{"id":40045,"date":"2022-11-27T23:00:00","date_gmt":"2022-11-27T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-11-27T23:00:00","modified_gmt":"2022-11-27T23:00:00","slug":"marta-la-sirvienta-relatos-de-fetichismo-y-sexo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/marta-la-sirvienta-relatos-de-fetichismo-y-sexo\/","title":{"rendered":"Marta la sirvienta: relatos de fetichismo y sexo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"40045\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 11<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Marta sac&oacute; las llaves del bolso y abri&oacute; la puerta de su peque&ntilde;o piso. Eran las 12 de la ma&ntilde;ana y acababan de despedirla.<\/p>\n<p>&quot;Al menos no tendr&eacute; que usar estos zapatos de tac&oacute;n que me muelen los pies&quot;<\/p>\n<p>Marta, 19 a&ntilde;os, era una chica que med&iacute;a metro cincuenta y seis, pelo liso y largo de color negro, delgada, buena figura en la que destacaba un culito redondo y resping&oacute;n y unos ojos expresivos de color oscuro.<\/p>\n<p>Entr&oacute; en el cuarto de ba&ntilde;o, se quit&oacute; la camisa y comenz&oacute; a echarse agua en los sobacos mientras contemplaba sus peque&ntilde;as tetas enfundadas en un sujetador de color rojo bermell&oacute;n.<\/p>\n<p>Ten&iacute;a dinero para un par de semanas.<\/p>\n<p>Pens&oacute; en pedirle pasta a su madre, pero desech&oacute; la idea de inmediato, hab&iacute;a tomado una decisi&oacute;n tan solo hace unos meses y no quer&iacute;a volver a casa bajo la f&eacute;rrea disciplina de su padrastro. Aquel hombre quer&iacute;a a su madre y su madre disfrutaba con su compa&ntilde;&iacute;a, pero con ella no se llevaba bien. La consideraba una caprichosa y una vaga.<\/p>\n<p>Poco despu&eacute;s de cumplir los 18, y habiendo aprobado sin demasiadas florituras, decidi&oacute; comenzar enfermer&iacute;a en la universidad. Siempre le hab&iacute;a llamado la atenci&oacute;n ese mundo especial d&oacute;nde el m&eacute;dico ten&iacute;a el poder de curar. Se acordaba de su t&iacute;o, que llevaba un peque&ntilde;o consultorio en un peque&ntilde;o pueblo. All&iacute; acud&iacute;an todo tipo de personas y &eacute;l las auscultaba. Naturalmente, lo que m&aacute;s la llamaba la atenci&oacute;n eran las inyecciones, daban miedo. Pero ese miedo se hab&iacute;a convertido en morbo cuando un hombre de mediana edad hab&iacute;a ido a que le pincharan en la nalga. Ella hab&iacute;a estado all&iacute;, acompa&ntilde;ando a su t&iacute;o, pas&aacute;ndole el algod&oacute;n empapado en alcohol, observando los nervios del paciente, la bajada de pantalones, su sumisi&oacute;n.<\/p>\n<p>Sin embargo toda esa pasi&oacute;n no se hab&iacute;a convertido en capacidad para el estudio. Era vaga, en eso ten&iacute;a que dar la raz&oacute;n a la pareja de su madre.<\/p>\n<p>Aquella tarde, cuando recibi&oacute; las notas y los suspensos, su padrastro le grit&oacute; dici&eacute;ndola que le estaba robando el dinero, que era incapaz de estudiar, la llam&oacute; de todo y le dio un guantazo. Pero la cosa no quedo ah&iacute;, por primera vez, se quit&oacute; el cintur&oacute;n. Marta sali&oacute; corriendo y se refugi&oacute; en su habitaci&oacute;n, desoyendo las ordenes de la pareja de su madre que le ped&iacute;a salir. Sentada en la cama, oy&oacute; como su madre trataba de hacerle entrar en raz&oacute;n, pero esta vez no funcion&oacute; e incluso lleg&oacute; a amenazarla con una paliza si continuaba meti&eacute;ndose en medio.<\/p>\n<p>Finalmente, temiendo por la integridad de su madre que no ten&iacute;a culpa alguna y arm&aacute;ndose de valor, quit&oacute; el cerrojo del cuarto. El hombre, enfurecido, entr&oacute; en la habitaci&oacute;n. Marta recordaba sus brazos, la camisa de cuadros arremangada y el bulto en su pantal&oacute;n. El muy cabr&oacute;n se excitaba con todo aquello. Orden&oacute; a Marta arrodillarse en la cama e inclinarse hacia delante y le peg&oacute; reiteradamente con el cintur&oacute;n en el trasero y en los muslos. Su madre se interpuso, le dijo que ya era suficiente y &eacute;l dej&oacute; el cintur&oacute;n y sali&oacute; con ella. Desde la cama, con sus nalgas al rojo vivo, Marta pudo o&iacute;r como sus padres hac&iacute;an el amor. Seguramente no hab&iacute;an sido necesarios muchos preliminares para que el pene de aquel tipo alcanzase su m&aacute;ximo tama&ntilde;o.<\/p>\n<p>Dos d&iacute;as despu&eacute;s, harta de tener que rendir cuentas, y con la confirmaci&oacute;n de un empleo en una perfumer&iacute;a, se march&oacute; de casa dejando una escueta nota de despedida.<\/p>\n<p>****<\/p>\n<p>Una semana despu&eacute;s del despido en la perfumer&iacute;a con el que iniciamos esta historia, Marta encontr&oacute; trabajo fregando ba&ntilde;os p&uacute;blicos. A pesar de la mascarilla que llevaba como protecci&oacute;n, el olor a or&iacute;n y restos de caca pegados en la taza se le met&iacute;a por la nariz.<\/p>\n<p>El olor de los productos para desinfectar tampoco era mucho mejor.<\/p>\n<p>Un d&iacute;a, al volver a casa, not&oacute; que se mareaba, tambi&eacute;n ten&iacute;a la tripa revuelta. La diarrea le hizo visitar el aseo de su apartamento varias veces seguidas.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de aquel episodio decidi&oacute; renunciar a limpiar retretes que ol&iacute;an a pedo.<\/p>\n<p>Durante una semana estuvo buscando. Lleg&oacute; a plantearse volver a casa, incluso estuvo tentada con ejercer la prostituci&oacute;n. Era joven y la paga era muy buena, pero ten&iacute;a que vender su cuerpo. No era especialmente vergonzosa, podr&iacute;a llevar bien eso de desnudarse delante de algui&eacute;n pero, eso de que la follasen era otra cosa. Pensar que un t&iacute;o cualquiera metiese el pene en su cuerpo, por mucho cond&oacute;n que usase, la horrorizaba.<\/p>\n<p>Sin mucha convicci&oacute;n volvi&oacute; a conectarse con una web de empleo y para su sorpresa apareci&oacute; una entrada nueva. Era una posici&oacute;n a tiempo completo como sirvienta, tendr&iacute;a que hacer las camas, planchar y ayudar a preparar la comida entre otras cosas. El sueldo era bueno y las horas extra se pagaban muy bien. Llam&oacute; y la citaron para una entrevista.<\/p>\n<p>La casa estaba a cuatro paradas en tren de cercan&iacute;as. Era un chalet de dos plantas para ricos, con piscina, jard&iacute;n y campo de p&aacute;del. El servicio dom&eacute;stico se compon&iacute;a de un jardinero que ven&iacute;a dos veces por semana, un chofer y una cocinera de unos 50 a&ntilde;os. En la casa viv&iacute;a Laura de 45, su marido Richard diez a&ntilde;os mayor que ella, y su hijo Juan que acababa de estrenar la mayor&iacute;a de edad. La entrevista tuvo lugar en el sal&oacute;n. Laura interrog&oacute; a la candidata y Richard se uni&oacute; a la conversaci&oacute;n casi al final.<\/p>\n<p>Luego ambos abandonaron la estancia dej&aacute;ndola sola. Marta mir&oacute; a su alrededor, la decoraci&oacute;n era moderna y minimalista, de la pared colgaban cuadros abstractos y la luz se colaba por el ventanal creando sensaci&oacute;n de amplitud.<\/p>\n<p>Quince minutos m&aacute;s tarde oy&oacute; el ruido de un motor y vio como sal&iacute;a un Mercedes. Poco despu&eacute;s su anfitriona regres&oacute; al sal&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Marta, nos ha gustado tu perfil. &iquest;Podr&iacute;as empezar ma&ntilde;ana?<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, claro que s&iacute;, muchas gracias se&ntilde;ora. &#8211; respondi&oacute; la nueva sirvienta con genuino agradecimiento.<\/p>\n<p>**************<\/p>\n<p>Las dos primeras semanas transcurrieron sin novedad. Marta trabajaba de lunes a viernes. Se le asign&oacute; una habitaci&oacute;n con cuarto de ba&ntilde;o privado por si ten&iacute;a que hacer noche alg&uacute;n d&iacute;a. Por las ma&ntilde;anas hac&iacute;a las camas y limpiaba. Luego ayudaba en la cocina. Por la tarde, una vez servida la cena, regresaba a casa a eso de las siete.<\/p>\n<p>Durante la tercera semana, la se&ntilde;ora contrat&oacute; a una profesora de ingl&eacute;s para dar clases particulares a su hijo Juan. Ven&iacute;a por la tarde y estaba encerrada con &eacute;l en su habitaci&oacute;n durante una hora. Samantha, que as&iacute; se llamaba la &quot;teacher&quot;, rondaba los treinta, pechos generosos y ropa bastante cl&aacute;sica. Las gafas que llevaba puestas y el peinado parec&iacute;an hechos con el &uacute;nico prop&oacute;sito de quitarle atractivo.<\/p>\n<p>El jueves de esa semana, Laura encarg&oacute; una tarea a Marta. Acabada la tarea, la sirvienta reanud&oacute; su rutina sin caer en la cuenta de que era m&aacute;s tarde de lo habitual. Entr&oacute; sin llamar en la habitaci&oacute;n de Juan crey&eacute;ndole ausente.<\/p>\n<p>&#8211; Perd&oacute;n yo, cre&iacute; que no estabas. &#8211; se disculp&oacute; inmediatamente.<\/p>\n<p>Luego, antes de salir, se percat&oacute; de lo que pasaba, observ&oacute; y ofreci&oacute; nuevas disculpas, esta vez con el rostro colorado.<\/p>\n<p>El caso era que al entrar, Juan se encontraba sentado en el escritorio frente a su port&aacute;til, un libro de ingl&eacute;s abierto a un lado, los auriculares puestos, los pantalones a la altura de los tobillos y el pene fuera de los calzoncillos. El volumen del video porno no estaba alto y el muchacho oy&oacute; el ruido de la puerta al cerrarse. Se subi&oacute; los pantalones y sali&oacute; a ver que pasaba pillando a la criada camino de la otra habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Marta! Puedes venir un momento &#8211; la llam&oacute;.<\/p>\n<p>La chica obedeci&oacute; y juntos entraron en la habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Oye, yo no quise. &#8211; se disculp&oacute; la sirvienta.<\/p>\n<p>&#8211; Est&aacute; mal eso de entrar en la habitaci&oacute;n sin llamar. &#8211; espet&oacute; el chico.<\/p>\n<p>&#8211; Ya.<\/p>\n<p>&#8211; No dir&aacute;s nada a mis padres, &iquest;verdad?<\/p>\n<p>&#8211; Vale.<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, puedes hacerme un favor&#8230; si lo haces yo tampoco les dir&eacute; nada.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qu&eacute; quieres? &#8211; dijo Marta ignorando la amenaza.<\/p>\n<p>&#8211; Quiero que me mires mientras me masturbo&#8230; venga, seguro que ya me viste el pene&#8230; adem&aacute;s, quiero que me ense&ntilde;es una teta.<\/p>\n<p>La petici&oacute;n era de lo m&aacute;s pueril y Marta consider&oacute; opciones.<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, si no quieres tu ver&aacute;s&#8230; ya me pensar&eacute; si cuento&#8230; &#8211; dijo el cabrito.<\/p>\n<p>&#8211; No es que me importe mucho, pero preferir&iacute;a que estes callado, yo tambi&eacute;n tengo cosas que contar. Pero bueno, la idea es que todos trabajemos a gusto. Si me prometes que esto no saldr&aacute; de aqu&iacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Lo prometo.<\/p>\n<p>&#8211; Est&aacute; bien.<\/p>\n<p>Marta ech&oacute; el pestillo a la puerta de la habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Luego se desabroch&oacute; la camisa y bajando parte del sujetador sac&oacute; una teta. Juan contempl&oacute; el seno coronado por un pez&oacute;n oscuro y se excit&oacute;. Se baj&oacute; los pantalones y los calzoncillos, se sent&oacute; en la silla con las piernas separadas y cogiendo el pene con su mano, comenz&oacute; a masturbarse mientras era observado por la sirvienta. El orgasmo no tard&oacute; ni un minuto en llegar. El miembro hinchado, palpitante, lleno de venas j&oacute;venes, escupi&oacute; semen.<\/p>\n<p>Marta ofreci&oacute; una servilleta de papel a Juan. Cuando este termin&oacute; de limpiarse, cubri&oacute; su pecho, se abroch&oacute; la camisa y tras quitar el cerrojo sali&oacute; de la habitaci&oacute;n sali&oacute; en silencio.<\/p>\n<p>Los d&iacute;as siguientes trascurrieron sin novedad. El martes, al recoger la ropa para lavar en la habitaci&oacute;n de Juan, se fij&oacute; en los calzoncillos. Estaban h&uacute;medos, probablemente fruto de una paja. &quot;&iquest;Pensar&iacute;a en ella mientras se la meneaba?&quot; La posibilidad, lejos de disgustarla, la halagaba y excitaba a un tiempo. Sin embargo estaba tambi&eacute;n esa profesora de ingl&eacute;s, con sus gafitas y su cara de mojigata s&iacute;, pero con esa delantera que no se pod&iacute;a disimular. No era dif&iacute;cil de imaginar, conociendo al hijo de la familia, que profesora y alumno hubieran tenido alg&uacute;n tipo de encuentro de car&aacute;cter sexual. La idea, extra&ntilde;amente, la molestaba. &iquest;De d&oacute;nde sal&iacute;a ese af&aacute;n de protagonismo? Era solo un cr&iacute;o imberbe que todav&iacute;a parec&iacute;a vivir en la adolescencia.<\/p>\n<p>Un mes despu&eacute;s, Laura le comunic&oacute; que la hija de su marido, Susana, vendr&iacute;a a pasar una semana y que la cocinera ten&iacute;a que ausentarse.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Puedes quedarte esos d&iacute;as a vivir aqu&iacute;? Por supuesto se te pagar&aacute; todo como horas extra.<\/p>\n<p>&#8211; Sin problema. &#8211; respondi&oacute; Marta pensando que el dinero la vendr&iacute;a muy bien.<\/p>\n<p>La primera noche pas&oacute; sin problemas. La hija de la familia era una chica regordeta y bastante abierta de car&aacute;cter. Dirig&iacute;a un hotel y estaba acostumbrada a mandar. Marta not&oacute; que hab&iacute;a cierta qu&iacute;mica entre hija y madrastra, se llevaban bien.<\/p>\n<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, apareci&oacute; por la cocina Richard.<\/p>\n<p>&#8211; La se&ntilde;ora est&aacute; mala, tiene fiebre. He mandado llamar al m&eacute;dico, pero me gustar&iacute;a que t&uacute;, Marta, te hicieses cargo. &#8211; dijo mirando a la empleada.<\/p>\n<p>&#8211; Vale, sin problema. &iquest;Qu&eacute; tengo que hacer?<\/p>\n<p>&#8211; Tienes conocimientos de enfermer&iacute;a y me siento m&aacute;s seguro si est&aacute;s con ella y la atiendes. Yo tengo un viaje y no estar&eacute; de vuelta hasta dentro de tres d&iacute;as.<\/p>\n<p>Marta asegur&oacute; que no habr&iacute;a problema.<\/p>\n<p>Esa tarde, despu&eacute;s de que Richard se fuese, lleg&oacute; el m&eacute;dico.<\/p>\n<p>Auscult&oacute; a la se&ntilde;ora con las gomas para o&iacute;r su respiraci&oacute;n y le tom&oacute; la tensi&oacute;n. Luego le mir&oacute; la garganta.<\/p>\n<p>&#8211; Bien, parece un resfriado fuerte con infecci&oacute;n algo severa. Te recetar&eacute; unos antibi&oacute;ticos.<\/p>\n<p>&#8211; Pastillas, &iquest;no afectar&aacute;n al est&oacute;mago?<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, hagamos lo siguiente, prueba con ellas y si no las aguantas, siempre puedes ponerte unos supositorios.<\/p>\n<p>Cuando el m&eacute;dico sali&oacute; de casa, Susana entr&oacute; en la habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qu&eacute; ha dicho? &#8211;<\/p>\n<p>&#8211; Nada, todo bien. Adem&aacute;s Marta es casi enfermera y se ocupar&aacute; de m&iacute;.<\/p>\n<p>Susana mir&oacute; a la criada con algo parecido a los celos y dej&oacute; la habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>-Es un secreto. Luego si eres buena te lo cuento. &#8211; dijo la se&ntilde;ora al notar la reacci&oacute;n de Marta.<\/p>\n<p>&#8211; Dormir&aacute;s en esta cama gemela hoy. &#8211; a&ntilde;adi&oacute;.<\/p>\n<p>Al llegar la noche Marta, vestida con un pijama de cuadros, se acost&oacute; en la cama, no muy lejos de d&oacute;nde estaba Laura.<\/p>\n<p>&#8211; A la una le toca la pastilla otra vez. Pondr&eacute; el despertador. &#8211; dijo.<\/p>\n<p>El zumbido del aparato la devolvi&oacute; a la realidad. Fue a la cocina a por un vaso de agua y aprovech&oacute; para echarse agua en la cara y despejarse. De vuelta en la habitaci&oacute;n le llev&oacute; la medicina a la enferma. La mujer ten&iacute;a la frente ardiendo y el pijama mojado.<\/p>\n<p>&#8211; Tienes que cambiarte. Voy a por una toalla. &#8211; dijo Marta.<\/p>\n<p>Laura se quit&oacute; la camiseta del pijama. No llevaba sujetador y las tetas, anchas y temblonas, le colgaban vencidas por la fuerza de la gravedad.<\/p>\n<p>&#8211; Mi hijastra me chupa las tetas. &#8211; dijo la se&ntilde;ora.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;C&oacute;mo dice?<\/p>\n<p>&#8211; Susana, sabes, es lesbiana y de vez en cuando nos tocamos. &iquest;Has echo el amor con alguna mujer? &#8211; continu&oacute; la mujer como si estuviese borracha.<\/p>\n<p>&#8211; No se&ntilde;ora. La fiebre la est&aacute; subiendo. &#8211; respondi&oacute; Marta mientras secaba la espalda de su jefa.<\/p>\n<p>&#8211; Ya veo.<\/p>\n<p>Laura se puso la nueva camiseta de pijama y se llev&oacute; la mano a la barriga.<\/p>\n<p>&#8211; Malditas pastillas. &#8211; musit&oacute;.<\/p>\n<p>Marta, viendo que se quer&iacute;a levantar la ayud&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Ya me arreglo yo, gracias. &#8211; dijo la paciente poni&eacute;ndose de pie y tiritando. No llevaba pantalones de pijama y la tela de las bragas se colaba por la generosa raja de su trasero. Camino al ba&ntilde;o se le escaparon dos pedetes. Luego la puerta se cerr&oacute; y el ruido de la cadena ahog&oacute; el ruido del resto de ventosidades.<\/p>\n<p>Seis horas despu&eacute;s Marta aguardaba con la pastilla y el vaso de agua.<\/p>\n<p>La mujer la mir&oacute; hastiada y neg&oacute; con la cabeza.<\/p>\n<p>&#8211; Las malditas pastillas me llenan de aire y no hago m&aacute;s que tirarme pedos.<\/p>\n<p>&#8211; Pero aun ten&eacute;is fiebre. &#8211; argument&oacute; Marta toc&aacute;ndole la frente.<\/p>\n<p>&#8211; Ya&#8230; usaremos los supositorios. S&eacute; una buena chica y ponme uno. Yo no tengo fuerzas.<\/p>\n<p>Marta sac&oacute; la cajita del caj&oacute;n y se qued&oacute; con un supositorio en forma de cohete.<\/p>\n<p>&#8211; Puedes hacerlo verdad&#8230; esto es un poco humillante, lo de ense&ntilde;ar el culo y eso. Bueno, t&uacute; eres enfermera o casi, as&iacute; que supongo.<\/p>\n<p>&#8211; No te preocupes, date la vuelta y yo me encargo de todo.<\/p>\n<p>Laura obedeci&oacute; y se acost&oacute; sobre el est&oacute;mago.<\/p>\n<p>Marta dej&oacute; el supositorio en la mesita, apart&oacute; las s&aacute;banas a un lado y baj&oacute; las braguitas de la paciente descubriendo el culete.<\/p>\n<p>&#8211; Podr&iacute;as separar las nalgas. &#8211; pidi&oacute;.<\/p>\n<p>Laura obedeci&oacute; dejando su ano a la vista. Marta, con habilidad, introdujo el supositorio en el agujero del culo y meti&oacute; el dedo para asegurar su retenci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Ahora aprieta el trasero para que no se escape. &#8211; a&ntilde;adi&oacute; mientras le sub&iacute;a las bragas y la tapaba con la s&aacute;bana.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Me das un besito? &#8211; dijo Laura.<\/p>\n<p>Marta dud&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Venga, esto quedar&aacute; entre nosotras.<\/p>\n<p>&#8211; Cuando estes buena. &#8211; dijo finalmente la enfermera.<\/p>\n<p>Laura pens&oacute; un rato y luego sonriendo respondi&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Esta bien, cuando me recupere haremos un tr&iacute;o, mi hija, t&uacute; y yo.<\/p>\n<p>Marta no respondi&oacute; a los delirios de la enferma.<\/p>\n<p>Dos d&iacute;as despu&eacute;s la fiebre era solo un recuerdo y la due&ntilde;a de la casa retom&oacute; el control. Su marido regres&oacute; por la tarde y llam&oacute; a su hijo al despacho.<\/p>\n<p>La hija de la se&ntilde;ora movi&oacute; la cabeza con desaprobaci&oacute;n cuando entr&oacute; en la habitaci&oacute;n para cenar.<\/p>\n<p>&#8211; Parece que la profesora de ingl&eacute;s se ha quejado. &#8211; dijo.<\/p>\n<p>&#8211; Se ha quejado&#8230; &iquest;de qu&eacute;? &#8211; pregunt&oacute; con curiosidad Marta.<\/p>\n<p>&#8211; Dice el chofer que mi hermano le ha pellizcado en el culo varias veces.<\/p>\n<p>Y eso fue lo &uacute;nico que dijo.<\/p>\n<p>Una hora m&aacute;s tarde, fue el hijo el que se acerc&oacute; a ella.<\/p>\n<p>&#8211; Mi padre te llama. &#8211; le dijo a Marta.<\/p>\n<p>&#8211; A m&iacute;&#8230; &iquest;por qu&eacute;?<\/p>\n<p>&#8211; Ya lo ver&aacute;s.<\/p>\n<p>El tono empleado por el joven no ayud&oacute; a tranquilizarla.<\/p>\n<p>Marta fue al servici&oacute;, orin&oacute;, se lav&oacute; las manos, se mir&oacute; en el espejo y satisfecha con su imagen fue a ver que quer&iacute;a Richard.<\/p>\n<p>&#8211; Pasa y toma asiento. &#8211;<\/p>\n<p>Marta entr&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; La puerta, ci&eacute;rrala por favor.<\/p>\n<p>La sirvienta volvi&oacute; sobre sus pasos cerr&oacute; la puerta y nerviosa, se sent&oacute;.<\/p>\n<p>El caballero la observ&oacute; durante unos segundos sin decir nada. Luego habl&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Mi hijo me lo ha contado todo.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;El qu&eacute;?<\/p>\n<p>&#8211; Vamos, no hagas como que no lo sabes. El chaval miente alguna vez, pero esto no creo que se lo haya inventado.<\/p>\n<p>Marta enrojeci&oacute; delat&aacute;ndose a si misma instant&aacute;neamente.<\/p>\n<p>&#8211; Yo, bueno, no era nada.<\/p>\n<p>&#8211; Ya veo&#8230; consideras que no es nada ense&ntilde;ar las tetas y mirar como un joven se masturba.<\/p>\n<p>La chica no sab&iacute;a d&oacute;nde meterse ni que decir.<\/p>\n<p>&#8211; Sabes lo que me dijo mi hijo&#8230; me dijo que hacerse la paja delante de ti le relajaba. Que transmites calma y confianza. Te voy a ser muy sincero, en mi trabajo se sufre estr&eacute;s y muchas veces es dif&iacute;cil desconectar.<\/p>\n<p>Marta, que escuchaba en silencio con la cabeza baja, levant&oacute; la mirada cuando Richard dej&oacute; de hablar.<\/p>\n<p>Aquel hombre la estaba estudiando, quiz&aacute;s evaluando si lo que iba a decir a continuaci&oacute;n ser&iacute;a apropiado.<\/p>\n<p>&#8211; Gracias por cuidar de mi esposa. He o&iacute;do que has hecho un trabajo genial. Se que a Laura le gustan las chicas, que le gusta tener sexo con ellas y todo eso. Pero no siente admiraci&oacute;n por cualquiera, suele juzgar bien a la gente y le has ca&iacute;do muy bien.<\/p>\n<p>&#8211; Gracias. &#8211; musit&oacute; Marta.<\/p>\n<p>&#8211; Esta es mi oferta. Me gustar&iacute;a que trabajases para m&iacute;. Hab&iacute;a pensado en contratar a una masajista y una secretaria y&#8230; bueno, el caso es que necesito algo m&aacute;s, necesito alguien de confianza que me relaje.<\/p>\n<p>Marta abri&oacute; los ojos y puso cara de susto.<\/p>\n<p>&#8211; No, no quiero una puta. Ese mundo es muy fr&iacute;o. Simplemente quiero a alguien que vaya m&aacute;s all&aacute; con el &aacute;nimo de curar cuerpo y alma.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Y t&uacute; mujer? &#8211; pregunt&oacute; la aludida.<\/p>\n<p>Richard sonri&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Me gusta tu estilo y tu sinceridad, mi mujer conoce esto, puedes cont&aacute;rselo o comentarlo con ella cuando quieras si te sientes mejor. Ella tiene sus cosas, se enrolla con mi hija y bueno, si eso la hace feliz, para m&iacute; est&aacute; bien.<\/p>\n<p>Marta dudaba, no ten&iacute;a claro hasta d&oacute;nde ten&iacute;a que llegar, ni estaba convencida de que Laura no se pudiese mosquear con este asunto. Richard pareci&oacute; leerle el pensamiento y dijo.<\/p>\n<p>&#8211; Lo mejor es probar, si esto no va contigo o no te sientes c&oacute;moda, pues siempre puedes dejarlo y seguir como hasta ahora. La paga, eso s&iacute;, es un poco mejor.<\/p>\n<p>**************<\/p>\n<p>Durante las siguientes semanas Marta se centr&oacute; en sus nuevas tareas. La labor de secretaria consist&iacute;a en mantener la agenda de Richard y hacer resumen de sus actividades. Tambi&eacute;n, con frecuencia, hac&iacute;a de psic&oacute;loga, escuchando los problemas y dando su opini&oacute;n sobre los m&aacute;s variopintos temas.<\/p>\n<p>Un d&iacute;a, su jefe le pidi&oacute; un masaje especial. Ante su sorpresa y sin el menor rubor, Richard se quit&oacute; los pantalones y los calzoncillos y se arrodill&oacute; sobre la silla.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Podr&iacute;as masajear mis nalgas?<\/p>\n<p>Marta se acerc&oacute;. No sab&iacute;a muy bien que hacer, as&iacute; que improvis&oacute; sobando el culo con cierta intensidad. &quot;Es un m&uacute;sculo m&aacute;s&quot; se dijo mientras aplicaba presi&oacute;n sobre los gl&uacute;teos desnudos.<\/p>\n<p>Richard, con los ojos semicerrados se concentr&oacute; en disfrutar la experiencia.<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente, Laura llam&oacute; a la sirvienta ascendida a secretaria.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qu&eacute; est&aacute;s haciendo? &#8211; pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; No s&eacute; a qu&eacute; te refieres.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute; que lo sabes. Ven conmigo.<\/p>\n<p>Marta fue llevada al dormitorio de su se&ntilde;ora, all&iacute;, vestida con una falda, se encontraba la hijastra.<\/p>\n<p>La chica mir&oacute; a la reci&eacute;n llegada con deseo.<\/p>\n<p>&#8211; Desn&uacute;date<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;C&oacute;mo? &#8211; dijo la aludida.<\/p>\n<p>&#8211; Sabemos que te dedicabas a mirar hombres desnudos, pero ahora has ido m&aacute;s lejos. &#8211; respondi&oacute; la hija.<\/p>\n<p>&#8211; Nosotras tambi&eacute;n queremos pas&aacute;rnoslo bien. &#8211; a&ntilde;adi&oacute; la madre.<\/p>\n<p>La conversaci&oacute;n se prolong&oacute; durante un tiempo y al final Marta, sin saber muy bien c&oacute;mo ni por qu&eacute;, se encontr&oacute; en pelotas.<\/p>\n<p>La puerta de la habitaci&oacute;n no estaba cerrada del todo y el hijo de la familia miraba mientras se rascaba el paquete.<\/p>\n<p>Madrastra e hija comenzaron a besar a la secretaria, una se ocupaba de la boca mientras que la otra dirig&iacute;a su atenci&oacute;n sobre los pezones.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qu&eacute; haces? &#8211; dijo Richard dirigi&eacute;ndote a su hijo.<\/p>\n<p>&#8211; Hay alguien fuera. &#8211; intervino Marta alarmada mientras se cubr&iacute;a con las manos pechos y chocho.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Entrad y quitaos la ropa! Todo el mundo desnudo. &#8211; orden&oacute; Laura.<\/p>\n<p>Los varones entraron y se desnudaron. Lo mismo hicieron hija y madre.<\/p>\n<p>&#8211; Es complicado, dijo Richard. Veamos. T&uacute; sobre la cama boca arriba, t&uacute; boca abajo, t&uacute; de rodillas se la chupas y t&uacute; pasas la lengua por el ano y yo me encargo de meterle el dedo por el culo. Empecemos as&iacute; y luego vamos cambiando.<\/p>\n<p>Pronto, la habitaci&oacute;n se llen&oacute; de jadeos y gemidos. Las reticencias iniciales, la verg&uuml;enza, desapareci&oacute; y siempre con respeto, el sexo oral gan&oacute; en originalidad.<\/p>\n<p>Minutos despu&eacute;s alguien trajo condones.<\/p>\n<p>Luego una regla de madera.<\/p>\n<p>Luego&#8230; despu&eacute;s eyacularon los hombres al tiempo que las mujeres, por turnos, llegaban al orgasmo varias veces.<\/p>\n<p>Tiempo despu&eacute;s, exhaustos, repartidos en dos camas, los cuerpos desnudos, sudorosos, primitivos, entrelazados recib&iacute;an las caricias de baja intensidad y alg&uacute;n que otro beso furtivo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 11<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Marta sac&oacute; las llaves del bolso y abri&oacute; la puerta de su peque&ntilde;o piso. Eran las 12 de la ma&ntilde;ana y acababan de despedirla. &quot;Al menos no tendr&eacute; que usar estos zapatos de tac&oacute;n que me muelen los pies&quot; Marta, 19 a&ntilde;os, era una chica que med&iacute;a metro cincuenta y seis, pelo liso y largo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":19928,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[9],"tags":[],"class_list":{"0":"post-40045","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-fetichismo"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40045","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/19928"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40045"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40045\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40045"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40045"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40045"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}