{"id":37201,"date":"2022-08-31T03:11:55","date_gmt":"2022-08-31T03:11:55","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-08-31T03:11:55","modified_gmt":"2022-08-31T03:11:55","slug":"secuelas-de-una-pandemia-vii-traspasando-fronteras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/secuelas-de-una-pandemia-vii-traspasando-fronteras\/","title":{"rendered":"Secuelas de una pandemia (VII): Traspasando fronteras"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"37201\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>La pol&iacute;tica hace su juego, el Estado regula; las instituciones ejercen su poder. Fin de la cuarentena. Sin excesos, con precauciones, pero con m&aacute;s autonom&iacute;a de acci&oacute;n. Con la excitaci&oacute;n de saberse libres, armaron cada uno su bolso para ir a visitar a sus correspondientes familias por un par de d&iacute;as. Se extra&ntilde;aban los afectos; volver a las ra&iacute;ces era necesario.<\/p>\n<p>Pato se qued&oacute; en casa de sus padres por una semana, Diego, en cambio, regres&oacute; al departamento a los cuatro d&iacute;as.<\/p>\n<p>La soledad no le result&oacute; f&aacute;cil. Le faltaban esas charlas cotidianas, esa camarader&iacute;a natural que se hab&iacute;a instalado entre ellos, esa complicidad casi infinita que otorga compartir algo que debe permanecer en secreto, fuera de aquellas cuatro paredes.<\/p>\n<p>Y el sexo.<\/p>\n<p>Ya durante aquella primera noche, Diego se clav&oacute; una paja furiosa con el b&oacute;xer negro enlechado, apoyado en la cara. Al d&iacute;a siguiente se chup&oacute; los dedos pegoteados de semen. La pr&oacute;xima paja fue con un dedo en el orto. Pero faltaba Pato. Y al s&eacute;ptimo d&iacute;a volvi&oacute;.<\/p>\n<p>El abrazo que se dieron hablaba, era un elogio de la elocuencia sin palabras. &iquest;Cu&aacute;nto dur&oacute;? M&aacute;s de lo habitual; costaba desprenderse. Y al separarse, una frase: &ldquo;che boludo, cojamos&rdquo;.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Diego arremeti&oacute; sobre Pato empuj&aacute;ndolo contra la pared mientras las bocas se un&iacute;an en un beso salvaje. Las lenguas se retorc&iacute;an con vida propia y la saliva empezaba a humedecer la barba, la piel. Las manos recorr&iacute;an el cuerpo del otro como si buscaran desgarrar las carnes, tironeando de las ropas que solo molestaban, que deb&iacute;an dejar libres los cuerpos cargados de deseo. La respiraci&oacute;n era jadeo, quejido, se aceleraba al ritmo de los latidos del coraz&oacute;n que enardec&iacute;a las pijas hasta ponerlas duras y calientes.<\/p>\n<p>Semi vestidos, empezaron a caminar hacia la habitaci&oacute;n, pero los pantalones a medio bajar hicieron que Pato tropezara sobre el sill&oacute;n. Diego se tir&oacute; encima y volvi&oacute; a besarlo, a morderle los labios. Torpemente comenz&oacute; a sacarle el jean a su amigo, a quitarle el b&oacute;xer que hab&iacute;a quedado enganchado en la verga endurecida y que salt&oacute; como un resorte luego de ser liberada de su encierro de tela. Se miraron con lascivia. Entonces Diego empu&ntilde;o la chota de Pato y sin bajar la mirada se la meti&oacute; en la boca con hambre. El sabor le golpe&oacute; el cerebro, lo oblig&oacute; a cerrar los ojos, a respirar profundamente.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute; hijo de puta, chupame bien la verga, es toda para vos.<\/p>\n<p>Esas palabras lo enardecieron; ya no quer&iacute;a seguir chupando, quer&iacute;a comer, tragar, ir m&aacute;s a fondo, hasta el ahogo.<\/p>\n<p>Pato estaba en &eacute;xtasis, fuera de s&iacute; no pod&iacute;a dejar de decir guarradas, de insultar y dar &oacute;rdenes; Diego, por su parte, sent&iacute;a que deb&iacute;a redoblar la apuesta y trataba de hablar, ahogado en saliva y con los ojos rojos de l&aacute;grimas.<\/p>\n<p>&ndash;Dame tu verga, forro &ndash;dijo Pato de pronto, y con una fuerza que desconoc&iacute;a arroj&oacute; a Diego en el piso para tragarse el miembro de su amigo.<\/p>\n<p>Lo sorprendi&oacute; lo caliente que se sent&iacute;a en la lengua, c&oacute;mo el grosor le llenaba su boca. Por un momento una frase se le cruz&oacute; por la mente, un atisbo de culpa: &ldquo;&iquest;Estoy chupando una pija?&rdquo;, pero autom&aacute;ticamente la respuesta no se dej&oacute; esperar: &ldquo;s&iacute;, y me encanta porque es la pija de Diego&rdquo;.<\/p>\n<p>Con un sonido gutural y espasm&oacute;dico, la descarga de leche llen&oacute; la boca de Pato sin previo aviso. Espesa, como siempre, cubri&oacute; la superficie de la lengua y la colm&oacute; de un sabor &uacute;nico que se parec&iacute;a a otros pero que era definitivamente gusto a leche de hombre. Sin soltar la pija que apresaba con su mano derecha, Pato la sigui&oacute; mamando mientras Diego se retorc&iacute;a de placer. No dej&oacute; una gota; trag&oacute; todo con hambre y placer.<\/p>\n<p>Enseguida empez&oacute; a pajearse, necesitaba descargar.<\/p>\n<p>&ndash;Banc&aacute; &ndash;dijo Diego con un hilo de voz&ndash;. Dejame recuperarme y te hago el mejor pete de tu vida.<\/p>\n<p>Pato se incorpor&oacute; para besarlo largamente, esperando que su amigo recuperase el aliento, y al cabo de unos segundos all&iacute; estaba Diego, arrodillado, con la espalda arqueada, sacando el culo lleno de pelos como una invitaci&oacute;n a comerlo. Pato cerr&oacute; los ojos pero los abri&oacute; enseguida: quer&iacute;a ver la cara de su compinche trag&aacute;ndole la verga con devoci&oacute;n, con una habilidad innata sorprendente para ambos. Diego disfrutaba la tersura del glande, el dejo salado del presemen que ya comenzaba a salir en gotas transparentes.<\/p>\n<p>&ndash;D&aacute;mela toda &ndash;balbuce&oacute; con la boca llena de pija, y en segundos las descargas de Pato, como fuegos artificiales, le llenaron la garganta.<\/p>\n<p>A Diego se le hab&iacute;a vuelto a poner dura gracias al sabor de la leche que le hab&iacute;a exprimido a su amigo y que a&uacute;n conservaba en la boca, para devolv&eacute;rsela, para compartirla en un beso largo y pegajoso, lleno de olores y morbo.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Pasaron unos minutos en silencio, acarici&aacute;ndose, tirados en el sill&oacute;n. Estaban a punto de romper todas las barreras posibles y era hermoso.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te anim&aacute;s? &ndash;pregunt&oacute; Diego.<\/p>\n<p>&ndash;No s&eacute; a qu&eacute;, pero s&iacute;. Me animo.<\/p>\n<p>Sin decir m&aacute;s, se levantaron y tomados de la mano, se dirigieron hacia la habitaci&oacute;n de Pato.<\/p>\n<p>Los cuerpos yac&iacute;an l&aacute;nguidos uno al lado del otro, roz&aacute;ndose, bes&aacute;ndose. La piel de Pato recib&iacute;a la caricia peluda del pecho de Diego cada vez que lo abrazaba y la respiraci&oacute;n de ambos comenzaba a acelerarse.<\/p>\n<p>&ndash;Bueno&hellip; dale, cogeme &ndash;pidi&oacute; Diego con un susurro casi inaudible.<\/p>\n<p>&ndash;Yo pens&eacute; que&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;Despu&eacute;s.<\/p>\n<p>&ndash;Ok&hellip; &iquest;C&oacute;mo quer&eacute;s?<\/p>\n<p>Diego se acost&oacute; de espaldas y levant&oacute; las piernas. El hoyo rodeado de pelos ped&iacute;a a gritos la caricia de una lengua, y Pato, sin dudarlo, hundi&oacute; su boca entre aquellas nalgas poderosas. No chupaba; devoraba. La cara, en pocos segundos se le hab&iacute;a cubierto de saliva y Diego gem&iacute;a con una voz cada vez m&aacute;s profunda.<\/p>\n<p>&ndash;Voy a buscar un forro &ndash;dijo Pato incorpor&aacute;ndose.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Est&aacute;s en pedo? &ndash;respondi&oacute; Diego. &iquest;Cu&aacute;nto hace que no estamos con nadie? &iquest;De qu&eacute; nos vamos a contagiar?<\/p>\n<p>&ndash;Bueno&hellip; s&iacute;&hellip; Adem&aacute;s -brome&oacute;- no pod&eacute;s quedar embarazado.<\/p>\n<p>La risa afloj&oacute; ese breve momento de tensi&oacute;n, pero la calentura era m&aacute;s fuerte y, en pocos segundos, volvieron a la carga. Pato escupi&oacute; el ojete ya ensalivado y lentamente meti&oacute; un dedo, luego otro, y cuando pudo sentir que el esf&iacute;nter comenzaba a relajarse, hizo el primer intento.<\/p>\n<p>Lo hizo lentamente pero con firmeza, sin detenerse. Diego respiraba hondo buscando relajarse y de pronto, despu&eacute;s un leve empuj&oacute;n, la pija ya estaba adentro. Un grito inevitable sali&oacute; de su pecho pero lo reprimi&oacute; con la boca cerrada y los pu&ntilde;os apretados. Pato no se mov&iacute;a, dejaba que todo se acomodara y cuando percibi&oacute; que el cuerpo de Diego volv&iacute;a a recuperar la calma, empez&oacute; a bombear ese culo apretado que le abrazaba la pija en toda su extensi&oacute;n.<\/p>\n<p>Al cabo de unos minutos, ambos jadeaban; no pod&iacute;an dejar de besarse mientras la verga de Pato penetraba cada vez m&aacute;s profundo el orto de Diego, que se abr&iacute;a lentamente al placer.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te doy leche?<\/p>\n<p>&ndash;No, descans&aacute; as&iacute; acabamos juntos. &iquest;Puedo yo?<\/p>\n<p>Pato sali&oacute; del culo baboso que hab&iacute;a estado bombeando y se puso en cuatro. Enseguida Diego comenz&oacute; a comerle el ojete con dedicaci&oacute;n, arrancando gemidos casi femeninos en su compa&ntilde;ero. La barba acariciaba los huevos de Pato, que esbozaba temblores intermitentes mezclados con risas espont&aacute;neas, producto de las cosquillas. Luego vinieron los dedos. Claramente Pato ten&iacute;a facilidad para dilatar y en segundos, ten&iacute;a tres dedos adentro. Ahora era el turno de la pija de Diego.<\/p>\n<p>Fue un poco brusco; doli&oacute;, pero esa sensaci&oacute;n desconocida le gan&oacute; a la molestia y unos minutos despu&eacute;s la verga arremet&iacute;a contra la carne caliente de ese culo que hab&iacute;a dejado de ser virgen por completo.<\/p>\n<p>Diego sudaba sin parar, la frente cubierta de gotas que ca&iacute;an sobre la espalda de Pato. Tanta hormona estimulada, tanto sudor y fluidos comenzaban a llenar el cuarto de un aroma salvaje, desagradable para quien viniera del exterior pero sumamente excitante para los dos machos que no paraban de coger en ese encuentro empalagoso de sexo y calentura.<\/p>\n<p>Con una fuerza casi animal, Diego gir&oacute; a Pato para ponerlo de espaldas y seguir cogi&eacute;ndolo frente a frente, para mirarlo a los ojos, para disfrutar las expresiones de placer y besarse largamente. De pronto Diego se tens&oacute;, abri&oacute; los ojos enormes, contuvo la respiraci&oacute;n y con un gru&ntilde;ido profundo descarg&oacute; su leche, su segunda acabada, en el orto de Pato. Pero el orgasmo era tan intenso que no pod&iacute;a dejar de penetrarlo, y a cada embestida, Pato gem&iacute;a con ese tono agudo, decididamente femenino.<\/p>\n<p>&ndash;Ahora vos &ndash;dijo diego en un susurro&ndash; y saliendo de su amigo se sent&oacute; sobre la verga mojada de Pato para cabalgarlo furiosamente hasta sentir que el culo se le inundaba de leche caliente.<\/p>\n<p>Agotados como despu&eacute;s de una batalla cuerpo a cuerpo, se acostaron lado a lado, sudorosos, apestando a semen, a chivo, a sexo.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Lo que sigui&oacute; es una historia cotidiana que sigue hasta hoy. Que deber&aacute; pasar por el filtro de salir al exterior, de manifestarse frente a la sociedad, a los amigos, a la familia.<\/p>\n<p>Una amistad llena de puntos en com&uacute;n, de complicidad, de aceptaci&oacute;n mutua ante los intereses del otro dentro del infierno de la convivencia y de una sexualidad plena y sin l&iacute;mites.<\/p>\n<p>Una pareja.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 La pol&iacute;tica hace su juego, el Estado regula; las instituciones ejercen su poder. Fin de la cuarentena. Sin excesos, con precauciones, pero con m&aacute;s autonom&iacute;a de acci&oacute;n. Con la excitaci&oacute;n de saberse libres, armaron cada uno su bolso para ir a visitar a sus correspondientes familias por un par de d&iacute;as. 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