{"id":37119,"date":"2022-08-24T22:00:00","date_gmt":"2022-08-24T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-08-24T22:00:00","modified_gmt":"2022-08-24T22:00:00","slug":"lluviosa-tarde-de-trabajo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/lluviosa-tarde-de-trabajo\/","title":{"rendered":"Lluviosa tarde de trabajo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"37119\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Eran las diez con cuarenta de la noche, y yo a&uacute;n rondaba en mi oficina, haciendo resonar mis tacones estridentes en el desolado piso veinticuatro de la torre empresarial.<\/p>\n<p>En aquella planta, tan solo, dos compa&ntilde;eros y mi jefe continu&aacute;bamos terminando nuestros pendientes del d&iacute;a. La noche abrazaba con su fr&iacute;o manto la vertical estructura de acero forrada de cristal, y la lluvia comenzaba a caer precipit&aacute;ndose con fuerza sobre los grandes ventanales. Aun as&iacute;, no hab&iacute;a prisa ni ansiedad por salir esa noche. Bien hab&iacute;a aprendido que m&aacute;s val&iacute;a desvelarse un poco para terminar los pendientes del trabajo, antes que madrugar al d&iacute;a siguiente para tener que finalizarlos con las prisas encima.<\/p>\n<p>El ambiente desolado era tan t&eacute;trico como rom&aacute;ntico. El cl&aacute;sico silencio de oficina en el que solo se escuchan las maquinas trabajando, los teclados escribiendo y las impresoras ti&ntilde;endo de tinta las blancas hojas tama&ntilde;o carta, ahora era reemplazado por el feroz aguacero que arremet&iacute;a a la hermosa y ca&oacute;tica Ciudad de M&eacute;xico.<\/p>\n<p>Sobre mi escritorio, cerr&eacute; la carpeta donde hab&iacute;a archivado los &uacute;ltimos documentos del d&iacute;a, a reserva que los tendr&iacute;a que utilizar el d&iacute;a siguiente. Camin&eacute; sobre la alfombra de mi oficina, tan solo cuatro pasos hasta llegar a un archivero postrado en la esquina, donde me agach&eacute; doblando las rodillas un poco, para colocarlos, asegur&aacute;ndome que reposaran c&oacute;modamente dentro de su respectiva carpeta color verde esmeralda, junto a sus s&iacute;miles en aquella repisa.<\/p>\n<p>Enseguida me reincorpor&eacute; sin acomodarme la falda, pues ya no hac&iacute;a falta, a esas horas del d&iacute;a ya nadie cuida su imagen. Mi jefe saldr&iacute;a mucho m&aacute;s tarde que yo, mi compa&ntilde;ero no se asomar&iacute;a de su oficina ni por accidente, y mi amiga, quien ser&iacute;a la &uacute;nica persona que me ver&iacute;a esa noche al despedirme de ella, seguramente no le importar&iacute;a mi desfachatez.<\/p>\n<p>Qu&eacute; m&aacute;s daba mi falda entallada mal acomodada y arrugada, o mi camisa blanca desfajada, o mi cabello despeinado. Es m&aacute;s, que diablos les hab&iacute;a de importar si por ejemplo me soltaba el cabello, desaprision&aacute;ndolo de la apretada liga anudada todo el d&iacute;a tras mi nuca.<\/p>\n<p>El cansancio hab&iacute;a hecho mella en m&iacute;, aquella mujer empoderada que se hab&iacute;a presentado esa misma ma&ntilde;ana, desfilando entre los cub&iacute;culos, haciendo martillar con fuerza sus feroces tacones a su paso. Ahora no era mas que una chica de oficina fatigada que a&ntilde;oraba por un buen sue&ntilde;o reparador, un momento para s&iacute; misma, o una simple reconfortante caricia.<\/p>\n<p>Me sent&eacute; sobre mi escritorio, tan solo un momento para tomar aire antes de partir de regreso a casa. Pero no pude. Mis piernas estaban destrozadas por soportarme todo el d&iacute;a en esos hermosos y sensuales zapatos de aguja.<\/p>\n<p>Me tom&eacute; ese momento para masajearme un poco los pies, haciendo c&iacute;rculos con mis tobillos y acarici&aacute;ndome los muslos forrados con la tela de mis pantimedias, hasta mis piernas escondidas debajo de mi ce&ntilde;ida falda de oficinista renegada.<\/p>\n<p>Finalmente me levant&eacute; de mi escritorio, apagu&eacute; las luces de mi oficina cubri&eacute;ndola bajo la oscuridad de la noche, y regres&eacute; a mi silla para tomar mi bolso, pero desv&iacute;e camino. En cambio, camin&eacute; lentamente en las penumbras hac&iacute;a el vitral que daba a la calle, ilumin&aacute;ndome &uacute;nicamente por la luz de la luna y los rel&aacute;mpagos que destellaban de tanto en tanto, encantada con las gotas estamp&aacute;ndose con enfado, desintegr&aacute;ndose y desliz&aacute;ndose con melancol&iacute;a sobre el vidrio que comenzaba a empa&ntilde;arse debido a las temperaturas dis&iacute;miles.<\/p>\n<p>Algo en el ambiente me cautivaba, era aquella atmosfera h&uacute;meda y fr&iacute;a, ese silencio desolado opacado con el torrente ensordecedor golpeando la edificaci&oacute;n. Era esa apacible tranquilidad, pero tambi&eacute;n era la extra&ntilde;a privacidad hogare&ntilde;a que surge naturalmente despu&eacute;s de pasar un largo tiempo en el mismo lugar, como la que surg&iacute;a ah&iacute; mismo, tras una larga jornada de trabajo.<\/p>\n<p>Quiz&aacute; se deb&iacute;a a la fatiga acumulada que me hac&iacute;a alucinar, pero en ese momento me sent&iacute;a en casa, ya no hab&iacute;a trabajo por hacer, tan solo estaba yo y la furiosa tormenta de c&oacute;mplice. Una extra&ntilde;a comodidad me acompa&ntilde;aba mientras me aligeraba un poco desabon&aacute;ndome un par de botones de la blusa, y luego un par m&aacute;s, no hab&iacute;a diferencia, nadie se enterar&iacute;a lo que ah&iacute; hac&iacute;a.<\/p>\n<p>Ahora, escondida en las sombras de mi oficina, los cristales empa&ntilde;ados reflejaban mi silueta como si fuesen un espejo, debelando la redondez de mis pechos estrujados cruelmente por mi sost&eacute;n de elegantes encajes, asom&aacute;ndose t&iacute;midamente por mi blusa abierta de par en par, mientras lentamente me terminaba de despojar de la blusa, para doblarla con tranquilidad y ponerla sobre mi escritorio.<\/p>\n<p>Sab&iacute;a que del otro lado la f&iacute;sica reflectante de los vidrios suceder&iacute;a a la inversa, pero no me importaba, en parte porque nadie podr&iacute;a verme, pero en realidad simplemente no me importaba porque era mi lugar y mi momento.<\/p>\n<p>No s&eacute; porque lo hac&iacute;a, pero me gustaba aquella complicidad y el exhibicionismo que me provocaba sexualmente, al hacerlo en mi lugar de trabajo, en donde la pasaba la mayor parte del d&iacute;a. Aunque sab&iacute;a que dentro del edificio nadie me encontrar&iacute;a, no pod&iacute;a fingir esa excitante sensaci&oacute;n de ser atrapada en cualquier momento, o quiz&aacute; alguien podr&iacute;a estarme espiando desde los edificios contiguos, y me gustaba mucho.<\/p>\n<p>Mir&eacute; hac&iacute;a el oscuro pasillo, donde los cub&iacute;culos vac&iacute;os de mis compa&ntilde;eros aguardaban pacientemente para otro d&iacute;a de arduo trabajo, cuando regresar&iacute;an aquellos sonidos de impresoras, teclados y el murmullo de los ejecutivos. Pero ahora, solo se escuchaba la lluvia acompa&ntilde;ada de los atroces rel&aacute;mpagos en la noche.<\/p>\n<p>Al fondo del piso, se lograba percibir la luz de la oficina de mi jefe, y a la izquierda, oculta en la perspectiva, pod&iacute;a ver las sombras de mi compa&ntilde;ero dentro de su oficia fundi&eacute;ndose con la oscuridad de la noche.<\/p>\n<p>No pod&iacute;a fingirlo, ni omitirlo. Estaba sola. Como aquellas tardes de soledad en casa, a&uacute;n mejor, sin familia que molestara, ni vecinos ruidosos o pleitos callejeros. Se sent&iacute;a como un escape, una huida del todo, pese a estar en medio de una de las ciudades m&aacute;s concurridas del mundo, estaba extra&ntilde;amente sola y en paz.<\/p>\n<p>Nunca antes me hab&iacute;a sentido tan tranquila y relajada, era como si el tiempo me perteneciera, mientras deambulaba en mi oficina. Podr&iacute;a ponerme m&aacute;s c&oacute;moda, pero no, nunca mis preciosos zapatos de tac&oacute;n alto. En cambio, me llev&eacute; mis manos por detr&aacute;s de mi cadera para desabotonar mi falda y enseguida hacer deslizar la cremallera, liberando a mis piernas de su prisionera tela al dejarla caer al suelo alfombrado de color gris fr&iacute;o, fr&iacute;o como la mism&iacute;sima noche que iluminaba mis hermosas zapatillas pateando mi falda hac&iacute;a un rinc&oacute;n.<\/p>\n<p>Con toda tranquilidad me sent&eacute; nuevamente en la esquina de mi escritorio, esta vez pod&iacute;a sentir la helada madera plastificada en la piel desnuda de mis piernas y la de mis nalgas, que mi lencer&iacute;a no alcanzaba a proteger. Como mis pies quedaban volando, me permit&iacute;a juguetear con ellos mientras separaba poco a poco mis muslos, abri&eacute;ndome de piernas frente a aquella luna como &uacute;nica confidente.<\/p>\n<p>Suspir&eacute;, y me dej&eacute; abrazar por las carisias de mis manos que lentamente recorr&iacute;an la piel desnuda de mis pechos, cintura y piernas, acarici&aacute;ndome sobre la estorbosa e inc&oacute;moda lencer&iacute;a de encajes lastimando la delicada piel de mis zonas &iacute;ntimas, donde llegaban mis delgados dedos esmaltados de color rojo.<\/p>\n<p>A penas ros&eacute; sutilmente por encima de mis bragas, y mi cuerpo se estremeci&oacute; en un poderoso escalofr&iacute;o que me recorr&iacute;a cada cent&iacute;metro de mi ser, eriz&aacute;ndome la piel expuesta ante la helada noche.<\/p>\n<p>No perd&iacute; tiempo y de inmediato comenc&eacute; a hacer c&iacute;rculos sobre mi pubis, estimulando mis labios mayores sobre mis h&uacute;medas bragas trasparentes, cuya delgada tela me permit&iacute;a sentir toda esa humedad restreg&aacute;ndose en la sensible piel de la parte m&aacute;s &iacute;ntima de mi cuerpo.<\/p>\n<p>Aunque no ten&iacute;a ninguna prisa, tampoco pod&iacute;a seguir posterg&aacute;ndolo demasiado, estaba realmente caliente, sab&iacute;a que tendr&iacute;a un gran orgasmo y lo gozar&iacute;a como nunca. Mi respiraci&oacute;n comenzaba a agitarse, sent&iacute;a c&oacute;mo mis pechos se inflamaban poco a poco, al paso de mis manos acariciando mi piel, comenzaba a perderme en mis caricias, pero en ese momento ces&oacute; la lluvia.<\/p>\n<p>Aquel diluvio que ensordec&iacute;a mi oficina, ahora era una ligera llovizna que acompa&ntilde;aba con peque&ntilde;os golpecillos en aquel vitral, por lo que no pude evitar sentirme un poco nerviosa. Era como si de alguna forma, la tormenta me estuviese protegiendo de la realidad y ahora me hubiese abandonado.<\/p>\n<p>Me puse de pie nuevamente, aunque la atmosfera hab&iacute;a cambiado un poco, no hab&iacute;a nada que me inquietara, ni siquiera en casa me hab&iacute;a sentido con tanta confianza. Inclusive me atrev&iacute; a asomarme al pasillo, pos&aacute;ndome orgullosa frente al cristal que limitaba mi oficina, al tiempo que me desabrochaba mi sost&eacute;n para quit&aacute;rmelo con toda naturalidad. Enseguida, regres&eacute; a mi escritorio caminando con extrema sensualidad sobre mis tacones altos, mis pantimedias a medio muslo y mis mojadas bragas.<\/p>\n<p>De mi silla tom&eacute; mi bolso, y de &eacute;l saqu&eacute; mi fiel amigo y confidente org&aacute;smico; un consolador de veinticinco cent&iacute;metros, color piel y textura realista, el cual, con toda alevos&iacute;a hab&iacute;a guardado esa misma ma&ntilde;ana. Engre&iacute;da, lo lam&iacute; un poco con exceso de pasi&oacute;n, como si alguien me estuviese juzgando por que le diera la m&aacute;s experta chupada, y enseguida lo acopl&eacute; con la succi&oacute;n de su copa, en el enorme vitral que daba a hac&iacute;a los edificios colindantes de la bella ciudad, h&uacute;meda como yo.<\/p>\n<p>Me di media vuelta, y as&iacute; como si estuviese esperando que alguien me cogiese por detr&aacute;s, me arrim&eacute; hac&iacute;a el pito artificial poni&eacute;ndome en cuatro a media altura, restreg&aacute;ndomelo entre mis nalgas, antes de apartar un poco mis bragas para juguetear con &eacute;l, frot&aacute;ndomelo en mis labios calientes e inflamados.<\/p>\n<p>No me importaba que alguien pudiese verme, de hecho, lo quer&iacute;a, aunque era muy dif&iacute;cil que se pudiese percibir mi figura detr&aacute;s del cristal empa&ntilde;ado y, adem&aacute;s con las luces apagadas. Aun as&iacute; me gustaba imaginarme que alg&uacute;n afortunado bur&oacute;crata estar&iacute;a saliendo tarde en alguno de aquellos edificios, voltear&iacute;a hac&iacute;a mi oficina, y me ver&iacute;a ah&iacute;, empotr&aacute;ndome en mi consolador, restregando mis nalgas en el vidrio fr&iacute;o, hasta dibujar sobre &eacute;l, la redondez de mi blanco trasero con el pa&ntilde;o del agua condensada sobre &eacute;l.<\/p>\n<p>Realmente lo estaba gozando mucho, aquel consolador se deslizaba con gran facilidad dentro de mi mojada conchita, mientras me balanceaba en un sensual vaiv&eacute;n con mis caderas, estampando mis nalgas en el ventanal, al tiempo que me restregaba mi cl&iacute;toris fuertemente con mis dedos medios, como si tuviese l&iacute;mite de tiempo para hacerme venir.<\/p>\n<p>Estaba tan complacida que comenc&eacute; a gemir un poco. Intentaba censurar mis labios, pero no era suficiente para evitar que me hiciera escuchar en toda la oficina.<\/p>\n<p>Pronto, el acuoso sonido del agua escurriendo en los vitrales del edificio, comenzaban a mezclarse con el chapoteo de mi lubricada vagina desliz&aacute;ndose sobre mi pene de pl&aacute;stico, al tiempo que me lo met&iacute;a y sacaba del interior de mi cuerpo.<\/p>\n<p>As&iacute; segu&iacute; hasta que me cans&eacute; de menear las caderas en tan inc&oacute;moda posici&oacute;n. Entonces, me saqu&eacute; el consolador y lo desempotr&eacute; del vidrio. Intent&eacute; colocarlo sobre el suelo solo para darme cuenta de mi estupidez, pues no hab&iacute;a manera de aferrarlo a la alfombra, por lo que me decid&iacute; a colocarlo sobre la madera plastificada de mi escritorio, donde la succi&oacute;n del juguete lo afianzar&iacute;a firmemente para poderme penetrar a gusto.<\/p>\n<p>Sin embargo, el escritorio estaba muy alto, por lo que me tuve que subir por completo sobre &eacute;l, intentando no resbalar al posar mis zapatos de tac&oacute;n en la resbaladiza superficie. Me sent&iacute;a como una loca trepada ah&iacute; arriba, hasta que me acomod&eacute; en cuclillas para ens&aacute;rtame el falso pene nuevamente, entonces no pude pensar en otra cosa m&aacute;s que en mi propio placer.<\/p>\n<p>Mi coraz&oacute;n bombeaba fuertemente; por un lado, estaba realmente excitada como nunca, mientras me complac&iacute;a meti&eacute;ndome mi consolador una y otra vez sobre mi escritorio. Pero, al mismo tiempo, estaba plenamente consciente del lugar donde lo estaba haciendo, y ni siquiera me atrev&iacute;a a pensar en la escena que se har&iacute;a si alguien me pillase en ese momento. Desnuda, montada sobre mi escritorio y masturb&aacute;ndome como una zorra, sent&aacute;ndome una y otra vez sobre mi gran pito realista de pl&aacute;stico.<\/p>\n<p>Sin embargo, era justamente aquel temor el que me ten&iacute;a con ese nivel de excitaci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a si alguien me descubriese? Adem&aacute;s de las consecuencias laborales, sociales, mi reputaci&oacute;n y mi potencial despido, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s podr&iacute;a pasar? Es decir, ya entrada en el pecado, que m&aacute;s daba aprovecharlo.<\/p>\n<p>Me imaginaba a mi jefe entrando en mi oficina, y la cara de sorpresa que tendr&iacute;a al verme en esa situaci&oacute;n. Seguramente me dar&iacute;a mi espacio respetuosamente, o quiz&aacute; me reprender&iacute;a. Pero &iquest;y si yo no me detuviese? &iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a si continuara d&aacute;ndome placer frente a &eacute;l? Quiz&aacute; me mirar&iacute;a cual voyerista, o quiz&aacute; se atrever&iacute;a a participar.<\/p>\n<p>Aunque es casado, ning&uacute;n hombre se resistir&iacute;a a una oportunidad as&iacute;, con una mujer joven y hermosa como yo. Despu&eacute;s de todo &eacute;l es mi jefe y no habr&iacute;a chantaje alguno, as&iacute;, con esa misma complicidad, yo podr&iacute;a asegurar mi trabajo y &eacute;l una buena follada. Ganar-ganar. &iquest;No?<\/p>\n<p>Fantaseaba casi recreando su presencia en la puerta, mientras continuaba penetr&aacute;ndome a un buen ritmo placentero, acompa&ntilde;ando las sentadillas con unas suaves y firmes caricias en mi cl&iacute;toris para complacerme todav&iacute;a m&aacute;s.<\/p>\n<p>Pero, &iquest;me atrever&iacute;a? &iquest;En verdad ser&iacute;a capaz de destruir un feliz matrimonio ancestral solo por mi est&uacute;pida caletera? &iquest;Y por qu&eacute; no? Aunque mi jefe me lleve casi vente a&ntilde;os, no esta tan mal, es decir, sus a&ntilde;os buenos atr&aacute;s han quedado, pero se conserva muy bien y un tanto en forma. &iquest;Por qu&eacute; no? Ser&iacute;a solo una aventura, solo una vez, &uacute;nicamente en aquella noche de placer y llena de humedad, tranquilidad y soledad.<\/p>\n<p>Me perd&iacute;a en mi fantas&iacute;a, al tiempo que la fuerte lluvia regresaba con m&aacute;s intensidad. El ojo del hurac&aacute;n hab&iacute;a pasado, y la tempestad arremet&iacute;a con toda su furia nuevamente. Era como si le hubiesen abierto el grifo a la llave nuevamente. La feroz tormenta goleaba sobre las edificaciones de la gran urbe, donde una ardiente secretaria se masturbaba con placer sobre su escritorio, mont&aacute;ndose un buen pene, aunque fuese de maquila.<\/p>\n<p>El ambiente ensordecedor regresaba, era como aquellos d&iacute;as en los que me sent&iacute;a protegida tan solo con cubrirme con las cobijas de mi cama. Exactamente era esa sensaci&oacute;n la que me otorgaba la estridente lluvia que ensordec&iacute;a cualquier otro sonido.<\/p>\n<p>Entonces, saqu&eacute; el gran pene de mi cuerpo y me sent&eacute; sobre mi escritorio, ahora en el v&eacute;rtice de su lado m&aacute;s angosto, abriendo las piernas hac&iacute;a la puerta de mi oficina. En seguida, continu&eacute; masturb&aacute;ndome regresando el glorioso juguete hac&iacute;a mi mojada cavidad, desliz&aacute;ndolo un poco m&aacute;s despacio, pero con m&aacute;s placer, al tiempo que me estimulaba mi cl&iacute;toris persiguiendo aquel aclamado orgasmo que sent&iacute;a ya, a punto de hacerme explotar.<\/p>\n<p>Cobijada bajo la ruidosa tormenta, ahora me sent&iacute;a con la confianza suficiente de expresar todo ese placer con er&oacute;ticos gemidos sin censura, sin preocuparme por que alguien pudiese escucharme. -&iexcl;Mmm! -&iexcl;Hhaa! -&iexcl;Siiii! -Gem&iacute;a cual puta, siendo censurada por la furiosa tempestad golpeando toda la edificaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Ya a punto de hacerme terminar, uno que otro quejido se me escapaba lo suficientemente alto, como para que alguno de mis compa&ntilde;eros me escuchase. Pero ya no me importaba, estaba en las v&iacute;speras de mi delirante orgasmo, de esas veces que realmente pierdes la cordura a punto de venirte y que tu mente se dispara en un torrencial de locuras, en mi caso, imagin&aacute;ndome follando con mi jefe, o quiz&aacute; con mi compa&ntilde;ero, e inclusive, ya con el orgasmo en las fronteras de mi chorreante co&ntilde;o chapoteando entre el falso pene, entrando y saliendo con frenes&iacute;, fantaseaba con hacerlo con mi amiga y compa&ntilde;era, en una er&oacute;tica escena l&eacute;sbica dentro de mi oficina.<\/p>\n<p>Entonces me dej&eacute; venir, por fortuna antes de que cometiera alguna otra estupidez sin remedio. Finalmente, aquel pene artificial estimul&aacute;ndome en las profundidades de mi cuerpo, y mi mano restreg&aacute;ndose sin piedad en mi cl&iacute;toris, me arrancaba un poderoso orgasmo como ning&uacute;n otro, que me hac&iacute;a estremecer con vigor sobre mi escritorio, exhalando un profundo gemido final, casi como un grito ahogado. -Haaa. -Suspiraba, al tiempo que eyaculaba l&aacute;nguidamente, oblig&aacute;ndome a sacarme el dildo de mi vagina para que se pudiesen escurrir todos mis tibios jugos, en un largo y acuoso chorro que emanaba de mi vagina, exprimi&eacute;ndome hasta las &uacute;ltimas gotas, mojando todo mi escritorio y la alfombra de mi oficina, con mi eyaculaci&oacute;n que goteaba igual que aquella mism&iacute;sima lluvia torrencial que me hab&iacute;a acompa&ntilde;ado en todo el acto.<\/p>\n<p>Si te ha gustado el relato, te invito a leer m&aacute;s contenido as&iacute;, visitando mi perfil Erothic.<\/p>\n<p>Te agradezco por haber llegado hasta aqu&iacute;.<\/p>\n<p>Estar&eacute; encantada de leer tus sensaciones en los comentarios.<\/p>\n<p>Te deseo que tengas Felices Fantas&iacute;as.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Eran las diez con cuarenta de la noche, y yo a&uacute;n rondaba en mi oficina, haciendo resonar mis tacones estridentes en el desolado piso veinticuatro de la torre empresarial. En aquella planta, tan solo, dos compa&ntilde;eros y mi jefe continu&aacute;bamos terminando nuestros pendientes del d&iacute;a. La noche abrazaba con su fr&iacute;o manto la vertical [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2116,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[],"class_list":{"0":"post-37119","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-masturbacion"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/37119","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2116"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=37119"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/37119\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=37119"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=37119"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=37119"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}