{"id":40068,"date":"2022-11-30T08:48:38","date_gmt":"2022-11-30T08:48:38","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-11-30T08:48:38","modified_gmt":"2022-11-30T08:48:38","slug":"la-moto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-moto\/","title":{"rendered":"La moto"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"40068\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 18<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Al principio pens&eacute; que era solo un aumento de hormonas. Me dije a m&iacute; misma que deb&iacute;a ignorar los impulsos; que se ir&iacute;an. Pero no lo hicieron.<\/p>\n<p>Luego razon&eacute; que estaba en una moto, toda esa vibraci&oacute;n entre las piernas, y habr&iacute;a sido una buena explicaci&oacute;n racional si me hubiera sucedido cada vez que se sub&iacute;a a una mototaxi, pero no fue as&iacute;.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de algunos meses de choque cultural serio y sist&eacute;mico, tanto f&iacute;sico como mental, comenc&eacute; a adaptarme al mundo extra&ntilde;o del siglo XXI de Vietnam. Era mi primera vez en Asia, de hecho, me sorprendi&oacute; lo r&aacute;pido que me acostumbr&eacute; al calor sofocante, los apagones diarios, los extra&ntilde;os en la calle que se deten&iacute;an para practicar su ingl&eacute;s con cualquier rostro blanco que ve&iacute;an.<\/p>\n<p>Un a&ntilde;o despu&eacute;s, cerr&eacute; el port&oacute;n de mi casita, sal&iacute; al callej&oacute;n y me sent&eacute; a tomar un caf&eacute; en un puesto callejero del barrio. Ahora se hab&iacute;a convertido en una rutina reconfortante. Yo beb&iacute;a a sorbos el dulce brebaje de caf&eacute; negro almibarado y leche condensada espesa, fumaba mi &uacute;nico cigarrillo diario y, le&iacute;a, si hab&iacute;a se&ntilde;al de internet, alg&uacute;n diario europeo y\/o uruguayo, trataba de estar al d&iacute;a de lo que pasaba en el mundo y especialmente en Uruguay. Mientras estaba sentada en uno de los taburetes bajos de pl&aacute;stico a la sombra fresca de una pared con marcas de antig&uuml;edad, mis vecinos pasaban por el estrecho callej&oacute;n, trat&aacute;ndome ahora como si hubiera estado all&iacute; siempre.<\/p>\n<p>&ldquo;&iexcl;Buenos d&iacute;as, co giao!&rdquo; La mujer de la casa de enfrente me salud&oacute;, arrastrando detr&aacute;s de ella a su hijo de seis a&ntilde;os vestido de rosa.<\/p>\n<p>&ldquo;Teacher, hola&rdquo;, dijo el ni&ntilde;o, corrigiendo a su madre y sonri&eacute;ndome.<\/p>\n<p>&ldquo;Buenos d&iacute;as, hermana mayor&rdquo;, respond&iacute; en vietnamita con mal acento. Le gui&ntilde;&eacute; un ojo al ni&ntilde;o. &ldquo;&iexcl;Hola Thanh! &iquest;A la escuela?&quot;<\/p>\n<p>Era lo mismo todas las ma&ntilde;anas. Y a las ocho en punto, el sol asomar&iacute;a entre los techos y mordisquear&iacute;a mis pies calzados con sandalias, record&aacute;ndome la hora. Me levant&eacute;, pagu&eacute; el equivalente a quince centavos de d&oacute;lar por mi caf&eacute; y camin&eacute; hasta la boca del callej&oacute;n para tomar una mototaxi hasta el Vi\u1ec7n Ng&ocirc;n ng\u1eef (Instituto de Idiomas).<\/p>\n<p>Durante meses fue el mismo conductor, Binh. Al verme acercar, cambiaba de su posici&oacute;n l&aacute;nguida, se colocaba sobre el marco de su moto y la arrancaba. Yo lo saludaba, me sub&iacute;a al asiento trasero y me preparaba para el ca&oacute;tico viaje al trabajo a trav&eacute;s del tr&aacute;fico de la ma&ntilde;ana.<\/p>\n<p>Una ma&ntilde;ana a fines de septiembre, despu&eacute;s de seguir la misma rutina ya mencionada, camin&eacute; hacia la esquina. Binh no estaba. En cambio, un extra&ntilde;o, que vest&iacute;a una camisa de algod&oacute;n azul deste&ntilde;ido arremangada y un par de pantalones dos tallas m&aacute;s grandes, hab&iacute;a usurpado su lugar. Pate&oacute; la moto de su soporte y me sonri&oacute;.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; el hermano mayor Binh?&quot; pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>(Hermano mayor = Anh \u01a1i (se pronuncia Ang Oi) Anh literalmente significa &ldquo;hermano mayor&rdquo;, pero se usa mucho m&aacute;s como pronombre para los hombres un poco m&aacute;s viejos que t&uacute;. De acuerdo a la costumbre vietnamita se refiere a cualquiera (incluso desconocidos) como miembros de la familia, es mejor considerar a Anh como &ldquo;se&ntilde;or&rdquo; o &ldquo;&eacute;l&rdquo;. &ldquo;Anh \u01a1i&rdquo; es una expresi&oacute;n popular que significa &ldquo;Hey, disculpe se&ntilde;or!&rdquo; o &ldquo;Hey se&ntilde;or, &iquest;puede usted ayudarme por favor?&rdquo; Se puede usar para llamar la atenci&oacute;n de un hombre cuya edad sea igual o mayor, dentro de aparentemente unos 15 a&ntilde;os de diferencia.)<\/p>\n<p>&ldquo;Se fue a su aldea en el campo&rdquo;, dijo el extra&ntilde;o en voz baja. &quot;Pero puedo llevarte. Vas al Instituto de Idiomas, &iquest;verdad?&quot; Una espesa cortina de pelo negro y brillante le ca&iacute;a sobre el ojo izquierdo; lo ech&oacute; hacia atr&aacute;s con un movimiento de su cabeza.<\/p>\n<p>Lo mir&eacute; perpleja; una desagradable irritaci&oacute;n burbuje&oacute; dentro de m&iacute;. Despu&eacute;s de tanto tiempo, la rutina en la que hab&iacute;a llegado a confiar se hab&iacute;a repentina e injustamente esfumado.<\/p>\n<p>La calle principal en la boca del callej&oacute;n era un tumulto de bicicletas, motos y alg&uacute;n que otro coche. Tal vez deber&iacute;a tomar un taxi, pens&eacute;. Mir&eacute; mi reloj: diez minutos para llegar al trabajo. Un taxi ser&iacute;a demasiado lento en este tr&aacute;fico. &iexcl;Qu&eacute; cagada!<\/p>\n<p>Volv&iacute; a mirar al desconocido, fij&aacute;ndome en sus chanclas gastadas y sus pies sucios, examin&eacute; su ropa y finalmente lo mir&eacute; fijamente a la cara. En otro pa&iacute;s, la inspecci&oacute;n se considerar&iacute;a francamente una groser&iacute;a; aqu&iacute; era normal.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Cu&aacute;nto?&quot; Pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&ldquo;&iquest;Cu&aacute;nto cobraba Binh?&rdquo;<\/p>\n<p>&quot;Diez mil dong&quot;. [Un peso uruguayo = 630 dong]<\/p>\n<p>Me sonri&oacute; descaradamente. &quot;Entonces son diez mil&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Ocho&quot;, dije bruscamente, apretando la mand&iacute;bula con terquedad.<\/p>\n<p>&Eacute;l inclin&oacute; la cabeza. &quot;&iquest;Por qu&eacute;?&quot;<\/p>\n<p>&ldquo;No te conozco. Puede que seas un mal conductor.&quot;<\/p>\n<p>Se encogi&oacute; de hombros y se r&iacute;o, mostrando unos incisivos sorprendentemente blancos y un diente de oro. &ldquo;Podr&iacute;a ser un buen conductor. Mejor que Binh.&quot;<\/p>\n<p>Se qued&oacute; all&iacute; en un silencio beligerante, sintiendo los segundos pasar.<\/p>\n<p>Mir&oacute; hacia abajo y finalmente asinti&oacute; con la cabeza, dando una patada a la moto para que encendiera. &quot;De acuerdo. Ocho. Subir.&quot;<\/p>\n<p>Todav&iacute;a enojada porque mi puntualidad en el horario matutino se hab&iacute;a hecho pedazos, resopl&eacute; y me sub&iacute; a la parte trasera de la moto, colocando mi mochila entre m&iacute; y el conductor.<\/p>\n<p>Yo hab&iacute;a aprendido que la palabra &quot;xe om&quot; significaba literalmente &quot;abrazo de motocicleta&quot;, pero nadie abrazaba al conductor. Los xe oms estaban solo un escal&oacute;n por encima de los ciclotaxis m&aacute;s baratos y lentos, los taxis de bicicleta de tres ruedas que transportaban personas y mercanc&iacute;as por la ciudad. Un conductor de ciclotaxi era el equivalente vietnamita de una persona de la calle en Occidente. A pesar de todo el reclamo de igualdad socialista de Vietnam, las viejas estructuras de clase a&uacute;n se manten&iacute;an firmes. Los pasajeros nunca abrazaban a un conductor xe om.<\/p>\n<p>Nos metimos en el torrente del tr&aacute;fico, abri&eacute;ndonos camino entre los otros veh&iacute;culos, pasando una pajarera motorizada, pollos vivos aleteando y cloqueando. Me tens&eacute; y contuve la respiraci&oacute;n mientras &eacute;l conduc&iacute;a a cent&iacute;metros de dos chicas en una Honda que llevaba un panel de vidrio entre ellas. De repente, aceler&oacute; el motor para tomar una esquina en una peque&ntilde;a calle lateral.<\/p>\n<p>&ldquo;Este no es el camino por el que suelo ir&rdquo;, grit&eacute; por encima del ruido del tr&aacute;fico.<\/p>\n<p>&ldquo;Tal vez, pero de esta manera es m&aacute;s r&aacute;pido. No tan llento.&quot;<\/p>\n<p>Entr&eacute; en p&aacute;nico; yo no conoc&iacute;a esta ruta o esta calle. Saig&oacute;n (ahora se llama Th&agrave;nh ph\u1ed1 H\u1ed3 Ch&iacute; Minh &#8211; Ciudad Ho Chi Minh) es un laberinto de diminutos callejones y sinuosas calles de un solo sentido. No pude decir si &eacute;l estaba diciendo la verdad o no. Nos detuvimos en un sem&aacute;foro en rojo. Esto, en s&iacute; mismo, fue sorprendente, teniendo en cuenta que la mitad de los conductores en la ciudad pensaban que las luces rojas significaban &quot;detengase si usted quiere&quot;.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Est&aacute; seguro?&quot; pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&Eacute;l volvi&oacute; la cabeza, d&aacute;ndome su perfil. Era anguloso y ex&oacute;tico, la piel estirada a lo largo de su cara tan apretada que parec&iacute;a que un solo corte podr&iacute;a abrirla. &quot;Teacher, no te preocupes. Te llevar&eacute; temprano al Instituto&rdquo;.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;C&oacute;mo sabes que soy una teacher?&quot; Respond&iacute; bruscamente a su suposici&oacute;n y me resign&eacute; a llegar tarde a clase.<\/p>\n<p>Se rio y aceler&oacute; el motor de nuevo. &ldquo;Todos saben que eres una teacher. Adem&aacute;s, hablas como una teacher, extranjera o no&rdquo;.<\/p>\n<p>Abr&iacute; la boca para decir algo desagradable, pero me dio cuenta de que me faltaba el vocabulario esencial. Vete a la mierda, pens&eacute;, haciendo un esfuerzo mental para averiguar exactamente c&oacute;mo decir &quot;vete a la mierda&quot; en vietnamita. Se detuvo abruptamente frente a las puertas del instituto, lo que hizo que yo me deslizara hacia adelante en el asiento. Mi cabeza se sacudi&oacute;, esquivando por poco su hombro.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Ver? A tiempo, teacher&rdquo;, dijo, sonriendo con aire de suficiencia mientras yo me bajaba de la moto. Busqu&eacute; en mi bolso y saqu&eacute; algunos billetes enrollados, cont&aacute;ndolos.<\/p>\n<p>&quot;Ocho&quot;, dije, entreg&aacute;ndole el dinero.<\/p>\n<p>Tom&oacute; los billetes y asinti&oacute;. &ldquo;Mi nombre es Tuan. Ahora me conoces.&quot; Me dedic&oacute; otra sonrisa ganadora y brillante.<\/p>\n<p>Yo le lanc&eacute; una mirada severa y gir&eacute; sobre mis talones, caminando a trav&eacute;s de las puertas. Hijo de puta descarado, pens&eacute;.<\/p>\n<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, tom&eacute; mi caf&eacute; a la sombra de la pared, como de costumbre. Hab&iacute;a una buena se&ntilde;al de internet por lo que pude leer Le Monde de Paris, La Diaria y El Observador de Montevideo. Me fum&eacute; mi &uacute;nico y avaro cigarrillo. Una vez m&aacute;s, Binh no estaba all&iacute;. Era el chico nuevo otra vez.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; Binh?&quot; exig&iacute; de nuevo.<\/p>\n<p>&ldquo;Binh no va a volver. Se qued&oacute; en su pueblo y se casa&rdquo;. Tuan me sonri&oacute;. &quot;Suerte, &iquest;s&iacute;?&quot;<\/p>\n<p>&ldquo;&iexcl;Mmmm!&rdquo; dijo distra&iacute;damente. Mir&eacute; el rostro de Tuan. &quot;&iquest;Cu&aacute;nto?&quot;<\/p>\n<p>&quot;Diez.&quot;<\/p>\n<p>&ldquo;No, ocho. Lo mismo que ayer &mdash;repliqu&eacute;.<\/p>\n<p>Se puso de pie y le dio una patada a la moto. &ldquo;No, diez porque ahora me conoces.&rdquo;<\/p>\n<p>La puta que te pari&oacute;, pens&eacute;. &iquest;Por qu&eacute; estoy discutiendo sobre el equivalente a unos diez centavos de d&oacute;lar? Pero su tono informal me irrit&oacute;. &quot;Nueve. &iquest;De acuerdo? Solo te conozco un poco.&quot;<\/p>\n<p>Cerr&oacute; sus ojos almendrados y asinti&oacute;. &ldquo;Est&aacute; bien&rdquo; y me tendi&oacute; la mano. Lo mir&oacute; fijamente, sin entender el gesto. Si quer&iacute;a el dinero ahora, &iexcl;ciertamente no lo obtendr&iacute;a!<\/p>\n<p>&ldquo;Dame tu mochila, teacher. La pondr&eacute; adelante. Es m&aacute;s seguro.&quot; Tuan se&ntilde;al&oacute; el hueco en el cuadro de la moto, entre la columna de direcci&oacute;n y el asiento. &ldquo;De lo contrario, los ladrones pueden arrebatarla mientras conducimos&rdquo;.<\/p>\n<p>Lo mir&eacute; sospechosamente por un momento. Le entregu&eacute; el bolso y &eacute;l lo coloc&oacute; entre sus piernas, enganchando la correa sobre el manubrio para asegurarla. Despu&eacute;s de todo, solo conten&iacute;a libros de ejercicios. &iquest;D&oacute;nde estaba el da&ntilde;o?<\/p>\n<p>&ldquo;S&uacute;bete, o llegaremos tarde&rdquo;, dijo Tuan, d&aacute;ndole al acelerador. Sus labios carnosos se curvaron en una sonrisa torcida.<\/p>\n<p>Me sub&iacute; detr&aacute;s de &eacute;l y, cuando entramos en el familiar y ca&oacute;tico tr&aacute;nsito, tuve la aguda sensaci&oacute;n de que faltaba algo. Algo me golpe&oacute;: era la bolsa que me separaba del conductor. Torpemente, se desliz&oacute; a lo largo del asiento hacia atr&aacute;s, ensanchando el espacio entre ambos.<\/p>\n<p>Mientras conduc&iacute;a, mir&eacute; su camisa. Hoy era de algod&oacute;n blanco y estaba un poco deshilachada en el cuello. Pero brillaba intensamente a la luz del sol contra la piel de color ocre de su cuello. Su cabello estaba pulcramente recortado para erizarse en la parte posterior y los costados, curv&aacute;ndose sobre los huesos de su cr&aacute;neo que desaparec&iacute;an bajo un negro azabache en la parte superior. Me asom&eacute; por encima de su hombro y percib&iacute; un olorcillo delicioso; era el olor limpio y picante de la piel caliente. Mir&eacute; el costado de su cuello y, de forma bastante inesperada, tuve un v&iacute;vido destello: una imagen de presionar sus labios contra &eacute;l.<\/p>\n<p>Se detuvo con fuerza y yo resbal&eacute; hacia adelante en el asiento, desliz&aacute;ndome sobre su espalda con todo mi peso y, por un segundo, el olor me abrum&oacute;. Mir&eacute; hacia arriba y me di cuenta de que me hab&iacute;a perdido todo el viaje. Est&aacute;bamos en la puerta de la escuela. Me baj&eacute; de la moto sinti&eacute;ndome avergonzada y met&iacute; la mano en mi bolso para pagar el viaje.<\/p>\n<p>&mdash;Nueve &mdash;murmur&eacute;, entreg&aacute;ndole los billetes sin mirarlo y d&aacute;ndome la vuelta.<\/p>\n<p>Camin&eacute; por la senda pavimentada hasta el edificio principal, el olor c&aacute;lido y fresco de su piel a&uacute;n persist&iacute;a en mi mente, haciendo que se me hiciera agua la boca y me dolieran los pezones. Hac&iacute;a mucho tiempo que estaba sin novio. Unos pasos golpeaban el pavimento detr&aacute;s de m&iacute;. Alguien estaba corriendo, tal vez tarde para la clase.<\/p>\n<p>&quot;&iexcl;Oye!&quot; Tuan salt&oacute; frente a m&iacute;; casi choco contra &eacute;l. &ldquo;Eres olvidadiza, teacher&rdquo;, se r&iacute;o entre dientes, balanceaba la mochila en su mano.<\/p>\n<p>Me sac&oacute; de mi aturdimiento. &quot;Oh s&iacute;. Gracias. Muchas gracias.&quot; Tom&eacute; la bolsa. &quot;Te veo ma&ntilde;ana.&quot;<\/p>\n<p>&Eacute;l sonri&oacute;, asinti&oacute; con la cabeza una vez y sali&oacute; al trote. Lo vi irse antes de seguir caminando. Por el amor de Dios, me reprend&iacute; a m&iacute; misma con impaciencia.<\/p>\n<p>El anochecer ca&iacute;a a las cinco, siempre ocurr&iacute;a sin importar la &eacute;poca del a&ntilde;o. Vietnam est&aacute; muy cerca del ecuador, hab&iacute;a tal vez quince o veinte minutos del crep&uacute;sculo antes de que oscureciera. Convers&eacute; con algunos de mis alumnos mientras caminaba hacia las puertas, de camino a casa.<\/p>\n<p>&ldquo;&iexcl;Teacher!&rdquo;<\/p>\n<p>Me di vuelta, esperando ver a uno de los chicos de mi clase.<\/p>\n<p>&quot;&iexcl;Teacher!&quot;<\/p>\n<p>Era Tuan, sentado en su moto. Yo apenas pod&iacute;a creer lo que ve&iacute;a. Balance&aacute;ndose en el asiento como un encantador de serpientes, descalzo y con las piernas cruzadas, se puso de pie y desliz&oacute; los pies en las chanclas. Encendi&oacute; el motor de la moto, se dej&oacute; caer del cord&oacute;n de la vereda y se detuvo frente a m&iacute;.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Por qu&eacute; est&aacute;s aqu&iacute;, Tuan?&quot;<\/p>\n<p>&ldquo;Te llevo a tu casa. &iquest;De acuerdo?&quot; dijo alegremente en un ingl&eacute;s agrietado.<\/p>\n<p>Met&iacute; las manos en los bolsillos, desconcertada. &quot;Ummm&#8230; Est&aacute; bien, supongo&#8230;&quot;<\/p>\n<p>&Eacute;l me tendi&oacute; la mano y yo autom&aacute;ticamente le iba a dar la mochila, pero me detuve. Al recordar el paseo de esa ma&ntilde;ana y el olor de su piel, sent&iacute; una punzada entre las piernas.<\/p>\n<p>&quot;Tal vez la llevo yo&quot;, murmur&eacute;.<\/p>\n<p>&ldquo;&iexcl;No, es muy malo! Es peligroso llevarla as&iacute;&rdquo;, insisti&oacute; Tuan, cambiando de nuevo a un torrente de vietnamita. &ldquo;Podr&iacute;an robarla&rdquo;. &Eacute;l me quit&oacute; la mochila del hombro con buenos modales y la guard&oacute; como lo hab&iacute;a hecho por la ma&ntilde;ana. &quot;&iexcl;Vamos!&quot; grit&oacute;, acelerando el motor.<\/p>\n<p>Suspir&eacute; y sub&iacute;. El aire se estaba enfriando ahora y el tr&aacute;fico estaba disminuyendo. Bajamos a toda velocidad por una calle bordeada de &aacute;rboles, pasando junto a los puestos de comida, su sabroso vapor flotando en la brisa del crep&uacute;sculo. Me sent&iacute; aliviada de no tener que soportar el olor de su piel otra vez. El aroma de la cocina super&oacute; todo lo dem&aacute;s y me hizo agua la boca.<\/p>\n<p>En cada sem&aacute;foro, mientras la moto estaba al ralent&iacute;, sent&iacute;a el rugido del motor debajo de m&iacute; con m&aacute;s intensidad. Las motocicletas en Saig&oacute;n ten&iacute;an motores diminutos, nunca m&aacute;s de 150 cc. Hab&iacute;a estado en motos realmente grandes, y a pesar de todo el bombo sobre lo er&oacute;ticas que eran, nunca antes hab&iacute;a tenido esta sensaci&oacute;n en particular. Creci&oacute; cuando subi&oacute; a tercera y aceler&oacute; m&aacute;s all&aacute; del mercado de bananas, intensific&aacute;ndose exponencialmente. Casi gem&iacute; en voz alta, aterrorizada ante la posibilidad de que, si no llegaba a casa r&aacute;pidamente, iba a tener un orgasmo.<\/p>\n<p>Apretando los dientes, cerr&eacute; los ojos y trat&eacute; de concentrarme en algo que no fuera el palpitar de mi concha, pero las im&aacute;genes que parpadeaban en la oscuridad detr&aacute;s de mis p&aacute;rpados eran espeluznantes y horriblemente er&oacute;ticas, no ayudaban en absoluto.<\/p>\n<p>De alguna manera y sin raz&oacute;n posible, estaba muerta de miedo de que &eacute;l supiera exactamente lo que me estaba pensando y sintiendo. Mi excitaci&oacute;n era tan poderosa que estaba convencida de que podr&iacute;a filtrarse a trav&eacute;s de mis poros y traicionarme ante el hombre que estaba a mi lado.<\/p>\n<p>Me rega&ntilde;&eacute; dura y silenciosamente: &iexcl;Basta, puta loca! &iquest;Qu&eacute; demonios te pasa? Pero la tranquila desesperaci&oacute;n de los impulsos crec&iacute;a sin cesar. El coraz&oacute;n me lat&iacute;a con fuerza contra las costillas y un calor creciente me recorri&oacute; la piel.<\/p>\n<p>La moto se detuvo con un chirrido. Ca&iacute; hacia adelante, mis pechos aplastados contra su espalda, mis manos ara&ntilde;ando su camisa para mantener el equilibrio. El impacto me dej&oacute; sin aire y en un jadeo agudo que debi&oacute; parecer un rugido en su o&iacute;do; mi boca estaba presionada contra &eacute;l.<\/p>\n<p>&iexcl;Puta carajo!, lo hace a prop&oacute;sito, pens&eacute; en un momento de claridad. El calor de su cuerpo empap&oacute; la tela de mis ropas a lo largo del interior de mis muslos y entre mis piernas. Tuan hizo un ruido extra&ntilde;o, un peque&ntilde;o gemido, en lo profundo de su garganta.<\/p>\n<p>Est&aacute;bamos sentados afuera del port&oacute;n de mi casa. El callej&oacute;n estaba desolado y oscuro, mal iluminado por una solitaria farola. Mi mente le dijo que me bajara de la bicicleta, pero mi cuerpo no se mov&iacute;a. Pod&iacute;a o&iacute;rlo respirar con dificultad por encima del zumbido distante del tr&aacute;fico en la calle principal; mi coraz&oacute;n martilleaba a trav&eacute;s de mi columna, en mi pecho.<\/p>\n<p>Aflojando gradualmente mis manos que se agarraban de su camisa, sent&iacute; que &eacute;l apoyaba las palmas de sus manos en mis muslos. Sus manos temblaban mientras se mov&iacute;an lentamente hacia mis caderas. Ahogu&eacute; un suspiro cuando se extendieron detr&aacute;s de m&iacute;, ahuecando mis nalgas. Me atrajo hacia &eacute;l y clav&oacute; los dedos en la carne de mi trasero. El olor de su piel era abrumador, invadi&eacute;ndome; mi piel se quemaba en todas partes donde mi cuerpo tocaba el de &eacute;l. Me estremec&iacute; contra su columna.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; carajo estaba haciendo? Mi cerebro se puso en marcha y me baj&eacute; de la moto torpemente, casi tropezando. Mi mano se desliz&oacute; en mi bolsillo, autom&aacute;ticamente buscando a tientas el dinero. Le tend&iacute; la plata, incapaz de mirarlo al principio. Cuando &eacute;l no tom&oacute; los billetes, levant&eacute; la vista para encontrarme con su mirada.<\/p>\n<p>No estaba sonriendo y su pecho sub&iacute;a y bajaba con intensidad. Por un momento, pens&eacute; que &eacute;l dir&iacute;a algo, pero tom&oacute; mi mochila y me la tendi&oacute;. Hab&iacute;a una horrible expresi&oacute;n de desdicha en sus ojos. Luego, de repente, dej&oacute; la mochila con cuidado en el pavimento y se alej&oacute; rugiendo por el callej&oacute;n.<\/p>\n<p>Me qued&eacute; inm&oacute;vil, con el billete a&uacute;n agarrado en el pu&ntilde;o, observando c&oacute;mo la figura sombr&iacute;a desaparec&iacute;a al final del carril, tragada por el r&iacute;o de tr&aacute;fico.<\/p>\n<p>La ma&ntilde;ana siguiente era s&aacute;bado. Rayos de luz atravesaban las persianas de bamb&uacute; que daban sombra a las ventanas de mi dormitorio. Las s&aacute;banas yac&iacute;an retorcidas alrededor de mi cuerpo, h&uacute;medas con el sudor de un sue&ntilde;o matutino. Gem&iacute; y me di vuelta sobre mi costado, presionando mis palmas contra mi mont&iacute;culo. Hab&iacute;a estado so&ntilde;ado. No pod&iacute;a recordarlo con claridad, pero sab&iacute;a que hab&iacute;a tenido un orgasmo, m&aacute;s de una vez; los m&uacute;sculos en el interior de mis muslos me dol&iacute;an por la tensi&oacute;n gastada.<\/p>\n<p>&quot;&iexcl;No por favor!&quot;, murmur&eacute; en voz alta, tratando de alejar las im&aacute;genes de piel dorada y torsos ondulantes. &iquest;Y si &eacute;l estaba all&iacute;, al final del callej&oacute;n, esper&aacute;ndome? &iquest;Y si nunca se fue? Yo tendr&iacute;a que mudarme.<\/p>\n<p>Fue el timbre de la puerta y los golpes en el port&oacute;n lo que me oblig&oacute; a levantarme de la cama. Me puse una bata de algod&oacute;n y me la envolv&iacute; con fuerza. Bajando los escalones, casi resbal&aacute;ndome, abr&iacute; la puerta y sal&iacute; afuera.<\/p>\n<p>&ldquo;&iexcl;Hola, Elena! &iexcl;Despierta, perezosa!&quot; La voz burlona pertenec&iacute;a a Ruth, una compa&ntilde;era profesora de ingl&eacute;s en la escuela de idiomas. Titubeando abr&iacute; el port&oacute;n.<\/p>\n<p>&quot;&iexcl;Ya era hora tambi&eacute;n!&quot; declar&oacute; Ruth. Su marcado acento australiano me hizo sonre&iacute;r. Abr&iacute; m&aacute;s el port&oacute;n de acero para permitir que Ruth entrara su moto hasta el patio.<\/p>\n<p>Cuando Ruth pas&oacute; junto a m&iacute;&#8230;, lo vi. Estaba en cuclillas a la sombra de la pared, al otro lado del callej&oacute;n, fumando. Tuan me mir&oacute; a los ojos y mi cuerpo se puso r&iacute;gido. Mi piel estaba ardiendo.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Qu&eacute; pasa?&quot; pregunt&oacute; Ruth.<\/p>\n<p>&quot;Nada, nada&quot; respond&iacute;.<\/p>\n<p>R&aacute;pidamente cerr&eacute; la puerta y ech&eacute; el cerrojo. Respir&eacute; hondo y me volv&iacute; hacia Ruth, forzando una sonrisa. &ldquo;&iquest;Quieres un poco de t&eacute;? Me acabo de levantar.&quot;<\/p>\n<p>Nos sentamos en la cocina con el ventilador al tope, charlando y comiendo tostadas con vegemite. Al principio, yo hab&iacute;a encontrado repugnante ese invento australiano; una pegajosa pasta para untar, pero era un gusto adquirido y ahora me hab&iacute;a hecho adicta a esa asquerosa baba australiana.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Cu&aacute;nto tiempo llevas aqu&iacute;, Ruthie?&quot; pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&ldquo;Seis a&ntilde;os m&aacute;s o menos. &iquest;Por qu&eacute;?&quot;<\/p>\n<p>&ldquo;La mayor&iacute;a de las chicas que conozco se quejan de que si eres blanca y mujer en Saig&oacute;n, es mejor que est&eacute;s muerta. &iquest;Alguna vez saliste con alguien aqu&iacute;?&quot;<\/p>\n<p>Ruth levant&oacute; los ojos al techo y pens&oacute;. &ldquo;Salir, salir, salir&hellip; nah, realmente nah. Sin embargo, me cog&iacute; a algunos mochileros. Ya sabes&hellip; un par de d&iacute;as&hellip; sexo sin parar. Muy disfrutable y despu&eacute;s cada uno por su camino.&quot; Me mir&oacute; y movi&oacute; las cejas con lascivia. El pelo rojo llameante y la piel pecosa hac&iacute;an que Ruth pareciera una versi&oacute;n adulta de Pippi Calzaslargas (Pita).<\/p>\n<p>Me re&iacute;. Tom&eacute; un sorbo de t&eacute; y otro bocado de pan tostado, mastic&aacute;ndolo pensativamente. &quot;Pero&#8230; entonces&#8230; &iquest;nunca saliste con ning&uacute;n chico vietnamita?&quot;<\/p>\n<p>Me mir&oacute; como si estuviera loca. &quot;&iexcl;T&uacute; debes de estar bromeando! No les gustamos&#8230; piensan que somos gordas&#8230; y putas. Solo les gustan esas peque&ntilde;as y delgadas vietnamitas de palitos&rdquo;.<\/p>\n<p>&quot;S&iacute;&quot;, murmur&eacute; distra&iacute;damente. &quot;Bueno, en comparaci&oacute;n con las chicas vietnamitas&#8230;, mmm, bueno&#8230; sobre gustos&#8230;&quot;<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Tienes uno que te gusta?&quot;<\/p>\n<p>&quot;Mas o menos&hellip;&quot;<\/p>\n<p>Ruth sonri&oacute; ir&oacute;nicamente. &quot;Es Tinh del Instituto, &iquest;no?&quot; Ella misma asinti&oacute; sin esperar mi respuesta y se reclin&oacute; en su silla. &quot;Chica adecuada. No te culpo, &eacute;l es un verdadero asistente. Aunque un poco escu&aacute;lido para mi gusto.&quot;<\/p>\n<p>&quot;No es Tinh&quot;. Mi voz estaba justo por encima de un susurro.<\/p>\n<p>Ruth gir&oacute; en su silla y me dedic&oacute; una sonrisa depredadora. &ldquo;Entonces, &iquest;qui&eacute;n es entonces? Vamos, su&eacute;ltalo.&quot;<\/p>\n<p>Respir&eacute; hondo y apoy&eacute; la barbilla en las manos cruzadas, sobre la mesa de la cocina. &ldquo;Es mi conductor xe om&rdquo;.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Tu qu&eacute;&eacute;&eacute;?&quot; Grit&oacute; Ruth. &ldquo;Elena, me est&aacute;s jodiendo, est&aacute;s bromeando&hellip; &iquest;verdad?&rdquo;<\/p>\n<p>&quot;No.&quot;<\/p>\n<p>&ldquo;Nena, eso, como decimos en Australia, es raspar el barril. &iquest;No crees? &iexcl;Son como ratas, esos muchachos! &iexcl;Viven en la calle sangrante!&quot;<\/p>\n<p>&quot;Lo s&eacute;&#8230; lo s&eacute;&quot;, murmur&eacute;.<\/p>\n<p>&iquest;Como ratas? De repente, inexplicablemente, me puse furiosa. &ldquo;No son ratas. &iexcl;Son personas como cualquier otra!&rdquo; dije, un poco m&aacute;s en&eacute;rgicamente de lo que pretend&iacute;a.<\/p>\n<p>Ruth se levant&oacute;. &quot;Como quieras&quot;, suspir&oacute;. Se puso la mochila y dijo: &ldquo;Escucha, tengo que correr. Me encontrar&eacute; con algunas personas en la piscina para nadar. &iquest;Quieres venir?&quot;<\/p>\n<p>Me levant&eacute; de la silla. &ldquo;No&hellip; tengo algunas cosas que hacer por aqu&iacute;.&rdquo;<\/p>\n<p>Salimos al calor abrasador del patio, quit&eacute; el cerrojo del port&oacute;n y lo abr&iacute; para dejar salir a Ruth.<\/p>\n<p>&Eacute;l se hab&iacute;a ido de su lugar contra la pared, al igual que la sombra. Una peque&ntilde;a punzada tir&oacute; de mis entra&ntilde;as, un peque&ntilde;o e irracional sentimiento de decepci&oacute;n. Ahora que se lo hab&iacute;a dicho a alguien, y que lo hab&iacute;a defendido, me sent&iacute;a mucho mejor al respecto. &iquest;A qui&eacute;n le importaba una mierda lo que hac&iacute;a para ganarse la vida? A m&iacute; me gustaba y eso era todo.<\/p>\n<p>&quot;&iexcl;Nos vemos, nena!&quot; salud&oacute; Ruth mientras cruzaba el port&oacute;n y desaparec&iacute;a por el callej&oacute;n.<\/p>\n<p>A las siete de la tarde, sal&iacute;. Llevaba conmigo la &uacute;ltima novela de gran &eacute;xito que alguien hab&iacute;a tra&iacute;do de Europa. Muchos de los extranjeros del Instituto la hab&iacute;an le&iacute;do y la encontraron interesante. No pod&iacute;a soportar la idea de comer sola en un restaurante sin la distracci&oacute;n de un libro. Lo met&iacute; en el bolsillo de mi chaqueta.<\/p>\n<p>El callej&oacute;n estaba vac&iacute;o. El enorme &aacute;rbol de Buganvilla (Santa Rita en Uruguay) que colgaba sobre el camino hab&iacute;a arrojado flores rosadas por todo el pavimento; corr&iacute;an como seres vivos en la brisa nocturna. Caminando hacia la avenida principal, pens&eacute; despreocupadamente que no ten&iacute;a sentido ni siquiera buscar a Tuan. Los conductores xe om de la ma&ntilde;ana nunca trabajaban por la noche. Por eso me hab&iacute;a sorprendido tanto al verlo afuera de las puertas de la escuela el d&iacute;a anterior. &quot;Teacher&quot;. La voz era un susurro suave.<\/p>\n<p>Me detuve en seco. M&aacute;s adelante, las motos y los coches cruzaban a toda velocidad la entrada del callej&oacute;n. Ese hueco estaba iluminado por las farolas de la v&iacute;a principal, pero las paredes a ambos lados estaban en sombras.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Ad&oacute;nde vas, teacher?&quot; Estaba hablando ingl&eacute;s, sonando como uno de mis estudiantes. Sab&iacute;a que era Tuan, me asom&eacute; a las sombras tratando de distinguirlo. Mi coraz&oacute;n estaba en mi garganta, atrapado all&iacute; con una extra&ntilde;a mezcla de anticipaci&oacute;n y vacilaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&quot;Voy a cenar, Tuan&quot;.<\/p>\n<p>Sali&oacute; de la oscuridad, con las manos metidas en los bolsillos de sus pantalones holgados. Su cabello luc&iacute;a despeinado y su camisa estaba arrugada, las mangas arremangadas sobre sus venosos antebrazos.<\/p>\n<p>&quot;Te llevo, &iquest;de acuerdo?&quot;<\/p>\n<p>Me atra&iacute;a la idea de tener compa&ntilde;&iacute;a para la cena. &quot;S&iacute; bien. Por favor.&quot;<\/p>\n<p>Dio media vuelta, desapareci&oacute; entre las sombras y resurgi&oacute; empujando su moto. La mont&oacute; a horcajadas y la puso en marcha. Pero de repente, consciente de que estaba haciendo suposiciones terribles, no hice ning&uacute;n movimiento hacia &eacute;l. No importaba en lo m&aacute;s m&iacute;nimo c&oacute;mo me sintiera; yo no pod&iacute;a asumir que &eacute;l quer&iacute;a mi compa&ntilde;&iacute;a.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Cu&aacute;nto, Tuan?&quot; pregunt&eacute; en vietnamita.<\/p>\n<p>&quot;Nada. Gratis. Sube &mdash;respondi&oacute; en voz baja.<\/p>\n<p>Yo sab&iacute;a que esto viniendo de una persona que ganaba menos de cinco d&oacute;lares al d&iacute;a; era un gran regalo. Vacil&eacute;. &quot;&iquest;Por qu&eacute;?&quot;<\/p>\n<p>&quot;Por favor, suba, teacher&quot;.<\/p>\n<p>&quot;No, a menos que me digas por qu&eacute;&quot;.<\/p>\n<p>Suspir&oacute; pesadamente. &quot;Creo que, si no te cobro, tal vez te sientes un poco m&aacute;s cerca&quot;. Extendi&oacute; la mano, cerr&aacute;ndola suavemente alrededor de mi mu&ntilde;eca y tir&oacute; de ella hacia la moto.<\/p>\n<p>Mont&aacute;ndome detr&aacute;s de &eacute;l, avanc&eacute; con cautela hasta que nuestros cuerpos apenas se tocaban. &quot;&iquest;Como esto?&quot; susurr&eacute; por encima de su hombro. Lo escuch&eacute; exhalar, dejando escapar un largo y lento suspiro; al final, su cuerpo se estremeci&oacute;.<\/p>\n<p>&ldquo;&iquest;Quieres&hellip; poner tus brazos alrededor de mi cintura? &iquest;Solo un poco, teacher? &iquest;Entonces la gente no piensa que solo soy un conductor de xe om?&quot; La voz de Tuan temblaba mientras hablaba.<\/p>\n<p>&quot;S&iacute;, por supuesto.&quot; Envolv&iacute; mis brazos alrededor de su cintura sin apretar. Debajo de sus manos, la banda de m&uacute;sculos que envolv&iacute;a mi tenso est&oacute;mago se contrajo y se ondul&oacute;. &Eacute;l solt&oacute; el embrague y nos incorporamos al tr&aacute;fico.<\/p>\n<p>Siempre me hab&iacute;a gustado andar por la ciudad de noche; hab&iacute;a un fresco agradable y las feas bocacalles de la ciudad desaparec&iacute;an en las sombras. Esta noche me sent&iacute;a completamente nueva. Sentada tan cerca de &eacute;l, oliendo su piel, sintiendo el calor de su cuerpo contra m&iacute;, la ciudad parec&iacute;a indescriptiblemente hermosa.<\/p>\n<p>Andar en moto era la &uacute;nica manera socialmente aceptable para que hombres y mujeres vietnamitas, independiente de su relaci&oacute;n, se tocaran en p&uacute;blico. Cuando nos detuvimos en un sem&aacute;foro, una pareja en la moto junto a nosotros se nos qued&oacute; mirando. La mujer ten&iacute;a sus brazos envueltos con fuerza alrededor del hombre frente a ella. Entonces yo apret&eacute; un poco m&aacute;s los brazos alrededor de Tuan y le susurr&eacute; al o&iacute;do: &quot;&iquest;Est&aacute;s seguro de que quieres que haga esto?&quot;<\/p>\n<p>&Eacute;l no me respondi&oacute;. En cambio, quit&oacute; una mano del manillar y la coloc&oacute; sobre mi muslo con propiedad. Cuando la luz cambi&oacute;, presion&eacute; mis senos contra su espalda nuevamente y me acerqu&eacute; m&aacute;s. El hormigueo en su vagina era enloquecedor y luch&eacute; contra el impulso de frotar mis caderas contra su trasero. La tensi&oacute;n apret&oacute; los m&uacute;sculos de su cuerpo y los puso a temblar. &Eacute;l me acarici&oacute; el muslo mientras conduc&iacute;an por el amplio y frondoso bulevar hacia el Dinh \u0110\u1ed9c L\u1eadp (Palacio de la Independencia).<\/p>\n<p>&ldquo;Olvid&eacute; preguntar&rdquo;, dijo Tuan, y tosi&oacute; un poco. &quot;&iquest;A d&oacute;nde quieres ir?&quot;<\/p>\n<p>Pens&eacute; por un momento, o al menos intent&eacute; pensar. Lo que yo realmente no quer&iacute;a hacer era tener que romper el contacto con su cuerpo. Le pas&eacute; las manos por el torso y las deslic&eacute; entre sus muslos. Escuch&eacute; su suspiro llevado por el viento. Sonriendo, presion&eacute; mis labios en su cuello e inhal&eacute; mientras mi mano llegaba hasta su ingle. Su pene estaba incre&iacute;blemente duro. Mi mano se desliz&oacute; suavemente a lo largo de &eacute;l, se acurruc&oacute; en el hueco de su pierna, y &eacute;l me recompens&oacute; con un magn&iacute;fico estremecimiento.<\/p>\n<p>&ldquo;A ning&uacute;n lugar&rdquo;, dije. &quot;Ll&eacute;vame a casa, Tuan.&quot;<\/p>\n<p>&ldquo;&iquest;No tienes hambre, teacher? No es saludable no comer antes de dormir&rdquo;.<\/p>\n<p>Pens&eacute; en decir que lo estaba, que ten&iacute;a hambre de &eacute;l, pero tem&iacute; que la met&aacute;fora no salvara la brecha del idioma. Mi concha se inund&oacute;, saturando la entrepierna de mis jeans. Abraz&aacute;ndolo fuerte, mec&iacute; mis caderas contra &eacute;l.<\/p>\n<p>&ldquo;Kh&ocirc;ng. B\u1ea1n ch\u1ec9 \u0111\u01b0a t&ocirc;i v\u1ec1 nh&agrave;. Xin vui l&ograve;ng. (No&hellip; solo ll&eacute;vame a mi casa, por favor)&rdquo;, gem&iacute;, acariciando su mejilla en la piel suave y tersa en la parte posterior de su cuello. El olor de la piel caliente era casi insoportable. Estaba casi segura de que se notar&iacute;a lo excitada que estaba.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a cosas que yo no sab&iacute;a c&oacute;mo decir. Ese era el problema de aprender un idioma en un ambiente formal. Nadie nunca te ense&ntilde;&oacute; c&oacute;mo decir &quot;ll&eacute;vame a la cama y c&oacute;geme con alma y vida&quot;. Solo pod&iacute;a esperar que mi inter&eacute;s fuera obvio y mutuo.<\/p>\n<p>En un sem&aacute;foro en la calle Dien Bien Phu, ya cerca de mi casa, un tipo en otra moto se detuvo a nuestra izquierda. Despu&eacute;s de mirarnos a ambos, le dijo a Tuan: &quot;\u0110&oacute; c&oacute; ph\u1ea3i l&agrave; b\u1ea1n g&aacute;i c\u1ee7a b\u1ea1n, anh trai? (&iquest;Es esa tu novia, hermano mayor?)&quot;<\/p>\n<p>Tuan inclin&oacute; la cabeza hacia un lado y sonri&oacute; con timidez. &quot;V&acirc;ng&#8230; v&acirc;ng, t&ocirc;i ngh\u0129 v\u1eady. (S&iacute;&#8230; s&iacute;, eso creo)&quot;.<\/p>\n<p>El tipo volvi&oacute; a mirarme y me gui&ntilde;&oacute; un ojo. Yo le regal&eacute; una sonrisa. &ldquo;C&ocirc; \u1ea5y r\u1ea5t \u0111\u1eb9p so v\u1edbi m\u1ed9t c&ocirc; g&aacute;i da tr\u1eafng. C&ocirc; \u1ea5y tr&ocirc;ng &#8230; s\u1eebng. (Ella es muy bonita para ser una chica blanca. Se la ve&#8230; caliente.)&quot;<\/p>\n<p>Tuan se ech&oacute; a re&iacute;r pero no dijo nada. La luz cambi&oacute; a verde. Roc&eacute; mi cara contra la espalda de Tuan y mir&eacute; al otro hombre. &ldquo;V&acirc;ng, t&ocirc;i l&agrave; s\u1eebng. (S&iacute;, estoy caliente)&rdquo;, lo dije en vietnamita. Nos alejamos dejando al otro hombre atr&aacute;s en la intersecci&oacute;n, nos detuvimos y quedamos boquiabiertos.<\/p>\n<p>Tuan segu&iacute;a ri&eacute;ndose, apret&aacute;ndome el muslo. &ldquo;&lsquo;V&acirc;ng t&ocirc;i l&agrave;&#8230;&rsquo; dijiste. &iexcl;En la calle! &iexcl;No puedo creerlo! Pens&oacute; que no hablabas vietnamita. &iexcl;Qu&eacute; idiota!&quot;<\/p>\n<p>Entramos en el callej&oacute;n donde vivo y llegamos al port&oacute;n. Fue dif&iacute;cil alejarme de &eacute;l durante el tiempo suficiente para bajar de la moto y abrir el port&oacute;n. Busqu&eacute; a tientas las llaves, se me cayeron una vez, y finalmente la empuj&eacute; para abrirla. &quot;Adelante&quot;, dije.<\/p>\n<p>Tuan apag&oacute; el motor y se sent&oacute;, mir&aacute;ndome. &ldquo;Teacher, &iquest;est&aacute; segura?&rdquo; pregunt&oacute; en voz baja.<\/p>\n<p>Me qued&eacute; at&oacute;nita por un momento; le devolv&iacute; la mirada con incredulidad. &quot;Por supuesto que estoy segura&quot;.<\/p>\n<p>&ldquo;T&uacute;&hellip; no tienes que&hellip; de verdad. Ya he tenido la mejor noche de mi vida&rdquo;.<\/p>\n<p>Por el amor de Dios, pens&eacute;. Sal&iacute;, tom&eacute; su rostro entre mis manos y lo bes&eacute;, suavemente al principio y luego con voracidad. Al principio se mostr&oacute; t&iacute;mido y solo respond&iacute;a del mismo modo. Pero a medida que el beso se hizo m&aacute;s profundo, envolvi&oacute; un brazo alrededor de mi cintura y me aplast&oacute; contra &eacute;l, devorando mi lengua. Si &eacute;l no entraba en mi casa, pens&eacute;, tendr&iacute;a que cog&eacute;rmelo all&iacute; mismo.<\/p>\n<p>Me separ&eacute; y balbuceando: &quot;Por favor, entra a mi casa, &iquest;s&iacute;?&quot; Mi cerebro estaba paralizado y todos mis conocimientos duramente adquiridos se estaba volviendo papilla y no pod&iacute;a recordar la invitaci&oacute;n coloquial. &quot;&iexcl;Ellen te invita, hermano mayor Tuan!&quot; supliqu&eacute;.<\/p>\n<p>&quot;S&iacute;&#8230; s&iacute;, lo har&eacute;&quot;. Tuan se baj&oacute; de su moto y la empuj&oacute; a trav&eacute;s del port&oacute;n hacia el patio.<\/p>\n<p>Incluso mientras estacionaba la bicicleta en el sombreado saliente de la casa, yo estaba sobre &eacute;l, desabotonando los botones de su camisa. Lo tom&eacute; de la mano y llev&eacute; hacia el interior de la vivienda, quit&aacute;ndome los zapatos en la puerta. &Eacute;l se quit&oacute; las chancletas y permiti&oacute; que yo lo guiara adentro.<\/p>\n<p>A mitad de la escalera, me empuj&oacute; contra la pared y me bes&oacute; de nuevo, deslizando sus manos debajo de mi camiseta, acariciando mi piel febrilmente, rozando mis pezones a trav&eacute;s del sost&eacute;n con las yemas de los dedos. Cuando finalmente lo convenc&iacute; para que entrara en mi habitaci&oacute;n, ca&iacute;mos sobre la cama en un frenes&iacute; de desvestirnos confusamente. Quit&aacute;ndonos las camisas, desabroch&aacute;ndonos los pantalones, desabrochando torpemente los ganchos del sujetador, todo ello salpicado de besos, gemidos y susurros.<\/p>\n<p>Rodamos y nos besamos, nuestras piernas se entrelazaron, presionando mi carne ardiente contra su piel, como si no pudi&eacute;ramos encontrar suficiente superficie para la amplitud de contacto que ansi&aacute;bamos. Su erecci&oacute;n yac&iacute;a plana contra mi vientre, quem&aacute;ndome la piel. Presion&eacute; con fluidez a trav&eacute;s de mi propia humedad mientras &eacute;l mov&iacute;a sus caderas. Por mi parte, parec&iacute;a no poder saborear lo suficiente su piel, arrastrando la parte plana de mi lengua a lo largo del costado de su cuello, hasta un pez&oacute;n marr&oacute;n oscuro se encogi&oacute; y se puso erecto bajo los movimientos de mi boca. Mientras me ocupaba del otro, las yemas de mis dedos trazaron una l&iacute;nea sinuosa de su columna vertebral y la protuberancia de su trasero.<\/p>\n<p>Su mano se hundi&oacute; entre mis piernas, hundiendo los dedos entre los labios hinchados de mi vagina. Tuan gimi&oacute; y presion&oacute; su rostro contra mi mejilla e inhal&oacute;. &ldquo;Teacher, ah&iacute; abajo tiene el r&iacute;o Saig&oacute;n. No finjas.&quot;<\/p>\n<p>Antes esas palabras razon&eacute; con toda probabilidad de que &eacute;l solo hab&iacute;a estado con una prostituta; nadie m&aacute;s se molestar&iacute;a en fingir excitaci&oacute;n. Sent&iacute; una punzada moment&aacute;nea de l&aacute;stima, pero el dolor se desvaneci&oacute;, enterrada bajo el calor de su boca en mi cuello, en mis pechos. Chup&oacute;, lami&oacute; y bes&oacute;, mordisqueando mi piel. La destreza de sus dedos me hizo preguntarme si alguna de las chicas trabajadoras que lo hab&iacute;a tenido no era la chica m&aacute;s afortunada de Ciudad Ho Chi Min (Saig&oacute;n).<\/p>\n<p>Me estremec&iacute; y arquee las caderas. &ldquo;Detente&hellip; Deja de llamarme teacher. Soy Elena.&quot;<\/p>\n<p>&ldquo;Elena oi, hermanita. &iexcl;Cielos, c&oacute;mo te inundas!&quot; Tuan murmur&oacute;.<\/p>\n<p>Gem&iacute; cuando sus dedos se deslizaron de un lado al otro sobre mi cl&iacute;toris palpitante como susurros. &quot;S&iacute;&#8230; n-no&#8230; tal vez&quot;, tartamudee. Quer&iacute;a darle una respuesta honesta, pero cuando sus dedos se introdujeron dentro de m&iacute;, dej&eacute; de intentar encontrar las palabras y hund&iacute; mi cara en su cuello mientras el orgasmo detonaba dentro de m&iacute;, arrancando sonidos animales de mi garganta. El placer me hizo arquear mi cuerpo.<\/p>\n<p>&ldquo;Mueres muy r&aacute;pido, muy r&aacute;pido, hermanita Elena&rdquo;, murmur&oacute; Tuan, apretando mi cuerpo contra &eacute;l. &Eacute;l me bes&oacute; de nuevo, devorando los sonidos de placer que yo hice cuando llegu&eacute; al cl&iacute;max. Luego me estaba acariciando la cara, dejando h&uacute;medos rastros de mi semen en mi piel.<\/p>\n<p>Mis manos, mi boca, mis fluidos estaban por todo &eacute;l. &Eacute;l lati&oacute; y empuj&oacute; cuando yo rodee su pene con mi mano. Lo sent&iacute; hincharse y gimi&oacute;. Su prepucio se desliz&oacute; hacia atr&aacute;s para revelar una cabeza de color rojo oscuro, susurr&oacute; cosas que yo no entend&iacute;.<\/p>\n<p>&Eacute;l gimi&oacute; y aliment&oacute; mi pez&oacute;n, usando sus manos para empujar m&aacute;s de mi seno en su boca.<\/p>\n<p>&quot;Oh. Demasiado r&aacute;pido&hellip; demasiado pronto&hellip; por favor, detente&rdquo;, dij&oacute; Tuan. Se apart&oacute; de m&iacute; y se sent&oacute; bruscamente.<\/p>\n<p>&ldquo;Debemos detener a Elena&rdquo;, dijo con una expresi&oacute;n dolorosamente seria en su rostro.<\/p>\n<p>Me incorpor&eacute;, un poco sorprendida por el repentino cese de las caricias. &quot;&iquest;Por qu&eacute;?&quot;<\/p>\n<p>&ldquo;No tengo llantas&rdquo;.<\/p>\n<p>Lo mir&eacute; sin comprender. &quot;&iquest;Lo qu&eacute;?&quot;<\/p>\n<p>&ldquo;Un neum&aacute;tico, un neum&aacute;tico&rdquo;, jade&oacute; fren&eacute;ticamente, &ldquo;para no beb&eacute;s&rdquo;.<\/p>\n<p>&iexcl;Oh nooo!, encontr&eacute; al hombre m&aacute;s responsable de Vietnam, reflexion&eacute;, considerando la tasa de natalidad. Me re&iacute; y lo empuj&eacute; sobre su espalda.<\/p>\n<p>&quot;Ma&ntilde;ana comprar&eacute; uno, muy temprano&quot;, promet&iacute; y comenc&eacute; a deslizar mi lengua por su cuerpo. Su pecho estaba absolutamente sin vello, y la sal de su sudor se mezclaba con la dulzura de los aceites en su piel que picaba en mis papilas gustativas. Tuan se retorci&oacute; y se estremeci&oacute;, gimiendo mientras yo le presionaba el ombligo con la lengua.<\/p>\n<p>Tomando su pene en mi mano de nuevo, le plant&eacute; un beso en la punta. &Eacute;l susurr&oacute; febrilmente, sacudiendo la cabeza. &ldquo;No&hellip; Elena. Las chicas buenas no&hellip; no hacen eso&hellip;&rdquo; Su voz se estaba quebrando.<\/p>\n<p>Solt&eacute; una risa baja, ligeramente malvada. &quot;Entonces es conveniente que yo no sea una buena chica&quot;. Le di una caricia con mi pulgar en la punta y luego a la parte inferior. El cuerpo de Tuan se arque&oacute;, emit&iacute;a palabras incomprensibles para m&iacute;. Pero cuando tom&eacute; toda su longitud en mi boca y comenc&eacute; a chupar, &eacute;l simplemente maull&oacute; como un gatito. Acab&oacute; en segundos, en silencio, derram&aacute;ndose en mi boca a torrentes. Abr&iacute; la boca y dej&eacute; que cayera al piso su semen. Era, sin duda, el hombre m&aacute;s agradable con el que hab&iacute;a estado.<\/p>\n<p>Cuando termin&eacute;, trep&eacute; por su cuerpo, me sent&eacute; a horcajadas sobre &eacute;l y lo bes&eacute;. Al principio, apart&oacute; la boca, pero yo sostuve su barbilla entre mis manos y dej&eacute; que los &uacute;ltimos hilos de su semen se deslizaran de mi boca a la de &eacute;l.<\/p>\n<p>&quot;Todo est&aacute; bien&rdquo;, se rio. &quot;Y ahora tambi&eacute;n eres una chica mala&quot;.<\/p>\n<p>Dormimos descubiertos con solo el ventilador golpeando mi piel con aire fresco. Yac&iacute;amos enredados, con las extremidades envueltas ca&oacute;ticamente. Cuando finalmente me despert&eacute;, eran casi las siete seg&uacute;n mi reloj. Me retorc&iacute; delicadamente zafando de su abrazo.<\/p>\n<p>&quot;Hermana peque&ntilde;a, &iquest;a d&oacute;nde vas?&quot; maull&oacute; lastimosamente, acerc&aacute;ndose a m&iacute; ciegamente.<\/p>\n<p>Me qued&eacute; mirando la hermosa cosa que estaba en mi cama y observ&eacute; c&oacute;mo su pija se espesaba entre sus piernas, sonre&iacute; con hambre&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 18<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Al principio pens&eacute; que era solo un aumento de hormonas. Me dije a m&iacute; misma que deb&iacute;a ignorar los impulsos; que se ir&iacute;an. Pero no lo hicieron. 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