;n sana y adulta.<\/p>\n<p>&mdash;Claro &mdash;le contest&eacute; sin mirarla, concentr&aacute;ndome en contar las peladillas que dispon&iacute;a en una cajita de cart&oacute;n blanco y dorado.<\/p>\n<p>Rafaela no ten&iacute;a la menor idea de mi intimidad fuera de lo que le contaba con pudor en cuanto a mi novio. Estaba bien lejos de imaginarse mi vida, como todos, y m&aacute;s lejos a&uacute;n cu&aacute;nto amaba el sexo hasta convertirme en animal en celo con mis amantes m&aacute;s morbosos, venerando una importante cantidad de vergas hermosas y vigorosas que hab&iacute;a tenido el honor de conocer, un pante&oacute;n personal que crec&iacute;a a&ntilde;os tras a&ntilde;o a pesar del compromiso que ten&iacute;a con mi novio.<\/p>\n<p>&mdash;No somos animales&hellip; &mdash;repet&iacute; maquinalmente.<\/p>\n<p>&mdash;Conoc&iacute; pocos hombres, pero ya vi lo suficiente para saber que quiero pasar mi vida con Lionel y que siempre tendremos una vida &iacute;ntima placentera.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y &eacute;l? &mdash;le pregunt&eacute; al toque.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Lionel? &mdash;me mir&oacute; sorprendida y un poco ofendida, &mdash;Lionel es el hombre m&aacute;s serio y fiel del planeta. He sido su primera vez y dice que ser&eacute; la &uacute;nica. Lo creo, somos las almas gemelas que tuvieron la suerte de conocerse en esta vida.<\/p>\n<p>Nos sonre&iacute;mos y la abrac&eacute;, dici&eacute;ndole alguna estupidez de circunstancia tipo &ldquo;estoy tan feliz por ti, te quiero tanto, amiga&hellip;&rdquo;. En mi cabeza se acababa de prender la fogata. Entonces Lionel, fuera de atraerme, entraba en mi santificada categor&iacute;a de los hombres &ldquo;que solo hab&iacute;an conocido a una mujer&rdquo;, cuyos espec&iacute;menes de mi generaci&oacute;n se hab&iacute;an vuelto m&aacute;s y m&aacute;s escasos a medida que pasaban los a&ntilde;os. Esta noticia me pon&iacute;a literalmente en ebullici&oacute;n. Siempre hab&iacute;a tenido la fantas&iacute;a de hacer descubrir cosas a un hombre que careciera de experiencia o que, por lo menos, hab&iacute;a conocido el sexo con una sola persona. Ya me imaginaba llevar a Lionel en los confines de la lujuria, despertar su lado sucio, convertirlo en animal. En fin, pervertirlo.<\/p>\n<p>Viv&iacute;an en una casa con piscina en una zona rural de colinas verdes con curvas suaves y yo iba a su casa casi todos los d&iacute;as para ayudarlos. Como quedaba a una buena hora en carro de donde viv&iacute;a con mi novio, Rafaela me propuso quedarme a dormir para los &uacute;ltimos d&iacute;as antes de la boda. Su entusiasmo inquebrantable estaba sometido diariamente a prueba. Quer&iacute;a que todo quedara perfecto y se estresaba, me pidi&oacute; que me quedara con ella. Hab&iacute;a aceptado en seguida, la ve&iacute;a muy preocupada. Pasaba los d&iacute;as corriendo entre la sala donde se iba a hacer la recepci&oacute;n, la florer&iacute;a y la empresa de catering, cuidando los detalles, peleando por tel&eacute;fono con su madre que por cuestiones de peluquera y probando su vestido de novia cada noche para averiguar que le segu&iacute;a quedando bien. M&aacute;s se agitaba, m&aacute;s Lionel se quedaba impasible. Obedec&iacute;a con calma a la tormenta pelirroja que cruzaba la casa cada cuarto de hora, y trataba de tranquilizarla con paciencia y filosof&iacute;a.<\/p>\n<p>La boda era el s&aacute;bado y mi novio me llev&oacute; a su casa el mi&eacute;rcoles en la noche. Le propusieron quedarse a cenar antes de regresar a Z&uacute;rich donde ten&iacute;a que trabajar aquella semana. Nos instalamos en la mesita que ten&iacute;an en su terraza con un par de bancos cortos y pocos confortables. Me sent&eacute; al lado de Lionel y frente a mi novio. El sol ya se hab&iacute;a escondido detr&aacute;s de la colina m&aacute;s cercana y, mientras termin&aacute;bamos de cenar, est&aacute;bamos a oscuras. Rafaela hab&iacute;a puesto una vela en la mesa, pero la luz d&eacute;bil apenas aclaraba nuestras caras.<\/p>\n<p>Durante toda la cena, me hab&iacute;a concentrado en las conversaciones y en los chistes, pero, lamentablemente, no me hab&iacute;a podido sacar de la cabeza la idea de que estaba a unos cent&iacute;metros de un contacto discreto con Lionel y todo lo que mi mente de morbosa era capaz de crear como escenarios al tener su verga a unas decenas de cent&iacute;metros de mi mano. Me ve&iacute;a agarrarle la entrepierna y descubrir un bulto duro y contundente que hubiera sacado de su pantal&oacute;n y para lamerlo. Me avergonzaba. Con lo que me hab&iacute;a comentado mi amiga, mi delirio l&uacute;brico era muy probablemente algo que no franqueaba los l&iacute;mites de mi cr&aacute;neo. Estaba empezando a entrar en raz&oacute;n cuando Lionel trajo una canastita de ciruelas a modo de postre. Volvi&eacute;ndose a sentar a mi costado, su muslo se peg&oacute; al m&iacute;o. Y se qued&oacute; as&iacute;. El apret&oacute;n de excitaci&oacute;n y de febrilidad que siempre siento en el pecho en este tipo de situaci&oacute;n fue tan fuerte que me doli&oacute;. Obviamente, era imposible para mi novio, tanto como para Rafaela, adivinar el contacto f&iacute;sico que ten&iacute;a con Lionel. No pas&oacute; nada m&aacute;s, era suficiente. Despu&eacute;s de un rato, mir&eacute; a mi costado discretamente. Escondida por la mesa, distingu&iacute;a la entrepierna de Lionel. Una forma alargada caracter&iacute;stica hab&iacute;a tenso la tela de su short. No cab&iacute;a duda, estaba aguantando una erecci&oacute;n completa.<\/p>\n<p>T&uacute; tambi&eacute;n s&iacute; o s&iacute;&hellip;&mdash;pens&eacute; &mdash;Hace rato que sab&iacute;a que eras como yo. Novio fiel y ejemplar, tsss&hellip; no me la hagas por favor, &iexcl;mira c&oacute;mo la tienes parada!<\/p>\n<p>Unos veinte minutos despu&eacute;s, cuando nos levantamos para irnos a dormir y que me desped&iacute; de mi novio, la situaci&oacute;n se hab&iacute;a convertido en una tortura para m&iacute;. Felizmente, llevaba un short de jean negro y nadie se dio cuenta de que mi jugo me empapaba hasta el culo. Mi cl&iacute;toris estaba tan hinchado que se hab&iacute;a vuelto doloroso, era urgente que me masturbara.<\/p>\n<p>Dese&eacute; a los novios una buena noche y entr&eacute; al cuarto de invitados donde iba a dormir. Apenas cerr&eacute; la puerta que met&iacute; mi mano en mi calz&oacute;n. Me amas&eacute; el cl&iacute;toris con alivio, Lionel ocupaba la totalidad de mi mente. Con la otra mano, me pellizcaba el pez&oacute;n derecho rabiosamente hasta que el dolor vivo que me infligiera se mezclara con el calor del placer difuso que irradiaba entre mis piernas. La idea de que era posible que comparti&eacute;ramos las mismas ganas, me hab&iacute;a mandado a volar. Me vine menos de un minuto despu&eacute;s, parada con la espalda apoyada contra la puerta del cuarto, apretando mi concha jugosa a plena mano.<\/p>\n<p>Rafaela me hab&iacute;a pedido acompa&ntilde;arla una vez m&aacute;s en la florer&iacute;a en la ma&ntilde;ana y hab&iacute;a puesto mi despertador temprano, para estar segura de tener tiempo para tocarme antes de volver a ver a Lionel y, as&iacute;, estar un poco mas c&oacute;moda que la v&iacute;spera. Escuch&eacute; los pasitos siempre apurados de mi amiga por el pasillo, la puerta de la casa y su carro que se iba. Hab&iacute;a salido a comprar pan para el desayuno como cada ma&ntilde;ana. Significaba que todav&iacute;a no me esperaba y que yo dispon&iacute;a de un ratito antes de ir a desayunar con ella. Me hab&iacute;a despertado con un vac&iacute;o insoportable entre las piernas y unas ganas terribles de sentirme penetrada. Lamentaba haber dejado mi consolador en el caj&oacute;n de la mesa de noche de mi casa. Empec&eacute; a acariciarme, mirando al techo. Hac&iacute;a calor y hab&iacute;a dormido desnuda. Ten&iacute;a las piernas abiertas y dejaba mis dedos deslizarse entre mis labios h&uacute;medos, pensando en la erecci&oacute;n de Lionel. Cu&aacute;nto hubiera dado para disfrutarla en aquel momento&hellip;<\/p>\n<p>La maletita que llevaba estaba abierta al lado de la cama y, al ver el cepillo para el cabello que ten&iacute;a all&iacute;, con su mango de madera liso, les dejo imaginar que no demor&eacute; mucho antes de encontrarle un nuevo uso. Lo agarr&eacute; y empec&eacute; a pasarlo sobre mis pezones endurecidos, sin dejar de tocarme. Me hab&iacute;a metido un dedo que era obviamente insuficiente para calmarme, pero sabiendo que ten&iacute;a un nuevo juguete que me iba a satisfacer pronto, me divert&iacute;a frustr&aacute;ndome a m&iacute; misma para que mi goce estuviera a&uacute;n m&aacute;s fuerte. Cerr&eacute; los ojos y empec&eacute; a lamer t&iacute;midamente el mango. Me avergonzaba estar as&iacute; y, a la vez, no me costaba para nada imaginar que la forma oblonga que estaba empezando a chupar era la verga de Lionel. Me asombraba ver en qu&eacute; me convert&iacute;an mis ganas: una perra l&uacute;brica que llenaba su concha hambrienta con sus propios dedos, chupando el mango de un cepillo como si fuera la &uacute;ltima verga que se le diera de conocer en su vida. Mi morbo sobrepas&oacute; r&aacute;pidamente el sentimiento de verg&uuml;enza. Me met&iacute; en cuatro en la cama, dando la espalda a la puerta y con las piernas tan abiertas que mi concha rozaba las s&aacute;banas, dejando marcas mojadas y brillantes. Me agach&eacute; hacia adelante, hasta poner la cabeza en la almohada, y levant&eacute; un poco mi culo. Agarr&eacute; el cepillo y puse en mango en la entrada de mi concha. Me sob&eacute; unos instantes en ello, imaginando que era la punta de la verga de Lionel y lo hice entrar lentamente en mi vagina chorreante conteniendo un gemido. El mango de madera era lo suficiente ancho y largo para darme la rica sensaci&oacute;n de estar llenada por una verga. En esta posici&oacute;n, ten&iacute;a la otra mano libre y, siguiendo con las fantas&iacute;as que me inspiraba el novio de mi amiga, recog&iacute; un poco de mi jugo con un dedo y lo hice entrar lentamente en mi ano. Con el mango, hac&iacute;a movimientos circulares, amplios y lentos, sent&iacute; la ola del goce subir. Me imaginaba pedirle que me abriera m&aacute;s el culo para que me viniera con la sensaci&oacute;n de estar doblemente penetrada. Me met&iacute; un segundo dedo y me sumergi&oacute; un orgasmo intenso que me cost&oacute; mantener silencioso.<\/p>\n<p>Mientras todav&iacute;a ten&iacute;a el mango en la concha, babeando en la almohada, escuch&eacute; la puerta del cuarto cerrarse. Un escalofri&oacute; de terror me sac&oacute; en seguida de la nube de goce en la cual me hab&iacute;a subido. Era obvio que alguien me hab&iacute;a visto en esta posici&oacute;n obscena. Escuch&eacute; el carro que se estacionaba frente a la casa y, uno segundos despu&eacute;s, lo taquitos de Rafaela. Estaba regresando de la panader&iacute;a. No me cupo duda acerca que quien hab&iacute;a asistido a mi entretenimiento de la ma&ntilde;ana. El escalofr&iacute;o de terror se convirti&oacute; en el apret&oacute;n de siempre en el pecho. Me avergonzaba y, pese a que me costara reconocerlo, me excitaba que Lionel me hubiera visto. Me apur&eacute; para tomar una ducha y vestirme.<\/p>\n<p>Cuando entr&eacute; en el comedor, mis amigos estaban tomando desayuno y me saludaron entre dos mordiscos de tostadas con mermelada. Al ver que Lionel me saludaba como si no pasara nada, pens&eacute; que de repente era una corriente de aire que hab&iacute;a cerrado la puerta del cuarto y que me hab&iacute;a asustado para nada. Me sent&eacute; frente a &eacute;l y me serv&iacute; una gran taza de caf&eacute;, contestando a las preocupaciones de Rafaela acerca de la calidad del colch&oacute;n del cuarto de invitados. S&iacute;, hab&iacute;a dormido rico. Mientras me preparaba una tostada, levant&eacute; los ojos y se cruzaron con la mirada de Lionel. Fueron un par de segundos, pero puedo recordar exactamente el rel&aacute;mpago que vi en sus ojos. Un morbo tan violento e intenso que parec&iacute;a rabia. En su mirada, me lam&iacute;a la concha, me cachaba, me escup&iacute;a en la boca, me mamaba con gula y me llenaba el culo de leche.<\/p>\n<p>Continuar&aacute;&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Rafaela era un sol. Una pelirroja sonriente y en&eacute;rgica, cuya belleza estallaba por sus curvas generosas y su inteligencia rara, r&aacute;pida y aguda. Hablaba fuerte y bien, defend&iacute;a sus opiniones en debates apasionados y fuimos amigas desde el primer semestre en la universidad de biolog&iacute;a. 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