{"id":37112,"date":"2022-08-24T22:00:00","date_gmt":"2022-08-24T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-08-24T22:00:00","modified_gmt":"2022-08-24T22:00:00","slug":"desde-el-asilo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/desde-el-asilo\/","title":{"rendered":"Desde el asilo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"37112\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>No importa cual hab&iacute;a sido mi falta: le ment&iacute;, la enga&ntilde;&eacute;.<\/p>\n<p>Y all&iacute; estaba yo de rodillas, desnudo, bes&aacute;ndole los pies, pidiendo perd&oacute;n. Ella estaba sentada con piernas y brazos cruzados, mir&aacute;ndome y sonriendo. Callada, imperturbable, una diosa ajena a la miseria humana que era yo. Dej&oacute; que me arrastrara, que se me secaran las l&aacute;grimas y los besos. Hasta que por fin se inclin&oacute; y tomo la correa que ten&iacute;a atada a mi collar y con un suave tir&oacute;n, me acerc&oacute; a cent&iacute;metros de su boca. Con voz tranquila, como si estuviera hablando del tiempo, dijo:<\/p>\n<p>&#8211; No s&eacute; si alg&uacute;n d&iacute;a te voy a perdonar. Puede que s&iacute;, puede que no. Tendr&aacute;s que pasar por mucho, sufrir&aacute;s lo que nunca imaginaste. Si hasta ahora eras mi esclavo con algunos beneficios, vas a ser menos que eso. Te voy a transformar en nada, en un ser que apenas escuche mis pasos va a empezar a temblar y a pedir clemencia. No volver&aacute;s a ver la luz del sol por mucho tiempo&hellip; &#8211; me dio un suave beso en la boca y me solt&oacute;: Tambi&eacute;n pod&eacute;s irte. Eleg&iacute;.<\/p>\n<p>Por supuesto que me tir&eacute; desesperado a sus pies y le agradec&iacute; de mil formas inimaginables. No fui consciente o no quise serlo, del significado de sus palabras. Solo quer&iacute;a que me perdonara. Esto sucedi&oacute; hace&hellip; &iquest;quince? &iquest;Diez a&ntilde;os? No lo s&eacute;. A partir de aquel d&iacute;a perd&iacute; todo: incluida la noci&oacute;n del tiempo.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>Primero fue desocupar la habitaci&oacute;n de servicio que contaba con un ba&ntilde;o m&iacute;nimo. Solo permiti&oacute; que dejara un colch&oacute;n en el piso, unas pocas mantas. Nada m&aacute;s. Cuando finalic&eacute; me encerr&oacute; en aquel cuarto. Durante semanas o meses, no lo s&eacute;, me sacaba de all&iacute; tirando sin piedad de la correa y me llevaba hasta la cocina y all&iacute; me hac&iacute;a comer en el piso, mientras ella permanec&iacute;a mir&aacute;ndome callada. Luego me encerraba otra vez en la habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Hasta que aquella monoton&iacute;a se quebr&oacute;. Y empez&oacute; otra rutina infernal, durante la cual supe del terror, del dolor, de agon&iacute;as f&iacute;sicas y mentales que me quebraron para siempre. Nunca imagin&eacute; de lo que ella era capaz.<\/p>\n<p>Aunque los recuerdos son difusos, los d&iacute;as empezaban con ejercicios f&iacute;sicos bajo su supervisi&oacute;n. Tra&iacute;a una silla y sentada me indicaba que deb&iacute;a hacer. Cuando comet&iacute;a un error ya sea por torpeza o porque estaba exhausto, con voz sedada me indicaba que repitiera. Nada m&aacute;s.<\/p>\n<p>Nunca, ni antes cuando ya era mi due&ntilde;a y a&uacute;n ten&iacute;a ciertos derechos como satisfacerla oralmente o ba&ntilde;arla por ejemplo, ni en esta nueva etapa, ella se vest&iacute;a de manera especial. Alguna que otra vez recuerdo haberla vestida con alguna prenda de cuero. Le bastaba con su desnudez para vencerme. Pero ahora no. Cada vez que me visitaba, lo hac&iacute;a como Dios la trajo al mundo. &iquest;C&oacute;mo es f&iacute;sicamente? &iquest;Importa eso de un Ama?<\/p>\n<p>Cuando conclu&iacute;a mi entrenamiento f&iacute;sico, Ella entraba en acci&oacute;n. Comenzaba a usar el l&aacute;tigo corto como solo Ella solo sab&iacute;a hacerlo. Era lenta y met&oacute;dica. No me hac&iacute;a contar los latigazos porque creo que ni Ella sab&iacute;a cuando detenerse. Pod&iacute;an ser diez como cincuenta o m&aacute;s. Jam&aacute;s necesit&oacute; atarme. Solo indicaba en que posici&oacute;n deb&iacute;a soportar el tormento. Cuando me venc&iacute;a el rigor, y quedaba hecho un ovillo, llorando, sangrando, esperaba paciente a que volviera a la posici&oacute;n que me hab&iacute;a indicado. Y recomenzaba. Creo recordar que al principio, llegue a suplicar piedad, a intentar arrastrarme para besar sus pies, pero me dejaba solo llegar a cent&iacute;metros de Ella para luego dar un paso atr&aacute;s y descargar un nuevo golpe. Cuando lo decid&iacute;a el suplicio terminaba y en ese momento Ella dejaba su marca, la dosis exacta de placer y dolor para que todo fuera m&aacute;s terrible: Suavemente me pasaba un dedo por mi pene que enloquecido buscaba m&aacute;s. Hab&iacute;a veces que me dejaba as&iacute;. Otras llegaba a correrme. No le importaba. Nunca le import&oacute;. Sab&iacute;a que a&uacute;n vaciado, una palabra, un gesto, bastaba para que volviera a estar sediento de Ella.<\/p>\n<p>Cuando quedaba muy maltrecho, dejaba que transcurrieran los d&iacute;as para que me recuperara. Pero no por ello me libraba de sus torturas. Sentada en su silla, fumando, con mi cabeza bajo la planta de su pie, sol&iacute;a hablarme. No me preguntaba nada: solo informaba de mi estado, subrayaba en que me estaba convertido, en que era un ente sin futuro, que no ten&iacute;a ni siquiera la voluntad de rebelarme. Hablaba como si estuviera conversando con Ella misma, como si yo no estuviera. O me obligaba a mirar videos de como estaba educando a un nuevo esclavo (el era un esclavo que pod&iacute;a tocarla; yo ni eso)<\/p>\n<p>Despu&eacute;s sobrevino una larga temporada de electroshock: yo arrodillado, con las manos en la nuca, sin bajar la mirada, deb&iacute;a soportar las descargas: no ces&oacute; en esa pr&aacute;ctica hasta que pude soportar dos minutos el nivel m&aacute;ximo de intensidad. M&aacute;s tarde las duchas fr&iacute;as, simulacros de ahogamiento: yo solo deb&iacute;a meter la cabeza en el balde del agua y solo ante una indicaci&oacute;n de Ella pod&iacute;a volver a tomar aire. Tambi&eacute;n el hambre y la sed. Conservo vagos recuerdos de haber deseado que de una vez por toda me quite la vida.<\/p>\n<p>De pronto aquel torbellino se detuvo. Pasaron d&iacute;as, semanas, meses, donde Ella no apareci&oacute;. Se limitaba a golpear la puerta cuando me acercaba comida y bebida. Comenc&eacute; a extra&ntilde;arla a niveles insospechados. Necesitaba sentir su poder como si fuera una droga y era en esos momentos cuando me pon&iacute;a en posici&oacute;n fetal y lloraba. La &uacute;nica imagen que taladraba mi cerebro durante aquellos d&iacute;as interminables, era la de Ella, la de su cuerpo desnudo, sus piernas, su mirada impasible ante el sufrimiento que me provocaba. Se hab&iacute;a cumplido su advertencia: &ldquo;Vas a temblar cuando escuches mis pasos&rdquo;<\/p>\n<p>Hasta que un d&iacute;a irrumpi&oacute; en la habitaci&oacute;n y arroj&oacute; un par de prendas al suelo. &ldquo;Podes irte&rdquo; No comprend&iacute;. &iquest;Adonde iba ir si yo ya no era nadie? Me arroj&eacute; al piso y le abrac&eacute; las piernas. De tanto estar en silencio, hab&iacute;a perdido la capacidad de hablar. Igual Ella entendi&oacute;. Me apart&oacute; de su cuerpo como si me tuviera asco y me pis&oacute;. &ldquo;Te avis&eacute; que iba a pasar esto&rdquo; Antes de marcharse, agreg&oacute;: &ldquo;La puerta queda sin llave&rdquo;<\/p>\n<p>Lleg&oacute; la &eacute;poca del olvido definitivo. Me permiti&oacute; volver a estar a su servicio en algunas cuestiones. Hacerle de comer, limpiar a veces, prepararle el ba&ntilde;o. Eso si: nunca se olvidaba de rozarme el pene con su dedo &iacute;ndice sobre todo cuando se acostaba desnuda y me dejaba dormir a su lado en el suelo. Pero en l&iacute;neas generales, me ignoraba. Una vez intent&eacute; besar sus pies. Me agarr&oacute; del pelo y mir&aacute;ndome a los ojos, me dijo. &ldquo;&iquest;Crees que podes aspirar a ese privilegio? S&eacute; que ya no pod&eacute;s pensar&hellip; pero &iquest;no te alcanza con lo que te doy?<\/p>\n<p>Un d&iacute;a mi mente y mi f&iacute;sico empezaron a flaquear. Hab&iacute;an pasado los a&ntilde;os y yo era un ente flaco, que me costaba caminar y que ve&iacute;a con dificultad. Ella se dio cuenta y sin decir nada, me arrastr&oacute; hasta la pieza y me encerr&oacute; all&iacute;. Cada tanto me hac&iacute;a una visita, como si quisiera comprobar que mi deterioro era irreversible. No hab&iacute;a compasi&oacute;n en su mirada. Solo frialdad como si un cient&iacute;fico observara el resultado de su experimento. Me acariciaba el pene un rato y se iba.<\/p>\n<p>Hasta que lleg&oacute; el d&iacute;a que unos enfermeros vinieron por mi y me trajeron a este lugar: un asilo de ancianos. Le tengo fobia al sol, por lo que solo me levantan despu&eacute;s del atardecer. Le ped&iacute; a una enfermera un cuaderno y lapicera para desgranar estos recuerdos.<\/p>\n<p>Aunque cada noche antes de dormirme me entusiasmo, s&eacute; que Ella no vendr&aacute; nunca a visitarme.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>No importa cual hab&iacute;a sido mi falta: le ment&iacute;, la enga&ntilde;&eacute;. Y all&iacute; estaba yo de rodillas, desnudo, bes&aacute;ndole los pies, pidiendo perd&oacute;n. Ella estaba sentada con piernas y brazos cruzados, mir&aacute;ndome y sonriendo. 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