{"id":37940,"date":"2022-09-16T22:00:00","date_gmt":"2022-09-16T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-09-16T22:00:00","modified_gmt":"2022-09-16T22:00:00","slug":"el-sereno-partes-1-y-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-sereno-partes-1-y-2\/","title":{"rendered":"El sereno (partes 1 y 2)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"37940\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Mi marido era recepcionista en un hotel y cada tanto deb&iacute;a trabajar por las noches. Eso lo sab&iacute;a Sergio el veterano que ejerc&iacute;a de sereno en la obra frente a casa. Esto fue en el a&ntilde;o 2003 lo recuerdo bien porque mi sobrina festej&oacute; sus 15 en diciembre del a&ntilde;o anterior. Sergio siempre estaba atento y era muy amable, saludaba con gentileza y siempre estaba a la orden. Una noche de verano como a las once sal&iacute; a pitar un cigarrillo y el estaba ah&iacute;. Nos saludamos me convido con el mate, nos quejamos del calor porqu&eacute; hab&iacute;a que quejarse de algo y c&oacute;mo supongo sucede en estos casos le d&igrave; palo a mi esposo que desde un tiempo a esta parte siempre estaba agotado. A lo que de inmediato aprovech&oacute; para tirarle un cami&oacute;n de escombros.<\/p>\n<p>-Si yo tuviera una hembra como vos no te dejo dormir. Sentenci&oacute; el veterano canoso. Que f&aacute;cilmente duplicaba mi edad yo ten&iacute;a 28 reci&eacute;n cumplidos y nunca hab&iacute;a estado con otro hombre que no fuese mi marido al cual conoc&iacute;a desde la adolescencia. No s&eacute; si fue la sofocante calor, la situaci&oacute;n o el desgano de Marcelo (mi esposo), pero ese comentario y la forma en que lo dijo me calent&oacute; de una manera inenarrable., le sostube la mirada y percib&iacute; el deseo plasmado en sus grises ojos y una leve mordida a sus labios inferiores que todav&iacute;a recuerdo, le apetec&iacute;a poseerme. Y qued&eacute; como una idiota perpleja ante tama&ntilde;a insinuaci&oacute;n. Tartamudeee para retirarme con af&aacute;n argumentando que necesitaba poner una pastilla para los mosquitos.<\/p>\n<p>-Si, esta lleno de mosquitos y aqu&iacute; dentro hay uno grande que pica fuerte. As&iacute; que cualquier cosa que necesite me dice&#8230; Recalc&oacute; con inter&eacute;s. Sonre&iacute; nerviosamente y regrese turbada. Me temblaban la piernas al cruzar la calle, unos 12 metros que separaban la puerta de mi casa del aguij&oacute;n que no dej&eacute; de pensar esa noche y la otra&#8230;<\/p>\n<p>Obviamente ocult&eacute; aqu&eacute;l provocador lance que en el fondo me agrad&oacute;. Me sent&iacute; deseada, es cierto que por alguien m&aacute;s viejo pero no por eso menos interesante, entre la duda y la curiosidad asomaba el morbo y a la tercera noche luego de una larga deliberaci&oacute;n decid&iacute; averiguar que tan lejos podr&iacute;a llegar m&aacute;s all&aacute; de los doce metros. Shorts de yeans apretados y una leve musculosa amarilla sirvieron de casual para un encuentro perfectamente craneado.<\/p>\n<p>-Sigue el calor, eh? Romp&iacute; el hielo.<\/p>\n<p>-Es un infierno, Laura. Contest&oacute;.<\/p>\n<p>Y conversamos de manera trivial sentados en unos tablones que oficiaban de banca. En ning&uacute;n momento se desubico ni apel&oacute; al doble sentido. Unos momentos antes de la media noche acomod&eacute; mis gafas y consulte el reloj&#8230;<\/p>\n<p>-Bueno ya es hora&#8230; Dije mientras me levantaba.<\/p>\n<p>-Si quer&eacute;s te puedo ense&ntilde;ar mi habitaci&oacute;n. Y no ser&aacute; f&aacute;cil de olvidar. Agreg&oacute;. Mi media sonrisa aval&oacute; su propuesta y la exitaci&oacute;n creci&oacute; a&uacute;n m&aacute;s al trancar la puerta.<\/p>\n<p>Entre la penumbra de aquellos senderos inacabados llegamos a cuarto de ladrillos desnudo y polvoriento. Un colchon arrojado en el suelo, unas almohadas encima y un ventilador ronroneando fueron la decoraci&oacute;n perfecta de aquella infidelidad. Mi metro sesenta estaba siendo intimidado por la sombra masculina que se despoj&oacute; de la remera a los pies del colch&oacute;n, fue deliciosamente delicado el primer beso tembloroso. Mi cuerpo se aferr&oacute; con desesperaci&oacute;n a &eacute;l, ese cuerpo de macho peludo y ancho que destingu&iacute; mejor antes de que cayeran mis lentes y desprovista de la musculosa me agache a recogerlos para encontrar a medio camino aquel m&aacute;stil erecto y puntiagudo a&uacute;n asfixiado en su jogging del cual liber&eacute; para darme cuenta de la magnitud del problema.<\/p>\n<p>-Dios, m&iacute;o! Exclam&oacute; el hombre desde arriba en una mezcla de dolor y satisfacci&oacute;n.<\/p>\n<p>-Chupalo por favor. Rog&oacute; susurrando roncamente. Y juro que jam&aacute;s hab&iacute;a probado algo tan duro como inmenso.<\/p>\n<p>Me llen&eacute; la boca de carne, le lam&iacute; a lo largo y lo ancho hasta que ya no soport&oacute; aquel delirante martirio y su gran cuerpo se desplom&oacute; de placer. El viejo cay&oacute; y se desnudo por completo y yo me sub&iacute; a &eacute;l sin las bragas que flameba en su pu&ntilde;o como un trofeo de guerra. Apoy&eacute; el glande en la cueva empapada y grit&eacute;&#8230; y grit&eacute;&#8230; Y grit&eacute;&#8230;<\/p>\n<p>Posesa de aquel miembro venoso cabalgue en la madrugada como una loca delirante. El viejo cojudo me estaba dando una clase magistral en aquel desierto polvorirento. Nunca me sent&iacute; tan mujer, sinti&eacute;ndome su hembra toda la madrugada. Sergio se vino tres veces yo muchas m&aacute;s. Mi marido nunca se enter&oacute;, casi 2 a&ntilde;os despu&eacute;s nos separamos. Sergio trabaj&oacute; de sereno hasta el final de la obra unos dos o tres meses. Y les puedo asegurar que mis noches m&aacute;s infelices era cuando mi esposo no trabajaba en ese turno.<\/p>\n<p>Parte 2<\/p>\n<p>Laura viv&iacute;a frente a la casa en construcci&oacute;n que me tocaba costudiar cuando ca&iacute;a el sol. Esto ocurri&oacute; antes del 2005 pero no logro ubicarlo bien en el calendario, s&eacute; que fue en verano. Ella Tendr&iacute;a unos treinta a&ntilde;os y yo deambulaba los 60. Siempre tuvimos un di&aacute;logo escueto pero respetuoso, me gustaba. A quien no? Una mujer linda de facciones delicadas, cabello corto rubia, ojos azules enfundados en gafas de marco rojo. Piernas bien torneadas, colita redonda, pechos peque&ntilde;os y firmes a juzgar por sus deliciosos saltitos al caminar. En invierno casi no se ve&iacute;a pero en verano era imposible que pasara desapercibida. El esposo era un desabrido, un cara de piedra de su edad un tal Mateo o algo as&iacute;. Trabajaba en una hoster&iacute;a y muchas veces lo hac&iacute;a durante la noche. Lo sab&iacute;a porque le ve&iacute;a salir 21 y 10.<\/p>\n<p>La esposa lo desped&iacute;a con un pico y varias veces habl&aacute;bamos despu&eacute;s de su partida. Era una vecina bien y en aquel verano en particular comenc&eacute; a percatarme que algo no andaba bien entre ellos. Estaba apagada, no s&eacute;, la note desconforme por ciertas palabras que dej&oacute; caer en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n. Los muchachos de la obra hab&iacute;an desarmado un andamio y parte del mismo yac&iacute;a en el patio y yo lo utizaba para sentarme a tomar mate.<\/p>\n<p>Una noche como tantas calurosa la vi fumando un cigarrillo afuera y me adelante a ofrecerle unos mates desde mi asiento. No fue sorpresa que se sentar&aacute; junto a mi y sin disimular solt&oacute; que el marido la ten&iacute;a desatendida. Al menos eso entend&iacute; yo, que ni lento ni perezoso le dije.<\/p>\n<p>-Si vos fueras mi esposa no te dejar&iacute;a dormir ni dos horas. O algo por el estilo. La mujer menor que mi hija me clavo los dos pu&ntilde;ales azules y cristalinos. Se apoder&oacute; de mi una exitacion que intent&eacute; disimular con el termo. Se puso nerviosa y de pie e improviso una escusa para huir. Esa noche fue eterna y no s&oacute;lo para m&iacute;, pude ver la luz detr&aacute;s de cortina de su cuarto encender y apagarse muchas veces. Los d&iacute;as sucesivos fueron pasando y solo intercambiamos miradas c&oacute;mplices con silencios inc&oacute;modos. Pero unos d&iacute;as despu&eacute;s me sorprendi&oacute; justo a mi lado, jovial, risue&ntilde;a. Como si nada hubiera sucedido y es que realidad nada hab&iacute;a pasado. Compartimos el mate hasta que se acab&oacute; el agua, no dej&eacute; de pensar en c&oacute;mo me gustar&iacute;a penetarla ni un instante y creo que ella pens&oacute; lo mismo. Sino por que estaba all&iacute;? A que vino? La mujer estaba caliente y no se iba a ir sin el alimento.<\/p>\n<p>-Ya es tarde, me tengo que ir. Se disculp&oacute;.<\/p>\n<p>-Segura? Porque mejor no pasas y te muestro la casa. Le suger&iacute; agachando la mirada. Se r&iacute;o, nos re&iacute;mos&#8230; Entr&oacute; tres pasos antes que yo que no pod&iacute;a dejar de mirar ese culito perfecto que el shorts realzaba. Caminamos un breve laverinto que nos dep&oacute;sito en el aposento deslucido, la bombilla de luz dejaba ver el colch&oacute;n sepultado en el suelo y ventilador rumoreando. Nos besamos de pie y tuve que inclinarme para vever de esa boca deseosa, sin palabras me quite la sudadera y le mostre mi pecho donde el crucifijo nadaba entre los bellos. Deslice su musculosa hacia arriba y me ayud&oacute; levantando los brazos, como quien pela una fruta deliciosa.<\/p>\n<p>Mi pene est&aacute;ba reventando el sleep y ella lo noto, se arrodill&oacute; baj&oacute; mi jogging y descubri&oacute; en el matorral la anaconda cabezona y torcida. Abri&oacute; sus ojos m&aacute;s de la cuenta para certificar el tama&ntilde;o del brutal falo que la iba a atravesar. Me acarici&oacute; la bolas con &eacute;nfasis hasta que le implore que succione mi pija. Y as&iacute; estuvo largo rato en una sinfon&iacute;a de gozos aut&eacute;ntica. La desvesti con m&aacute;xima cautela, la &uacute;ltima muralla en caer fue la braga de encaje blanco no sin antes correrla y dedearla con la punta del pulgar que se percato de su humedad. Laura ten&iacute;a en sus manos el material que vino a buscar y sab&iacute;a muy bien d&oacute;nde encastraba. Apunt&oacute; el ca&ntilde;on insegura justo en la gruta lubricada y se dej&oacute; caer despu&eacute;s de varios titubeos.<\/p>\n<p>Grit&oacute;, grit&oacute; y grit&oacute; m&aacute;s a&uacute;n. Parec&iacute;a virgen y yo la cog&iacute; con extrema fiereza, acaso hay otra forma?&#8230; Esa noche su marido fue cornudo y no ser&iacute;a la &uacute;nica noche que lo fue se los puedo asegurar, hicimos todo menos el anal que por un tema de angostura no fue posible. Al poco tiempo se me termin&oacute; en trabajo ah&iacute; y ya no la volv&iacute; a ver pero de seguro Laura no lo olvida y tampoco yo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Mi marido era recepcionista en un hotel y cada tanto deb&iacute;a trabajar por las noches. Eso lo sab&iacute;a Sergio el veterano que ejerc&iacute;a de sereno en la obra frente a casa. Esto fue en el a&ntilde;o 2003 lo recuerdo bien porque mi sobrina festej&oacute; sus 15 en diciembre del a&ntilde;o anterior. 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