{"id":37156,"date":"2022-08-27T22:00:00","date_gmt":"2022-08-27T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-08-27T22:00:00","modified_gmt":"2022-08-27T22:00:00","slug":"100-pesos-bien-invertidos-parte-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/100-pesos-bien-invertidos-parte-3\/","title":{"rendered":"100 pesos bien invertidos (parte 3)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"37156\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>No volv&iacute; a ver a Morena en la calle. El &uacute;ltimo encuentro hab&iacute;a terminado con un beso candente y su tel&eacute;fono anotado en un papel. Eran tiempos previos a Whatsapp, cuando todav&iacute;a la gente hablaba por tel&eacute;fono. Dej&eacute; pasar unos d&iacute;as para marcarle, mal disimulando mi inter&eacute;s. Una noche marqu&eacute; su n&uacute;mero y me contest&oacute; como si fuera yo un cliente m&aacute;s hasta que le aclar&eacute; que era su &ldquo;vecino&rdquo;. Su tono cambi&oacute; de inmediato, pero me pidi&oacute; que le llamara al d&iacute;a siguiente, m&aacute;s temprano, pues estaba trabajando. Que si pudiera lo hiciera antes de las 6 pm.<\/p>\n<p>No me lo tom&eacute; a mal y, siendo mi d&iacute;a de descanso, no tuve problema con marcarle despu&eacute;s de la comida. Platicamos un poco y me propuso vernos. No quise verme, de nuevo, desesperado, y solo agregu&eacute; que s&iacute;, que tambi&eacute;n me gustar&iacute;a y que nos vi&eacute;ramos un d&iacute;a de estos. La conversaci&oacute;n fue por otros temas, aunque siempre orbitando lo sexual. En alg&uacute;n momento sali&oacute; el tema de los fetiches y le coment&eacute; que me encantaban los uniformes escolares. Me respondi&oacute; que era una fantas&iacute;a muy com&uacute;n, la colegiala. Pero mi fantas&iacute;a ten&iacute;a un elemento, quiz&aacute;s, un poco perverso. No me gustaban los trajes de bailarina ex&oacute;tica de faldas cort&iacute;simas, blusas transparentes, medias y tacones. Mi fetiche era m&aacute;s realista: me gustaba la apariencia genuina de estudiante, el uniforme de una instituci&oacute;n espec&iacute;fica, las calcetas largas, los lentes, el cabello recogido. Me dijo que era un perverso y que no ten&iacute;a ese uniforme, pero, si yo lo llevaba, con gusto se lo pondr&iacute;a para m&iacute;.<\/p>\n<p>Ni siquiera tuve que pensarlo. La erecci&oacute;n que tuve al pensarla vestida as&iacute; y a mi merced eran la &uacute;nica confirmaci&oacute;n que necesitaba. Quedamos en mi siguiente d&iacute;a de descanso a las 2 de la tarde.<\/p>\n<p>Por fortuna, el ciclo escolar estaba por comenzar, as&iacute; que hab&iacute;a much&iacute;simas tiendas vendiendo uniformes. Vi una donde la dependiente ten&iacute;a un cuerpo similar a Morena. Le ment&iacute; diciendo que el uniforme era para una prima y que si le quedaba a ella, seguro le quedar&iacute;a tambi&eacute;n a mi prima. Compr&eacute; todo lo necesario y le confirm&eacute; que iba para all&aacute;.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Me recibi&oacute; vestida en jeans y con una camiseta de holgada, el cabello envuelto en una toalla y el rostro totalmente desmaquillado.<\/p>\n<p>Morena viv&iacute;a en una zona residencial. Sin entrar en mucho detalle, un familiar le rentaba la casa a precio m&oacute;dico. Cuesta un poco de trabajo imaginarlo, pero hace 15 a&ntilde;os una mujer, transexual o no, pod&iacute;a ejercer la prostituci&oacute;n con relativa seguridad en su casa, siendo independiente. Ese era su caso y le estaba yendo bien, me dijo. Pasamos una salita sencilla y alcanc&eacute; a ver un cuarto. Ten&iacute;a luces rojizas, un espejo en la pared paralelo a la cama matrimonial y una televisi&oacute;n apagada.<\/p>\n<p>Me gust&oacute; el gesto. No me invit&oacute; a ese cuarto. Sent&iacute; ternura cuando me llev&oacute; de la mano a su dormitorio: una cama individual, un sof&aacute; de dos plazas, una televisi&oacute;n m&aacute;s grande que en la otra habitaci&oacute;n y un librero con una cantidad modesta de libros y adornos.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Trajiste el uniforme? &mdash;me dijo, sec&aacute;ndose el cabello todav&iacute;a. Le extend&iacute; la bolsa y me dijo que le diera unos 15 minutos, que pod&iacute;a ver la televisi&oacute;n si quer&iacute;a. Me entretuve todo el rato curioseando en los t&iacute;tulos de sus libros.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Decir lo siguiente es un lugar com&uacute;n, pero fue exacto: verla me cort&oacute; el aliento. Llevaba el uniforme completo, con sus calcetas altas, su falda, unos zapatos negros, sus lentes, el cabello recogido en una coleta. Agradec&iacute; que la dependiente de la tienda fuera tan poco sincera: la blusa polo con el logo de la escuela le quedaba un tanto ajustada. Los pechos de Morena estaban perfectamente delineados. Sus anchas caderas destacaban tambi&eacute;n con la falda de tonos rojizos. Sus muslos morenos contrastaban con la blancura de las calcetas.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Me va a ayudar con la calificaci&oacute;n, profe? &mdash; dijo, jugando con su cabello.<\/p>\n<p>Nos sentamos en el sof&aacute;, muslo con muslo, siguiendo el juego. Ella fing&iacute;a, con un libro, mostrarme algo. Hac&iacute;a que mi brazo rosara sus pechos por encima de la blusa, palmeaba mi pierna demasiado cerca de mi ya evidente erecci&oacute;n. Dec&iacute;a que hac&iacute;a calor, abr&iacute;a su blusa un poco, dejando ver su escote, y se abanicaba con la falda. Puse ver su ropa interior, unos cacheteros que nada ocultaban su propia erecci&oacute;n. Cerr&oacute; de golpe el libro y tom&oacute; mi mano.<\/p>\n<p>&mdash;Profe, ay&uacute;deme, si repruebo me corren. Mire, estoy asustada. &mdash;Y pon&iacute;a mi mano en su seno izquierdo. &mdash;&iquest;Ve c&oacute;mo me late el coraz&oacute;n?<\/p>\n<p>Comenc&eacute; a masajear su pecho y pellizcar suavemente su pez&oacute;n, mir&aacute;ndola a los ojos a trav&eacute;s de sus lentes. Repet&iacute;a &ldquo;Profe&rdquo; en varios tonos. De recriminaci&oacute;n, de enojo fingido, hasta decirlo gimiendo. Y comenzamos a besarnos.<\/p>\n<p>Su lengua era algo vivo. Toda su pasi&oacute;n la comunicaba a trav&eacute;s de ella, empujando, rozando, latigueando y penetrando mi boca, mis labios. Jugaba con mi propia lengua. Y me llevaba a donde quer&iacute;a. Solo dejaba de besarme para atraerme a su cuello, a explorar el escote de su blusa. La abr&iacute;a lo suficiente para que asomara la carne tibia de sus pechos.<\/p>\n<p>Levant&oacute; su blusa haciendo el adem&aacute;n de quit&aacute;rsela pero se lo imped&iacute;. Me sonri&oacute; traviesa y se limit&oacute; a subirla y sacar sus senos del sost&eacute;n. Se recost&oacute; sobre el sof&aacute; y me dej&oacute; lamerlos a placer. Me di a la tarea inclinado sobre ella. Sus pezones estaban dur&iacute;simos.<\/p>\n<p>&mdash;Profe, tengo un secreto &mdash; tom&oacute; mi cabello y me empuj&oacute; con suavidad. &mdash; Aqu&iacute; est&aacute;.<\/p>\n<p>Morena abri&oacute; sus piernas. El cachetero que usaba estaba ajustado, revelando el bulto de su pene. Le segu&iacute; el juego, fingiendo desconocimiento. Comenc&eacute; a rozarlo por encima de su ropa y ella se estremec&iacute;a. Sin liberarlo, comenc&eacute; a lamer la tela de su ropa interior, humedeci&eacute;ndola y viendo c&oacute;mo aumentaba su erecci&oacute;n. La punta se liber&oacute; sola. Asom&oacute; por una de las mangas de la prenda y no era mi saliva de lo que ya estaba mojada. Pude, ya sin la presi&oacute;n ni la sorpresa de la &uacute;ltima vez, saborear la excitaci&oacute;n de Morena.<\/p>\n<p>Muchas veces quienes sentimos curiosidad por las mujeres transexuales bromeamos al respecto: al final, el cl&iacute;toris es un peque&ntilde;o pene, as&iacute; que no hay diferencia. Pero hay algo que me resulta excitante de estar con este tipo de mujeres: siento una seguridad de mi capacidad para complacerlas porque su cuerpo me es m&aacute;s comprensible.<\/p>\n<p>Morena confirmaba mis pensamientos con sus gemidos y la urgencia con la que empujaba mi cabeza entre sus piernas. Liber&eacute; su pene por completo, apartando su cachetero. Recorr&iacute; con curiosidad y placer cada elemento de sus genitales: la base, sus test&iacute;culos reci&eacute;n depilados, todo desde la punta h&uacute;meda y dura hasta el perineo.<\/p>\n<p>&mdash;Profe, &iquest;cu&aacute;nto me pone por una mamada?<\/p>\n<p>&mdash;Depende, bromee. &iquest;Va a ser una mamada de seis o de diez?<\/p>\n<p>Morena sonri&oacute; e intercambiamos posiciones. Yo estaba ahora sentado con las piernas abiertas en el sof&aacute; y ella, de rodillas, me miraba entre las piernas. Se dej&oacute; de sutilezas. Me quit&oacute; los zapatos, baj&oacute; mis pantalones junto con la ropa interior y, de una, engull&oacute; mi pene completamente. Me miraba retadora a trav&eacute;s de los lentes. Sus ojos lagrimeaban un poco, pero ella no se apartaba. A pesar de escuchar un leve sonido de arcadas, su lengua repasaba mi pene con habilidad. Al final se apart&oacute; e hilos de saliva un&iacute;an mi pene con sus labios. Los rompi&oacute; con su mano y, lubricada con ellos, comenz&oacute; a masturbarme. Uno por mis test&iacute;culos fueron entrando por turnos a su boca. Sent&iacute;a una succi&oacute;n casi dolorosa, pero infinitamente m&aacute;s placentera. Altern&oacute; por un par de minutos su mano, su boca y su garganta.<\/p>\n<p>Justo en el momento que presinti&oacute; mi eyaculaci&oacute;n, se llev&oacute; la punta de mi pene a sus pechos y dej&oacute; que mi semen escurriera entre ellos.<\/p>\n<p>&mdash;Ay, no, profe&hellip; Me va a dejar con ganas&hellip; &mdash; dijo, acariciando mi pene que comenzaba a ponerse un poco fl&aacute;cido. Fingiendo contrariedad se levant&oacute;, se cruz&oacute; de brazos y se arroj&oacute; boca arriba sobre la cama.<\/p>\n<p>Sigui&eacute;ndole el juego a su berrinche, me acerqu&eacute; despacio y comenc&eacute; a acariciar sus pantorrillas a trav&eacute;s de la tela de sus calcetas. Las bes&eacute; tambi&eacute;n, ascendiendo por sus muslos y apartando la falda. Fui bajando poco a poco sus cacheteros para dejar al descubierto sus nalgas. Me apliqu&eacute; sobre su ano. Ella inclinaba juguetonamente sus caderas, rozando su pene contra las s&aacute;banas. Cuando qued&oacute; inclinado bajo su cuerpo lo aprision&eacute; y dej&eacute; que sus movimientos lo sacaran y metieran de mi mano, sin dejar de pasar y repasar mi lengua sobre su ano.<\/p>\n<p>&mdash;Me gusta mucho, profe &mdash; No supe si se refer&iacute;a a lo que le hac&iacute;a o a m&iacute; mismo, pero ambas posibilidades me iban devolviendo la erecci&oacute;n. Hice una r&aacute;pida comprobaci&oacute;n y confirm&eacute; que ya estaba listo mi pene para continuar.<\/p>\n<p>&mdash;No te vas a quedar con las ganas, Morena. &mdash;Le dije, al tiempo que acariciaba la entrada de su ano con la punta de mi pene.<\/p>\n<p>&mdash;Ponte cond&oacute;n primero.<\/p>\n<p>La obedec&iacute;, pues lo hab&iacute;a dicho en otro tono, como si de golpe se hubiera salido de la fantas&iacute;a. Siempre es un momento inc&oacute;modo, cuando hay que pausar el placer y la entrega por algo que parece lo contrario: la precauci&oacute;n.<\/p>\n<p>Una vez enfundado en el anticonceptivo volv&iacute; a explorar la entrada de su ano. Morena gimi&oacute;, devolvi&eacute;ndome con ese sonido la erecci&oacute;n que podr&iacute;a hacer perdido en la pausa.<\/p>\n<p>&mdash;Despacio, profe. Es la primera vez. &iquest;No me va a doler? &mdash;Sent&iacute; mi pene latir de deseo&hellip; Entr&eacute; despacio, al ritmo de sus gemidos. Tengo el glande un poco grande, hay que decirlo. Sent&iacute; c&oacute;mo batallaba para entrar. Sent&iacute;a la carne caliente de su ano envolver la punta y, casi como si me hubiera succionado, el resto de mi pene entr&oacute; dentro de ella con un gemido ahogado.<\/p>\n<p>A horcajas sobre ella, usando sus nalgas como asidero, comenc&eacute; a penetrarla con buen ritmo. La &uacute;nica ventaja de ser un tanto precoz es que mi segunda vez dura por las dos. Durante varios minutos la hice gozar, penetr&aacute;ndola con suavidad o dureza, r&aacute;pida o lentamente, seg&uacute;n me lo indicara.<\/p>\n<p>Ninguno de los dos terminaba, pero me hab&iacute;a cansado un poco de la posici&oacute;n y me sal&iacute; de su ano. Ella, liberada de mi peso y de mi pene, se recost&oacute; boca arriba.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; cabr&oacute;n, profe. Me lo dej&oacute; todo rojo &mdash;dijo ri&eacute;ndose.<\/p>\n<p>Yo me puse a acariciar su ano y sus test&iacute;culos. Me sub&iacute; sobre ella, quedando con los cuerpos invertidos, en un 69 involuntario. Me fui inclinando para besarle lentamente su ano&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Profe, me gusta mucho que me consienta as&iacute;. Le voy a devolver el favor&hellip;<\/p>\n<p>Dicho eso, sent&iacute; su lengua ense&ntilde;&aacute;ndome una caricia que me era del todo desconocida. Confieso que me perd&iacute; en la novedad de ese placer. Y ella se dio cuenta pues fue cambiando su posici&oacute;n de tal modo que me ten&iacute;a a merced de su boca y de sus manos. Comenz&oacute; a orde&ntilde;arme al tiempo que aplicaba su lengua. A veces suavemente dibujaba c&iacute;rculos. A veces endurec&iacute;a su lengua como si quisiera penetrarme.<\/p>\n<p>Yo ten&iacute;a su pene entre mis manos y comenc&eacute; a masturbarla.<\/p>\n<p>Sent&iacute;a c&oacute;mo su saliva inundaba mi escroto al bajar por el perineo. Y luego, sin dejar de lamer y besar, desliz&oacute; su dedo pulgar y lo introdujo, totalmente lubricado. No s&eacute; si fue el placer por s&iacute; mismo, o solo coincidi&oacute;, pero en ese momento eyacul&eacute;. Su dedo sigui&oacute; ah&iacute; y, primero por su gemido y luego por lo que sent&iacute; en mis manos, me di cuenta que ella tambi&eacute;n hab&iacute;a terminado.<\/p>\n<p>&mdash;Profe, voy a tener que cambiar las s&aacute;banas&hellip; &mdash; dijo, acomod&aacute;ndose las gafas.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Diez minutos despu&eacute;s est&aacute;bamos en la regadera. Nos besamos bajo el chorro, enjabon&aacute;ndonos mutuamente. A pesar del cansancio y el placer saciado, segu&iacute;amos buscando nuestros cuerpos, besando y acariciando. Era evidente, por ambas erecciones que roz&aacute;bamos la una con la otra, que la tarde de sexo estaba lejos de terminar. El pene de ella se deslizaba debajo del m&iacute;o, empujando mis test&iacute;culos. Y, de pronto, con cierta brusquedad se arrodill&oacute; e hizo que me girara. Continu&oacute; con su lengua sobre mi ano. Yo, de pie, tom&eacute; las llaves de la regadera y me inclin&eacute;, abriendo ligeramente las piernas. Disfrutaba de su lengua y del agua tibia sobre mi rostro.<\/p>\n<p>Tras una pausa que apenas not&eacute; y sin previo aviso, sent&iacute; la punta de su pene acariciando mi ano en lugar de su lengua.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, ya s&eacute; que nunca lo has hecho. Voy a ser cari&ntilde;osa &mdash; me dijo, lamiendo mi oreja.<\/p>\n<p>Sent&iacute; su pene, por suerte delgado, entrar dentro de m&iacute;. Honestamente, disfrut&eacute; m&aacute;s de su placer que del m&iacute;o. Es decir, no es una sensaci&oacute;n desagradable, pero prefer&iacute;a su lengua a su penetraci&oacute;n. Y desde luego prefer&iacute;a penetrarla yo a ella. Sin embargo, es como el sexo oral a una mujer: no es que lo disfrutemos por nosotros, sino por el placer que le proporciona a nuestra pareja. Adem&aacute;s, mientras me penetraba, me masturbaba, gimiendo. No estaba nada mal.<\/p>\n<p>Estuvo un par de minutos as&iacute;. Sali&oacute; de m&iacute; y me tom&oacute; de la mano. Nos secamos apresuradamente con las toallas y nos sentamos en el sof&aacute;. Para mi tranquilidad, vi que se hab&iacute;a puesto un cond&oacute;n antes de penetrarme. Y sac&oacute; otro para pon&eacute;rmelo.<\/p>\n<p>Es un poco complicado describir la posici&oacute;n. Yo me recost&eacute; contra el apoyabrazos del sof&aacute; con mis piernas sobre el otro apoyabrazos. Ella se mont&oacute; en m&iacute; de tal manera que, apoyada en sus piernas y recostada sobre las m&iacute;as, se ensart&oacute; con fuerza. Me encant&oacute; esa otra faceta de Morena, ya desnuda, sin juegos, entregada a su propio placer. Se masturbaba al tiempo que sub&iacute;a y bajaba. El mismo movimiento y ritmo iba acercando nuestros cuerpos&hellip; De pronto, sin dejar de penetrarla, hab&iacute;a quedado frente a su pene. No perd&iacute; oportunidad. Comenc&eacute; a besar y lamer la punta de su pene, a engullirla. Con su mano izquierda tom&oacute; mi cabeza, empuj&aacute;ndome hacia a ella. Y eyacul&oacute; much&iacute;simo. Con suavidad pero con firmeza mantuvo su pene dentro de mi boca mientras terminaba.<\/p>\n<p>Antes de que pudiera escupir o tragar, ella se levant&oacute; y se subi&oacute; sobre m&iacute;. Me bes&oacute; de lengua, como queriendo robarme cada mililitro de su semen. Pero una vez dentro de su boca volv&iacute;a a derramarlo en la m&iacute;a con un beso. Sent&iacute; sus h&aacute;biles manos haci&eacute;ndome eyacular.<\/p>\n<p>&mdash;Ahora s&iacute;, profe. &iquest;Le gust&oacute; mi leche? Ya la prob&oacute; como se debe&hellip;<\/p>\n<p>Parpade&eacute; como si estuviera despertando de un sue&ntilde;o y sent&iacute; c&oacute;mo me derramaba entre sus dedos. Creo que esa fue suficiente respuesta.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>No volv&iacute; a ver a Morena, a pesar de mi insistencia y de la amistad telef&oacute;nica que mantuvimos meses despu&eacute;s. Lo &uacute;ltimo que supe fue que se ir&iacute;a a Monterrey a hacerse m&aacute;s operaciones y bailar en un sitio. Espero que donde quiera que est&eacute;, le est&eacute; yendo muy bien.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 No volv&iacute; a ver a Morena en la calle. El &uacute;ltimo encuentro hab&iacute;a terminado con un beso candente y su tel&eacute;fono anotado en un papel. Eran tiempos previos a Whatsapp, cuando todav&iacute;a la gente hablaba por tel&eacute;fono. Dej&eacute; pasar unos d&iacute;as para marcarle, mal disimulando mi inter&eacute;s. 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