{"id":40072,"date":"2022-11-29T23:00:00","date_gmt":"2022-11-29T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-11-29T23:00:00","modified_gmt":"2022-11-29T23:00:00","slug":"con-las-manos-en-el-juguete","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/con-las-manos-en-el-juguete\/","title":{"rendered":"Con las manos en&#8230; el juguete"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"40072\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">3<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 11<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Aprovechando que sus hijos pasaban varias semanas del mes de agosto en un campamento de verano en El Robledal, organizado por la agrupaci&oacute;n Cruz Roja Juventud, y que su marido iba a estar en viaje de negocios durante unos d&iacute;as en C&oacute;rdoba, Merche decidi&oacute; prolongar la charla que hab&iacute;amos tenido durante la tarde en el Parque Garc&iacute;a Lorca y quedarse a pasar la noche en mi casa. Nos desped&iacute;amos a la salida del parque:<\/p>\n<p>\u2015&iquest;Te parece bien a las siete? \u2015me pregunta.<\/p>\n<p>\u2015Claro, cuando quieras. A mi mujer y a mis nueve hijos les parecer&aacute; bien cualquier hora \u2015le contesto yo ri&eacute;ndome y haci&eacute;ndole ver lo innecesario de su precisi&oacute;n. Yo viv&iacute;a solo.<\/p>\n<p>\u2015Qu&eacute; simp&aacute;tico eres. No hace falta que te burles \u2015me dice tratando de parecer enojada. Yo sab&iacute;a que estaba excitada, como una jovencita que se prepara para un baile de fin de curso. No quise pregunt&aacute;rselo, pero estaba bastante convencido de que no hab&iacute;a hecho esto antes\u2015. Venga, sobre las siete estoy en tu casa\u2015sigue diciendo\u2015. Al final, &iquest;en qu&eacute; hemos quedado? &iquest;Llevo Los puentes de Madison?<\/p>\n<p>Hab&iacute;amos elegido esta pel&iacute;cula para pasar la tarde. Ambos ya la hab&iacute;amos visto. A ella le encantaban esas historias en las que la mujer ten&iacute;a un papel predominante, donde hac&iacute;a valer sus derechos y donde, de alg&uacute;n modo, lograba desprenderse de ciertas ataduras y abandonar ese rol de sumisi&oacute;n que se le suele asignar al lado del esposo.<\/p>\n<p>Esta era la faceta &laquo;feminista&raquo; de su personalidad, pero ten&iacute;a otra casi contrapuesta: su car&aacute;cter servicial y entregado al hombre, o, como ella dec&iacute;a, al objeto de su amor. De hecho, una de sus pel&iacute;culas preferidas era Memorias de &Aacute;frica, donde la protagonista era una mujer &laquo;guerrera&raquo;. Sin embargo, adoraba esa escena en la que la hero&iacute;na, Karen Blixen, se encuentra a su amante, Denys Finch-Hatton, en la terraza de su casa, dormido en una butaca de mimbre y sujetando un vaso de whisky en su mano. Karen se acerca, retira el vaso, coloca otra butaca a su lado y se queda junto a &eacute;l, embelesada, vi&eacute;ndole dormir. El nirvana.<\/p>\n<p>\u2015Vale. No hace falta que traigas el pijama, que hace mucho calor \u2015le digo, pic&aacute;ndola.<\/p>\n<p>\u2015Muy gracioso \u2015me dice riendo, con la miel en los labios\u2015. Nos vemos despu&eacute;s.<\/p>\n<p>Eran ya las ocho y pico y yo me encontraba en el sal&oacute;n, sentado en el sill&oacute;n individual del tresillo, esperando a que regresara de &laquo;prepararse&raquo;. Yo me hab&iacute;a puesto un pantal&oacute;n largo de pijama de cuadros y una camisa blanca. Mientras hac&iacute;a tiempo mirando algo en la tele, me excitaba imagin&aacute;ndome su nerviosismo en ese momento, decidiendo qu&eacute; ponerse para pasar estas horas conmigo viendo a Clint Eastwood enroll&aacute;ndose con Meryl Streep.<\/p>\n<p>Aunque estuviera vestida, pasar una noche en una casa que no era la suya, con un chico que no era su marido, su t&iacute;o o su hermano, la deb&iacute;a hacer sentir poco menos que desnuda. Yo hab&iacute;a sido capaz de ver su turbaci&oacute;n en otras ocasiones que hab&iacute;a venido a tomar un simple caf&eacute; o a ver alg&uacute;n arreglo que hab&iacute;a a&ntilde;adido yo en la decoraci&oacute;n. Se sent&iacute;a relativamente inc&oacute;moda, como en un lugar en el que &laquo;no deb&iacute;a estar&raquo;.<\/p>\n<p>Se hab&iacute;a demorado mucho tiempo acical&aacute;ndose en el ba&ntilde;o y, ahora, cambi&aacute;ndose en el cuarto que yo le hab&iacute;a dejado para pasar la noche. Era mi habitaci&oacute;n. Yo dormir&iacute;a en la del fondo, donde se acumulaba alg&uacute;n trasto que otro. De repente, aparece por el umbral de la puerta.<\/p>\n<p>\u2015Hombre, por fin, &iexcl;lo has conseguido! \u2015le digo burl&aacute;ndome, arrastrando las palabras\u2015. Las palomitas han cogido moho. &iquest;Hacemos nuevas?<\/p>\n<p>\u2015No me des mucha ca&ntilde;a, &iquest;vale, listito? \u2015me dice con retint&iacute;n.<\/p>\n<p>Chincharnos era algo habitual entre los dos. Nos conoc&iacute;amos desde hac&iacute;a muchos a&ntilde;os, y a menudo yo sol&iacute;a incidirle en esos detalles de su educaci&oacute;n que sacaban a flote su pudor y su verg&uuml;enza, como cuando le dec&iacute;a que &laquo;no creo que sea correcto que lleves tanto escote&raquo;, que qu&eacute; iba a pensar su madre.<\/p>\n<p>En otra ocasi&oacute;n, tomando un caf&eacute; en una terraza, en medio de la conversaci&oacute;n, me suelta: &laquo;c&oacute;rtate un poco, mi ni&ntilde;o&raquo;. Por lo visto, llevaba un rato mir&aacute;ndole demasiado fijamente a los labios, los cuales se hab&iacute;a pintado ese d&iacute;a de un color pardo con mucho brillo. Yo, en realidad, no le ve&iacute;a mayor problema, as&iacute; que le pregunt&eacute; por curiosidad:<\/p>\n<p>\u2015Oye, &iquest;es que t&uacute; no miras nunca a los labios?<\/p>\n<p>\u2015Pues claro que miro, pero las mujeres logramos que los t&iacute;os no se den cuenta \u2015me respondi&oacute; de un tir&oacute;n.<\/p>\n<p>\u2015Toma, esa s&iacute; que es buena. Pues s&iacute; que deben hacerlo bien, porque yo no te he pillado ni una vez. Pero, a todo esto, &iquest;qu&eacute; hay de malo en mirar a los labios?<\/p>\n<p>\u2015Pues&#8230; \u2015y antes de hablar se da cuenta de que va a pronunciar una de esas frases que despiertan su propio asombro\u2015: Que no est&aacute; bien \u2015y se echa la mano a la boca, negando con la cabeza y mordi&eacute;ndose los labios\u2015. Me ense&ntilde;aron que no era correcto mirar a los labios \u2015termina de decir, ri&eacute;ndose. &iquest;C&oacute;mo no iba yo a excitarme con estas perlas er&oacute;ticas?<\/p>\n<p>Entra t&iacute;midamente en el sal&oacute;n, con la cabeza gacha, visiblemente inc&oacute;moda y con una ligera mancha rosada en sus mofletes. Va descalza. Se ha puesto un pijama de seda completo, color beis: camisa de manga corta, abrochada con botones hasta bastante arriba, y pantal&oacute;n largo.<\/p>\n<p>Avanza por el sal&oacute;n, cruza por delante de m&iacute;, con paso r&aacute;pido, se dirige aturullada hacia el sof&aacute; del tresillo, trastabill&aacute;ndose un poco cuando sortea la mesa de centro, y se sienta recogiendo las piernas y ocult&aacute;ndolas bajo un coj&iacute;n. Lleva las u&ntilde;as pintadas de color vino tinto, cosa que no suele hacer. Se ha recogido el pelo con unas pinzas que imitan al n&aacute;car. Se recuesta contra el apoyabrazos del sof&aacute;, con movimientos bruscos, y acomoda otro coj&iacute;n detr&aacute;s de su espalda<\/p>\n<p>\u2015Vaya modelito, &iquest;eh? \u2015le digo, prolongando todav&iacute;a un poco m&aacute;s mis chanzas.<\/p>\n<p>\u2015Si no dices nada, revientas, vamos \u2015me responde &laquo;indignada&raquo;.<\/p>\n<p>\u2015Vale, tranquila, Naomi Campbell \u2015le digo, reprimiendo mis carcajadas\u2015, ya te dejo en paz. Bueno, &iquest;qu&eacute;?, &iquest;la ponemos?<\/p>\n<p>\u2015Venga, y as&iacute; te callas un poquito \u2015me dice, remarcando cada palabra, picada, sigui&eacute;ndome el juego.<\/p>\n<p>Y as&iacute;, sin m&aacute;s pre&aacute;mbulos, nos ponemos a ver la pel&iacute;cula. De vez en cuando hacemos alg&uacute;n comentario, pero la mayor parte del tiempo estamos en silencio, sobre todo en las escenas er&oacute;ticas. En esos casos, se palpaba la tensi&oacute;n sexual en el ambiente, pues a cada uno le produc&iacute;a excitaci&oacute;n saber que el otro estaba presenciando lo mismo.<\/p>\n<p>Yo instigaba un poco m&aacute;s, si cab&iacute;a, esa tensi&oacute;n, haci&eacute;ndole observaciones inc&oacute;modas, como cuando el protagonista, el fot&oacute;grafo, se aseaba en el jard&iacute;n y la anfitriona le espiaba desde la ventana de su cuarto, escondida tras el visillo:<\/p>\n<p>\u2015Merche, &iquest;qu&eacute; haces espiando tras las cortinas? Eso no se hace.<\/p>\n<p>\u2015T&uacute; te callas \u2015respond&iacute;a\u2015. Es mi casa, y en mi casa hago lo que quiero.<\/p>\n<p>\u2015Desde luego&#8230; \u2015segu&iacute;a yo\u2015. Mira que andar excit&aacute;ndose detr&aacute;s de las ventanas&#8230;<\/p>\n<p>\u2015&iquest;Te quieres callar? \u2015saltaba ella, &laquo;molesta&raquo;, chasqueando la lengua, descojonada al mismo tiempo.<\/p>\n<p>Desde mi posici&oacute;n en el sal&oacute;n, algo m&aacute;s retrasada que la suya ante el televisor, pod&iacute;a observarla sin que me viera. Merche no era en absoluto mi tipo, nunca lo fue. Sin embargo, me excitaba su mentalidad mojigata, alimentaba mi morbo. Pude ver c&oacute;mo se iba relajando poco a poco, c&oacute;mo se recostaba sobre el sof&aacute; en una posici&oacute;n cada vez m&aacute;s c&oacute;moda, extendida, c&oacute;mo sacaba los pies de debajo del coj&iacute;n y jugueteaba con &eacute;l, pellizc&aacute;ndolo con los dedos.<\/p>\n<p>Al acabar la pel&iacute;cula, nos quedamos charlando un rato, antes de irnos a acostar. Ella hab&iacute;a cogido el coj&iacute;n y lo apretaba contra s&iacute; misma, abraz&aacute;ndolo. Eran ya cerca de las doce.<\/p>\n<p>\u2015Bueno, &iquest;nos vamos? \u2015pregunto.<\/p>\n<p>\u2015S&iacute;, ya va siendo hora. A ver qu&eacute; tal se me da dormir en una casa que no es la m&iacute;a \u2015me dice, riendo.<\/p>\n<p>\u2015&iquest;T&uacute;?, &iquest;con lo lir&oacute;n que eres? Preocupad&iacute;simo me tienes.<\/p>\n<p>Nos vamos cada uno a su habitaci&oacute;n, se oyen sonidos de cuerpos desvisti&eacute;ndose, de s&aacute;banas que se descorren. Poco a poco se van amortiguando, se apagan las luces y se hace el silencio. Pero a m&iacute; todav&iacute;a me quedan ganas de incordiar. Le grito desde mi cama:<\/p>\n<p>\u2015&iquest;Te has quedado en ropa interior?<\/p>\n<p>Se oye un nuevo chasquido de fastidio, con la lengua. Me llega otro grito:<\/p>\n<p>\u2015No, bobo, me puse un anorak encima del pijama. &iquest;Quieres dejarme en paz de una vez?<\/p>\n<p>\u2015Era s&oacute;lo por saber, mi ni&ntilde;a, por conocer tus h&aacute;bitos \u2015le digo descojon&aacute;ndome pero tratando de parecer serio. Despu&eacute;s de unos instantes, vuelvo a la carga\u2015: O sea, que &iquest;est&aacute;s ah&iacute; acostada en ropa interior sobre la cama que uso todos los d&iacute;as?<\/p>\n<p>Durante medio minuto no se oye ni una mosca, hasta que de repente, pill&aacute;ndome totalmente de sorpresa, la oigo hablarme desde el umbral de mi puerta, en voz muy baja, su cuerpo cubierto con una manta y el m&iacute;o a medio cubrir por la s&aacute;bana:<\/p>\n<p>\u2015Mira, graciosito, &iquest;te queda mucha cuerda todav&iacute;a? Porque yo quiero dormir, &iquest;eh? \u2015me dice aparentando un fastidio que no existe. Est&aacute; visiblemente cachonda. Si fuera por ella, seguir&iacute;a con este juego toda la noche.<\/p>\n<p>\u2015&iexcl;Vale, t&iacute;a repelente!, s&oacute;lo ten&iacute;a curiosidad. Que duerma usted bien \u2015le digo tratando como puedo de sonar &laquo;indignado&raquo;. Y luego, hablando por lo bajo, pero suficientemente alto como para que me oiga\u2015: Desde luego, qu&eacute; mala leche tienen algunas.<\/p>\n<p>\u2015Eso, t&uacute; sigue, &iquest;eh? A ver si voy a tener que dormir ah&iacute; para taparte la boca \u2015me llega su voz desde el pasillo, conforme se aleja caminando.<\/p>\n<p>Yo estoy teniendo una erecci&oacute;n en ese momento. &laquo;&iquest;Se le ocurrir&aacute; venir otra vez a reprenderme?&raquo;, pienso yo para m&iacute;. Me pone cachondo la idea de verla de nuevo hablarme desde el umbral de la puerta estando empalmado bajo la s&aacute;bana. Decido callarme la boca. Finalmente, dormimos.<\/p>\n<p>Son las siete menos cuarto de la ma&ntilde;ana. En la casa reina el silencio. Me levanto para hacer pis. S&oacute;lo llevo puestos unos slips azules muy el&aacute;sticos, de modo que dudo si ponerme el pantal&oacute;n del pijama. Como la luz del d&iacute;a es a&uacute;n muy d&eacute;bil, el pasillo est&aacute; s&oacute;lo levemente iluminado, pero tampoco me ser&aacute; necesario encender las luces. Decido ir al ba&ntilde;o tal como estoy.<\/p>\n<p>Camino sin hacer ruido por el pasillo. Paso por delante de su habitaci&oacute;n. Su puerta est&aacute; entornada, quedando s&oacute;lo una peque&ntilde;a ranura. Entro en el ba&ntilde;o, cierro la puerta sin hacer ruido y hago pis, procurando no hacer chocar el chorro de orina con el agua de la taza. Dejo la cisterna sin bajar. Me vuelvo a mi habitaci&oacute;n de puntillas. Cuando paso por delante de su puerta, creo percibir un ruido como de rozamiento, quiz&aacute;s de una tela sobre otra. Escucho con m&aacute;s atenci&oacute;n. &laquo;Quiz&aacute;s es que se ha dado la vuelta&raquo;, pienso. Es un sonido leve, pero continuado. Retrocedo y pongo el o&iacute;do junto a la abertura de la puerta. Sigo percibiendo un siseo repetido. &laquo;No est&aacute; dormida&raquo;, me digo. Toco en la puerta muy suavemente, con las u&ntilde;as de los dedos, de tal modo que si duerme, no se despierte:<\/p>\n<p>\u2015&iquest;Merche? \u2015digo muy suave.<\/p>\n<p>De repente, se oye un en&eacute;rgico revuelo de s&aacute;banas y el crujir del somier. Silencio de nuevo.<\/p>\n<p>\u2015&iquest;Merche?, &iquest;est&aacute;s despierta? \u2015digo, desde el umbral, sin asomarme.<\/p>\n<p>\u2015S&iacute;, s&iacute;&#8230; \u2015se oye una voz dubitativa, insegura, despu&eacute;s de una pausa que considero excesiva.<\/p>\n<p>\u2015&iquest;Se&#8230; puede? \u2015digo extra&ntilde;ado.<\/p>\n<p>\u2015S&iacute;&#8230; Pasa si quieres \u2015me dice.<\/p>\n<p>Abro muy despacio la puerta, asomando s&oacute;lo la cabeza. La habitaci&oacute;n, que tiene la ventana cubierta s&oacute;lo con un visillo, est&aacute; parcialmente iluminada con la vaga luz del d&iacute;a. La veo a ella recostada sobre la almohada, casi dir&iacute;a que sentada, apoyada contra el cabecero de la cama, y con las s&aacute;banas sujetas con los brazos sobre tu torso, por encima de los pechos, como se ve a menudo en las pel&iacute;culas. Una pierna flexionada le asoma ligeramente bajo la s&aacute;bana, la cual aprieta contra la otra. Se me antoja una postura extra&ntilde;a a esta hora de la ma&ntilde;ana. Sin entrar a&uacute;n, le digo:<\/p>\n<p>\u2015Buenos d&iacute;as. &iquest;Qu&eacute; haces despierta?, &iquest;te desvelaste? No son ni las siete.<\/p>\n<p>\u2015No&#8230; Bueno, s&iacute;.<\/p>\n<p>Arrugo el entrecejo e intento comprender echando un amplio vistazo a la cama.<\/p>\n<p>\u2015Qu&eacute; raro en ti, con lo bien que duermes siempre, &iquest;no? \u2015le digo sonriendo.<\/p>\n<p>\u2015Ya&#8230; Debe ser que no es mi casa \u2015me dice.<\/p>\n<p>De repente observo el brazo que aprieta la s&aacute;bana contra s&iacute; y no encuentro ni la tira del sujetador que deber&iacute;a pasarle por el hombro, ni la que deber&iacute;a cruzar hacia atr&aacute;s, hacia la espalda. Sigo paseando la mirada por su cuerpo y reparo en la pierna flexionada que sobresale bajo la s&aacute;bana. Me doy cuenta de que la carne del muslo, justo all&iacute; donde nace y comienza la nalga, est&aacute; igualmente desnuda. &laquo;Quiz&aacute;s duerme sin ropa interior&raquo;, pienso. En ese momento hago el amago de entrar pero me doy cuenta de que s&oacute;lo llevo puestos los slips. Tras un momento de duda, impulsado de nuevo por el morbo, decido entrar.<\/p>\n<p>\u2015&iquest;Est&aacute;s bien? \u2015le digo, avanzando por la habitaci&oacute;n y comenzando a estar excitado por exponerme as&iacute; delante de ella.<\/p>\n<p>\u2015S&iacute;, s&iacute;, todo bien, tranquilo \u2015me responde, esquivando mi cuerpo con la mirada y mir&aacute;ndome a los ojos.<\/p>\n<p>La siento especialmente nerviosa, no sabr&iacute;a decir si excitada, pues en esta semipenumbra en que nos encontramos, creo notar unas manchas granate sobre sus mejillas.<\/p>\n<p>\u2015Pero, &iquest;qu&eacute; hac&iacute;as? \u2015le pregunto.<\/p>\n<p>\u2015Nada, &iquest;por qu&eacute; lo dices?<\/p>\n<p>\u2015No s&eacute;, como est&aacute;s as&iacute; sentada&#8230; &iquest;Llevas mucho rato despierta? \u2015le digo. Se me hace raro pensar que se ha desvelado y se ha propuesto pasar el tiempo en esa postura.<\/p>\n<p>\u2015S&oacute;lo un rato \u2015me responde\u2015. Es que me sorprendiste al tocar en la puerta. &iquest;T&uacute; has dormido bien?<\/p>\n<p>\u2015S&iacute;, perfecto. S&oacute;lo hab&iacute;a ido al ba&ntilde;o un momento \u2015le digo. Luego, haci&eacute;ndole notar que me he fijado en que no lleva ropa interior, le suelto ri&eacute;ndome\u2015: Veo que al final te quitaste el anorak.<\/p>\n<p>\u2015S&iacute;&#8230; \u2015me dice, y se pone como un tomate maduro. He llegado a una conclusi&oacute;n: est&aacute; excitada y nerviosa.<\/p>\n<p>\u2015T&uacute; tramas algo \u2015le digo.<\/p>\n<p>\u2015&iexcl;Que yo no tramo nada! \u2015responde, en&eacute;rgica, y noto que se contrae bajo las s&aacute;banas, que aprieta m&aacute;s las piernas, juntando las rodillas.<\/p>\n<p>\u2015&iquest;Qu&eacute; escondes? \u2015le digo con una sonrisa traviesa.<\/p>\n<p>\u2015&iexcl;Pero qu&eacute; dices, ni&ntilde;o! Que no escondo nada \u2015me dice, tratando de incorporarse un poco m&aacute;s, sujetando la s&aacute;bana sobre sus pechos con un brazo y ayud&aacute;ndose con el otro sobre el colch&oacute;n.<\/p>\n<p>Me acerco m&aacute;s a ella, invadi&eacute;ndole la perspectiva. Gira la vista para no mirar el evidente bulto que ocultan mis calzoncillos. Me gusta observar los esfuerzos que hace por esquivarme. Tiendo un brazo hacia la s&aacute;bana que cuelga sobre su pierna flexionada, la cojo con dos dedos, como con una pinza, y la levanto un poco.<\/p>\n<p>\u2015&iquest;Qu&eacute; haces? Estate quieto \u2015me suelta &laquo;enrabietada&raquo;, tratando de deshacer lo que yo estoy tratando de hacer, tirando de la tela hacia abajo.<\/p>\n<p>\u2015Mi ni&ntilde;a, &iquest;temes resfriarte en agosto? \u2015le digo yo, siguiendo con mis pesquisas.<\/p>\n<p>Sigo tirando un poco m&aacute;s de la s&aacute;bana, descubriendo la carne blanca de su muslo. De repente, mi cuerpo se eriza por completo, abro mis ojos de par en par, me quedo en shock durante unos segundos. Observo que por el hueco que forman los dos muslos al juntarse, en la entrepierna, asoma la punta de un objeto de color beis. &iquest;Es lo que creo que es? No doy cr&eacute;dito. Tratando de recuperarme de la impresi&oacute;n, y adoptando la voz m&aacute;s p&iacute;cara de que soy capaz, le digo:<\/p>\n<p>\u2015Merche, &iquest;qu&eacute; estabas haciendo?<\/p>\n<p>\u2015Nada \u2015me dice por toda respuesta y ocultando su cara con los dedos, que hacen las veces de persiana. Sus mofletes est&aacute;n a punto de la ignici&oacute;n.<\/p>\n<p>\u2015&iquest;Nada? \u2015digo. A estas alturas ya no puedo controlar mi excitaci&oacute;n, y mi pene empieza a crecer bajo mis calzoncillos. Me acerco un poco m&aacute;s al borde de la cama y pongo mi mano sobre su rodilla. Trato de abrirla, de despegarla de la otra. Ella opone resistencia, pero no &laquo;demasiada&raquo;. Poco a poco va cediendo.<\/p>\n<p>\u2015&iquest;Qu&eacute; escondes ah&iacute;? \u2015le digo.<\/p>\n<p>\u2015Nada \u2015responde martirizada, sin saber d&oacute;nde meterse.<\/p>\n<p>Sigo tirando de su rodilla. Cuando he logrado abrir un hueco entre las dos, vuelvo a tomar la s&aacute;bana con los dedos. Tiro despacio, haci&eacute;ndola deslizar por su carne. Ella sigue sujet&aacute;ndola sobre sus pechos. Retiro la s&aacute;bana de sus rodillas y la dejo caer al lado de su cuerpo. Sus piernas flexionadas quedan al descubierto, as&iacute; como parte de su vientre y su entrepierna, de donde asoma la punta del dildo que le ense&ntilde;&eacute; la &uacute;ltima vez que estuvo en mi casa, circundado por una areola de vello parduzco. Me estremezco con esta visi&oacute;n. Luego la miro a la cara fijamente, que ella trata de cubrir nuevamente colocando su mano sobre la frente, como una visera. La noto respirar con agitaci&oacute;n. Sus mejillas van a prenderse fuego.<\/p>\n<p>Mi paquete, ya sin remedio posible, ha crecido a su gusto y me cruza los calzoncillos como un retazo de culebra. Llevo mi mano a su entrepierna, hago una pinza con los dedos pulgar e &iacute;ndice y agarro la punta del dildo, del que comienzo a tirar muy despacio. El cuerpo brillante del juguete, h&uacute;medo de ella, va apareciendo despacio como los primeros vagones de un tren que asoman por un t&uacute;nel oscuro: diez cent&iacute;metros, quince, veinte&#8230; Finalmente, lo retiro de su vagina y lo sujeto en el aire en medio de los dos, evidenciando ante nuestras miradas &laquo;la prueba del delito&raquo;: un consolador de color crema con la punta imitando a un glande. Ella, para mi asombro, no cierra sus piernas: quiere mostrarme su intimidad, el escenario de sus juegos. Debe estar tan cachonda como yo.<\/p>\n<p>\u2015&iquest;Y esto qu&eacute; es? \u2015le digo sujetando el consolador delante de ella, brillante de su flujo, metido ya de lleno en mi papel de inquisidor. Mi miembro lagrimea de excitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>\u2015Nada&#8230; \u2015responde.<\/p>\n<p>\u2015&iquest;Nada? \u2015pregunto de nuevo\u2015. &iquest;Y qu&eacute; hac&iacute;a &laquo;ah&iacute;&raquo;?<\/p>\n<p>\u2015No lo s&eacute; \u2015me dice, visiblemente excitada. He visto granadas m&aacute;s p&aacute;lidas que su cara.<\/p>\n<p>\u2015&iquest;No lo sabes? \u2015le digo, tratando de adoptar el tono que se usa con un ni&ntilde;o que hace una travesura. Ambos nos subimos por las paredes. La cara me arde. Mis calzoncillos empiezan a mostrar una mancha oscura all&iacute; donde desemboca el glande.<\/p>\n<p>\u2015No, no lo s&eacute; \u2015me dice. Y luego, como el delincuente que niega tener ninguna responsabilidad sobre el dinero que sujeta en la mano, agrega\u2015: Si no te dejaras esas cosas por ah&iacute;&#8230;<\/p>\n<p>&laquo;Por ah&iacute;&raquo; significa mi segundo caj&oacute;n de la mesa de noche, puesto que es ah&iacute; donde lo guardaba. Me excita no s&oacute;lo lo que ha estado haciendo durante la noche con el juguete, estando yo a unos metros, y que se haya desnudado del todo para estar m&aacute;s c&oacute;moda mientras jugaba, sino tambi&eacute;n saber que ha estado hurgando en mis cajones hasta dar con lo que &laquo;iba buscando&raquo;. Me pone a mil.<\/p>\n<p>Yo sigo de pie, junto a su cama, con una tremenda erecci&oacute;n que deforma y moja mis calzoncillos, y con el dildo que, caliente a&uacute;n, momentos antes estaba dentro de su vagina. Me llega levemente el olor que lo impregna. Tengo unas ganas irresistibles de masturbarme y aliviarme. Desear&iacute;a sacarme ahora mismo la polla delante de ella, hacerla brotar y observar todos y cada uno de los gestos de su cara. Estoy que exploto. Tengo que terminar con esto, pero no s&eacute; c&oacute;mo. Me acerco a ella, al cabecero de la cama, con el juguete h&uacute;medo en la mano, haci&eacute;ndolo girar frente a su cara, tratando de martirizarla, y le digo, en el tono m&aacute;s &laquo;severo&raquo; que puedo adoptar:<\/p>\n<p>\u2015Pues bien, me parece muy bien, muy bonito \u2015y observo por &uacute;ltima vez el dildo, sujet&aacute;ndolo con los dedos, alz&aacute;ndolo m&aacute;s arriba de la altura de mi cara, como examinando una prueba criminal. Y lo hago as&iacute; con una clara intenci&oacute;n: quiero tener mi mirada visiblemente &laquo;ocupada&raquo;, lejos de la suya, de modo que se sienta libre para poder observar, sin que se vea intimidada, mi pene tieso, pujante y h&uacute;medo bajo mis calzoncillos. Y cu&aacute;n grande no es mi sorpresa cuando logro atisbar, con un fugaz golpe de ojos, que ella, fingiendo atusarse el pelo, retir&aacute;ndolo de su cara y girando la cabeza, aprovecha para deleitarse echando una mirada provechosa a mi pene lacrimoso. Esta vez s&iacute; la he &laquo;pillado mirando&raquo;, y una descarga de excitaci&oacute;n me recorre el cuerpo. Finalmente, agrego:<\/p>\n<p>\u2015Pues nada, lo dejar&eacute; donde lo encontr&eacute;, &iquest;te parece bien?<\/p>\n<p>\u2015Haz lo que quieras \u2015me responde desde&ntilde;osa, sin retirar la celos&iacute;a que protege su mirada\u2015, yo no s&eacute; nada y no he hecho nada.<\/p>\n<p>Y diciendo esto, vuelvo a poner mi mano en su rodilla, tiro de ella para abrirme hueco y dejar su vulva expuesta, y llevo la punta del consolador a la entrada. Hurgo con el glande la zona carnosa y h&uacute;meda y lo introduzco despacio. Ella sigue mis movimientos a trav&eacute;s de los huecos de sus dedos. Una vez dentro, no puedo resistirme y lo vuelvo a sacar casi por completo, para volver a introducirlo. Tras repetirlo varias veces, y ver c&oacute;mo ella respira agitada, lo dejo dentro tal como lo encontr&eacute;. No puedo aguantarme m&aacute;s, as&iacute; que cierro sus piernas flexionadas y las cubro con la s&aacute;bana. Me giro y camino despacio hacia la puerta. Una vez en el umbral, me doy la vuelta, exponiendo por &uacute;ltima vez a su mirada la prueba de mi excitaci&oacute;n, y le digo:<\/p>\n<p>\u2015Bueno, pues ah&iacute; te dejo haciendo &laquo;nada&raquo; \u2015le digo remarcando la &uacute;ltima palabra\u2015. Cuando acabes, deja el juguetito sobre mi mesa de noche. Se habr&aacute; debido caer y se te habr&aacute; metido &laquo;ah&iacute;&raquo; por accidente.<\/p>\n<p>Me dirijo a la cocina, cojo dos servilletas y regreso a mi cuarto. Me tiendo sobre la cama, me quito los slips, qued&aacute;ndome en pelotas, y empiezo a hacerme un pedazo de paja recordando cada detalle de esta escena perturbadora sobrevenida del cielo, por culpa, gracias a Dios, de mis ganas de mear. Me masturbo y me alivio sin poner ning&uacute;n cuidado en que ella no me oiga. Es m&aacute;s: quiero que me oiga.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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