{"id":37897,"date":"2022-09-11T22:00:00","date_gmt":"2022-09-11T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-09-11T22:00:00","modified_gmt":"2022-09-11T22:00:00","slug":"la-que-busca-encuentra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-que-busca-encuentra\/","title":{"rendered":"La que busca encuentra&#8230;"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"37897\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Es evidente que mi mujer disfruta a plenitud el sexo con hombres que se salgan de lo convencional, que la traten un tanto brusco, que la sometan, que no busquen agradar sino hacer lo suyo, que disfruten su vagina a entera disposici&oacute;n, pues con ello se siente atractiva, deseada y cree tener el control de la relaci&oacute;n sexual, porque en cualquier momento puede querer parar y ah&iacute;, nada que hacer. La fiesta termin&oacute;.<\/p>\n<p>Sin embargo, no es lo com&uacute;n. Fue el tama&ntilde;o del pene de su primer corneador lo que la convenci&oacute; de arriesgarse en la aventura, pero tambi&eacute;n la actitud decidida de aquel hombre, que, ante sus dudas, persever&oacute; para hacer realidad su fantas&iacute;a y poder fornicar a la se&ntilde;ora casada en frente de su marido. En aquel momento su comportamiento me pudo parecer un tanto desconsiderado hacia mi mujer, pero ella, al contrario de lo que yo estaba pensando, lo disfrutaba al m&aacute;ximo. Tal vez el sexo en el matrimonio es predecible, de modo que todo lo que aquellos parejos eventuales hagan resulta atractivo.<\/p>\n<p>Pas&aacute;bamos el fin de semana visitando un pueblo peque&ntilde;o, de clima fr&iacute;o, algo conservador y coloquial en cuanto a la oferta de entretenimiento para adultos, de modo que las actividades estaban centradas en la visita de museos, sitios de inter&eacute;s, monumentos, lugares tur&iacute;sticos y visita a restaurantes, principalmente. Despu&eacute;s de dos d&iacute;as, pr&aacute;cticamente dedicados a recorrer el lugar y sus alrededores, decidimos explorar para ver qu&eacute; nos ofrec&iacute;a la noche.<\/p>\n<p>En principio, nada raro. Pueden ir a la Fonda campestre, al restaurante del Hotel Internacional. Eso es como lo mejorcito por aqu&iacute;. Pero hay tambi&eacute;n varios restaurantes, m&aacute;s peque&ntilde;os, que quiz&aacute; tambi&eacute;n les pudiera gustar. O la cervecer&iacute;a. Solo hay una. Bueno, preguntaba yo, curioso, al botones del hostal donde nos aloj&aacute;bamos. Y &iquest;a d&oacute;nde nos recomendar&iacute;a ir? Tal vez al Hotel Internacional. Es muy solicitado. &iquest;Y qu&eacute; de la cervecer&iacute;a? Pregunt&eacute;. Por lo general, all&iacute; solo van hombres y a veces el ambiente es pesado. Hay discusiones, peleas, ri&ntilde;as; cosas de borrachos. Tal vez no sea un lugar tranquilo para ustedes. Bien, dije, le agradezco la informaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Bueno, ya o&iacute;ste, le dije a mi esposa, &iquest;a d&oacute;nde vamos, entonces? Vamos a la tal cervecer&iacute;a, respondi&oacute; ella. De pronto es pura fama lo que se dijo. Echemos un vistazo, y si no nos gusta el ambiente, pues nos vamos para otro lado, o volvemos al hostal. Okey, respond&iacute;. Entonces, arregl&eacute;monos y vamos.<\/p>\n<p>Me llam&oacute; la atenci&oacute;n que ella se vistiera de manera inusual, un tanto atrevida trat&aacute;ndose de un pueblo peque&ntilde;o, donde los lugare&ntilde;os eran campesinos, comerciantes y uno que otro visitante. Solo atin&eacute; a comentar que el clima estaba fr&iacute;o y era mejor ir abrigados, as&iacute; que opt&oacute; por colocarse un abrigo encima de su indumentaria de carnaval. Y, aunque no me pareci&oacute; lo adecuado, no pronunci&eacute; palabra al respecto.<\/p>\n<p>Llegamos a la famosa cervecer&iacute;a, que no era otra cosa que un bar com&uacute;n y silvestre. &iexcl;Claro! Pero su nombre era &ldquo;La cervecer&iacute;a&rdquo;. Llegamos a eso de las 8 pm y, al entrar, percibimos un ambiente c&aacute;lido, en contraste con el fr&iacute;o que se experimentaba afuera. Entonces, una vez dentro, y acomodados en una peque&ntilde;a mesa, en un rinc&oacute;n, frente a una ventana, mi esposa decidi&oacute; despojarse de su abrigo y mostrarse en la indumentaria escogida, que dejaba ver sus hombros, su espalda y casi que sus pechos por el profundo escote de la blusa, adem&aacute;s que la corta falda que vest&iacute;a, dejaba ver sus piernas, que resaltaban por los zapatos de tac&oacute;n que estaba utilizando.<\/p>\n<p>En vez de cerveza, decidimos beber unos cocteles y ver qu&eacute; pasaba en aquel lugar. El sito estaba concurrido, no totalmente lleno, y se o&iacute;a el murmullo de las conversaciones, que se ahogaba con el sonido de la m&uacute;sica ambiental. No hab&iacute;a chance de hablar sin levantar la voz y, la verdad, a m&iacute; no me pareci&oacute; agradable el lugar. Pero ella, mi esposa, parec&iacute;a estar a gusto, quiz&aacute; fascinada de ver tantos hombres reunidos all&iacute;. Tambi&eacute;n hab&iacute;a otras parejas, pero estas vest&iacute;an conservadoramente, utilizando jeans, buzos de lana y botas para protegerse del clima.<\/p>\n<p>La vestimenta de mi esposa, por el contrario, era una invitaci&oacute;n inevitable a ser observada por la concurrencia. Todos ten&iacute;an que ver con ella. La miraban de frente, o de reojo, pero la observaban. Y ciertamente, en aquel lugar, nos est&aacute;bamos sintiendo observados. As&iacute; que, no habiendo otras alternativas, decidimos quedarnos a pasar el rato. M&aacute;s tarde, arribaron al lugar unos motociclistas, exhibiendo sus vestimentas en cuero y haciendo alarde de ser especiales y de que todos en aquel lugar repar&aacute;semos en su presencia. Y, la verdad, llegaron para alegrar el ambiente en aquel lugar.<\/p>\n<p>Un de ellos, guitarra en mano, ameniz&oacute; la noche con su repertorio de canciones y nos estimul&oacute; a que lo acompa&ntilde;&aacute;ramos cantando. Eran canciones conocidas por todos, as&iacute; que el n&uacute;mero de miembros de aquel improvisado coro aumentaba con cada canci&oacute;n. El ambiente del lugar se ve&iacute;a animado, as&iacute; que lo que pareci&oacute; aburrido en un principio fue mejorando con el pasar del tiempo. Los motociclistas se adue&ntilde;aron del lugar, por decirlo de alguna manera, ya que dispon&iacute;an de lo que all&iacute; suced&iacute;a a sus anchas. Y, pasadas las horas, y con algunos tragos de m&aacute;s, el ambiente empez&oacute; a elevar su temperatura.<\/p>\n<p>Aquellos, entre los cuales tambi&eacute;n hab&iacute;a mujeres, quiz&aacute; sus parejas, empezaron a proponer juegos y din&aacute;micas para que todos participaran y se divirtieran. El que se bebiera media botella de aguardiente de un solo sorbo, preguntas para saber qu&eacute; tanto se conoc&iacute;an hombre y mujer en la pareja, concurso de karaoke, y, un poco m&aacute;s subido de tono, las piernas m&aacute;s lindas, la mejor vestida, la m&aacute;s sexy. Para ello, organizaron que las mujeres que se apuntaran a la actividad se subieran a la barra y desfilaran all&iacute;, a la vista de la concurrencia, que, con aplausos, media el grado de aceptaci&oacute;n de quienes participaran. Los premios eran botella de licor.<\/p>\n<p>Mi mujer estuvo reacia a involucrarse. Uno de los hombres vino hasta nosotros y, de buena manera, insisti&oacute; para que mi mujer aceptara participar, pero le agradeci&oacute; el gesto y le dijo que as&iacute; estaba bien, felicit&aacute;ndolo por tomar la iniciativa de alegrar el ambiente de aquel lugar. El tipo, un tanto decepcionado por no haber conseguido su prop&oacute;sito, prometi&oacute; volver a hacernos compa&ntilde;&iacute;a un rato, si no nos importaba. Le dijimos que no hab&iacute;a problema y que con gusto compartir&iacute;amos con &eacute;l.<\/p>\n<p>M&aacute;s tarde, como era de esperarse, el tipo volvi&oacute; a aparecer en escena. Se le notaba decidido y un tanto envalentonado, tal vez animado por unas copas de m&aacute;s. Yo estaba alerta, pues no quer&iacute;a que, de pronto, su conducta fuera inapropiada y se generara alg&uacute;n tipo de situaci&oacute;n, maltrato o agresi&oacute;n, que se nos saliera de las manos. Bueno, bueno, lleg&oacute; diciendo, espero que me dediquen un poco de su tiempo. Y se sent&oacute; al lado de mi esposa, quedando frene a m&iacute;. &iquest;Est&aacute; bien? Dijo. Si se&ntilde;or, contest&eacute;. No hay l&iacute;o.<\/p>\n<p>Y de una, sin mediar palabra, aquel puso una mano en los muslos de mi mujer, diciendo: Se&ntilde;ora, luce usted muy atractiva y nos desilusion&oacute; que no hubiera querido acolitarnos para pasarla bien esta noche. Es que, dijo ella, no me sent&iacute;a muy c&oacute;moda. Las otras mujeres eran muy j&oacute;venes y me sent&iacute;a un tanto fuera de tono. Eso fue todo. Entiendo, dijo &eacute;l, sin dejar de sobar el muslo de mi mujer, de manera atrevida y descarada. sin dejar de mirarla a los ojos. Quise manifestarme e intervenir, pero mi esposa se mostraba impasible y para nada molesta, as&iacute; que decid&iacute; observar solamente.<\/p>\n<p>Y es que, una vez el tipo puso su mano sobre los muslos de ella, mi mujer, igual de atrevida, en respuesta, puso su mano sobre el miembro de aquel, por encima del pantal&oacute;n. Tal vez eso lo dej&oacute; perplejo por un momento, pues no esperaba esa reacci&oacute;n de parte de la dama. Ciertamente su actitud de macho alfa y l&iacute;der de la manada se estaba viendo comprometida, pero no se dej&oacute; acomplejar. Vaya, vaya, dijo, por lo que me doy cuenta, la dama, por lo visto, quiere otra cosa. &iquest;S&iacute;? Cuestion&oacute; mi mujer. &iquest;Qu&eacute; quiero?<\/p>\n<p>Pues, con el permiso del se&ntilde;or, aqu&iacute; presente, me parece que usted quiere tener sexo conmigo. &iquest;Qu&eacute; le hace pensar eso? Pregunt&oacute; mi esposa. Pues la manera en que me toca, contest&oacute;. S&iacute;, respondi&oacute; ella, pero usted empez&oacute; primero. &iquest;No ser&aacute; al rev&eacute;s? &iquest;Que usted vino hasta esta mesa porque tiene la intenci&oacute;n de convencerme y acostarse conmigo? No puedo negarlo, dijo &eacute;l, usted destaca en la concurrencia y creo que m&aacute;s de uno aqu&iacute; ha pensado lo mismo que yo.<\/p>\n<p>&iquest;Y qu&eacute; le hace pensar que yo estoy disponible? Cuestion&oacute;. Pues, dijo &eacute;l, para empezar, la forma de vestir es inusual para este lugar y uno supone que usted quiere que se le tenga en cuenta, que quiere que se interesen en usted y procurase compa&ntilde;&iacute;a. &iquest;Y por qu&eacute; esa compa&ntilde;&iacute;a tiene que involucrar sexo? Replic&oacute; mi mujer. Uno supone, contest&oacute; &eacute;l, pero, es verdad, no tendr&iacute;a por qu&eacute; ser as&iacute;. Disc&uacute;lpeme si la incomod&eacute;. Para nada, respondi&oacute;, ella. Descuide. Pero es mejor que las cosas sean claras y no albergar malos entendidos.<\/p>\n<p>Y sobre tener sexo con usted, s&iacute;, dijo mi mujer, debo confesarle que la idea pasa por mi cabeza. Pero no s&eacute; si usted est&eacute; de acuerdo en las condiciones que habr&iacute;a para que eso sucediera. &iquest;Y cu&aacute;les ser&iacute;an esas condiciones? Pregunt&oacute;. Primero, mi marido estar&aacute; presente. Yo no me involucro en este tipo de aventuras si no cuento con su apoyo. Segundo, el encuentro se dar&iacute;a en la habitaci&oacute;n de nuestro hotel. Y, tercero, usted puede comportarse como habitualmente lo hace con sus conquistas, pero, si hay algo que no me gusta, dejamos las cosas as&iacute;. Sin explicaciones. &iquest;Est&aacute; de acuerdo? S&iacute;, contest&oacute;.<\/p>\n<p>Aunque quisiera poner algunas condiciones de mi parte. Me parece justo, coment&oacute; mi esposa. &iexcl;Adelante! Primero, quisiera que usted y yo sali&eacute;ramos de este lugar en mi motocicleta. Segundo. Me gusta tener el control de la situaci&oacute;n y que mis parejas se sometan. Tercero, si algo no le gusta, antes que rechazarme, quisiera que me lo dijera abiertamente. &iquest;Est&aacute; de acuerdo? S&iacute; contest&oacute; ella. Bueno, qu&eacute; opinas t&uacute;, me pregunt&oacute;. Pues, contest&eacute;, &iquest;qu&eacute; puedo opinar? Ya organizaste todo y no habr&iacute;a nada m&aacute;s que decir, as&iacute; que vamos.<\/p>\n<p>El macho alfa de aquella manada de motociclistas, Oscar era su nombre, nos pidi&oacute; algunos momentos para despedirse de su tropa. T&oacute;mese su tiempo, dije yo. Nos avisa cuando est&eacute; listo. As&iacute; que se retir&oacute; de la mesa, convers&oacute; un rato con las personas que le acompa&ntilde;aban, quiz&aacute; poni&eacute;ndose de acuerdo d&oacute;nde encontrarse m&aacute;s tarde, o al d&iacute;a siguiente, si las cosas duraban m&aacute;s de lo previsto. Al final, poniendo todas sus cosas en orden.<\/p>\n<p>Al rato, Oscar volvi&oacute;. Y, en el mismo tono mand&oacute;n de antes, dirigi&eacute;ndose a mi mujer, dijo, &iexcl;vamos! As&iacute; que nos levantamos de la mesa y le seguimos. Vi como ella le acompa&ntilde;aba y se acomodaba en su moto mientras yo, que me hab&iacute;a rezagado, pagaba la cuenta. El tipo, ciertamente, quer&iacute;a hacer su show frente a los amigos y alardear de su conquista. Y, mi mujer, c&oacute;mplice del espect&aacute;culo, le colabor&oacute;, porque dej&oacute; el abrigo conmigo y as&iacute;, vestida de fiesta, informal, como estaba, parti&oacute; en la moto junto a &eacute;l. No dudo que los dem&aacute;s sab&iacute;an qu&eacute; segu&iacute;a a continuaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Abord&eacute; mi veh&iacute;culo y, tambi&eacute;n, haciendo el show, part&iacute; en direcci&oacute;n contraria a la que hab&iacute;an emprendido ellos. Sus amigos habr&aacute;n pensado que yo no hac&iacute;a parte del decorado y que todo se iba a desarrollar entre su amigo y mi mujer, su nueva conquista. As&iacute; que, una vez llegado al hostal, tan solo unos minutos despu&eacute;s de ellos, llegu&eacute; hasta nuestra habitaci&oacute;n, pero no les encontr&eacute;. La moto de aquel hombre estaba estacionada frente a la recepci&oacute;n, por lo cual descartaba que se hubieran ido para otro lugar. Supuse, entonces, que mi esposa hab&iacute;a tomado otra habitaci&oacute;n, as&iacute; que llegu&eacute; hasta la recepci&oacute;n para preguntar. &iquest;Alguien se ha registrado a esta hora? No, nadie, me contest&oacute; el recepcionista.<\/p>\n<p>No me atrev&iacute; a indagar m&aacute;s y decid&iacute; darme una vuelta por ah&iacute;. El sitio no estaba concurrido, m&aacute;s bien solo, de manera que hubieran podido ir a alg&uacute;n sitio poco convencional. Y, en efecto, al pasar frente al bar, cerrado y sin servicio a esa hora, escuche el sonido caracter&iacute;stico del meta y saque del miembro masculina en la vagina de la mujer. Con sigilo, y tratando de no distraer a quienes all&iacute; estuvieran, entreabr&iacute; la puerta y all&iacute;, al fondo, en medio de la penumbra, vi a mi esposa, parada, apoyada en la barra, de espaldas a aquel, quien desde atr&aacute;s la penetraba y empujaba a su antojo.<\/p>\n<p>El hombre ten&iacute;a los pantalones abajo y la embest&iacute;a duro, con furia, si se quiere. Y mi mujer, con la falda de su vestido levantada, expon&iacute;a sus nalgas para el disfrute de aquel. &iquest;Te gusta mi verga? Repet&iacute;a aquel hombre incesantemente, a lo cual m&iacute; mujer respond&iacute;a con un agitado y entrecortado s&iacute;, te siento rico. &iexcl;No pares&hellip;! All&iacute;, en la penumbra, al parecer escondidos de las miradas, se pod&iacute;a ver las figuras de ambos en la c&oacute;pula y escuchar los gemidos de mi esposa, como un murmullo. El macho no dej&oacute; de empujar contra sus nalgas, con m&aacute;s intensidad en la medida en que ella gem&iacute;a y mov&iacute;a sus caderas en respuesta a sus embestidas.<\/p>\n<p>El tiempo pas&oacute; y, tras continuar unidos por sus sexos, vino el desenlace. Aquel apret&oacute; su cuerpo contra sus nalgas, evidenciando que hab&iacute;a llegado a su cl&iacute;max. Ella, interpretando la situaci&oacute;n, mov&iacute;a agitadamente sus caderas mientras gozaba de las sensaciones del momento. Y, unos segundos despu&eacute;s, aquel se retiraba y mi esposa se giraba para dar por terminada la faena. Yo, sigilosamente me fui a esperarlos en la recepci&oacute;n, como si no supiera de nada.<\/p>\n<p>Al rato llegaron hasta ah&iacute;. &iquest;D&oacute;nde andabas? Pregunt&eacute; cuando les vi. D&aacute;ndole una pruebita, me contest&oacute; ella con una sonrisita p&iacute;cara. Entiendo, contest&eacute;. &iquest;Y? La tiene rica, continu&oacute;. Okey. Y, &iquest;ya se acab&oacute;? Pues, no s&eacute;, respondi&oacute; ella. No s&eacute; si &eacute;l caballero quiera m&aacute;s. Y el caballero, como era de esperarse, respondi&oacute; que le gustar&iacute;a compartir un poco m&aacute;s. Entonces, &iquest;pregunt&eacute;? Entonces, respondi&oacute; m&iacute; esposa, vamos a la habitaci&oacute;n, si les parece. A m&iacute; me parece. &iquest;Y a usted? Pregunte mirando al incr&eacute;dulo motociclista. Lo que ustedes digan, respondi&oacute;.<\/p>\n<p>Ya, en nuestra habitaci&oacute;n, mi esposa dirigi&oacute; el rumbo de laos acontecimientos. &iquest;Nos quitamos la ropa? S&iacute;, dijo aquel, pero d&eacute;jeme desnudarla. &iexcl;Adelante! Dijo ella. El hombre, entonces, empez&oacute; a desnudarla, quitando prenda por prenda. No era dif&iacute;cil. Empez&oacute; por quitarle el abrigo, la prenda que permaneci&oacute; puesta mientras penetraba su vagina minutos antes. Y estando as&iacute;, pudo verla de nuevo como la conoci&oacute; en &ldquo;La Cervecer&iacute;a&rdquo;, con su blusa escotada y su corta falda.<\/p>\n<p>Continu&oacute; retir&aacute;ndole la blusa y decidi&oacute; entretenerse unos instantes, acariciando, besando y amasando los pechos descubiertos de mi esposa, que, para ese instante, estaba aflojando el cintur&oacute;n del pantal&oacute;n de aquel. Y metiendo sus manos dentro de los pantaloncillos del hombre, llegaba a acariciar el pene que pocos momentos antes la hab&iacute;a penetrado. La tiene rica, dijo ella, mientras aquel miembro crec&iacute;a de nuevo al tacto de sus manos. El macho, entonces, continu&oacute; con su tarea y la despoj&oacute; de su falda. No fue dif&iacute;cil. Tan solo con soltar la cremallera, la prenda cay&oacute; al suelo.<\/p>\n<p>Ella, algo coqueta, se quit&oacute; los pantis y se mont&oacute; en la cama, presta a recibirle. El hombre, muy &aacute;gilmente, de desprendi&oacute; de la ropa y pronto estuvo listo para embestir de nuevo. Mi esposa, sin embargo, lo instruy&oacute; para que se acercara a ella, a un costado, de rodillas, y, tomando su miembro, se lo llev&oacute; a la boca y empez&oacute; a chuparlo con mucha dedicaci&oacute;n. El miembro, r&aacute;pidamente, se puso erecto. Pero, ella, excit&aacute;ndose ante la vista de esa imagen, continu&oacute; su labor, concentrando su atenci&oacute;n en el glande de aquel hombre, que, disfrutaba de esas c&aacute;lidas atenciones.<\/p>\n<p>No pas&oacute; mucho tiempo para que el macho se decidiera intervenir y, de una manera un tanto brusca, la detuvo dici&eacute;ndole, ahora me toca a m&iacute;. Se coloc&oacute; frente a ella, con su pene erecto palpitando, abri&oacute; sus piernas y con un tino certero, llev&oacute; su pene dentro de la vagina de mi mujer, quien dispuesta lo recibi&oacute; y, agarr&aacute;ndole por las nalgas, lo dirigi&oacute; para que fuera profundo dentro de su cuerpo.<\/p>\n<p>La c&oacute;pula inici&oacute; con embestidas fuertes por parte de &eacute;l y contragolpe de ella a sus embestidas, con sus caderas. Mi esposa, por no decirlo de otra manera, se volvi&oacute; loquita sintiendo la verga de aquel jugueteando dentro de su cuerpo. Su cara enrojec&iacute;a con cada embate del macho y su cuerpo, retorci&eacute;ndose debajo de &eacute;l, mostraba las deliciosas sensaciones que el contacto con aquel le produc&iacute;a. Ella abr&iacute;a y elevaba sus piernas para sentir m&aacute;s profundo las embestidas del macho, quien no cesaba de moverse, adelante y atr&aacute;s, concentrado como estaba, penetrando a m&iacute; mujer.<\/p>\n<p>La faena continu&oacute; con la misma intensidad. Aquel hombre procuraba varias los &aacute;ngulos de sus embestidas en cada movimiento y, al parecer, esto produc&iacute;a alg&uacute;n resultado porque ella gem&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s con cada variaci&oacute;n. Era seguro que aquel miembro en movimiento tocaba las partes m&aacute;s sensibles del sexo femenino y le sacaba chispas de placer a m&iacute; esposa con cada una de sus variaciones. Hasta que, despu&eacute;s de empujar y empujar, por un lado, y gemir por el otro, aquel, nuevamente, presion&oacute; su cuerpo contra el de ella para irrigarla internamente con su semen. Ella pareci&oacute; sentirlo, porque abri&oacute; sus ojos para ver cu&aacute;l era el semblante del acucioso caballero.<\/p>\n<p>Ambos, agitados, quedaron tendidos lado a lado, recuper&aacute;ndose del esfuerzo. Ella, estando en su cama, se relaj&oacute; y pareci&oacute; dormirse. El hombre, por otra parte, despu&eacute;s de un rato, se incorpor&oacute;, entr&oacute; al ba&ntilde;o para ducharse y vestirse, lo cual hizo bastante r&aacute;pido. Y, sin tanto protocolo, se despidi&oacute;. Gracias, se&ntilde;ora, dijo despidi&eacute;ndose de ella. Ojal&aacute; nos volvamos a encontrar. Ojal&aacute;, respondi&oacute; mu mujer. Que regreses pronto. Hasta ma&ntilde;ana.<\/p>\n<p>Y as&iacute; termin&oacute; la velada. Ella ten&iacute;a ganas de experimentar y hacer el amor aquella noche, as&iacute; que su disposici&oacute;n y b&uacute;squeda se vio recompensada. Y es que la que busca, encuentra. Y, en este caso, lo que hall&oacute; le proporcion&oacute; mucho placer. Sus sentidos fueron satisfechos y una vez m&aacute;s pudo calmar sus apetitos con todo placer.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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