{"id":39588,"date":"2022-11-07T07:06:10","date_gmt":"2022-11-07T07:06:10","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-11-07T07:06:10","modified_gmt":"2022-11-07T07:06:10","slug":"una-esposa-en-prestamo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/una-esposa-en-prestamo\/","title":{"rendered":"Una esposa en pr\u00e9stamo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"39588\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">8<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 17<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Est&aacute;bamos sentados en unos sillones de color rojo de la zona del bar del club Mystique, en Arona, un local swinger. En los &uacute;ltimos meses, hab&iacute;amos estado viniendo ocasionalmente a pasar unas horas. Nos gustaba mucho el ambiente, pasearnos por las distintas dependencias y echar alguna ojeada a trav&eacute;s de las cortinas que algunos clientes dejaban discretamente abiertas. Mi mujer, Claudia, sol&iacute;a ponerse un peque&ntilde;o antifaz de color negro para sentirse m&aacute;s c&oacute;moda, sobre todo cuando dejaba parte de su ropa en la taquilla y decid&iacute;a quedarse en ropa interior o con alguna otra prenda igualmente sexy.<\/p>\n<p>A nuestro alrededor, en la barra, en la zona de baile y en otros asientos repartidos por la estancia, la gente charlaba relajadamente. Frente a nosotros, en un sill&oacute;n de tres piezas, otro cliente tomaba su consumici&oacute;n, un chico alto, atractivo. Claudia, protegida por la peque&ntilde;a mampara que ocultaba sus ojos, lo observaba tomarse su copa a peque&ntilde;os sorbos, con total indolencia. Aunque hab&iacute;a un hilo de m&uacute;sica de fondo, muy suave, se acerc&oacute; a mi o&iacute;do para decirme:<\/p>\n<p>\u2015Lleva un rato mir&aacute;ndome.<\/p>\n<p>Mi esposa es una mujer muy atractiva: pelo negro ondulado, muy abundante, ojos azul oscuro, casi verdes, piel blanca, 1&#39;69 de estatura, pechos de tama&ntilde;o medio, con las areolas peque&ntilde;as, como botones, rodeando unos pezones puntiagudos, y un culo de infarto: dos mont&iacute;culos redond&iacute;simos, de carne blanca y tr&eacute;mula, que adquir&iacute;an un ligero aspecto a la piel de naranja cuando estaba de pie, pero que parec&iacute;an dos manzanas brillantes y pulidas cuando se pon&iacute;a a cuatro patas.<\/p>\n<p>\u2015&iquest;Y te extra&ntilde;a? \u2015le digo susurrando, sonri&eacute;ndole a la vez\u2015. Ya lo he visto, cari&ntilde;o. No te quita el ojo de encima.<\/p>\n<p>Ella sab&iacute;a que me encantaba verla vestida de manera sexy. Me gustaba &laquo;lucirla&raquo;, alardear de poseer a una mujer como ella y sentir las miradas viciosas de otros hombres sobre su cuerpo. A ella, por su parte, le gustaba coquetear en mi presencia, experimentar la sensaci&oacute;n morbosa de saberse observada y deseada delante de m&iacute;.<\/p>\n<p>Para esta ocasi&oacute;n, se hab&iacute;a puesto un vestido enterizo color p&uacute;rpura, con una falda plisada que le llegaba un poco por encima de las rodillas, con un escote generoso velado por unas filigranas de encaje, muy transparentes. Llevaba el pelo suelto, y se hab&iacute;a puesto unos zapatos de fino tac&oacute;n, negros, abiertos en la punta, por donde asomaban dos dedos con las u&ntilde;as pintadas igualmente de p&uacute;rpura. Unas medias de redecilla cubr&iacute;an sus piernas hasta sus muslos, donde permanec&iacute;an sujetas por un liguero. Mientras habl&aacute;bamos entre susurros, ella no dejaba de balancear el pie, como si fuera un reclamo, una pierna cruzada sobre la otra.<\/p>\n<p>Semanas atr&aacute;s hab&iacute;amos hablado de dar un paso m&aacute;s en nuestras fantas&iacute;as morbosas: buscar a un chico que la poseyera en nuestra alcoba de matrimonio mientras yo los observar&iacute;a desde un discreto rinc&oacute;n. Nos ha&not;b&iacute;amos confeccionado un perfil de pareja en un portal de contactos, pero hasta el momento no hab&iacute;amos dado con nadie de su agrado. (Era ella la que ten&iacute;a la &uacute;ltima palabra en este sentido, l&oacute;gicamente.)<\/p>\n<p>\u2015Es muy atractivo, &iquest;no? \u2015le vuelvo a susurrar al o&iacute;do, habl&aacute;ndole con picard&iacute;a.<\/p>\n<p>\u2015S&iacute;&#8230; \u2015me dice apurada, temiendo herirme de alguna manera.<\/p>\n<p>\u2015&iquest;Sabes?, creo que voy a saludarle \u2015le digo mir&aacute;ndola a los ojos, d&aacute;ndole a entender con un gesto de complicidad mis intenciones\u2015. &iquest;Te parece bien? \u2015agrego, y ella me contesta moviendo los labios, pero sin producir ning&uacute;n sonido: me env&iacute;a un &laquo;ok&raquo; mudo. Me levanto y me dirijo hacia &eacute;l.<\/p>\n<p>\u2015Hola, &iquest;qu&eacute; tal todo por aqu&iacute;? \u2015le digo sonri&eacute;ndole y tendi&eacute;ndole la mano\u2015. Sergio.<\/p>\n<p>\u2015Pues muy bien, no hace mucho que he llegado. Marcelo \u2015responde &eacute;l a su vez, ofreci&eacute;ndome la suya.<\/p>\n<p>\u2015Ah, igual que nosotros \u2015le digo\u2015. Oye, &iquest;tendr&iacute;as un minuto? Me gustar&iacute;a comentarte algo.<\/p>\n<p>\u2015Claro \u2015me responde gir&aacute;ndose e indic&aacute;ndome con la mano que me siente.<\/p>\n<p>\u2015Ver&aacute;s \u2015le digo se&ntilde;alando a Claudia con el brazo en el que sostengo la bebida\u2015, mi mujer y yo llevamos un tiempo buscando a una tercera persona, un chico, alguien que tenga sexo con ella&#8230; en mi presencia. Hemos conocido a algunas personas a trav&eacute;s de una web de contactos, pero de momento no han sido de su agrado.<\/p>\n<p>\u2015Ah, entiendo \u2015me dice.<\/p>\n<p>\u2015Me he acercado porque hemos notado que&#8230; estabas interesado \u2015le digo sonriendo\u2015. Es una mujer muy atractiva.<\/p>\n<p>Marcelo gira el rostro hacia ella, sonr&iacute;e, y lo vuelve de nuevo hacia m&iacute;.<\/p>\n<p>\u2015Desde luego que s&iacute;, mucho \u2015responde con &eacute;nfasis.<\/p>\n<p>Desde este lado de la salita, observo a Claudia atus&aacute;ndose su melena suelta, oculta tras su antifaz, y s&eacute; que se siente protagonista. Intuyo que est&aacute; excitada. Su pie no deja de moverse, y su empeine estirado, cubierto por la media de redecilla, nos ofrece una estampa de lo m&aacute;s er&oacute;tica. Yo empiezo a sentir la excitaci&oacute;n que me provoca este juego entre los dos. Me pone nervioso, y desear&iacute;a, como me ha ocurrido tantas otras veces, que fuera a m&aacute;s.<\/p>\n<p>Marcelo interviene de nuevo:<\/p>\n<p>\u2015Oye, &iquest;has dicho &laquo;en mi presencia&raquo;?, &iquest;quieres decir que no &laquo;intervendr&iacute;as&raquo;?<\/p>\n<p>\u2015En realidad, no hemos concretado demasiado los detalles. Es una fantas&iacute;a que llevamos unos meses meditando, pero, en principio, s&iacute;, yo s&oacute;lo observar&iacute;a. Es algo que nos excita a los dos por igual \u2015le explico.<\/p>\n<p>\u2015Aj&aacute;, comprendo \u2015me dice.<\/p>\n<p>\u2015&iquest;Y t&uacute;?, &iquest;has tenido alguna experiencia de ese tipo? \u2015le pregunto.<\/p>\n<p>\u2015No, la verdad es que no, pero no puedo negarte que es una escena tremendamente morbosa \u2015me explica mir&aacute;ndome, asintiendo con la cabeza mientras me habla\u2015. Yo soy soltero. He practicado sexo con dos y m&aacute;s personas a la vez, chicos y chicas. En ocasiones han sido parejas; en otras, no, pero siempre &eacute;ramos todos participantes activos. No s&eacute; si me entiendes.<\/p>\n<p>\u2015Perfectamente \u2015le digo.<\/p>\n<p>\u2015Tambi&eacute;n vengo aqu&iacute; de vez en cuando \u2015contin&uacute;a\u2015. Me gusta mucho mirar. Y en ocasiones me he unido a algunas parejas cuando me han hecho alguna discreta se&ntilde;al. Reconozco que me excita mucho &laquo;compartir&raquo; la mujer de otro \u2015me confiesa.<\/p>\n<p>\u2015Vaya \u2015le digo sonri&eacute;ndole\u2015 me alegra o&iacute;r eso. Nosotros venimos aqu&iacute; ocasionalmente, desde hace unos meses. Hoy s&oacute;lo hemos venido a tomar una copa. Pero por lo general nos gusta pasearnos, echar alguna ojeada&#8230; Y, m&aacute;s que nada, a los dos nos gusta que la miren. A veces busco alg&uacute;n rinconcito en un reservado y disfruto viendo c&oacute;mo ella se pasea por las dependencias, casi siempre en tacones y ropa interior \u2015le explico, regode&aacute;ndome con la imagen que debo estar creando en su mente.<\/p>\n<p>\u2015&iquest;Han pensado en el lugar del encuentro? \u2015me pregunta.<\/p>\n<p>\u2015S&iacute;, claro, ser&iacute;a en nuestra casa. Nos gustar&iacute;a usar nuestro dormitorio \u2015le contesto con una sonrisa traviesa, revel&aacute;ndole un detalle m&aacute;s de nuestra fantas&iacute;a.<\/p>\n<p>Aprovecho este momento para hacer una se&ntilde;al a mi mujer, pidi&eacute;ndole que se acerque. Ella se aproxima despacio, contone&aacute;ndose, y se queda de pie, junto a m&iacute;. Est&aacute; espectacular con su vestido color p&uacute;rpura. Yo me hincho como un pavo.<\/p>\n<p>\u2015Claudia, te presento a Marcelo \u2015le digo levant&aacute;ndome y mostr&aacute;ndola, pasando mi brazo por su cintura, sac&aacute;ndola a escena.<\/p>\n<p>&Eacute;l coloca su bebida sobre la mesa, se levanta del sill&oacute;n, se inclina ligeramente hacia ella y le tiende la mano, muy educado. Yo no puedo evitar sentir una nueva oleada de excitaci&oacute;n y, al mismo tiempo, el pellizco de los celos y de, incluso, la envidia. Marcelo es un tipo bastante alto, calculo que debe rondar el 1&#39;85 m.<\/p>\n<p>Mientras se saludan, observo el reloj de acero y de correa met&aacute;lica, resplandeciente bajo las luces de ne&oacute;n del local, que lleva en su mu&ntilde;eca y que sobresale bajo el pu&ntilde;o de la camisa blanca que ha elegido para la ocasi&oacute;n, vuelto hacia atr&aacute;s.<\/p>\n<p>Un fino vello oscuro puebla su brazo, bien formado y surcado por finas venas palpitantes que denotan su buen tono muscular. Es de tez morena, pero no debido al sol, sino de natural gen&eacute;tico. Una fina pelusa ensortijada cubre la piel de su pecho, que asoma bajo el cuello de su camisa, que se ha dejado sin abrochar. Lleva unos vaqueros de color azul petr&oacute;leo, y calza unos mocasines negros de suela muy baja, aparentemente muy c&oacute;modos. Su pelo moreno, brillante y ondulado, le cubre parcialmente las orejas. Tiene la frente recta, la mand&iacute;bula marcada y los ojos marr&oacute;n caramelo, m&aacute;s bien rasgados. Pienso en mi mujer, que debe estar viendo lo mismo que yo, y siento una punzada de celos.<\/p>\n<p>\u2015Encantada, Marcelo \u2015le dice ella mostrando su dentadura, con toda la naturalidad de que es capaz, excitada ante la posibilidad, que yo casi veo como una certeza, de que pudiera estar, m&aacute;s pronto que tarde, entre sus brazos.<\/p>\n<p>\u2015Un placer \u2015le contesta.<\/p>\n<p>\u2015Le he estado comentando un poco nuestra &laquo;idea&raquo; \u2015intervengo de nuevo. Claudia asiente, pronunciando un imperceptible &laquo;aj&aacute;&raquo;, buscando los ojos de Marcelo con la mirada, un tanto turbada.<\/p>\n<p>Lo m&aacute;s disimuladamente que puedo, me llevo los dedos a mi mejilla para indicarle que lleva el antifaz puesto, y que considero que deber&iacute;a quit&aacute;rselo. Ella me obedece, haciendo pasar toda su melena oscura por medio de la cinta el&aacute;stica y volvi&eacute;ndosela a cardar con la mano. Yo me pavoneo estando a su lado, sujet&aacute;ndola por su imponente cintura, mostr&aacute;ndola como un trofeo.<\/p>\n<p>\u2015&iquest;Y le agrada la idea? \u2015dice ella mir&aacute;ndonos alternativamente a m&iacute; y a Marcelo, sonriendo, confiada en el poder de su propio atractivo.<\/p>\n<p>\u2015Es muy interesante, desde luego \u2015le contesta &eacute;l, asintiendo con la cabeza.<\/p>\n<p>\u2015Marcelo \u2015digo yo, apoyando mi mano sobre su brazo\u2015, escucha: en otras circunstancias, como puedes suponer, habr&iacute;amos necesitado concertar una cita para compartir unos minutos juntos, ver si&#8230; podr&iacute;amos entendernos \u2015le explico mientras atraigo a Claudia hacia m&iacute; y la miro a la cara, d&aacute;ndole a entender que es ella la que tiene la &uacute;ltima palabra\u2015. Pero en esta ocasi&oacute;n no va a ser necesario \u2015a&ntilde;ado sonriendo, mir&aacute;ndola de nuevo y viendo c&oacute;mo juega con su melena, excitada.<\/p>\n<p>\u2015Aj&aacute;, comprendo, s&iacute; \u2015dice mir&aacute;ndola discretamente. Claudia disfruta de este momento, sabi&eacute;ndose el objeto de este tramo final de la conversaci&oacute;n.<\/p>\n<p>\u2015Pues nada\u2015vuelvo a intervenir\u2015, te voy a dar mi n&uacute;mero de tel&eacute;fono, &iquest;te parece? Me llamas cuando quieras y cuadramos agendas.<\/p>\n<p>\u2015Perfecto, s&iacute; \u2015me dice sacando de su bolsillo el tel&eacute;fono m&oacute;vil. Cuando lo hubo anotado, a&ntilde;ade\u2015: Por cierto, Sergio, &iquest;de d&oacute;nde sois? Yo vivo en La Laguna.<\/p>\n<p>\u2015Ostras, es verdad \u2015le digo, riendo\u2015. Nosotros somos del Puerto de la Cruz. Como te dije antes, hab&iacute;amos pensado que vinieras&#8230; que el chico viniera a nuestra casa. Quer&iacute;amos usar nuestro dormitorio. Llegado el caso, podr&iacute;amos ir a buscarte, recogerte donde nos dijeras, sin ning&uacute;n problema.<\/p>\n<p>\u2015Oh, no, no te preocupes. Eso no ser&aacute; necesario \u2015me dice\u2015. En fin, quedamos en esto \u2015concluye tendi&eacute;ndome de nuevo la mano y sujet&aacute;ndome con la otra el brazo. Se la estrecho y a continuaci&oacute;n se la ofrece a Claudia\u2015: Encantado \u2015le dice, rob&aacute;ndole una &uacute;ltima mirada a sus ojos azul-verdoso.<\/p>\n<p>Tras despedirnos, recogemos nuestras bebidas de la mesa y dejamos a Marcelo a solas, concedi&eacute;ndole algo m&aacute;s de intimidad, pues ya deb&iacute;a estar sacando conclusiones. Avanzamos despacio por el local y nos acercamos a la barra para pedir una &uacute;ltima copa. Pongo mi mano sobre la cintura de Claudia, la deslizo hacia abajo acarici&aacute;ndole las nalgas, y le digo mir&aacute;ndola a los ojos:<\/p>\n<p>\u2015Qu&eacute; bien, &iquest;no? Ojal&aacute; nos llame.<\/p>\n<p>\u2015S&iacute;, ser&iacute;a estupendo \u2015me contesta. Yo la miro con ojos p&iacute;caros y le digo:<\/p>\n<p>\u2015&iquest;Te ha gustado, eh?<\/p>\n<p>\u2015S&iacute;&#8230; \u2015me dice en voz baja. Ambos sentimos la excitaci&oacute;n en la mirada del otro. Nos besamos en la boca, sabi&eacute;ndonos observados por muchos pares de ojos.<\/p>\n<p>Marcelo finalmente nos confirm&oacute; por tel&eacute;fono, dos d&iacute;as despu&eacute;s, que aceptaba nuestra propuesta, y que, si no hab&iacute;amos cambiado de parecer, le gustar&iacute;a &laquo;probar&raquo;.<\/p>\n<p>Quedamos un s&aacute;bado por la noche en nuestra casa. Le hicimos pasar al sal&oacute;n y, para romper el hielo, nos sentamos los tres ante unas copas de una ginebra arom&aacute;tica, con poca graduaci&oacute;n, que compr&eacute; a prop&oacute;sito para esta velada. Hablamos durante un rato de cuestiones triviales y, al final de la conversaci&oacute;n, de nuestras preferencias sexuales, nuestras fantas&iacute;as y tambi&eacute;n de nuestros h&aacute;bitos en los locales swinger, como en el que nos conocimos.<\/p>\n<p>Tras acabar las copas, Claudia se levanta y dice:<\/p>\n<p>\u2015Voy a cambiarme. Estoy enseguida.<\/p>\n<p>El ambiente adquiere s&uacute;bitamente un nuevo tono. La excitaci&oacute;n comienza su carrera de ascensi&oacute;n tras este pistoletazo de salida.<\/p>\n<p>\u2015Marcelo, t&uacute; como si estuvieras en tu casa. No s&eacute; si hab&iacute;as pensado algo, cambiarte&#8230; en fin, haz lo que te haga sentir m&aacute;s c&oacute;modo.<\/p>\n<p>\u2015Gracias, estoy bien. Si te parece, prefiero quedarme as&iacute; \u2015me dice quit&aacute;ndose el reloj de la mu&ntilde;eca y dej&aacute;ndolo sobre la mesa, junto a las llaves del coche y la cartera. Est&aacute; visiblemente nervioso.<\/p>\n<p>\u2015Por supuesto, como gustes \u2015le digo, y me levanto para poner algo de m&uacute;sica\u2015. &iquest;Te gusta Metallica? \u2015le pregunto, inclinado sobre la pila de CDs.<\/p>\n<p>Me mira perplejo, con la mand&iacute;bula batiente, sin decidirse a hablar. Metallica es un grupo de heavy metal. No se puede creer que vaya a ponerla como m&uacute;sica ambiental.<\/p>\n<p>\u2015Pues&#8230; no lo escucho demasiado, la verdad \u2015me responde.<\/p>\n<p>\u2015&iexcl;Es una broma, hombre! \u2015le digo riendo\u2015. &iquest;Te imaginas tener una sesi&oacute;n de sexo escuchando Battery? \u2015contin&uacute;o diciendo, soltando una carcajada\u2015. Tengo aqu&iacute; un CD de LoreenaMcKennitt. A ver si te gusta.<\/p>\n<p>Regreso al tresillo y continuamos intercambiando algunas trivialidades. Al cabo de unos minutos, se oye el sonido de unos tacones por el pasillo, y mi pulso se acelera. Soy consciente de que est&aacute; a punto de comenzar un ritual que he programado con ella antes de la llegada de Marcelo. Aun as&iacute;, no estoy del todo preparado para lo que me voy a encontrar.<\/p>\n<p>Claudia, para mi sorpresa, aparece en el sal&oacute;n en ropa interior de encaje de color morado, tirando a violeta. Sus pezones morenos se perciben a trav&eacute;s de los entresijos de la tela, as&iacute; como la entrada de su vulva. Lleva unos zapatos negros de charol, cerrados, de tac&oacute;n vertiginoso, y unas medias muy finas y oscuras, sujetas por un liguero espectacular, de color negro, que adorna su vientre, sus caderas y sus nalgas. La melena ondulada le cuelga sobre los hombros. Un escalofr&iacute;o me recorre el cuerpo. Me quedo de piedra. Claudia est&aacute; ruborizada; lo sabe, pero no le importa.<\/p>\n<p>Observo el rostro de Marcelo. Est&aacute; impactado, y no es para menos. En un primer momento, ha intentado mantener la discreci&oacute;n de su mirada, pero dada la situaci&oacute;n ha comprendido que es poco menos que absurdo. De modo que tras unos segundos de indecisi&oacute;n, observa abiertamente a mi mujer mientras camina por el sal&oacute;n, devor&aacute;ndola con los ojos, hasta que finalmente se sienta a mi lado y cruza las piernas. Su perfume, aunque sutil, invade la estancia.<\/p>\n<p>Nos miramos unos segundos a los ojos y pongo mi mano sobre su muslo, desliz&aacute;ndolo sobre el tejido de la media.<\/p>\n<p>\u2015&iquest;Qu&eacute; te parece esta chica, Marcelo? \u2015le digo, tratando una vez m&aacute;s de presumir con el cuerpo de mi mujer.<\/p>\n<p>Ella se atusa el pelo, coqueteando. &Eacute;l levanta las palmas de las manos hacia arriba, que ten&iacute;a apoyadas sobre sus muslos, y dice:<\/p>\n<p>\u2015Sencillamente preciosa, no tengo palabras.<\/p>\n<p>Est&aacute; visiblemente abrumado, con los ojos abiertos de par en par. Yo me levanto del sill&oacute;n, tomo a Claudia de la mano y me dirijo con ella despacio hasta donde se encuentra Marcelo, el cual tambi&eacute;n se levanta para recibirnos. Una vez a su altura, le doy un &uacute;ltimo beso a ella en la mejilla, y se la ofrezco a &eacute;l, tendi&eacute;ndole su mano, que &eacute;l toma en la suya:<\/p>\n<p>\u2015Aqu&iacute; te entrego a mi mujer. Disfr&uacute;tala \u2015le digo. Mis propias palabras me provocan un fogonazo de excitaci&oacute;n, y hacen que Claudia se muerda el labio y baje la mirada, ruborizada y excitada a la vez.<\/p>\n<p>Les dejo en el sal&oacute;n y me dirijo al dormitorio, donde he colocado un sill&oacute;n con orejeras, en una esquina, lo m&aacute;s apartado posible. Enciendo una peque&ntilde;a l&aacute;mpara de luz anaranjada que hay en el otro extremo de la habitaci&oacute;n, junto a la cabecera de la cama, y aten&uacute;o su intensidad con el regulador del que est&aacute; provista, hasta que queda de mi agrado. Me dirijo al sill&oacute;n, me siento y permanezco en silencio, parcialmente oculto por una ligera penumbra, percibiendo con nitidez c&oacute;mo mis pulsaciones aumentan el ritmo.<\/p>\n<p>Les veo aparecer por el umbral de la puerta, despacio. &Eacute;l la lleva de la mano, como cuando en una pel&iacute;cula de &eacute;poca el caballero ayuda a una dama a bajar por unas escaleras. Avanzan por el cuarto y se quedan de pie, frente a frente, en la parte opuesta al cabecero de la cama. Observo la diferencia de estatura, la corpulencia de &eacute;l y la fragilidad de ella. Me vuelven a atacar los celos y la excitaci&oacute;n, a partes iguales. Ambos han reparado en mi presencia con una fugaz mirada.<\/p>\n<p>Permanecen indecisos unos segundos. &Eacute;l, finalmente, toma la iniciativa y empieza a rozar con dos dedos el vientre de ella, que permanece inm&oacute;vil. Le pone una mano en la curva pronunciada de la cintura y la atrae hacia s&iacute;. Comienza a besarla en el cuello, retirando su melena y dejando la carne al descubierto. Ella se lo ofrece y, justo en ese preciso momento, me busca con los ojos durante un fugac&iacute;simo segundo. Noto una punzada de excitaci&oacute;n. Cierra los ojos y se deja llevar.<\/p>\n<p>Empieza a acariciar sus brazos musculados sobre la camisa blanca. Ella gira la cabeza y busca su boca. Se besan, primero con los labios y luego usando sus lenguas, que observo salir la una a por la otra, como peque&ntilde;as culebras que se enredan en el aire. Mi entrepierna aumenta de tama&ntilde;o y comienzo a acariciarme sobre la ropa. Busco la de Marcelo con la mirada y veo c&oacute;mo se ha deformado la tela. Esta vez ha sustituido los vaqueros por unos pantalones de pinza gris oscuro, de tela de gamuza, lo que deja en evidencia con mayor claridad las evoluciones de su miembro.<\/p>\n<p>Noto que a medida que se excitan se van olvidando de mi presencia, lo cual me disgusta. &Eacute;l le agarra la nuca con una mano y le come la boca con fuerza, mientras le aprieta las nalgas con la otra. Sus largos brazos le permiten abarcarla con facilidad. Ella responde a las caricias contone&aacute;ndose, acercando intermitentemente la pelvis a su entrepierna, que ahora ya manifiesta una clara erecci&oacute;n y deforma sus pantalones. &laquo;Est&aacute; buscando su polla con su pelvis&raquo;, pienso para m&iacute;, y me pongo como loco. Me arden las mejillas.<\/p>\n<p>&Eacute;l lleva su mano hacia abajo y le busca la vulva. Comienza a masajearla sobre la tela y observo c&oacute;mo el cuerpo de Claudia responde de inmediato, retorci&eacute;ndose. Siento otra descarga de excitaci&oacute;n y de celos. Ella lleva las manos a su pecho, dubitativa, y acaricia la tela de su camisa, muy despacio, como tratando de evitar herirme con gestos de evidente iniciativa y deseo, pero no hace m&aacute;s que empeorar las cosas y excitarme doblemente.<\/p>\n<p>Comienza a desabotonarle. Yo pienso para m&iacute;: &laquo;no trates de enga&ntilde;arme, deseas acariciar su pecho, sus m&uacute;sculos&raquo;, y esta idea me subleva y me provoca. Retira su camisa y la lanza al suelo, cerca del ropero. Observo el cuerpo fibroso de Marcelo y me quema la envidia. Ella lo estudia con sus dedos: &laquo;te gusta, &iquest;verdad?&raquo;, pienso, y ardo de deseo. Fantaseo con la idea de que s&oacute;lo ha sido un gesto natural, sin ninguna intenci&oacute;n, pero acto seguido la veo sacar su lengua y empezar a lamerle los pezones. Se me eriza el pelo. &laquo;Zorra&#8230;&raquo;, me digo. &Eacute;l echa su cabeza hacia atr&aacute;s y disfruta con el roce del ap&eacute;ndice carnoso. Yo me toco con desesperaci&oacute;n los pantalones. Mi polla necesita m&aacute;s espacio, y pienso d&aacute;rselo de un momento a otro.<\/p>\n<p>&Eacute;l le agarra la melena y la aprieta contra s&iacute;, para que siga lami&eacute;ndole. Al cabo de unos segundos, le sujeta la cara con las dos manos y le come la boca con fuerza. Ella se deja hacer, inerme, anclada con las manos a sus hombros tensos. Comienza a bajar con su boca por el cuello hasta alcanzar las monta&ntilde;as de carne blanda custodiadas por el sujetador de encaje. Veo c&oacute;mo resplandece su piel blanca por all&iacute; por donde ha pasado su boca, dejando un rastro de saliva.<\/p>\n<p>La rodea con los brazos y busca el cierre del sujetador. Lo abre, desliza las tiras sobre sus hombros y las hace pasar por sus brazos, lanz&aacute;ndolo lejos, a un lado de la habitaci&oacute;n. Sus pechos blandos, adornados con las dos fresas puntiagudas, quedan bamboleantes frente a &eacute;l, que se aleja unos cent&iacute;metros para admirarlos, salivando, sabedor del banquete que le espera. Ella se deja observar y aprovecha ese instante para mirarme fijamente a los ojos durante unos segundos, mostr&aacute;ndome sus pechos tr&eacute;mulos indefensos, brutalmente excitada, como dici&eacute;ndome: &laquo;mira lo que va a ocurrir&raquo;.<\/p>\n<p>Se acerca, la sujeta con una mano por la cintura y con la otra la obliga a echarse hacia atr&aacute;s, empuj&aacute;ndola por el hombro. Sus pechos quedan expuestos y &eacute;l se inclina para mamarlos, pasando de uno a otro. Oigo las chupadas intensas en el silencio de la habitaci&oacute;n y observo el brillo de sus pezones tiesos, embadurnados de saliva. Ella se cuelga de su cuello con una mano, acaricia su pelo con la otra, me mira a los ojos girando su cabeza, y le atrae hacia s&iacute; con fuerza para que siga mam&aacute;ndola. &laquo;Pedazo de puta&raquo;, grito por dentro. Llevo mi mano a mi cintur&oacute;n. Sin dejar de mirarla, me lo desabrocho, descorro la cremallera y me saco la polla. Ella, cruel, se olvida de m&iacute; y cierra los ojos echando su cabeza hacia atr&aacute;s, su espesa melena colgando suelta. Me pone como loco. &laquo;Est&aacute;s disfrutando, &iquest;eh, zorra?&raquo;, resuena mi voz en mi cabeza.<\/p>\n<p>Veo a Marcelo acuclillarse ligeramente y llevar sus manos a las pinzas del liguero. Las suelta una a una y las tiras quedan bailando sobre la carne redonda de sus caderas y sus nalgas. Comienza a bajarle las bragas. &Eacute;stas se deslizan sobre las medias y caen al suelo. Ella saca una pierna y con la otra empuja las bragas en mi direcci&oacute;n, aterrizando junto a mis pies. Yo me inclino a recogerlas, me repantigo de nuevo en el sof&aacute;, me agarro la polla con una mano y con la otra huelo sus bragas sin dejar de mirarla a los ojos. Me muero de deseo. &laquo;&iquest;Ya est&aacute;s as&iacute; de h&uacute;meda, so puta?&raquo;, me digo. Sigo aspirando su olor con fuerza. &laquo;Estas empapada, perra. Est&aacute;s deseando que te la clave, &iquest;verdad?&raquo;, contin&uacute;o dici&eacute;ndome, martiriz&aacute;ndome con mis propios pensamientos, cada vez m&aacute;s excitado.<\/p>\n<p>La mano de &eacute;l le busca la vulva. Veo c&oacute;mo sus dedos hurgan en su raja y se introducen. Ella se cuelga de su cuello y se deja manipular el co&ntilde;o. Mi polla se hincha y se estremece. Tengo que contenerme constantemente para no correrme. No quiero correrme. No debo correrme.<\/p>\n<p>Veo su pelvis moverse r&iacute;tmicamente con sus caricias obscenas. Luego, &eacute;l la empuja hacia atr&aacute;s unos pasos y la hace sentarse en el borde de la cama. Se arrodilla ante ella y la descalza. Lleva las manos a uno de sus muslos y tira del ribete de la media, descubriendo lentamente su carne blanca hasta la punta de su pie, que ella estira combando el empeine. &Eacute;l lo sujeta con sus manos y comienza a besar sus dedos, a met&eacute;rselos en la boca, a lamer el arco de la planta y la curva pronunciada del empeine, surcado por finas venas. Vuelve a hacer lo mismo con la otra pierna. Y entonces, para mi propia sorpresa y humillaci&oacute;n, ella se desliza hacia el dentro de la cama, abre sus piernas, flexion&aacute;ndolas, y ofrece su sexo con impudicia, colocando sus pies desnudos en el borde del colch&oacute;n y esperando receptiva su boca, mientras me mira de nuevo a los ojos. &laquo;Maldita zorra, c&oacute;mo te deseo&raquo;, me digo, &laquo;as&iacute;, &aacute;brete para &eacute;l, so puta&raquo;.<\/p>\n<p>Marcelo comienza a lamerla. Ella se echa sobre la cama, su melena revuelta como un abanico. Cierra los ojos y deja que tome su jugo. Lleva una mano a su pelo y lo acaricia, empuj&aacute;ndolo hacia s&iacute; para sentirlo m&aacute;s intensamente. Noto c&oacute;mo su pelvis se retuerce instintivamente, como deseando una polla, y me muero de celos, de rabia, de excitaci&oacute;n. &Eacute;l le introduce dos dedos mientras hace vibrar su lengua sobre el cl&iacute;toris, que descubre con la otra mano. Oigo el chapoteo que producen sus dedos al penetrar su vagina empapada, que sigue subiendo y bajando; oigo sus jadeos, su respiraci&oacute;n agitada. Me pone como loco. Marcelo sube con su boca por el vientre agitado, dejando un rastro de saliva, y empieza a comerle los pezones, pasando de uno a otro, succionando con fuerza, empap&aacute;ndolos, pellizc&aacute;ndolos con suaves mordidas, mientras le sigue atravesando el co&ntilde;o con sus dedos. Claudia contorsiona su cuerpo como una serpiente, aprieta los ojos, casi en un gesto de dolor, y se corre bajo el cuerpo de Marcelo, que se detiene para darle un momento de respiro, sacando despacio los dedos de su vulva congestionada.<\/p>\n<p>Tras unos segundos, &eacute;l se incorpora, separa su cabeza de sus pechos y le invita a ponerse de pie. Vuelve a sentarse en el borde de la cama, sofocada. Sus mejillas son del color de la grana. Le acaricia las perneras del pantal&oacute;n y luego levanta la barbilla hacia arriba, buscando sus ojos. &Eacute;l le acaricia la melena, impaciente. Ella baja la mirada y gira su cara busc&aacute;ndome a m&iacute;, desterrado al rinc&oacute;n del dormitorio, humillado, limit&aacute;ndome a masturbar mi pene erecto como &uacute;nico consuelo.<\/p>\n<p>Su cara est&aacute; casi rozando el bulto de su entrepierna. Yo estoy a punto de pronunciar: &laquo;no lo hagas, Claudia&raquo;. Y ella, como si me estuviera oyendo, lanza su mano a su paquete y empieza a acariciarle el miembro inflamado bajo los pantalones. Siento un latigazo de excitaci&oacute;n: &laquo;Pedazo de zorra&raquo;, me digo. Tras masajearlo unos segundos, le desabrocha el cintur&oacute;n y le baja la cremallera. Los pantalones caen al suelo, a sus pies, y su pene rebelde amenaza con atravesar los calzoncillos. Ella le quita los zapatos y los calcetines y se vuelve a incorporar. Coloca sus manos en sus muslos fibrosos, acarici&aacute;ndolos, y se muerde el labio sintiendo la proximidad del miembro palpitante. Me lanza una nueva mirada y echa sus manos a la cinta de sus calzoncillos. &laquo;No lo hagas&raquo;, repito en silencio, cada vez m&aacute;s excitado. Tira hacia abajo y un miembro r&iacute;gido, venoso y enorme sale disparado hacia delante, golpe&aacute;ndole en la barbilla con la punta tumefacta. Ella suelta un leve quejido y entreabre su mand&iacute;bula, expresando con un gesto de asombro su desconcierto por las proporciones de Marcelo. Me hiere en lo m&aacute;s profundo. Desear&iacute;a saltar de mi sill&oacute;n, abalanzarme sobre ella y foll&aacute;rmela con rabia. Estoy que exploto de deseo. &laquo;Y lo peor est&aacute; por venir&raquo;, me digo.<\/p>\n<p>Como si su &uacute;nica misi&oacute;n fuera torturarme, Claudia sujeta el miembro con su mano y empieza a masajearlo despacio. El capullo c&aacute;rdeno se esconde y vuelve a salir bajo la piel que se retrae y se estira. Sin la m&aacute;s m&iacute;nima consideraci&oacute;n hacia m&iacute;, ella se lame los dedos, escupe en la palma de su mano y vuelve a frotarlo. Segundos despu&eacute;s, lanza la punta de su lengua hacia fuera en busca del glande y comienza a lamerlo, haci&eacute;ndola vibrar sobre la ranura. Un hilo de l&iacute;quido seminal queda colgando. Ella lo recoge y se lo traga. Mete el capullo en su boca y comienza a succionar con fruici&oacute;n, cerrando los ojos, deleit&aacute;ndose. &laquo;C&oacute;mo disfrutas, zorra, lo estabas deseando&raquo;, me digo, abras&aacute;ndome con mis propios pensamientos.<\/p>\n<p>&Eacute;l le acaricia la melena y la ayuda a chupar. Comienza a soltar ligeros jadeos de placer. La cabeza de ella va y viene en un id&eacute;ntico movimiento contrapuesto al de su pelvis, como los extremos de un resorte que se expande y se contrae. Yo debo dejar de tocarme si no quiero correrme en ese mismo instante. La imagen me golpea como un l&aacute;tigo y necesito desviar la mirada. &Eacute;l se inclina hacia abajo y le masajea los pechos, mientras ella se traga su m&aacute;stil. Las succiones retumban en la habitaci&oacute;n, para mi propio sufrimiento, pues en cuanto huyo de las im&aacute;genes, soy hostigado por sonidos perturbadores.<\/p>\n<p>Agotada de mamar, &eacute;l la toma por las axilas como si fuera una mu&ntilde;eca y la pone de pie. La sube sobre la cama, boca arriba, hacia el centro, y le abre las piernas con obscenidad, exponiendo su sexo rosado y h&uacute;medo. Se acerca de rodillas hacia ella, empapa sus dedos con su saliva y embadurna la entrada de su vagina. Se agarra el miembro con la mano, se sit&uacute;a en medio de sus piernas y lo introduce despacio, empujando con su pelvis, hasta que se pierde dentro por completo. Yo, obstinado en procurarme la mayor humillaci&oacute;n, busco la cara de ella para registrar cada uno de sus gestos. En el momento de penetrarla, observo c&oacute;mo abre de nuevo su mand&iacute;bula, en un gesto de asombro, y deja por un segundo sus ojos en blanco, recibiendo con su sexo la embestida de Marcelo. Me muero de celos, quisiera foll&aacute;rmela, clav&aacute;rsela hasta el fondo mientras le grito: &laquo;toma, viciosa. Te encantaba su pedazo de rabo, &iquest;verdad?&raquo;<\/p>\n<p>&Eacute;l le sujeta las piernas sobre sus brazos crispados, perlados de sudor y surcados por gruesas arterias. Su culo va y viene mientras le perfora el co&ntilde;o a mi mujer, que se le ofrece abierta con impudicia. Marcelo suelta sus piernas, se inclina hacia delante y comienza a taladrarla con los brazos apoyados a sus costados, con sus m&uacute;sculos en tensi&oacute;n. Un hilo de sudor le surca la espalda hasta donde nacen sus nalgas. Sus test&iacute;culos cuelgan en la bolsa de su escroto y golpean el co&ntilde;o de Claudia al ritmo de sus embestidas. Ella alza las piernas y las enreda sobre su cintura, atray&eacute;ndole hacia s&iacute;. &laquo;As&iacute;, m&eacute;tetela toda, puta, no dejes que se te escape&raquo;, me digo.<\/p>\n<p>Marcelo se retira hacia atr&aacute;s, sacando de dentro de ella su miembro brillante y entumecido, le sujeta una pierna y la hace voltear, pas&aacute;ndola por encima de su cuerpo: la quiere a cuatro patas. Claudia, con su cuerpo perlado tambi&eacute;n de sudor, se coloca delante de &eacute;l, arquea su espalda y le ofrece la vulva abierta en una postura obscena, como si fuese una perra, con su impresionante culo en pompa, mientras me clava los ojos una vez m&aacute;s, martiriz&aacute;ndome. La imagen me destroza, me humilla, me vuelve loco de excitaci&oacute;n. Con su brazo retira hacia un lado su melena revuelta, y, sin dejar de mirarme, me ofrece los gestos que se escribir&aacute;n en su cara cuando reciba la nueva embestida de Marcelo. &Eacute;ste se acerca por detr&aacute;s con su miembro en una mano, posa la otra en una nalga y se la clava hasta el fondo. Ella abre su boca, suelta un &laquo;ah&raquo; quejumbroso y vuelve a poner los ojos en blanco, sinti&eacute;ndose atravesada por dentro. Yo me siento atravesado por esta imagen. &laquo;Zorra, perra viciosa&raquo;, oigo retumbar en mi mente.<\/p>\n<p>&Eacute;l vuelve a penetrarla aumentando el ritmo poco a poco. Oigo los chasquidos de su pelvis contra su culo, que queda vibrando con cada embestida. Sus pechos cuelgan y se bambolean libremente. Ella empuja hacia atr&aacute;s su cuerpo para tragarse con su cavidad lubricada el falo enhiesto del macho. Ambos respiran con agitaci&oacute;n y jadean por turnos. La escena me conmociona. No puedo aguantar m&aacute;s. Me masturbo como un poseso, cerrando los ojos y volviendo a abrirlos para torturarme una vez m&aacute;s con la inquietante imagen. Llevo de nuevo a mi rostro las bragas h&uacute;medas de mi mujer y las huelo mientras doy las &uacute;ltimas sacudidas a mi polla. Despu&eacute;s de tantos minutos conteniendo el orgasmo, me corro abundantemente sobre las bragas. No logro recoger todo el semen con la peque&ntilde;a prenda y me mancho la ropa. Respiro agitadamente, jadeo, tomo aliento. A medida que me recupero, voy tomando conciencia de la escena que est&aacute; teniendo lugar sobre mi cama de matrimonio.<\/p>\n<p>Marcelo jadea agitadamente y penetra a Claudia con fuerza, dejando marcas rosadas en la carne de sus nalgas, all&iacute; donde sus manos la tienen asida. Ella gime con sus embestidas, cerrando los ojos y acompasando su cuerpo al de &eacute;l, empujando hacia atr&aacute;s para recibir cada punzada de su miembro. Ante la llegada del orgasmo, Marcelo levanta su barbilla hacia el techo, aprieta los p&aacute;rpados y gru&ntilde;e como un oso, descarg&aacute;ndose dentro de ella. Me imagino esos chorros cremosos regando el interior de mi esposa y un fogonazo de excitaci&oacute;n me abrasa por dentro. Veo a ambos aflojarse, caer relajados sobre la cama, uno al lado del otro, el miembro de &eacute;l saliendo de dentro de ella, debilitado, h&uacute;medo. Recuperan el aliento.<\/p>\n<p>Una vez que Marcelo se hubo ido, Claudia y yo regresamos al sal&oacute;n, ya acicalados y perfumados, y nos echamos en el sof&aacute; central, ante el televisor, ambos en ropa interior. Ella est&aacute; recostada sobre m&iacute; y me hace dibujos con un dedo en el pecho y en el brazo. Yo hago lo mismo sobre su espalda. Las im&aacute;genes de hace unas horas nos golpean sin parar, aturdi&eacute;ndonos. Seguimos conmocionados. Miramos la televisi&oacute;n pero realmente no la vemos ni la o&iacute;mos. Estamos absortos, cada uno en su pel&iacute;cula morbosa e impactante. Siento que mi cuerpo se activa por momentos, que se estremece con este tren de im&aacute;genes perturbadoras. Ella debe estar experimentando lo mismo.<\/p>\n<p>\u2015&iquest;Te ha gustado? \u2015le digo por fin, susurrando.<\/p>\n<p>\u2015S&iacute;&#8230; \u2015responde, contenida\u2015. &iquest;Y a ti?<\/p>\n<p>\u2015Mucho&#8230; \u2015contesto\u2015. Much&iacute;simo.<\/p>\n<p>Silencio. Nuestros dedos juguetean de nuevo con la piel de nuestros cuerpos, temblorosos, inquietos, haciendo dibujos imaginarios.<\/p>\n<p>\u2015Vi c&oacute;mo&#8230; se la chupabas&#8230; c&oacute;mo hac&iacute;as vibrar tu lengua en la punta \u2015le digo, hirvi&eacute;ndome de nuevo la excitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>\u2015S&iacute;, lo s&eacute;&#8230; \u2015me dice. Medita unos instantes\u2015: &iquest;Te gust&oacute; ver c&oacute;mo me la met&iacute; en la boca?<\/p>\n<p>Una descarga el&eacute;ctrica me recorre el cuerpo.<\/p>\n<p>\u2015Me pusiste como una moto \u2015le contesto contenido\u2015. Ten&iacute;a ganas de saltar sobre ti y de follarte bien duro \u2015contin&uacute;o yo\u2015. Y tus bragas&#8230; estabas empapada. Las ol&iacute;&#8230;<\/p>\n<p>La veo removerse sobre m&iacute;, temblorosa, con su cabeza apoyada a&uacute;n sobre mi pecho. Debe estar notando c&oacute;mo mi coraz&oacute;n vuelve a acelerarse.<\/p>\n<p>\u2015Me puso como loca verte mirar c&oacute;mo me la met&iacute;a \u2015me dice sin volver la cara.<\/p>\n<p>\u2015Lo s&eacute;&#8230; \u2015le digo\u2015. Vi c&oacute;mo te ofreciste a cuatro patas para que te penetrara. Quise matarte y follarte a la vez.<\/p>\n<p>Ella levanta el rostro y me besa en la boca, usando su lengua. Yo le sujeto la cabeza con las dos manos, empu&ntilde;ando su melena con rabia contenida, celoso, y la miro fijamente a los ojos. Paso mis dedos por sus labios carnosos, extendiendo los restos de saliva. Siento que la deseo. Me bajo del sof&aacute;, la tomo de la mano, con determinaci&oacute;n, y me la llevo al dormitorio, a la cama, donde volv&iacute;a a haber s&aacute;banas limpias.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 17<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>8 Est&aacute;bamos sentados en unos sillones de color rojo de la zona del bar del club Mystique, en Arona, un local swinger. En los &uacute;ltimos meses, hab&iacute;amos estado viniendo ocasionalmente a pasar unas horas. 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