{"id":39970,"date":"2022-11-20T23:00:00","date_gmt":"2022-11-20T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-11-20T23:00:00","modified_gmt":"2022-11-20T23:00:00","slug":"un-relato-medieval","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/un-relato-medieval\/","title":{"rendered":"Un relato medieval"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"39970\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">3<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El sol ca&iacute;a con fuerza sobre el campo de cultivo. Ana, la hija mayor del matrimonio, de tez p&aacute;lida, cabello pelirrojo y constituci&oacute;n delgada, sudaba profusamente mientras se agachaba una y otra vez para arrancar las hierbas que crec&iacute;an entre las plantas. Su padre, de edad madura, trabajaba a su lado. Su madre, con fiebre, se hab&iacute;a quedado en la choza, descansando en su cama, fiando su curaci&oacute;n a un milagro. El matasanos, un joven que sab&iacute;a escribir, la hab&iacute;a visitado hace dos d&iacute;as, y hab&iacute;a convencido a la familia de que una lavativa era el mejor remedio. La paciente, en su estado de debilidad, no hab&iacute;a ofrecido resistencia mientras la desnudaban. Luego el m&eacute;dico hab&iacute;a introducido un instrumento que Ana nunca hab&iacute;a visto por el ano.<\/p>\n<p>La familia pertenec&iacute;a a una de las aldeas que rodeaban el castillo. Como casi todos all&iacute;, trabajaba para un se&ntilde;or feudal. Aquel d&iacute;a era especial y al acabar el trabajo, mientras almorzaban, padre e hija iniciaron una conversaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Hoy viene el nuevo se&ntilde;or a cobrar las tasas. &mdash;anunci&oacute; el padre con voz profunda en la que se notaba un matiz de desasosiego.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Pero Sir Walter? &mdash;pregunt&oacute; Ana.<\/p>\n<p>&mdash;Sir Walter ha fallecido. La herida de flecha se infect&oacute; y no se ha recuperado.<\/p>\n<p>Ana mir&oacute; con preocupaci&oacute;n a su progenitor. Aquel verano la cosecha no hab&iacute;a sido buena, apenas hab&iacute;an podido comprar comida y lo poco que ten&iacute;an lo hab&iacute;an usado para pagar al curandero. La visita del nuevo se&ntilde;or feudal ven&iacute;a en el peor momento.<\/p>\n<p>&mdash;Le voy a decir que no tenemos nada y que ya le pagaremos.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hija! S&eacute; razonable, sabes que esa opci&oacute;n no existe. &mdash;la reprendi&oacute; su progenitor.<\/p>\n<p>La muchacha reflexion&oacute;. Su padre ten&iacute;a raz&oacute;n, adem&aacute;s, aunque el nuevo se&ntilde;or no fuese cruel, seguro que quer&iacute;a dejar clara su autoridad. No obstante, aun sabiendo esto, continu&oacute; insistiendo tozudamente.<\/p>\n<p>&mdash;Pero padre, madre tiene que comer y recuperarse. Yo&#8230;<\/p>\n<p>Su padre le propin&oacute; un bofet&oacute;n que la dej&oacute; con la mejilla colorada. Ana devolvi&oacute; la mirada desafiante. Su padre era un buen hombre, que solo quer&iacute;a lo mejor para todos y ella estaba desafiando su autoridad. Ya desde ni&ntilde;a, su car&aacute;cter hab&iacute;a sido impulsivo y orgulloso, y en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n su padre y su madre le hab&iacute;an calentado el trasero con la vara. De mayor, hab&iacute;a podido irse, o casarse, otras lo hac&iacute;an. Pero ella no quer&iacute;a dejar a sus padres, sin ella, no podr&iacute;an trabajar lo suficiente para vivir con dignidad. Adem&aacute;s, los chicos de las aldeas que hab&iacute;a conocido le parec&iacute;an demasiado toscos o directamente est&uacute;pidos. Ella quer&iacute;a algo m&aacute;s, aunque no sab&iacute;a muy bien el qu&eacute; y sobre todo el c&oacute;mo.<\/p>\n<p>La comitiva lleg&oacute; a la aldea y pronto se dispusieron las mesas para llevar a cabo la recaudaci&oacute;n. Sir Fernand, el nuevo se&ntilde;or, rondaba los 26 a&ntilde;os, se le ve&iacute;a alto, fuerte y con una mirada de inteligencia que llamaba la atenci&oacute;n. Todos los aldeanos sin excepci&oacute;n aguardaban en la plaza, observando la escena con respeto y, por qu&eacute; no decirlo, temor a lo desconocido.<\/p>\n<p>&mdash;Gracias por la recepci&oacute;n. Como sab&eacute;is, hace unos d&iacute;as la enfermedad se llev&oacute; a vuestro se&ntilde;or. Yo soy el nuevo propietario y hoy vengo ante vosotros para transmitiros dos mensajes. El primero, renovar el acuerdo que ten&iacute;ais. Trabajar&eacute;is para m&iacute; y a cambio os ofrezco protecci&oacute;n en el castillo. Os prometo justicia y que todo el que siga las reglas no ha de temer nada. El segundo, es que estoy buscando un sirviente. Tengo hombres a mi alrededor que me sirven bien, pero necesito a alguien que se ocupe de temas personales. Bien, empecemos con los pagos para ponernos al d&iacute;a.<\/p>\n<p>Uno de los soldados que le acompa&ntilde;aban sac&oacute; un listado y comenz&oacute; a leer los nombres que all&iacute; aparec&iacute;an. El cuarto nombre era el del padre de Ana.<\/p>\n<p>&mdash;Ten&eacute;is mujer e hija.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; es, mi mujer est&aacute; enferma y no ha podido venir y esta es mi hija. &mdash;dijo.<\/p>\n<p>&mdash;Eso es irregular, vuestra mujer deber&iacute;a estar aqu&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Seguid. &mdash;dijo Sir Fernand, no quer&iacute;a retrasarse de manera innecesaria.<\/p>\n<p>El soldado no insisti&oacute; en el tema y fue directo al grano.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; bien seg&uacute;n esto deb&eacute;is&#8230;<\/p>\n<p>El pobre hombre palideci&oacute; al o&iacute;r la cantidad que ya conoc&iacute;a, aquello significaba dejarles sin sustento durante d&iacute;as.<\/p>\n<p>&mdash;Se&ntilde;or, no podemos abonar esa cantidad, mi madre est&aacute; enferma y el curandero se ha quedado con parte de&#8230; &mdash;intervino Ana dirigi&eacute;ndose directamente al nuevo due&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;No es asunto m&iacute;o&#8230; adem&aacute;s, como os atrev&eacute;is a negaros a pagar. No sab&eacute;is acaso que el incumplimiento del pago significa ser azotada p&uacute;blicamente.<\/p>\n<p>Ana baj&oacute; la mirada. Su apuesta hab&iacute;a salido mal y el castigo parec&iacute;a inevitable.<\/p>\n<p>&mdash;Soldados, prended al padre y dadle treinta latigazos.<\/p>\n<p>&mdash;Se&ntilde;or, os lo suplico. &Eacute;l no tiene la culpa si&#8230; si hab&eacute;is de castigar a alguien es a mi&#8230; &mdash;dijo Ana tratando de ocultar el miedo que sent&iacute;a.<\/p>\n<p>Fernand la mir&oacute; con cara de pocos amigos. Aquella chica era una desvergonzada, sin embargo era atractiva y valiente o quiz&aacute;s al rev&eacute;s, el hecho es que le hab&iacute;a impresionado.<\/p>\n<p>&mdash;Tembl&aacute;is&#8230; &mdash;coment&oacute; el se&ntilde;or observando las manos de la joven.<\/p>\n<p>Ana levant&oacute; la mirada y venciendo su nerviosismo respondi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Estoy dispuesta.<\/p>\n<p>Los soldados la agarraron por los brazos, luego uno de ellos arranc&oacute; el vestido dejando la espalda de al aire, a continuaci&oacute;n la ataron a un poste. El tipo que cobraba se acerc&oacute; a su caballo y cogi&oacute; un l&aacute;tigo.<\/p>\n<p>Ana apret&oacute; los dientes anticipando el dolor.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Esperad! &mdash;dijo Fernand acerc&aacute;ndose a la chica.<\/p>\n<p>&mdash;Decidme, &iquest;querr&iacute;ais trabajar para m&iacute; como sirvienta?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or. &mdash;respondi&oacute; la joven con convicci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;No cre&aacute;is que servirme ser&aacute; f&aacute;cil, os ense&ntilde;ar&eacute; a leer y escribir, pero estar&eacute;is completamente a mi disposici&oacute;n, os castigar&eacute; cuando comet&aacute;is el m&iacute;nimo error y satisfar&eacute;is mis necesidades m&aacute;s b&aacute;sicas cuando as&iacute; lo desee. Trabajareis duro.<\/p>\n<p>&mdash;Lo s&eacute;, agradezco la oportunidad que me dais, solo os ruego que trat&eacute;is con benevolencia a mi familia y&#8230; bueno<\/p>\n<p>&mdash;Ya basta, llego tarde, desatadla.<\/p>\n<p>La muchacha respir&oacute; con alivio.<\/p>\n<p>&mdash;No pens&eacute;is que os hab&eacute;is librado del castigo. &mdash;le susurr&oacute; su nuevo amo al o&iacute;do.<\/p>\n<p>La sesi&oacute;n de pagos continu&oacute; y solo tuvo lugar un incidente. Un hombre recibi&oacute; veinte latigazos por no abonar la totalidad de la deuda. Ana le observ&oacute; en silencio mientras se retorc&iacute;a con cada azote. No se hac&iacute;a muchas ilusiones, se hab&iacute;a convertido en una esclava y su nuevo amo no dudar&iacute;a en hacerla sufrir, pero aprender&iacute;a a leer y escribir y&#8230; bueno, al menos saldr&iacute;a de aquella vida y su se&ntilde;or le har&iacute;a.<\/p>\n<p>Se ruboriz&oacute; pensando en ello, al menos aquel tipo no era como otros pretendientes. Razonaba y podr&iacute;a aprender cosas.<\/p>\n<p>En el castillo, asignaron a Ana una peque&ntilde;a habitaci&oacute;n al lado de la de su se&ntilde;or. Luego aparecieron unas doncellas con un barre&ntilde;o lleno de agua e invitaron a la reci&eacute;n llegada a desnudarse para el ba&ntilde;o. Despu&eacute;s, vestida con ropas sencillas pero limpias, fue llamada a los aposentos de su se&ntilde;or, quien la mir&oacute; con aprobaci&oacute;n y le ofreci&oacute; comida y bebida. Terminada la cena, Sir Ferdinand tomo la palabra.<\/p>\n<p>&mdash;Es hora de vuestro castigo. Id a ver a la cocinera y decidla de mi parte que os d&eacute; el cubo con las ramas.<\/p>\n<p>A los pocos minutos regres&oacute; Ana con el cubo.<\/p>\n<p>&mdash;Bien, levantad vuestro vestido y descubrid el culo.<\/p>\n<p>La joven obedeci&oacute;. Su trasero p&aacute;lido qued&oacute; expuesto, a merced de su se&ntilde;or.<\/p>\n<p>&mdash;Ten&eacute;is un culo bonito, pero bastante p&aacute;lido. Creo que un poco de color le vendr&aacute; bien. Inclinaos y no os atrev&aacute;is a moveros o ser&aacute; peor.<\/p>\n<p>Ana, con los nervios agarrando su est&oacute;mago, se inclin&oacute; dejando el culo en pompa y apret&oacute; el esf&iacute;nter.<\/p>\n<p>Fernand sac&oacute; una rama mojada del cubo, la agit&oacute; en el aire y luego, golpe&oacute; las nalgas de su sirvienta.<\/p>\n<p>En total, la vara mordi&oacute; el trasero de Ana veinte veces. Las l&aacute;grimas resbalaron por su rostro al recibir el pen&uacute;ltimo impacto. Los gl&uacute;teos escoc&iacute;an.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; bien, pod&eacute;is cubrir vuestra desnudez, espero que hay&aacute;is aprendido la lecci&oacute;n. Ma&ntilde;ana comenzar&eacute;is las clases para aprender a leer y escribir.<\/p>\n<p>Ana era lista y aprend&iacute;a con facilidad. Com&iacute;a con su se&ntilde;or la mayor&iacute;a de noches y se encargaba de que todo estuviese en orden. No obstante, y a pesar de sus esfuerzos, comet&iacute;a errores y d&iacute;a s&iacute; y d&iacute;a no, sus nalgas probaban la vara. Un d&iacute;a se quej&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; he hecho mal? Si quer&eacute;is verme el culo no ten&eacute;is m&aacute;s que pedirlo, no hace falta que me azot&eacute;is.<\/p>\n<p>&mdash;Os dar&eacute; el doble por vuestra insolencia. &mdash;dijo su amo.<\/p>\n<p>Terminado el castigo Fernand tom&oacute; la palabra.<\/p>\n<p>&mdash;No os vist&aacute;is, venid aqu&iacute;, vuestras posaderas est&aacute;n muy rojas y necesitareis un ung&uuml;ento para calmarlas. Tumbaros sobre la cama.<\/p>\n<p>Ana hizo lo ordenado. Las &aacute;speras manos de su se&ntilde;or se mov&iacute;an con inesperada suavidad extendiendo la crema. Luego, sin avisar, uno de sus dedos encontr&oacute; la entrada a su vagina y la explor&oacute;. Ana gimi&oacute;.<\/p>\n<p>De vuelta en su habitaci&oacute;n pens&oacute; en lo ocurrido y se masturb&oacute;.<\/p>\n<p>Un mes despu&eacute;s del masaje, se celebr&oacute; un banquete. Varios compa&ntilde;eros de armas y alguna que otra mujer acudieron a disfrutar del vino y las viandas. Avanzada la velada, los efectos del alcohol se hicieron notar, hab&iacute;a carcajadas fuera de lugar, comentarios gruesos y mucho eructo. Incluso un tipo de prominente barriga, tuvo a bien dejar escapar alguna que otra ventosidad. Las criadas que atend&iacute;an la mesa, ten&iacute;an que aguantar las bromas y los tocamientos a discreci&oacute;n, una de las invitadas, sin modestia alguna, descubri&oacute; los pechos. Ana, fue invitada a comer. A su lado, se sentaba un hombre de largas barbas Sir Bart, amigo personal de su se&ntilde;or.<\/p>\n<p>Al principio todo fue bien, incluso la chica pudo participar en la conversaci&oacute;n cuando esta deriv&oacute; hacia el mundo de la poes&iacute;a. Sin embargo, borracho, aquel tipo ya no se mostraba tan civilizado y se encaprich&oacute; con la doncella. Ana aguant&oacute; algunos tocamientos, pero cuando el sujeto sac&oacute; el pene y empuj&oacute; su cabeza para que lo chupase, se revel&oacute; empuj&aacute;ndole. Sir Bart mont&oacute; en colera y exigi&oacute; que &quot;aquella furcia&quot; fuese desnudada y azotada. Ana, roja de indignaci&oacute;n, estaba asustada y mir&oacute; a su se&ntilde;or en busca de ayuda. Sir Fernand tambi&eacute;n estaba algo borracho, sin embargo simpatiz&oacute; con la situaci&oacute;n de la mujer y en un ataque m&aacute;s de celos que de caballerosidad, intervino.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Basta! Ana, id a mis aposentos y esperadme all&iacute;.<\/p>\n<p>Sir Bart protest&oacute; y exigi&oacute;, pero Fernand no era de los que cambian de opini&oacute;n.<\/p>\n<p>El tiempo parec&iacute;a pasar con inusitada lentitud mientras Ana esperaba la llegada de su se&ntilde;or. Aquel incidente era mucho m&aacute;s grave que otros y a buen seguro que la esperaba un castigo ejemplar. Estaba nerviosa, pero ten&iacute;a que preparar una estrategia. Si algo ten&iacute;a claro es que a su se&ntilde;or no le gustaban las medias tintas, las dudas. Dir&iacute;a la verdad y afrontar&iacute;a lo que viniese.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de lo que pareci&oacute; una eternidad, la imponente figura de Fernand apareci&oacute; en la estancia. Ana se levant&oacute; en se&ntilde;al de respeto.<\/p>\n<p>&mdash;Desn&uacute;date.<\/p>\n<p>La orden era clara y no dejaba lugar a la interpretaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Ana, d&oacute;cilmente, obedeci&oacute; y qued&oacute; en cueros ante su se&ntilde;or.<\/p>\n<p>Fernand observ&oacute; el cuerpo desnudo que ten&iacute;a ante &eacute;l y su miembro bajo las calzas gan&oacute; en tama&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; voy a hacer con vos? Tendr&iacute;a que azotaros por el bochorno. Decidme que se os pas&oacute; por la cabeza.<\/p>\n<p>Ana trag&oacute; saliva, pero aguant&oacute; la mirada de Fernand y respondi&oacute; sin dudar.<\/p>\n<p>&mdash;Vuestro amigo se propas&oacute; conmigo. Aguant&eacute; que me tocase el culo y las tetas, atribuyendo el comportamiento al alcohol, pero lo de chup&aacute;rsela fue demasiado.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Me la chupar&iacute;ais a m&iacute;? &mdash;respondi&oacute; Ferdinand pill&aacute;ndola por sorpresa.<\/p>\n<p>Ana observ&oacute; un prominente bulto en los calzones de su se&ntilde;or.<\/p>\n<p>&mdash;Ten&eacute;is una erecci&oacute;n. &mdash;dijo sin pensar.<\/p>\n<p>Ferdinand dibuj&oacute; una sonrisa dif&iacute;cil de interpretar y luego, rompiendo el encanto del momento dijo.<\/p>\n<p>&mdash;Inclinaos sobre la cama.<\/p>\n<p>Ana obedeci&oacute;. Aquel hombre la iba a pegar de nuevo. La joven apret&oacute; el culo.<\/p>\n<p>Su se&ntilde;or se acerc&oacute; y arrim&oacute; su cara al de ella. Cuando habl&oacute; el olor a vino lleg&oacute; a la nariz de la chica.<\/p>\n<p>&mdash;Relajaos. Necesito que est&eacute;is menos tensa para follaros. &mdash;susurr&oacute; en su o&iacute;do.<\/p>\n<p>El rubor ti&ntilde;&oacute; de rojo las mejillas de la doncella y una corriente se adue&ntilde;&oacute; de sus partes &iacute;ntimas.<\/p>\n<p>Aguard&oacute;.<\/p>\n<p>De repente not&oacute; como las manos de su se&ntilde;or separaban sus nalgas y la punta de un pene c&aacute;lido y palpitante se abr&iacute;a hueco en su interior.<\/p>\n<p>La envestida, aunque esperada, la pill&oacute; por sorpresa. Dol&iacute;a.<\/p>\n<p>Luego lleg&oacute; un segundo y un tercer empuj&oacute;n y el dolor se transform&oacute; en placer. Ana grit&oacute; y se sorprendi&oacute; a si misma pidiendo m&aacute;s en voz alta. Su se&ntilde;or le dio m&aacute;s. El sonido de los huevos chocando con el culo se uni&oacute; a una sucesi&oacute;n de jadeos, gemidos y palabras incomprensibles. En pleno proceso, Fernand acompa&ntilde;&oacute; los empujones con nalgadas a discreci&oacute;n. Hasta que tras una &uacute;ltima penetraci&oacute;n, sac&oacute; el pene del interior de la joven y dejando caer su cuerpo sobre el de ella, eyacul&oacute;.<\/p>\n<p>Luego puso a Ana boca arriba, se tumb&oacute; sobre ella y la beso en la boca. El sabor a alcohol no era agradable, sin embargo, cuando las lenguas se encontraron y el intercambio de saliva tuvo lugar, la combinaci&oacute;n se convirti&oacute; en algo adictivo y Ana tuvo el primer orgasmo de su vida. En aquel momento, nada pod&iacute;a detenerla.<\/p>\n<p>Cuando su se&ntilde;or se levant&oacute;, Ana observ&oacute; el miembro del que pend&iacute;a un hilo de semen. Luego mir&oacute; a Fernand.<\/p>\n<p>&mdash;Dese&aacute;is que me encargue de vuestro pene.<\/p>\n<p>&mdash;Pero no dec&iacute;ais&#8230;<\/p>\n<p>&mdash;Es vuestro miembro se&ntilde;or, yo solo tengo ojos para vos&#8230;<\/p>\n<p>El caballero asinti&oacute; y Ana, abriendo la boquita, introdujo el falo de aquel hombre en ella y comenz&oacute; a chuparlo con pasi&oacute;n.<\/p>\n<p>Fernand apret&oacute; el culo y gimi&oacute; notando las atenciones de su sirvienta.<\/p>\n<p>Los meses pasaron. Si bien, alguna vez Ana tuvo que enfrentarse a la vara, en la mayor&iacute;a de las ocasiones, incluso tras portarse mal, el resultado era una sesi&oacute;n de sexo sin tab&uacute;s. Fernand aprendi&oacute; a confiar en Ana que, d&iacute;a a d&iacute;a, aprend&iacute;a nuevas cosas. Pronto sus opiniones empezaron a contar.<\/p>\n<p>Un buen d&iacute;a, mientras ambos yac&iacute;an desnudos sobre la cama y Ferdinand jugaba con los pezones de las tetas de Ana, la mujer formul&oacute; una pregunta.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Me quer&eacute;is?<\/p>\n<p>Ferdinand se detuvo, la mir&oacute; durante un rato y luego dijo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Querr&iacute;ais casaros conmigo?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;. &mdash;respondi&oacute; la joven.<\/p>\n<p>La boda fue celebrada con alborozo por todo el mundo. Ana, que ten&iacute;a cabeza para los n&uacute;meros, se encarg&oacute; de administrar las aldeas desde ese momento en adelante. Al principio algunos trataron de aprovecharse de la situaci&oacute;n, pero pronto se dieron cuenta de que la nueva esposa de Fernand no se andaba con tonter&iacute;as. El principio de autoridad era innegociable y aquellos que osaron rebelarse probaron el l&aacute;tigo. Sin embargo, fruto de las reformas, las cosechas crecieron y los beneficios para nobles y campesinos aumentaron. Se instauraron fiestas para que los aldeanos disfrutasen, hubo avances en educaci&oacute;n para aquellos que val&iacute;an para ello, un matasanos controlaba la salud de los aldeanos con chequeos mensuales y se instauraron leyes contra el abuso.<\/p>\n<p>&mdash;Vos sois el padre de Elisa &iquest;verdad? &mdash;interrog&oacute; Ana a un aldeano.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; es. &mdash;respondi&oacute; este.<\/p>\n<p>&mdash;Se comenta que la castig&aacute;is con frecuencia. Azotes, bofetadas, incluso hab&eacute;is llegado a marcarla con hierro incandescente.<\/p>\n<p>&mdash;Es mi hija y si se porta mal mi deber es educarla.<\/p>\n<p>&mdash;Y est&aacute;is en lo cierto. Nadie os impide usar el castigo corporal para corregir, pero vuestra hija nos cuenta que lo vuestro raya la tortura. Elisa, &iquest;qu&eacute; ten&eacute;is que decir?<\/p>\n<p>La muchacha, muerta de miedo, sent&iacute;a la mirada amenazante de su progenitor. La se&ntilde;ora parec&iacute;a amable y justa, pero despu&eacute;s ella ten&iacute;a que volver a casa y all&iacute; estar&iacute;a bajo la autoridad de su progenitor.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No dec&iacute;s nada? Venid conmigo.<\/p>\n<p>Ambas mujeres entraron en una habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;No tem&aacute;is, estoy aqu&iacute; para protegeros. Pero necesito vuestro testimonio. Quitaros la topa.<\/p>\n<p>La joven se desnud&oacute;. Las nalgas ten&iacute;an un color viol&aacute;ceo a causa de los golpes, los muslos presentaban quemaduras y bajo una teta ten&iacute;a una marca hecha con hierro. Ana qued&oacute; impresionada.<\/p>\n<p>&mdash;Esto se tiene que saber. S&eacute; que la verg&uuml;enza es grande, pero, &iquest;podemos ense&ntilde;ar esto a la asamblea?<\/p>\n<p>La chica se ruboriz&oacute;, pero acept&oacute; finalmente. Su padre la iba a pegar de todos modos y no cre&iacute;a que la fuese a matar. Ana volvi&oacute; a la sala en compa&ntilde;&iacute;a de la joven, y all&iacute;, en frente de todos, mostr&oacute; las heridas infringidas.<\/p>\n<p>&mdash;Esto es inadmisible. Aqu&iacute; los &uacute;nicos que tenemos derecho sobre todos somos mi marido y yo. &iquest;Est&aacute; claro? Esta chica se viene conmigo, servir&aacute; en mi castillo.<\/p>\n<p>&mdash;Es mi hija, yo me encargo de&#8230; &mdash;intervino el padre.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo os atrev&eacute;is a hablarme de esa manera! &mdash;espet&oacute; furiosa Ana.<\/p>\n<p>&mdash;Soldados, prendedle y preparar el hierro candente.<\/p>\n<p>Los soldados sujetaron al desdichado aldeano.<\/p>\n<p>Su hija, fue a hablar, pero Ana la mand&oacute; callar.<\/p>\n<p>&mdash;Marcadle las nalgas.<\/p>\n<p>El hombre fue obligado a ponerse a cuatro patas. Un soldado se puso encima mientras otros dos sujetaban sus piernas. Un cuarto lleg&oacute;, le baj&oacute; los calzones descubriendo un culo peludo y mand&oacute; traer el hierro al rojo vivo. El hombre se me&oacute; encima antes de que marcasen su nalga derecha con el hierro haci&eacute;ndole aullar de dolor. Luego le marcaron la otra y le dejaron ah&iacute;. Al dolor se un&iacute;a la humillaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Desapareced de mi vista antes de que me arrepienta y ordene que os azoten.<\/p>\n<p>Elisa pas&oacute; a vivir en palacio y se hizo amiga de Ana. Un a&ntilde;o despu&eacute;s conoci&oacute; a Fred, uno de los chicos que cuidaba los caballos y se enamor&oacute;. Hicieron el amor en el pajar. Una vez les pillaron, pero Fred, valientemente carg&oacute; con las culpas. Ana deseaba perdonar al chico, pero eso no hubiera sido justo, as&iacute; que orden&oacute; que le azotaran, eso s&iacute;, diez latigazos ser&iacute;an suficientes. Despu&eacute;s del castigo permitieron a Elisa que pasara las noches con Fred con el pretexto de cuidar de las heridas. Huelga decir que entre los cuidados se incluyeron besos, caricias y mucho sexo.<\/p>\n<p>Pasados los a&ntilde;os, la fama y nombre de Ana, lleg&oacute; lejos y aunque la historia haya convertido en leyenda su vida y algunos duden de la veracidad de lo aqu&iacute; contado. Yo, que recog&iacute; el testimonio de los protagonistas, dejo este relato para que futuras generaciones sepan lo que ocurri&oacute;.<\/p>\n<p>Anno Domini 1456<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>3 El sol ca&iacute;a con fuerza sobre el campo de cultivo. 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