{"id":40379,"date":"2022-12-23T13:14:25","date_gmt":"2022-12-23T13:14:25","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-12-23T13:14:25","modified_gmt":"2022-12-23T13:14:25","slug":"el-culo-de-la-secretaria-azotes-e-imaginacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-culo-de-la-secretaria-azotes-e-imaginacion\/","title":{"rendered":"El culo de la secretaria, azotes e imaginaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"40379\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El ne&oacute;n encendido proyectaba luz en las oficinas que, a esa hora de la tarde, estaban casi vac&iacute;as. Juan apart&oacute; la mirada del port&aacute;til durante un instante, la lluvia llenaba de gotas los ventanales, eternamente cerrados, del piso 26. Los laptops a su alrededor apagados, los escritorios llenos de papeles, alguna que otra foto, una caja de dulces abierta, unas figuritas tra&iacute;das por un compa&ntilde;ero que hab&iacute;a cruzado el charco recientemente.<\/p>\n<p>En la otra punta de la estancia, Flor, la secretaria. Una chica joven, delgada, menuda, de tez p&aacute;lida media melena rubia y gafas con montura azul marino que hac&iacute;an juego con su vestido de una pieza.<\/p>\n<p>Juan se levant&oacute; y se dirigi&oacute; hacia el cuarto de ba&ntilde;o reservado para hombres y que se situaba al lado del despacho del jefe. Entr&oacute; a uno de los cub&iacute;culos, levant&oacute; la tapa, se baj&oacute; los pantalones y sujetando el pene con ambas manos apunt&oacute;. La orina no tard&oacute; en salir, chocando con fuerza contra la taza. Al acabar, sacudi&oacute; el miembro para que saliesen las &uacute;ltimas gotas, tir&oacute; de la cadena y se lav&oacute; las manos con jab&oacute;n olor a lavanda. Al salir oy&oacute; voces e instintivamente se qued&oacute; observando.<\/p>\n<p>Don Andr&eacute;s, el jefe. 50 a&ntilde;os, pelo engominado, traje y corbata oscuros, discut&iacute;a con Flor. Hab&iacute;a ocurrido algo y el tono de enfado en sus palabras contrastaba con el tono defensivo, educado y de disculpa con el que la secretaria respond&iacute;a.<\/p>\n<p>&#8211; Vamos a mi despacho. &#8211; concluy&oacute; Andr&eacute;s.<\/p>\n<p>Juan pudo ver el rostro preocupado de Flor antes de dar un paso atr&aacute;s y ocultarse tras la puerta. Las pisadas de los zapatos de vestir del caballero y los zapatos de tac&oacute;n de la secretaria resonaron en el silencio.<\/p>\n<p>Pasado un tiempo prudencial Juan sali&oacute; y observ&oacute; que la puerta del despacho estaba entre abierta. Se acerc&oacute;, las palabras que oy&oacute; le cogieron por sorpresa.<\/p>\n<p>&#8211; Incl&iacute;nate sobre el escritorio y s&uacute;bete el vestido. &#8211; se oy&oacute; decir al jefe.<\/p>\n<p>&#8211; Pero Don Andr&eacute;s yo&#8230; &#8211; replic&oacute; la secretaria.<\/p>\n<p>&#8211; Lo has vuelto a hacer, ya lo hablamos la semana pasada.<\/p>\n<p>Luego, tras unos segundos de silencio. De nuevo se oy&oacute; la voz del var&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Sabes que no admito ninguna protesta. B&aacute;jate las bragas, y si te atrev&eacute;s a contradecirme de nuevo doblar&eacute; el castigo.<\/p>\n<p>Juan imagin&oacute; la escena en su cabeza. Flor, tragando saliva, nerviosa, inclinada sobre la mesa, con su trasero al aire. Aquello no pod&iacute;a ser real.<\/p>\n<p>Aguard&oacute;.<\/p>\n<p>El sonido del primer golpe no tard&oacute; en llegar.<\/p>\n<p>&quot;Ser&aacute; un cintur&oacute;n&quot; pens&oacute; el empleado.<\/p>\n<p>Se oy&oacute; un nuevo azote.<\/p>\n<p>Y un par de segundos despu&eacute;s otro.<\/p>\n<p>Juan ten&iacute;a la boca seca y not&oacute; como su pene engordaba bajo sus pantalones.<\/p>\n<p>&quot;Cuatro, cinco&quot; cont&oacute; mentalmente<\/p>\n<p>&quot;Seis&quot; se dijo apretando su trasero como si aquel cintur&oacute;n hubiese golpeado sus propias nalgas.<\/p>\n<p>Luego, mientras el castigo continuaba, pens&oacute; en Flor, en lo valiente que era. Pod&iacute;a imaginar su rostro, su cara aguantando la respiraci&oacute;n, el escozor despu&eacute;s del impacto, quiz&aacute;s alguna l&aacute;grima mientras el cuero coloreaba de rojo su culo. Quer&iacute;a mirar, pero no se atrev&iacute;a a asomarse.<\/p>\n<p>Segundos despu&eacute;s del duod&eacute;cimo golpe se oy&oacute; de nuevo la voz del jefe, algo m&aacute;s suave.<\/p>\n<p>&#8211; Ya hemos acabado Flor, &iquest;escuece?<\/p>\n<p>La respuesta de la secretaria, casi un susurro, no lleg&oacute; a oidos de Juan.<\/p>\n<p>&#8211; Te has portado bien, ven que te echo un poco&#8230;<\/p>\n<p>Juan decidi&oacute; moverse y volver a su sitio. Se sent&oacute; y trat&oacute; de concentrarse sin lograrlo. Necesitaba borrar de su mente lo acontecido, acabar, e ir a casa.<\/p>\n<p>Flor y Don Andr&eacute;s salieron del despacho. Don Andr&eacute;s se fue a casa y la secretaria volvi&oacute; a su sitio.<\/p>\n<p>Diez minutos despu&eacute;s, acabado el trabajo y con su pene lo suficientemente encogido para no llamar la atenci&oacute;n. Juan recogi&oacute; y fue hacia la salida.<\/p>\n<p>La secretaria tambi&eacute;n se levant&oacute; de su sitio, se puso la chaqueta y cogi&oacute; el bolso.<\/p>\n<p>&#8211; Ya es hora de ir a casa. &#8211; dijo Flor sonriendo a Juan.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;. Tu tambi&eacute;n haces horas extra.<\/p>\n<p>Los dos llegaron a la puerta.<\/p>\n<p>&#8211; Por favor, adelante, ya cierro yo. &#8211; dijo el empleado con cortes&iacute;a.<\/p>\n<p>Flor murmur&oacute; una palabra de gracias y camin&oacute; hacia el ascensor.<\/p>\n<p>Juan observ&oacute; su figura y durante un instante, en su mente, el vestido se volvi&oacute; transparente ofreciendo la visi&oacute;n de un culete femenino pintado de rojo.<\/p>\n<p>La secretaria lleg&oacute; al ascensor y distraida llev&oacute; una mano a su trasero y se masaje&oacute; las nalgas.<\/p>\n<p>El pene de Juan comenz&oacute; a crecer de nuevo.<\/p>\n<p>En casa le esperaba su pareja, Sara. Una chica moderna, seria y cl&aacute;sica. Hac&iacute;an el amor los mi&eacute;rcoles y viernes.<\/p>\n<p>Hoy no tocaba.<\/p>\n<p>Camino a casa, imagin&oacute; que pensar&iacute;a Sara de los azotes.<\/p>\n<p>Sus sesiones se limitaban a besos, que estaban bien y a sexo tradicional. Poca luz, bajo las s&aacute;banas, manita bajo las bragas para tocarla el culo. Los pechos s&iacute;, esos siempre al aire. Pero el culo&#8230; claro que hab&iacute;a visto el culo de Sara, pero pocas veces. Eso de ducharse juntos no la gustaba. Y lo de ense&ntilde;arlo durante m&aacute;s de un minuto&#8230; tampoco. Ten&iacute;a tendencia a llevarlo tapado, incluso, cuando ten&iacute;a que cambiarse de ropa, usaba el ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>No, eso de los azotes, o en general cualquier otra cosa no lo ve&iacute;a factible y &eacute;l no era tan valiente como Flor.<\/p>\n<p>Sara era una buena mujer, le quer&iacute;a y por nada del mundo renunciar&iacute;a a esas tardes de invierno compartiendo sill&oacute;n y manta.<\/p>\n<p>Ya en casa, en su habitaci&oacute;n, mientras su pareja terminaba de ver una pel&iacute;cula en la tele, Juan fue a cama.<\/p>\n<p>Tumbado, la escena de la oficina volvi&oacute; a su mente. Imagin&oacute; acompa&ntilde;ar a la secretaria a su casa y estar a su lado. Ella tumbada boca abajo, con su trasero al aire, contando la experiencia con los azotes. &Eacute;l, sentado a su lado, oyendo su relato, alabando su valor mientras extend&iacute;a cremita en el culo y se deleitaba contemplando las nalgas y la deliciosa rajita.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 El ne&oacute;n encendido proyectaba luz en las oficinas que, a esa hora de la tarde, estaban casi vac&iacute;as. Juan apart&oacute; la mirada del port&aacute;til durante un instante, la lluvia llenaba de gotas los ventanales, eternamente cerrados, del piso 26. 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