{"id":39568,"date":"2022-11-03T11:54:04","date_gmt":"2022-11-03T11:54:04","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-11-03T11:54:04","modified_gmt":"2022-11-03T11:54:04","slug":"arte-seduccion-y-lujuria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/arte-seduccion-y-lujuria\/","title":{"rendered":"Arte, seducci\u00f3n y lujuria"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"39568\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 16<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Voy invitada por una compa&ntilde;era de trabajo de la facultad a la inauguraci&oacute;n de una exposici&oacute;n colectiva de diversas modalidades art&iacute;sticas: fotograf&iacute;a, pintura, escultura y arte conceptual. Ella es profesora de historia del arte, apasionada por su trabajo, y por qu&eacute; no decirlo, tambi&eacute;n una friki. Mi &aacute;rea es la del dibujo, y aunque las dos nos movemos en disciplinas semejantes, tambi&eacute;n tenemos nuestras discrepancias.<\/p>\n<p>En el arte siempre he conservado una tendencia m&aacute;s bien purista, de ah&iacute; que la abstracci&oacute;n y el arte conceptual nunca me hayan cautivado. Este &uacute;ltimo, desprovisto de cualquier sentido est&eacute;tico y buscando fundamentalmente la novedad, me exaspera, como si el hecho de tomar un trozo de basura y colocarle un nombre pomposo se ganase ya un hueco en los museos, y lo que pienso es que lo que realmente impera es el arte de la ausencia de talento. Me reafirmo en mi hip&oacute;tesis cuando mi vista colisiona con una cuerda dejada caer de forma azarosa en el suelo. Una l&iacute;nea supuestamente infranqueable en el piso nos advierte que est&aacute; prohibido cruzarla y a m&iacute; me dan ganas de hacerlo con el fin de darle un puntapi&eacute; a la cuerda. Estoy segura de que nadie se percatar&iacute;a de que se ha movido, e incluso visto lo visto, hasta podr&iacute;a plantearme exponer en ARCO como talento emergente.<\/p>\n<p>Un amable camarero transita por la sala con la bandeja en alto ofreciendo vino blanco y algunas delicatesen a los invitados. Nos hacemos con una copa y reconozco que el vino supera con creces la calidad de la obra de la que el afamado autor est&aacute; haciendo gala. Todo el mundo atiende embelesado y escucha las incoherentes y absurdas interpretaciones que el autor defiende, y un p&uacute;blico admirado parece estar satisfecho con tales dislates verbales. Interact&uacute;o con varias personas, siempre evitando comentar lo que verdaderamente pienso de la obra del supuesto artista, de modo que obvi&aacute;ndola, le doy un buen metido a la copa de vino.<\/p>\n<p>Mi compa&ntilde;era se detiene y se une al grupo de incautos que escuchan la disertaci&oacute;n, por lo que me adelanto hasta la siguiente sala.<\/p>\n<p>El ambiente ha cambiado y una vaporosa luz envuelve la sala. Me percato de que la tem&aacute;tica de la fotograf&iacute;a es enteramente er&oacute;tica, algunas escenas incluso rayan en lo pornogr&aacute;fico, aunque no cabe duda de que tienen mucho estilo.<\/p>\n<p>Me detengo en una imagen en blanco y negro en la que una mujer desnuda e incongruentemente bella se abraza a un s&iacute;mbolo f&aacute;lico en actitud lasciva. La escena me provoca un cruce de sensaciones discordantes, y con ello, cierta inquietud. En la siguiente fotograf&iacute;a otra mujer tan bella como la anterior apoya las manos en la pared echando su cuerpo hacia atr&aacute;s, de tal modo que su trasero queda oculto tras el marco de la puerta. Los pies de su amante asoman por debajo, por lo que se intuye a la perfecci&oacute;n que la est&aacute; poseyendo. Miro a mi alrededor en un acto reflejo, quiz&aacute;s para cerciorarme de que nadie advierte mi desaz&oacute;n, o quiz&aacute;s intentando adivinar quien es el autor de las obras, pero no consigo hallar de quien se trata. Recorro la estancia con la vista y observo a la gente comentando cada escena, pero nada me indica que el autor sea uno de ellos hasta que una voz a mi espalda me pregunta si todo es de mi agrado. Me doy la vuelta intrigada y de inmediato s&eacute; que se trata de &eacute;l. Es mucho m&aacute;s joven de lo que imaginaba. Asiento con la cabeza porque en ese instante una par&aacute;lisis me asalta. Es apuesto, con un sex appeal que resulta dif&iacute;cil evitar mirarlo y creo que &eacute;l es consciente del efecto que causa. El color de su cabello es casta&ntilde;o, corto por los laterales y m&aacute;s largo en la zona superior, con raya a la izquierda y con un despeinado intencionado. Luce una barba de varios d&iacute;as que le confiere un aspecto m&aacute;s varonil, si eso es posible. Mi vista tambi&eacute;n le ha dado un fugaz repaso a su fisionom&iacute;a, constatando que bien podr&iacute;a servir como capricho de cualquier mujer. Con todo ello, intento no ser indiscreta en mi exploraci&oacute;n.<\/p>\n<p>Parece interesarse por mi opini&oacute;n. Por un momento pienso que quiz&aacute;s le atraiga, cosa harto improbable, dada nuestra diferencia de edad. Rondar&aacute; los treinta y pocos, eso aleja la idea de que albergue cualquier inter&eacute;s f&iacute;sico en m&iacute;, por m&aacute;s que a mis cincuenta mis atributos sigan manteni&eacute;ndose en su lugar. Aun as&iacute;, dir&iacute;a que las maduras no son de las que se cuelan en sus preferencias y lo previsible es que quiera conocer el criterio de su p&uacute;blico.<\/p>\n<p>&mdash;Mis disculpas. No nos han presentado. Me llamo Javier. Un placer, &mdash;me dice con una seductora sonrisa mientras me extiende su mano.<\/p>\n<p>Lo miro de arriba abajo discretamente, pero con cierta concupiscencia.<\/p>\n<p>&mdash;Vicky, &mdash;balbuceo ofreci&eacute;ndole la m&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; opinas de la obra Vicky? &mdash;me pregunta interesado.<\/p>\n<p>La verdad es que no s&eacute; muy bien qu&eacute; contestarle y opto por decirle media verdad y omito la otra media que me ha provocado cierto cosquilleo entre las piernas.<\/p>\n<p>&mdash;Es atrevida y perturbadora, pero me gusta. Y m&aacute;s, despu&eacute;s de ver lo que se cuece en la sala contigua.<\/p>\n<p>&mdash;Eso no dice mucho en mi favor, &mdash;a&ntilde;ade, y yo quiero tragarme mis palabras reconociendo lo desafortunadas que han sido.<\/p>\n<p>&mdash;Lo siento. Tu obra es magn&iacute;fica, &mdash;le digo intentando enmendar el entuerto.<\/p>\n<p>&mdash;No te preocupes. S&eacute; que te gusta. La reacci&oacute;n de la gente cuando se coloca ante ella habla por s&iacute; sola.<\/p>\n<p>Ahora me da la impresi&oacute;n de que soy transparente para &eacute;l, incluso hasta vulnerable.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Sabes lo que piensa la gente de tus fotograf&iacute;as? &mdash;le pregunto.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ves aquellas personas de all&iacute;? &mdash;me se&ntilde;ala con la cabeza a una pareja. &mdash;Est&aacute;n echando pestes, eso seguro. Lo m&aacute;s probable es que sean tan retr&oacute;grados como para ser dos amargados en la cama.<\/p>\n<p>Sonr&iacute;o.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No te inquietan ese tipo de cr&iacute;ticas?<\/p>\n<p>&mdash;Para nada. Mucha gente juzga sin ninguna intenci&oacute;n constructiva, pero a m&iacute; eso me da igual. Mi cometido es esa provocaci&oacute;n intr&iacute;nseca que suscita en cada uno. Al fin y al cabo la fotograf&iacute;a er&oacute;tica es una manera de mirar la vida cotidiana por el objetivo de la c&aacute;mara, pero con ese contrapunto picante que da el erotismo. Aqu&iacute; lo que influye es la interpretaci&oacute;n, y eso var&iacute;a seg&uacute;n los ojos que miran la foto. Normalmente quien m&aacute;s se queja es quien tiene la mente m&aacute;s calenturienta.<\/p>\n<p>Sus palabras se me clavan como dagas y hacen que me sonroje. Me hace sentir como si se hubiese percatado de mi cosquilleo, es m&aacute;s, pienso que me ha incluido en &eacute;ste &uacute;ltimo sector.<\/p>\n<p>El camarero vuelve a pasar por nuestro lado ofreci&eacute;ndonos m&aacute;s vino. Nos hacemos con una copa cada uno. &Eacute;l golpea suavemente la suya con la m&iacute;a, me mira directamente a los ojos como si quisiera adentrarse en lo m&aacute;s profundo de mis pensamientos. Por un instante desv&iacute;a la mirada hasta mi escote y siento que me quema con ella. Seguidamente sorbe de su copa sin dejar de observarme con esos ojos claros en los que me sumerjo sin poder evitarlo. Yo lo imito con los nervios a flor de piel y mis partes &iacute;ntimas rezuman de deseo. Dir&iacute;a que un aura qu&iacute;mica nos envuelve o que Cupido nos ha aguijoneado con una de sus flechas. Abro la boca intentando articular alguna palabra coherente y lo &uacute;nico que me viene a la cabeza es que quiero sentir su boca. Una voz pronuncia su nombre desde la posici&oacute;n de otra de sus obras y ese m&aacute;gico instante en el que el mundo parece haberse detenido se quiebra devolvi&eacute;ndome a una realidad que posiciona de nuevo mis pies en el suelo.<\/p>\n<p>&mdash;Debo atender a los dem&aacute;s invitados, &mdash;me dice, y entiendo que as&iacute; tiene que ser, muy a mi pesar. &iquest;Acaso hab&iacute;a albergado alguna posibilidad con &eacute;l?<\/p>\n<p>&mdash;En aquella mesita auxiliar hay tarjetas m&iacute;as, &mdash;a&ntilde;ade se&ntilde;al&aacute;ndola, y doy por hecho que es una invitaci&oacute;n, en principio no s&eacute; muy bien para qu&eacute;. El coraz&oacute;n da un brinco dentro de mi pecho mientras me sonr&iacute;e, despu&eacute;s se aleja a atender a sus invitados. Me aproximo, me hago con una de las tarjetas, miro a mi alrededor como si con ello estuviese cometiendo una ilegalidad y la guardo a buen recaudo en mi bolso antes de que alguien me vea. El camarero vuelve a ofrecerme una copa y la rechazo con diplomacia, habida cuenta de que parece que ya no pienso con claridad y en vista de que mis pensamientos deambulan por la cuerda floja y mi juicio parece haberse nublado.<\/p>\n<p>Mi amiga se re&uacute;ne de nuevo conmigo y me acribilla con reflexiones que no comparto. En cualquier caso, tengo la cabeza embotada y no estoy en disposici&oacute;n de llevarle la contraria. En estos momentos s&oacute;lo me apetece llegar a casa y darme un ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>Mi marido y mi hija han preparado la cena, y aunque mi apetito es de otra &iacute;ndole, me siento a la mesa considerando que no quiero despreciar el esmero que han puesto ambos, eso s&iacute;, despu&eacute;s de la cena lleno la ba&ntilde;era de agua caliente, echo sales de ba&ntilde;o arom&aacute;ticas y me sumerjo en ella. Pronto mis m&uacute;sculos se relajan y la tensi&oacute;n de mi cuerpo se desvanece. Mi cerebro tambi&eacute;n agradece el efecto reconfortante del agua caliente y mi mente parece descansar en mullidas nubes de algod&oacute;n, en consecuencia, la tensi&oacute;n desaparece y el sosiego invade mi ser.<\/p>\n<p>Con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en el borde de la ba&ntilde;era, me adentro en un duermevela que se ve interceptado por los acontecimientos anteriores y, pese al agua caliente, mis pezones se endurecen demandando atenciones. Paseo mis dedos por ellos y la piel se me eriza cual gallina desplumada. La sensaci&oacute;n es agradable y de manera gradual se torna placentera hasta que los pellizco y los retuerzo buscando el placer. Mi mano resbala hasta mi sexo y &eacute;ste aguarda con ansia. Lo aprieto un instante y cierro los ojos al tiempo que mi dedo patina por la raja recorriendo los pliegues hasta que lo hago acampar en el peque&ntilde;o n&oacute;dulo. Una vez all&iacute; lo froto y trazo movimientos en espiral. Mi respiraci&oacute;n se agita, las pulsaciones se aceleran, los gemidos emanan de mi boca amortiguados, pues no deseo compartir este instante. Es mi momento y no quiero que haya interrupciones.<\/p>\n<p>El placer va in crescendo, no obstante, me invade un vac&iacute;o que dos de mis dedos colman, de tal manera que empiezo a follarme con ellos con insistencia mientras con el dedo &iacute;ndice de la otra mano fricciono mi cl&iacute;toris con fervor. El orgasmo acude a m&iacute;, y como un tsunami, me arrastra en oleadas de placer en las que muevo la pelvis en convulsiones que consiguen desbordar el agua de la ba&ntilde;era.<\/p>\n<p>Me quedo quieta un momento hasta que mis pulsaciones retornan a la normalidad. Despu&eacute;s me seco, me pongo el pijama y me acuesto. Mi esposo ya duerme, apago la luz, me abrazo a &eacute;l y la &uacute;ltima imagen que deambula por mi cabeza es la de Javier.<\/p>\n<p>Los d&iacute;as pasan y no consigo que se me vaya de la testa.<\/p>\n<p>Mi vida es estable, lineal, ordenada y sin complicaciones importantes. En el terreno sentimental estoy en un buen momento y considero que la relaci&oacute;n con mi marido es provechosa, quiz&aacute;s un poco rutinaria, como suele ser habitual tras veintitantos a&ntilde;os de relaci&oacute;n, pero asumo esa circunstancia como algo l&oacute;gico, por tanto, nunca ha sido un h&aacute;ndicap como para que eso me haya llevado a buscar otro acicate que condimente ese letargo pasional.<\/p>\n<p>Es s&aacute;bado por la ma&ntilde;ana. Son las nueve de la ma&ntilde;ana. Mi marido ha salido a jugar su partida de p&aacute;del. Me dispongo a salir de compras. Mi hija me pide dinero para hacer las suyas. Saco la billetera del bolso y veo la tarjeta de Javier, con lo cual, mis pensamientos se dispersan y pierdo por un momento la noci&oacute;n del presente.<\/p>\n<p>&mdash;Mam&aacute;, &mdash;me reprende mi hija.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;? &mdash;contesto enajenada.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;El dinero? &mdash;me recuerda, y yo vuelvo al presente, le doy un billete de cincuenta, me da un beso y sale escopetada.<\/p>\n<p>Me siento en la silla un momento y me quedo contemplando la tarjeta. No su dise&ntilde;o vanguardista, sino lo que representa, por qu&eacute; me la ofreci&oacute;, y lo m&aacute;s importante: por qu&eacute; la cog&iacute;. Es una pregunta que no he dejado de hacerme estos d&iacute;as. En el fondo quiero dar ese paso sin saber a donde conduce esa senda que sugiere ser de lo m&aacute;s incierta. Sopeso la posibilidad de hacer esa llamada, pero el v&eacute;rtigo agarrota mi cuerpo.<\/p>\n<p>Las dudas me persiguen como los ratones al &ldquo;Flautista de Hamelin&rdquo;. Tengo claro que quiero a mi esposo y tambi&eacute;n s&eacute; que no es compatible esa opci&oacute;n con lo que deseo, de modo que mi confusi&oacute;n es manifiesta y el dilema navega entre lo que es &eacute;ticamente correcto y lo que se supone que es un capricho imprudente. La sensatez combate por en&eacute;sima vez contra el deseo, pero en esa contienda, el sentido com&uacute;n siempre parece perder la batalla. Ahora tengo el tel&eacute;fono en una mano y la tarjeta en la otra. Me armo de valor y marco el n&uacute;mero. En esta decisi&oacute;n comprendo que corro el riesgo de echar mi vida por la borda, pero ya es tarde para arrepentirse. Escucho un &ldquo;hola&rdquo; al otro lado.<\/p>\n<p>&mdash;Hola. Soy Vicky, &mdash;contesto.<\/p>\n<p>&mdash;Vicky, Vicky, Vicky&hellip; &mdash;repite &eacute;l, supongo que intentando descifrar quien ser&aacute; la tal Vicky.<\/p>\n<p>&mdash;Nos conocimos en tu exposici&oacute;n. Me ofreciste tu tarjeta, &iquest;recuerdas? &mdash;le digo pensando que probablemente soy otra m&aacute;s de las muchas que suelen pasan por su lecho.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;. Cierto. Te recuerdo&hellip; T&uacute; dir&aacute;s Vicky.<\/p>\n<p>&ldquo;&iquest;En serio?&rdquo;. Este es el momento en el que me quedo m&aacute;s cortada que un pollo sin cabeza. No s&eacute; qu&eacute; pensar. No s&eacute; qu&eacute; decir. Empiezo a creer que esto ha sido un error, quiz&aacute;s tambi&eacute;n un malentendido por mi parte y en mi af&aacute;n de que todo transcurriera seg&uacute;n se esbozaba en mi cabeza, no he sabido interpretar las se&ntilde;ales que, aunque para m&iacute; eran evidentes, no eran las que &eacute;l quer&iacute;a mandar.<\/p>\n<p>No s&eacute; qu&eacute; hacer. No s&eacute; qu&eacute; decir. Deber&iacute;a colgar. No quiero parecer una idiota, y mucho menos una buscona. &iquest;Lo soy? Empiezo a plante&aacute;rmelo.<\/p>\n<p>&mdash;Me preguntaba si te apetecer&iacute;a tomar un caf&eacute;, &mdash;acierto a decir.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Un caf&eacute;? &mdash;pregunta sorprendido. La verdad es que no me lo est&aacute; poniendo f&aacute;cil y nunca me he sentido tan humillada como ahora. En realidad, no estoy segura de si quiere hacerme sentir as&iacute;. Parece que s&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Pensaba que est&aacute;bamos en la misma onda, disculpa, &mdash;le digo finalmente con la intenci&oacute;n de colgar.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No te apetece m&aacute;s que cenemos esta noche? &mdash;a&ntilde;ade, de modo que vuelve a desconcertarme.<\/p>\n<p>&mdash;Por la noche no puedo. Tengo compromisos familiares.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;s casada? &mdash;pregunta, y yo quiero que la tierra se me trague. Daba por hecho que lo sab&iacute;a, pero ahora que lo pienso, no ten&iacute;a por qu&eacute;, y por tanto, evidencio una vez m&aacute;s mi condici&oacute;n de buscona. Vacilo un instante antes de responder sabiendo que el plan se ha malogrado.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;. Pensaba que lo sab&iacute;as.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo iba a saberlo? No me lo dijiste, aunque eso le a&ntilde;ade m&aacute;s morbo al prop&oacute;sito.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; prop&oacute;sito? &mdash;pregunto haci&eacute;ndome la ingenua.<\/p>\n<p>&mdash;Voy a preparar la cafetera. Te mando mi ubicaci&oacute;n. D&eacute;cimo piso, puerta veintiocho. No tardes, &mdash;me dice con determinaci&oacute;n. Despu&eacute;s cuelga sin esperar mi respuesta dando por hecho que acudir&eacute; sin vacilar como una madura encelada, en cambio, despu&eacute;s de esa flagrante confianza en s&iacute; mismo y ese arranque de prepotencia quiero bajarle los humos, por el contrario, me acicalo, uso una de mis mejores fragancias y salgo de casa. Despu&eacute;s subo al coche, abro el GPS e inserto la ubicaci&oacute;n.<\/p>\n<p>En quince minutos estoy aparcando en la direcci&oacute;n indicada. Llamo desde abajo al n&uacute;mero veintiocho. Tengo el coraz&oacute;n en un pu&ntilde;o mientras espero unos segundos antes de que se abra la puerta. Cojo el ascensor, presiono el pulsador del d&eacute;cimo y mientras asciende me cuestiono si he tomado la mejor decisi&oacute;n. Reconozco que no ha sido la m&aacute;s cabal, y si es acertada o no depende del prisma con el que se mire. Busco una justificaci&oacute;n, un auto convencimiento que me haga sentir mejor, o que me diga que nunca he echado una cana al aire y que por una vez mi conciencia lo superar&aacute;. Por a&ntilde;adidura, hay oportunidades que quiz&aacute;s se presenten s&oacute;lo una vez en la vida y pienso que &eacute;sta es una de ellas.<\/p>\n<p>Me recibe con una complaciente sonrisa. Va descalzo, con unos jeans rotos y el torso desnudo luciendo un cuerpo fibroso reci&eacute;n salido de un anuncio de perfume. No s&eacute; si estoy a su altura, aunque si me invit&oacute; fue porque algo vio en m&iacute; que le gustaba. Yo tambi&eacute;n llevo vaqueros ajustados que dan testimonio de mis curvas. Para la parte superior he elegido un su&eacute;ter de punto fino ajustado con un cuello de pico que resalta mi canalillo.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute;s deliciosa, &mdash;me dice sin apartar la vista de mi escote, y viniendo de &eacute;l es todo un cumplido.<\/p>\n<p>R&aacute;pidamente invade mi espacio vital, me coge de la cintura con una mano y me acerca a &eacute;l, por lo que nuestros cuerpos se pegan. Con la otra mano agarra mi nalga derecha y la presiona. Me mira un instante muy de cerca y abro mi boca deseosa esperando la suya. Ahora s&eacute; que el deseo es compartido.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quieres el caf&eacute;?, &mdash;me pregunta. No le cabe duda de que no he ido a tomar caf&eacute;. Ignoro su pregunta y le como la boca enroscando mi lengua con la suya. Sus manos se aferran a mis nalgas acerc&aacute;ndome m&aacute;s a &eacute;l. Noto su hombr&iacute;a hinch&aacute;ndose en mi vientre en el momento en el que la costura de mis jeans empieza a molestarme. Siento sus caricias por mi cuerpo hasta llegar a los pechos. Me quita el su&eacute;ter con mi ayuda. Por un momento se queda obnubilado contempl&aacute;ndome a trav&eacute;s del sujetador trasparente, despu&eacute;s me aprisiona las tetas y las amasa con rudeza al tiempo que se deshace de la prenda. Las vuelve a manosear, a continuaci&oacute;n hunde su cabeza. Mis pezones son devorados con autentico fervor para mi deleite con una lengua que los abrasa. La raja se me abre como una flor en una ma&ntilde;ana primaveral. De forma inesperada noto su mano aterrizando en mi sexo y unos dedos empiezan a hurgar en &eacute;l a trav&eacute;s de la tela del pantal&oacute;n a la vez que mi mano busca su entrepierna exageradamente abultada.<\/p>\n<p>Bruscamente me da la vuelta, me apoya las manos en el sof&aacute;, me baja los vaqueros de golpe y hace lo mismo con las bragas, dejando mi trasero a su merced.<\/p>\n<p>&mdash;Menudo culo tienes, zorra, &mdash;me dice pareciendo haber mutado, pero estoy tan caliente que no me detengo a cuestionar esa nueva faceta ni sus modales, en contraste, muevo el trasero impaciente. Volteo la cabeza con curiosidad mientras se desabrocha el cintur&oacute;n, baja el zip y extrae un palpitante y apetitoso miembro que me hace reconocer que el muchacho ha sido bendecido por los dioses.<\/p>\n<p>&mdash;Ponte un cond&oacute;n, &mdash;le pido, pero hace caso omiso a mi petici&oacute;n.<\/p>\n<p>Con los pantalones y las bragas bajadas siento una fuerte palmada en mi nalga derecha que hace que me queje. Una segunda aplicada con m&aacute;s contundencia me deja la marca y la zona toma un tono rojizo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quieres que te folle, o prefieres ir a a comprar condones? &mdash;me pregunta con la certeza de que deseo fervientemente lo primero, por tanto, me olvido de los condones, sin embargo, mi refinada educaci&oacute;n todav&iacute;a me impide expresarme abiertamente.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No es lo que deseabas desde que nos vimos, zorra? &mdash;me repite. Yo no respondo a sus groser&iacute;as. Me empieza a molestar su lenguaje soez, pero s&eacute; que aunque no son las formas correctas de decirlo no anda lejos de la verdad, por eso quiero pasar a la acci&oacute;n y que deje de vilipendiarme.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No has venido a eso? &mdash;insiste aproxim&aacute;ndose a mi o&iacute;do, al mismo tiempo que tira de mi pelo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;O has venido a ver mi arte? &mdash;a&ntilde;ade tirando con m&aacute;s fuerza, mientras le miro a los ojos sin saber si odiarle, mandarlo a la mierda o desearle.<\/p>\n<p>&mdash;No me hables as&iacute;, &mdash;le reprendo.<\/p>\n<p>&mdash;No me vengas con remilgos, guapa, que se te notaba a la legua que tu co&ntilde;o hac&iacute;a aguas.<\/p>\n<p>&mdash;Pero ser&aacute;s cabr&oacute;n, &mdash;le amonesto de nuevo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Me equivoco? &mdash;pregunta mientras dos dedos de su otra mano chapotean dentro de mi co&ntilde;o provocando sonoros chasquidos y haciendo que resbalen mis caldos entre las piernas. Muevo mi pelvis y mis gemidos se escapan involuntariamente de mi boca.<\/p>\n<p>&mdash;Eso es. Mueve el culo, &mdash; me ordena al tiempo que las peque&ntilde;as extremidades se mueven m&aacute;s y m&aacute;s r&aacute;pido. Quiero mandarlo a tomar viento, pero tambi&eacute;n gritar de gusto con sus dedos foll&aacute;ndome. Intento reprimir esas ansias, pero finalmente cedo al orgasmo y libero reiterados gritos de placer, a la vez que me tiemblan las piernas y mis flujos se desparraman sin contenci&oacute;n.<\/p>\n<p>Sin tiempo para recuperarme noto el glande presionando a la entrada de mi raja, y con un firme empuj&oacute;n mi vagina engulle la polla del fot&oacute;grafo en el interior. Exhalo un suspiro al sentir su virilidad dentro de m&iacute; y el placer retorna con renovadas fuerzas en movimientos repetitivos que van ganando en velocidad y rudeza entrando y saliendo de mi cavidad mientras muevo el culo queriendo sentir todo el puntal.<\/p>\n<p>&mdash;Menuda zorra caliente est&aacute;s hecha. &mdash;Te mor&iacute;as de ganas por un buen rabo, &iquest;verdad cari&ntilde;o? &mdash;me dice cogi&eacute;ndome de nuevo del pelo y tirando de mi melena hacia &eacute;l mientras la rapidez con la que arremete me arranca gemido tras gemido en cada embate.<\/p>\n<p>Con los pies me deshago de los pantalones y de las bragas, lo que me facilita abrir las piernas para sentirlo mejor.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; culazo tienes cabrona! &mdash;exclama pose&iacute;do por el deseo, sin embargo, lejos de molestarme, los improperios me ponen cada vez m&aacute;s cachonda y entro en un estado de excitaci&oacute;n que no recuerdo haber experimentado nunca. Su polla entra y sale de m&iacute; socavando mis entra&ntilde;as con contundentes golpes de cadera. Estoy en condiciones de alcanzar mi segundo orgasmo cuando me la saca por completo. Noto un gran vac&iacute;o. Me da la vuelta, me pone de rodillas y me planta la verga delante de mi cara. La observo un instante, tan dura, tan recia y tan venosa. Admiro su envergadura avalando que las comparaciones son odiosas. Me dispongo a cogerla, pero me lo impide, en cambio lo hace &eacute;l. Se la agarra con firmeza y empieza a propinarme pollazos en la cara. Intento atraparla con la boca, pero no me deja. Cuando &eacute;l lo decide me la incrusta, le doy unos lametones y me la vuelve a retirar hasta que cansada del juego la cojo de la base y la atrapo para dedicarle la mejor de las mamadas.<\/p>\n<p>Mi boca empieza a segregar saliva que va resbalando por el tronco. Con mis dedos &iacute;ndice y pulgar hago un anillo recorriendo el tallo al mismo tiempo que mi boca acapara todo lo que da de s&iacute; hasta atragantarme.<\/p>\n<p>&mdash;Eres una experta mamadora. Si sigues as&iacute; har&aacute;s que me corra, &mdash;me advierte con cara desencajada, pero no le hago caso y sigo a lo m&iacute;o, incluso con m&aacute;s ah&iacute;nco. Me doy cuenta de que lleva raz&oacute;n cuando r&aacute;pidamente se separa de m&iacute;. Se quita los pantalones por completo, me coge en brazos y me lleva a la habitaci&oacute;n. All&iacute; me suelta como si fuera una mu&ntilde;eca de trapo, me abre las piernas, y abreva en mi entrepierna. Me muerde primero la parte superior de los muslos y yo busco con mi pelvis la esquiva lengua. Se detiene un instante contemplando mi raja, pero en mi ansiedad aferro su cabeza y la empujo con la intenci&oacute;n de que hunda su lengua en las profundidades. No se resiste. Huele mi aroma, separa mis pliegues con la lengua y la pasea por la raja saboreando mi sal. Un hilillo de l&iacute;quido se desliza hacia el ano y &eacute;l lo atrapa antes de que llegue a su destino para degustar el elixir. Su lengua repasa en vertical toda la zona, desde al ano hasta el cl&iacute;toris repetidas veces, yo lo acompa&ntilde;o con movimientos sincronizados de mi pelvis, despu&eacute;s hunde su dedo dentro de m&iacute;, en tanto la lengua aterriza en el n&oacute;dulo del placer.<\/p>\n<p>Mis gemidos se intensifican y Javier acelera el movimiento de su dedo. A&ntilde;ade otro al mete y saca, a la par que la lengua se centra en el peque&ntilde;o bot&oacute;n.<\/p>\n<p>Los dedos incursionan buscando el punto G y lo aprieta repetidas veces. Mi excitaci&oacute;n y mis gemidos invaden la estancia. Cuando creo que voy a correrme se detiene como si lo adivinara y me quedo quieta respirando aceleradamente con gran frustraci&oacute;n por mi parte, pero no por mucho tiempo. Seguidamente se incorpora, coloc&aacute;ndose encima de m&iacute; y me ensarta como a un churrasco de Croto hasta que mi ano saluda a sus pelotas. Mis manos aferran sus duras nalgas y clavo mis u&ntilde;as en ellas como indicativo del placer que me da. Aprieto con fuerza y grito con desesperaci&oacute;n sintiendo como la polla me abre en canal y se me clava hasta el tu&eacute;tano.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te gusta Vicky? &mdash;me pregunta ufano haciendo uso de mi nombre por primera vez. Le respondo con un euf&oacute;rico &ldquo;s&iacute;&rdquo; que no ofrece lugar a dudas. Aunque con ciertas reservas, reconozco que es el mejor polvo de mi vida. Ni siquiera en mis a&ntilde;os mozos recuerdo haber gozado tanto.<\/p>\n<p>El gara&ntilde;&oacute;n embiste con fiereza. Mis piernas se enganchan a su espalda. Su cuerpo fibroso empieza a brillar empapado de sudor. Un sudor que empieza a gotear sobre m&iacute;. Mis manos resbalan por cada relieve de su anatom&iacute;a. Quiero tocarlo, quiero sentirlo, llenarme de &eacute;l y que no deje de follarme nunca. Gimo y grito ya totalmente desinhibida pidi&eacute;ndole que incremente la cadencia y no se hace de rogar. Empieza a hacerlo de forma salvaje y con cada pollazo mis gritos invaden la estancia. &Eacute;l no es menos y se une a los m&iacute;os en una sinfon&iacute;a compuesta por un orgasmo que se extiende desde mi sexo a todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo. Mi co&ntilde;o convulsiona en espasmos succionando la verga de mi amante, mientras &eacute;ste empieza a bufar como un toro en celo. A mis contracciones se unen las de &eacute;l y fundimos nuestro cl&iacute;max en un concierto de jadeos. Siento las descargas de su semen golpeando en las paredes de mi &uacute;tero sin que el orgasmo me abandone. Grito con m&aacute;s fuerza y cuanto m&aacute;s grito, m&aacute;s placer parezco recibir. Su erecci&oacute;n es como una jodida barra de hierro ardiendo en mi interior y en unos &uacute;ltimos estertores termina de soltar su carga y yo me quedo quieta, en tanto que mi vagina convulsiona una &uacute;ltima vez cuando extrae su miembro. La leche brota de mi interior sin contenci&oacute;n, mas yo estoy demasiado exhausta para moverme.<\/p>\n<p>A continuaci&oacute;n se levanta para ir al lavabo y yo admiro su cuerpo por detr&aacute;s desde la cama. Su espalda bien formada y sus nalgas prietas son una delicia para mis ojos. Cuando regresa lo contemplo por delante. Su torso bien constituido dibujando su pectoral y la zona media. Su pene fl&aacute;ccido se balancea a ambos lados como un p&eacute;ndulo hipnotizante, y pese a estar en estado de flaccidez su tama&ntilde;o supera al que estoy acostumbrada, incluso en completa erecci&oacute;n y creo que mi cara refleja mis pensamientos.<\/p>\n<p>Se aproxima hasta m&iacute; mostrando sus verg&uuml;enzas sin ning&uacute;n pudor, plenamente consciente de su potencial, pero ahora yo tambi&eacute;n necesito lavarme y se lo hago saber.<\/p>\n<p>Mientras me lavo hago balance de lo ocurrido. Me ha hecho sentir como la m&aacute;s vulgar de las rameras y lo parad&oacute;jico es que lo he gozado como una de ellas, si bien, eso no me hace sentir mejor y me planteo irme a casa.<\/p>\n<p>Cuando regreso la s&aacute;bana sucia est&aacute; tirada en el suelo y ha colocado otra nueva. &Eacute;l yace en la cama mientras se acaricia la verga en movimientos lentos, mostr&aacute;ndome sus atributos en su plenitud. Su polla erecta apunta al techo y su mano se mueve arriba y abajo al tiempo que miro embelesada el pil&oacute;n de carne. Mi debate interno es trascendente e incoherente a la vez. Me siento a su lado y le cojo la verga. Escupo sobre ella y empiezo a masturbarlo con movimientos lentos. Intercambiamos las miradas. La suya es lasciva, sabiendo que tiene el control y que me tiene a su merced. La m&iacute;a no lo es menos. El deseo me invade. Me he corrido dos veces y sigo dese&aacute;ndolo. Nunca me ha ocurrido algo as&iacute;.<\/p>\n<p>La tiene tan dura que no importa lo mucho que la apriete. Es, como he dicho, una jodida barra de hierro que me meto en la boca basculando mi cabeza en un movimiento r&iacute;tmico. Mi lengua recorre el tallo repasando cada capilar hasta llegar a sus pelotas. Leng&uuml;eteo una, despu&eacute;s la otra. Introduzco una y la succiono, a continuaci&oacute;n hago lo mismo con la otra. Seguidamente mis labios abrazan el tronco y me lo hundo hasta provocarme una arcada. La polla se llena de saliva y los chasquidos de la mamada junto a sus gemidos colman la estancia. Creo que lo estoy haciendo fenomenal porque se aparta bruscamente a fin de no eyacular, por lo que me coloca encima para que le cabalgue. Cojo el falo, me lo encaro y me dejo caer con parsimonia hasta que me llena por completo. La vista se me nubla. Cierro los ojos y empiezo a moverme arriba y abajo queriendo sentir cada cent&iacute;metro de carne, como si estuviese cabalgando sobre Pegaso y me estuviese transportando a las puertas del Olimpo. De forma progresiva, mis caderas incorporan otros contorneos como si quisiera enroscarme el cipote. Los meneos se multiplican de tal modo que mi pelvis adquiere vida propia agit&aacute;ndose en todas direcciones. Entre tanto, noto como un dedo inicia un masaje a mi ano a&ntilde;adiendo un agradable efecto que se intensifica con una placentera sensaci&oacute;n cuando me lo hunde.<\/p>\n<p>No me reconozco cuando me veo reflejada en el espejo de la habitaci&oacute;n saltando de forma desbocada sobre mi montura al tiempo que el manubrio percute en mis adentros a una velocidad vertiginosa, gestando con ello un cl&iacute;max junto a unas ganas de orinar que se acent&uacute;an en cada embate. El orgasmo golpea mis bajos y grito de gusto sin ning&uacute;n pudor, pero al mismo tiempo, deseo que termine pronto, puesto que la sensaci&oacute;n se me hace insoportable y por ello retrocedo para zafarme del poll&oacute;n que golpea dentro de mi &uacute;tero haci&eacute;ndome expulsar un potente chorro de pis que desparramo encima del fot&oacute;grafo.<\/p>\n<p>Estoy extenuada y me dejo caer a un lado como si fuese un peso muerto. De inmediato se incorpora y posiciona su verga a la altura de mi cara para masturbarse. Miro la escena desde un contrapicado mientras su mano se mueve con celeridad. El sudor resbala por su cuerpo, sus m&uacute;sculos se tensan, sus piernas se doblan echado su cuerpo hacia atr&aacute;s. Su boca libera un prolongado gemido y un latigazo de leche escapa de su polla estrell&aacute;ndose en mi cara, un segundo me deja ciega y un tercero se aventura en mi boca. Los siguientes de menor intensidad resbalan por mi cuello. Tras la descarga instala su verga en mi boca para que se la limpie. Lo hago con cierta reticencia, paladeando el amargo sabor de su esencia. El broche de oro son unos vergazos en mi cara como colof&oacute;n. Voy de nuevo al ba&ntilde;o a lavarme. Me observo en el espejo, pero ahora me veo distinta. Mi cara llena de esperma no ofrece mi mejor perfil. La lujuria se ha esfumado y el espejo me devuelve la imagen de la zorra adultera a la que se ha follado el arrogante ni&ntilde;ato.<\/p>\n<p>Cuando adecento mi aspecto salgo del lavabo y me visto con presteza queriendo desaparecer de all&iacute;. &Eacute;l me acompa&ntilde;a jactancioso hasta la puerta y me da un beso que yo le devuelvo sin devoci&oacute;n. La despedida es corta, fr&iacute;a y sin apasionamiento, pero tambi&eacute;n sin dramatismos innecesarios.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Volver&eacute; a verte? &mdash;me pregunta.<\/p>\n<p>No respondo. Asiento con una forzada y distante sonrisa, pero s&eacute; lo que no har&eacute;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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