{"id":39944,"date":"2022-11-18T23:00:00","date_gmt":"2022-11-18T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-11-18T23:00:00","modified_gmt":"2022-11-18T23:00:00","slug":"interoseo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/interoseo\/","title":{"rendered":"Inter\u00f3seo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"39944\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 11<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Nara apareci&oacute; detr&aacute;s de su mam&aacute; por el costado de la ventana del auto.&nbsp; Mariella se inclin&oacute; sobre el cap&oacute; y agit&oacute; su mano con una sonrisa en la boca. Yo llev&eacute; las m&iacute;as al volante y le devolv&iacute; la sonrisa. Intent&eacute; no mirar a Nara, pero me fue imposible. Estaba hermosa. La nena hab&iacute;a crecido demasiado r&aacute;pido. Ten&iacute;a diecinueve a&ntilde;os y hab&iacute;a comenzado a estudiar algo en la facultad. Nunca me acuerdo qu&eacute;. Esa tarde de verano, apareci&oacute; con una remera blanca hecha un nudo en el medio y una minifalda a cuadros de tonos tierra que ni por casualidad le cubr&iacute;a la mitad de las piernas. Su pelo negro recogido en una coleta apretada. Masticaba un chicle que le hac&iacute;a temblar la nariz de tanto en tanto. Las caderas se le hab&iacute;an ensanchado, y sus piernas se hab&iacute;an vuelto m&aacute;s musculosas. Me miraba como siempre, con esa sonrisa a medio hacer y los ojos apagados, seductores. No pude apartar la mirada de sus tetas que se abultaban debajo de la tela blanca. &ldquo;Qu&eacute; pendeja de mierda, mir&aacute; c&oacute;mo aparece&rdquo; pens&eacute;. La voz de Mariella me arrebat&oacute; del ensue&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;Amor&hellip; Perdon&aacute; que te hicimos esperar. Nara se tard&oacute; dos horas para vestirse &mdash;se quejaba mientras apoyaba el antebrazo en el borde de la ventana del auto.<\/p>\n<p>&mdash;No pasa nada.<\/p>\n<p>El plan de esa tarde consist&iacute;a en llevarla a las afueras de la ciudad para ense&ntilde;arle a manejar. Mariella estaba obsesionada con que su hija aprendiera. Dec&iacute;a que ella misma hab&iacute;a aprendido de mucho m&aacute;s joven, y que era un conocimiento b&aacute;sico de&hellip; ya ni recuerdo. Mariella tiene una propensi&oacute;n a hablar demasiado. Quiz&aacute;s eso fue lo primero que me atrajo de Nara. Su silencio. No necesitaba palabras. Se quedaba sentada en la mesa o en el sill&oacute;n y su belleza juvenil persist&iacute;a en el aire. El verano pasado, la hab&iacute;a mirado demasiado, y ella termin&oacute; d&aacute;ndose cuenta. Desde entonces, sin decir ni una sola palabra, nos miramos, casi como c&oacute;mplices.<\/p>\n<p>Se subi&oacute; al auto y se sent&oacute; al lado m&iacute;o. Mariella me miraba fijo mientras me hablaba. Y yo hac&iacute;a una fuerza sobrehumana para que mi mirada no descendiera al infierno de las piernas de Nara. Pero, por los bordes de mis ojos, estimaba que la pollera se le hab&iacute;a subido un poquito m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Por favor, tengan cuidado. Cuando terminen, llevala a la casa de Rolo que hace mucho que no la ve y ya se anda quejando.<\/p>\n<p>Asent&iacute; con la cabeza. Nara no dejaba de mirar hacia el frente con esa sonrisa picarona que la caracterizaba. Fing&iacute; querer arreglar la traba de la puerta. Y, mientras Mariella se iba, agach&eacute; la mirada. Por el borde de la minifalda, asomaba una l&iacute;nea rosada de encaje. La pija me lati&oacute; de s&oacute;lo ver su tanga asomando. El aroma de su perfume combinado con el olor de su piel me embriag&oacute; por un momento. Nara puso sus manos sobre mi brazo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;s bien, Julio? &mdash;me pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>No me atrev&iacute; a cruzarle la mirada. Pero le contest&eacute; que s&iacute; y volv&iacute; a acomodarme en mi asiento.<\/p>\n<p>Conduje en silencio. La calle se desplegaba como una hoja frente a mis ojos. Evitaba mirar hacia el costado derecho de la vereda, por m&aacute;s que implicase un peligro, porque tem&iacute;a por alguna raz&oacute;n que mis ojos se desviaran hacia la hija de la mujer con la que yo estaba en pareja hac&iacute;a tres a&ntilde;os. Sin embargo, Nara llenaba el auto con su aroma a fresas. Yo la inhalaba por la nariz y cerraba los ojos de tanto en tanto. Mi pija comenzaba a palpitar debajo del pantal&oacute;n. Sent&iacute; un calor insoportable desprenderse de mis poros. Supongo que ella tambi&eacute;n lo sinti&oacute;, porque comenz&oacute; a moverse inquieta en el asiento. Miraba por la ventana, escup&iacute;a el chicle, o se arreglaba el labial en el retrovisor. Retorc&iacute;a la cola en el asiento, apretaba sus piernas. Suspiraba, como cansada o aburrida, y llevaba sus brazos a los ca&ntilde;os del cabezal del asiento. Sonre&iacute; disimuladamente.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;De qu&eacute; te re&iacute;s? &mdash;me pregunt&oacute; divertida.<\/p>\n<p>La mir&eacute;. Por la ventana entraba un viento que le desarreglaba la coleta del pelo y algunos de sus cabellos le flameaban en la cara. Sus ojos color miel se encend&iacute;an con el brillo del sol que golpeaba contra el auto, como si consumieran la luz y la dispararan de nuevo hacia afuera.<\/p>\n<p>&mdash;Quedate quieta, nena. Est&aacute;s muy convulsiva &mdash;le respond&iacute; sin borrar la sonrisa que ella hab&iacute;a descubierto.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, perd&oacute;n&hellip; Me aburro &mdash;dijo.<\/p>\n<p>No hab&iacute;a forma de borrarle la risita de traviesa que se deformaba los labios. Cada tanto, la nariz le lat&iacute;a, como una perrita que ol&iacute;a algo, que buscaba algo.<\/p>\n<p>Volv&iacute; mi mirada hacia el camino. Hab&iacute;amos llegado a la ruta. Las afueras de la ciudad parec&iacute;an un desierto casi vac&iacute;o de no ser por algunos arbustos accidentales o abandonados que irrump&iacute;an el llano a la distancia. Cerr&eacute; los ojos. Cuando yo aprend&iacute; a manejar, a los dieciocho a&ntilde;os, sol&iacute;a salir a la ruta para conducir con los ojos cerrados. La inercia del movimiento que llevaba al auto me adormec&iacute;a. Y no sent&iacute;a nada. Pero de todo aquello ya hab&iacute;an pasado treinta a&ntilde;os. Esta vez, cuando cerr&eacute; los ojos, mientras el viento me golpeaba en el rostro, sent&iacute; la mano intrusa de Nara meti&eacute;ndose entre mis piernas. Me abri&oacute; la bragueta y liber&oacute; mi pija. Por el tacto de sus manos me di cuenta que estaba dura. Sent&iacute; sus labios recorrer el tronco y su lengua acariciar el glande. No quise abrir los ojos. S&oacute;lo sent&iacute;a como Nara me chupaba la pija como una profesional. La sent&iacute; moverse, seguramente para acomodar las rodillas en el asiento, y meterse la pija todav&iacute;a m&aacute;s adentro de la boca. Mi glande se desliz&oacute; por el fondo del paladar hasta llegar a su garganta, y sus labios rozaron la base de mis huevos. Nara se hab&iacute;a metido toda mi verga dentro de la boca. Algo que su madre, para comparar, no hab&iacute;a podido hacer nunca. Se me ocurri&oacute; en ese momento que esa no era la primera vez que lo hab&iacute;a hecho.<\/p>\n<p>Abr&iacute; los ojos. La ruta segu&iacute;a recta, sin curvas, como si se hubiera dise&ntilde;ado espec&iacute;ficamente para que un hombre como yo disfrutara de una buena chupada de pija. Agach&eacute; la mirada. La cara de Nara estaba escondida entre mis piernas. Baj&eacute; la velocidad. Al mirar hacia el costado, vi la minifalda subida por encima de sus nalgas. Agradec&iacute; en aquel momento a la persona que hab&iacute;a dise&ntilde;ado esa prenda. A Nara le quedaba de mil maravillas. Agarr&eacute; la tela con mi mano derecha y se la levant&eacute; como un velo por encima de la espalda. Corr&iacute; la tanga de encaje rosa que llevaba puesta y le manose&eacute; las nalgas. La piel de Nara era suave, tersa. El tacto de mis manos endurecidas por tantos a&ntilde;os de trabajo parec&iacute;a complacerla, porque sent&iacute;a las vibraciones de sus gemidos ahogados en mi pija. Despacio, mientras ella hac&iacute;a su trabajo, mis dedos rosaban los costados de sus labios vaginales. Nara estaba muy mojada. Eso quiz&aacute;s era lo que la ten&iacute;a tan inquieta. Me volv&iacute;a loco imaginar que mientras se mov&iacute;a como loca en el asiento de mi auto, su concha se pon&iacute;a cada vez m&aacute;s h&uacute;meda.<\/p>\n<p>Detuve el auto al costado de la ruta, el sonido de las llantas en la banquina me pareci&oacute; un estruendo delator. Tir&eacute; mi asiento hacia atr&aacute;s. Reci&eacute;n entonces pude verla. Ten&iacute;a los ojos cerrados. La coleta del pelo desarreglada. La parte de sus cabellos m&aacute;s cercana a la ra&iacute;z se abultaba como un globo a medio inflar. La forma de mi pija se imprim&iacute;a en el cachete de su cara, y entonces me miraba e intentaba sonre&iacute;rme con la boca llena. Me estir&eacute; para llevar su asiento hacia atr&aacute;s, para que estuviese m&aacute;s c&oacute;moda. Y, de paso, aprovech&eacute; para meter mis dedos en adentro de su concha. Nara gimi&oacute;. El hueco apretaba, pero se notaba que ced&iacute;a a la presi&oacute;n. Con el dedo &iacute;ndice que me hab&iacute;a quedado libre comenc&eacute; a acariciarle el agujero del culo. Nara no fren&oacute; ni un segundo. Se com&iacute;a la pija con un hambre desesperado. Nos hab&iacute;amos pasado todo este tiempo midi&eacute;ndonos, y ahora, en medio de una ruta desierta concret&aacute;bamos una cogida que los dos sab&iacute;amos que tarde o temprano iba a suceder.<\/p>\n<p>No aguant&eacute; las ganas de jugar con sus agujeros. Met&iacute; hasta el fondo de su concha el dedo del medio y el anular, y clav&eacute; mi dedo &iacute;ndice en su culo con el excedente de fluidos. Nara se sac&oacute; la pija de la boca.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ay, hijo de puta! As&iacute;&hellip; As&iacute;&hellip; Pajeame &mdash;me pidi&oacute; y volvi&oacute; a com&eacute;rsela hasta los huevos.<\/p>\n<p>Entonces comenc&eacute; a mover mis dedos. Ignor&eacute; el sentimiento inc&oacute;modo en el espacio entre mis dedos que se separaban para entrar por sus agujeros. El placer de tener a la hija de mi pareja comi&eacute;ndome la pija mientras me la cog&iacute;a con los dedos era infinitamente mayor a cualquier incomodidad. Como si mis dedos fueran &oacute;rganos sexuales, se los met&iacute;a y se los sacaba. Nara se retorc&iacute;a en el asiento. Su piel se volv&iacute;a roja, se encend&iacute;a. Los poros se le abr&iacute;an, y la pendeja desped&iacute;a un aroma tan excitante que me pareci&oacute; de repente que acabar&iacute;a all&iacute; mismo. La fren&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Te quiero comer la concha, pendeja &mdash;le dije.<\/p>\n<p>Saqu&eacute; mis dedos y me los llev&eacute; a la boca. El sabor que ten&iacute;an me embriag&oacute;. La puse de espaladas a la ventana, con los pies subidos al asiento. Le separ&eacute; las rodillas y, despu&eacute;s de acomodarme hacia el costado, me qued&eacute; embobado mir&aacute;ndole la concha. Nara sosten&iacute;a la tela de la minifalda hacia arriba, dejaba al desnudo su sexo, el perineo y el agujero de su culo. Su piel blanca se volv&iacute;a rosada. Con una de mis manos, agarr&eacute; la tanga de encaje rosa que la cubr&iacute;a y se la arranqu&eacute; de un solo tir&oacute;n. Nara sonri&oacute;. Los labios de su concha estaban inflados e irritados por la cogida que le hab&iacute;an pegado mis dedos. Chorreaba un l&iacute;quido espeso que goteaba en medio del segundo agujero y ca&iacute;a en el asiento del auto. La mir&eacute; de nuevo, y Nara lanz&oacute; una risita torpe que, como un disparador, me hizo reaccionar. Pas&eacute; mi lengua de arriba abajo. Primero por el agujero de su culo y luego por el de su concha. Ella inhal&oacute; un gemido y llev&oacute; una de sus manos a mi cabeza. Yo la agarr&eacute; de las nalgas, por debajo de las piernas, y la acerqu&eacute; a m&iacute; para poder com&eacute;rmela mejor. Trabaj&eacute; los costados, sus labios, el cl&iacute;toris diminuto, rosado, pr&iacute;stino que se endurec&iacute;a con cada lamida. La mano de Nara me apretaba el pelo y me empujaba a&uacute;n m&aacute;s contra su cuerpo. Le met&iacute; dos dedos en el agujero de la concha y saqu&eacute; mi cara t&oacute;rrida por el placer. Le llev&eacute; el sabor de su sexo a los labios y la bes&eacute; como nunca hab&iacute;a besado a nadie.<\/p>\n<p>Sent&iacute; en ese momento su lengua impetuosa que chocaba con la m&iacute;a. Gem&iacute;a despacito y, cuando lo hac&iacute;a, desped&iacute;a de su boca el sabor a chicle de menta en forma de aliento. Apres&eacute; su lengua entre mis labios y aceler&eacute; el ritmo de mis dedos que se clavaban en su concha. Nara comenz&oacute; a convulsionar. Sus gemidos se volvieron m&aacute;s marcados. Me empuj&oacute; hacia atr&aacute;s y, sin sacarse mis dedos de su agujero, dispar&oacute; un chorro explosivo, relativamente breve de fluidos. Mientras duraba el disparo, se contorsion&oacute; trayendo el pecho hacia adelante. Los pezones se marcaban en su remera blanca. Me qued&eacute; petrificado del s&oacute;lo verla. Nara se relaj&oacute; de a poco.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y eso&hellip;? &mdash;pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>Nara se encogi&oacute; de hombros, sonri&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Me sale todo el tiempo &mdash;me respondi&oacute; haci&eacute;ndose la tonta.<\/p>\n<p>&mdash;Hacelo de nuevo para m&iacute;, pendeja&hellip; Dale &mdash;le orden&eacute;.<\/p>\n<p>Volv&iacute; a besarla. Mis dedos retomaron sus movimientos dentro de su concha. Con la mano que me quedaba libre, agarr&eacute; la remera hecha un nudo y desnud&eacute; sus tetas. Eran grandes, como las de su madre, y la coronaban unos pezones rosados algo oscuros. El rebote de sus senos era perfecto. Una vez que la carne se le acomodaba, volv&iacute;an a su postura como m&uacute;sculos endurecidos. Mientras la masturbaba, me llev&eacute; a la boca una de las tetillas y la acarici&eacute; con la lengua antes de morderla suavemente. Cost&oacute; poco volver a provocar una explosi&oacute;n semejante a la anterior. Nara me dio un golpecito en la cabeza para avisarme que iba a suceder de nuevo. Y yo llev&eacute; mi cara a su concha justo a tiempo para que me ba&ntilde;e con el fluido. Mientras chorreaba, abr&iacute; mi boca y dej&eacute; que me diera de beber del chorro. Mis dedos se escaparon hacia el agujero de su culo y se incrustaron en &eacute;l. No cost&oacute; en lo absoluto. Las paredes de su segundo agujero se dilataron de inmediato con el paso de mis dedos. Mi lengua irrump&iacute;a en su vagina. El sabor de sus chorros era delicioso, una especie de agua de fuente con la que se me ocurri&oacute; que podr&iacute;a hidratarme por el resto de mi vida. Tuve que sostenerla para no interrumpir mi trabajo, porque se estremec&iacute;a, trastornada por la sacudida que le hab&iacute;a producido el l&iacute;quido.<\/p>\n<p>Nara, que no pod&iacute;a parar de gemir como una puta, volvi&oacute; a echarme hacia atr&aacute;s. Con el empuj&oacute;n, me acomod&oacute; de nuevo en mi asiento. Se puso encima de m&iacute;, y comenz&oacute; a acariciar mi pija con los labios de su concha hasta que el palo qued&oacute; completamente lubricado. Una vez que decidi&oacute; que era suficiente, se la meti&oacute; despacio ella solita. El interior de Nara era suave, como pomposo. Sus labios no deglut&iacute;an mi pija, m&aacute;s bien, como si fueran una segunda boca, la lam&iacute;an, la inger&iacute;an con un movimiento suave, persistente y sosegado. Vi desaparecer el tronco de mi pene dentro de ella y sent&iacute; sus labios conchando contra la base de mi pija. Estaba a punto de desmayarme. Dej&eacute; caer mi cabeza hacia atr&aacute;s, pero ella se sostuvo de mi nuca. La mir&eacute;.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de culminar la penetraci&oacute;n absoluta, Nara levant&oacute; la mirada y me sonri&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Sos una pendeja muy traviesa, &iquest;sab&eacute;s? &mdash;le dije a media voz.<\/p>\n<p>&mdash;Me gusta portarme mal &mdash;me respondi&oacute; aguantando un gemido.<\/p>\n<p>&mdash;A ver&hellip; Mostrame lo mal que te port&aacute;s&hellip;<\/p>\n<p>La dej&eacute; saltar un rato arriba m&iacute;o. Pero el rose de su interior con el glande fue en alg&uacute;n momento insoportable. Sent&iacute; la necesidad de tomar la iniciativa. La ech&eacute; contra el volante. El auto dej&oacute; sonar un bocinazo breve y delator. Pero no me import&oacute;. Una vez que la acomod&eacute; contra el volante, tom&eacute; fuerza con las caderas y, recost&aacute;ndome sobre ella, comenc&eacute; a mover mi cintura.<\/p>\n<p>Nara segu&iacute;a agarrada de mi nuca, gimiendo desesperada. Yo sent&iacute;a su concha mojarse cada vez m&aacute;s con cada embestida. Mi cara se hund&iacute;a entre sus tetas, y mi lengua relam&iacute;a sus pezones. Volv&iacute; a apresar una tetilla entre los dientes. La mir&eacute; desde abajo. Nara ten&iacute;a la cara deformada, los ojos cerrados, el ce&ntilde;o fruncido, la boca a medio abrir.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;As&iacute; que te gusta portarte mal, pendeja&hellip;? Dale, p&oacute;rtate mal entonces. Bancate la pija, puta, dale &mdash;le dije entre dientes.<\/p>\n<p>Nara no pod&iacute;a hablar. Seseaba el inicio de una afirmaci&oacute;n que no llegaba a ser un s&iacute;. Se interrump&iacute;a con gemidos. Yo sent&iacute;a el roce de su teta derecha que me acariciaba el rostro. Las embestidas que le estaba dando hac&iacute;an que su carne saltara de arriba abajo. La dej&eacute; ir. Cay&oacute; sobre el volante, y volvi&oacute; a sonar la bocina. Al tomar distancia, pude ver c&oacute;mo mis empujones le hac&iacute;an rebotar las tetas. La remera blanca le cubr&iacute;a s&oacute;lo el cuello y los hombros. Nara volvi&oacute; a convulsionar. Se arranc&oacute; de mi pija y volvi&oacute; a soltar uno de sus chorros que me mojaron el torso y el abdomen.<\/p>\n<p>Pero ya era demasiado tarde para detener mis perversiones. Estaba, despu&eacute;s de todo, cogi&eacute;ndome a pelo a la hija de Mariella. Mientras Nara chorreaba, met&iacute; mi verga lubricada en su segundo agujero. Ella abri&oacute; los ojos de repente, como asustada. Tard&oacute; en reaccionar y, para cuando lo hizo, mi verga se hab&iacute;a incrustado hasta la mitad en el agujero de su culo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ay, s&iacute;, por Dios! &iexcl;Met&eacute;mela por el culo! &mdash;grit&oacute; y su cuerpo cay&oacute; contra el m&iacute;o, meti&eacute;ndose lo que restaba de mi pija.<\/p>\n<p>&mdash;Mir&aacute; c&oacute;mo se te abre todo el agujero del culo, pendeja&hellip; Seguro ya te lo hicieron varios&hellip;<\/p>\n<p>Nara sonri&oacute; y se llev&oacute; las manos a la cara. Puse mis dedos en forma de garfio y comenc&eacute; a masturbarle la concha mientras me la cog&iacute;a por el culo. Mi pija se deslizaba con suma facilidad dentro del segundo agujero.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;&hellip; Estoy seguro que ya te cogieron el culo a vos, pendeja puta.<\/p>\n<p>Nara se r&iacute;o. Yo sab&iacute;a que era cierto. El poco esfuerzo que fue requerido para que mi verga entrara por sus agujeros era la prueba. La mir&eacute; de arriba abajo. Me la imaginaba como la puta de todos. Los vecinos, los profesores de la facultad, sus compa&ntilde;eros de curso. Me imagin&eacute; que se la hab&iacute;a cogido todos y cada uno de ellos. Algunos, incluso, a la vez. Me excit&oacute; imaginarla recibiendo pijas como una puta desinhibida. Entonces me la cog&iacute; m&aacute;s fuerte. El agujero de su culo estaba menos dilatado, por lo que generaba m&aacute;s fricci&oacute;n. Tuve que llevar saliva al palo varias veces. Pero nada de eso debuto las embestidas que le pegu&eacute;. Nara gem&iacute;a, gritaba, me ara&ntilde;aba el pecho o el cuello tratando de agarrarse. Yo no aguantaba m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde quer&eacute;s la leche, pendeja? &iquest;D&oacute;nde la quer&eacute;s?<\/p>\n<p>Nara me mir&oacute;. Sus dientes apretados unos contra otros. El sudor de su frente le pegaba unos mechones diminutos de cabellos a la piel. Ten&iacute;a los ojos encendidos. La cara, enrojecida. Estaba echa una salvaje.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;En la concha! &mdash;me orden&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; me gusta&hellip; Eso&hellip; Ponete bien puta para m&iacute;.<\/p>\n<p>Saqu&eacute; mi pija de su culo y volv&iacute;a a embestirla por la concha.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Llename, llename! &mdash;me exigi&oacute;&mdash;. &iexcl;Llename de leche, Julio! &iexcl;Por favor!<\/p>\n<p>Escucharla decir mi nombre me puso a&uacute;n m&aacute;s brav&iacute;o de lo que ya estaba.<\/p>\n<p>&mdash;Dale que te pre&ntilde;o, puta. Dale que te pre&ntilde;o &mdash;le advert&iacute;.<\/p>\n<p>Y los dos pegamos un grito que se censur&oacute; por la bocina que otra vez volv&iacute;a a sonar. El semen sali&oacute; como disparado de mis huevos. Los latidos de mi verga y los de su vulva se confundieron al punto de que ya no pod&iacute;a saber cu&aacute;l era cu&aacute;l. Y nos quedamos as&iacute;, apretados el uno al otro. Pasmados, bobos. La bes&eacute; con mis labios lerdos, y ella sonri&oacute; con un gesto tonto.<\/p>\n<p>Volvimos a hacerlo una vez m&aacute;s, pero la noche amenazaba en el horizonte y ten&iacute;amos que volver. Nara protest&oacute;. Pero le promet&iacute; que lo volver&iacute;amos a hacer las veces que ella quisiera. Me chup&oacute; la pija todo el viaje de regreso. Le hice una broma. Le dije que dejara de hacerlo porque me iba a sacar leche en polvo. Fue efectiva. Le caus&oacute; gracia. Me gustaba verla re&iacute;r.<\/p>\n<p>Estacion&eacute; en la esquina de la casa y vi la figura rechoncha de Rolo que sal&iacute;a a recibir a su hija. Hablaba por tel&eacute;fono y nos saludaba con la mano. De la nada, nos hizo una se&ntilde;a para que esperemos y se gir&oacute; preocupado con la llamada.<\/p>\n<p>&mdash;Despu&eacute;s se queja que no lo visito &mdash;dijo Nara&mdash;. Si cuando vengo nunca me da bola. Adem&aacute;s, ya soy adulta yo. Hago lo que quiero.<\/p>\n<p>La mir&eacute;. Su &aacute;nimo hab&iacute;a ca&iacute;do considerablemente. No sab&iacute;a c&oacute;mo expresar que la entend&iacute;a, que ten&iacute;a raz&oacute;n. As&iacute; que, en vez de decir algo est&uacute;pido, volv&iacute; a llevar mis manos debajo de su minifalda.<\/p>\n<p>&mdash;A ver, me parece que hay algo que me olvid&eacute; ac&aacute;&hellip; No s&eacute; &mdash;le dije en tono de broma.<\/p>\n<p>Nara se rio. Le met&iacute; tres dedos en la concha. La vi estremecerse. Estaba h&uacute;meda, la cubr&iacute;a una combinaci&oacute;n de sus fluidos y mi semen. Acerqu&eacute; mis labios a su o&iacute;do izquierdo.<\/p>\n<p>&mdash;Miralo a tu pap&aacute; &mdash;le susurr&eacute;&mdash;. Quiero hacerte chorrear en frente de &eacute;l, vos que sos una nena tan buena.<\/p>\n<p>Nara gimi&oacute; y peg&oacute; los ojos a la espalda de su padre.<\/p>\n<p>&mdash;No le saques los ojos de encima mientras sent&iacute;s c&oacute;mo te pajeo, pendeja&hellip; Te calienta ser as&iacute; de putita, &iquest;no? Te encanta portarte mal a espaldas de tus pap&aacute;s, &iquest;verdad?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;&hellip; S&iacute;&hellip; Me encanta &mdash;murmur&oacute; Nara sin quitar sus ojos del objetivo.<\/p>\n<p>&mdash;Mir&aacute; si se da vuelta tu pap&aacute; y te ve as&iacute;. Siendo pajeada por los dedos del nuevo novio de su exmujer.<\/p>\n<p>&mdash;Ah&hellip; Cae desmayado &mdash;susurr&oacute; con una sonrisa traviesa.<\/p>\n<p>Me hizo re&iacute;r la imagen del imb&eacute;cil de Rolo cayendo desmayado.<\/p>\n<p>&mdash;No te preocupes que, aunque se desmaye, no voy a dejar de meterte los dedos por la concha.<\/p>\n<p>&mdash;Ay, no. Por favor&hellip; No pares&hellip; No pares.<\/p>\n<p>Volv&iacute; a repetir la maniobra. Mis dedos anudar y medio clavados en su concha, y el &iacute;ndice enterrado en su culo. No tard&oacute; mucho en empezar a retorcerse. Y, despu&eacute;s de eso, tard&oacute; menos en explotar con un chorro. Estaba a punto de gemir, pero la call&eacute; con un beso de lengua mientras sent&iacute;a el fluido dispararse entre mis dedos. Cuando acab&oacute;, saqu&eacute; mi mano, y ella se acomod&oacute; la minifalda. Nos quedamos ri&eacute;ndonos como dos tontos. Su padre se dio vuelta y cort&oacute; la llamada. Se acerc&oacute; al auto con una sonrisa pat&eacute;tica.<\/p>\n<p>&mdash;Hola, Julito. Amigo, &iquest;c&oacute;mo est&aacute;s? &mdash;dijo con una sonrisa que desnudaba sus dientes amarillentos&mdash;. &iquest;C&oacute;mo fueron las clases?<\/p>\n<p>&mdash;Bien &mdash;le respond&iacute; cortante.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute;s grandote, amigo, eh&hellip; &iquest;Qu&eacute; hac&eacute;s para estar as&iacute; de musculoso?<\/p>\n<p>Lo mir&eacute; con la cara inexpresiva.<\/p>\n<p>&mdash;Se cuida con la comida y va al gimnasio, pap&aacute; &mdash;dijo Nara baj&aacute;ndose del auto&mdash;. Algo que vos deber&iacute;as hacer m&aacute;s seguido.<\/p>\n<p>Se saludaron y Rolo me despidi&oacute;. Mientras se alejaban, vi que una gota ca&iacute;a por la pierna de Nara. Ella se gir&oacute; y yo sonre&iacute;. Le lanc&eacute; un beso en el aire, y ella hizo el gesto de com&eacute;rselo a dentadas. Me gui&ntilde;&oacute; un ojo y desapareci&oacute; de mi vista.<\/p>\n<p>La tanga rota hab&iacute;a quedado atrapada al costado del asiento. Antes de tirarla por la ventana, la olfate&eacute; s&oacute;lo para comprobar que todav&iacute;a manten&iacute;a el aroma delicioso de Nara. Volv&iacute; a casa sonriendo como un adolescente idiota. El espacio entre mis dedos dol&iacute;a. Mientras manejaba, abr&iacute;a y cerraba las manos. Me daba la sensaci&oacute;n de que entre m&aacute;s doliera, m&aacute;s placentero ser&iacute;a el recuerdo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 11<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Nara apareci&oacute; detr&aacute;s de su mam&aacute; por el costado de la ventana del auto.&nbsp; Mariella se inclin&oacute; sobre el cap&oacute; y agit&oacute; su mano con una sonrisa en la boca. Yo llev&eacute; las m&iacute;as al volante y le devolv&iacute; la sonrisa. Intent&eacute; no mirar a Nara, pero me fue imposible. Estaba hermosa. La nena hab&iacute;a [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":22757,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":{"0":"post-39944","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-infidelidad"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39944","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/22757"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39944"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39944\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39944"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39944"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39944"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}