{"id":37950,"date":"2022-09-16T22:00:00","date_gmt":"2022-09-16T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-09-16T22:00:00","modified_gmt":"2022-09-16T22:00:00","slug":"con-mi-consentimiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/con-mi-consentimiento\/","title":{"rendered":"Con mi consentimiento"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"37950\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Este relato no es diferente de muchos otros, pero el contexto en el que se dio la experiencia es lo que lo hace atractivo y especial para recordar. Trabajaba en una oficina gubernamental del sector defensa donde todo, claro, es reglamentado, acartonado, protocolario y formal. Uno creer&iacute;a que esas inmaculadas oficinas solo son escenario de actividades laborales, reuniones de trabajo y las actividades propias de una oficina, papeleo y dem&aacute;s.<\/p>\n<p>Siempre cargo conmigo mi computador personal y, alg&uacute;n d&iacute;a, durante la hora de almuerzo, ced&iacute; a la tentaci&oacute;n de activar mi equipo y ponerme a repasar las fotograf&iacute;as que ten&iacute;a sobre nuestras aventuras &ldquo;cuckold&rdquo;. Para ese momento, la verdad, mi esposa y yo nos hab&iacute;amos involucrado en ese tipo de actividades, m&aacute;s por satisfacer la curiosidad que por otra cosa, pero, pasadas las experiencias, poco a poco le hab&iacute;amos cogido el gusto por explorar nuevas situaciones, conocer otra gente y disfrutar del momento.<\/p>\n<p>En alg&uacute;n momento decid&iacute; entrar al ba&ntilde;o, que estaba ah&iacute; mismo, dejando mi PC prendido, activo y a la vista sobre la mesa, pues era cuesti&oacute;n de un momento mi ausencia. Mi oficina era privada, de modo que el ingreso de gente all&iacute; estaba restringido, pero, con el paso del tiempo, hab&iacute;a alguna flexibilidad con los colaboradores cercanos para que tuvieran acceso cuando fuese menester. Y ese fue el caso de Rodolfo, el encargado de la correspondencia, quien, viendo que la puerta estaba entreabierta, no tuvo inconveniente en entrar sin hacerse anunciar.<\/p>\n<p>No me vio al entrar y tampoco sospech&oacute; que quiz&aacute; estuviera en el ba&ntilde;o, pero si le llam&oacute; la atenci&oacute;n fisgonear mi computador. Y, claro, las fotograf&iacute;as que pudo ver, donde una mujer, mi esposa, retozaba con un hombre de color llamaron su atenci&oacute;n. En ese instante yo sal&iacute; del ba&ntilde;o. Y muy seguramente, supongo yo, al escuchar es ruido que hice al accionar la manija de la puerta, se distanci&oacute; del escritorio. Yo, al salir, lo que pude percibir era que &eacute;l reci&eacute;n llegaba. &iexcl;Hola, Rodolfo! Le salud&eacute; cuando lo vi. &iquest;Qu&eacute; tanto traes hoy? Hola, jefe, respondi&oacute;. Lo de siempre, mucha correspondencia. Bueno, dije, yo, &iquest;d&oacute;nde te firmo? &iexcl;Si&eacute;ntate!<\/p>\n<p>Me pas&oacute; la panilla de entrega y, verificando documento por documento, fui firmando el papel, como lo establec&iacute;a el protocolo. Jam&aacute;s imagin&eacute; que &eacute;l hab&iacute;a visto lo que aparec&iacute;a en la pantalla de mi PC, por lo cual seguimos conversando, centrados en la tarea del manejo documental, pero nada m&aacute;s. Y, terminado el chequeo y las firmas, Rodolfo me dio las gracias y se retir&oacute;. Hasta ah&iacute;, nada hab&iacute;a pasado. Cabe anotar que Rodolfo era un muchacho mulato, bastante agraciado y muy jovial.<\/p>\n<p>Pasados los d&iacute;as, Rodolfo procuraba aparecerse cuando yo estaba en la oficina y entablar alg&uacute;n tipo de conversaci&oacute;n. Nada especial. Alg&uacute;n comentario sobre la actividad cotidiana, solo, quiz&aacute;, con el inter&eacute;s de establecer alg&uacute;n tipo de v&iacute;nculo y relaci&oacute;n de confianza. Y, trat&aacute;ndose de un colaborador habitual, pues, yo no ten&iacute;a alg&uacute;n tipo de prevenci&oacute;n hacia &eacute;l.<\/p>\n<p>Alg&uacute;n d&iacute;a, sin embargo, entre la correspondencia que me estaba entregando, aparecieron unas fotos de &eacute;l, desnudo, exhibiendo su muy notoria virilidad. &iexcl;Uuuppss! dije yo al verlas, haci&eacute;ndome el sorprendido, &iquest;no me diga que tambi&eacute;n trabaja de Stripper en sus ratos libres? Uuuyyy &iexcl;que pena! jefe, dijo &eacute;l, pienso yo, hoy en d&iacute;a, simulando hacerse el arrepentido por el suceso. Pierda cuidado, le respond&iacute;. Cuide eso, no vaya y me alebreste a las muchachas, coment&eacute; haciendo referencia a las secretarias que trabajaban en el lugar.<\/p>\n<p>No, jefe, para nada, contest&oacute;. Y, despidi&eacute;ndose cort&eacute;smente, se retir&oacute; de mi oficina. Me qued&eacute; organizando la documentaci&oacute;n que me hab&iacute;a entregado y, en alguno de los documentos, entre sus hojas, hab&iacute;a otra de las mencionadas fotograf&iacute;as. Se le hab&iacute;a quedado ah&iacute;, llegu&eacute; a pensar, pero no reflexion&eacute; sobre qu&eacute; hac&iacute;a aquel mezclando con la correspondencia aquellas fotograf&iacute;as autopromoci&oacute;nales. No le di importancia al suceso y, para no dejar evidencia en la oficina, ech&eacute; la fotograf&iacute;a en mi malet&iacute;n.<\/p>\n<p>En otra ocasi&oacute;n, Rodolfo, muy conversador, aprovechando que depart&iacute;amos con el personal de la oficina, aprovech&oacute; la ocasi&oacute;n para averiguar algo de mis gustos. Alguna de las muchachas comentaba que ella, los domingos, sal&iacute;a con su familia a almorzar en alg&uacute;n restaurante preferido, a lo que otra comentaba sus preferencias, y as&iacute;, todos iban manifestando sus gustos. Hasta que, alguno de ellos, pregunt&oacute;: Jefe, &iquest;y usted a d&oacute;nde va? Bueno, coment&eacute;, no muy seguido, pero me gusta ir a un restaurante que queda sobre la &ldquo;Park way&rdquo;, &ldquo;Mi bella Suiza&rdquo;. Por ah&iacute; cada dos o tres semanas me pego la pasadita, generalmente los domingos.<\/p>\n<p>Un d&iacute;a mi esposa lleg&oacute; a mi oficina, a medio d&iacute;a. Hab&iacute;amos quedado de encontrarnos ah&iacute; para salir luego a un compromiso, tambi&eacute;n de tipo laboral, en un lugar cercano a d&oacute;nde nos encontr&aacute;bamos, de modo que se facilitaba encontramos con otros convocados y proceder todos hacia all&iacute;, en grupo, moviliz&aacute;ndonos en el transporte que la organizaci&oacute;n hab&iacute;a dispuesto para ello. Rodolfo, como acostumbraba de un tiempo para ac&aacute;, apareci&oacute; para entregar oportunamente la correspondencia. Jefe, me salud&oacute;, papeler&iacute;a, como siempre, dijo mostr&aacute;ndome un cartapacio de documentos. Hola, Rodolfo, le salud&eacute;. Mire, dije, con&oacute;zcase con mi esposa.<\/p>\n<p>Hola, dijo &eacute;l, extendiendo la mano muy amable para saludar a mi mujer. Rodolfo Salazar Bar&oacute;n, para servirle. Mucho gusto, contest&oacute; ella; Laura. Me ocup&eacute; realizando el protocolo de la recepci&oacute;n d ellos documentos y firma de la planilla, ero, mientras lo hac&iacute;a, pude detallar que el hombre inspeccionaba con detalle a mi esposa. &iquest;No siente calor, se&ntilde;ora? Pregunt&oacute;. Como esta edificaci&oacute;n es tan cerrada, el calor se concentra en las oficinas y el ambiente se vuelve un tanto pesado. S&iacute;, le hab&iacute;a respondido ella, pareciera que no hubiera buena ventilaci&oacute;n y que el aire no circulara. S&iacute;, es cierto, comentaba Rodolfo, porque en algunas oficinas han montado aires acondicionados para tratar de tener un ambiente un poco m&aacute;s fr&iacute;o, sobre todo a esta hora, que es cuando m&aacute;s calienta.<\/p>\n<p>Bueno, joven, dije entreg&aacute;ndole la planilla a Rodolfo, misi&oacute;n cumplida. Bueno, jefe, perdone la pregunta; &iquest;Van para alg&uacute;n evento? S&iacute;, contest&eacute;, un seminario en la Escuela de Ingenieros, por ac&aacute; cerca. O sea que ya no vuelven por ac&aacute;, coment&oacute;. Tengo que volver, dije, porque dejamos nuestro veh&iacute;culo en el parqueadero. Lo que no sabemos con certeza es a qu&eacute; hora volveremos. El, acto seguido, se despidi&oacute; de m&iacute; y muy atentamente de mi mujer. Y ya. Cada cual por su lado.<\/p>\n<p>D&iacute;as despu&eacute;s de aquello, mi mujer me sorprendi&oacute; pregunt&aacute;ndome, &iquest;Qu&eacute; haces tu con las fotos de un muchacho en tu malet&iacute;n? &iquest;Qu&eacute; fotos? Pregunt&eacute;, la verdad, un poco sorprendido con la pregunta. Un muchacho moreno, continu&oacute; ella, creo que es el mismo que te entreg&oacute; la correspondencia en la oficina el otro d&iacute;a. Ummm, no s&eacute;, no me acuerdo&hellip; &iquest;por qu&eacute;? Pues, dijo ella, eso quisiera yo saber, &iquest;por qu&eacute; tienes unas fotos de &eacute;l estando desnudo? Y, mir&aacute;ndola, record&eacute; el episodi&oacute; en la oficina y se lo coment&eacute;. De modo que, relat&eacute;, rematando la historia, para no tener ese material por ah&iacute;, en la oficina, puse la foto en el malet&iacute;n. &iexcl;Yo ya me hab&iacute;a olvidado de eso!<\/p>\n<p>Me parece que eso no deber&iacute;a estar en ese malet&iacute;n, me dijo, entreg&aacute;ndome la foto. &iquest;No ser&iacute;a mejor devolv&eacute;rsela al muchacho? Pues, s&iacute;, comente, pero hace tanto tiempo que pas&oacute; aquello, que me parece inadecuado volver sobre el tema. B&oacute;tala si quieres. Yo, la verdad, no le hab&iacute;a puesto atenci&oacute;n a eso. Me parece, dijo ella, que se la deber&iacute;as devolver. Bueno, dije yo, no me veo en ese plan, pero puede ser que eso sea lo mejor. D&eacute;mela, pues&hellip;!!!<\/p>\n<p>Pas&oacute; el tiempo, hasta que, un d&iacute;a, en su acostumbrada visita para entrega de correspondencia, me envalenton&eacute;, y mostr&aacute;ndole la foto a Rodolfo, se la devolv&iacute; dici&eacute;ndole que la hab&iacute;a encontrado en el escritorio y que quiz&aacute; a &eacute;l le estaba haciendo falta. Y, tom&aacute;ndola de vuelta dijo, Uuyyy, que pena, gracias. Y no se dijo nada m&aacute;s. As&iacute; que se despidi&oacute; y se retir&oacute;, como siempre.<\/p>\n<p>Poco despu&eacute;s, en alg&uacute;n momento, necesit&eacute; hacerle llegar a mi mujer la copia de un trabajo que me hab&iacute;a encargado imprimir, aprovechando que dispon&iacute;amos en la oficina de una impresora l&aacute;ser, y no se me ocurri&oacute; otra idea que pedirle el favor a Rodolfo para hac&eacute;rsela llegar. Viv&iacute;amos cerca, as&iacute; que aquello parec&iacute;a ser un encargo menor. Y &eacute;l, claro, no se neg&oacute;.<\/p>\n<p>Llegado a casa, ese mismo d&iacute;a, mi mujer coment&oacute; que le hab&iacute;a parecido muy educado y amable el muchacho con el que hab&iacute;a enviado el trabajo. Bueno, &iquest;y acaso no lo reconociste vestido? Pregunt&eacute;. &iexcl;Bobo! Respondi&oacute; ella, pues claro. El muchacho que entrega la correspondencia &iquest;no? S&iacute;, respond&iacute;. Era &eacute;l. Era la &uacute;nica persona disponible y con la cual pod&iacute;a mandar esos papeles. Es un muchacho muy amable, coment&oacute;.<\/p>\n<p>Otro d&iacute;a, Rodolfo lleg&oacute; a mi oficina, como siempre, y, de repente, mientras le recib&iacute;a la correspondencia, me dispar&oacute; la pregunta. Jefe, &iquest;a su esposa le gustan los negros? S&iacute;, respond&iacute;, un tanto sorprendido con aquello. Y para no dejarme amilanar ante la intervenci&oacute;n, continu&eacute;. Ella congenia con todo el mundo, sin distingo alguno. &iquest;Por qu&eacute; pregunta? Me pareci&oacute; que ella ten&iacute;a alguna predilecci&oacute;n por los hombres de color. &iquest;Y eso? &iquest;E qu&eacute; sentido? &iquest;Qu&eacute; te hace pensar eso? Perdone jefe, cosas de cada uno, contest&oacute;. El otro d&iacute;a que estuvo por ac&aacute;, me pareci&oacute; que me ve&iacute;a, como de manera especial, dijo. Mmmm&hellip; &iquest;te pareci&oacute;? Pregunt&eacute;. Este, jefe&hellip; s&iacute;&hellip;perdone&hellip; cosas de muchachos, respondi&oacute;.<\/p>\n<p>Nunca supe que, despu&eacute;s de su visita a mi casa aquel d&iacute;a que fue a entregar el trabajo, ella y &eacute;l conversaban regularmente. En aquella ocasi&oacute;n &eacute;l se hab&iacute;a ofrecido a asistirla a ella por si necesitaba alg&uacute;n favor, as&iacute; que regularmente la llamaba, sin falta, todos los lunes, para ponerse a la orden si algo llegara a necesitar durante la semana. Ella, mi esposa, nunca me lo coment&oacute;.<\/p>\n<p>As&iacute; que me pareci&oacute; extra&ntilde;o que llegara a mi oficina un d&iacute;a, ya pr&oacute;ximos a salir del trabajo. No hab&iacute;a ca&iacute;do en cuenta que el 7 de mayo, al d&iacute;a siguiente, era su cumplea&ntilde;os, de modo que, no me sorprendi&oacute; cuando sac&oacute; botella de vino blanco y copas, supuestamente para celebrar. Bueno, dije, pero lugar inadecuado este para anticipar la celebraci&oacute;n de los cumplea&ntilde;os &iquest;no te parece? No, contest&oacute; ella. Es algo fuera de lo com&uacute;n. Bueno, pens&eacute; yo, brindemos entonces, sin discusi&oacute;n.<\/p>\n<p>Y nos quedamos ah&iacute;, bebiendo vino y charlando de todo un poco. Me dijo, viendo que ten&iacute;a mi PC sobre el escritorio, que quer&iacute;a ver nuestras fotos picantes, as&iacute; que ubiqu&eacute; los archivos y empezamos a repasar varias de las fotos que se hab&iacute;an tomado en el pasado. Y, en esa actividad, y bebiendo vino, se fue pasando el tiempo. Ella, pens&eacute; yo despu&eacute;s, ten&iacute;a todo preparado, porque una vez acabamos la botella de vino, no tuvo reparos en sacar una nueva botella. &iquest;Cu&aacute;ntas botellas trajiste? Pregunt&eacute;. Cuatro, respondi&oacute;. No son muchas, continu&eacute;. No&hellip; apenas. Apenas, &iquest;para qu&eacute;? Me pregunt&eacute; a mi mismo&hellip;<\/p>\n<p>Est&aacute;bamos solos en mi oficina, siendo las nueve de la noche, y estando el edificio casi vac&iacute;o, cuando, de repente, alguien golpe&oacute; a la puerta. Yo abr&iacute;. Era Rodolfo. Hola, jefe, dijo. Vi luz en su oficina y quer&iacute;a comprobar si era que se hab&iacute;an ido sin apagarla. No, contest&eacute;&hellip; Estamos aqu&iacute;. Hola, dijo mi esposa, vi&eacute;ndolo en la entrada. &iquest;Te tomas un vinito? Se apresur&oacute; a convidar al muchacho. Bueno, no s&eacute;, jefe&hellip; dijo, mir&aacute;ndome&hellip; Pas&eacute;, dije, y cerr&eacute; la puerta tras &eacute;l. Ella cumplea&ntilde;os ma&ntilde;ana y estamos anticip&aacute;ndola celebraci&oacute;n. Ah, bueno, &iexcl;qu&eacute; pena!<\/p>\n<p>Mi esposa sac&oacute; otra copa y le sirvi&oacute; vino al reci&eacute;n llegado. Entonces, pens&eacute;, esto como que no es casualidad. Rodolfo, tom&oacute; la copa y se sent&oacute; al lado de mi esposa, quedando ambos frente a m&iacute;, que me sent&eacute; en mi puesto, detr&aacute;s del escritorio. Y, apurando el vino, ella empez&oacute; a preguntarle a Rodolfo cosas de su vida, obra y milagros. Y &eacute;l, sorbo tras sorbo, se iba sintiendo m&aacute;s en confianza y empezaba a hablar y a comportarse con m&aacute;s soltura y confianza.<\/p>\n<p>Ya &iacute;bamos por la tercera botella de vino, cuando mi mujer, muy desparpajada, empez&oacute; a acariciar la pierna izquierda de Rodolfo, quien estaba sentado a su lado derecho, pregunt&aacute;ndole sobre sus amigas, sus conquistas, sus novias, con lo cual el nivel de la conversaci&oacute;n y la tensi&oacute;n sexual que se percib&iacute;a en el ambiente aumentaba. El muchacho le segu&iacute;a la corriente a mi mujer y aprovechaba para coquetearla, no sin dejar de mirarme como pidiendo mi permiso para hacerlo. Yo simplemente le gui&ntilde;aba el ojo, como enter&aacute;ndole que la dejara hacer a ella su santa voluntad.<\/p>\n<p>Las manos de mi mujer, inquietas, pronto pasaron de acariciar la pierna del muchacho a frotar su miembro por encima del pantal&oacute;n. Era notoria la erecci&oacute;n que la situaci&oacute;n y las caricias de mi mujer estaban provocando en &eacute;l. Y en esa din&aacute;mica, as&iacute;, de repente, mi mujer me dice, oye, amor, &iquest;me permites un regalito? &iquest;Qu&eacute; ser&aacute;? devolv&iacute; la pregunta. Y ella, masajeando con intensidad el miembro de Rodolfo, contest&oacute;, un pedazo de carne que me tiene provocada. Este&hellip; dije yo&hellip; no s&eacute;&hellip; &iquest;Qu&eacute; pensar&aacute; este muchacho? Pero en mi condici&oacute;n de cornudo consentidor, ya sab&iacute;a lo que iba a suceder y que aquello no ten&iacute;a reversa.<\/p>\n<p>Entonces ella, audaz, y muy oportuna, dirigiendo la mirada al muchacho, le pregunt&oacute;, directo y sin rodeo alguno, &iquest;te gustar&iacute;a que te lo mamara? El joven me mir&oacute; y dijo, yo no tengo inconveniente, se&ntilde;ora, si usted gusta, yo se lo permito. &iquest;Ya ves? Me dijo ella, como d&aacute;ndome a entender que aquello era posible. Bueno, le dice ella al muchacho, facil&iacute;tame las cosas. Entonces, &eacute;l, levant&aacute;ndose de su puesto, se coloca frente a ella y se baja los pantalones, dejando a la vista su gran miembro que, para ese momento, no estaba del todo erecto.<\/p>\n<p>Mi mujer lo toma entre sus manos, lo masajea de arriba abajo y, mir&aacute;ndome nuevamente, me dice, este va a ser mi regalo de cumplea&ntilde;os. &iquest;Est&aacute;s de acuerdo? Solo atin&eacute; a fruncir mis hombros, dando a entender que no me importaba aquello. As&iacute; que ella, sin oposici&oacute;n de mi parte, procedi&oacute; a llevarse a la boca el pene de aquel hombre y empezar a chuparlo con mucha dedicaci&oacute;n. Con una mano acariciaba sus bolas mientras que con la otra masajeaba el tronco del miembro masculino que, entre chupada y chupada, bien pronto empez&oacute; a crecer y endurecerse.<\/p>\n<p>Ella fascinada con la sensaci&oacute;n de sentir como ese miembro se endurec&iacute;a, lo masajeaba con mayor intensidad. El muchacho estaba, al parecer, dichoso con el tema y evitaba mirarme, cerrando sus ojos. Se&ntilde;ora, dec&iacute;a, lo mamas muy rico, con lo cual mi esposa se animaba a continuar su tarea, concentrando su lengua en lamer circularmente el glande de aquel hombre, que disfrutaba a placer las maniobras de ella, quien, de cuando en cuando, volv&iacute;a a tomar un sorbo de su copa de vino para continuar con su labor. El, en contraprestaci&oacute;n, solo se limitaba a acariciar su cabeza, gui&aacute;ndola de a poco para que sus mamadas fueran m&aacute;s y m&aacute;s profundas.<\/p>\n<p>Pasado un largo rato, ella se detuvo. Y, mir&aacute;ndole sonriente le pregunt&oacute;, &iquest;te apetece penetrarme? Claro que s&iacute;, respondi&oacute; &eacute;l. Bueno, ahora s&iacute;, haz lo que sabes hacer, dijo ella quit&aacute;ndose sus bragas. Se levant&oacute; de su puesto, apoy&oacute; sus brazos en el escritorio, quedando frente a m&iacute; para darle las espaldas a &eacute;l y levantando sus nalgas, dijo, soy toda tuya. No te tardes.<\/p>\n<p>Para qu&eacute; dijo eso. Rodolfo levant&oacute; las faldas de mi mujer para apreciar y acariciar sus nalgas en primer lugar, se puso de cuclillas detr&aacute;s de ella para besarlas y pasar su lengua por el sexo de mi mujer que ya, para ese momento deber&iacute;a estar humedecido, y, ah&iacute; s&iacute;, despu&eacute;s de haberla estimulado un poco con los dedos de su mano, procedi&oacute; a apuntar su verga y empujar su miembro dentro de la vagina de mi mujer.<\/p>\n<p>El gemido de placer que ella emiti&oacute; cuando esto pas&oacute;, no se hizo esperar. El muchacho ten&iacute;a una verga muy grande y era de esperar que el contacto de sus sexos generara alguna reacci&oacute;n en mi esposa que, dejando caer su pecho sobre el escritorio, y sin dejar de mirarme, empezaba a sentir el placer que las embestidas de aquel hombre le estaban produciendo. Ella se ve&iacute;a peque&ntilde;a y vulnerable ante las embestidas de aquel, pero ella lo estaba disfrutando. Gem&iacute;a y gem&iacute;a con cada movimiento de ese macho y la estaba pasando bien.<\/p>\n<p>No pares, dec&iacute;a ella, no pares. Y ante esto, el muchacho arreciaba sus embestidas. Su miembro no entraba del todo en el cuerpo de mi mujer y ella apretaba sus caderas para acoger con firmeza el sexo que entraba y sal&iacute;a de su cuerpo con mucho vigor. Ella mov&iacute;a sus caderas a un lado y otro, a la par que el muchacho, empujaba y empujaba con ritmo e intensidad. Ten&iacute;a cogida a mi mujer de las caderas, apret&aacute;ndola para atraerla hacia s&iacute; al ritmo de sus embestidas, tal vez tratando de apresurar el final de la faena.<\/p>\n<p>Para ella, encantada como estaba, el tiempo no pasaba y lo que hac&iacute;a aquel no era de importancia, pues disfrutaba a plenitud de su regalo. Era yo, quien, observando lo que pasaba, me confund&iacute;a en pensamientos y suposiciones. El tipo se est&aacute; aprovechando y le est&aacute; dando duro, sin compasi&oacute;n ni delicadeza, pero ella estaba inmersa en sus sensaciones y totalmente fascinada con la experiencia. &iexcl;Dale! &iexcl;dale! dec&iacute;a, una y otra vez. El volumen de sus gemidos dictaba la intensidad de sus sensaciones y, pasados los minutos, la conclusi&oacute;n del acto finalmente lleg&oacute;.<\/p>\n<p>El muchacho se aferr&oacute; a las caderas de mi mujer y apret&oacute; su cuerpo contra el de ella, concentrando su vigor en la descarga de semen que la inund&oacute; en sus entra&ntilde;as. Ella mov&iacute;a sus caderas a un lado y otro hasta que, pasado el tiempo, aquello ces&oacute;. El joven se retir&oacute; con su miembro ya fl&aacute;cido y aquello termin&oacute;. El, casi de inmediato, se subi&oacute; los pantalones, como quien acaba de cometer una pilatuna y quiere ponerse a salvo. Y ella, con toda naturalidad, baj&oacute; su falda y volvi&oacute; a sentarse en su puesto.<\/p>\n<p>Acab&oacute; esto&hellip; &iexcl;Acabemos este vino! Dijo. Y as&iacute;, como si fuera lo m&aacute;s natural del mundo, volvi&oacute; a servir las copas y la charla continu&oacute; como si aquello no hubiera pasado. Rodolfo, tus novias deben vivir encantadas contigo. Te mueves muy rico y tu miembro se siente bien estando all&aacute; adentro. Gracias, respondi&oacute; &eacute;l. Su cuca, dec&iacute;a &eacute;l, apretaba mi pene con fuerza. Yo lo sent&iacute;a muy rico. Es que tu pene es muy grande, respond&iacute;a ella, apenas cab&iacute;a en mi sexo. Eso era lo que lo hac&iacute;a mas delicioso. &iexcl;Brindemos&hellip;! y que se repita, dijo.<\/p>\n<p>Y ciertamente, aquello se repiti&oacute;. En otro escenario, en otra situaci&oacute;n y en otras circunstancias. Aquella foto en mi malet&iacute;n sirvi&oacute; de afrodisiaco para que mi esposa llegara al colmo de atreverse a ir a mi oficina para tener un encuentro con aquel muchacho. Y debo admitir que no dej&eacute; de sentir algo de verg&uuml;enza por lo sucedido, porque se trataba de alguien conocido, un empleado, pero hombre, al fin y al cabo, y del gusto de mi mujer. Fuera como haya sido, aquello pas&oacute; y, afortunadamente, tanto para ella como para &eacute;l, la aventura fue satisfactoria y dio pie para otros encuentros.<\/p>\n<p>La oficina, quien lo creyera, sirvi&oacute; de escenario para promover un encuentro sexual entre la esposa del jefe y uno de sus empleados. Quien lo creyera. Con mi consentimiento, claro est&aacute;. Aquello no trascendi&oacute;, menos mal. Ella, por sugerencia m&iacute;a, no volvi&oacute; a aparecer por all&aacute;. Nadie supo que Rodolfo se hab&iacute;a follado a la esposa del jefe en aquella oficina y que aun, todav&iacute;a con mi consentimiento, la segu&iacute;a follando cuando hab&iacute;a oportunidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Este relato no es diferente de muchos otros, pero el contexto en el que se dio la experiencia es lo que lo hace atractivo y especial para recordar. Trabajaba en una oficina gubernamental del sector defensa donde todo, claro, es reglamentado, acartonado, protocolario y formal. 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