{"id":40326,"date":"2022-12-21T01:58:26","date_gmt":"2022-12-21T01:58:26","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-12-21T01:58:26","modified_gmt":"2022-12-21T01:58:26","slug":"el-nuevo-curso-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-nuevo-curso-ii\/","title":{"rendered":"El nuevo curso (II)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"40326\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 28<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Lo primero que vio Enrique al despertarse fueron los n&uacute;meros luminosos del despertador que Dami&aacute;n ten&iacute;a en la mesilla. Marcaban las nueve y diez de la ma&ntilde;ana del domingo. A su espalda notaba la respiraci&oacute;n tranquila de Dami&aacute;n y su brazo rode&aacute;ndole el pecho. Aunque se hab&iacute;an movido durante la noche ni siquiera se hab&iacute;a enterado. Al pasear la vista por la habitaci&oacute;n not&oacute; una ligera punzada en las sienes sin duda causado por lo que hab&iacute;a bebido ayer. No era demasiado y no pod&iacute;a decir que hubiera estado borracho, pero no ten&iacute;a costumbre y su cuerpo se lo recordaba.<\/p>\n<p>Acuciado por la necesidad de ir al ba&ntilde;o intent&oacute; levantarse de la cama con sigilo, procurando no despertar a Dami&aacute;n que parec&iacute;a profundamente dormido. Sin embargo, no tuvo demasiado &eacute;xito, ya que el colch&oacute;n chirri&oacute; de forma bastante audible cuando se sent&oacute; al borde de la cama. La mano suave de Dami&aacute;n acarici&oacute; su espalda mientras este se incorporaba sobre un codo, a&uacute;n adormilado.<\/p>\n<p>&ndash;Eh, &iquest;qu&eacute; horas es? &iquest;te vas? &ndash;murmur&oacute; medio dormido mientras se frotaba los ojos.<\/p>\n<p>&ndash;No quer&iacute;a despertarte, perdona, pero tengo que ir al ba&ntilde;o &ndash;susurr&oacute; Enrique mientras terminaba de incorporarse y le sonre&iacute;a &ndash;s&oacute;lo son las nueve y algo, vuelve a dormirte si quieres.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n se desperez&oacute; y se estir&oacute; de tal forma que las costillas se le marcaron bajo la piel, destacando vivamente gracias a su delgadez natural. Girando hasta ponerse boca abajo acomod&oacute; los brazos bajo la almohada y tras removerse un poco volvi&oacute; a cerrar los ojos. Enrique sonre&iacute;a embobado, la naturalidad del joven consegu&iacute;a dejarle atontado y a la vez fascinado. De no necesitar orinar con tanta urgencia se habr&iacute;a quedado all&iacute; mir&aacute;ndole durante horas.<\/p>\n<p>&ndash;No&hellip; no me dormir&eacute; de nuevo, pero av&iacute;same cuando vuelvas por si acaso. El ba&ntilde;o est&aacute; en el pasillo.<\/p>\n<p>Sofocando una risa sali&oacute; del cuarto de puntillas. Era evidente que a su amigo no le gustaba madrugar. Encendiendo la luz del ba&ntilde;o alivi&oacute; por fin su vejiga. La curiosidad pudo con &eacute;l y mientras orinaba pase&oacute; la vista por el cuarto de ba&ntilde;o, de un tama&ntilde;o algo mayor que el suyo. Los azulejos de color azul claro daban una impresi&oacute;n fresca del espacio y contrastaba con los grises del suelo. Frente al lavabo blanco con cajones debajo s&oacute;lo hab&iacute;a una balda y un espejo bastante grande con una peque&ntilde;a luz encima. Sobre el propio lavabo solo hab&iacute;a un bote con un cepillo y pasta dent&iacute;frica y jab&oacute;n de manos l&iacute;quido, mientras que en la balda del espejo pudo ver una afeitadora el&eacute;ctrica, gel fijador, un cepillo del pelo y algo que le dej&oacute; helado: un par de condones en un llamativo envoltorio amarillo canario.<\/p>\n<p>Se lav&oacute; las manos sin apartar la vista de los condones. Por su parte sab&iacute;a que no hab&iacute;a problemas: siempre hab&iacute;a tenido sexo seguro y sus &uacute;ltimos an&aacute;lisis hab&iacute;an salido perfectos, pero no pod&iacute;a decir lo mismo de Dami&aacute;n. Aunque parec&iacute;a responsable no sab&iacute;a casi nada de &eacute;l o de su vida a pesar de haberse colado por &eacute;l con tanta intensidad. Una sensaci&oacute;n de ansiedad subi&oacute; desde la boca de su est&oacute;mago e hizo que su coraz&oacute;n se acelerase, latiendo con fuerza. Volvi&oacute; al cuarto con la cara desencajada y de una palidez enfermiza. De pronto se ve&iacute;a incapaz de volver a meterse con Dami&aacute;n en la cama, que le mir&oacute; extra&ntilde;ado.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te ocurre algo? Tienes una cara rar&iacute;sima.<\/p>\n<p>&ndash;Anoche&hellip; anoche no usamos protecci&oacute;n &ndash;musit&oacute; con la voz queda y sin mirarle directamente a los ojos.<\/p>\n<p>&ndash;Ya. No me digas que vas a soltarme ahora la bomba de que me has pegado algo &ndash;coment&oacute; Dami&aacute;n incorpor&aacute;ndose de golpe. Las s&aacute;banas se deslizaron por su cuerpo y quedaron hechas un revoltijo a la altura de los muslos.<\/p>\n<p>&ndash;No, no, yo estoy limpio. Me hice an&aacute;lisis de sangre hace cuatro meses y el segundo est&aacute;ndar hace uno y salieron bien. Y no he tenido sexo con nadie desde entonces. Y siempre me he hecho an&aacute;lisis cada tres meses. En eso soy algo obsesivo &ndash;dijo casi a modo de disculpa&ndash;. Todos han salido bien, todos limpios.<\/p>\n<p>Sin responder Dami&aacute;n sali&oacute; de la cama. Incluso en ese momento los ojos azules de Enrique recorrieron las formas de su amigo. La perfecci&oacute;n de sus nalgas, la belleza de su piel clara y el tama&ntilde;o de su pene, que incluso en reposo alcanzaba los diecisiete cent&iacute;metros, casi tanto como &eacute;l en erecci&oacute;n. Algo aturdido le vio salir de la habitaci&oacute;n con su andar de bailar&iacute;n para volver a los pocos minutos con su tel&eacute;fono. Tras meter el c&oacute;digo de desbloqueo y dar un &uacute;nico toque en la pantalla se le pas&oacute; a Enrique que le miraba desconcertado. Hab&iacute;a abierto la app de mensajes de texto. Al percatarse de su desconcierto Dami&aacute;n sonri&oacute; desplegando los hoyuelos y toc&oacute; en el mensaje m&aacute;s reciente.<\/p>\n<p>&ndash;De cuando don&eacute; sangre. Hace tan solo tres semanas. Todo bien. &ndash;Volvi&oacute; a tocar la pantalla y abri&oacute; la siguiente notificaci&oacute;n, esta vez de un laboratorio. Dej&oacute; que Enrique leyese la notificaci&oacute;n de que ya pod&iacute;a recoger los an&aacute;lisis o consultarles accediendo al &aacute;rea privada de paciente y tras seguir el enlace e identificarse volvi&oacute; a pasarle el m&oacute;vil&ndash;. Mi &uacute;ltima anal&iacute;tica. Puedes ver t&uacute; mismo que estoy limpio. Y de todos modos esos condones llevan conmigo casi un a&ntilde;o, supongo que tendr&iacute;a que tirarles, porque hace m&aacute;s de ocho meses que no me acuesto con nadie.<\/p>\n<p>Enrique sinti&oacute; que el nudo de su est&oacute;mago se disolv&iacute;a. Con un suspiro de alivio se dej&oacute; caer en la cama mientras Dami&aacute;n se re&iacute;a a su lado. Cuando este le abraz&oacute; y le atrajo hacia s&iacute; para besarle se entreg&oacute; de buena gana. Los labios de coral de su amigo se apretaron contra los suyos y cuando venci&oacute; la resistencia inicial y se entreabrieron desliz&oacute; su lengua dentro de la boca de Dami&aacute;n, acariciando su lengua y jugando con ella hasta que la falta de aire les hizo separarse.<\/p>\n<p>&ndash;Lo siento, me he agobiado un poco &ndash;se disculp&oacute; Enrique abrazando a Dami&aacute;n y acariciando su pecho.<\/p>\n<p>&ndash;No te preocupes, es natural &ndash;Dami&aacute;n se ech&oacute; a re&iacute;r con cierta malicia y retuvo las manos de Enrique por las mu&ntilde;ecas para que no le distrajesen sus caricias&ndash;. De todos modos, cuando supe que me gustabas empec&eacute; a interrogar sutilmente a Carlo sobre ti, al principio lo t&iacute;pico de por qu&eacute; eras tan t&iacute;mido y si de verdad te ca&iacute;a bien&hellip; ya sabes.<\/p>\n<p>Ante la cara pasmada de Enrique no pudo contener las carcajadas, que inundaron la peque&ntilde;a habitaci&oacute;n ahora ya llena de luz natural.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;De verdad?<\/p>\n<p>&ndash;De verdad. Me gustaste desde el primer d&iacute;a. No lo sabes, pero eres adorable.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute; te cont&oacute;?<\/p>\n<p>&ndash;Que eras muy t&iacute;mido porque antes estabas pasado de peso, y que por culpa de eso te hab&iacute;an acosado bastante. Tambi&eacute;n me dijo que solo te hab&iacute;a conocido dos parejas y que eres un chico responsable y apenas sales de fiesta, y mucho menos ligas en los bares.<\/p>\n<p>Enrique se qued&oacute; pensativo. Ignoraba que Carlo hubiese contado tantas cosas suyas y aunque las cosas hab&iacute;an salido bien no sab&iacute;a si eso le molestaba o le gustaba. Con los labios recorri&oacute; las marcas que hab&iacute;a dejado en el cuello y por el hombro de Dami&aacute;n el d&iacute;a anterior. Cercos rosados que destacaban poderosamente en su piel blanca. Notaba su cuerpo delgado tumbado a medias bajo el suyo y el calor que irradiaba. Cuando quiso volver a mover la mano esta vez no se lo impidi&oacute;, liberando la presa que atenazaba su mu&ntilde;eca. Despacio pase&oacute; los dedos por los abdominales de Dami&aacute;n hasta llegar al vello del pubis, mucho m&aacute;s suave de lo que hubiera esperado y apenas rizado. Culmin&oacute; la caricia en el pene del joven, acarici&aacute;ndolo con toda la mano y jugando con el prepucio, descubriendo el glande rosado y volviendo a cubrirlo.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te apetece que nos duchemos juntos? &ndash;dijo Enrique por fin sin dejar de masturbarle con suavidad, consiguiendo una semi erecci&oacute;n.<\/p>\n<p>La amplia sonrisa que ilumin&oacute; el rostro de Dami&aacute;n no dej&oacute; lugar a dudas. Apartando las mantas de una patada se levant&oacute; con agilidad. Enrique se deleit&oacute; en la visi&oacute;n de su cuerpo desnudo y sobre todo en su pene, que empezaba a levantarse. Cuando este le tendi&oacute; la mano para animarle a incorporarse no se lo pens&oacute; y se la cogi&oacute;, atray&eacute;ndole para besarle. No obstante, el joven se zaf&oacute; con facilidad y una sonrisa traviesa y le precedi&oacute; hasta la ducha, por fortuna lo bastante amplia como para que los dos cupiesen dentro con comodidad. En cuanto ambos estuvieron dentro Dami&aacute;n encendi&oacute; el agua caliente, que cay&oacute; sobre ellos desde arriba gracias a la ducha con sistema de lluvia.<\/p>\n<p>&ndash;Hoy es mi turno.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Tu turno? &ndash;replic&oacute; Dami&aacute;n desconcertado.<\/p>\n<p>Sin decir nada Enrique se arrodill&oacute; delante de &eacute;l. Sent&iacute;a el agua caliente caerle encima, recorrer su espalda y apelmazarle el pelo, que se le met&iacute;a en los ojos. Dami&aacute;n se le ech&oacute; hacia atr&aacute;s y le acerc&oacute; las caderas. Su largo pene golpe&oacute; la mejilla de Enrique que le ignor&oacute; para agarrar el bote de jab&oacute;n que hab&iacute;a en una estanter&iacute;a detr&aacute;s de &eacute;l. Tras un vistazo r&aacute;pido a la etiqueta para asegurarse de que pod&iacute;a usarlo para jugar, extendi&oacute; una buena cantidad en sus manos y empez&oacute; a acariciar los muslos de Dami&aacute;n al tiempo que besaba el glande de su pene, notando el sabor ligeramente salado del l&iacute;quido preseminal en sus labios.<\/p>\n<p>Enjabonando los muslos y las piernas de Dami&aacute;n con ternura comenz&oacute; a pasar la lengua por el pene, lamiendo toda la piel que pod&iacute;a. El agua que ca&iacute;a le imped&iacute;a abrir los ojos por lo que iba a ciegas, gui&aacute;ndose solo por lo que sent&iacute;a en su lengua y labios. Los gemidos de su amigo le instaron a continuar y con la punta de la lengua resigui&oacute; una de las venas del pene, avanzando despu&eacute;s hasta que not&oacute; que llegaba al escroto. Mientras sus manos enjabonaban las nalgas de Dami&aacute;n lami&oacute; ampliamente el escroto jugando con los grandes test&iacute;culos del joven que ya gem&iacute;a con ganas, con el pene completamente duro frot&aacute;ndose contra la cara de Enrique. Agarr&aacute;ndole por el pelo, Dami&aacute;n gui&oacute; nuevamente la cabeza de su amigo hasta su pene, Con la mano libre le acarici&oacute; los labios y meti&oacute; un pulgar en la boca.<\/p>\n<p>&ndash;Abre, quiero que me la comas entera. Vamos, cari&ntilde;o, abre bien.<\/p>\n<p>La voz de Dami&aacute;n estaba ronca por el deseo y eso, sumado a la orden firme pero tierna, bast&oacute; para convencerle. Abriendo bien la boca dej&oacute; que su amigo colocase el glande contra los labios. Sacando la lengua introdujo todo el glande en la boca y comenz&oacute; a chupar, con cierto cuidado al principio. Su gran tama&ntilde;o bastaba para llenarle la boca y hacerle salivar en exceso. Enjabon&oacute; los test&iacute;culos con mimo mientras los masajeaba, haci&eacute;ndoles rebotar en sus manos ahuecadas. Les separ&oacute; dentro del escroto y agarr&aacute;ndoles desde la base tir&oacute; de ellos hacia s&iacute; con suavidad, probando a meter m&aacute;s del pene de Dami&aacute;n en su boca.<\/p>\n<p>Aunque no hab&iacute;a tenido demasiadas experiencias sexuales siempre hab&iacute;a considerado que pod&iacute;a tragar cualquier pene, pero el de su amigo resultaba demasiado grande. Ni siquiera hab&iacute;a metido un tercio de su tama&ntilde;o en la boca y la gran anchura sumado a su longitud le provoc&oacute; una arcada que le cerr&oacute; la garganta moment&aacute;neamente. Dami&aacute;n le agarr&oacute; por el pelo con m&aacute;s fuerza, gimiendo excitado. Intentando no mover demasiado las caderas le anim&oacute; a continuar acariciando su cabello mojado y los labios cubiertos de saliva.<\/p>\n<p>&ndash;Despacio, ve despacio y ya ver&aacute;s c&oacute;mo puedes con ello.<\/p>\n<p>Excitado por sus palabras se anim&oacute; a abrir los ojos lo justo para poder mirarle mientras se relajaba, dejando que su garganta se acostumbrase a la intrusi&oacute;n. Echando m&aacute;s jab&oacute;n en su mano llev&oacute; dos dedos al ano de Dami&aacute;n que jade&oacute; mientras empujaba la cabeza de Enrique contra s&iacute;, quien moviendo los dedos extendi&oacute; el jab&oacute;n por su ano, pero sin llegar a meter a&uacute;n los dedos. Tan solo jugando con la piel, explorando la textura con las yemas de los dedos. Cuando crey&oacute; que ya estaba listo comenz&oacute; a moverse, metiendo y sacando el grueso pene de su compa&ntilde;ero de la boca. A pesar de apretar bien sus labios la saliva se escapaba, ayudando a que entrase y saliese con m&aacute;s facilidad y resbalando por su barbilla. Su propio pene estaba completamente duro y hab&iacute;a comenzado a gotear.<\/p>\n<p>&ndash;As&iacute;, buen chico. &iquest;Ves como ya no te cuesta tanto? &ndash;le alab&oacute; Dami&aacute;n entre gemidos. Sus ojos verdosos estaban clavados en Enrique, con el agua escurri&eacute;ndose por su cuerpo juvenil y fibroso&ndash;. Respira por la nariz y mueve la lengua.<\/p>\n<p>Enrique empuj&oacute; m&aacute;s y consigui&oacute; tragarse hasta la mitad. La saliva se escurr&iacute;a por las comisuras de sus labios y apenas le quedaba espacio en la boca para poder mover la lengua como le ped&iacute;a Dami&aacute;n. Apretando m&aacute;s los labios y procurando mantener los dientes cubiertos desliz&oacute; el pene de su amigo hasta que solo qued&oacute; dentro de su boca el final del glande y abriendo la boca jade&oacute; con fuerza antes de volver a meterle hasta m&aacute;s de la mitad. Regresaron las arcadas y esta vez acompa&ntilde;adas de un intenso lagrimeo. Sin rendirse esper&oacute; a que estas remitiesen antes de volver a moverse. Entreabri&oacute; los ojos y con orgullo vio lo poco que le quedaba para conseguir tragar todo el miembro de su compa&ntilde;ero, que gem&iacute;a sin contenerse.<\/p>\n<p>Los azulejos h&uacute;medos del ba&ntilde;o recog&iacute;an el sonido y lo amplificaban por encima del golpeteo r&iacute;tmico del agua al caer y mientras dejaba que las arcadas remitiesen desliz&oacute; dos dedos jabonosos dentro del ano de su amigo que dio un respingo ante la repentina penetraci&oacute;n. Sin quererlo este empuj&oacute; hacia delante las caderas y Enrique se apart&oacute; boqueando y tosiendo con violencia. Dami&aacute;n le sostuvo con delicadeza mientras su largo pene rozaba la cara mojada del joven que inspiraba hondo para recuperar el aliento.<\/p>\n<p>&ndash;Lo siento &ndash;se disculp&oacute; en cuanto recobr&oacute; el aliento &ndash;eres demasiado grande, no s&eacute; si podr&eacute; tragarlo entero sin ahogarme.<\/p>\n<p>&ndash;Para ser tu primera vez que me le chupas has estado incre&iacute;ble. No te fuerces, si hoy no lo consigues seguiremos practicando hasta que lo logres. As&iacute; tendremos m&aacute;s oportunidades &ndash;remat&oacute;, gui&ntilde;&aacute;ndole un ojo con picard&iacute;a mientras se masturbaba.<\/p>\n<p>Sonriendo como un bobo Enrique tir&oacute; de la mano de Dami&aacute;n para que se arrodillase con &eacute;l. Aunque la cabina de ducha era alta no era especialmente ancha y su largo apenas s&iacute; alcanzaba el de una ba&ntilde;era peque&ntilde;a, por lo que ambos quedaron bastante pegados. Enrique estrech&oacute; entre sus brazos a Dami&aacute;n y bes&oacute; nuevamente las marcas que le hab&iacute;a dejado la noche anterior que ahora mostraban un vivo color rojizo. Por una parte, se sent&iacute;a algo culpable por haberle hecho eso, se hab&iacute;a portado como un aut&eacute;ntico cavern&iacute;cola que reclama a una presa reci&eacute;n abatida, pero por otra cada vez que las ve&iacute;a se excitaba y se llenaba de un fiero orgullo.<\/p>\n<p>A pesar de la diferencia de altura entre ellos Enrique se las ingeni&oacute; para situarse por encima, masturbando el pene de Dami&aacute;n con fuerza mientras exploraba su ano con la otra mano, mucho m&aacute;s estrecho de lo que se hab&iacute;a imaginado y bastante suave al tacto. Ayudado por el jab&oacute;n sus dedos se deslizaban dentro y fuera del reducido orificio mientras el joven gem&iacute;a contra su o&iacute;do, con las u&ntilde;as clavadas en su espalda y su largu&iacute;simo pene goteando con frenes&iacute; en su mano. Mordisque&oacute; el cuello de su amigo y baj&oacute; hasta el hombro, inst&aacute;ndole con un suave empuj&oacute;n a quedar inclinado hacia atr&aacute;s para darle libre acceso a su pecho y sus pezones sonrosados.<\/p>\n<p>El calor del agua de la ducha hab&iacute;a enrojecido ligeramente la piel clar&iacute;sima del joven y Enrique observ&oacute; fascinado que los duros pezones parec&iacute;an m&aacute;s oscuros que la noche anterior. Les contempl&oacute; fascinado y se ech&oacute; algo hacia atr&aacute;s para masturbarse mientras miraba a su amigo, que jadeaba con sus ojos verdes cerrados. Junt&oacute; ambos penes y les frot&oacute; juntos, rozando ambos glandes y en especial los frenillos mientras le besaba el pez&oacute;n derecho y succionaba con fuerza, clavando a continuaci&oacute;n los dientes, pero sin llegar a hacerle da&ntilde;o. Con un brillo de traviesa diversi&oacute;n en su mirada se fij&oacute; en los rizos rojizos y apelmazados del pubis de Dami&aacute;n y, soltando un momento ambos penes, dio un suave tir&oacute;n a la mata de vello.<\/p>\n<p>El grito que escap&oacute; de la boca de Dami&aacute;n, mezcla de sorpresa y excitaci&oacute;n, reverber&oacute; en sus o&iacute;dos y tuvo un impacto directo en su pene. Volviendo a agarrar ambos sigui&oacute; masturb&aacute;ndose con su amigo mientras met&iacute;a tres dedos en su ano, que empezaba a estar dilatado y a punto. Los pod&iacute;a deslizar con facilidad dentro y fuera mientras jugaba alternativamente con los pezones de su amigo que le abrazaba con fuerza, sin ser capaz de otra cosa que no fuese gemir y jadear cada vez m&aacute;s alto. Empuj&aacute;ndole hacia atr&aacute;s con su peso consigui&oacute; tumbarle, quedando encima de &eacute;l y entre sus largas piernas que subieron sin que tuviese que ped&iacute;rselo.<\/p>\n<p>Acariciando con la lengua la parte interior de los muslos de Dami&aacute;n retir&oacute; los dedos de su ano y comprob&oacute; que el rosado orificio quedase abierto y relajado. Juguete&oacute; con los pliegues exteriores y contempl&oacute; fascinado como se cerraba cuando le introdujo el pulgar. Tante&oacute; la presi&oacute;n y la c&aacute;lida estrechez del interior, ahora m&aacute;s el&aacute;stico y dilatado que antes, y mordiendo a su amigo cerca de la rodilla retir&oacute; el dedo y apoy&oacute; el glande en su ano. Empuj&oacute; ligeramente, pero se retir&oacute; con una sonrisa, mordisqueando la sensible piel de sus piernas hasta que casi logr&oacute; rozar con sus labios las ingles de Dami&aacute;n.<\/p>\n<p>Repiti&oacute; la maniobra unas cuantas veces, frot&aacute;ndose contra sus test&iacute;culos y su pene y alternando los muslos, describiendo trazos h&uacute;medos con la lengua mientras pon&iacute;a a prueba la paciencia de su amigo, quien gem&iacute;a e intentaba apretarle con las largas piernas que hab&iacute;a cruzado a su espalda. Sab&iacute;a que estaba impaciente y que lo deseaba, y aunque &eacute;l tambi&eacute;n se mor&iacute;a de ganas por penetrarle disfrutaba demasiado de sus gemidos, de la sensaci&oacute;n de tenerle anhelante para &eacute;l. Se dobl&oacute; todo lo que pudo y dej&oacute; un rastro de besos por su pubis, ascendiendo en un tri&aacute;ngulo hasta el ombligo donde meti&oacute; la lengua en una fiel imitaci&oacute;n de c&oacute;mo lamer&iacute;a el ano de Dami&aacute;n que ahora presionaba con su pene. Cuando not&oacute; que venc&iacute;a la escasa resistencia que presentaba se separ&oacute; y movi&oacute; las caderas para golpearle con su pene.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Por favor! Por favor, Enrique. No aguanto m&aacute;s &ndash;suplic&oacute; Dami&aacute;n sin poderse contener m&aacute;s.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Por favor? Pero qu&eacute; mono eres, que mono y que excitante &ndash;tirone&oacute; con sus labios del vello p&uacute;bico del joven que gimi&oacute; excitado y desesperado&ndash;, p&iacute;demelo de nuevo.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n sujet&oacute; con sus suaves manos la cara de Enrique y le atrajo hacia s&iacute; para besarle con fuerza. Resbalando ligeramente Enrique apoy&oacute; las manos a ambos lados de la cabeza de su amigo y de dej&oacute; besar mientras segu&iacute;a jugando, frot&aacute;ndose a pesar de que ansiaba meterla m&aacute;s que nunca. Cuando Dami&aacute;n cort&oacute; el beso no dej&oacute; que Enrique se separase, al contrario, acerc&oacute; m&aacute;s su cara a &eacute;l y le dio suaves besos desde la comisura del labio hasta su oreja.<\/p>\n<p>&ndash;Por favor, por favor f&oacute;llame. Por favor, cari&ntilde;o &ndash;suplic&oacute; en voz baja, dulce y ronca&ndash;. Deseo que me folles, deseo que me penetres, por favor.<\/p>\n<p>El aliento c&aacute;lido de Dami&aacute;n cosquille&oacute; en la oreja de Enrique quien no pudo contenerse m&aacute;s. Apoyando todo su peso sobre una mano que afianz&oacute; todo lo que pudo al resbaladizo suelo del plato de ducha gui&oacute; su pene al ano de Dami&aacute;n y esta vez s&iacute; le penetr&oacute;. Aunque intent&oacute; ser cuidadoso el ansia que sent&iacute;a y el jab&oacute;n con el que hab&iacute;a dilatado a su amigo le empujaron hacia dentro m&aacute;s deprisa de lo esperado. Dami&aacute;n solt&oacute; un jadeo y un gemido y se abraz&oacute; a Enrique que le bes&oacute; nuevamente, con toda la pasi&oacute;n que pudo. Los labios de coral de Dami&aacute;n se entreabrieron y mientras su amigo comenzaba a moverse, poniendo buen cuidado de no ir demasiado r&aacute;pido desde el inicio, recorri&oacute; con su lengua todo el interior de la boca de Enrique.<\/p>\n<p>Espoleado por los gemidos del joven que se retorc&iacute;a extasiado debajo de &eacute;l comenz&oacute; a moverse m&aacute;s deprisa. Su pene entraba y sal&iacute;a de Dami&aacute;n que parec&iacute;a acoger los dieciocho cent&iacute;metros de su amigo sin ning&uacute;n problema. El agua caliente ca&iacute;a sobre los dos y formaba un peque&ntilde;o charco de unos escasos cent&iacute;metros en el suelo de la ducha, lo bastante como para que con cada movimiento de Enrique el agua chapotease y salpicase la mampara. Tras un &uacute;ltimo mordisco a los suaves labios de su amigo, enrojecidos por el ardor de sus besos, Enrique se levant&oacute; ligeramente para poder ir m&aacute;s deprisa. Al notar el cambio de ritmo en sus embestidas por uno mucho m&aacute;s fren&eacute;tico Dami&aacute;n levant&oacute; m&aacute;s las piernas y col&oacute; una mano entre ambos para masturbarse, mientras la otra se deslizaba por la espalda de su amigo y finalmente por sus nalgas, hasta que encontr&oacute; el ano de Enrique donde col&oacute; un dedo.<\/p>\n<p>Enrique gimi&oacute; al notar que el joven mov&iacute;a y rotaba el dedo en su interior e imprimi&oacute; m&aacute;s fuerza y velocidad a sus caderas, ya completamente descontrolado. Sent&iacute;a que su cuerpo rebotaba contra el de Dami&aacute;n que se masturbaba furiosamente debajo de &eacute;l, tan deprisa que ni siquiera recorr&iacute;a completamente toda su longitud. Con una media sonrisa le retir&oacute; la mano y se apart&oacute; de &eacute;l, saliendo de su interior casi de golpe. Al notar el desconcierto de su amigo ensanch&oacute; m&aacute;s su sonrisa y se arrodill&oacute; entre el agua, con su duro pene apuntando hacia arriba y las piernas entre abiertas.<\/p>\n<p>&ndash;Ven aqu&iacute;, quiero que subas para poder tocarte yo a ti.<\/p>\n<p>Con su sonrisa de radiantes hoyuelos Dami&aacute;n se incorpor&oacute; enseguida, tan r&aacute;pido que casi pareci&oacute; un truco de magia. Rodeando el cuello de Enrique con los brazos se sent&oacute; en su regazo, con las piernas enroscadas en su espalda. Las manos de su amigo le rodearon la estrecha cintura y se pasearon por sus caderas antes de izarlo con extrema facilidad. Haciendo malabarismos para no soltarle y no hacerle da&ntilde;o consigui&oacute; equilibrar su peso para poder sostenerle con una mano mientras se ayudaba de la otra para guiar su pene a su abierto ano, que parec&iacute;a aguardarle. Dej&aacute;ndole caer gimi&oacute; mientras sent&iacute;a como se deslizaba hasta clav&aacute;rsele entero, entre sensuales jadeos y gemidos entrecortados.<\/p>\n<p>Mientras Enrique comenzaba a moverle, impulsando sus caderas hacia arriba con fuerza para hacerle rebotar contra su cuerpo Dami&aacute;n manten&iacute;a la cabeza echada hacia atr&aacute;s y los ojos cerrados. Jadeaba y gem&iacute;a casi cegado por el placer. Como hab&iacute;a prometido la mano libre de Enrique ahora se paseaba arriba y abajo por su largo pene, que no cesaba de soltar l&iacute;quido preseminal y cuyo glande mostraba un intenso tono rojo. Inclin&aacute;ndose hacia delante Enrique lami&oacute; r&aacute;pidamente su mano para poder saborear aquel fluido antes de que se lo llevase el agua. Aumentando m&aacute;s el ritmo de su mano se irgui&oacute; para poder alcanzar la nuez de Dami&aacute;n, que se recortaba poderosamente en el perfil de su cuello. La sinti&oacute; moverse bajo su lengua al ritmo de los gemidos inarticulados del joven que, tensando todo su cuerpo, alcanz&oacute; un orgasmo r&aacute;pido, intenso y brutal.<\/p>\n<p>Parando el agua de un manotazo para poder disfrutar de ese momento Enrique le sostuvo mientras no dejaba de moverse. Entraba y sal&iacute;a de Dami&aacute;n quien segu&iacute;a con los ojos cerrados mientras las &uacute;ltimas olas del orgasmo relajaban su cuerpo. El semen se mezclaba con las gotas de agua que escurr&iacute;an por su piel y la de Enrique, quien se deleit&oacute; con la vista antes de recogerlo con los dedos y d&aacute;rselo a saborear. Cuando el sabor salado impregn&oacute; la boca de Dami&aacute;n este comenz&oacute; a lamer el dedo de su amigo con los mismos movimientos que ya emplease la noche anterior en su pene, mir&aacute;ndole fijamente con esos ojos verdosos. No cab&iacute;a duda alguna, a Dami&aacute;n le gustaba chupar y no ten&iacute;a empacho en demostrarlo.<\/p>\n<p>Tensando m&aacute;s el agarre de sus piernas y usando los hombros de Enrique como punto de apoyo Dami&aacute;n se impuls&oacute; una y otra vez, acopl&aacute;ndose con facilidad a las embestidas de Enrique que le bes&oacute; el cuello hasta llegar a sus labios. Captur&aacute;ndolos en un beso exigente y apasionado se dej&oacute; ir mientras lograba el orgasmo, m&aacute;s intenso si cabe que el de la noche anterior. Con fuertes gemidos que resonaron en el ba&ntilde;o silencioso abraz&oacute; con fuerza a Dami&aacute;n que se estremec&iacute;a de placer mientras le apretaba con los muslos y sent&iacute;a los espasmos de su orgasmo en su interior. Jadeante y s&uacute;bitamente cansado Dami&aacute;n apoy&oacute; la cabeza en el hombro de Enrique que le bes&oacute; tiernamente el cuello mientras le acariciaba la espalda que empezaba a quedarse fr&iacute;a. Al percatarse de la bajada de temperatura ahora que el ardor del momento se disipaba volvi&oacute; a encender el agua caliente.<\/p>\n<p>&ndash;Ha estado genial &ndash;musit&oacute; Dami&aacute;n algo atontado mientras bajaba del regazo de su amigo.<\/p>\n<p>Enrique se limit&oacute; a sonre&iacute;r y volvi&oacute; a abrazarle. Recuper&oacute; el jab&oacute;n y esta vez le emple&oacute; para enjabonar todo el cuerpo de Dami&aacute;n que se relaj&oacute; y se apoy&oacute; contra &eacute;l disfrutando de las caricias. A Enrique le daba algo de rabia no haber conseguido tragar del todo el pene del joven, pero se consol&oacute; pensando en lo que le hab&iacute;a dicho su amigo: que tendr&iacute;an m&aacute;s ocasiones para practicar. Sonriendo como un bobo contempl&oacute; como se desperezaba Dami&aacute;n bajo el agua caliente, m&aacute;s reanimado ahora, y le dej&oacute; lavar su cuerpo del mismo modo que &eacute;l hab&iacute;a hecho antes. Cuando salieron de la ducha todo el cuarto estaba lleno de vapor y el enorme espejo se hab&iacute;a empa&ntilde;ado impidi&eacute;ndoles verse reflejados.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Ostras! Si no te he sacado ninguna toalla. Perdona que no se me ocurriese antes &ndash;se lament&oacute; Dami&aacute;n abriendo uno de los cajones y sacando una amplia toalla gris.<\/p>\n<p>&ndash;Creo que no se nos ocurri&oacute; a ninguno de los dos, pero eso es bueno. Si hubieses pensado en cubrirme con una toalla justo cuando te estaba calentando para que te empalmases me hubiese ofendido seriamente &ndash;replic&oacute; risue&ntilde;o Enrique aceptando la toalla y sec&aacute;ndose con ella &ndash;. Por cierto, hab&iacute;a pensado que podemos desayunar juntos si te apetece.<\/p>\n<p>Lanz&oacute; su oferta al aire. Con la toalla enrollada a la cintura se entretuvo observando c&oacute;mo se secaba Dami&aacute;n el cuerpo larguirucho y p&aacute;lido. Contempl&oacute; con absoluta fascinaci&oacute;n como la mata de vello rojizo del pubis se ensortijaba cuando desapareci&oacute; la humedad y como se marcaba cada m&uacute;sculo de su torso cuando levant&oacute; los brazos para secarse el pelo, que se desorden&oacute; en ondas apelmazadas y algo m&aacute;s oscuras que su tono habitual. Dami&aacute;n fue consciente del escrutinio intenso al que le somet&iacute;a, pero con una sonrisa beat&iacute;fica en su cara lo dej&oacute; correr, ligeramente halagado por la atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te importa si desayunamos en casa? No tengo muchas ganas de salir fuera a estas horas, en domingo las cafeter&iacute;as se llenan.<\/p>\n<p>&ndash;Claro que no me importa. Pero creo que ir&eacute; a mi casa a cambiarme, la camisa de ayer es nueva y seguro que con mi suerte me la mancho de caf&eacute;.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n se ech&oacute; a re&iacute;r mientras Enrique sal&iacute;a del ba&ntilde;o. Sin apresurarse cogi&oacute; un bote de loci&oacute;n corporal del caj&oacute;n superior del lavabo y se unt&oacute; el cuerpo perdido en sus pensamientos. Para cuando termin&oacute; su amigo ya estaba apoyado en la puerta y completamente vestido, aunque con el pelo todav&iacute;a h&uacute;medo y algo despeinado.<\/p>\n<p>&ndash;Vuelvo en seguida, &iquest;vale?<\/p>\n<p>&ndash;Vale. No te preocupes y tarda lo que necesites.<\/p>\n<p>Enrique se acerc&oacute; y tras darle un beso furtivo en la mejilla se march&oacute; con una amplia sonrisa a la que Dami&aacute;n no pudo por menos que corresponder. Se sent&iacute;a dichoso y feliz y canturre&oacute; por lo bajo una animada melod&iacute;a mientras terminaba de secar sus ondas rojizas con un secador de pelo. Se dirigi&oacute; desnudo hasta su cuarto y se visti&oacute; con una camiseta negra holgada y unos pantalones de ch&aacute;ndal gris. Aunque su atuendo era c&oacute;modo no se le pas&oacute; por alto que los pantalones le marcaban un culo perfecto y una entrepierna m&aacute;s que generosa. No sab&iacute;a qu&eacute; se pondr&iacute;a Enrique, pero por lo que hab&iacute;a ido captando de &eacute;l sab&iacute;a que no era demasiado amigo de arreglarse en exceso salvo en ocasiones especiales.<\/p>\n<p>Recogi&oacute; ambas toallas, la suya de color verde y la gris que hab&iacute;a prestado, y dobl&aacute;ndolas descuidadamente las ech&oacute; en el cesto para ropa sucia que ten&iacute;a en la min&uacute;scula galer&iacute;a adosada a la cocina. El ba&ntilde;o estaba hecho un desastre, por lo que se apoder&oacute; de un cubo, un par de trapos y la fregona y se dispuso a poner orden. Abri&oacute; primero la estrecha ventana blanca que hab&iacute;a sobre el retrete para permitir que el vapor restante se disipase pues el cuarto segu&iacute;a guardando un desafortunado parecido con una sauna. En cuanto el aire fr&iacute;o del exterior disip&oacute; parte del calor hizo frente al agua derramada por el suelo que recogi&oacute; con la fregona. Muy decidido a dejarlo todo perfecto cuanto antes se arremang&oacute; la camiseta y se encar&oacute; con las manchas de agua que hab&iacute;a dejado la s&uacute;bita condensaci&oacute;n del vapor en el espejo.<\/p>\n<p>Se dispon&iacute;a a empezar a limpiar el amplio cristal cuando sus ojos repararon en el par de condones y su envoltorio amarillo chill&oacute;n. Una cierta angustia se le instal&oacute; en el est&oacute;mago mientras cog&iacute;a las dos gomas y jugaba con ellos entre los dedos. Lo cierto es que les hab&iacute;a dejado en el estante por mero h&aacute;bito, al mudarse de piso e instalar todas sus cosas de aseo en el ba&ntilde;o hab&iacute;a lanzado los dos condones al estante sin plantearse que ya no ten&iacute;a motivos para hacerlo, y esa misma cotidianeidad le hab&iacute;a permitido ignorar su presencia hasta que Enrique se lo hizo notar. Por costumbre revis&oacute; la fecha de caducidad. No hab&iacute;an expirado a&uacute;n, pero no ten&iacute;a ning&uacute;n deseo de conservarles. No invocaban m&aacute;s que malos recuerdos.<\/p>\n<p>En un nuevo arranque de energ&iacute;a se encamin&oacute; con largas zancadas hasta la cocina y tir&oacute; ambos condones a la basura. Volvi&oacute; al cuarto de ba&ntilde;o y tras echar un chorro de alcohol en el trapo limpi&oacute; las marcas del espejo hasta que estuvo reluciente y brillante. Al fijarse en la mampara de la ducha solt&oacute; un suspiro de frustraci&oacute;n y trapo en ristre frot&oacute; a conciencia cada cent&iacute;metro del cristal que cerraba el cub&iacute;culo. Consult&oacute; la hora en el tel&eacute;fono. Pasaban de las once y diez de la ma&ntilde;ana. R&aacute;pido como una centella fue nuevamente a la cocina, impoluta, y a toda prisa recab&oacute; dos tazas de un tama&ntilde;o aceptable, dos peque&ntilde;os platos, cucharillas, az&uacute;car y sacarina. Dando gracias por tener todo eso puso la mesa con cierto buen gusto y nervioso juguete&oacute; con la cafetera. No sab&iacute;a si tomaba caf&eacute; y no quer&iacute;a hacerle para tener que tirarle.<\/p>\n<p>Volviendo a mirar la hora en el tel&eacute;fono empez&oacute; a inquietarse. Ya hac&iacute;a casi media hora que se hab&iacute;a ido. Para cambiarse de ropa y volver no era necesario tanto tiempo. Una sensaci&oacute;n de familiar amargura trep&oacute; por sus entra&ntilde;as mientras se sentaba a la mesa. Posiblemente desayunar&iacute;a solo. Aunque era algo que deber&iacute;a haber previsto no pudo evitar maldecirse a s&iacute; mismo por repetir el mismo error. Apret&oacute; los pu&ntilde;os cerrados contra sus ojos y trat&oacute; en vano de serenarse, de mantener a raya sus emociones y rebajar las expectativas que ten&iacute;a respecto a su nuevo ligue. Estaba a punto de recoger la mesa, transcurridos tres cuartos de hora, cuando tres estridentes timbrazos aceleraron su ritmo card&iacute;aco.<\/p>\n<p>Se cercior&oacute; de que era su amigo gracias a la c&aacute;mara del interfono y en cuanto escuch&oacute; sus pasos subiendo las escaleras abri&oacute; la puerta de un tir&oacute;n, a pesar de que apenas hab&iacute;a comenzado su ascenso y tard&oacute; todav&iacute;a unos cuantos minutos en alcanzar el tercer piso. Con una reluciente sonrisa en la cara que parec&iacute;a iluminar esos inocentes ojos azul claro present&oacute; delante de Dami&aacute;n una caja negra de pasteler&iacute;a, que se hizo a un lado para dejarle pasar mientras su amigo se la pon&iacute;a en las manos.<\/p>\n<p>&ndash;Siento el retraso. Pens&eacute; que deb&iacute;a traer algo para el desayuno y me acerqu&eacute; a una pasteler&iacute;a de por aqu&iacute; a comprar esto.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Oh! No ten&iacute;as que haberte molestado, en serio. Much&iacute;simas gracias. &ndash;Dijo con fervor estrechando la caja entre las manos.<\/p>\n<p>Un olor dulce y afrutado emanaba de ella, consiguiendo que el est&oacute;mago de Dami&aacute;n rugiese y empezase a salivar anticip&aacute;ndose. A pesar de las ganas que ten&iacute;a de abrirla la dej&oacute; con cuidado en la mesa y encendi&oacute; el fuego para poner la cafetera. Los brazos de Enrique le rodearon por detr&aacute;s y not&oacute; como le besaba en el hombro, el punto m&aacute;s alto al que llegaba sin ponerse de puntillas. Cuando la cafetera empez&oacute; a funcionar y a esparcir un delicioso aroma a caf&eacute; reci&eacute;n hecho Dami&aacute;n volvi&oacute; a la mesa donde ya esperaba sentado Enrique, quien le contemplaba algo nervioso. Los hoyuelos de Dami&aacute;n se acentuaron cuando ensanch&oacute; su sonrisa mientras abr&iacute;a la caja de pasteler&iacute;a.<\/p>\n<p>&ndash;No sab&iacute;a cu&aacute;l te gustar&iacute;a, as&iacute; que he cogido dos de cada &ndash;solt&oacute; Enrique antes incluso de que su amigo terminase de abrir la caja.<\/p>\n<p>Dentro doce grandes rosquillas de diferentes sabores aguardaban en perfecto orden. Desde los cl&aacute;sicos de az&uacute;car glaseado y chocolate hasta unos con cobertura de lima y coco. Ol&iacute;an de maravilla, imponi&eacute;ndose incluso al olor a caf&eacute; tostado. Sacando uno de los cl&aacute;sicos Dami&aacute;n dio un mordisco al suave bollo y parte del az&uacute;car qued&oacute; pegado a sus labios rosados. Enrique suspir&oacute; con alivio por haber acertado y le pas&oacute; el dedo por los labios para recoger el az&uacute;car.<\/p>\n<p>&ndash;Muchas gracias por los bollos, est&aacute;n de muerte. Me tienes que decir d&oacute;nde les has comprado.<\/p>\n<p>Enrique asinti&oacute; sonriendo, pero no pudo responder pues la cafetera eligi&oacute; ese preciso momento para empezar a silbar de la manera m&aacute;s estridente posible. Dami&aacute;n la retir&oacute; r&aacute;pidamente del fuego y sirvi&oacute; el caf&eacute; en las tazas. Observ&oacute; a su amigo, que a&ntilde;adi&oacute; cuatro cucharadas de az&uacute;car y bastante leche. &Eacute;l, por su parte, no a&ntilde;adi&oacute; nada al caf&eacute;. Con el az&uacute;car de la rosquilla ten&iacute;a suficiente. Con una media sonrisa le vio elegir un donut relleno de mermelada de fresa. Se sent&iacute;a algo nervioso y no era una sensaci&oacute;n que le gustase. La inquietud continu&oacute; creciendo gracias al silencio instalado entre ellos que, aunque c&oacute;modo y natural, no ayudaba a mantener su mente distra&iacute;da.<\/p>\n<p>&ndash;Oye, Enrique&hellip; &ndash;comenz&oacute; inseguro&ndash;, siento haberte pedido que desayunemos en casa, la verdad es que quer&iacute;a hablar contigo de algo.<\/p>\n<p>Enrique trag&oacute; lentamente lo que ten&iacute;a en la boca. Acosado por un mal presentimiento la bola de comida parec&iacute;a empe&ntilde;arse en no descender por su garganta que se hab&iacute;a reducido a un estrecho tubo. Empuj&aacute;ndola con un poco de caf&eacute; consigui&oacute; que se deslizase hasta su est&oacute;mago. Carraspe&oacute; y se limpi&oacute; con la servilleta que dej&oacute; perfectamente doblada a un lado de la taza. Dami&aacute;n ten&iacute;a la misma expresi&oacute;n que pon&iacute;a a veces en clase cuando se concentraba en algo, con una peque&ntilde;a arruga de preocupaci&oacute;n en el entrecejo.<\/p>\n<p>&ndash;T&uacute; dir&aacute;s&hellip; &ndash;musit&oacute; al fin.<\/p>\n<p>El tono del joven estremeci&oacute; a Dami&aacute;n que le mir&oacute; directamente a los ojos. Enrique tambi&eacute;n estaba serio, con las manos a ambos lados de la taza de caf&eacute;, como si quisiera sacar fuerzas del calor que irradiaba. Por un momento alarg&oacute; la mano para coger una de las suyas, pero se contuvo a tiempo.<\/p>\n<p>&ndash;La verdad es que quiero saber si estamos saliendo o no. No s&eacute;, dos semanas es poco tiempo, pero a mi me gustas mucho. Y ayer me dijiste que yo te gustaba, aunque no me conoces mucho y yo a ti conozco casi m&aacute;s de ti por lo que me ha contado Carlo que por lo que me has contado t&uacute; y entender&iacute;a que pasases &ndash;barbot&oacute; embarull&aacute;ndose y perdiendo coherencia conforme hablaba. Al final inspir&oacute; hondo para reorganizar sus pensamientos antes de continuar&ndash;. Si no quieres tambi&eacute;n quiero que sepas que no pasa nada, podemos seguir como amigos o como follamigos.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;T&uacute; quieres salir conmigo? &iquest;T&uacute;? &ndash; pregunt&oacute; incr&eacute;dulo Enrique, con los ojos completamente abiertos.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, claro, eso he dicho &iquest;no? Quiero salir contigo. &iquest;Por qu&eacute; te extra&ntilde;as tanto?<\/p>\n<p>&ndash;Pues porque siempre pens&eacute; que estabas totalmente fuera de mi liga. &ndash;Al ver que Dami&aacute;n permanec&iacute;a mudo Enrique prosigui&oacute; hablando, algo azorado &ndash;: M&iacute;rate: eres guapo, tienes carisma, te haces amigo de todos y tienes seguridad suficiente para hacer lo que te gusta. Yo estoy m&aacute;s cercano a una patata y me cuesta hablar con desconocidos. Si no estuviese Carlo en clase creo que no tendr&iacute;a amigos en la universidad y que no hablar&iacute;a con nadie.<\/p>\n<p>&ndash;A mi me gustas. No me pareces feo en absoluto, ya te dije que eres una monada.<\/p>\n<p>&ndash;G-gracias &ndash;tartamude&oacute; mientras enrojec&iacute;a hasta las ra&iacute;ces del pelo&ndash;. Quiero salir contigo.<\/p>\n<p>La amplia y radiante sonrisa que le dedic&oacute; Dami&aacute;n podr&iacute;a haber hecho sombra al sol. Los hoyuelos se marcaron en sus mejillas y, esta vez s&iacute;, alarg&oacute; la mano para alcanzar las de Enrique, quien solt&oacute; la taza y estrech&oacute; sus dedos con fuerza. Los dedos de Dami&aacute;n, suaves como la seda, recorrieron el dorso de la mano de Enrique mientras terminaban de desayunar.<\/p>\n<p>Cuando juzg&oacute; que Enrique no iba a comer m&aacute;s retir&oacute; las tazas y todo lo que hab&iacute;an usado. Enrique le observ&oacute; fregar en silencio, contemplando como se mov&iacute;a y sobre todo el buen culo que marcaba a trav&eacute;s del pantal&oacute;n. &Eacute;l hab&iacute;a elegido unos vaqueros sencillos y un jersey grueso que le permitiese salir sin abrigo, pero Dami&aacute;n hab&iacute;a preferido un ch&aacute;ndal. Al ver que los cacharros comenzaban a apilarse en el escurreplatos cogi&oacute; un trapo que colgaba del pomo de un armario y empez&oacute; a secar la vajilla y los cubiertos, dej&aacute;ndoles apilados en la encimera al no saber d&oacute;nde deb&iacute;a colocarles.<\/p>\n<p>&ndash;Creo que nunca te lo he preguntado, y supongo que ahora est&aacute; bien que lo haga as&iacute; que&hellip; &iquest;qu&eacute; sueles hacer los fines de semana? &ndash;interrog&oacute; con curiosidad Enrique.<\/p>\n<p>&ndash;Los s&aacute;bados es un d&iacute;a normal, a veces doy clases particulares. Matem&aacute;ticas, f&iacute;sica, qu&iacute;mica&hellip; las materias de ciencias que se les atascan a los ni&ntilde;os. Los domingos voy al gimnasio despu&eacute;s de comer y cuando vuelvo suelo estudiar para la semana. &ndash;Hizo una breve pausa y una sonrisilla, mitad traviesa y mitad divertida, asom&oacute; a sus labios&ndash;. Entre semana ya sabes que me paso el d&iacute;a estudiando en la biblioteca. Aunque hacerlo contigo es m&aacute;s divertido.<\/p>\n<p>El doble sentido de la &uacute;ltima frase volvi&oacute; a colorear toda su cara con un tono encendido de rojo. Hasta sus orejas se ti&ntilde;eron de carmes&iacute; mientras giraba la cara para ocultar el bochorno. Las alegres carcajadas de Dami&aacute;n resonaron por todo el apartamento mientras intentaba en vano no salpicar agua por toda la encimera. Se sec&oacute; las manos con el trapo que a&uacute;n sosten&iacute;a Enrique y le rode&oacute; por la cintura. Bes&oacute; su nuca con cari&ntilde;o y le estrech&oacute; m&aacute;s contra s&iacute;.<\/p>\n<p>&raquo;En la cama no eres tan t&iacute;mido.<\/p>\n<p>Enrique no contest&oacute;, aunque tampoco le apart&oacute; de s&iacute;. Termin&oacute; de secar los platos en silencio mientras notaba el calor del cuerpo del joven pegado contra el suyo. Con un suspiro se apoy&oacute; en Dami&aacute;n que le sostuvo y subi&oacute; las manos a su pecho. Acarici&oacute; el torso de Enrique de arriba abajo con la punta de los dedos hasta que este se estremeci&oacute; y dio ligeros besos por la piel de su cuello, hasta su oreja. A punto de tener una nueva erecci&oacute;n Enrique se gir&oacute; en brazos de Dami&aacute;n y le mir&oacute; directamente.<\/p>\n<p>&ndash;Te preguntaba qu&eacute; sueles hacer por si estoy molestando o por si ya ten&iacute;as planes para hoy.<\/p>\n<p>&ndash;No me molestas, y a&uacute;n es pronto para que vaya al gimnasio.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n volvi&oacute; a abrazar a Enrique, agarr&aacute;ndole esta vez por las nalgas. Con un &aacute;gil movimiento en el que puso en juego su fuerza le alz&oacute; en vilo para subirle a la encimera. Bes&aacute;ndole con ganas en los labios solt&oacute; el bot&oacute;n del vaquero mientras le empujaba m&aacute;s y m&aacute;s hasta que su espalda choc&oacute; contra la pared. A Enrique se le escap&oacute; un gemido mientras las manos de Dami&aacute;n tiraban con fuerza de la tela del pantal&oacute;n. Apoy&aacute;ndose en las manos para levantar las caderas Enrique le facilit&oacute; la tarea, dejando que le deslizase los pantalones y el b&oacute;xer hasta los tobillos, donde las deportivas hicieron tope.<\/p>\n<p>&ndash;Eres insaciable&hellip; &ndash;jade&oacute; Enrique acariciando las ondas rojizas de Dami&aacute;n.<\/p>\n<p>Este le sonri&oacute; mientras soltaba los cordones de las deportivas. Sac&oacute; ambas a la vez y las dej&oacute; debajo de la mesa antes de retirar la ropa. Consciente de que Enrique le miraba estir&oacute; cuidadosamente los vaqueros y dej&aacute;ndoles perfectamente doblados sobre la mesa, con los b&oacute;xers encima. Por &uacute;ltimo, le quit&oacute; los calcetines mientras &eacute;l se despojaba de la camiseta, aceptando estar completamente desnudo. Dami&aacute;n regres&oacute; a su lado y le bes&oacute; mientras le acariciaba los pezones, que empezaban a levantarse. Descendi&oacute; por el cuello hasta el pecho descubierto y volvi&oacute; a empujarle contra la pared.<\/p>\n<p>Al contacto con los azulejos fr&iacute;os que la recubr&iacute;an el joven se estremeci&oacute;, acariciando las ondas de Dami&aacute;n que segu&iacute;a ensimismado acariciando los duros pezones de Enrique, de un tono ligeramente m&aacute;s oscuro que su piel, casi de un marr&oacute;n chocolate. Les bes&oacute; con ganas y pas&oacute; la punta de la lengua por la parte m&aacute;s rugosa de la aureola. Les estir&oacute; con los labios les empuj&oacute; hacia dentro con la lengua. Recorri&oacute; con los dientes toda la aureola, arrastrando la piel hacia su boca para terminar succionando el pez&oacute;n hasta que escuch&oacute; como gem&iacute;a de placer. Cuando le solt&oacute; le apret&oacute; con los dedos, sintiendo como palpitaba.<\/p>\n<p>El pene de Enrique estaba ya erecto y r&iacute;gido. Golpeaba contra su vientre cada vez que se mov&iacute;a para seguir jugando con los pezones. Le agarr&oacute; por las caderas y se arrodill&oacute; despacio. Conforme descend&iacute;a por su cuerpo iba dejando una hilera de mordiscos por el vientre, la cintura y las caderas. Recorri&oacute; la forma de la cresta il&iacute;aca hasta que esta le condujo hasta el pubis lampi&ntilde;o de Enrique que jadeaba y gem&iacute;a con los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atr&aacute;s. Una gota de l&iacute;quido preseminal escurr&iacute;a por su pene y Dami&aacute;n la recogi&oacute; con la lengua, aprovechando para agarrar con una mano los test&iacute;culos del joven que se retorci&oacute; de placer al notar como les masajeaba, us&aacute;ndoles para controlar su pene y poder lamerle a capricho sin necesidad de tocarle.<\/p>\n<p>Pasaba la lengua a lo largo del pene, desde la base hasta el glande cada vez m&aacute;s oscuro. Nuevas gotas de l&iacute;quido preseminal comenzaban a descender por el tronco y eran &aacute;vidamente recogidas por la boca de Dami&aacute;n quien las saboreaba antes de tragarlas. Bes&oacute; la punta del glande con sus labios coralinos y abriendo ligeramente la boca exhal&oacute; su aliento c&aacute;lido y h&uacute;medo antes de meter todo el glande dentro de la boca. Describi&oacute; giros con la lengua alrededor de la sensible piel y la arrastr&oacute; con fuerza desde el frenillo hasta el agujero, donde presion&oacute; con suavidad antes de seguir tragando.<\/p>\n<p>El duro pene de Enrique se desliz&oacute; por su garganta hasta que sinti&oacute; que su nariz quedaba pegada a su pubis. Abri&oacute; m&aacute;s la boca y empuj&oacute; su cabeza contra el joven, que enred&oacute; los dedos entre los bucles rojizos de Dami&aacute;n y le mir&oacute; atentamente entre jadeos. Le encantaba la sensaci&oacute;n de estar por entero en su boca, los sutiles ruidos que hac&iacute;a cuando tragaba saliva mientras intentaba mantener la respiraci&oacute;n bajo control para no ahogarse ni sentir arcadas. No cab&iacute;a duda de que ten&iacute;a experiencia y adem&aacute;s disfrutaba inmensamente con lo que hac&iacute;a. Acariciando la suave melena del joven se inclin&oacute; para aferrar la camiseta y tirar de ella hacia arriba. Entendiendo lo que quer&iacute;a se separ&oacute; un segundo de Enrique y se quit&oacute; la prenda de ropa, que qued&oacute; tirada en el suelo.<\/p>\n<p>Tirando de los test&iacute;culos hacia abajo para estirar la piel del escroto baj&oacute; tambi&eacute;n el pene de Enrique, que qued&oacute; apuntando directamente hacia su boca. Lo meti&oacute; entero en la boca y lo lami&oacute; con fuerza, tragando deprisa y dejando que la saliva le escurriese por la comisura de los labios y la barbilla. Tragaba con ansia, llevando el pene de Enrique hasta el fondo con cada empuj&oacute;n. No paraba, cada vez se mov&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s deprisa mientras la saliva comenzaba a escurrirse por el tronco hasta descender por los test&iacute;culos. Enrique manten&iacute;a un f&eacute;rreo agarre sobre la cabeza de su compa&ntilde;ero, pero en general le dejaba moverse a su antojo, demasiado absorto en el placer que le proporcionaba. Cuando se separ&oacute; de &eacute;l una mezcla de frustraci&oacute;n y a la vez intenso deseo le impuls&oacute; a levantarse de la encimera para pegarse nuevamente a Dami&aacute;n, quien le rechaz&oacute; con una risita.<\/p>\n<p>&ndash;T&uacute; aqu&iacute; quieto. Voy a por el lubricante, nada de moverte de este mismo punto hasta que vuelva.<\/p>\n<p>Enrique sonri&oacute; y gir&oacute; para recostarse en la encimera. Lamiendo el &iacute;ndice y el dedo medio los introdujo en su ano al mismo tiempo que gem&iacute;a con fuerza, dedicando una lasciva mirada a Dami&aacute;n que estuvo a punto de cambiar de idea y quedarse a contemplar el espect&aacute;culo. Sacudiendo la cabeza para librarse de la imagen ignor&oacute; la provocaci&oacute;n de Enrique y fue casi corriendo hasta su cuarto, donde recuper&oacute; el lubricante del punto donde le hab&iacute;a dejado ayer en el ardor del momento. Cuando regres&oacute; procur&oacute; hacerlo de puntillas. Desde el pasillo pod&iacute;a ver a Enrique masturb&aacute;ndose y dilatando su ano para &eacute;l, una visi&oacute;n por la que pagar&iacute;a con gusto. Recost&aacute;ndose contra el marco de la puerta se deshizo del resto de su ropa en completo silencio y comenz&oacute; a masturbarse con el espect&aacute;culo.<\/p>\n<p>El joven deslizaba los dedos dentro y fuera de su ano, ayud&aacute;ndose de abundante saliva. Su duro pene golpeaba contra la encimera y sus test&iacute;culos colgaban entre sus piernas, ligeramente abiertas. Encadenaba un gemido tras otro mientras introduc&iacute;a los dedos una y otra vez, cada vez con m&aacute;s facilidad y m&aacute;s dilatado. Cuando consigui&oacute; meter tres en lugar de dos solt&oacute; un largo gemido seguido de varios jadeos que causaron que del tieso pene de Dami&aacute;n cayesen unas cuantas gotas al suelo. Ayudado por el lubricante deslizaba su mano por toda su longitud, lubric&aacute;ndose mientras se masturbaba. Enrique permanec&iacute;a a la espera con los ojos cerrados y la espalda cada vez m&aacute;s arqueada, ofreci&eacute;ndose sin saber que su compa&ntilde;ero se deleitaba con la visi&oacute;n.<\/p>\n<p>Sin poder aguantar m&aacute;s Dami&aacute;n se acerc&oacute; con sumo cuidado, pisando despacio el suelo para que no le detectase hasta el &uacute;ltimo segundo. R&aacute;pido como un pensamiento sujet&oacute; por las mu&ntilde;ecas a Enrique y le inmoviliz&oacute; contra la encimera, sobresalt&aacute;ndole. Desliz&oacute; la lengua a lo largo de la columna, empezando en el coxis y terminando en la nuca, donde dio un par de mordiscos suaves antes de besarle el cuello. Enrique se relaj&oacute; sonriendo y m&aacute;s cuando not&oacute; el gran pene de su pareja frot&aacute;ndose entre sus nalgas. Arqueando todo cuanto pod&iacute;a la espalda separ&oacute; m&aacute;s las piernas y le facilit&oacute; el frotarse a su antojo.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n sonri&oacute; al ver lo dispuesto que estaba y al contrario que la noche anterior no dud&oacute; en introducirse en su ano. Con cuidado presion&oacute; el glande contra la entrada y de un empuj&oacute;n lo meti&oacute; entero en el estrecho conducto, alcanzando r&aacute;pidamente el recto que se relaj&oacute; para permitirle el avance. Atento a los gemidos de Enrique se detuvo para permitir que se acostumbrase a su tama&ntilde;o mientras le acariciaba la espalda con los labios y la lengua. &Eacute;l mismo estaba jadeando y ten&iacute;a que hacer un gran esfuerzo por controlarse y no moverse. Las c&aacute;lidas paredes del recto de Enrique se relajaron por completo y pudo empujar sin miedo, entrando en toda su inmensa longitud.<\/p>\n<p>Solt&oacute; las mu&ntilde;ecas de su amigo que se afianz&oacute; mejor a la encimera, girando la cabeza para poder mirarle por encima del hombro sin dejar de gemir. Le devolvi&oacute; la sonrisa y con el pulgar le acarici&oacute; el ano, ahora liso y sin los peque&ntilde;os pliegues que ten&iacute;a en reposo. Empez&oacute; a moverse, bombeando dentro y fuera con velocidad creciente, sin descanso, inclin&aacute;ndose para dejar descansar su cuerpo sobre el de Enrique quien aprovech&oacute; a besarle, mordisqueando sus labios para impedir que se separase. Los ruidos h&uacute;medos que produc&iacute;a al entrar y salir se sumaron al entrechocar de los cuerpos y a los gemidos que ambos dejaban salir. Al ver que Enrique intentaba llevar la mano a su pene para continuar masturb&aacute;ndose Dami&aacute;n le detuvo. Retuvo sus brazos dobl&aacute;ndoles a la espalda e inmoviliz&aacute;ndoles con el peso de su cuerpo para poder tener las manos libres.<\/p>\n<p>&ndash;Por favor, cari&ntilde;o, t&oacute;came &ndash;suplic&oacute; Enrique en cuanto comprendi&oacute; que no le dejar&iacute;a hacerlo a &eacute;l.<\/p>\n<p>&ndash;Claro que s&iacute;, pero por lo bien que lo has pedido.<\/p>\n<p>Agarr&oacute; el pene de Enrique, notando como palpitaba en su mano. Recogi&oacute; el l&iacute;quido preseminal que goteaba y us&aacute;ndolo como lubricante recorri&oacute; toda su longitud. Frot&oacute; y masaje&oacute; el frenillo sin darle tregua, mientras segu&iacute;a penetr&aacute;ndole con todas sus fuerzas, impuls&aacute;ndole contra la encimera. Tir&oacute; de su pene hacia abajo, lo apret&oacute;, afloj&oacute; la mano y la volvi&oacute; a tensar en un intento por llevarle al l&iacute;mite. Enrique jadeaba y gem&iacute;a cada vez m&aacute;s deprisa, sin poderse contener y notando en su mano el vientre musculado de Dami&aacute;n cada vez que este le penetraba. Cuando ya cre&iacute;a que no aguantar&iacute;a m&aacute;s Dami&aacute;n le solt&oacute; y sali&oacute; de su interior mientras gem&iacute;a frustrado.<\/p>\n<p>Antes de que Enrique pudiese preguntar qu&eacute; pasaba Dami&aacute;n cay&oacute; de rodillas delante de &eacute;l. Le hizo girar sosteni&eacute;ndole de las caderas y en cuanto qued&oacute; frente a &eacute;l volvi&oacute; a lamer su pene. Manteniendo la boca abierta masturb&oacute; al joven mientras le miraba fijamente a los ojos y se tocaba &eacute;l tambi&eacute;n. Incapaz de contenerse por m&aacute;s tiempo Enrique alcanz&oacute; el orgasmo con un potente grito, soltando un chorro de semen tras otro que cayeron en la cara de Dami&aacute;n, quien se corri&oacute; en el suelo en cuanto sinti&oacute; como ca&iacute;a en su boca la corrida de su amigo. Reteniendo un momento el semen en la lengua para que pudiese verlo bien trag&oacute; despacio, saboreando.<\/p>\n<p>Enrique iba a retirarse cuando Dami&aacute;n le retuvo por los muslos. Manteni&eacute;ndole contra la encimera lami&oacute; su pene con lentitud, recogiendo cualquier posible resto de semen que se le hubiera podido escapar. Pas&oacute; la lengua por toda la piel una y otra vez, deteni&eacute;ndose en los test&iacute;culos y volviendo a subir hasta que el pene de Enrique comenz&oacute; a perder firmeza. Solo entonces se levant&oacute;, apoyando la cabeza en el hombro del joven que le abraz&oacute; con fuerza, acariciando sus ondas rojizas y su espalda.<\/p>\n<p>&ndash;Insaciable e incre&iacute;ble. Madre m&iacute;a, eres fant&aacute;stico.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n se rio y le devolvi&oacute; el abrazo sin separarse de &eacute;l. Solo cuando el fr&iacute;o empez&oacute; a resultar molesto ambos se separaron. Dami&aacute;n alcanz&oacute; la ropa a Enrique y le ayud&oacute; a vestirse, cuando iba a subirse los pantalones le detuvo. Con suma delicadeza presion&oacute; entre sus om&oacute;platos para que se inclinase hacia delante y le limpi&oacute; el lubricante que hab&iacute;a escurrido por sus nalgas desde su ano. Cuando volvi&oacute; a incorporarse no pudo refrenarse y le atrap&oacute; entre los brazos para darle un largo beso en el que recorri&oacute; toda su boca con la lengua, hasta que la falta de aire y la incomodidad les oblig&oacute; a separarse para respirar. Enrique iba a sentarse cuando vio que Dami&aacute;n cog&iacute;a una bayeta y un bote de desinfectante y se pon&iacute;a a limpiar el suelo y la encimera.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute; que eres ordenado &ndash;coment&oacute;.<\/p>\n<p>&ndash;Me gusta el orden, me hace sentir bien, que est&aacute; todo bajo control.<\/p>\n<p>Termin&oacute; de limpiar y regres&oacute; con Enrique que ahora s&iacute; se sent&oacute; a la mesa. Cogi&oacute; la mano de Dami&aacute;n y tirando de ella le sent&oacute; en su regazo donde le abraz&oacute; y acarici&oacute; su vientre metiendo la mano por dentro de la camiseta. Le bes&oacute; en el costado y cuando este le rode&oacute; con un brazo volvi&oacute; a besarle.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te parece si cenamos juntos? Esta vez fuera. As&iacute; te compenso por haber tenido que desayunar dentro de casa &ndash;propuso Dami&aacute;n con una sonrisa.<\/p>\n<p>&ndash;Oh, yo no considerar&iacute;a que hay algo que compensar. La verdad es que ha sido muy divertido, sobre todo al final, pero me encantar&iacute;a ir a cenar fuera.<\/p>\n<p>&ndash;Podemos celebrar que hemos empezado como pareja.<\/p>\n<p>&ndash;Como pareja&hellip; &ndash;musit&oacute; Enrique.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;No quieres? &ndash;pregunt&oacute; preocupado Dami&aacute;n tens&aacute;ndose&ndash;. No tenemos que celebrar nada si no quieres, podemos cenar sin m&aacute;s.<\/p>\n<p>&ndash;No, no es eso. Es que me encanta como suena lo de que seamos pareja. Aunque no s&eacute; demasiado sobre ti, ni siquiera sab&iacute;a si te gustaban los donuts o no hasta esta ma&ntilde;ana.<\/p>\n<p>La sonrisa de Dami&aacute;n podr&iacute;a haber eclipsado el sol. Sus hoyuelos se marcaron ampliamente en su cara y estrech&oacute; con m&aacute;s fuerza a Enrique que le correspondi&oacute; con otra sonrisa similar despu&eacute;s de sobreponerse del atontamiento. Cada vez que le ve&iacute;a sonre&iacute;r de semejante manera, con todo su rostro y con los ojos verdosos reluciendo de alegr&iacute;a, su coraz&oacute;n se saltaba un latido y su mente se quedaba en blanco. Incluso le costaba respirar. Har&iacute;a cualquier cosa por verle sonre&iacute;r as&iacute; siempre. Con un dedo resigui&oacute; los hoyuelos de sus mejillas, esas hendiduras tan peculiares.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n recost&oacute; la cara contra la mano tierna de su pareja que le sonre&iacute;a de vuelta. Su coraz&oacute;n palpitaba con fuerza y estaba embriagado de felicidad. El sexo era lo de menos, sentirse as&iacute; y ser correspondido era suficiente para &eacute;l. Dio un beso a su novio y le acarici&oacute; la cara arriba y abajo con suma ternura. Por desgracia comenz&oacute; a notar un hormigueo desagradable en las piernas, se&ntilde;al inequ&iacute;voca de que se le estaban durmiendo. A rega&ntilde;adientes dej&oacute; que Dami&aacute;n se bajase de su regazo y le contempl&oacute; estirarse. La camiseta se subi&oacute; revelando un trozo de piel blanca y perfecta.<\/p>\n<p>&ndash;Voy a ir al gimnasio esta tarde, &iquest;quieres que pase a buscarte por tu casa despu&eacute;s?<\/p>\n<p>&ndash;No, mejor voy yo a buscarte a ti, hay un restaurante muy bueno cerca del gimnasio si te gusta la pizza tradicional. Te gusta la piza &iquest;no?<\/p>\n<p>&ndash;Me gusta la pizza. &iquest;Ir&eacute; bien si visto vaqueros y nada m&aacute;s? &ndash;pregunt&oacute; Dami&aacute;n frunciendo el ce&ntilde;o.<\/p>\n<p>&ndash;No, si solo vistes vaqueros todo el mundo te mirar&aacute; y me pondr&eacute; celoso. Al menos una camiseta. Y zapatillas &ndash;brome&oacute; Enrique d&aacute;ndole una palmada en el culo.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n solt&oacute; un chillido breve y despu&eacute;s estall&oacute; a re&iacute;r al comprender la broma. Decidido a devolv&eacute;rsela se inclin&oacute; lentamente sobre Enrique, midiendo cada movimiento para impregnarlo de una flagrante sensualidad. Enrique se ech&oacute; hacia atr&aacute;s en la silla y cuando Dami&aacute;n se mordi&oacute; los labios, atraves&aacute;ndolo con sus extra&ntilde;os ojos verdosos, tuvo que tragar saliva, pues se le hab&iacute;a quedado la boca completamente seca. Complacido con su reacci&oacute;n Dami&aacute;n se inclin&oacute; m&aacute;s, hasta que peg&oacute; los labios contra su oreja.<\/p>\n<p>&ndash;Siempre termino a eso de las nueve. Te estar&eacute; esperando a la entrada del gimnasio. Te estar&eacute; esperando con muchas ganas.<\/p>\n<p>Enrique volvi&oacute; a tragar saliva y Dami&aacute;n se retir&oacute; entre risas. El joven boque&oacute; varias veces mirando fijamente a Dami&aacute;n que se acuclill&oacute; para quedar a la misma altura que &eacute;l. Aguard&oacute; paciente a que se recuperase y el color escarlata de sus mejillas descendiese hasta recuperar su tono bronceado de siempre.<\/p>\n<p>&ndash;No s&eacute; c&oacute;mo lo haces, en serio.<\/p>\n<p>&ndash;Talento natural &ndash;se ufan&oacute; el otro.<\/p>\n<p>&ndash;Tengo que irme &ndash;dijo Enrique con tristeza tras consultar la hora en el m&oacute;vil&ndash;. Ni siquiera tengo la comida hecha y todav&iacute;a tengo que terminar un par de ejercicios para ma&ntilde;ana. Y revisar el trabajo de anatom&iacute;a.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n le acompa&ntilde;&oacute; hasta la puerta. Ninguno de los dos ten&iacute;a demasiadas ganas de separarse, pero tampoco quer&iacute;an resultar cargantes. Con un suspiro de resignaci&oacute;n Enrique se gir&oacute; en la puerta, dispuesto a enfilar las escaleras cuando Dami&aacute;n le abraz&oacute; por detr&aacute;s. El joven le sujet&oacute; por la barbilla y gir&aacute;ndole la cara con delicadeza le plant&oacute; un beso en los labios.<\/p>\n<p>&ndash;Hasta esta noche, te quiero.<\/p>\n<p>**********************<\/p>\n<p>Nota de ShatteredGlassW:<\/p>\n<p>Gracias a todos por leer este segundo relato y el apoyo dado al primero. Espero que os haya gustado y que sig&aacute;is apoyando esta serie. En la presentaci&oacute;n de mi perfil subir&eacute; una peque&ntilde;a tabla para que sep&aacute;is cada cuanto pod&eacute;is esperar un relato m&iacute;o, por si ten&eacute;is curiosidad por saber cu&aacute;ndo se publicar&aacute; la siguiente parte. Si ten&eacute;is comentarios o sugerencias y quer&eacute;is comunicaros de una forma m&aacute;s personal conmigo pod&eacute;is hacerlo a trav&eacute;s de mi correo electr&oacute;nico: shattered_glass_writer@outlook.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 28<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Lo primero que vio Enrique al despertarse fueron los n&uacute;meros luminosos del despertador que Dami&aacute;n ten&iacute;a en la mesilla. Marcaban las nueve y diez de la ma&ntilde;ana del domingo. A su espalda notaba la respiraci&oacute;n tranquila de Dami&aacute;n y su brazo rode&aacute;ndole el pecho. 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