{"id":40243,"date":"2022-12-14T23:00:00","date_gmt":"2022-12-14T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-12-14T23:00:00","modified_gmt":"2022-12-14T23:00:00","slug":"el-nuevo-curso-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-nuevo-curso-i\/","title":{"rendered":"El nuevo curso (I)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"40243\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">2<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 28<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Cuando el despertador empez&oacute; nuevamente a sonar, Enrique comprendi&oacute; por fin que las vacaciones que tanto hab&iacute;a disfrutado hab&iacute;an llegado a su fin.&nbsp; A las seis de la ma&ntilde;ana, lo que menos le apetec&iacute;a era levantarse de la cama para volver a la rutina diaria de clases universitarias, comidas apresuradas y largas tardes de estudio donde los minutos parec&iacute;an convertirse en horas. Con cierta frustraci&oacute;n cerr&oacute; los ojos y alarg&oacute; los cinco minutos de gracia que se conced&iacute;a cada ma&ntilde;ana remoloneando en la cama, envuelto hasta la barbilla en las s&aacute;banas.<\/p>\n<p>Con un suspiro apag&oacute; la segunda alarma y sali&oacute; por fin del nido de ropa en el que hab&iacute;a acabado por dormir, dirigi&eacute;ndose de inmediato a la ducha. Al quitarse el pijama no pudo evitar echar un vistazo al espejo de cuerpo entero que cubr&iacute;a el interior de la puerta de su ba&ntilde;o, instalado por los antiguos inquilinos del piso al que se hab&iacute;a mudado el a&ntilde;o anterior al comenzar la universidad. Con una ancha sonrisa evalu&oacute; los resultados del intenso programa de cambio al que se hab&iacute;a sometido durante el verano, consistente sobre todo en ejercicio, ejercicio y ejercicio.<\/p>\n<p>Harto de ser el gordito, en cuanto tuvo vacaciones se apunt&oacute; al gimnasio al que iba su amigo y no falt&oacute; un solo d&iacute;a. En apenas dos meses la grasa de su cuerpo se fue por el sumidero, junto con sus granos y las gafas, que reemplaz&oacute; por unas lentillas al menos mientras estaba fuera de casa. Por primera vez se hab&iacute;a animado a ir a la playa y luc&iacute;a un bronceado bastante favorecedor, de un tono que le record&oacute; a los caramelos que com&iacute;a de ni&ntilde;o. Dando una media vuelta admir&oacute; la parte trasera, jam&aacute;s hab&iacute;a tenido el culo as&iacute; de definido ni tan peque&ntilde;o. Gracias adem&aacute;s al bronceado, tanto su culo como su pene y test&iacute;culos, de cuyo tama&ntilde;o siempre se hab&iacute;a sentido orgulloso, parec&iacute;an destacar m&aacute;s al no haber cogido color la piel.<\/p>\n<p>Aunque a&uacute;n ten&iacute;a espacio para mejorar, una profunda satisfacci&oacute;n le inund&oacute; por dentro al ver ligeramente marcados sus abdominales y los pectorales, que no hac&iacute;a tanto estaban sepultados bajo una buena capa de grasa sobrante. Con la falta de vello corporal que tanto le acomplejaba no pod&iacute;a hacer nada, era cosa de familia, pero se dijo a s&iacute; mismo que ya no deb&iacute;a importarle, ahora que ten&iacute;a un cuerpo que lucir. No obstante, cuando comprob&oacute; si hab&iacute;a estirado algo ese verano, aunque sab&iacute;a que era bastante improbable que creciese m&aacute;s dada su edad y que ya hab&iacute;a dejado atr&aacute;s la pubertad, la marca que hab&iacute;a hecho en el espejo le record&oacute; que segu&iacute;a midiendo tan solo uno setenta. Casi con toda seguridad seguir&iacute;a siendo el m&aacute;s bajo de la clase.<\/p>\n<p>Al percatarse de lo tarde que se hab&iacute;a hecho salt&oacute; finalmente a la ducha, donde se enjabon&oacute; a la carrera y tras una intensa rociada de desodorante en spray de la que sali&oacute; tosiendo se enfund&oacute; en la primera camiseta limpia que encontr&oacute; y un c&oacute;modo par de vaqueros grises que sac&oacute; del armario. Antes de salir por la puerta, ya calzado con unas deportivas y cargado con la mochila, se asegur&oacute; de coger una sudadera gruesa. Ayer hab&iacute;an pronosticado lluvia y viento y conociendo su suerte, si sal&iacute;a en manga corta volver&iacute;a a casa con una buena pulmon&iacute;a. Se atus&oacute; sus rebeldes mechones casta&ntilde;os, que siempre insist&iacute;an en desordenarse en remolinos extra&ntilde;os, y baj&oacute; las escaleras saltando los pelda&ntilde;os de tres en tres.<\/p>\n<p>Por fortuna viv&iacute;a a tan solo quince minutos a pie del campus, por lo que a pesar de su apresurada salida pudo llegar a tiempo. All&iacute;, ya sentado en el banco de siempre y con cara de querer morirse, estaba su gran amigo Carlo. En cuanto este le vio le dedic&oacute; una cansada sonrisa y un vago adem&aacute;n con la mano, y, para no fallar a la costumbre, sinti&oacute; que a sus mejillas sub&iacute;a de golpe la sangre, dej&aacute;ndole con dos visibles rosetones en cada una. Carlo hab&iacute;a sido su crush durante casi dos a&ntilde;os, la raz&oacute;n real por la que empez&oacute; a hacer ejercicio y decidi&oacute; cambiar de imagen. De ascendencia italiana, le gustaba especialmente el cabello negro y ensortijado de su amigo, que tantas chicas hab&iacute;an acariciando delante de &eacute;l sin ser conscientes de lo much&iacute;simo que dar&iacute;a &eacute;l por poder hacer lo mismo, su cuerpo marcadamente masculino y musculoso y ese exceso de confianza que derrochaba. Para su desgracia, Carlo era hetero.<\/p>\n<p>&ndash;Enrique, de vuelta al purgatorio &iquest;eh?<\/p>\n<p>&ndash;Tan optimista como siempre, &iquest;qu&eacute; tal en la playa?<\/p>\n<p>Carlo se encogi&oacute; de hombros con una gran sonrisa. Como cada verano se hab&iacute;a ido el &uacute;ltimo mes de vacaciones a visitar a sus abuelos en Capri. Enrique hab&iacute;a visto las fotos del intenso mar azul, que casi parec&iacute;a una prolongaci&oacute;n del cielo, los acantilados escarpados cuyas rocas de color blanquecino se salpicaban aqu&iacute; y all&iacute; de pueblos pintorescos y parches de vegetaci&oacute;n siempre verde y el yate de los abuelos de su amigo, tan blanco que hac&iacute;a resaltar a&uacute;n m&aacute;s el perfecto bronceado de revista que Carlo siempre consegu&iacute;a.<\/p>\n<p>&ndash;No me puedo quejar, cada a&ntilde;o las mujeres de Italia son m&aacute;s hermosas.<\/p>\n<p>Enrique not&oacute; que el flujo de estudiantes comenzaba a dirigirse a paso lento hacia las aulas. Se pod&iacute;a distinguir perfectamente bien a los veteranos de los nuevos estudiantes: los primeros iban con el aire resignado de quienes ya conocen lo que les espera, si bien todav&iacute;a les quedaba una ligera chispa de emoci&oacute;n, mientras que los segundos iban desbordantes de entusiasmo y algo de miedo ante lo desconocido y la transici&oacute;n que supon&iacute;a pasar a formar parte de la masa universitaria.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;No entramos?<\/p>\n<p>&ndash;Estaba esperando a un colega. Se supon&iacute;a que empezaba hoy aqu&iacute;, pero parece que llegar&aacute; tarde&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;Lo mismo ha entrado ya, quiz&aacute; est&eacute; esperando dentro en el aula. Se supone que nos toca qu&iacute;mica a primera hora y ya sabes que con Mauro a cargo m&aacute;s te vale no llegar tarde. &ndash;Coment&oacute; Enrique cambiando el peso del cuerpo de un pie a otro con inquietud. Carlo, que conoc&iacute;a de sobra que su amigo no soportaba la impuntualidad, accedi&oacute; a entrar ya.<\/p>\n<p>Ambos amigos se encaminaron al inmenso aula donde se impart&iacute;a qu&iacute;mica los d&iacute;as que no ten&iacute;an pr&aacute;ctica de laboratorio. En el camino saludaron a algunos de sus compa&ntilde;eros, conocidos de otros a&ntilde;os, que ten&iacute;an todos las mismas caras de pocas ganas que ellos. Qu&iacute;mica ya era mala, pero a primera hora pod&iacute;a convertirse en un aut&eacute;ntico infierno debido al estricto profesor que la impart&iacute;a. Un hueso de la vieja escuela poco dispuesto a dejar pasar un solo desliz. No soportaba la impuntualidad, la vagancia ni que se hablase en su aula. Por fortuna, no hab&iacute;a llegado todav&iacute;a.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Mira! Ah&iacute; est&aacute; ese coglione, tan tranquilo aqu&iacute; dentro mientras nosotros esper&aacute;bamos fuera. &ndash;Enrique sonri&oacute; ante el enfado de su amigo, quien ya se dirig&iacute;a a la parte trasera del aula a grandes zancadas, cuando se qued&oacute; completamente mudo, con las palabras retenidas en su garganta.<\/p>\n<p>Sentado a lo indio sobre una de las largas mesas que abarrotaban el aula, proyectando una imagen indolente y relajada, estaba el hombre m&aacute;s guapo que jam&aacute;s hab&iacute;a visto. A pesar de que se ve&iacute;a que era alto, incluso estando sentado, su cara parec&iacute;a demasiado juvenil como para estar en la universidad. Casi parec&iacute;a m&aacute;s un adolescente que alguien de veinte como ellos. Cuando vio a Carlo, la inmensa sonrisa que ilumin&oacute; su rostro, en el que se desplegaron dos preciosos hoyuelos, dej&oacute; sin respiraci&oacute;n a Enrique, que tropez&oacute; con sus propios pies mientras segu&iacute;a la estela de su amigo.<\/p>\n<p>&ndash;Enrique, te presento a Dami&aacute;n, el coglione que nos ha hecho esperarle fuera mientras estaba dentro. Se ha mudado hace poco y ahora estudia aqu&iacute;, pegado a nosotros como mosca a mierda.<\/p>\n<p>&ndash;Un placer &ndash; se present&oacute; tendiendo la mano, ignorando completamente el insulto proferido por Carlo evidenciando que ya conoc&iacute;a los exabruptos de los que era capaz el italiano.<\/p>\n<p>Justo cuando Enrique parec&iacute;a salir de su estupor para ir a estrecharle la mano al nuevo, hizo aparici&oacute;n en el frente del aula el estricto profesor Mauro. Con un movimiento fluido propio de un consumado bailar&iacute;n Enrique observ&oacute;, plantado en mitad del pasillo que formaban las mesas, como Dami&aacute;n descend&iacute;a de la mesa y se sentaba en la que estaba delante de la ocupada por Carlo. Cuando Mauro carraspe&oacute; sonoramente para indicar que m&aacute;s val&iacute;a que todos se sentasen de inmediato pudo por fin librarse de su moment&aacute;nea par&aacute;lisis y tomar asiento al lado de su amigo, desde donde pod&iacute;a observar al nuevo a placer.<\/p>\n<p>Por suerte para Enrique la primera hora fue tranquila, una mera introducci&oacute;n, porque se vio incapaz de despegar los ojos de Dami&aacute;n. A primera vista hubiese apostado que ten&iacute;a el cabello de color casta&ntilde;o claro, pero al incidir los rayos de sol oto&ntilde;ales sobre las largas ondas que rozaban sus hombros adquir&iacute;a un brillo rojizo, casi rubio en ciertos puntos. Ten&iacute;a la piel blanca, sin rastro alguno de acn&eacute; o imperfecciones, a excepci&oacute;n de los hoyuelos de las mejillas que aparec&iacute;an cuando mov&iacute;a los labios, carnosos y de un atractivo tono coral. La nariz fina y delicada aportaba armon&iacute;a a su rostro y definiendo un perfil recto y sofisticado. Las largu&iacute;simas pesta&ntilde;as arrojaban sombras sobre sus p&oacute;mulos altos y definidos, masculinos, y enmarcaban unos ojos que m&aacute;s que marrones o verdes eran una rara combinaci&oacute;n de ambos colores, dependiendo del &aacute;ngulo de la luz.<\/p>\n<p>Cada vez que se mov&iacute;a, tomando notas o subiendo y bajando la mirada de su cuaderno a la parte frontal del aula, donde el catedr&aacute;tico impart&iacute;a su lecci&oacute;n inicial, Enrique sent&iacute;a que su coraz&oacute;n daba un salto. Desde donde estaba pod&iacute;a ver perfectamente sus manos, de dedos largos y u&ntilde;as bien cuidadas que parec&iacute;an sostener el bol&iacute;grafo como si de un pincel se tratase. El ce&ntilde;ido jersey verde que llevaba revelaba a la perfecci&oacute;n que ten&iacute;a un cuerpo musculoso, pero no como el suyo o el de su amigo Carlo, conseguidos a base de pesas en el gimnasio, sino m&aacute;s bien esa t&iacute;pica complexi&oacute;n atl&eacute;tica y fibrosa de los cuerpos j&oacute;venes y saludables.<\/p>\n<p>Cada vez que se mov&iacute;a, tomando notas o subiendo y bajando la mirada de su cuaderno a la parte frontal del aula, donde el catedr&aacute;tico impart&iacute;a su lecci&oacute;n inicial, Enrique sent&iacute;a que su coraz&oacute;n daba un salto. Desde donde estaba pod&iacute;a ver perfectamente sus manos, de dedos largos y u&ntilde;as bien cuidadas que parec&iacute;an sostener el bol&iacute;grafo como si de un pincel se tratase. Con cierto embarazo sonri&oacute; levemente al percatarse de que hab&iacute;a estado concentrado demasiado tiempo en apreciar su trasero, enfundado en unos estrechos vaqueros.<\/p>\n<p>Por el rabillo del ojo Dami&aacute;n le vio sonre&iacute;r y le dedic&oacute; un saludo moviendo apenas los dedos. Nuevamente sinti&oacute; como la sangre se agolpaba en su cara y su coraz&oacute;n lat&iacute;a al doble de la velocidad a la que lo hac&iacute;a normalmente. Gir&oacute; la cabeza con brusquedad, rompiendo el contacto visual pero dolorosamente consciente del hecho de que le hab&iacute;a pillado comi&eacute;ndosele con los ojos, y alcanz&oacute; a o&iacute;r con meridiana claridad una risa sofocada contra un brazo. Muerto de verg&uuml;enza intent&oacute; en vano concentrarse en las explicaciones sobre el curso que desgranaba Mauro. Misi&oacute;n imposible, pues la figura de Dami&aacute;n sentado frente a &eacute;l le atra&iacute;a como el im&aacute;n al hierro.<\/p>\n<p>Cuando por fin son&oacute; el aviso del fin de la hora no pudo por menos que alegrarse. Necesitaba poner algo de distancia entre &eacute;l y Dami&aacute;n para despejarse la cabeza. Hab&iacute;a tenido otros flechazos antes, pero nunca nada tan intenso. Quiz&aacute; se deb&iacute;a a la manifiesta sexualidad que parec&iacute;a exudar de forma inconsciente. No pretend&iacute;a atraer, pero su extraordinario f&iacute;sico y sus rasgos at&iacute;picos se encargaban de ello. Cuando vio que este se dirig&iacute;a a Carlo, y Carlo aminoraba el paso para que les diese alcance, se sinti&oacute; dividido entre el fastidio y la alegr&iacute;a m&aacute;s absoluta. Pudo comprobar que, como hab&iacute;a sospechado, tan solo era unos cent&iacute;metros m&aacute;s bajo que el italiano, lo que le colocaba tranquilamente en el metro ochenta.<\/p>\n<p>&ndash;Menudo arranque de curso, &iquest;eh? Si me llegas a decir que iba a ser as&iacute;, no hubiese venido.<\/p>\n<p>Carlo se ech&oacute; a re&iacute;r. A Enrique le sorprend&iacute;a siempre la facilidad que ten&iacute;a su amigo para relacionarse con todos. &Eacute;l siempre hab&iacute;a sido mucho m&aacute;s t&iacute;mido, casi introvertido. Tan solo al conocer a Carlo comenz&oacute; a abrirse y a interactuar con los dem&aacute;s, pero en presencia del nuevo parec&iacute;a haber regresado a su antigua coraza, herm&eacute;tico, aunque esta vez debido a lo cohibido que se sent&iacute;a. Pod&iacute;a notar los ojos verdosos de Dami&aacute;n clavados en &eacute;l, escrut&aacute;ndole. Sus mejillas se encendieron a&uacute;n m&aacute;s y escuch&oacute; de nuevo aquella risa sofocada.<\/p>\n<p>Pas&oacute; el resto de las clases en una extra&ntilde;a duermevela. Flotaba en la realidad, cuyo foco parec&iacute;a haber cambiado de Carlo a Dami&aacute;n con absoluta facilidad. Era consciente de cada movimiento que hac&iacute;a su nuevo compa&ntilde;ero, completamente fascinado. No hab&iacute;a conseguido cruzar una sola palabra con el joven, pero eso le daba igual, Enrique disfrutaba tan solo manteni&eacute;ndose cerca, y sufr&iacute;a cuando otros compa&ntilde;eros se presentaban y les correspond&iacute;a derrochando simpat&iacute;a y carisma.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Por fin termin&oacute;! Empiezo a replantearme si de verdad merece la pena ser m&eacute;dico&ndash; exclam&oacute; Carlo en cuanto concluy&oacute; la &uacute;ltima hora, desperez&aacute;ndose ruidosamente mientras estiraba sus largas piernas por debajo de la mesa.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n se ech&oacute; a re&iacute;r con ganas, deslumbrando a Enrique con la visi&oacute;n de sus blancos y parejos dientes, perlas entre el coral de los labios. Por un momento se le cruz&oacute; por la mente c&oacute;mo ser&iacute;a poder besarle. Sacudiendo fren&eacute;ticamente la cabeza para librarse de esos pensamientos se centr&oacute; en la conversaci&oacute;n que manten&iacute;a su amigo con el novato, que giraba en torno a si este &uacute;ltimo hab&iacute;a encontrado o no piso.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Tan cerca? Qu&eacute; suerte tienes.<\/p>\n<p>&ndash;Lo s&eacute;, puedo ir y venir andando, y la zona no est&aacute; mal &ndash;Dami&aacute;n sonre&iacute;a con suficiencia, orgulloso del piso que hab&iacute;a encontrado.<\/p>\n<p>&ndash;Enrique tambi&eacute;n vive ah&iacute;, as&iacute; que mira, os dejo, que te acompa&ntilde;e &eacute;l que yo tengo que irme corriendo al gimnasio. Tengo entrenamiento de boxeo en una hora y a&uacute;n tengo que cambiarme.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute;? &iexcl;Carlo! &ndash;Exclam&oacute; Enrique<\/p>\n<p>&ndash;Vive en el siguiente portal al tuyo, no te perder&aacute;s por acompa&ntilde;arle &ndash;le grit&oacute; mientras se desped&iacute;a.<\/p>\n<p>Completamente aturdido Enrique solo pudo observar las anchas espaldas de su amigo alejarse entre la multitud que abarrotaba el concurrido campus. Sent&iacute;a la presencia de Dami&aacute;n a su lado casi como si le estuviese tocando en lugar de estar separados. Su respiraci&oacute;n se aceler&oacute;, pod&iacute;a notar su coraz&oacute;n bombeando fren&eacute;ticamente y el pulso retumbando en sus o&iacute;dos. Ten&iacute;a que decir algo, ten&iacute;a que hablar, pero dejado a su suerte por su amigo no sab&iacute;a c&oacute;mo. Estaba a punto de empezar a caminar hacia casa, confiando en que el nuevo le seguir&iacute;a, cuando este rompi&oacute; el silencio.<\/p>\n<p>&ndash;Antes no nos presentamos como es debido. Soy Dami&aacute;n&ndash; se present&oacute; con una suave sonrisa, extendiendo la mano al mismo tiempo.<\/p>\n<p>&ndash;E-E-Enrique &ndash;tartamude&oacute; este estrechando la mano que le ofrec&iacute;a su compa&ntilde;ero de clase, encontr&aacute;ndola sorprendentemente suave y c&aacute;lida. Una corriente el&eacute;ctrica recorri&oacute; todo su cuerpo antes de cortar el apret&oacute;n, dej&aacute;ndole con una sensaci&oacute;n extra&ntilde;a en la boca del est&oacute;mago.<\/p>\n<p>&ndash;Vamos a ser vecinos adem&aacute;s de compa&ntilde;eros, por lo que veo. Me alegro, Carlo me ha contado muchas cosas de ti. Todas buenas, tranquilo.<\/p>\n<p>&ndash;Gracias&hellip; &ndash; farfull&oacute; sinti&eacute;ndose un completo imb&eacute;cil. Esperaba que Dami&aacute;n no creyese que estaba siendo un borde integral y dese&oacute; con toda su alma poder decir algo, lo que fuese, pero la timidez se impuso y at&oacute; su lengua.<\/p>\n<p>Ech&oacute; a andar cabizbajo, dejando que Dami&aacute;n caminase a su lado con sus pasos de artista. Hundi&oacute; las manos en el bolsillo de los vaqueros, consciente de la p&eacute;sima impresi&oacute;n que estaba causando a pesar de que lo que le hubiese gustado en el fondo era impresionarle, poder dejar una imagen memorable, que se fijase en &eacute;l de la misma manera. Con mucha cautela se arriesg&oacute; a levantar la cabeza, deslizando sus ojos por el entorno hasta encontrar la cara de Dami&aacute;n, para su sorpresa, sonre&iacute;a con algo parecido a la ternura y no parec&iacute;a molesto en absoluto por su falta de comunicaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Carlo ya me dijo que eras bastante t&iacute;mido. Espero no hacerte sentir inc&oacute;modo.<\/p>\n<p>&ndash;No, perdona. &ndash;Orgulloso por haber conseguido despegar los labios decidi&oacute; lanzarse con una pregunta inofensiva&ndash; &iquest;D&oacute;nde le conociste?<\/p>\n<p>&ndash;En el gimnasio. Hacer ejercicio me alivia el estr&eacute;s y busqu&eacute; en internet alg&uacute;n gimnasio completo, me apunt&eacute; y ah&iacute; le conoc&iacute;. Es un buen t&iacute;o.<\/p>\n<p>Poco a poco Enrique se relaj&oacute;. Mientras caminaban juntos por la calle pudo soltar el nudo de aprensi&oacute;n que le paralizaba la garganta, aunque mayormente se dedic&oacute; a escuchar a su nuevo compa&ntilde;ero. Ten&iacute;a una voz c&aacute;lida y grave que contrastaba ligeramente con su rostro juvenil. Uno esperaba una voz a&uacute;n plagada de gallos, no una voz m&aacute;s propia de un tenor bien entrenado. Caminaba sin esfuerzo aparente, con una econom&iacute;a y gracia de movimientos que no pudo salvo admirar, con el cabello brillando rojizo cada vez que atravesaban un parche de luz. Cada peque&ntilde;ez le hac&iacute;a sonre&iacute;r y Enrique no tard&oacute; en percatarse de todo el repertorio de sonrisas que ten&iacute;a, desde la m&aacute;s tenue, que apenas hac&iacute;a asomar los hoyuelos, hasta la m&aacute;s radiante, donde les desplegaba en todo su esplendor. Cuando por fin se detuvieron frente al portal de Dami&aacute;n, Enrique se lament&oacute; internamente, deseando poder alargar ese momento.<\/p>\n<p>&ndash;Oye, Enrique &ndash;dijo Dami&aacute;n, manteniendo la puerta abierta mientras hac&iacute;a tintinear las llaves en la mano &ndash;voy a ir despu&eacute;s a la biblioteca del campus, a eso de las cinco. En casa casi nunca soy capaz de estudiar. &iquest;Te apetece venir?<\/p>\n<p>&ndash;Claro, claro que me apetece &ndash;respondi&oacute; sonriente, quiz&aacute; incluso demasiado r&aacute;pido. A pesar del bochorno no pudo por menos que responder a la amplia sonrisa de Dami&aacute;n con otra igual de radiante.<\/p>\n<p>Plantado en la acera como un est&uacute;pido observ&oacute; el sensual vaiv&eacute;n de sus caderas mientras ascend&iacute;a las escaleras del portal y se perd&iacute;a en su interior, al tiempo que una furiosa erecci&oacute;n se abr&iacute;a camino dentro de sus vaqueros. Casi corriendo consigui&oacute; subir a casa, a pesar de que las manos le temblaban tanto que las llaves se le cayeron en varias ocasiones. En cuanto la puerta de su apartamento se cerr&oacute; detr&aacute;s de &eacute;l solt&oacute; la mochila en el suelo y desabroch&oacute; sus vaqueros, baj&aacute;ndolos junto con el b&oacute;xer hasta los tobillos, dejando que su pene creciese hasta sus nada desde&ntilde;ables dieciocho cent&iacute;metros. Tumb&aacute;ndose en la cama le agarr&oacute; por la base y comenz&oacute; a masturbarse, moviendo la mano velozmente arriba y abajo, ayudado por la incre&iacute;ble cantidad de l&iacute;quido preseminal que soltaba.<\/p>\n<p>Solo pod&iacute;a pensar en Dami&aacute;n, en sus ojos verdosos, en el movimiento de sus caderas, en sus labios entreabiertos, delante de &eacute;l y suplicando por m&aacute;s. Se preguntaba c&oacute;mo ser&iacute;a ver moverse ese culo fant&aacute;stico ya libre de los vaqueros, como tendr&iacute;a el cuerpo, el color de sus pezones, la forma y tama&ntilde;o de sus test&iacute;culos y sobre todo de su pene. Los vaqueros, aunque estrechos, manten&iacute;an un corte recto arriba que, aunque no consegu&iacute;a ocultar que ten&iacute;a un trasero fant&aacute;stico, s&iacute; le hab&iacute;an impedido hacer una valoraci&oacute;n de la parte frontal. Su mente divagaba, le imaginaba desnudo en la cama mientras gem&iacute;a para &eacute;l y suplicaba. Enrique se mordi&oacute; los labios para ahogar un gemido y aument&oacute; el ritmo mientras su fantas&iacute;a particular de Dami&aacute;n le espoleaba, le daba fuerzas. Su mano sub&iacute;a y bajaba a lo largo de su pene que estaba incre&iacute;blemente duro mientras se acercaba al cl&iacute;max.<\/p>\n<p>Con un gemido grave y ronco dej&oacute; que le alcanzase el orgasmo. Irradi&oacute; de su pene en una oleada c&aacute;lida mientras varios disparos de semen aterrizaban en su camiseta sin que eso le importase lo m&aacute;s m&iacute;nimo. Ni siquiera le hab&iacute;a hecho falta estimular su ano cuando normalmente era necesario para que alcanzase un orgasmo como aquel. Con la respiraci&oacute;n acelerada sigui&oacute; acariciando su pene, que empezaba a relajarse, para prolongar todo lo posible aquella gloriosa sensaci&oacute;n. Consultando la pantalla del m&oacute;vil se percat&oacute; de que apenas hab&iacute;a durado diez minutos. Ligeramente avergonzado se coloc&oacute; bien los pantalones y el b&oacute;xer y se quit&oacute; la camiseta, lanz&aacute;ndola a la lavadora tras ponerse otra al azar que rescat&oacute; de un caj&oacute;n.<\/p>\n<p>No se molest&oacute; en sentarse para comer, se prepar&oacute; un s&aacute;ndwich con sobras que ten&iacute;a en la nevera y empaquet&oacute; en la mochila una botella de agua y varias barritas de cereales. Ten&iacute;a tiempo para echarse una siesta r&aacute;pida en el sof&aacute;, pero estaba demasiado nervioso y alterado como para dormir. Cada vez que cerraba los ojos ve&iacute;a la radiante sonrisa de Dami&aacute;n en su cabeza, y su firme trasero mientras sub&iacute;a por las escaleras, lo que bastaba para que su pene amenazase con volver a despertar dentro de los vaqueros. Dej&oacute; pasar el tiempo pasando los canales de la tele con indiferencia, sin que llegase a su cerebro nada de lo que echaban por ellos, y cinco minutos antes de las cinco ya estaba frente al portal del nuevo, con el coraz&oacute;n martilleando en su pecho de forma fren&eacute;tica. Tan nervioso estaba que cuando le vio bajar por las escaleras la saliva se le sec&oacute; en la boca y le hizo toser.<\/p>\n<p>La mano c&aacute;lida y suave de Dami&aacute;n le dio unas cuantas palmadas en la espalda mientras sonre&iacute;a, causando que de la zona que le hab&iacute;a tocado irradiase un calor intenso que perdur&oacute; durante todo el camino hasta la biblioteca del campus, como si en lugar de tocarle le hubiese marcado la piel a fuego. Enrique apenas consigui&oacute; pronunciar una docena de palabras en todo el trayecto, dejando la conversaci&oacute;n a su compa&ntilde;ero mientras se deleitaba con su presencia, el tono de su voz, sus hoyuelos al sonre&iacute;r y esos ojos verdosos, tan extra&ntilde;os y fascinantes.<\/p>\n<p>Ni siquiera el silencio y la tranquilidad de la biblioteca le proporcionaron tregua. El ambiente familiar de mesas largas, estudiantes concentrados y potentes luces hal&oacute;genas parec&iacute;a completamente diferente por su culpa. Inclinado sobre los libros y tomando apuntes no parec&iacute;a ser consciente de que la piel p&aacute;lida se ve&iacute;a m&aacute;s blanca incluso bajo aquella luz, de que sus pesta&ntilde;as temblaban cada vez que mov&iacute;a los ojos de un lado a otro y de que su pelo ahora s&iacute; mostraba todos los matices rojizos que ten&iacute;a. Cuando Dami&aacute;n se desperez&oacute; Enrique no pudo evitar dar un respingo mientras su compa&ntilde;ero le sonre&iacute;a antes de volver a sus estudios. La revelaci&oacute;n le golpe&oacute; como un rayo: estaba completa, total e irremisiblemente colado por &eacute;l.<\/p>\n<p>Con un leve suspiro intent&oacute; concentrarse en sus estudios. Ya hab&iacute;a tenido enamoramientos antes, el de Carlo, sin ir m&aacute;s lejos, y ten&iacute;a tantas posibilidades de que Dami&aacute;n se fijase en &eacute;l como de que lo hiciese su amigo. Sab&iacute;a manejar bien sus expectativas. Intentando que el des&aacute;nimo no se trasluciese esta vez s&iacute; consigui&oacute; centrar su mente en los libros y los apuntes, hasta que lleg&oacute; la hora de cerrar la biblioteca. Cuando el conserje les ech&oacute; de ah&iacute; por fin sinti&oacute; que volv&iacute;a a una rutina conocida, aunque amarga.<\/p>\n<p>Poco a poco Enrique consigui&oacute; volver a centrarse en lo conocido, los horarios y las clases a pesar de que no pasaban m&aacute;s de dos d&iacute;as sin que se masturbase pensando en su nuevo compa&ntilde;ero. Al binomio que hab&iacute;a formado con Carlo se hab&iacute;a a&ntilde;adido una tercera persona que hac&iacute;a lo mismo que el italiano el a&ntilde;o pasado, lo que volv&iacute;a m&aacute;s llevadero el enamoramiento en el que se hab&iacute;a visto atrapado, aunque con sutiles diferencias que consegu&iacute;a que acabase el d&iacute;a de muy mal humor. Dami&aacute;n destacaba entre los dem&aacute;s como un faro destacar&iacute;a entre un mont&oacute;n de linternas. Raro era el d&iacute;a en que alguien le ped&iacute;a el tel&eacute;fono o intentaba coquetear con &eacute;l y en cuanto eso pasaba las entra&ntilde;as de Enrique se retorc&iacute;an, y cada vez que su nuevo amigo consegu&iacute;a burlar sus intentos y volv&iacute;a a su lado le embargaba la felicidad. Tan com&uacute;n se volvi&oacute; esa din&aacute;mica que apenas pudo creerlo cuando Dami&aacute;n, dos semanas despu&eacute;s de conocerlos, les anunci&oacute; que hab&iacute;a aceptado ir a la fiesta que preparaban para celebrar el inicio de curso.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;En serio vas a ir? &ndash;consigui&oacute; preguntar, rezando porque su voz sonase normal. Los ojos de gato de Dami&aacute;n se clavaron en la cara de Enrique que casi se echa a temblar ante la seriedad de su mirada.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;.<\/p>\n<p>&ndash;Y nosotros tambi&eacute;n. &ndash;Anunci&oacute; Carlo sin esperar a que Enrique se recuperase&ndash;. Vamos, necesitamos divertirnos un poco antes de que las cosas se pongan m&aacute;s serias. Faltan meses para los ex&aacute;menes y estos son siempre despu&eacute;s de navidad, ser&aacute; nuestra &uacute;nica fiesta universitaria, ya ver&eacute;is.<\/p>\n<p>&ndash;Decidido entonces. Enrique, te espero en la biblioteca luego, &iquest;no?<\/p>\n<p>&ndash;Claro, Dami&aacute;n.<\/p>\n<p>Ambos amigos observaron como este se iba con ese andar tan suyo. Carlo se fij&oacute; en la cara de Enrique, en el gesto amargo y preocupado y en c&oacute;mo se mordisqueaba el labio de forma compulsiva. Le conoc&iacute;a bien y sab&iacute;a que le pasaba con Dami&aacute;n lo mismo que le pas&oacute; con &eacute;l. &Eacute;l era hetero, pero sobre Dami&aacute;n nada sab&iacute;a, lo que para &eacute;l implicaba que tanto pod&iacute;a ser un s&iacute; como un no. Deb&iacute;a lanzarse y r&aacute;pido, visto el inter&eacute;s que despertaba el nuevo en el campus, pero sab&iacute;a que su amigo carec&iacute;a de la confianza necesaria para eso a pesar de lo mucho que hab&iacute;a cambiado por fuera. Con cierta frustraci&oacute;n encogi&oacute; sus anchos hombros y encamin&oacute; sus pasos hacia el gimnasio, apartando de la mente a su amigo para centrarla en la atractiva rubia a la que llevaba unos cuantos d&iacute;as seduciendo.<\/p>\n<p>Por su parte Enrique pas&oacute; toda la semana en un confuso estado de ansiedad. La idea de la fiesta le aterraba, no sab&iacute;a qu&eacute; har&iacute;a Dami&aacute;n en ella, pero si se portaba como Carlo acabar&iacute;a con alguien en la cama, y ese alguien no ser&iacute;a &eacute;l. Necesitaba confesar lo que sent&iacute;a, pero solo pensar en hacerlo le causaba n&aacute;useas y se le emborronaba la visi&oacute;n. No ten&iacute;a valor para afrontar un rechazo y la posibilidad de que se alejase de &eacute;l por su indecisi&oacute;n le atenazaba el pecho y le cortaba la respiraci&oacute;n. Ten&iacute;a hasta el s&aacute;bado para confesar o pasar el resto del tiempo que le quedaba en la universidad viendo como Dami&aacute;n se iba con cualquiera con m&aacute;s valor que &eacute;l.<\/p>\n<p>Aunque intent&oacute; repetidas veces sacar el tema, cada vez que lo intentaba la lengua se le convert&iacute;a en un trapo dentro de la boca. En cada una de esas ocasiones le pareci&oacute; percibir un destello de desilusi&oacute;n en los ojos de gato de su amigo que se apagaba tan r&aacute;pido que una y otra vez se convenc&iacute;a de que tan solo era su desbocada imaginaci&oacute;n viendo lo que quer&iacute;a ver. Los d&iacute;as pasaron r&aacute;pidos y antes de que pudiese darse cuenta ya era s&aacute;bado. No ten&iacute;a ninguna gana de ir a esa fiesta, pero bien sab&iacute;a que pod&iacute;a ser la &uacute;ltima vez que pudiera contemplar a Dami&aacute;n a sus anchas, sin compartirle con otra persona. Que Carlo anunciase que se presentar&iacute;a acompa&ntilde;ado a escasas horas de tener que ir a la fiesta no mejor&oacute; su humor en lo m&aacute;s m&iacute;nimo.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a pensado en arreglarse especialmente para esa noche, pero ni siquiera le quedaban ganas para ello. Con absoluta falta de inter&eacute;s eligi&oacute; la camisa azul que tan bien le sentaba ahora que hab&iacute;a adelgazado y cuyo color casaba tan bien con el azul de sus ojos, unos vaqueros m&aacute;s ce&ntilde;idos de lo normal y unas nuevas deportivas en el mismo tono azul que la camisa, junto con una trenca de lana y una bufanda gris que le hab&iacute;a regalado su t&iacute;o por su cumplea&ntilde;os y a&uacute;n no hab&iacute;a estrenado. Se atus&oacute; el pelo con un poco de agua y baj&oacute; a esperar a Dami&aacute;n, como cada ma&ntilde;ana. Al verle se alegr&oacute; enormemente de haberse vestido.<\/p>\n<p>La ce&ntilde;ida camiseta gris parec&iacute;a demasiado sencilla, pero pronto se dio cuenta de que resaltaba a la perfecci&oacute;n su piel clara y el tono verdoso de sus ojos. Se hab&iacute;a peinado las ondas del pelo con cuidado, de modo que ahora brillaba perfectamente cepillado y enmarcaba su cara juvenil en la que destacaban sus hoyuelos mientras sonre&iacute;a con cierta modestia. Al haberse decantado por una camiseta no demasiado ce&ntilde;ida sus formas quedaban m&aacute;s insinuadas que visibles, lo que aportaba cierta ambig&uuml;edad que invitaba a tocarle para descubrir si realmente sus abdominales presentaban la forma que se intu&iacute;a. Los ce&ntilde;idos vaqueros ten&iacute;an peque&ntilde;os brillos y destellos sutiles que realzaban de forma maravillosa su trasero y las Converse verdes presentaban un tono que combinaba a la perfecci&oacute;n con sus ojos. En la mano llevaba un abrigo largo y un pa&ntilde;uelo de seda por si la noche refrescaba. No hab&iacute;a descuidado ni un solo detalle, y Enrique not&oacute; que su mand&iacute;bula se descolgaba hasta que su barbilla golpeaba su pecho.<\/p>\n<p>&ndash;Est&aacute;s muy guapo, Enrique. Ese color te favorece.<\/p>\n<p>&ndash;Gr-gracias. &ndash;Farfull&oacute; este con la boca seca. Nuevamente crey&oacute; percibir la decepci&oacute;n en la mirada de su amigo, pero por suerte o por desgracia Carlo lleg&oacute; en ese momento, con una espectacular rubia colgada del brazo y una sonrisa ufana.<\/p>\n<p>Juntos se encaminaron a la discoteca donde se supon&iacute;a que ser&iacute;a la fiesta. A pesar de lo temprano de la hora el ambiente ya estaba animado y los cuatro se abrieron camino con cierta dificultad hacia la barra. Salvo Dami&aacute;n, todos los dem&aacute;s pidieron alcohol. A Enrique no le gustaba beber, pero confiaba en que el alcohol le diese algo de valor. Era su &uacute;ltima oportunidad y no quer&iacute;a, no pod&iacute;a desaprovecharla. Conforme corr&iacute;a el tiempo la gente iba y ven&iacute;a, unos cuantos compa&ntilde;eros de su curso se acercaron a ellos, pero procur&oacute; mantenerse siempre al lado de Dami&aacute;n, que de vez en cuando le dirig&iacute;a furtivas miradas, como si esperase algo. Por desgracia, uno de los compa&ntilde;eros de qu&iacute;mica se empe&ntilde;&oacute; en describir con pleno detalle la pr&aacute;ctica que les hab&iacute;an mandado forz&aacute;ndole a darle la espalda a Dami&aacute;n, y para cuando Enrique se dio cuenta y volvi&oacute; a girarse, su amigo hab&iacute;a desaparecido.<\/p>\n<p>Ligeramente frustrado pidi&oacute; otra cerveza, la cuarta que tomaba ya, y dio una vuelta intentando localizar a Carlo o a Dami&aacute;n. No le cost&oacute; demasiado encontrar a Carlo, quien bailaba agarrado a su rubia compa&ntilde;era que parec&iacute;a tan satisfecha o m&aacute;s que &eacute;l. Por un momento dud&oacute; de si acercarse a ellos para preguntar si hab&iacute;an visto a Dami&aacute;n, la sala era grande y las luces mareantes no ayudaban a identificar las caras salvo a muy escasa distancia, pero tuvo la certeza de que no se mover&iacute;an de all&iacute; y por otro lado no le apetec&iacute;a interrumpirles. Algo mareado se dej&oacute; arrastrar sin rumbo fijo por la masa de bailarines en distinto estado de embriaguez hasta que encontr&oacute; a su amigo. La visi&oacute;n le revolvi&oacute; el est&oacute;mago con una mezcla de rabia, celos y pena.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n bailaba completamente desenfrenado, la mezcla perfecta de sexualidad desatada con su carisma de siempre. Unas manos de las que no supo identificar el propietario recorr&iacute;an arriba y abajo sus caderas mientras este se contoneaba y se mov&iacute;a al ritmo de los bajos que atronaban por los altavoces. La cara de Enrique se contorsion&oacute; de rabia y dejando caer la cerveza al suelo se alej&oacute; de all&iacute; con rapidez. Al ver a Carlo le agarr&oacute; del codo y tras gritarle al o&iacute;do que se iba a casa sali&oacute; casi en estampida, sin darle ninguna otra explicaci&oacute;n. El aire fr&iacute;o de la noche le despej&oacute; algo y tras tambalearse ligeramente pudo volver a enfocar sus pasos.<\/p>\n<p>Camin&oacute; todo lo deprisa que pudo sin llegar a correr. La mezcla de emociones de su pecho se atemper&oacute; ligeramente con el paseo, pero no lo suficiente como para sentir ganas de ir a casa, por lo que pas&oacute; de largo su portal y sigui&oacute; caminando. Al ver aquellas manos la rabia le hab&iacute;a inundado, deseando partirlas, alejar al due&ntilde;o de su amigo y golpear y golpear y golpear. Jam&aacute;s se hab&iacute;a sentido as&iacute; con Carlo y la virulencia de su reacci&oacute;n le sorprendi&oacute;. Ahora que estaba lejos, la rabia solo bull&iacute;a si las recordaba sobando a su amigo. Lo que quedaba era un poso de tristeza y amargura sumado a la resignaci&oacute;n de saber que le hab&iacute;a pasado igual que con Carlo.<\/p>\n<p>Poco a poco la tristeza borr&oacute; el resto de los sentimientos y a la segunda vuelta a la manzana consigui&oacute; reunir fuerzas para subir a su apartamento. Ten&iacute;a las llaves a punto de entrar en la cerradura cuando unas manos surgidas de la nada le dieron un potente empuj&oacute;n que le arroj&oacute; contra la puerta. Asustado se gir&oacute; para encararse con su agresor cuando se vio frente a frente con la cara contorsionada de ira de Dami&aacute;n, a escasos cent&iacute;metros de la suya. Fue tal la sorpresa que las llaves cayeron al suelo y Enrique se qued&oacute; paralizado, incapaz de moverse, mientras el otro le dominaba con toda su estatura.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Pero a ti qu&eacute; cojones te pasa? &ndash;Exclam&oacute; Dami&aacute;n furioso&ndash;. Llevo d&aacute;ndote se&ntilde;ales desde el primer d&iacute;a de clase, desde que te conoc&iacute;, cre&iacute; que te gustaba y que por eso reaccionabas as&iacute;. Y cuando despu&eacute;s de dos semanas de rechazos decido pasar p&aacute;gina en una fiesta en cuanto me ves es como si me deseases la muerte con la mirada.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n estamp&oacute; el pu&ntilde;o contra el marco met&aacute;lico de la puerta mientras Enrique escuchaba, con la mirada baja. Si de verdad le hab&iacute;a entendido bien hab&iacute;a tenido una oportunidad maravillosa y se la hab&iacute;a cargado de un plumazo. Por cobarde.<\/p>\n<p>&ndash;Mira, entiendo que no te guste, entiendo que te parezca raro y por eso te comportes as&iacute;, y siento haber malinterpretado tu actitud por inter&eacute;s, pero no tienes derecho a lo que has hecho hoy. &ndash;Enrique escuch&oacute; como inspiraba aire con dificultad y observ&oacute; como relajaba los hombros, derrotado, antes de seguir&ndash;. Espero que a partir del lunes no me vuelvas a dirigir la palabra. No te preocupes por Carlo, es tu amigo y no voy a quit&aacute;rtele, ya arreglar&eacute; las cosas con &eacute;l.<\/p>\n<p>Confuso vio c&oacute;mo se daba la vuelta y se dirig&iacute;a a su portal, tan solo unos metros m&aacute;s all&aacute;. &iquest;No volver a hablarle a partir del lunes? La mera idea de perderle de esa forma espole&oacute; el miedo en su interior, otorg&aacute;ndole una inyecci&oacute;n moment&aacute;nea de coraje. Recogiendo apresuradamente las llaves corri&oacute; los pocos metros que le separaban del portal de su amigo y consigui&oacute; encajar un pie en la puerta antes de que se cerrase, col&aacute;ndose detr&aacute;s de Dami&aacute;n que se puso inmediatamente en guardia.<\/p>\n<p>&ndash;Lo siento &ndash;jade&oacute; con la mano contra el costado y dobl&aacute;ndose en dos&ndash; lo siento much&iacute;simo. Soy un cobarde y por eso no he dicho nada hasta ahora. Me gustas, &iquest;vale? Me gustas mucho, me gustas m&aacute;s que nadie que haya conocido jam&aacute;s, pero no sab&iacute;a c&oacute;mo dec&iacute;rtelo. Ni siquiera sab&iacute;a que me estabas lanzando se&ntilde;ales, para eso soy a&uacute;n m&aacute;s torpe que para decir lo que siento y me parec&iacute;as inalcanzable.<\/p>\n<p>&ndash;Enrique&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;Calla. &ndash;Le interrumpi&oacute; todav&iacute;a jadeando y ya lanzado&ndash;. Desde que te vi me pareciste precioso, fascinante, me gustaron tus ojos, y tus labios y como sonre&iacute;as, y los hoyuelos de tu cara, y como te mov&iacute;as. Te mueves genial en la pista, por cierto. Me gustaste much&iacute;simo, pero t&uacute; eres amable y te llevas bien con todos y yo no soy capaz de decir dos frases seguidas sin trabarme y por eso pens&eacute; que jam&aacute;s tendr&iacute;a una sola oportunidad. Ahora la he jodido y lo siento much&iacute;simo, no te volver&eacute; a decir nada cuando salgamos de fiesta por ah&iacute; si es que volvemos a salir y tampoco te mirar&eacute; mal o har&eacute; nada que te pueda molestar, pero por favor, por favor, no quiero perder tu amistad.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n estaba callado, con las manos apretadas contra la boca. Observ&oacute; a Enrique de arriba abajo con esos ojos verdosos tan extra&ntilde;os. Estaba tan quieto que parec&iacute;a haberse convertido en una estatua viviente. Enrique permanec&iacute;a doblado por la mitad, con una mano en las rodillas y la otra aun apret&aacute;ndose el costado. Dami&aacute;n observ&oacute; a su amigo mientras volv&iacute;a a estirarse, con la respiraci&oacute;n ya normalizada y las mejillas encendidas de un intenso color rojizo incluso a la escasa luz del portal, y en un &uacute;nico paso cruz&oacute; la distancia que les separaba. Tomando a Enrique por sorpresa ech&oacute; sus brazos alrededor de su cuello y apret&oacute; los labios contra los suyos, en un beso tierno pero firme.<\/p>\n<p>&ndash;Eres bobo, pero me gustas much&iacute;simo. No quiero perderte tampoco si t&uacute; no quieres.<\/p>\n<p>Como en un sue&ntilde;o Enrique llev&oacute; las manos al pelo de su amigo, encontr&aacute;ndolo m&aacute;s suave incluso de lo que hab&iacute;a imaginado. De textura sedosa y muy fino resbalaba entre sus dedos mientras le acariciaba y juntaba de nuevo los labios contra los suyos. Aquellos dos trozos de coral se entreabrieron, una sutil invitaci&oacute;n que no desaprovech&oacute;. Col&oacute; la lengua en la boca de Dami&aacute;n, juntando ambas lenguas. Con timidez al principio explor&oacute; cada rinc&oacute;n de la boca de su amigo, que solt&oacute; un suave gemido y le estrech&oacute; m&aacute;s contra s&iacute; mismo al tiempo que le mord&iacute;a el labio inferior con ansia, inst&aacute;ndole a acelerar. Enrique not&oacute; como crec&iacute;a su erecci&oacute;n al contacto con el cuerpo c&aacute;lido del joven y se apart&oacute; con cierto embarazo al percatarse de que la estaba apretando contra su cuerpo y pod&iacute;a notarla perfectamente.<\/p>\n<p>&ndash;Lo siento&hellip; &ndash;susurr&oacute; con cierto embarazo.<\/p>\n<p>&ndash;Sube conmigo.<\/p>\n<p>No hicieron falta m&aacute;s palabras. Con cierta torpeza Enrique se dej&oacute; conducir escaleras arriba. La mano c&aacute;lida de Dami&aacute;n aferraba la suya y le conduc&iacute;a, mientras el movimiento de sus caderas, a la altura perfecta para que pudiese recrearse con ellas, bastaba para que mantuviese la erecci&oacute;n, que ya empezaba a apretarle demasiado dentro de los vaqueros. En cuanto abri&oacute; la puerta la timidez volvi&oacute; a Enrique, que se qued&oacute; plantado sin saber muy bien qu&eacute; hacer. Percat&aacute;ndose de su apuro, Dami&aacute;n cogi&oacute; las llaves de su amigo junto con su abrigo y la bufanda y las dej&oacute; en un peque&ntilde;o mueble de la entrada, junto con su propio abrigo y el pa&ntilde;uelo. Sin encender las luces le volvi&oacute; a coger de la mano para llevarle hasta el dormitorio, donde empez&oacute; a besarle nuevamente.<\/p>\n<p>M&aacute;s tranquilo al hallarse en terreno familiar y donde sab&iacute;a lo que vendr&iacute;a despu&eacute;s Enrique se lanz&oacute; a besar a Dami&aacute;n. Esta vez fue &eacute;l quien le mordi&oacute; los labios, peg&aacute;ndose con fuerza a &eacute;l. La diferencia de altura complicaba ligeramente las cosas, por lo que Enrique se dej&oacute; conducir hasta la cama, donde ambos quedaron sentados. Las manos de Dami&aacute;n se dirigieron al pelo alborotado de Enrique quien empez&oacute; a acariciarle el cuello y la espalda. Recordando en un destello las manos que se hab&iacute;an deslizado por las caderas de su amigo se separ&oacute; de sus labios y fue directo a su cuello, que empez&oacute; a besar con pasi&oacute;n, escuchando los roncos gemidos que profer&iacute;a Dami&aacute;n cada vez que dejaba una nueva marca.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Necesitas ir a la ducha? &ndash;pregunt&oacute; con tacto Dami&aacute;n a Enrique, que a&uacute;n as&iacute; no pudo evitar sonrojarse.<\/p>\n<p>&ndash;No, tranquilo. &ndash;Respondi&oacute; con voz queda, agradecido de haberse duchado y lavado a fondo antes de ir a la fiesta. La naturalidad con la que sigui&oacute; acarici&aacute;ndole Dami&aacute;n le tranquiliz&oacute;.<\/p>\n<p>Enrique not&oacute; las manos de su amigo descendiendo por sus hombros hasta aferrar el primer bot&oacute;n de la camisa, sin dejar de besarle dej&oacute; que le desabrochase la prenda y que se la sacase hasta que hizo tope en los codos, tal era su ansia por no soltarle. Dedic&aacute;ndole su sonrisa predilecta, en la que sus hoyuelos se hac&iacute;an plenamente visibles, Dami&aacute;n se apart&oacute; un momento de Enrique. De rodillas sobre la cama, a su lado, se sac&oacute; la camiseta gris arroj&aacute;ndola sin miramientos al suelo, donde fue seguida por la camisa de Enrique, quien aprovech&oacute; la pausa para terminar de quit&aacute;rsela.<\/p>\n<p>Con cierto embarazo Enrique se aferr&oacute; a las caderas de Dami&aacute;n para retenerle. A pesar de estar jadeando suavemente se qued&oacute; quieto, comprendiendo que eso era lo que quer&iacute;a su compa&ntilde;ero. Estir&aacute;ndose a lo largo de la cama Enrique encontr&oacute; el interruptor de la luz de lectura que ten&iacute;a su amigo sobre el cabecero de la cama y encendi&oacute; la l&aacute;mpara. La luz blanca no era demasiado intensa, pero s&iacute; lo suficiente para deleitarse con el cuerpo del joven que le aguardaba en la misma postura. Con toda delicadeza recorri&oacute; las formas de sus m&uacute;sculos, bien definidos bajo la piel suave y blanca, salpicada aqu&iacute; y all&iacute; por un par de lunares apenas visibles.<\/p>\n<p>Se detuvo en el pecho, observando los pezones ya erectos y de un rosa p&aacute;lido, no demasiado marcados. Justo debajo del pectoral derecho encontr&oacute; un lunar algo m&aacute;s visible que le hizo sonre&iacute;r. Sigui&oacute; mirando, bajando por los pectorales que apenas se marcaban hasta encontrar el ombligo y la suave hilera de vello que crec&iacute;a por debajo. Tan fino que apenas se notaba y de un color rojizo muy semejante al que adquir&iacute;a su pelo al sol. Dami&aacute;n permanec&iacute;a lo m&aacute;s quieto que pod&iacute;a, aunque abr&iacute;a y cerraba las manos, agarrando las s&aacute;banas en un intento por contenerse y no lanzarse a por Enrique.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te gusta lo que ves? &ndash;pregunt&oacute; al fin.<\/p>\n<p>&ndash;M&aacute;s de lo que me hab&iacute;a imaginado &ndash;reconoci&oacute; Enrique con una sonrisa inclin&aacute;ndose por fin a tocar de nuevo a Dami&aacute;n, quien le acogi&oacute; en su regazo.<\/p>\n<p>Los dientes de Enrique se clavaron en el pez&oacute;n izquierdo de Dami&aacute;n quien solt&oacute; un potente gemido al tiempo que arqueaba la espalda y abrazaba con fuerza a su amigo, que empez&oacute; a succionar despacio el pez&oacute;n. Pas&oacute; la lengua por el trozo de carne, probando la textura m&aacute;s rugosa de la aureola y luego la de la piel suave que la bordeaba, volviendo despu&eacute;s al pez&oacute;n tan solo con la punta de la lengua. Los gemidos de Dami&aacute;n eran cada vez m&aacute;s altos y notaba sus u&ntilde;as clavadas en su espalda. Su erecci&oacute;n presionaba de forma m&aacute;s que dolorosa contra los vaqueros, pero hab&iacute;a fantaseado demasiadas veces con poder hacer lo que estaba haciendo que no le prest&oacute; atenci&oacute;n aunque pod&iacute;a sentir la erecci&oacute;n de Dami&aacute;n presionando contra su pierna y como crec&iacute;a y crec&iacute;a.<\/p>\n<p>Cambiando de pez&oacute;n volvi&oacute; a morder la sensible piel, tirando levemente de ella hasta que escuch&oacute; que el gemido de Dami&aacute;n se convert&iacute;a en un grito de placer que este intentaba ahogar contra su cuello, en un gesto que le result&oacute; lo suficientemente er&oacute;tico como para que su pene diese un respingo dentro de sus pantalones. Estrech&aacute;ndole m&aacute;s contra &eacute;l volvi&oacute; a morder y succionar, probando, jugando con la presi&oacute;n de dientes y labios atento siempre a sus gemidos. El cuerpo joven y c&aacute;lido de Dami&aacute;n temblaba entre sus brazos, sacudido por escalofr&iacute;os de placer. Cuando se dispon&iacute;a a recorrer a besos la l&iacute;nea media entre ambos pectorales Dami&aacute;n aprovech&oacute; la tregua moment&aacute;nea para empujarle hacia atr&aacute;s. Sus ojos verdosos brillaban como nunca antes y ten&iacute;a los labios h&uacute;medos y entreabiertos.<\/p>\n<p>Sin decirle nada se desliz&oacute; de debajo de Enrique que qued&oacute; sentado al borde de la cama. Arrodill&aacute;ndose delante de &eacute;l pas&oacute; la lengua entre sus pectorales, descendiendo hasta bordear el ombligo. Enrique fue consciente de que le estaba provocando, veng&aacute;ndose de &eacute;l, y con una sonrisa enred&oacute; los dedos en sus ondas cobrizas, empujando su cabeza hacia abajo con delicadeza pese a todo. Dami&aacute;n se limit&oacute; a sonre&iacute;r, mir&aacute;ndole con sus ojazos mientras sus manos jugaban con el bot&oacute;n y la cremallera del vaquero. Cuando ya esperaba que abriese la bragueta Dami&aacute;n agarr&oacute; la cintura de la prenda y tir&oacute; de ella hacia abajo junto con los b&oacute;xers. Ambos se deslizaron juntos hasta los muslos, pero volvi&oacute; a insistir hasta que las dos prendas estuvieron en los tobillos.<\/p>\n<p>Ahora el pene erecto de Enrique estaba totalmente fuera, disponible para Dami&aacute;n que lo agarr&oacute; por la base. El contacto con la mano c&aacute;lida y suave provoc&oacute; en Enrique un escalofr&iacute;o de impaciencia. Tirando del pelo de su amigo con suavidad acerc&oacute; su cabeza a su pene, que palpitaba mientras soltaba l&iacute;quido preseminal. Sin embargo, Dami&aacute;n desvi&oacute; la cabeza, por lo que el duro miembro de su amigo solo roz&oacute; su mejilla. Sin agachar ni un solo momento la mirada pas&oacute; despacio la lengua por el interior del muslo de Enrique que solt&oacute; un gemido ronco al tiempo que empujaba m&aacute;s. Nuevamente le ignoro y mordisqueo la delicada piel de la cara interior del muslo de camino a las ingles. Sus dedos jugueteaban con los cordones de las deportivas de Enrique hasta que al final tuvieron ambas desatadas.<\/p>\n<p>Ignorando el pene que le ofrec&iacute;an Dami&aacute;n se entretuvo en las ingles del joven, lamiendo muy cerca de los test&iacute;culos y dejando que notase su aliento c&aacute;lido y h&uacute;medo contra la sensible y delicada piel. Sacando ambas zapatillas de un tir&oacute;n consigui&oacute; deshacerse por fin de toda la ropa de su amigo, que le mir&oacute; con una media sonrisa al tiempo que separaba m&aacute;s las piernas, dej&aacute;ndole acceso libre. La mano suave de Dami&aacute;n abarc&oacute; ambos test&iacute;culos, sopes&aacute;ndoles, apretando a veces mientras jugaba con la piel del escroto al tiempo que su lengua traviesa trazaba caprichosas formas por las ingles del joven en su camino hasta el pene. En un &uacute;nico movimiento meti&oacute; la punta en su boca, saboreando el fluido que goteaba ahora directamente en su boca.<\/p>\n<p>Con la mano libre aferr&oacute; la base del pene y comenz&oacute; a masturbarle arriba y abajo, estirando la piel para que volviese a cubrir el glande mientras met&iacute;a la punta de la lengua por debajo, buscando el frenillo, pas&aacute;ndola por el agujero y succionando despu&eacute;s. Los gemidos de Enrique flotaban sobre ambos, cada vez m&aacute;s altos, cada vez m&aacute;s roncos. Cada vez que intentaba empujar a Dami&aacute;n este se zafaba con destreza de hacer lo que su amigo quer&iacute;a sin dejar por ello de torturarle. Su saliva escurr&iacute;a por el tronco hasta casi los test&iacute;culos, ayud&aacute;ndole a subir y bajar la mano cada vez m&aacute;s deprisa, sin meter m&aacute;s en la boca, tan solo el glande, que hab&iacute;a adquirido un vivo color rojizo y una gran sensibilidad.<\/p>\n<p>&ndash;Por favor, por favor&hellip; &ndash;atin&oacute; a decir Enrique, siempre observado por aquellos ojos verdosos de gato.<\/p>\n<p>&ndash;Por favor &iquest;qu&eacute;? &ndash;pregunt&oacute; Dami&aacute;n con una sonrisa de suficiencia, deslizando la lengua desde la base del pene hasta arriba.<\/p>\n<p>&ndash;Por favor, c&oacute;meme, no aguanto m&aacute;s, por favor quiero que me la comas.<\/p>\n<p>Acentuando a&uacute;n m&aacute;s su sonrisa accedi&oacute; por fin a las s&uacute;plicas del joven, que se retorc&iacute;a y jadeaba entre potentes gemidos. Con suma destreza apret&oacute; m&aacute;s los labios hasta formar un reducido aro y desliz&oacute; la cabeza hasta abajo, dejando que el pene de su amigo invadiese toda su boca. El sabor ligeramente salado le inund&oacute; completamente y casi le hace perder el juicio al tiempo que se impulsaba m&aacute;s todav&iacute;a, hasta que su nariz qued&oacute; enterrada en el pubis de Enrique, que jadeaba como si acabase de correr una marat&oacute;n. Trag&oacute; la saliva y el l&iacute;quido preseminal que ten&iacute;a en la boca y sinti&oacute; su garganta cerrarse sobre el glande de su amigo, que gimi&oacute; nuevamente.<\/p>\n<p>Deleit&aacute;ndose en las sensaciones de Enrique, Dami&aacute;n empez&oacute; a subir y bajar la cabeza, aumentando paulatinamente la velocidad. Con la mano libre masajeaba los test&iacute;culos de su amigo, que gem&iacute;a y mov&iacute;a las caderas para impulsarse y conseguir que tragase hasta el fondo. Cuando Dami&aacute;n sent&iacute;a que necesitaba recuperar el aliento sacaba el pene de su boca, apresur&aacute;ndose a masturbarlo con la mano mientras lam&iacute;a los test&iacute;culos hasta dejarles brillantes de saliva. Les notaba tensos, igual que el pene al que ahora se le marcaban las venas. Volvi&oacute; a tragarle hasta el fondo, dejando que su amigo marcase el ritmo y le follase la boca, antes de retirar la cabeza e incorporarse r&aacute;pidamente, besando a Enrique y dejando que este tambi&eacute;n percibiese el sabor de su pene.<\/p>\n<p>&ndash;Gira. &ndash;La orden fue breve, demandante, pero no por eso carente de ternura. Algo desconcertado se apresur&oacute; a obedecer.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n le ayud&oacute; a colocarse boca abajo, con el pene colocado hacia atr&aacute;s y asomando entre las piernas ligeramente abiertas, de forma que pudiese acariciarle buena parte del tronco y el glande. Enrique gir&oacute; la cabeza al notar que el joven se sentaba a su lado en la cama para desatarse las zapatillas. Incluso cuando hac&iacute;a algo tan sencillo como eso la forma en que los m&uacute;sculos se ondulaban bajo la piel se le antojaba hermosa y sensual. Captando su mirada Dami&aacute;n le dirigi&oacute; una sonrisa algo t&iacute;mida y se puso de pie soltando su vaquero. Expectante y lleno de curiosidad Enrique se incorpor&oacute; ligeramente en la cama.<\/p>\n<p>Agarrando los vaqueros por la presilla del cintur&oacute;n Dami&aacute;n les desliz&oacute; hasta abajo. La tela del b&oacute;xer gris presentaba una marca de humedad bien visible y un bulto m&aacute;s que considerable. Enrique alarg&oacute; la mano y palp&oacute; por encima de la tela la impresionante erecci&oacute;n de su amigo que baj&oacute; despacio la prenda, lo que provoc&oacute; que un impresionante pene saltase fuera, libre por fin de la constricci&oacute;n a la que le hab&iacute;an sometido. Los ojos de Enrique se abrieron desmesuradamente ante el tama&ntilde;o, casi veinti&uacute;n cent&iacute;metros de carne y m&aacute;s grueso a&uacute;n que el suyo, con el glande de un tono rosado y tan solo un par de venas. Los test&iacute;culos eran grandes, pero sin colgar demasiado, contenidos en un escroto firme y con la l&iacute;nea media bien marcada.<\/p>\n<p>&ndash;S&eacute; que es grande, si quieres ser t&uacute; el activo no me importa. &ndash;Su azoramiento era evidente, y a Enrique se le antoj&oacute; tierno. Con una sonrisa dulce acarici&oacute; la inmensa herramienta de su amigo y se incorpor&oacute; lo justo para poder darle un beso.<\/p>\n<p>&ndash;Quiero que me folles, que me la claves hasta dentro. Pero prep&aacute;rame bien, no tengo mucha experiencia.<\/p>\n<p>Tras devolverle el beso Dami&aacute;n se sent&oacute; detr&aacute;s de Enrique, que acomod&oacute; la cabeza sobre las almohadas algo nervioso. Not&oacute; las manos suaves de su amigo subir desde los muslos hasta las nalgas, acarici&aacute;ndolas y jugando con ellas a separarlas y juntarlas, en un leve masaje que le fue relajando los m&uacute;sculos. Sinti&oacute; su aliento c&aacute;lido antes que su lengua, en una tierna caricia desde los test&iacute;culos hasta su ano, que se contrajo sin que pudiese evitarlo.<\/p>\n<p>&ndash;Tranquilo, rel&aacute;jate. &ndash;Murmur&oacute; Dami&aacute;n sin separarse m&aacute;s que lo imprescindible.<\/p>\n<p>Asintiendo y aferrando las s&aacute;banas con ambas manos Enrique intent&oacute; relajarse. Cuando nuevamente Dami&aacute;n pas&oacute; la lengua por su ano consigui&oacute; mantenerse tranquilo al tiempo que soltaba un gemido. Enterrando la cara en la almohada para ahogar el ruido dej&oacute; que este trabajase. La lengua de Dami&aacute;n no paraba, recorr&iacute;a cada pliegue, cada arruga, se adentraba cautelosa en el ano del joven hasta alcanzar el esf&iacute;nter, tenso todav&iacute;a. Estirando el brazo todo lo posible ofreci&oacute; dos dedos a Enrique que les lami&oacute; como hubiese lamido el pene de Dami&aacute;n, que gimi&oacute; a&uacute;n con la lengua dentro. Sacando la lengua meti&oacute; ambos dedos y les movi&oacute; en c&iacute;rculos, los separ&oacute;, los abri&oacute; y les movi&oacute; dentro y fuera, incrementando poco a poco la velocidad.<\/p>\n<p>Cuando percib&iacute;a que su amigo se acostumbraba a sus caricias cambiaba nuevamente. Pasando la lengua por el ano y volviendo a meterla, bien en solitario o bien acompa&ntilde;ada de un dedo. Enrique mientras mord&iacute;a la almohada, en un vano intento por controlar los gemidos que sal&iacute;an sin fin de su boca. No pod&iacute;a hacer otra cosa m&aacute;s que mover las caderas al ritmo que marcaba Dami&aacute;n con sus atenciones, pero eso no hac&iacute;a m&aacute;s que socavar a&uacute;n m&aacute;s su autocontrol, pues su pene se frotaba contra las s&aacute;banas y recib&iacute;a una masturbaci&oacute;n doble. Su amigo, consciente de esto, acariciaba el glande y los test&iacute;culos con la mano libre, colando de vez en cuando el &iacute;ndice en su ano, por lo que pasaba a tener tres dedos dentro con bastante frecuencia.<\/p>\n<p>Cuando sinti&oacute; que ten&iacute;a el esf&iacute;nter lo bastante relajado Dami&aacute;n introdujo ambos pulgares dentro del ano, lo que arranc&oacute; un peque&ntilde;o grito de placer en Enrique que qued&oacute; amortiguado por las almohadas. Poco a poco y ayud&aacute;ndose de la lengua fue tirando con ambas manos, moviendo los pulgares dentro y fuera, forzando a su ano a abrirse m&aacute;s y m&aacute;s, pero con gentileza, provocando que Enrique se retorciese de placer. Estir&aacute;ndose sobre su amigo alcanz&oacute; el caj&oacute;n de la mesilla y sac&oacute; un peque&ntilde;o bote de lubricante. Inclin&aacute;ndose bes&oacute; a Enrique, que jadeaba con los ojos cerrados y segu&iacute;a moviendo las caderas.<\/p>\n<p>Embadurnando todo su largo pene con lubricante lo desliz&oacute; varias veces entre las nalgas del joven que no pudo evitar tensarse ligeramente a pesar de sus esfuerzos. Por fortuna su ano segu&iacute;a abierto, a la espera. Cada vez que el glande de su amigo presionaba sobre su entrada Enrique gem&iacute;a, sin contenerse, deseando tenerle dentro. Las manos de Dami&aacute;n se deslizaron bajo el cuerpo de su amigo y acariciaron sus pezones, descendiendo hasta agarrar su pene duro y h&uacute;medo y acariciarle de arriba abajo. Con un ligero empuj&oacute;n de caderas introdujo el glande. Enrique dio un respingo y Dami&aacute;n le abraz&oacute; con fuerza, mientras le mord&iacute;a el cuello y le cubr&iacute;a de besos hasta detr&aacute;s de la oreja.<\/p>\n<p>&ndash; Sssshh&hellip; Rel&aacute;jate, no te va a doler, te lo prometo. Te quiero. &ndash;Le susurr&oacute; al o&iacute;do mientras empujaba, introduci&eacute;ndose despacio hasta que Enrique pudo notar los rizos del pubis de Dami&aacute;n en sus nalgas y los test&iacute;culos pegados a los suyos.<\/p>\n<p>&ndash;Despacio, ve despacio por favor, pero no pares &ndash;jade&oacute; incoherentemente Enrique, casi ido por el placer y la sensaci&oacute;n de notarse tan lleno.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n comenz&oacute; a moverse, despacio, saliendo y volviendo a entrar con calma mientras dejaba que el recto de Enrique se acostumbrase a su tama&ntilde;o. No obstante pronto aceler&oacute;, dej&aacute;ndose llevar por los gemidos de Enrique que no cesaba de jadear y mover las caderas para acoplarse a los movimientos de Dami&aacute;n que no cesaba de acariciarle el pene y besarle el cuello entre gemido y gemido. Ambos jadeaban con fuerza, y Dami&aacute;n, espoleado por el ruido de los cuerpos chocando aceler&oacute; m&aacute;s y m&aacute;s. Ahora ambos gritaban sin contenci&oacute;n y Dami&aacute;n taladraba con fuerza descontrolada a Enrique, que jam&aacute;s se hab&iacute;a sentido tan pleno.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;M&aacute;s! &iexcl;Dame m&aacute;s! No te controles, Dami&aacute;n, &iexcl;Dame duro!<\/p>\n<p>Ante semejante s&uacute;plica no pudo por menos que ceder con gusto. Agarr&aacute;ndole por el hombro con una mano movi&oacute; las caderas con m&aacute;s fuerza, empuj&aacute;ndole contra el colch&oacute;n d&aacute;ndole con m&aacute;s fuerza y m&aacute;s deprisa. Los gemidos y jadeos se mezclaban con el entrechocar de ambos cuerpos y el ruido h&uacute;medo del pene de Dami&aacute;n entrando y saliendo del ano abierto de Enrique. Su mano sub&iacute;a y bajaba sin tregua por el miembro de Enrique que miraba por encima del hombro a Dami&aacute;n, que jadeaba con el cabello rojizo h&uacute;medo de sudor cayendo sobre sus ojos.<\/p>\n<p>&ndash;Voy a correrme, voy a correrme, Dami&aacute;n. No aguanto m&aacute;s.<\/p>\n<p>&ndash;Hazlo, yo tambi&eacute;n. Te llenar&eacute;.<\/p>\n<p>Gimiendo m&aacute;s alto Enrique arque&oacute; la espalda mientras le llegaba el orgasmo. Largos y espesos chorros de semen aterrizaron en la mano de Dami&aacute;n y en las s&aacute;banas de la cama. Dami&aacute;n lami&oacute; su mano hasta dejarla completamente limpia de semen, besando a continuaci&oacute;n a Enrique quien gimi&oacute; al notar como le pasaba parte de su corrida con el beso. Juntando su lengua a la de Dami&aacute;n trag&oacute; hasta el &uacute;ltimo resto y le agarr&oacute; por el cabello para impedir que cortase el beso. Clavando las u&ntilde;as en el hombro de Enrique y sin dejar de besarle alcanz&oacute; tambi&eacute;n el orgasmo. Enrique sinti&oacute; los c&aacute;lidos chorros de semen en su interior, llen&aacute;ndole, colm&aacute;ndole. Con un &uacute;ltimo grito Dami&aacute;n perdi&oacute; fuerza y cay&oacute; sobre Enrique, que sigui&oacute; d&aacute;ndole besos en esos labios coralinos.<\/p>\n<p>Con un gemido cansado Dami&aacute;n sali&oacute; de Enrique. Un par de gotas de semen salieron junto con el pene a&uacute;n erecto de Dami&aacute;n y resbalaron hasta los test&iacute;culos de Enrique, quien las recogi&oacute; con los dedos y las lami&oacute; sin percatarse apenas de lo que hac&iacute;a. Todav&iacute;a jadeando ambos j&oacute;venes se acomodaron en la cama, uno junto a otro. Dami&aacute;n rode&oacute; con el brazo a Enrique que se acomod&oacute; contra el pecho del joven, acariciando con los dedos la piel suave y ligeramente h&uacute;meda de sudor.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te ha dolido? &ndash;Pregunt&oacute; Dami&aacute;n a Enrique, que ya empezaba a cerrar los ojos.<\/p>\n<p>&ndash;No. Ha sido fant&aacute;stico y&hellip; yo tambi&eacute;n te quiero.<\/p>\n<p>Con una radiante sonrisa Dami&aacute;n estir&oacute; el brazo y apag&oacute; la luz de lectura. Volvi&oacute; a acomodarse junto a Enrique y tras un &uacute;ltimo beso cerr&oacute; los ojos, completamente feliz. No ve&iacute;a la hora de que llegase la ma&ntilde;ana para volver a empezar.<\/p>\n<p>&ndash;Nota de ShatteredGlassW&ndash;<\/p>\n<p>Gracias a todos por haber le&iacute;do este primer relato. Espero que no se os haya hecho demasiado lento, entended que es el relato introductorio y por eso el sexo se ha demorado tanto en aparecer, prometo que los siguientes ser&aacute;n m&aacute;s &aacute;giles. Si ten&eacute;is comentarios o sugerencias y quer&eacute;is comunicaros de una forma m&aacute;s personal conmigo pod&eacute;is hacerlo a trav&eacute;s de mi correo electr&oacute;nico: shattered_glass_writer@outlook.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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