{"id":39034,"date":"2022-09-26T22:00:00","date_gmt":"2022-09-26T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-09-26T22:00:00","modified_gmt":"2022-09-26T22:00:00","slug":"derechos-de-madre-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/derechos-de-madre-1\/","title":{"rendered":"Derechos de madre (1)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"39034\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">2<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>La historia que escribo aqu&iacute; es producto de dos entrevistas que tuve con la mama de un joven, que acudi&oacute; a mi consultorio porque dec&iacute;a que la culpa no la dejaba vivir. Al terminar, tuve que recomendar otro psic&oacute;logo, m&aacute;s experimentado que yo en temas de incesto. Con el paso del tiempo y pacientes, olvide la historia hasta que, regreso a m&iacute; en una mudanza que hizo aparecer estas notas. Transcribo aqu&iacute;, las palabras de &ldquo;una madre con derechos&rdquo; como ella misma gustaba de llamar a la peculiar relaci&oacute;n que ten&iacute;a con su hijo.<\/p>\n<p>Para comodidad del lector organice la entrevista en un relato del cual quite mis preguntas. Para mantener el anonimato, llamo con las iniciales de la relaci&oacute;n parental a uno y otro. Ella ser&aacute; M y el H. Advierto al lector que por momentos, la primera y la tercera persona se confunden como si contara cosas que pasaron y que siguen pasando&hellip;<\/p>\n<p>Primero doctor quiero que me asegure que lo que diga ac&aacute; usted no se lo va a contar a nadie&hellip;<\/p>\n<p>Me da mucha verg&uuml;enza decir esto y me parece espantoso pero estoy casada con mi hijo. Si, legalmente. Viajamos apenas cumpli&oacute; sus 21 a&ntilde;os a un pa&iacute;s de Europa del Este y all&iacute;, en un lugar apartado, nos casamos.<\/p>\n<p>Como empez&oacute; todo?? Esa es la pregunta m&aacute;s dif&iacute;cil y me la hago desde la primera vez que estuvimos juntos. Como empez&oacute;, como llegue hasta ac&aacute;, como me deje estar tanto.<\/p>\n<p>Lo primero que me acuerdo&hellip; quer&iacute;a que alguien me sacara de casa y por eso me case con el papa de H. Era joven y todav&iacute;a era virgen pero sab&iacute;a que mientras me abriera de piernas mi marido no iba a quejarse mucho. &Eacute;l era un m&eacute;dico muy respetado de la zona, un se&ntilde;or, y aunque me parec&iacute;a horrible, que me eligiera ten&iacute;a algo de Cenicienta.<\/p>\n<p>Al poco naci&oacute; H. &Eacute;l era chiquito, yo me quedaba en casa, cuid&aacute;ndolo, jugando con &eacute;l, mir&aacute;ndolo crecer. Algunos fines de semana mi marido nos sacaba al centro a tomar un helado o pasear por la feria de la plaza.<\/p>\n<p>La vida era una rutina porque uno se acostumbra a todo. &Eacute;l bebe crec&iacute;a y con el mis obligaciones y preocupaciones mientras que su padre, se ocupaba de poner la comida en el plato como repet&iacute;a una y otra vez cuando algo le molestaba.<\/p>\n<p>El tema del sexo no parec&iacute;a interesarle. Todas mis amigas casadas contaban historias de terror sobre la noche de bodas y la convivencia con hombres m&aacute;s grandes que ellas. Dec&iacute;an que eran degenerados, que bajaban a chuparte entre las piernas o a sentirte el olor de la cola. Mi marido apenas si cogi&oacute; conmigo dos o tres veces, y de la manera m&aacute;s normal, y luego se olvido o dej&oacute; de importarle.<\/p>\n<p>Nos hicimos m&aacute;s grandes, H se volvi&oacute; rebelde y peleaba mucho con mi esposo. Me ve&iacute;a arrastrada a esas peleas y todo terminaba en la acusaci&oacute;n de ponerme siempre de su lado, que &eacute;ramos tal para cual y las amenazas lanzadas al cielo de que por tenerlo bajo mis polleras el chico iba a salir puto, afeminado, maricon.<\/p>\n<p>Luego vino la pandemia del coronavirus y ah&iacute; la vida, se nos dio vuelta.<\/p>\n<p>De pronto, de un d&iacute;a para el otro, estaba sola, encerrada con mi hijo y sin esposo, porque al estar considerado esencial, ten&iacute;a que salir a trabajar y por eso prefiri&oacute;, alquilar algo y as&iacute; no exponernos al contagio.<\/p>\n<p>En principio la vida con H ten&iacute;a sus choques y peleas pero pudimos ajustarnos y con el tiempo nuestra nueva convivencia se volvi&oacute; agradable, divertida y cari&ntilde;osa. Nunca hab&iacute;amos pasado tantos tiempos solos, sin su padre.<\/p>\n<p>Aqu&iacute; doctor comienza la parte m&aacute;s repugnante de mi relato, aquella por la que seguro me vea arrastrada al infierno.<\/p>\n<p>Una noche, el tiempo en pandemia es dif&iacute;cil porque dorm&iacute;amos y despert&aacute;bamos muy tarde, estaba poni&eacute;ndome el piyama para despu&eacute;s, regresar al sill&oacute;n donde ten&iacute;amos nuestras maratones de series, y descubr&iacute; que H espiaba como me desnudaba.<\/p>\n<p>Primero fue una sombra, un movimiento reflejado en la esquina del espejo que lejos de asustarme hizo que creyera que estaba por entrar o por cruzar el pasillo. Adem&aacute;s todav&iacute;a ten&iacute;a puesta parte de la ropa. Se de gente que en pandemia vivi&oacute; en pijama, pero con H nos impusimos vestirnos cada d&iacute;a como si fu&eacute;ramos a salir, el a la escuela yo a ning&uacute;n lado, y lo que empez&oacute; como un conjuro contra la depresi&oacute;n se transformar&iacute;a en un juego.<\/p>\n<p>La sombra segu&iacute;a all&iacute;. No sab&iacute;a bien que pensar y decid&iacute; probar una teor&iacute;a. Sin mirar, baje la bombacha hasta mis pies y la arroje al cesto de la ropa sucia. Como conservaba puesta la camisola azul la sombra no hab&iacute;a podido ver nada pero si saber que abajo no ten&iacute;a nada.<\/p>\n<p>Tengo grabado en el recuerdo hasta el cap&iacute;tulo que ten&iacute;amos pausado ese d&iacute;a. As&iacute; que regrese, una camisa que me llegaba hasta debajo de la cola desnuda y propuse hacer unos pochoclos antes de seguir y le ped&iacute; ayuda. Acudi&oacute; como un perrito.<\/p>\n<p>Le di la espalda para cocinar. Pod&iacute;a sentir como me miraba la cola, la parte del cuerpo que menos me gusta y aun as&iacute;, sent&iacute;a como atra&iacute;a la atenci&oacute;n de mi hijo. El ma&iacute;z explotaba contra la tapa de la sart&eacute;n y regresaba hecho pochoclo as&iacute; que con un gesto de la mano le ped&iacute; que buscara un bol donde poner todo.<\/p>\n<p>Lo sorprendi&oacute; que me sentara en una banqueta a comer algunos en la cocina. Estiraba mis piernas y com&iacute;a distra&iacute;da los pochoclos fingiendo estar interesada en el techo y de reojo pod&iacute;a ver como miraba el borde de la camisola esperando ver m&aacute;s all&aacute;. Me miraba. A partir de ah&iacute; podr&iacute;a hacer una lista de las pruebas que le puse.<\/p>\n<p>Me espiaba cuando despertaba y cuando me iba a dormir. Espiaba cuando me ba&ntilde;aba. La idea de vestirme se transform&oacute; en un show para &eacute;l. Sal&iacute;a de la cama desnuda y a pesar de que no me gustaba mi cuerpo sent&iacute;a que era una mujer muy sensual la que se demoraba en poner el corpi&ntilde;o y la tanga para que su hijo la mirara. Empec&eacute; a usar polleras de jean con bombachitas abajo. Usaba corpi&ntilde;os, es obligaci&oacute;n cuando se te caen las tetas, pero vest&iacute;a camisolas transparentes que mostraban todo. Me puse calzas y elastizados que me levantaban el culo y hac&iacute;an ver mis piernas m&aacute;s lindas.<\/p>\n<p>El no despegaba los ojos, donde fuera mi cuerpo su vista me segu&iacute;a como cuando era un bebe y cre&iacute;a que, si no me ve&iacute;a, pod&iacute;a ser que no estuviera m&aacute;s.<\/p>\n<p>Fue un proceso lento con los d&iacute;as confundidos de la cuarentena.<\/p>\n<p>No, el nunca quiso tocarme o hacer nada conmigo. Se portaba con timidez y espiaba en silencio, adem&aacute;s estaba m&aacute;s dulce, m&aacute;s obediente.<\/p>\n<p>Me da mucha verg&uuml;enza decirlo pero me sent&iacute;a linda, que pod&iacute;a excitar a un joven que s&iacute;, claro, era mi hijo, pero aunque estuviera mal eso era lo que pasaba. Ve&iacute;a las publicidades, las dos hijas de la vecina, las pendejas del pueblo, y sent&iacute;a que mi cuerpo no entraba con el modelo de mujer. Desnuda, mis tetas ya no se pod&iacute;an sostener solas y ca&iacute;an, separ&aacute;ndose un poco una de la otra. No eran feas, el pez&oacute;n era arrugado y se ve&iacute;an sexys a pero igual las levantaba con las manos pensando ojala fueran as&iacute;, m&aacute;s firmes, m&aacute;s altas. Pensaba por suerte no estoy gorda. Las presiones en las mujeres son muy fuertes. No estas gorda pero estas redonda y miraba los rollos suaves a mis costados y un ligero babero que empezaba a insinuarse debajo del ombligo. Pod&iacute;a verlo. Y faltaba lo m&aacute;s feo de mi cuerpo, los muslos y la cola. Sent&iacute;a la carne ca&iacute;da, percib&iacute;a la celulitis, las estr&iacute;as&hellip; y a esa horrible mujer, un joven le devolv&iacute;a el reflejo de una mujer hermosa??&#8230; la ca&iacute;da era inevitable.<\/p>\n<p>Un resumen la pandemia comenzar&iacute;a as&iacute;: Comimos hamburguesas, dulces y nos agotamos de ver series. Jugamos a las cartas y a los dados, a la escondida en la casa y a las preguntas y respuestas. Adem&aacute;s, cada vez que las tetas o la cola de mama quedaban al desnudo, los ojos de H estaban all&iacute;, espiando. En el momento en que la mano probaba el agua para ba&ntilde;arse, en la cerradura, estaba el, deseando el cuerpo desnudo de su mama. Cuando la bombacha sub&iacute;a por la rodilla y todav&iacute;a pod&iacute;a verse la cola blanca, el pubis y los labios gruesos de la concha de mama, cuando se secaba lento o cuando no se secaban y se pon&iacute;a as&iacute;, desnuda y llena de gotitas a revolver los cajones del ba&ntilde;o. Cada vez estaba el. Lo sent&iacute;a respirar, sent&iacute;a su calor a trav&eacute;s de las puertas. Una mama sabe esas cosas.<\/p>\n<p>Como me satisfac&iacute;a doctor no se lo voy a decir, pero tiene que saber que nunca me vio haci&eacute;ndolo y yo tampoco. Esa es una de las cosas que lo hac&iacute;an parecer inocente frente a mis ojos, una tonter&iacute;a del encierro que le serv&iacute;a para alimentar sus pajas, con la &uacute;nica mujer cerca.<\/p>\n<p>Con el fin de las disposiciones de aislamiento, se flexibilizaron las salidas y los chicos tuvieron que regresar a clases. Tambi&eacute;n estaba planteado que mi esposo, su padre, regresara. Eso nos pon&iacute;a incomodos como si amenazara con pinchar la burbuja de la felicidad. Pero mi marido no parec&iacute;a demasiado apurado en regresar, la pandemia segu&iacute;a, y los d&iacute;as se alargaban en esa incertidumbre.<\/p>\n<p>Una ma&ntilde;ana H falto al colegio porque se sent&iacute;a mal y con el correr del d&iacute;a comenz&oacute; a levantar temperatura. Me asuste. Me daba rabia pensar que justo a la salida de la pandemia mi hijo fuera a contagiarse y rece, no me averg&uuml;enza decirlo aunque mi lugar sea el averno, pidiendo que no fuera nada. Acostado en su cama, monte en su cuarto mi campamento de enfermera. La fiebre sub&iacute;a y a pesar que intentaba bajarla con pa&ntilde;os fr&iacute;os, su cuerpo hirviente los secaba. Con esfuerzo, tiene tres veces mi tama&ntilde;o a pesar de tener 18 a&ntilde;os, lo puse de pie y lo lleve al ba&ntilde;o. Con miedo a dejarlo caer lo sent&eacute; y abr&iacute; el agua fr&iacute;a. Usaba de pijama un pantal&oacute;n deportivo. Nada m&aacute;s. Me acuerdo porque despu&eacute;s, mojado, fue muy dif&iacute;cil sac&aacute;rselo y eso, provoco que yo tambi&eacute;n me mojara la ropa en el intento.<\/p>\n<p>A pesar del ba&ntilde;o la fiebre segu&iacute;a alta y apenas si reacciono para volver a acostarse. Porque no le puse la ropa?? No lo s&eacute;, su cuerpo herv&iacute;a y las sabanas empapadas lo hac&iacute;an parecer una mala idea. Porque me quite ah&iacute; mismo la ropa mojada pudiendo hacerlo en el ba&ntilde;o tampoco puedo explicarlo. Eran una bombacha com&uacute;n y un corpi&ntilde;o liso que me sosten&iacute;a las tetas. En ese momento pensaba solo en &eacute;l, y es una verdad en mi coraz&oacute;n y ante los ojos del supremo que va a condenarme.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n es cierto que le mire mucho la pija. Para alguien que tanto espiaba hab&iacute;a algo gracioso ahora en el hecho de ser mirado. En el ba&ntilde;o con los esfuerzos para desnudarlo, envolverlo en el toallon y regresarlo a la cama casi no hab&iacute;a visto nada. Ahora ten&iacute;a para mis ojos de amor maternal el cuerpo desnudo de mi hijo.<\/p>\n<p>Fue la primera vez que sent&iacute;, paralelo al amor de madre, deseo de mujer por el cuerpo de un hombre.<\/p>\n<p>Sus piernas eran largas y musculosas. All&iacute; donde se un&iacute;an, en el centro, arriba de una bolsa oscura y arrugada, se levantaba una torre de carne ligeramente m&aacute;s oscura que la piel del resto del cuerpo. Estaba surcada de venas, algunas finitas que solo se ve&iacute;an luego de un rato y otras que sobresal&iacute;an hinchadas, llenas de sangre. La piel parec&iacute;a finita, sensible, y no era chica, aun dormida parec&iacute;a grande. Y gorda. Pod&iacute;a ver que era gruesa. La cabeza estaba cubierta por un borde de piel y apenas si asomaba una piel rosada como si dentro guardara un cari&ntilde;oso animal de un solo ojo.<\/p>\n<p>La tarde sigui&oacute; como una cadena de preocupaciones. La fiebre se manten&iacute;a constante como si fuera una tormenta y recorr&iacute; una y otra vez el camino al ba&ntilde;o para humedecer un trapo o renovar las toallas empapadas con las que secaba su transpiraci&oacute;n.<\/p>\n<p>Con la ca&iacute;da del sol empez&oacute; a subir la fiebre, rozando los 40 grados a delirar. Hablaba solo, palabras sueltas, y cuando lo abrace y sostuve contra mi pecho vestido solo con el corpi&ntilde;o, dijo mama como si fuera un ni&ntilde;o y respirando contra m&iacute;, se durmi&oacute; al influjo de las caricias que hac&iacute;a en su pelo acun&aacute;ndolo. Luego lo recost&eacute;, cuando se durmi&oacute; y parec&iacute;a bajar la fiebre.<\/p>\n<p>Despert&eacute; minutos antes de la medianoche, la voz de mi hijo gritando: mama, mama, y su cuerpo ardiendo. Esta vez sus delirios parec&iacute;an concentrados en m&iacute;.<\/p>\n<p>Mama te amo- dec&iacute;a- siempre te am&eacute; mama y extend&iacute;a sus manos para aferrarme.<\/p>\n<p>Por supuesto que me acerque y me deje agarrar, conteste que tambi&eacute;n lo amaba y no me importo que su cuerpo desnudo se abrazara a m&iacute;, porque lo sent&iacute;a arder y quer&iacute;a consolarlo.<\/p>\n<p>Lo vi dormitar, revolverse inquieto en fragmentos de sue&ntilde;os. En un momento comenz&oacute; a murmurar mi nombre y a dibujar, con sus manos, la forma de un cuerpo sentado sobre su pija. Pod&iacute;a ver, por la fuerza de sus caderas, la sabana moverse como si fuera un cuerpo real.<\/p>\n<p>Mi hijo so&ntilde;aba que me estaba cogiendo. No pude resistirlo y aparte las sabanas a un costado para mirar. La pija se levantaba como si en la columna durmiera un rascacielo que se levantara ahora en todo su tama&ntilde;o. La cabeza del animal aparec&iacute;a entera, brillante, el ojo como una boca que respirara temblorosa, o un bast&oacute;n agitado en el aire, la carne gorda, un poco m&aacute;s oscura, del tronco de su pija, empuj&aacute;ndola adentro del cuerpo so&ntilde;ado de su madre.<\/p>\n<p>Empez&oacute; a decir mama, ma, mami, varias veces mami y dec&iacute;a te amo y dec&iacute;a tu cola mami y la agarraba en sue&ntilde;os y so&ntilde;aba que me cog&iacute;a as&iacute; agarrado.<\/p>\n<p>Es una confesi&oacute;n, pueden creerla o no. Lo cierto es que toque su frente. Volaba. Me sent&eacute; al borde de la cama, de espaldas a esa pija que hasta ayer no sab&iacute;a que se hab&iacute;a puesto tan hermosa y gorda y seque el pecho desnudo, las axilas. Tocaba su piel con la toalla y en mis o&iacute;dos retumbaban sus palabras: mami te amo, te amo mami, y era como sentir el aroma de un perfume que me mareaba.<\/p>\n<p>Deje de pensar y segu&iacute; secando, recog&iacute; el sudor de su ombligo y despu&eacute;s en su pubis. Pronto muy pronto me choque la pija y la empec&eacute; a acariciar, de arriba abajo, y aunque todo comenz&oacute; como una preocupaci&oacute;n de madre en alg&uacute;n momento cruce el puente de estar haci&eacute;ndole una paja.<\/p>\n<p>La mano izquierda apoyada en su muslo, la derecha subiendo muy suave a la cabeza y bajando, recorriendo la pija y apretando, deslizando la piel y frot&aacute;ndola en el c&iacute;rculo de la mano. Arriba y abajo porque no llego a cubrirla toda. Pruebo con las dos y tampoco. Me siento orgullosa de la pija de mi hijo y me rio. Me digo que soy una mama muy puta y me rio aunque acelero la paja. Agarro los huevos, los acaricio, los aprieto suave, como si fueran m&iacute;os, se los estiro apenas. Siento que va a acabar. Una mama sabe esas cosas.<\/p>\n<p>Me paro y lo envuelvo con la toalla. Agarro con la mano la pija que ahora parece una carpa y acaricio su pecho mientras recupero el ritmo de la paja. En ese momento en la habitaci&oacute;n son su pija y el sonido de su voz, las palabras mami te amo mami te amo.<\/p>\n<p>Acaba. Su cuerpo se dobla y despu&eacute;s se estira hacia arriba como si su pija fuera una espada del amor y el la clavara hasta el pu&ntilde;o. Grita mi nombre, me llama mama y de a poco se relaja.<\/p>\n<p>No tengo pensamientos reales, solo recuerdo soltarlo, caminar de espaldas hasta la silla, sentarme con las piernas levantadas al borde y corriendo mi bombacha con la mano izquierda tocarme la concha. Y acabar. Acabar mucho.<\/p>\n<p>De que siento verg&uuml;enza, de verdad lo pregunta?? Siento verg&uuml;enza de decirle ac&aacute; tenes a tu mama para usarla como puta, de pedirle que me coja como a una perra, de decirle soy mama vaca mama cerda, tu esclava puta. Verg&uuml;enza de decirle te amo pero decirlo como mujer y no como madre mientras me hacia esa paja&#8230;<\/p>\n<p>Pero m&aacute;s verg&uuml;enza me da todo lo que paso despu&eacute;s&hellip;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>2 La historia que escribo aqu&iacute; es producto de dos entrevistas que tuve con la mama de un joven, que acudi&oacute; a mi consultorio porque dec&iacute;a que la culpa no la dejaba vivir. Al terminar, tuve que recomendar otro psic&oacute;logo, m&aacute;s experimentado que yo en temas de incesto. 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