{"id":40244,"date":"2022-12-15T11:38:37","date_gmt":"2022-12-15T11:38:37","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-12-15T11:38:37","modified_gmt":"2022-12-15T11:38:37","slug":"diario-de-eva-episodio-i-fuera-de-su-liga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/diario-de-eva-episodio-i-fuera-de-su-liga\/","title":{"rendered":"Diario de Eva (episodio I): Fuera de su liga"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"40244\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>No es verdad que yo sea una fisgona compulsiva, pero es que aquel d&iacute;a, cuando llegu&eacute; de una fiesta a las 3 y media de la madrugada, y entr&eacute; en mi portal, vi una luz ah&iacute; al fondo, una especie de final del t&uacute;nel en el contexto de un vest&iacute;bulo oscuro y tenebroso. Mi obsesi&oacute;n por la discreci&oacute;n m&aacute;s absoluta me impidi&oacute; darle al bot&oacute;n de la luz, as&iacute; ning&uacute;n vecino sabr&iacute;a a qu&eacute; hora llegaba &ldquo;aquel pend&oacute;n&rdquo; del cuarto primera.<\/p>\n<p>Mi obsesi&oacute;n por la discreci&oacute;n m&aacute;s absoluta me impidi&oacute; darle al bot&oacute;n de la luz, as&iacute; ning&uacute;n vecino sabr&iacute;a a qu&eacute; hora llegaba &ldquo;aquel pend&oacute;n&rdquo; del cuarto primera.<\/p>\n<p>El brillo tenue proced&iacute;a de un ventanal interior de &eacute;poca, de esos que todav&iacute;a perseveran en los antiguos edificios de las grandes ciudades, donde las familias m&aacute;s acomodadas viv&iacute;an en las plantas inferiores para un mejor acceso, y el ordenanza ten&iacute;a su propio hogar en los bajos, para servicio y disposici&oacute;n de los propietarios m&aacute;s magnificentes.<\/p>\n<p>Antonio era el subalterno que ocupaba ahora esa residencia humilde, un tipo amable, de unos treinta y pico, larguirucho y peludo, nariz grande y perilla desali&ntilde;ada. Antonio se hab&iacute;a adaptado a los tiempos y no atend&iacute;a solo a los vecinos m&aacute;s pudientes. Estaba siempre a disposici&oacute;n de cualquier vecino para recoger sus recados, guardar sus paquetes y censurar el acceso a las visitas indeseadas. Nunca conoc&iacute; con m&aacute;s detalles el estado o disposici&oacute;n de su vivienda. Solo s&eacute; que le fue entregada como parte de su sueldo. Pero tampoco me molest&eacute; en conocer un poco mejor al propio Antonio. M&aacute;s all&aacute; de su buena educaci&oacute;n y obligaciones para con la comunidad, el tipo nunca me llam&oacute; la atenci&oacute;n. Quiz&aacute;s por su f&iacute;sico abyecto, pero tambi&eacute;n porque nunca pens&eacute; que tuviera que ver nada conmigo.<\/p>\n<p>Pens&eacute; que era el momento de camuflarme entre las sombras y aproximarme al ventanal, anhelando que nadie entrara por el portal a esas horas y me pillara husmeando en las rendijas medio cerradas que, aun as&iacute;, permit&iacute;an un breve atisbo de la sala principal, donde solo pude confirmar que la tele encendida ofrec&iacute;a alg&uacute;n programa que a&uacute;n no pod&iacute;a descifrar bien. Antonio estaba sentado en el sof&aacute; granate de espaldas a mi posici&oacute;n de esp&iacute;a. Solo pod&iacute;a verle la coronilla y c&oacute;mo &eacute;sta se mov&iacute;a de forma espasm&oacute;dica. Un escalofr&iacute;o me recorri&oacute; el cuerpo de repente. La pose furtiva, el cansancio acumulado y los niveles de alcohol en sangre, seguro que tuvieron algo que ver con esa sensaci&oacute;n de estremecimiento.<\/p>\n<p>Comprend&iacute; enseguida lo que estaba pasando. Especialmente cuando pude enfocar mejor la vista hacia el monitor para fijarme en las redundantes escenas que se mostraban. Cuando me di cuenta me agach&eacute; r&aacute;pidamente, embriagada ahora de rubor y algo de verg&uuml;enza. Pero volv&iacute; a mirar. Esta vez con m&aacute;s cautela, evitando emitir el m&aacute;s m&iacute;nimo ruido.<\/p>\n<p>As&iacute; se presentaba el tema: Antonio se estaba haciendo una paja de las buenas, a juzgar por sus leves jadeos pero briosos movimientos. No le pod&iacute;a ver a &eacute;l, pero s&iacute; la sesi&oacute;n repetitiva de personajes masculinos eyaculando en las caras, tetas y co&ntilde;os peludos de diferentes actrices al servicio de la crema. Yo hab&iacute;a visto alguna vez por internet esas recopilaciones absurdas que, de forma reiterada, muestran una y otra vez el mismo panorama sexual, y cuyas &uacute;nicas variaciones se basan esencialmente en la cantidad de esperma que es capaz de descargar cada hombre&hellip;<\/p>\n<p>Pero s&iacute;. Estaba empezando a ponerme cachonda. Lo reconozco. La postura en cuclillas que tuve que adoptar para encubrir mi presencia, el hecho de que mi novio Mart&iacute;n llevara ya una semana sin &ldquo;tener ganas&rdquo; de empotrarme, y la circunstancia concreta de que a mis 22 a&ntilde;os reci&eacute;n cumplidos ning&uacute;n hombre se hab&iacute;a corrido todav&iacute;a en mi cara, hicieron que aquellas im&aacute;genes empezaran a despertarme un morbo inesperado, y not&eacute; enseguida c&oacute;mo me estaba humedeciendo las bragas sin remedio. Introduje la mano bajo mi faldita para acariciarme sobre la tela la parte m&aacute;s caliente de mi entrepierna, mientras que oteaba con incipiente inter&eacute;s c&oacute;mo aquellos hombretones cubr&iacute;an, r&aacute;faga a r&aacute;faga, los cuerpos de esas supuestas cortesanas en sus sometimientos. Mis dedos ya hab&iacute;an superado el el&aacute;stico de mi ropa interior, y ahora pude confirmar que la hab&iacute;a mojado bastante en la zona central. Acarici&eacute; con sutileza mis labios empapados y apret&eacute; suavemente el cl&iacute;toris para concordar mi propia excitaci&oacute;n con los eventos pornogr&aacute;ficos de esa pantalla ajena. El caso es que ahora tambi&eacute;n me estaba haciendo yo una paja, y cuando estuve a punto de llegar al orgasmo empec&eacute; a temblar y a moverme de mi emplazamiento. Entonces fui consciente de que cualquier ruido delatar&iacute;a mi posici&oacute;n secreta as&iacute; que, con el mismo sigilo con el que hab&iacute;a llegado, y sin saber si Antonio habr&iacute;a culminado ya su trabajo manual, recul&eacute; hacia el ascensor y me fui a casa donde Mart&iacute;n deb&iacute;a estar en el s&eacute;ptimo sue&ntilde;o.<\/p>\n<p>Llevaba dos a&ntilde;os viviendo con Mart&iacute;n. Lo conoc&iacute; en el estudio de arquitectura donde yo trabajo de delineante en pr&aacute;cticas, y &eacute;l era el mensajero. Justo hasta que decidi&oacute; abrir su propia empresa de log&iacute;stica donde hoy se gana la vida bastante bien. Es un t&iacute;o atractivo, cinco a&ntilde;os mayor que yo, metro ochenta, cuerpo de gimnasio y una simpat&iacute;a y generosidad que emana de forma espont&aacute;nea. Tres meses despu&eacute;s de empezar a trabajar en el estudio ya est&aacute;bamos follando por las esquinas de los distintos despachos, y el flechazo nos llev&oacute; a decidir compartir piso y experiencias vitales. Y no nos va mal, pero su educaci&oacute;n y arraigo conservador le ha limitado siempre en el contexto sexual. Nunca le ha llamado la atenci&oacute;n, e incluso ha mostrado varias veces cierta repulsi&oacute;n, por el sexo oral. De forma que jam&aacute;s me ha comido el co&ntilde;o como una mujer se merece. Pero tampoco me ha permitido realizarle una felaci&oacute;n, por considerarla una pr&aacute;ctica &ldquo;sucia y hedionda&rdquo;. Creo que no me lleg&oacute; a importar demasiado su aversi&oacute;n por los fluidos &iacute;ntimos. Antes de mi relaci&oacute;n con &eacute;l ni siquiera sal&iacute; con nadie el suficiente tiempo como para meterme su verga en la garganta, as&iacute; que tampoco echaba de menos esa pr&aacute;ctica.<\/p>\n<p>Pero es un hecho irrefutable que las cosas cambian en funci&oacute;n de las experiencias y del entorno. Vaya si cambian&hellip;<\/p>\n<p>-&iexcl;Buenos d&iacute;as Antonio!<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de haber descubierto durante la pasada noche uno de los secretos m&aacute;s &iacute;ntimos de aquel sujeto, esta ma&ntilde;ana yo estaba radiante, y de camino al trabajo me lo cruc&eacute; en el portal, mostr&aacute;ndole una sonrisa.<\/p>\n<p>-&iexcl;Buenos d&iacute;as, Eva!<\/p>\n<p>Pero me detuve. Me hab&iacute;a prometido que no lo har&iacute;a, que pasar&iacute;a de largo. Pero me pudo ese retorcimiento m&iacute;o est&uacute;pido y problem&aacute;tico. Retroced&iacute; y me acerqu&eacute; a su mesita de conserje. Me aproxim&eacute; a &eacute;l lo menos sospechosamente posible, y ante su mirada at&oacute;nita le susurr&eacute;.<\/p>\n<p>-Anoche vi algo&hellip;<\/p>\n<p>-T&uacute; me dir&aacute;s qu&eacute; ha pasado.<\/p>\n<p>-En realidad&hellip; te vi a ti&hellip;<\/p>\n<p>-No te sigo&hellip;<\/p>\n<p>Se puso muy nervioso. No creo que a&uacute;n supiera exactamente a lo que me refer&iacute;a, pero sin duda ten&iacute;a una ligera sospecha. Segu&iacute; runruneando.<\/p>\n<p>-Anoche llegu&eacute; tarde&hellip; Vi la luz&hellip; Estabas&hellip; bueno&hellip; la tele&hellip;<\/p>\n<p>-&iquest;Me esp&iacute;as en mi propia casa, t&iacute;a?<\/p>\n<p>-No es eso&hellip; no. No espiaba&hellip; solo vi luz y pens&eacute;&hellip;<\/p>\n<p>-&iquest;Pensaste? &iquest;Qu&eacute; pensaste? &iquest;Que ten&iacute;as que mirar por la ventana?<\/p>\n<p>-Joder&hellip; No. Pero te vi&hellip; Lo siento.<\/p>\n<p>Ya est&aacute;. Ya hab&iacute;a conseguido sentirme como una mierda. Puse pies en polvorosa. Lo dej&eacute; plantado en su estupefacci&oacute;n y no mir&eacute; atr&aacute;s. Solo esperaba no encontr&aacute;rmelo nunca m&aacute;s en la vida. Absurdo, claro. Era el portero de mi finca, joder.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a pasado una semana desde mi encontronazo con Antonio. Apenas nos cruzamos un par de veces en todos estos d&iacute;as y, desde luego, ni se dignaba a mirarme. No le culp&eacute;. La situaci&oacute;n la hab&iacute;a pervertido yo solita. Aquella misma noche, cuando estuve segura de que Mart&iacute;n dorm&iacute;a profundamente, salt&eacute; de la cama, me puse la camiseta y los shorts, las playeras de ir por casa, y planifiqu&eacute; una disculpa. Supe que ten&iacute;a que zanjar esta rencilla con Antonio. De acuerdo, la una de la ma&ntilde;ana de un martes no parec&iacute;a el momento id&oacute;neo, pero era ahora o nunca. Todav&iacute;a sent&iacute;a en mi cabeza las dos copas de vino durante la cena, as&iacute; que desinhibida y a medio vestir baj&eacute; al portal, vi luz en el cristal de su casa, me acerqu&eacute; a la puerta y llam&eacute; al timbre. Pasaron 5 segundos eternos antes de que se abriera la puerta.<\/p>\n<p>-&iquest;T&uacute;? &iquest;Qu&eacute; cojones quieres ahora?<\/p>\n<p>-Perd&oacute;n, Antonio&hellip;<\/p>\n<p>-Pero, &iquest;est&aacute;s pirada, t&iacute;a? &iquest;Ahora te presentas en mi casa de madrugada?<\/p>\n<p>Me qued&eacute; clavada en el umbral de la puerta, sin saber qu&eacute; decir. Solo le mir&eacute; con carita de cordero degollado. Ahora mismo no sab&iacute;a si deb&iacute;a salir zumbando de vuelta a casa o permanecer ah&iacute; impert&eacute;rrita, con la esperanza de que sus reproches aflojaran de intensidad. Entonces me adelant&eacute; un paso obligando a Antonio a retrocederlo. Y luego otro. As&iacute; franque&eacute; hacia el interior, como si le estuviera empujando a su propia trampa que, en realidad, era su propio hogar.<\/p>\n<p>-Quiero que te corras en mi cara, Antonio.<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute;? &iquest;T&uacute; qu&eacute; co&ntilde;o te has fumado?<\/p>\n<p>Esta vez el paso atr&aacute;s lo dio &eacute;l solo. Aguant&oacute; la respiraci&oacute;n como si fuera a gritarme algo m&aacute;s, a vomitarlo sin reparos. El calor que desprend&iacute;a su torso desnudo, peludo, desagradable, era ahora perceptible a poca distancia. Aunque tambi&eacute;n es posible que, tras haberle soltado esa frase a palo seco, fuera yo la que exhalara ese fuego. Lo cierto es que empec&eacute; a temblar de los nervios y de pura lascivia. Ya estaba muy cachonda, y mi cuerpo dec&iacute;a &ldquo;adelante, zorra&rdquo;. Pero mi cabeza me mandaba a casa. Lo que pasa es que yo, desde los quince, he sido siempre bastante zorra.<\/p>\n<p>-S&iacute;&hellip; como en los v&iacute;deos del otro d&iacute;a.<\/p>\n<p>-Est&aacute;s fatal, t&iacute;a&hellip; Vete a casa, anda, antes de que te vea Mart&iacute;n por aqu&iacute;&hellip;<\/p>\n<p>Entr&eacute; del todo y empuj&eacute; la puerta a mis espaldas para cerrarla de golpe. No parec&iacute;a que Antonio supiera muy bien lo que iba a pasar ahora. Quiz&aacute;s lo intu&iacute;a. Y lo deseaba, sin duda. Pero estoy segura de que no acababa de entender c&oacute;mo una mujer fuera de su liga, tan lejos de ella en verdad, pudiera estar interesada en recibir su pasi&oacute;n. Es posible incluso que jam&aacute;s nadie le hubiera ofrecido algo as&iacute; antes, y por eso fantaseaba tan a menudo revisando los v&iacute;deos para sus pr&aacute;cticas onanistas. Aunque claro, yo tampoco era una mujer versada en la dulce costumbre del derrame, de forma que ah&iacute; s&iacute; que jug&aacute;bamos ambos en la misma federaci&oacute;n.<\/p>\n<p>De pie, imp&aacute;vido, y tras haber asumido que la cosa iba a ocurrir, me permiti&oacute; acercarme frente a &eacute;l hasta que casi pude oler la secreci&oacute;n de su sexo dentro de los vaqueros. &Eacute;stos no sirvieron para disimular la hinchaz&oacute;n que se le hab&iacute;a formado tras los remaches de la bragueta. Me arrodill&eacute; en silencio y comenc&eacute; a desabrochar los botones que todav&iacute;a le aprisionaban, pero antes restregu&eacute; con la palma de la mano aquel bulto que empezaba a exigir una salida de emergencia. Antonio estir&oacute; su cuerpo todo lo que pudo, ech&oacute; la cabeza atr&aacute;s como si no quisiera formar parte de aquello, como si necesitara escapar de la situaci&oacute;n que debi&oacute; parecerle un sue&ntilde;o hecho realidad, aunque en parte tambi&eacute;n una pesadilla.<\/p>\n<p>Cuando consegu&iacute; liberar aquellos ojales y la puerta de tela se abri&oacute; frente a m&iacute;, introduje la mano para extraer la carne endurecida de Antonio. Sali&oacute; de forma abrupta, casi en su m&aacute;xima expresi&oacute;n. El tama&ntilde;o era inesperado para m&iacute;. Siempre hab&iacute;a pensado que un tipo con esa estructura tan enjuta no pod&iacute;a calzar semejante trabuco. No estaba precisamente reci&eacute;n duchado, y el olor a sexo que me llegaba de ese paquete era intenso y abrumador. Mostraba ya un peque&ntilde;o resto de l&iacute;quido como resultado de su propia excitaci&oacute;n, y &eacute;ste formaba ahora un hilo brillante que proced&iacute;a del interior de sus b&oacute;xers.<\/p>\n<p>-Madre m&iacute;a&hellip;<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; pasa?<\/p>\n<p>-Nada. Es grande&hellip;<\/p>\n<p>Este idiota tampoco parec&iacute;a consciente de que el tama&ntilde;o de su verga superaba con creces la media nacional. Ya le gustar&iacute;a a Mart&iacute;n calzar semejante talla. Rode&eacute; aquel cilindro con una mano e inici&eacute; un vaiv&eacute;n h&uacute;medo y relajado para conseguir la m&aacute;xima excitaci&oacute;n de Antonio antes de meterme todo aquello en la boca. Los chasquidos de aquella paja, junto al aroma que desprend&iacute;a, y la extrema dureza del aparato consiguieron convencerme de que esto es lo que quer&iacute;a hacer ahora mismo.<\/p>\n<p>-Joder, Eva&hellip;<\/p>\n<p>-&iquest;Lo hago bien?<\/p>\n<p>-S&iacute;&hellip; Claro.<\/p>\n<p>-Quiero tu semen en la cara, Antonio.<\/p>\n<p>Entonces introduje esa parte de Antonio dentro de m&iacute;. Primero jugu&eacute; un poco con el glande hinchado y amoratado por la acumulaci&oacute;n de riego sangu&iacute;neo. Lo lam&iacute;a con la lengua y chupaba con los labios, suavemente, de forma alternada, mientras &eacute;l gru&ntilde;&iacute;a con cada movimiento. Poco a poco, mil&iacute;metro a mil&iacute;metro, el falo del sujeto entraba m&aacute;s y m&aacute;s en mi cavidad bucal. No era f&aacute;cil asumir semejante tama&ntilde;o dentro de una boca poco acostumbrada a cosas as&iacute;. Pero no solo era yo la que avanzaba hacia la ra&iacute;z de su tronco, sino que Antonio tambi&eacute;n asumi&oacute; un rol que le animaba a follarme la boca, lentamente, sin apenas ansias, pero muy decidido a hacerme fondo. Los tranquilos bamboleos le permitieron mantener su propio ritmo, pero entonces hice uso del abrazo manual en su rabo para marcar un tope en la penetraci&oacute;n oral, ya que empec&eacute; a sentir ciertas arcadas como resultado de una inflamaci&oacute;n exagerada que intu&iacute; previa al orgasmo. El sonido de mi gorgoteo se mezclaba ya con los gimoteos de Antonio a punto de explotar dentro de m&iacute;. Pero entonces empuj&oacute; mi frente hacia atr&aacute;s, se apoder&oacute; de su propio miembro y procedi&oacute; a masturbarse apunt&aacute;ndome a la cara, tal como le hab&iacute;a rogado minutos antes.<\/p>\n<p>-Te voy a llenar de leche&hellip;<\/p>\n<p>Durante esos pocos segundos de espera, mientras estaba expectante por c&oacute;mo ser&iacute;a recibir de un hombre cualquiera todo el resultado de su efusi&oacute;n, peregrinaban por mi cabeza un mont&oacute;n de ideas, tales como &ldquo;&iquest;qu&eacute; cara pondr&iacute;a Mart&iacute;n si me viera ahora mismo?&rdquo;, &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no me he buscado a un t&iacute;o m&aacute;s potable para algo as&iacute;?&rdquo;, &ldquo;&iquest;Qu&eacute; tipo de relaci&oacute;n me espera ahora con el portero de mi finca?&rdquo; y, finalmente, &ldquo;menos mal que este tipo es solo un pajillero y no me pegar&aacute; ninguna ETS con sus fluidos&rdquo;.<\/p>\n<p>Y mientras mi cerebro archivaba todos esos pensamientos en una papelera virtual para poder centrarme en el mundo real, Antonio hab&iacute;a empezado ya a soltar su lefa contra m&iacute;. Not&eacute; enseguida la calentura de su p&oacute;cima sobre mi frente, en las mejillas, sobre los labios y encima de mi lengua. S&iacute;, hab&iacute;a abierto la boca inconscientemente, tal vez imitando sin quererlo a esas guarras de los v&iacute;deos de Antonio. Y a la vez que su semen se enfriaba ya sobre mis superficies, yo me tragaba lo que hab&iacute;a conseguido atrapar con la lengua, intentando averiguar qu&eacute; sabor ten&iacute;an las fantas&iacute;as de un macho.<\/p>\n<p>-Madre m&iacute;a, Antonio&hellip; me has cubierto de leche.<\/p>\n<p>-Te lo dije. Perdonadme, por favor.<\/p>\n<p>-Sabes muy bien que vine para esto, &iquest;verdad?<\/p>\n<p>-S&iacute;. Es que nunca me hab&iacute;a corrido en la cara de nadie&hellip; Ha sido una pasada.<\/p>\n<p>-Yo tampoco hab&iacute;a recibido en la cara la leche de nadie.<\/p>\n<p>-Pero Mart&iacute;n&hellip;<\/p>\n<p>-El sexo oral no es lo suyo.<\/p>\n<p>-Lo siento, Eva. Eso es dram&aacute;tico.<\/p>\n<p>Ya eran casi las dos de la ma&ntilde;ana, llevaba casi una hora fuera de casa. Dej&eacute; a mi novio durmiendo como un tronco mientras yo me acercaba aqu&iacute; para un tratamiento facial que result&oacute; ser m&aacute;s emocionante, morboso y excitante de lo que ya hab&iacute;a intuido. No s&eacute; c&oacute;mo iba a mirar a partir de ahora a Antonio en mis paseos diarios por delante de su atril de conserje, pero ya me preocupar&iacute;a de eso con el tiempo. Limpi&eacute; con varias servilletas los restos ya licuados de la espesura albina de Antonio y abandon&eacute; su estancia sin a&ntilde;adir nada m&aacute;s. Al acostarme junto a mi novio otra vez solo esperaba dos cosas: que no me hubiera o&iacute;do salir de casa, y que ma&ntilde;ana no oliera la peste a semen que me he tra&iacute;do de abajo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>No es verdad que yo sea una fisgona compulsiva, pero es que aquel d&iacute;a, cuando llegu&eacute; de una fiesta a las 3 y media de la madrugada, y entr&eacute; en mi portal, vi una luz ah&iacute; al fondo, una especie de final del t&uacute;nel en el contexto de un vest&iacute;bulo oscuro y tenebroso. 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