{"id":37193,"date":"2022-08-29T22:00:00","date_gmt":"2022-08-29T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-08-29T22:00:00","modified_gmt":"2022-08-29T22:00:00","slug":"el-novio-de-rafaela-parte-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-novio-de-rafaela-parte-3\/","title":{"rendered":"El novio de Rafaela (parte 3)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"37193\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Un puto ascensor emocional, eso fue. Este manipulador jugaba conmigo y me hab&iacute;a dejado sin voz. Prendi&oacute; el motor, desabroch&oacute; su pantal&oacute;n, sac&oacute; su verga tensa y empez&oacute; a manejar. Ya la ve&iacute;a de cerca, era particularmente gruesa. Un escalofr&iacute;o me recorri&oacute; al pensar en lo rico que me llenar&iacute;a la concha.<\/p>\n<p>&mdash;Me voy a pajear apenas lo suficiente que para que se quede parada hasta llegar a casa. La vas a mirar todo el camino, Sandra. Pero cuidado, como en los museos: miras, pero no toques.<\/p>\n<p>Me agarr&oacute; delicadamente la nuca para que agachara la cabeza y estar seguro no me perd&iacute;a ni un cent&iacute;metro de su erecci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; querida, mira&hellip; mira el pedazo de carne que te va a cachar bien duro&hellip;<\/p>\n<p>Se hac&iacute;a el macho mal criado y me encantaba el juego. Levant&eacute; mi vestido, abr&iacute; las piernas y le contest&eacute;, provocadora:<\/p>\n<p>&mdash;Ya, si quieres. Voy a mirar bien, no te preocupes. Y si no te puedo tocar, pues me voy a tocar a m&iacute;.<\/p>\n<p>Me vine justo antes de llegar a la esquina de la calle donde viv&iacute;an. Los doscientos metros que quedaban para llegar bastaron para que Lionel volviera a guardar su sexo en su pantal&oacute;n y que yo retomara cierta contundencia. As&iacute; llegamos a su casa, con el carro lleno de cajas de vino, yo todav&iacute;a enrojecida por mi orgasmo y &eacute;l esforz&aacute;ndose para que bajara su erecci&oacute;n. Rafaela nos esperaba en la terraza con una cerveza en la mano, radiante de felicidad. Parec&iacute;a que su tarde de masaje hab&iacute;a sido placentera. Pero de repente no tanto como la nuestra.<\/p>\n<p>En la noche, probamos los vinos. Lo suficiente para que Rafaela estuviera totalmente tranquila en cuanto a su calidad y que Lionel y yo estuvi&eacute;ramos picaditos. Fue una noche alegre, conversamos mucho, contando chistes y brindando a su futura boda, iba a ser muy bonita.<\/p>\n<p>El viernes en la ma&ntilde;ana, me despert&eacute; tarde, ya solo faltaba un d&iacute;a antes de la ceremonia y de la fiesta. Parec&iacute;a que todo estaba listo y Rafaela estaba tranquila. Los primeros invitados iban a llegar al final de tarde. Eran familiares o amigos cercanos que ven&iacute;an de lejos y que se iban a alojar en casas de campos cercanas o con carpas en el inmenso jard&iacute;n, para los m&aacute;s aventureros. La pareja hab&iacute;a planeado hacer parrilla con ensaladas y postres para la noche, invitando a los que acabaran de llegar para poder pasar un momento juntos antes del gran d&iacute;a. Mi novio, que tambi&eacute;n nos iba a alcanzar en la noche, me hab&iacute;a pedido que preparara mi &ldquo;ratatouille&rdquo;. Era su plato favorito y quer&iacute;a que todos pudieran probar la receta de mi abuela originaria del sur de Francia que, seg&uacute;n sus dichos, era la mejor de la Tierra.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de un desayuno tard&iacute;o, los tres empezamos a cocinar para la noche, escuchando la radio. Rafaela nos dijo que sus padres llegaban en tren en la tarde y que hab&iacute;a que ir a recogerlos a la estaci&oacute;n m&aacute;s cercana, a unos 25km. Por cortes&iacute;a, Lionel propuso ir, una oferta que Rafaela rechaz&oacute; al toque, con una mirada golosa.<\/p>\n<p>&mdash;Vida &iquest;no quer&iacute;as preparar tu arroz con leche? &mdash;le pregunt&oacute; haci&eacute;ndose la ingenua. &mdash;Sandra, tienes que probar el arroz con leche de Lionel&hellip; &iexcl;Es una delicia! Nunca en la vida he probado cosa m&aacute;s rica. Voy a ir a recoger a mis padres yo, para estar segura de que te alcance el tiempo para preparar esta maravilla, mi amor.<\/p>\n<p>Lionel la abraz&oacute; sonriendo y le regal&oacute; un besito en la boca con una mirada c&oacute;mplice y llena de amor. Fue as&iacute; que la gula de Rafaela nos llev&oacute; a quedarnos solitos en la cocina durante una buena hora aquella tarde. Era de estas cocinas modernas, renovada con gusto y c&oacute;moda. Ten&iacute;a una imponente isla central, con una encimera de madera donde me hab&iacute;a instalado para preparar las verduras. Lionel ocupaba la placa con un par de ollas llenas de arroz con leche de las cuales se escapaba un delicioso olor a canela. Remov&iacute;a las masas untuosas continuo y lentamente con un batidor de metal. Apenas Rafaela hubo cerrado la puerta de la casa, que sent&iacute; la presencia de Lionel en mi espalda. Acerc&oacute; su boca de mi oreja y susurr&oacute;:<\/p>\n<p>&mdash;Hoy si te pusiste un calz&oacute;n, &iquest;no? &iquest;Tienes miedo de que tu amiga se entierre de la depravada que eres?<\/p>\n<p>Asent&iacute; con la cabeza mientras hab&iacute;a puesto sus manos sobre mis caderas. Llevaba una falda ligera y un top de algod&oacute;n blanco, sin sujetador para estar c&oacute;moda.<\/p>\n<p>&mdash;A ver&hellip; &mdash;sigui&oacute;, levantando mi falda.<\/p>\n<p>Me calentaba ponerme a su disposici&oacute;n, lo dej&eacute; hacer mientras segu&iacute;a picando tomates como si no pasara nada. Hab&iacute;a bloqueado la tela de mi falda en la cintura y regres&oacute; a sus ollas. De vez en cuando se daba la vuelta para mirarme y disfrutaba de la vista sobre mi calz&oacute;n de encaje negro. Me qued&eacute; as&iacute; expuesta un buen momento, hasta que Lionel terminara de cocer su arroz con leche. De la nada, sent&iacute; un objeto frio que me acariciaba el interior de los muslos. Estaba de nuevo en mi espalda y me tocaba con el mango del batidor. Subi&oacute; lentamente hasta mi entrepierna y no pude detener un gemido cuando toc&oacute; mi calz&oacute;n. El contacto del metal me excitaba y m&aacute;s a&uacute;n porque sab&iacute;a que este vicioso hab&iacute;a elegido un juguete particular, a modo de gui&ntilde;o a mi cepillo de cabello. Siempre me gust&oacute; jugar y hacer subir lentamente la temperatura, pero dado los meses que llevaba dese&aacute;ndolo en secreto y lo que hab&iacute;a pasado el d&iacute;a anterior, ya no pod&iacute;a m&aacute;s. Quise que llegara al grano r&aacute;pidamente.<\/p>\n<p>&mdash;Quiero que me la metas &mdash;le dije en voz baja, lasciva, arque&aacute;ndome y abriendo las piernas.<\/p>\n<p>Una presi&oacute;n m&aacute;s fuerte del mango del batidor contra mi sexo me contest&oacute;. Pas&oacute; su mano en mi calz&oacute;n y me acarici&oacute; levemente los labios antes de llevarse los dedos a la boca.<\/p>\n<p>&mdash;Y adem&aacute;s de ser una zorra de primera, sabes rico&hellip;<\/p>\n<p>Manten&iacute;a el mango horizontal entre mis labios mojados, presos del encaje, y amasaba mis nalgas con la otra mano. Yo hab&iacute;a soltado el cuchillo que ten&iacute;a en la mano y me apoyaba en la encimera, tratando de sobarme en la pieza de metal. Me agachaba y el jugo de los tomates mojaba y manchaba mi top blanco. Quer&iacute;a sentir su verga ancha llenarme, pero Lionel no lo ve&iacute;a con estos ojos y estaba bien decidido a revelarme su lado perverso y dominante.<\/p>\n<p>&mdash;Tsss&hellip; quietita, quietita&hellip; Si te portas bien, te voy a dar lo que quieres.<\/p>\n<p>Cerr&eacute; los ojos, se hab&iacute;a pegado a m&iacute; y me acariciaba la nuca y la cara como si estuviera una yegua rabiosa que quisiera calmar. Cada vez que sus dedos pasaban cerca de mi boca, sacaba mi lengua desesperadamente para tratar de lamerlos como una muerta de hambre. Me quit&oacute; mi calz&oacute;n y lo llev&oacute; a mi cara mientras colocaba el mango en la entrada de mi concha. Quise bajar para que entrara m&aacute;s, pero me lo impidi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Quietita te dije&hellip; &iquest;Ves lo empapado que est&aacute; tu calz&oacute;n? A ver, abre tu boquita&hellip; As&iacute;, est&aacute; bien. Sabe rico &iquest;no?<\/p>\n<p>Obedec&iacute; y me meti&oacute; mi calz&oacute;n fino en la boca, era verdad que estaba muy h&uacute;medo. Lam&iacute;a mi propio jugo y me encantaba. Era un maestro, estaba completamente arrecha y dispuesta a todo. Lionel se revelaba ser de los con quienes no ten&iacute;a l&iacute;mites. Sent&iacute; que el mango se deslizaba en mi concha, gem&iacute; mientras me manten&iacute;a el calz&oacute;n en la boca. No era muy grueso, pero por fin ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de estar penetrada. Hac&iacute;a idas y venidas lentas que yo acompa&ntilde;aba con movimientos de caderas. Pegaba mi culo pegado la bragueta de su pantal&oacute;n, hinchada y endurecida por su verga. R&aacute;pidamente, me puse a temblar, mi cl&iacute;toris me dol&iacute;a por tanta excitaci&oacute;n, necesitaba venirme. En su gran clemencia y para recompensarme por mi obediencia, solt&oacute; mi boca y acudi&oacute; en socorro de mi dolorosa frustraci&oacute;n. Siguiendo el ritmo de la penetraci&oacute;n de mango, acarici&oacute; mi cl&iacute;toris con movimientos circulares. As&iacute; me vine, el pecho pegado a la encimera, el culo en ofrenda y babeando con mi propio calz&oacute;n en la boca.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; rico Sandra&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Me mor&iacute;a de ganas&hellip; &mdash;le contest&eacute;, d&aacute;ndome la vuelta para mirarlo.<\/p>\n<p>Mi top se hab&iacute;a vuelto transparente por el jugo de los tomates, se pegaba a mis tetas. Lionel acerc&oacute; su cara de mi pecho y lami&oacute; uno de mis pezones a trav&eacute;s de la tela. Subi&oacute; lentamente, dejando su lengua pasar sobre mi cuello hasta llegar a mi boca. Nos besamos con furia. Sent&iacute; su mano pasar entre mis nalgas y mientras me callaba con su boca, uno de sus dedos abri&oacute; t&iacute;midamente paso en mi ano. Mov&iacute;a mi culo para que entendiera que no me molestaba que entrara m&aacute;s, al contrario.<\/p>\n<p>&mdash;Parece que este huequito tambi&eacute;n necesita estar cuidado &mdash;me dijo. &mdash;Lo vamos a complacer y darle todos los honores.<\/p>\n<p>Sonre&iacute;mos, maravillados por nuestro juego. Lionel me invit&oacute; a subir en la isla central y a ponerme en cuatro patas, lo que hice con gusto. Se quit&oacute; el polo y dio un par de vueltas alrededor de la isla con el batidor en la mano, mir&aacute;ndome con mucha seriedad y bajo todos los &aacute;ngulos, como un escultor que hubiera estado evaluando el potencial de un bloque de m&aacute;rmol. Mi falda segu&iacute;a bloqueada en su cintura y mi culo desnudo lo esperaba, encima de las verduras y de las c&aacute;scaras. Pas&oacute; a mi espalda y se puso a acariciar mis nalgas, suavemente al inicio, hasta amasarlas con fuerza. Les confieso que el solo hecho de estar en esta posici&oacute;n me excitaba, entonces cuando sent&iacute; su lengua contra mi ano, perd&iacute; el seso. Me lami&oacute; con aplicaci&oacute;n e insistencia durante un rato. Me di cuenta de que estaba muy mojada cuando volvi&oacute; a pasar sus dedos entre mis labios, con una caricia regular que me hizo gemir. Sent&iacute; mi ano ceder bajo su lengua cuya punta trataba de penetrarme. Se dedic&oacute; a aplicarme este tratamiento unos largos minutos, dejando mi placer subir lentamente hasta que estimara que mi pudor hab&iacute;a completamente desaparecido. Se apart&oacute; de nuevo para mirarme, chupando sus dedos, satisfecho. Mi jugo estaba chorreando lentamente en mis muslos, ten&iacute;a los ojos cerrados y meneaba lascivamente el culo a modo de invitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Eres a&uacute;n m&aacute;s perra de lo que me hubiera imaginado&hellip;<\/p>\n<p>Me escupi&oacute; en el ano y sent&iacute; uno de sus dedos entrar sin ninguna dificultad. R&aacute;pidamente un segundo lo alcanz&oacute;. Con su otra mano, Lionel se masturbaba. Respiraba hondo, lo fascinaba ver sus dedos entrar y salir de mi hueco y no resisti&oacute; mucho tiempo antes de reemplazarlos por el mango del batidor que hab&iacute;a dejado al alcance de la mano. Era un algo m&aacute;s grueso y me abri&oacute; un poco m&aacute;s. Lo volvi&oacute; a sacar y lo dej&oacute; justo pegado contra mi ano, provoc&aacute;ndome una repentina frustraci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Lo quieres? &mdash;me pregunt&oacute; &mdash;A ver, hazlo t&uacute;. Ya no lo muevo.<\/p>\n<p>Con precauciones al inicio, me puse a mover para que el mango vuelva a entrar. Entre el ruido de la masturbaci&oacute;n de Lionel y el placer de la penetraci&oacute;n, mis movimientos se volvieron m&aacute;s hondos y regulares. Me gustaba que me viera as&iacute;, sodomiz&aacute;ndome solita con un utensilio de cocina que &eacute;l pon&iacute;a a mi disposici&oacute;n. Despu&eacute;s de un rato, viendo que yo me estaba satisfaciendo sin m&aacute;s ayuda y que acercaba mi mano de mi concha para masturbarme, puso la suya firmemente en mi nalga para indicarme que dejara de mover. Clav&oacute; por completo el mango en mi culo y dio un paso atr&aacute;s para mirarme. Se segu&iacute;a masturbando lentamente, su verga dura le ocupaba toda la mano. Pareci&oacute; estar reflexionando un instante y volvi&oacute; a acercarse de la isla para bajar mi top, sacar mis tetas y dejarlas colgar. Empuj&oacute; ligeramente mis hombros hasta que tocaran la tabla donde cortaba los tomates y que se llenaran de jugo. Yo me dejaba completamente llevar, siguiendo sus gestos y sobando mis senos en el jugo. Cuando le pareci&oacute; que era suficiente, me invit&oacute; a enderezarme de nuevo, agarr&aacute;ndome la barbilla y bes&aacute;ndome.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te gusta chupar, Sandra?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, me encanta&hellip; Hace tiempo que te la quiero mamar &mdash;le contest&eacute;, esperando tener por fin su verga en la boca.<\/p>\n<p>&mdash;Es que soy muy exigente en cuanto a eso&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Har&eacute; mis mejores esfuerzos &mdash;trat&eacute; de convencerlo.<\/p>\n<p>&mdash;Uhm&hellip; primero me vas a ense&ntilde;ar lo que sabes hacer y luego voy a ver si mereces ocuparte de m&iacute;.<\/p>\n<p>Eligi&oacute; un calabac&iacute;n de un tama&ntilde;o parecido al de su sexo, me hizo abrir la boca y me orden&oacute; que empezara a chuparlo como si fuera su verga. No era la primera vez que me entregaba a un juego de dominaci&oacute;n, pero el genio perverso de Lionel para crear una escena de la m&aacute;s grande obscenidad era m&aacute;s all&aacute; de lo que nunca me hubiera imaginado y lo peor era que yo disfrutaba cada segundo m&aacute;s convertirme en su perra. Con el batidor metido en el culo, mis tetas llenas de pepas y de jugo de tomate balanceando al ritmo de mis mamadas y lenguazos sobre la verdura que me &eacute;l presentaba, estaba en un estado de lubricidad que nunca hab&iacute;a alcanzado en mi vida. Pero &eacute;l se hizo el insatisfecho.<\/p>\n<p>&mdash;Tsss&hellip; No sabes nada, cari&ntilde;o&hellip; Te voy a ense&ntilde;ar c&oacute;mo se chupa una verga.<\/p>\n<p>Me agarr&oacute; la boca, hizo que la abriera y empez&oacute; a hacer ir y venir el calabac&iacute;n sobre mi lengua. La sensaci&oacute;n de tener la boca llena y la humillaci&oacute;n que me inflig&iacute;a me hac&iacute;an gemir de placer. Me cachaba la boca hasta la garganta y yo meneaba, moviendo lentamente el batidor en el aire, como si hubiera querido remover una masa imaginaria con mi culo. En esta situaci&oacute;n, tener mis tres huecos llenos me hubiera hecho venir al instante, pero no era lo que &eacute;l quer&iacute;a. Se par&oacute; y me dej&oacute; la verdura metida en la boca y, de nuevo, dio un paso atr&aacute;s. Me pidi&oacute; que no me mueva y se qued&oacute; mir&aacute;ndome en esta posici&oacute;n unos instantes, con el culo y la boca ocupados, hasta que mi saliva chorreara en lentos hilos brillantes. Entre ronroneos y gemidos, yo solo anhelaba que me liberara con un orgasmo. No le hubiera pedido mucho: una cachetada en la concha hubiera ampliamente bastado.<\/p>\n<p>&mdash;Ya, est&aacute; bien &mdash;dijo finalmente.<\/p>\n<p>Se acerc&oacute; y tom&oacute; mi concha a plena mano, presion&aacute;ndola con fuerza como si quisiera sacarle todo su jugo. Mi grito de goce ahogado se escuch&oacute; en la cocina. Me acababa de venir en la posici&oacute;n m&aacute;s obscena que hubiera conocido. Liber&oacute; mi boca y mi ano, y me hizo bajar de mi altar. Sin dejarle el tiempo de tomar otra iniciativa, me arrodill&eacute;, baj&eacute; su pantal&oacute;n y su b&oacute;xer, y hund&iacute; de una vez su verga en mi boca. Era riqu&iacute;sima, suave y particularmente dura. Me llenaba perfectamente la boca y sacaba la lengua al m&aacute;ximo para poder met&eacute;rmela lo m&aacute;s profundo que pudiera. Sus gemidos de placer me indicaron que yo hab&iacute;a aprendido la lecci&oacute;n con el calabac&iacute;n. A &eacute;l le gustaba el sexo as&iacute;, duro, &aacute;spero y perverso. A medida que lo mamaba profundamente, sent&iacute;a que se hinchaba m&aacute;s y m&aacute;s hasta que estuviera a punto de explotar en mi boca. Se retir&oacute; y, contrariando mis ansias de que se viniera en mi cara, me invit&oacute; a pararme y retomar mi posici&oacute;n inicial, frente a la isla central. Lo escuch&eacute; abrir y cerrar de nuevo la refrigeradora. Regres&oacute; a mi espalda y me abraz&oacute;, mordi&eacute;ndome levemente el cuello.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Todav&iacute;a quieres que te la meta?<\/p>\n<p>&mdash;Por favor&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Me molesta un poco la idea de querer meterla en otra concha que la de mi futura esposa&hellip;<\/p>\n<p>De nuevo se hac&iacute;a el arrepentido, pero no ca&iacute; en la trampa, sab&iacute;a lo que quer&iacute;a:<\/p>\n<p>&mdash;Mejor no me la metas ah&iacute; entonces, si eso te puede aliviar la consciencia.<\/p>\n<p>&mdash;Eres una persona muy considerada, mi querida Sandra. Mi matrimonio te lo agradecer&aacute;.<\/p>\n<p>Sent&iacute; un bloque fr&iacute;o y liso deslizarse contra mis nalgas que, en seguida, se encontraron cubiertas por una capa brillante y grasosa. Lionel hab&iacute;a agarrado un trozo de mantequilla y me estaba untando el culo. El contacto de mi piel c&aacute;lida lo derret&iacute;a al toque. Me lo pasaba entre las nalgas, presionando para que entre algo de grasa en mi hueco que, todav&iacute;a, no se hab&iacute;a cerrado por completo. Cuando le pareci&oacute; que estaba suficientemente lubricado, me amas&oacute; las nalgas y meti&oacute; su pulgar en mi ano.<\/p>\n<p>&mdash;A m&iacute; me gusta cocinar a las zorras como t&uacute; con mantequilla, no se merecen lubricante m&aacute;s fino, &iquest;no crees?<\/p>\n<p>A modo de respuesta, me arque&eacute; m&aacute;s y abr&iacute; las piernas, volviendo a pegar mi pecho en la encimera. Solt&oacute; mis nalgas para agarrarme una cadera y, con la otra mano, guiar su verga en la entrada de mi ano. No sol&iacute;a tener frecuentemente sexo anal, pero cuando pasaba con mi novio, me descontrolaba por el morbo que me provocaba, vini&eacute;ndome gritando antes que hubiera empezado sus idas y venidas. La sensaci&oacute;n de estiramiento lento y controlado era algo que me alocaba. El sexo de Lionel, cuyo tama&ntilde;o era m&aacute;s que respetable, me estaba abriendo el culo poquito a poco. Los dos est&aacute;bamos jadeando. El ligero dolor de la lenta penetraci&oacute;n que me regalaba fue r&aacute;pidamente reemplazado por el placer de sentirlo llenarme el culo. Se puso a mover lentamente, mi ano aflojado y vencido ya no le opon&iacute;a ninguna resistencia. No supe si por cuidado o si era para frustrarme, pero su ritmo no se aceleraba, fui yo que empec&eacute; a moverme m&aacute;s r&aacute;pido con gemidos insatisfechos. Entendi&oacute; la se&ntilde;al y aceler&oacute;. Me dio m&aacute;s y m&aacute;s duro, cachaba mi culo de puta con fuerza, saliendo por completo y volviendo a entrar de golpe en mi hueco abierto. Nuestros jadeos se convirtieron en suspiros profundos y no pude contenerme un segundo m&aacute;s cuando me volvi&oacute; a agarrar la concha. Grit&eacute; como un animal y, un par de segundos despu&eacute;s, descarg&oacute; toda su leche en mi culo.<\/p>\n<p>Lionel, si era verdad que solo hab&iacute;a conocido a una mujer, era un genio del sexo que acababa de hacerme una demostraci&oacute;n de su arte y de su perversi&oacute;n.<\/p>\n<p>Apenas tuvimos el tiempo de volver a una escena normal en la cocina, &eacute;l, repartiendo el arroz con leche en varios platitos y yo, poniendo la cebolla a fre&iacute;r con los tomates, que se escuch&oacute; el carro de Rafaela estacionarse delante de la casa. Entr&oacute; con sus padres que nos saludaron con grandes abrazos, demostrativos y joviales. Rafaela se ech&oacute; a re&iacute;r al ver mi top todo manchado.<\/p>\n<p>&mdash;T&uacute;, Sandrita, t&uacute; nunca vas a cambiar &iexcl;Jajaja! &iexcl;No sabes cocinar sin mancharte y hacer cochinadas!<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Jajaja! Tienes raz&oacute;n, soy una plaga &mdash;le contest&eacute;, tratando de re&iacute;r a pesar de lo inc&oacute;moda que me sent&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Desde que te conozco siempre has sido un desastre cocinando. &iexcl;Mira! &iexcl;Parece que hubo un tsunami en la encimera! &mdash;sigui&oacute; entre dos carcajadas.<\/p>\n<p>&ldquo;Y en mi culo, tambi&eacute;n&hellip;&rdquo;, complet&eacute; en mi cabeza.<\/p>\n<p>Tratando de no cruzar la mirada todav&iacute;a l&uacute;brica de Lionel, agarr&eacute; el calabac&iacute;n que poco antes hab&iacute;a ocupado mi boca para picarlo, mientras los padres de Rafaela nos comentaban su viaje en tren. Ella se instal&oacute; a mi costado para preparar las ensaladas y me dijo discretamente.<\/p>\n<p>&mdash;Lo siento por haberte dejado solita con Lionel. S&eacute; que para ti no siempre ha sido tan f&aacute;cil conversar a solas con &eacute;l, pero te aprecia y te estima, amiga.<\/p>\n<p>Le contest&eacute; que el tiempo hab&iacute;a pasado r&aacute;pido y que no ten&iacute;a que preocuparse, que hab&iacute;amos conversado tranquilamente. Mientras la tranquilizaba, el semen del novio ejemplar chorreaba todav&iacute;a de mi culo.<\/p>\n<p>La fiesta fue hermosa, se casaron felices y que lo siguen siendo. Nadie se enter&oacute; de lo que hab&iacute;a pasado entre Lionel y yo antes de la boda. Y tampoco de lo que iba a pasar despu&eacute;s&hellip;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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