{"id":40446,"date":"2023-01-01T04:06:39","date_gmt":"2023-01-01T04:06:39","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-01-01T04:06:39","modified_gmt":"2023-01-01T04:06:39","slug":"el-nuevo-curso-iii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-nuevo-curso-iii\/","title":{"rendered":"El nuevo curso (III)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"40446\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 33<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>La vida de Carlo siempre hab&iacute;a sido sencilla. Mimado desde peque&ntilde;o, era el menor de la familia. Sus dos hermanas mayores siempre le hab&iacute;an querido y adorado por ser el &uacute;nico ni&ntilde;o, igual que sus padres y sus abuelos y sus t&iacute;os y sus primos&hellip; De ascendencia italiana, su padre proven&iacute;a de unos acaudalados mercaderes afincados en Capri, y su madre descend&iacute;a por parte de madre de una acomodada familia genovesa, por lo que jam&aacute;s le hab&iacute;a faltado de nada.<\/p>\n<p>Todos los veranos veraneaba con sus abuelos y sus numerosos primos en Capri y Antibes, a bordo del lujoso yate de sus abuelos y siempre de playa dorada en playa dorada, nadando en el mar de intenso tono azul o bronce&aacute;ndose en la sedosa arena amarilla de las bell&iacute;simas calas. Sus t&iacute;os los llevaban a montar a caballo y hab&iacute;a acabado por ser un jinete bastante decente a pesar de preferir los deportes de gimnasio, y sus padres siempre le hab&iacute;an animado a participar en cuantos deportes desease mientras no interfiriese con sus estudios.<\/p>\n<p>Alto desde que era peque&ntilde;o, al crecer practicando siempre ejercicio hab&iacute;a terminado por desarrollar un f&iacute;sico envidiable. Con un metro ochenta y cinco, la piel mediterr&aacute;nea, una melena de espesos rizos oscuros y ojos de color aceituna, relucientes como el &oacute;nice, la &uacute;nica palabra para describirle era hermoso. Cuando sonre&iacute;a las chicas suspiraban por ser las destinatarias de esa sonrisa y cuando capitaneaba los equipos del deporte elegido ellos rechinaban los dientes deseando ser &eacute;l. Cualquiera dir&iacute;a que era odiado o que no daba demasiado de s&iacute; en el apartado mental, pero nada m&aacute;s lejos de la realidad.<\/p>\n<p>Sus notas siempre hab&iacute;an sido impecables, hablaba italiano, espa&ntilde;ol e ingl&eacute;s con fluidez a pesar de su marcado acento y salvo alg&uacute;n que otro altercado causado sin duda por el ardor de su sangre italiana cuando era poco menos que un adolescente nunca hab&iacute;a tenido problemas para ser amigo de todos. Extrovertido, alegre, risue&ntilde;o, generoso y abierto. Nada callaba y nada ocultaba. Si acaso resultaba extra&ntilde;o que alguien tan burbujeante como &eacute;l hubiera acabado siendo amigo de una persona tan t&iacute;mida y cerrada como Enrique, pero el tiempo se hab&iacute;a encargado de demostrar que la elecci&oacute;n hab&iacute;a resultado la correcta, ya que fue gracias a Enrique como descubri&oacute; su vocaci&oacute;n para la medicina. S&iacute;. La vida de Carlo hab&iacute;a resultado id&iacute;lica&hellip; hasta que conoci&oacute; a Thal&iacute;a.<\/p>\n<p>Carlo hab&iacute;a regresado a casa tan solo una semana antes de que se iniciase su segundo a&ntilde;o en la universidad. Normalmente hubiera apurado hasta el &uacute;ltimo segundo en la mansi&oacute;n de la costa de sus abuelos, tomando el sol y disfrutando de la belleza de las italianas que luc&iacute;an sus cuerpos bronceados en la playa, pero este a&ntilde;o empezaba a trabajar en un gimnasio cercano a modo de pasatiempo y para estar m&aacute;s implicado con el mundo deportivo, y no pod&iacute;a permitirse ese lujo.<\/p>\n<p>La alarma del m&oacute;vil le indic&oacute; que ya era hora de salir de la cama, aunque ya llevaba casi diez minutos despierto, remoloneando entre las s&aacute;banas. Con una mirada satisfecha se desperez&oacute; y sentado en la cama ech&oacute; un vistazo al amplio apartamento que sus padres le costeaban: a menos de cinco minutos andando de la universidad y menos de diez del gimnasio se inundaba todos los d&iacute;as de luz natural hasta que deca&iacute;a el sol por la tarde, y la amplia balconada dominaba una buena porci&oacute;n de espacio urbano, aport&aacute;ndole unas vistas maravillosas. De tres dormitorios, hab&iacute;a convertido uno de ellos en estudio y cuarto de invitados y el segundo en un gimnasio en miniatura donde cuidaba su musculado cuerpo.<\/p>\n<p>Ten&iacute;a que empezar a trabajar en menos de media hora, por lo que se dio una ducha r&aacute;pida y se visti&oacute; con una camiseta de tirantes que apenas cubr&iacute;a su torso lleno de m&uacute;sculos y unos pantalones cortos bajo los cuales se marcaba un bulto m&aacute;s que notable. Tras admirar su planta en uno de los espejos de cuerpo entero que ten&iacute;a en el mini gimnasio se calz&oacute; unas relucientes deportivas Nike nuevecitas y tras preparar una peque&ntilde;a mochila con ropa limpia de recambio, una toalla para el sudor, gel, champ&uacute; y el desodorante sali&oacute; de casa silbando con alegr&iacute;a.<\/p>\n<p>Le encantaba estar en el gimnasio. M&aacute;s incluso que los deportes al aire libre. Le encantaban los sonidos de las m&aacute;quinas siendo accionadas, el olor: mezcla de olor a desinfectante, ambientador y sudor algo rancio que siempre le evocaba sensaciones de esfuerzo y victoria, la mezcla de voces de &aacute;nimo y expresiones de esfuerzo. Con un gesto de su manaza salud&oacute; a la recepcionista que le devolvi&oacute; el gesto con una sonrisa. En cuanto dej&oacute; la bolsa en el vestuario se prendi&oacute; la chapa que le identificaba como entrenador en uno de los tirantes de la camiseta. Pensaba darse una vuelta y quiz&aacute; despu&eacute;s usar un rato el banco de pesas, cuando vio a Dami&aacute;n en una de las cintas.<\/p>\n<p>Iba a acercarse cuando dos chicos j&oacute;venes le interceptaron para solicitarle ayuda. No tard&oacute; demasiado en resolverles la duda, aunque se explay&oacute; m&aacute;s en aleccionarles sobre el correcto uso de las m&aacute;quinas y lo vital que era el complemento de una dieta saludable, rica en prote&iacute;nas, pero tambi&eacute;n en hidratos y con la glucosa suficiente como para que no se resintiese el cuerpo. Cuando por fin les dej&oacute; libres Dami&aacute;n se hab&iacute;a acercado por detr&aacute;s, con una media sonrisa que generaba que sus hoyuelos apareciesen sutilmente en sus mejillas.<\/p>\n<p>&ndash;Veo que no dejas escapar la oportunidad de abroncar a los cr&iacute;os &iquest;eh? &ndash;coment&oacute; jocoso su amigo.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a conocido a Dami&aacute;n dos semanas antes de irse de vacaciones. El joven ten&iacute;a carisma y una personalidad atrayente que le inclin&oacute; a pensar que ser&iacute;a un buen compa&ntilde;ero de fiesta mientras Enrique estaba con su familia. Sin embargo, se hab&iacute;a revelado como alguien mucho m&aacute;s serio de lo esperado, y bastante m&aacute;s sensato que &eacute;l e incluso que su amigo. Carlo pronto hab&iacute;a intuido que en Dami&aacute;n hab&iacute;a m&aacute;s de lo que se ve&iacute;a a simple vista, y al enterarse de que adem&aacute;s ser&iacute;an compa&ntilde;eros de clase (algo no demasiado sorprendente, dada la localizaci&oacute;n del gimnasio tan cercana a la universidad e incluso asociado con esta) resolvi&oacute; quedarse a su lado.<\/p>\n<p>Al principio pens&oacute; que pod&iacute;a tratarse de su sexualidad, pero Dami&aacute;n no ten&iacute;a empacho en hablar abiertamente de su homosexualidad, por lo que Carlo hab&iacute;a terminado por descartarlo como motivo de la actitud contradictoria que mostraba el joven a veces. Se negaba a hablar de su pasado, su familia o sus amigos y siempre parec&iacute;a esquivar cualquier pregunta directa que se le hiciese acerca de esos temas, por lo que el perspicaz italiano hab&iacute;a terminado por mantenerse a la espera. Con el tiempo se sincerar&iacute;a, solo deb&iacute;a demostrar que era alguien digno de confianza. Le devolvi&oacute; una deslumbrante sonrisa y le palme&oacute; la espalda con tanta fuerza que arroj&oacute; el delgado cuerpo del joven hacia adelante.<\/p>\n<p>&ndash;Hay que empezar con ellos cuando a&uacute;n son j&oacute;venes, si no luego se tuercen y no haces vida de ellos.<\/p>\n<p>&ndash;No parece que se haya apuntado mucha gente nueva. Esto est&aacute; bastante barrido. &iquest;Cu&aacute;ndo dijiste que se volver&iacute;a a incorporar tu amigo? El que es tan t&iacute;mido que apenas habla si no es bajo amenaza.<\/p>\n<p>Carlo sonri&oacute; con suficiencia intuyendo correctamente por qu&eacute; pod&iacute;a tener inter&eacute;s Dami&aacute;n en Enrique. Por lo que &eacute;l sab&iacute;a el joven estaba soltero, y su amigo era realmente atractivo con un aire ligeramente inocente. No le faltaban intentos de ligue, y m&aacute;s desde que se hab&iacute;a quitado los kilos de encima, aunque &eacute;l se encargaba de espantar a la mayor&iacute;a, juzgando adecuadamente qui&eacute;n buscaba tan solo un polvo f&aacute;cil aprovech&aacute;ndose de la inexperiencia de Enrique.<\/p>\n<p>&ndash;No vendr&aacute; hasta la segunda o tercera semana de curso, y eso con suerte. Para &eacute;l los estudios siempre han sido prioritarios, no le vendr&iacute;a mal aprender a salir de casa y divertirse un poco.<\/p>\n<p>En ese momento se interrumpi&oacute;. En la sala destinada a las sesiones de yoga y zumba bailaba una preciosa rubia, delante de los amplios espejos que cubr&iacute;an una de las paredes en toda su longitud<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Eh! Mira a esa chica, creo que es la t&iacute;a m&aacute;s guapa que he visto jam&aacute;s por aqu&iacute; e su questo non ci piove1!<\/p>\n<p>Dami&aacute;n sigui&oacute; la mirada de su amigo. Una sombra extra&ntilde;a cruz&oacute; por su rostro antes de que cruzase los brazos sobre el pecho con fuerza. Sus labios se apretaron en una fina l&iacute;nea de color coral mientras evaluaba a Carlo con los ojos entrecerrados.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Thal&iacute;a? Ser&iacute;a mejor para ti que la olvidases.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;La conoces? &iquest;Me la presentar&iacute;as? &ndash;le interpel&oacute; Carlo ignorando su comentario.<\/p>\n<p>&ndash;Somos algo parecido a amigos, s&iacute;. Pero te digo en serio que ser&iacute;a mejor para ti que la olvidases, t&iacute;o.<\/p>\n<p>&ndash;Voy a ir a presentarme &ndash;anunci&oacute; el italiano mientras contemplaba como dejaba de bailar y se encaminaba a uno de los sacos de boxeo.<\/p>\n<p>Nunca le hab&iacute;a interesado demasiado el boxeo ni las artes marciales, pero viendo c&oacute;mo se mov&iacute;a Thal&iacute;a cambi&oacute; ligeramente de parecer. Su cuerpo flexible y el&aacute;stico no daba tregua al saco. Encadenaba un ataque tras otro con mort&iacute;fera precisi&oacute;n, sin apenas jadear. Su largu&iacute;sima coleta de pelo rubio claro oscilaba como un p&eacute;ndulo acariciando el final de su espalda, justo antes de unas nalgas redondas y prietas, sumamente firmes. Sus pechos eran grandes, pero proporcionados con su estatura, prietos en un top deportivo que no permit&iacute;a que se balanceasen con sus movimientos. La cara ani&ntilde;ada mostraba una expresi&oacute;n de intensa concentraci&oacute;n y sus ojos azules, tan claros que casi parec&iacute;an grises, no se apartaban del saco. Carlo carraspe&oacute; ligeramente antes de exhibir su radiante sonrisa. La joven se sobresalt&oacute; ligeramente y se apart&oacute; del saco, manteniendo una postura ligeramente defensiva.<\/p>\n<p>&ndash;Perdona, &iquest;necesitas usar el saco?<\/p>\n<p>&ndash;No, he estado ah&iacute; un rato, soy monitor aqu&iacute;, e tu sei la donna pi&ugrave; bella che abbia mai visto2.<\/p>\n<p>&ndash;No. &ndash;A pesar del tono dulce y suave de su voz trasluc&iacute;a una inmensa fuerza acerada.<\/p>\n<p>Sus ojos azules parec&iacute;an haberse convertido en estiletes de hielo. Sin decir nada m&aacute;s, ni dejarle a&ntilde;adir una sola palabra, se alej&oacute; con un andar sinuoso de modelo de pasarela. Dami&aacute;n se acerc&oacute; a Carlo y le palme&oacute; la espalda, compasivo. Una sonrisa divertida se asomaba a sus labios coralinos mientras se apoyaba contra el saco de boxeo reci&eacute;n abandonado.<\/p>\n<p>&ndash;Te lo dije.<\/p>\n<p>&ndash;No, no pienso rendirme. Es una mujer preciosa, &iquest;has visto c&oacute;mo se mueve? Adem&aacute;s, tambi&eacute;n tiene que ser muy fuerte. Seguro que levanta pesas. No pienso rendirme con ella, Dami&aacute;n. Es incre&iacute;ble.<\/p>\n<p>Su amigo sacudi&oacute; la cabeza de un lado a otro y se encogi&oacute; de hombros. Lo que Carlo hiciese no era de su incumbencia, pero ten&iacute;a casi seguro que no conseguir&iacute;a nada. Aunque intent&oacute; no volver a tocar el tema, el italiano no cej&oacute; en su empe&ntilde;o por interrogarle, intentando obtener cada m&iacute;nimo detalle que supiese sobre Tal&iacute;a. Dami&aacute;n esquiv&oacute; cada una de las preguntas que le dirigi&oacute; el otro, con su habitual facilidad para responder sin comprometerse. A pesar de ello, Carlo no pareci&oacute; afectado por las evasivas.<\/p>\n<p>Cuando regres&oacute; a casa, despu&eacute;s de un d&iacute;a bastante tranquilo en el trabajo, busc&oacute; a la joven en redes sociales, sorprendido al no encontrar nada sobre ella. Parec&iacute;a confirmar lo poco que hab&iacute;a dicho su amigo: que no era especialmente sociable. La joven era todo un misterio, pero sumamente atrayente, por lo que no pensaba darse por vencido con tanta facilidad. Pensaba volver a intentar presentarse ma&ntilde;ana, esta vez sin una manida frase de ligoteo en italiano. Con la cabeza llena de posibles escenarios de citas con Thal&iacute;a se qued&oacute; dormido.<\/p>\n<p>Desde ese d&iacute;a y hasta el inicio del curso no cej&oacute; de intentar acercarse a la joven, quien se limitaba a rechazarle una y otra vez cada vez de formas m&aacute;s contundentes, aunque no carentes de cierta creatividad. Carlo se sent&iacute;a completamente dividido: jam&aacute;s le hab&iacute;an rechazado as&iacute;, en su vida, ninguna de las chicas con las que hab&iacute;a ligado hab&iacute;an sido tan tajantes a la hora de darle una negativa, ni &eacute;l se hab&iacute;a arrastrado tanto por ninguna de ellas. No sab&iacute;a lo que le pasaba, pero Thal&iacute;a le ten&iacute;a completamente embrujado. Pasaba las horas en el gimnasio obsesionado con el destello de una coleta rubia y cada vez que la ve&iacute;a aparecer su coraz&oacute;n daba un brinco en el pecho. Harto de verle arrastrarse detr&aacute;s de la joven, Dami&aacute;n decidi&oacute; tomar cartas en el asunto. El d&iacute;a antes del inicio del curso consigui&oacute; convencerle para tomar una cerveza juntos.<\/p>\n<p>&ndash;Ma&ntilde;ana empieza ya el curso. &iquest;Nervioso por ir a una nueva universidad?<\/p>\n<p>&ndash;No. Ser&aacute; igual que la anterior. Al menos en la nueva ya conocer&eacute; a alguien, aunque ese alguien se est&eacute; portando como un cretino &ndash; acus&oacute; Dami&aacute;n con una sonrisa divertida.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;A qu&eacute; te refieres? &ndash;se envar&oacute; Carlo al darse por aludido.<\/p>\n<p>&ndash;A que lo que est&aacute;s haciendo bordea peligrosamente el acoso. De seguir as&iacute; acabar&aacute; por denunciarte por no dejarla en paz ni a sol ni a sombra. Perder&aacute;s tu trabajo, te meter&aacute;s en l&iacute;os en la universidad y adem&aacute;s ella tendr&aacute; raz&oacute;n. &ndash;Coment&oacute; implacable antes de proseguir&ndash;. As&iacute; no vas a ligar con ella, solo vas a espantarla. Ella ya te ha dicho que no est&aacute; interesada, deber&iacute;as respetar eso y empezar a olvidarte.<\/p>\n<p>&ndash;T&iacute;o&hellip; ella me gusta de verdad. &ndash;Musit&oacute; hundido.<\/p>\n<p>&ndash;Pero si no es rec&iacute;proco, no es rec&iacute;proco. No deber&iacute;as presionar a Thal&iacute;a de esa manera, no la est&aacute;s haciendo ning&uacute;n bien.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n apur&oacute; la cerveza y se qued&oacute; en silencio. Casi pod&iacute;a ver el cerebro del italiano funcionar por debajo de su espesa mata de cabello negro. Cuando sus anchos hombros se hundieron por el peso de la aplastante verdad se compadeci&oacute; de &eacute;l y le palme&oacute; la espalda. Le dej&oacute; terminar la cerveza antes de levantarse de la mesa, dej&aacute;ndole atr&aacute;s rumiando sus mustios pensamientos. Carlo pidi&oacute; otra cerveza y con un suspiro se frot&oacute; los ojos cansados. Ya hab&iacute;a tomado la firme resoluci&oacute;n de dejar en paz a Thal&iacute;a, pero antes deb&iacute;a averiguar el motivo de esa negativa tan f&eacute;rrea. Muchas veces casi hab&iacute;a sentido que le despreciaba, algo que no conceb&iacute;a. No le conoc&iacute;a lo bastante como para poder sentir tanta animadversi&oacute;n hacia &eacute;l.<\/p>\n<p>Tras acabarse la segunda cerveza se fue directamente a casa. Ni siquiera en la ducha, bajo el chorro de agua caliente, consigui&oacute; terminar de relajar los agarrotados m&uacute;sculos. Se sec&oacute; despacio y se lanz&oacute; a la cama con un gru&ntilde;ido de frustraci&oacute;n. Su enorme corpach&oacute;n se hundi&oacute; en el blando colch&oacute;n con un chirrido. Dando vueltas y m&aacute;s vueltas en la cama por fin consigui&oacute; caer en un sue&ntilde;o superficial e inquieto.<\/p>\n<p>Cuando se levant&oacute; para ir a clase por primera vez en su nuevo curso ten&iacute;a el cuello tenso y el humor sombr&iacute;o. Se visti&oacute; sin prestar demasiada atenci&oacute;n a lo que se pon&iacute;a y por inercia revis&oacute; sus mensajes. La perspectiva de volver a ver a Enrique le levant&oacute; m&iacute;nimamente el &aacute;nimo, y la idea de que conociese por fin a Dami&aacute;n todav&iacute;a consigui&oacute; levant&aacute;rselo m&aacute;s. Con una sonrisa genuina termin&oacute; de vestirse con un ce&ntilde;ido jersey fino de color crema, que realzaba su intenso bronceado, unos vaqueros y unas deportivas y tras cargar con la mochila camin&oacute; con br&iacute;o hasta la universidad. Se sent&oacute; en uno de los bancos que hab&iacute;a a la entrada y esper&oacute; a Enrique, con quien hab&iacute;a quedado el d&iacute;a anterior. En teor&iacute;a Dami&aacute;n deb&iacute;a estar all&iacute; tambi&eacute;n, pero no le vio por ninguna parte.<\/p>\n<p>&ndash;Enrique, de vuelta al purgatorio &iquest;eh? &ndash;salud&oacute; a su amigo en cuanto le vio aparecer.<\/p>\n<p>El verano le hab&iacute;a sentado bien. Aunque no estaba tan moreno como &eacute;l mismo s&iacute; luc&iacute;a un bronceado uniforme y bonito que resaltaba sus ojos c&aacute;ndidos y azules, y jurar&iacute;a que se le hab&iacute;a aclarado algo el pelo por efecto del sol.<\/p>\n<p>&ndash;Tan optimista como siempre, &iquest;qu&eacute; tal en la playa?<\/p>\n<p>&ndash;No me puedo quejar, cada a&ntilde;o las mujeres de Italia son m&aacute;s hermosas &ndash;brome&oacute; con naturalidad, aunque estaba pensando en Thal&iacute;a al decirlo.<\/p>\n<p>Consultando su tel&eacute;fono con cierta impaciencia repas&oacute; sus mensajes. Dami&aacute;n no daba se&ntilde;ales de vida y por un momento se plante&oacute; si se habr&iacute;a acobardado.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;No entramos?<\/p>\n<p>&ndash;Estaba esperando a un colega. Se supon&iacute;a que empezaba hoy aqu&iacute;, pero parece que llegar&aacute; tarde&hellip;<\/p>\n<p>Interiormente maldijo a Dami&aacute;n por el plant&oacute;n. Si pretend&iacute;a hacer una gran entrada m&aacute;s le hubiera valido hacerla otro d&iacute;a, cuando no tuviesen clase con Mauro.<\/p>\n<p>&ndash;Lo mismo ha entrado ya, quiz&aacute; est&eacute; esperando dentro en el aula. Se supone que nos toca qu&iacute;mica a primera hora y ya sabes que con Mauro a cargo m&aacute;s te vale no llegar tarde.<\/p>\n<p>Carlo mascull&oacute; interiormente todo el camino hasta clase. Cuando vio a Dami&aacute;n sentado sobre la mesa, en actitud indolente, no pudo por menos que mentar a todos sus muertos y asignares ep&iacute;tetos muy poco apropiados de la educaci&oacute;n privada que sus padres se hab&iacute;an esmerado en darle.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Mira! Ah&iacute; est&aacute; ese coglione3, tan tranquilo aqu&iacute; dentro mientras nosotros esper&aacute;bamos fuera. &ndash;Mascull&oacute; enfadado avanzando a grandes zancadas hasta Dami&aacute;n, que sonre&iacute;a divertido. &ndash; Enrique, te presento a Dami&aacute;n, el coglione que nos ha hecho esperarle fuera mientras estaba dentro. Se ha mudado hace poco y ahora estudia aqu&iacute;, pegado a nosotros como mosca a mierda.<\/p>\n<p>Al ver la turbaci&oacute;n de su amigo su humor volvi&oacute; a atemperarse. Con cierta diversi&oacute;n contempl&oacute; c&oacute;mo se quedaba mudo y se com&iacute;a a Dami&aacute;n con los ojos. Sab&iacute;a de sobra que Enrique hab&iacute;a estado colado por &eacute;l, y hab&iacute;a procurado ser delicado con sus sentimientos, pero no pod&iacute;a ignorar que era hetero y no era algo que quisiera o pudiera corresponder, por lo que se alegr&oacute; al ver c&oacute;mo reaccionaba su amigo. Como siempre dec&iacute;a su abuela &ldquo;chiodo scaccia chiodo4&rdquo;. Cuando tomaron asiento se limit&oacute; a levantar las cejas para dar a entender a Dami&aacute;n que la maniobra hab&iacute;a sido un &eacute;xito rotundo, y disfrut&oacute; viendo como Enrique se sonrojaba cada vez que Dami&aacute;n le dirig&iacute;a la mirada. Su alegr&iacute;a por &eacute;l era sincera, y solo se ve&iacute;a enturbiada por su decepci&oacute;n con Thal&iacute;a.<\/p>\n<p>Las clases se le pasaron volando, apenas un suspiro de tiempo amenizadas por la complicidad mantenida por Dami&aacute;n acerca de Enrique, no obstante, conoc&iacute;a a su amigo, por lo que sab&iacute;a que no ser&iacute;a capaz de hablar cara a cara con el nuevo compa&ntilde;ero salvo que les dejase a solas. Interrog&oacute; sutilmente a Dami&aacute;n sobre su nuevo piso, confiando en que quedase cerca del de Enrique, y en cuanto supo que eran vecinos cogi&oacute; la ocasi&oacute;n al vuelo para desaparecer de escena. Necesitaba ir a ocuparse de sus propios asuntos.<\/p>\n<p>Escuch&oacute; con perfecta claridad c&oacute;mo le llamaba Enrique y la nota de p&aacute;nico en su voz, pero hizo o&iacute;dos sordos. En su opini&oacute;n, necesitaba salir un poco de su coraza, aprender que no todos los compa&ntilde;eros de clase eran lobos con piel de cordero y nadie mejor que Dami&aacute;n para que empezase a abrirse y superar el acoso. No le conoc&iacute;a demasiado, pero sab&iacute;a que era &iacute;ntegro. Apretando m&aacute;s el paso se dirigi&oacute; al gimnasio donde pensaba pasar el d&iacute;a y tras un r&aacute;pido paso por el vestuario para cambiarse a la ropa de deporte se encamin&oacute; a las m&aacute;quinas de pesas, desde donde pod&iacute;a contemplar casi todo el gimnasio a su antojo. Para su decepci&oacute;n, Thal&iacute;a no apareci&oacute;.<\/p>\n<p>D&iacute;a tras d&iacute;a Carlo se sumi&oacute; en la misma rutina de acudir a clases por las ma&ntilde;anas, al gimnasio por las tardes y a estudiar por la noche. Tan solo la romp&iacute;a para ir a tomar una cerveza de vez en cuando con Dami&aacute;n, quien le interrogaba acerca de Enrique, con quien las cosas tampoco parec&iacute;an avanzar demasiado bien. Aunque justificaba a su amigo escud&aacute;ndose en su timidez, empez&oacute; a pensar que quiz&aacute; no estaba interesado en Dami&aacute;n y no sab&iacute;a c&oacute;mo decirlo, aunque su actitud dec&iacute;a lo contrario. Para colmo de males, Thal&iacute;a segu&iacute;a sin dar se&ntilde;ales de vida por el gimnasio, y Dami&aacute;n segu&iacute;a con su actitud esquiva de siempre.<\/p>\n<p>El lunes de la segunda semana de clases Carlo estaba harto. No sab&iacute;a si la joven se hab&iacute;a marchado por su culpa o si por el contrario hab&iacute;a dejado el gimnasio por el inicio de curso, pero sin duda no quer&iacute;a perder m&aacute;s tiempo esperando un milagro que no iba a llegar. Resignado tom&oacute; la f&eacute;rrea decisi&oacute;n de rendirse definitivamente. Si la chica no aparec&iacute;a a la tarde en su trabajo, no se molestar&iacute;a en intentar volver a hablar con ella, ni siquiera, aunque volviese al d&iacute;a siguiente y se le insinuase.<\/p>\n<p>En cuanto lleg&oacute; al gimnasio sinti&oacute; que se le ca&iacute;a el alma a los pies. No ve&iacute;a a Thal&iacute;a por ninguna parte, y la sala donde sol&iacute;a bailar en solitario estaba llena de chicas que acud&iacute;an al grupo de zumba de los lunes. Enfadado y frustrado se dirigi&oacute; al banco de pesas y cargando m&aacute;s peso del que deb&iacute;a empez&oacute; a levantarlas, en una serie fren&eacute;tica de repeticiones con la que pretend&iacute;a quemar toda su rabia. Rechinaba los dientes con cada levantamiento, repiti&eacute;ndose mentalmente que hab&iacute;a hecho una promesa, cuando el ruido de las chicas abandonando la sala le distrajo. Entre el marem&aacute;gnum de voces distingui&oacute; con claridad la suya, tan dulce como la recordaba, pero infinitamente m&aacute;s c&aacute;lida.<\/p>\n<p>Dejando las pesas en su soporte se qued&oacute; sentado en el banco, mir&aacute;ndola fijamente. Estaba igual de guapa que siempre, vestida con unas medias de deporte rosas y grises y un top rosa que ce&ntilde;&iacute;a sus maravillosas curvas y realzaban su figura de reloj de arena. Su pelo rubio segu&iacute;a peinado en su cola de caballo habitual, ahora medio desecha por el ejercicio intenso y charlaba animadamente con una morena algo m&aacute;s baja que ella. Hasta ahora no lo hab&iacute;a apreciado porque siempre iba sola, pero era algo m&aacute;s alta que la media. Siempre le hab&iacute;an gustado las mujeres altas y la calcul&oacute; un metro setenta y algo. Sonriendo como un idiota se acerc&oacute; a las dos chicas. Su amiga la dio un codazo en las costillas y solt&oacute; una prometedora risilla, pero a Thal&iacute;a la cambi&oacute; por completo la expresi&oacute;n que se torn&oacute; g&eacute;lida.<\/p>\n<p>&ndash;Hola, Thal&iacute;a.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute; demonios quieres? &ndash;espet&oacute; sin corresponder al saludo.<\/p>\n<p>Algo cortado por el fr&iacute;o recibimiento Carlo se ech&oacute; ligeramente hacia atr&aacute;s. La morena que estaba al lado de Thal&iacute;a la apret&oacute; el brazo con cierta urgencia, y dirigi&oacute; una mirada de disculpa a Carlo.<\/p>\n<p>&ndash;Me gustar&iacute;a hablar contigo en privado, si no es mucha molestia. &ndash;Al ver que la joven iba a negarse Carlo la cogi&oacute; precipitadamente del brazo e implor&oacute;&ndash;: No te robar&eacute; mucho tiempo, y juro que no es ning&uacute;n intento por ligar contigo, te lo prometo. Por favor.<\/p>\n<p>Thal&iacute;a le evalu&oacute; con la mirada, esos fr&iacute;os ojos de hielo que a Carlo siempre le desarmaban. Con un suspiro de resignaci&oacute;n claudic&oacute; y se despidi&oacute; de su amiga, que se encamin&oacute; al vestuario femenino muerta de curiosidad. Thal&iacute;a sigui&oacute; al italiano a trav&eacute;s del gimnasio, hasta un rinc&oacute;n discreto detr&aacute;s de los sacos de boxeo. Asegur&aacute;ndose de que no hab&iacute;a nadie cerca se encar&oacute; con el hombre. Aunque la sacaba al menos diez cent&iacute;metros no se amilan&oacute; ni un &aacute;pice.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute; quieres?<\/p>\n<p>&ndash;Me gustar&iacute;a preguntarte por qu&eacute; parece que me odias tanto. No te he hecho nada, ni siquiera me conoces. No s&eacute;, entiendo que no quieras ligar conmigo, ma non capisco5 por qu&eacute; te portas as&iacute;.<\/p>\n<p>Thal&iacute;a frunci&oacute; el ce&ntilde;o y lade&oacute; ligeramente la cabeza, observando a Carlo como si tuviese delante algo especialmente desagradable. De pronto, una radiante sonrisa ilumin&oacute; su rostro. Carlo se qued&oacute; sin respiraci&oacute;n, cuando sonre&iacute;a de esa manera es como si una luz interior diese vida a su cara, dot&aacute;ndola de una belleza et&eacute;rea comparable a la de los cuadros cl&aacute;sicos.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;De verdad quieres saber lo que me pasa contigo? Perfecto, te lo dir&eacute;.<\/p>\n<p>Carlo se inclin&oacute; hacia delante, completamente obnubilado. Thal&iacute;a manten&iacute;a un tono de voz tan bajo y tan suave que tuvo que acercarse m&aacute;s para poder escucharla, percat&aacute;ndose del delicioso aroma a lilas y frambuesas que emanaba de su cabellera rubia.<\/p>\n<p>&ndash;Por favor, dime.<\/p>\n<p>&ndash;Me pasa que te considero una persona despreciable.<\/p>\n<p>El veneno de su voz era tan intenso pese a no haber levantado el tono que Carlo dio un paso atr&aacute;s mientras ella prosegu&iacute;a, con la misma sonrisa luminosa en la cara y sus ojos helados destilando odio.<\/p>\n<p>&raquo;Eres un pijo, un ni&ntilde;o rico privilegiado que quiere tener cualquier cosa que se le antoje, y que no entiende lo que es un &ldquo;no&rdquo; o los l&iacute;mites que las dem&aacute;s personas tenemos que aprender a respetar desde ni&ntilde;os. Te crees que con tus poses italianas y ese cuerpo ya puedes conseguirlo todo, y que adem&aacute;s tienes el derecho a ello para despu&eacute;s destrozarlo cuando se te antoje. Bueno, pues esa actitud me da asco, t&uacute; me das asco, y cuando te miro solo veo a un chulo siciliano salido de alguna mala pel&iacute;cula de mafiosos modernos al que le hace falta que la vida le de un par de golpes para escarmentar. &iquest;Te has quedado satisfecho?<\/p>\n<p>Con un &aacute;gil movimiento la joven gir&oacute; en redondo, dejando a Carlo plantado y mudo. Su rubia coleta le golpe&oacute; en el pecho al girar ella, pero ni siquiera eso le hizo reaccionar. La observ&oacute; alejarse con una n&aacute;usea en el est&oacute;mago y boqueando se dej&oacute; caer contra la pared. Si as&iacute; era como le ve&iacute;a ella, &iquest;c&oacute;mo le ver&iacute;an los dem&aacute;s? Cuando su jefa se acerc&oacute; a &eacute;l, preocupada al ver que no se mov&iacute;a, se excus&oacute; diciendo que la comida le hab&iacute;a sentado mal y aprovech&oacute; para irse a casa. Al llegar a su piso se dej&oacute; caer en el sof&aacute;. Las palabras de Thal&iacute;a hab&iacute;an conseguido desestabilizarle de un modo que no pensaba posible. Pens&oacute; en llamar a Enrique para contarle lo que hab&iacute;a pasado, pero cuando abri&oacute; la lista de contactos en el m&oacute;vil sus dedos volaron al n&uacute;mero de Dami&aacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Carlo? &iquest;Est&aacute;s bien? Cuando he ido al gimnasio me han dicho que te hab&iacute;a sentado mal la comida.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Podr&iacute;as venir a mi casa?<\/p>\n<p>Se hizo el silencio al otro lado de la l&iacute;nea. Pens&oacute; que si Dami&aacute;n preguntaba el motivo colgar&iacute;a y no le dir&iacute;a nada, pero el joven no pregunt&oacute; nada.<\/p>\n<p>&ndash;Claro. M&aacute;ndame la direcci&oacute;n. Estar&eacute; ah&iacute; en media hora.<\/p>\n<p>Carlo hizo lo que le ped&iacute;a y se tumb&oacute; en el sof&aacute;. Se tap&oacute; los ojos con un coj&iacute;n e intent&oacute; ignorar la punzante migra&ntilde;a de sus sienes. No fue consciente del tiempo que pasaba hasta que unos insistentes timbrazos consiguieron abrirse paso hasta su cerebro. Con pasos torpes se levant&oacute; y fue a abrir la puerta a Dami&aacute;n, quien palideci&oacute; al ver el aspecto derrotado de su amigo. Se sentaron ambos en el sof&aacute; y Carlo por fin pudo derrumbarse.<\/p>\n<p>Las palabras salieron de su boca como un torrente. Le repiti&oacute; palabra por palabra lo que le hab&iacute;a dicho Thal&iacute;a y comparti&oacute; sus dudas acerca de si as&iacute; era como le percib&iacute;an todos. Dami&aacute;n escuchaba en silencio, con los ojos cerrados y las manos cruzadas debajo de la barbilla. Cuando por fin Carlo termin&oacute; y se dej&oacute; caer contra el respaldo del sof&aacute; Dami&aacute;n solt&oacute; un suave suspiro y mir&oacute; al italiano. Sab&iacute;a que no era una mala persona, y tampoco cerrado de mente, pero no sab&iacute;a c&oacute;mo reaccionar&iacute;a a lo que &eacute;l sab&iacute;a y ahora estaba dispuesto a contarle.<\/p>\n<p>&ndash;Lo que te voy a decir debe quedar entre nosotros. Si no te ves capaz de prometerme eso, me temo que no abrir&eacute; la boca.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute; quieres decir? &ndash;pregunt&oacute; Carlo intrigado y algo inquieto por la mortal seriedad de Dami&aacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Lo que oyes. O me prometes que mantendr&aacute;s en secreto lo que vamos a hablar ahora, secreto equiparable al secreto profesional, o no te contar&eacute; nada.<\/p>\n<p>&ndash;Est&aacute; bien, tienes mi palabra de honor.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n inspir&oacute; hondo, como un saltador de trampol&iacute;n antes de saltar a la piscina, y mirando a Carlo con esos extra&ntilde;os ojos verdosos suyos tom&oacute; impulso y se lanz&oacute;.<\/p>\n<p>&ndash;Thal&iacute;a no te odia, o no tanto como te ha dicho. Lo que est&aacute; haciendo es protegerse de ti, de lo que t&uacute; eres. Mira, Carlo, no eres mal t&iacute;o y a mi me caes bien. S&eacute; que eres &iacute;ntegro y decente, pero eso no basta.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute; quieres decir con que no basta?<\/p>\n<p>&ndash;Quiero decir que no es lo que pareces. Pareces el t&iacute;pico atleta de instituto, el mat&oacute;n que se cebaba con los diferentes, los raros, los empollones y cualquiera que no encajase en la masa. Como ella.<\/p>\n<p>La mirada desconcertada del italiano dibuj&oacute; una leve sonrisa en Dami&aacute;n que esper&oacute; a que sus palabras calasen en Carlo, que manten&iacute;a los hombros hundidos.<\/p>\n<p>&ndash;Entonces as&iacute; es como me ve la gente.<\/p>\n<p>&ndash;No. As&iacute; es como te ve la gente que ha sido maltratada. Es un sesgo, no puedes hacer nada por evitarlo salvo darles la oportunidad de que te conozcan y vean que no eres as&iacute;. Pero hay gente que no se lo puede permitir, que no puede correr ese riesgo porque tienen mucho que perder. Thal&iacute;a es una de esas personas.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Qu&eacute; tiene que perder por ser amable conmigo?<\/p>\n<p>&ndash;Thal&iacute;a es trans &ndash;solt&oacute; Dami&aacute;n de un tir&oacute;n, estudiando c&oacute;mo ca&iacute;a la noticia en su amigo&ndash;. Thal&iacute;a es una mujer trans y t&uacute;, Carlo, no has pedido amabilidad. Has pedido un ligue. Sabiendo lo que sabes ahora, &iquest;entiendes por qu&eacute; se ha puesto tan a la defensiva?<\/p>\n<p>Carlo neg&oacute; con la cabeza, con la cara inexpresiva y sin saber qu&eacute; decir. Sus espesos rizos negros ca&iacute;an sobre sus ojos y Dami&aacute;n se les ech&oacute; hacia atr&aacute;s con una sonrisa.<\/p>\n<p>&raquo;Si ella te lo hubiese dicho, &iquest;te lo habr&iacute;as tomado bien? &iquest;hubieses podido callarte y no dec&iacute;rnoslo a nosotros en caso de que ella no quisiera? O peor, si ella no hubiese reunido el valor de dec&iacute;rtelo, o hubiera dado por sentado que lo sab&iacute;as, y lo hubieses descubierto al ir a la cama con ella, &iquest;c&oacute;mo habr&iacute;as reaccionado? Yo te lo dir&eacute;: hubieras reaccionado mal. No puedes entenderlo porque no est&aacute;s en nuestra posici&oacute;n, pero dejar que alguien de fuera de la comunidad nos vea tal y como somos todav&iacute;a nos da miedo. Impones, eres enorme y aunque a mi me pueda gustar, entiendo que ella tenga miedo de llevarse una paliza.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Yo no soy as&iacute;! &ndash;chill&oacute; Carlo casi fuera de s&iacute;&ndash; &iexcl;Yo jam&aacute;s la dar&iacute;a una paliza por ser trans! &iexcl;Jam&aacute;s la har&iacute;a da&ntilde;o por eso! &iexcl;Nunca pondr&iacute;a la mano encima a una mujer!<\/p>\n<p>&ndash;Ya lo s&eacute;, c&aacute;lmate, pero yo no soy ella. Ella solo ha visto a un tipo enorme que se abalanzaba a ligar con ella, que no aceptaba un &ldquo;no&rdquo; por respuesta y que tiene un cierto aura de machito de gimnasio. Eso puede llegar a dar miedo. Adem&aacute;s&hellip; &ndash;hizo una pausa, ponderando cu&aacute;nto pod&iacute;a contar sin traicionar la confianza de la joven&ndash; adem&aacute;s, no tiene buena relaci&oacute;n con su familia. Se fue de su ciudad natal por la transfobia de su entorno. No es extra&ntilde;o que te haya intentado alejar.<\/p>\n<p>Carlo se qued&oacute; callado, pasando las manos por su pelo una y otra vez hasta que se le despunt&oacute; en c&oacute;micos mechones. Con un resoplido frustrado golpe&oacute; el sof&aacute; con el pu&ntilde;o.<\/p>\n<p>&ndash;T&iacute;o&hellip; no s&eacute; qu&eacute; hacer. Me gusta de verdad, pero&hellip; &ndash;se interrumpi&oacute; un momento, pensando c&oacute;mo continuar&ndash; pero no s&eacute;, no s&eacute; qu&eacute; hacer.<\/p>\n<p>La cara de Dami&aacute;n se ensombreci&oacute;. Suspir&oacute; hondo y se levant&oacute; del sof&aacute; en direcci&oacute;n a la amplia cocina de dise&ntilde;o americano. De la nevera sac&oacute; dos refrescos de naranja y le tendi&oacute; uno a Carlo que dio un largo trago directamente de la lata.<\/p>\n<p>&ndash;Tendr&aacute;s que decidir. Si ella te gusta de verdad tendr&aacute;s que aceptar que es trans y todo lo que eso supone. Entre otras cosas que la gente te juzgue, que te consideren gay y que te acusen de ser poco hombre, sabes que hay gente anclada a la &eacute;poca del mioceno como poco. Adem&aacute;s, si se lo dices a tu familia puede que su reacci&oacute;n no te guste, o no la acepten, y tendr&aacute;s que elegir entre Thal&iacute;a o ellos. &ndash;Dami&aacute;n se mordisque&oacute; el labio y decidi&oacute; decirlo todo&ndash;. Tambi&eacute;n tienes que pensar en lo que estar con alguien trans implica a nivel f&iacute;sico, si no te ves capaz de lidiar con ello y adem&aacute;s disfrutar, mejor no lo intentes siquiera. La acabar&aacute;s haciendo da&ntilde;o.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;T&uacute; qu&eacute; har&iacute;as en mi lugar?<\/p>\n<p>&ndash;No lo s&eacute;, nunca me he pillado por alguien trans. Pero s&iacute; te puedo decir que a mi me gustan los penes, as&iacute; que eso ser&iacute;a un impedimento para m&iacute;. Es lo que me excita, no puedo cambiar eso.<\/p>\n<p>Con esas palabras Dami&aacute;n se volvi&oacute; a levantar, apur&oacute; el refresco y se march&oacute; de casa de su amigo. Por su parte Carlo hizo lo que hac&iacute;a siempre que necesitaba pensar. A pasos lentos y cansados se march&oacute; a la ducha, donde intent&oacute; que el agua caliente soltase sus agarrotados m&uacute;sculos. Sac&oacute; su pijama m&aacute;s viejo del caj&oacute;n de la c&oacute;moda, su preferido, y se aovill&oacute; en el sof&aacute; con una vieja serie polic&iacute;aca. No sab&iacute;a bien qu&eacute; hacer y por su cabeza rodaban las palabras de su amigo como si fuesen grandes piedras. Las horas discurrieron sin que se diese cuenta, acunado por los viejos di&aacute;logos, conocidos a fuerza de o&iacute;rlos una y otra vez. Cerca de las tres de la ma&ntilde;ana por fin consigui&oacute; quedarse dormido en el sof&aacute;, arropado en una manta fina. A la ma&ntilde;ana por fin hab&iacute;a tomado una decisi&oacute;n.<\/p>\n<p>Durante las clases del d&iacute;a pudo notar que Dami&aacute;n le miraba de vez en cuando, como si intentase adivinar qu&eacute; iba a hacer, sin embargo, el joven no le pregunt&oacute; y &eacute;l no dijo nada. Enrique no pareci&oacute; notar nada, algo que Carlo agradeci&oacute;. No quer&iacute;a hablar con &eacute;l hasta no saber el desenlace. En el fondo le daba miedo que su amigo le juzgase. Sab&iacute;a que no estar&iacute;a de acuerdo con c&oacute;mo hab&iacute;a llevado el tema del ligue y deber&iacute;a darle la raz&oacute;n. Hab&iacute;a sido un cretino aut&eacute;ntico y comprend&iacute;a bien la actitud de Thal&iacute;a. S&oacute;lo esperaba poder arreglarlo.<\/p>\n<p>En cuanto la clase termin&oacute; se dirigi&oacute; al gimnasio a la carrera. Sin cambiarse entr&oacute; dentro y ech&oacute; un vistazo a la sala de baile. No hab&iacute;a nadie dentro, por lo que decidi&oacute; esperar fuera del edificio. Nervioso por si se presentar&iacute;a despu&eacute;s del discurso que le hab&iacute;a soltado ayer se dedic&oacute; a juguetear con la cremallera de su cazadora hasta que la vio doblar la esquina. Cuando la joven le vio ah&iacute; plantado la expresi&oacute;n de su cara cambi&oacute; a una completamente hostil, incluso cautelosa. Carlo se qued&oacute; paralizado, sin saber qu&eacute; deb&iacute;a hacer. La chica salv&oacute; la distancia que les separaba y adopt&oacute; una postura defensiva.<\/p>\n<p>&ndash;Thal&iacute;a&hellip; &iquest;podemos hablar? Me gustar&iacute;a invitarte a un caf&eacute; y pedirte disculpas.<\/p>\n<p>&ndash;Nunca te rindes &iquest;eh? Me das asco.<\/p>\n<p>La chica rebas&oacute; su altura e iba a entrar en el gimnasio cuando el italiano la retuvo por el brazo. Thal&iacute;a iba a zafarse, echando fuego por los ojos, cuando Carlo volvi&oacute; a hablar.<\/p>\n<p>&ndash;Lo s&eacute;. Lo tuyo. Dami&aacute;n me lo cont&oacute; porque le dije lo que me hab&iacute;a dicho. Oye, de verdad creo que me has juzgado mal, y me gustar&iacute;a poder explicarme y pedirte disculpas como es debido. Y si despu&eacute;s no quieres volver a hablar conmigo o verme m&aacute;s lo entender&eacute;, hasta pedir&eacute; otro turno en el gimnasio para no coincidir contigo. Solo un caf&eacute;, no quiero hablar en la calle.<\/p>\n<p>La joven mir&oacute; a ambos lados de la calle, con cierto nerviosismo. Se cruz&oacute; de brazos y se mordi&oacute; el labio inferior indecisa. No parec&iacute;a querer ir con &eacute;l, pero tampoco entrar en el gimnasio. Por fin solt&oacute; un largo suspiro con el que dej&oacute; escapar todo el aire retenido en los pulmones y agach&oacute; la cabeza, claudicando antes de darle una respuesta.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Lo prometes? &iquest;Si despu&eacute;s de todo no quiero volver a verte saldr&aacute;s de mi vida?<\/p>\n<p>&ndash;Lo prometo &ndash;se comprometi&oacute; el joven a pesar del nudo en el est&oacute;mago que sinti&oacute; al hacerlo.<\/p>\n<p>Thal&iacute;a ech&oacute; a andar calle abajo y Carlo se limit&oacute; a seguir su estela. El silencio entre ellos era inc&oacute;modo y le hubiera gustado romperlo, pero no sab&iacute;a c&oacute;mo y no quer&iacute;a estropear m&aacute;s las cosas, por lo que opt&oacute; por callarse y seguirla. La joven iba mirando al frente, y a intervalos apretaba las manos en sendos pu&ntilde;os. Carlo se la com&iacute;a con los ojos, intentando memorizar cada uno de sus rasgos. Hab&iacute;a pensado que cuando volviese a mirarla la ver&iacute;a de forma distinta, pero solo segu&iacute;a viendo a la misma chica preciosa que le hab&iacute;a sorbido el seso desde el primer d&iacute;a. Le asombraba su fuerza de car&aacute;cter y su determinaci&oacute;n e intu&iacute;a por c&oacute;mo se relacionaba en las clases de baile con las dem&aacute;s que su personalidad real era alegre y divertida. La joven dud&oacute;. De pie delante de la cafeter&iacute;a se mordi&oacute; el labio, indecisa, antes de empujar la puerta y entrar.<\/p>\n<p>Sent&aacute;ndose en la mesa que juzg&oacute; m&aacute;s apartada de la barra estudi&oacute; a Carlo con sus fr&iacute;os ojos azules mientras este ped&iacute;a dos caf&eacute;s con leche. No sab&iacute;a si Thal&iacute;a aceptar&iacute;a el caf&eacute;, ya que hab&iacute;a ido derecha a sentarse sin dirigirle la palabra, pero pens&oacute; que el gesto la ablandar&iacute;a lo suficiente o por lo menos contribuir&iacute;a a que le mirase con mejores ojos. Manteniendo las tazas en precario equilibrio sobre los reducidos platillos consigui&oacute; llegar hasta la mesa donde aguardaba la joven, cruzada de brazos y a&uacute;n con el abrigo puesto.<\/p>\n<p>&ndash;Gracias &ndash;escupi&oacute; m&aacute;s que dijo cuando el italiano dej&oacute; el caf&eacute; delante de ella.<\/p>\n<p>&ndash;Thal&iacute;a yo&hellip; cuando te dije que lo sent&iacute;a y que quer&iacute;a pedirte disculpas lo dec&iacute;a en serio. No quer&iacute;a resultar tan pesado cuando te ped&iacute; salir, en serio, y de haber sabido lo que s&eacute; ahora no lo hubiera hecho, no hubiera insistido tanto.<\/p>\n<p>&ndash;Ya, ahora que sabes que soy&hellip; &ndash;dirigi&oacute; una mirada temerosa a la barra y al no ver a nadie prosigui&oacute;&ndash;: ahora que sabes que soy trans, te arrepientes de haber intentado ligar conmigo. Bueno, est&aacute; bien, mientras no digas nada me parece perfecto.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute;? &iexcl;No! No, me has malinterpretado otra vez&hellip; Joder, me estoy expresando fatal. &ndash;Hizo una pausa en la que pas&oacute; las manos por su pelo negro, despeinando los rizos espesos &ndash;. Mira, lo que quiero decir es que si hubiese sabido el motivo de tu incomodidad hubiera intentado ser m&aacute;s&hellip; m&aacute;s sutil, no ir tan lanzado. No te mentir&eacute; y te dir&eacute; que no me llev&eacute; una sorpresa cuando supe que eras trans, pero lo he estado pensando y no s&eacute;, no me importa, me sigues gustando como el primer d&iacute;a y te sigo viendo guap&iacute;sima, y seguro que tienes much&iacute;simo m&aacute;s que ofrecer o eso parece cuando est&aacute;s con las dem&aacute;s chicas en baile.<\/p>\n<p>Thal&iacute;a le observaba en silencio. Aferrada a la taza de caf&eacute; como si quisiera extraer consuelo del calor que emanaba de ella. Carlo call&oacute; algo azorado, consciente de que se hab&iacute;a liado m&aacute;s de lo que hab&iacute;a pretendido y que estaba embarullando las cosas. La chica se quit&oacute; por fin el abrigo, dej&aacute;ndolo en el respaldo de la silla en la que se sentaba y el italiano respir&oacute; aliviado.<\/p>\n<p>&ndash;Creo que ser&aacute; mejor que empieces desde el principio &ndash;propuso en tono suave dando un sorbo al caf&eacute;.<\/p>\n<p>&ndash;A ver&hellip; cuando te vi el primer d&iacute;a me pareciste preciosa, y cuando me rechazaste pens&eacute; que era un juego o que no me hab&iacute;as entendido. No deb&iacute; insistir tanto y lo siento, tambi&eacute;n me lo ha dicho Dami&aacute;n, pero realmente me gustaste.<\/p>\n<p>&ndash;Eso no quita que sea una conducta muy t&oacute;xica.<\/p>\n<p>&ndash;Lo s&eacute;, ahora lo s&eacute; y de verdad que estoy arrepentido y juro que no lo repetir&eacute; con nadie. No s&eacute;, despu&eacute;s creo que me obsesion&eacute; porque siempre parec&iacute;a que me despreciabas y no entend&iacute;a por qu&eacute; si apenas hab&iacute;amos cruzado cuatro palabras y cuando me dijiste todo eso y despu&eacute;s Dami&aacute;n me cont&oacute; por qu&eacute; eres as&iacute;&hellip; no lo s&eacute;. Solo puedo decirte que lo siento much&iacute;simo, que me port&eacute; como un imb&eacute;cil y que el que seas trans no cambia nada para m&iacute;.<\/p>\n<p>Thal&iacute;a se ech&oacute; atr&aacute;s en la silla, jugueteando con la taza de caf&eacute; entre las manos. Carlo la estudi&oacute;, embebi&eacute;ndose de su rostro mientras su expresi&oacute;n se suavizaba.<\/p>\n<p>&ndash;Creo que yo te debo una disculpa tambi&eacute;n. Mira, la &uacute;ltima vez que un hombre intent&oacute; ligar conmigo no reaccion&oacute; nada bien cuando supo que era trans. Pens&eacute; que contigo pasar&iacute;a lo mismo, no te ofendas, es solo que s&iacute; que tienes cierta pinta de chulo. &ndash;Dio un fuerte suspiro y le dedic&oacute; una sonrisa, la primera sonrisa genuina que Carlo recib&iacute;a&ndash;. Supongo que saqu&eacute; conclusiones precipitadas y te dije cosas horribles, cosas que no pienso de verdad. Lo cierto es que me pareciste un t&iacute;o interesante, pero me dej&eacute; llevar por el miedo y los prejuicios.<\/p>\n<p>&ndash;No te preocupes, creo que viendo c&oacute;mo actu&eacute; me lo merec&iacute;a. Mira, no quiero decirte que no tenga ciertas dudas porque todo esto es nuevo para m&iacute;, pero s&iacute; me gustar&iacute;a salir contigo, tomar algo&hellip; no lo s&eacute;, ver qu&eacute; surge. Ya te he dicho que para mi no cambia nada el que seas trans, aunque si no quieres lo entiendo y esta vez respetar&eacute; tus l&iacute;mites.<\/p>\n<p>La joven volvi&oacute; a quedarse callada. Mirando la taza de caf&eacute; mientras se mordisqueaba el labio inferior. Carlo dio un par de sorbos a la suya intentando aparentar tranquilidad, aunque sent&iacute;a el coraz&oacute;n golpeteando fren&eacute;tico contra sus costillas. No pod&iacute;a leer la expresi&oacute;n de la chica y se sent&iacute;a al l&iacute;mite. Si dec&iacute;a que no quer&iacute;a nada lo aceptar&iacute;a, aunque la idea le resultaba en extremo desagradable. Si eso es lo que hab&iacute;a sentido Enrique por &eacute;l solo ahora empezaba a comprender lo mal que deb&iacute;a haberlo pasado.<\/p>\n<p>&ndash;Podemos intentarlo. Si t&uacute; quieres. Este s&aacute;bado hay una fiesta para celebrar el inicio de curso, podemos probar a irnos conociendo mejor y ya veremos el s&aacute;bado qu&eacute; es lo que pasa. Aunque debo pedirte que me prometas que, acabemos como acabemos, no dir&aacute;s a nadie que soy trans. No me averg&uuml;enzo de lo que soy, pero no quiero volver a pasar por lo que pas&eacute; en casa &iquest;de acuerdo?<\/p>\n<p>&ndash;Ti do la mia parola d&#39;onore6.<\/p>\n<p>La deslumbrante sonrisa del italiano era tan sincera y contagiosa que la joven se ech&oacute; a re&iacute;r al verla. No cab&iacute;a duda de que le hab&iacute;a juzgado mal y con una punzada de remordimiento se prometi&oacute; enmendar su error. Todav&iacute;a albergaba ciertas dudas, pero no ten&iacute;a intenci&oacute;n de cometer el mismo error dos veces. Carlo apur&oacute; el caf&eacute; y con coqueter&iacute;a extendi&oacute; su brazo para que la chica se agarrase a &eacute;l. Pag&oacute; ambos caf&eacute;s y sin molestarse en recoger el cambio volvi&oacute; al gimnasio con Thal&iacute;a del brazo. Reconoci&oacute; a la misma morena del d&iacute;a anterior y al percatarse de la hora se dio cuenta con horror de que llegaba tard&iacute;simo al trabajo.<\/p>\n<p>La semana discurri&oacute; en una apabullante burbuja de felicidad. Como hab&iacute;a intuido Thal&iacute;a era fascinante. Ir&oacute;nica, aguda, de mente despierta e incisiva sus comentarios resultaban certeros y ten&iacute;a un humor fresco que casaba a la perfecci&oacute;n con el suyo. De evitarle en el gimnasio como si estuviese contagiado de peste pasaron a entrenar juntos. Carlo se mostr&oacute; m&aacute;s que encantado de ense&ntilde;arla a manejar las m&aacute;quinas de fuerza y ella le ense&ntilde;&oacute; varios de los golpes que a diario practicaba con el saco. La mayor&iacute;a de las veces conversaban sin cesar mientras entrenaban. El italiano le habl&oacute; de su familia, de lo mucho que le gustaba veranear en Italia, del yate de sus abuelos y de sus amigos, en especial de Enrique, y ella le hablaba a &eacute;l de que estudiaba periodismo, que quer&iacute;a especializarse como corresponsal internacional y de sus libros y pel&iacute;culas favoritas. Por acuerdo t&aacute;cito evitaban hablar en el gimnasio de cualquier tema referente a su transexualidad, pero en los ratos a solas cuando la acompa&ntilde;aba a su casa despu&eacute;s del entrenamiento ella se mostraba abierta y comunicativa.<\/p>\n<p>El s&aacute;bado Carlo no pod&iacute;a parar de emoci&oacute;n. Ni siquiera entrenarse duro en el gimnasio hasta que not&oacute; que los m&uacute;sculos le ard&iacute;an bast&oacute; para tranquilizarse. Aunque todav&iacute;a quedaban varias horas para tener que pasar a recoger a Thal&iacute;a decidi&oacute; ir directo a la ducha. Mientras se enjabonaba la imagen del cuerpo desnudo de la chica se le aparec&iacute;a una y otra vez en la cabeza, caus&aacute;ndole retortijones producto del deseo y el nerviosismo. Si todo iba bien esa noche, quiz&aacute; se enfrentar&iacute;a a una experiencia nueva en pocas horas.<\/p>\n<p>Recordando de pronto que hac&iacute;a casi una semana que no cambiaba las s&aacute;banas sali&oacute; precipitadamente de la ducha y tras envolverse las estrechas caderas con una toalla mud&oacute; la cama, rociando despu&eacute;s algo de perfume por la habitaci&oacute;n y abriendo las ventanas para que ventilase. Cogi&oacute; el m&oacute;vil y anunci&oacute; a Enrique que ir&iacute;a acompa&ntilde;ado a la fiesta, esperaba que aquello le forzase a romper un poco el cascar&oacute;n de timidez en el que se hab&iacute;a refugiado. Si no lo hac&iacute;a, perder&iacute;a a Dami&aacute;n quien no estaba demasiado dispuesto a seguir esperando a que el otro diese un paso adelante.<\/p>\n<p>Dirigi&eacute;ndose al armario eligi&oacute; una camisa en un elegante tono beige con botones con destellos dorados, un pantal&oacute;n marr&oacute;n, tan oscuro que casi era negro, y zapatos de cuero a juego. Complement&oacute; el conjunto con un gran reloj con la esfera chapada en oro y la correa de cuero de su color natural. Con mucho cuidado pein&oacute; y engomin&oacute; sus rizos oscuros y tras olisquear todas las colonias que guardaba en el ba&ntilde;o se decant&oacute; por la que ten&iacute;a notas de madera y s&aacute;ndalo. Eligi&oacute; una trenca de lana ligera y se contempl&oacute; en el espejo. Con su planta estaba impresionante. Muy satisfecho con su aspecto sali&oacute; de casa dando grandes zancadas, impaciente por llegar al portal de la chica.<\/p>\n<p>Thal&iacute;a no le hizo esperar. A la hora acordada sali&oacute; del portal y dio un golpecito en el hombro a Carlo. En cuanto la vio se le descolg&oacute; la mand&iacute;bula y los ojos saltaron de sus &oacute;rbitas. La joven estaba espectacular. Hab&iacute;a elegido un vestido en dos tonos azules que realzaba su estilizada figura, parte de sus generosos pechos quedaban a la vista debido al escote, amplio, pero sin ser vulgar. Por primera vez se hab&iacute;a puesto tacones y la diferencia de altura se hab&iacute;a reducido a escasos mil&iacute;metros. Su largu&iacute;sima melena dorada estaba bien cepillada y ca&iacute;a como una cascada de oro hasta rozar sus m&aacute;s que firmes nalgas, pero lo mejor eran sus ojos. Realzados por una capa de maquillaje azul parec&iacute;an dos pedazos de hielo m&aacute;s que nunca, pero transmit&iacute;an tanto calor que Carlo pens&oacute; que se derretir&iacute;a. Una gabardina de color azul medianoche echada por los hombros remataba el conjunto, y hasta &eacute;l lleg&oacute; un perfume floral y dulce.<\/p>\n<p>&ndash;Est&aacute;s m&aacute;s guapa que nunca &ndash;consigui&oacute; decir tragando varias veces saliva.<\/p>\n<p>La chica le dedic&oacute; un dulce parpadeo y una t&iacute;mida sonrisa mientras se cog&iacute;a de su brazo. A trav&eacute;s de la tela a Carlo le llegaba el calor que emanaba su cuerpo, volvi&eacute;ndole loco.<\/p>\n<p>&ndash;Gracias, t&uacute; tampoco est&aacute;s nada mal.<\/p>\n<p>Juntos fueron a encontrarse con Dami&aacute;n y Enrique. Dami&aacute;n le dirigi&oacute; una amplia sonrisa antes de centrar su atenci&oacute;n en un Enrique m&aacute;s cohibido que nunca. Por su parte el italiano solo ten&iacute;a ojos para Thal&iacute;a, que se apretaba contra &eacute;l con toda confianza. Ni siquiera se solt&oacute; de su brazo cuando llegaron a la discoteca y entregaron sus abrigos al encargado del guardarropa. El grupo se separ&oacute; y Carlo se centr&oacute; en la chica por completo. Alguno de sus compa&ntilde;eros de clase les salud&oacute; al pasar con ella en direcci&oacute;n a la pista de baile, que empezaba a estar animada. Con una luminosa sonrisa le cogi&oacute; la mano y se lanz&oacute; a bailar.<\/p>\n<p>Se notaba que acud&iacute;a a baile. Su cuerpo atl&eacute;tico se mov&iacute;a al ritmo de la m&uacute;sica con tanta sensualidad y erotismo que Carlo sinti&oacute; crecer una erecci&oacute;n en sus pantalones. Uni&eacute;ndose a ella se peg&oacute; cuanto pudo y comenz&oacute; a bailar, frot&aacute;ndose a su vez. La rubia se agarr&oacute; a &eacute;l sin perder la sonrisa. Con la m&uacute;sica atronando ni siquiera eran conscientes de las dem&aacute;s personas que bailaban a su alrededor, daban vueltas y m&aacute;s vueltas, sus cuerpos se enlazaban o se separaban en caprichosos giros y los labios entreabiertos de Thal&iacute;a parec&iacute;an invitarle a acercarse cada vez m&aacute;s y m&aacute;s hasta que por fin, sin contenerse m&aacute;s tiempo, agarr&oacute; a la joven por las caderas y sin dejar de bailar la bes&oacute;.<\/p>\n<p>Sus labios sab&iacute;an a fresa, sin duda por el pintalabios elegido, y se abrieron ante la presi&oacute;n de los suyos permitiendo el paso a su lengua. Casi con ansia enred&oacute; sus dedos en la larga melena de la chica y la atrajo m&aacute;s y m&aacute;s hacia &eacute;l, hasta que su notoria erecci&oacute;n se apret&oacute; contra el cuerpo c&aacute;lido de la chica. Para su sorpresa not&oacute; lo mismo en ella, una c&aacute;lida presi&oacute;n un poco por encima de su cintura que, lejos de desagradarle, le excit&oacute; sobremanera. Sin soltar la dorada cabellera consult&oacute; la hora en su reloj comprobando con sorpresa que llevaban m&aacute;s de dos horas bailando.<\/p>\n<p>La fiesta estaba en su apogeo y cualquier otra noche Carlo la habr&iacute;a disfrutado enormemente, pero tan solo quer&iacute;a salir de all&iacute;. Inclin&aacute;ndose sobre su acompa&ntilde;ante inspir&oacute; su aroma a flores y vainilla y la abraz&oacute; por la fina cintura. La joven ech&oacute; sus brazos al cuello del italiano y peg&oacute; sus labios a su o&iacute;do, para poder hacerse o&iacute;r sobre el volumen de la m&uacute;sica. La presi&oacute;n de sus pechos contra su cuerpo era una sensual promesa, un anticipo de lo que podr&iacute;a disfrutar m&aacute;s adelante.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te apetece venirte a mi casa? La fiesta est&aacute; bien, pero prefiero con mucho si seguimos solos t&uacute; y yo.<\/p>\n<p>Carlo asinti&oacute; con la cabeza y tomando de la mano a Thal&iacute;a la arrastr&oacute; hasta el guardarropa. Se plante&oacute; si deb&iacute;a enviar un mensaje a sus amigos, pero al final decidi&oacute; que pod&iacute;an vivir sin &eacute;l una noche. En cuanto recibi&oacute; sus abrigos utiliz&oacute; su inmenso corpach&oacute;n para abrirse paso hasta la salida. Ya en la calle se encamin&oacute; hasta una parada de taxis cercana. Abri&oacute; la puerta a Thal&iacute;a con caballerosidad y galanter&iacute;a y entr&oacute; tras ella, dando la direcci&oacute;n al taxista en cuanto se sent&oacute; en el vencido asiento de cuero del coche.<\/p>\n<p>Aunque se mor&iacute;a de ganas por volver a besarla ella le indic&oacute; con un gesto que esperase. La luz de las farolas entraba a trav&eacute;s de la ventanilla e iluminaba tan solo la mitad de su cara, haciendo brillar sus ojos en la semipenumbra reinante. Su intenso perfume le llegaba ahora con toda claridad y pod&iacute;a ver a trav&eacute;s del escote la piel suave y tersa de sus grandes senos. Ansiaba pasar sus manos por ellos, comprobar su peso, ver si pod&iacute;a abarcarlas por completo o si deber&iacute;a apretarlas. Thal&iacute;a sigui&oacute; su mirada y con cierta maldad al comprobar en qu&eacute; se estaba centrando se baj&oacute; algo m&aacute;s el vestido.<\/p>\n<p>En cuanto el taxista les dej&oacute; frente al portal de la chica esta escolt&oacute; al italiano. En el ascensor, a salvo de cualquier mirada, sus labios volvieron a juntarse en un apasionado beso. Las manos del joven recorrieron las curvas de la chica, se detuvieron en su estrecha cintura, indecisas y por fin subieron hasta sus grandes pechos. Carlo masaje&oacute; los senos de la chica arranc&aacute;ndola un gemido. El tejido del vestido era m&aacute;s r&iacute;gido de lo que esperaba, apenas le permit&iacute;a sentir nada por debajo de la tela. Con cierta frustraci&oacute;n desliz&oacute; las manos hacia abajo y agarr&aacute;ndola por las nalgas la peg&oacute; m&aacute;s contra &eacute;l, sintiendo el bulto de su incipiente erecci&oacute;n en el est&oacute;mago.<\/p>\n<p>Cuando Thal&iacute;a abri&oacute; la puerta de su piso, zaf&aacute;ndose de las manos de Carlo por un instante, al italiano le entr&oacute; una s&uacute;bita oleada de timidez. Con cierto nerviosismo examin&oacute; el apartamento, much&iacute;simo m&aacute;s peque&ntilde;o que el suyo y rebosante de encanto femenino. Percibiendo claramente su inquietud la joven le dio la mano, sonriendo con dulzura, y comenz&oacute; a tirar de &eacute;l hasta el dormitorio. El peque&ntilde;o espacio ol&iacute;a a lilas, lavanda y vainilla, el mismo aroma que emanaba la piel de la joven. Empujando a Carlo le hizo caer en la cama, quedando sentado al borde del colch&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Estoy algo nervioso, no s&eacute; muy bien qu&eacute; debo hacer o&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;Ssssshh&hellip; t&uacute; rel&aacute;jate &ndash;le interrumpi&oacute; la joven mientras se sentaba en su regazo<\/p>\n<p>Con movimientos lentos y sensuales se baj&oacute; la cremallera del vestido. Sus preciosos y perfectos senos quedaron a la altura de la cara de Carlo quien no pudo contenerse. Pas&oacute; las manos por la suave piel mientras ve&iacute;a como los pezones se erizaban a medias por la caricia y a medias por la expectaci&oacute;n. Ni siquiera cuando abarc&oacute; los pechos desde abajo, levant&aacute;ndoles para poder acercarles a su boca, percibi&oacute; las peque&ntilde;as cicatrices de los implantes. Sin duda era un trabajo fant&aacute;stico, incluso el tacto era lo bastante natural como para enga&ntilde;arle.<\/p>\n<p>Atrap&oacute; los pezones de la chica con la boca, mordisque&oacute;, lami&oacute; y chup&oacute; mientras escuchaba como Thal&iacute;a gem&iacute;a y sent&iacute;a sus finos dedos enredados en su pelo. Con una mano sosten&iacute;a el pecho libre y estimulaba el delicado pez&oacute;n, le pellizcaba y le soltaba a intervalos irregulares, jugando caprichoso con la delicada piel algo m&aacute;s rugosa. Incluso en la semioscuridad del cuarto pod&iacute;a ver que la piel ros&aacute;cea tan solo era un par de tonos m&aacute;s oscura que el resto, de un adorable tono pastel que se oscurec&iacute;a bajo sus expertas caricias. Thal&iacute;a empez&oacute; a mover las caderas, refrot&aacute;ndose sobre la entrepierna del italiano que gimi&oacute; a su vez, apretando m&aacute;s el pez&oacute;n con sus labios.<\/p>\n<p>Mirando a los ojos de la chica rode&oacute; todo el seno con ligeros besos, deteni&eacute;ndose de vez en cuando para dar un ligero mordisco. Sonri&oacute; con cierta maldad y sosteni&eacute;ndola la mirada succion&oacute; su delicada piel, dejando marcados los dientes en un oscuro chupet&oacute;n. Thal&iacute;a solt&oacute; una risita y empuj&aacute;ndole hacia atr&aacute;s le hizo tumbarse en la cama. Carlo cedi&oacute; el mando, dejando que le quitase la camisa mientras contemplaba embobado como oscilaban sus firmes pechos mientras se mov&iacute;a. Se incorpor&oacute; ligeramente para facilitar que le quitase la camisa y la observ&oacute; mientras se pon&iacute;a de pie. Con un &uacute;nico movimiento dej&oacute; caer el vestido a sus pies y sali&oacute; de &eacute;l con un ligero pasito. All&iacute; de pie, vestida &uacute;nicamente con los altos tacones y un tanga azul a juego que consegu&iacute;a disimular con bastante &eacute;xito su erecci&oacute;n, a Carlo se le antoj&oacute; preciosa. Un &aacute;ngel rubio, un hada de cuento, una diosa del erotismo.<\/p>\n<p>Gateando sobre el cuerpo del italiano desabroch&oacute; su pantal&oacute;n y agarrando juntos el b&oacute;xer y el pantal&oacute;n les arrastr&oacute; juntos hasta el suelo. El chico termin&oacute; de deshacerse de ellos con dos certeras patadas mientras sosten&iacute;a la estrecha cintura de Thal&iacute;a que se inclin&oacute; para besarle. La impresionante erecci&oacute;n de Carlo, de diecinueve cent&iacute;metros y muy gruesa, llamaba poderosamente la atenci&oacute;n. La chica baj&oacute; por el cuerpo tonificado de Carlo y con una sonrisa p&iacute;cara pas&oacute; la lengua desde la base de los test&iacute;culos hasta el glande, en una lenta caricia h&uacute;meda que arranc&oacute; un gemido al joven. Sin apresurarse, dej&aacute;ndole sentir cada m&iacute;nimo movimiento, volvi&oacute; a trazar el mismo recorrido, pero en sentido inverso. Aplast&oacute; sus pechos contra los muslos del italiano y mir&aacute;ndole fijamente meti&oacute; el glande en su boca.<\/p>\n<p>Lamiendo con delicadeza desliz&oacute; los labios hacia abajo, tragando hasta la mitad. Cuando ascendi&oacute; apret&oacute; m&aacute;s y dej&oacute; un cerco rojizo del pintalabios, difuminado debido a la saliva que escapaba de su boca. La joven era una provocadora nata, y los ojos desorbitados del italiano no pod&iacute;an apartarse de ella. Con cierta ansia trag&oacute; m&aacute;s, empujando dos tercios del grueso pene del chico dentro de su boca, dejando que invadiese su garganta. Con un sonido h&uacute;medo, a medias gemido y a medias arcada, empuj&oacute; nuevamente, hasta que el pubis cubierto de rizos oscuros de Carlo golpe&oacute; su nariz. Empez&oacute; a moverse, metiendo y sacando su pene de la boca mientras ascend&iacute;a en velocidad. Al moverse sus grandes senos masajeaban los muslos de Carlo, quien pod&iacute;a notar su peso y su calor. Ni siquiera fue consciente de cu&aacute;ndo se bajaba el tanga y comenzaba a masturbarse.<\/p>\n<p>Incorpor&aacute;ndose ligeramente escupi&oacute; sobre su pene y antes de que pudiese procesar el motivo le abarc&oacute; entre sus pechos. Masaje&oacute; con ellos la base, les apret&oacute; y les movi&oacute; para masturbar toda su longitud con las grandes esferas de carne. Acaricio su pene desde la base hasta el glande, sintiendo como goteaba sobre su piel el l&iacute;quido preseminal. Carlo gem&iacute;a y musitaba algo ininteligible con su caracter&iacute;stico acento italiano. La chica sonri&oacute; e inclin&oacute; la cabeza, lo justo para poder pasar la lengua por el glande. El gemido que escap&oacute; de entre los labios de Carlo fue casi un grito de placer. Espoleada por ello baj&oacute; m&aacute;s la cabeza y consigui&oacute; tragar hasta la mitad del pene sin dejar de masajearle con sus senos.<\/p>\n<p>Sub&iacute;a y bajaba cada vez m&aacute;s deprisa. Carlo alarg&oacute; las manos y aferr&oacute; con una la dorada cabellera de Thal&iacute;a mientras usaba la otra para acariciar el pez&oacute;n derecho. Empujaba su cabeza cada vez m&aacute;s fuerte, moviendo desquiciado las caderas mientras acariciaba el pecho. Thal&iacute;a no daba muestras de incomodidad, aceptando que Carlo marcase el ritmo deseado sin protestar. La saliva se deslizaba de su boca y lubricaba sus pechos, ayudando a que se moviese a la velocidad deseada. Sus h&uacute;medos gemidos llenaban el cuarto y se entremezclaban con los de &eacute;l que casi gritaba, follando sin tregua su boca. Era la mejor mamada que hab&iacute;a recibido nunca, estaba casi al l&iacute;mite y no sab&iacute;a si quer&iacute;a parar para no agotarse o si lo que m&aacute;s deseaba era terminar en su boca.<\/p>\n<p>Thal&iacute;a tom&oacute; la decisi&oacute;n por &eacute;l cuando se levant&oacute; y solt&oacute; su pene, m&aacute;s duro que antes y embadurnado de saliva y manchas de pintalabios. Estir&aacute;ndose en la cama al lado de Carlo le pas&oacute; un preservativo que sac&oacute; del caj&oacute;n junto con un bote de lubricante. Al ver su desconcierto abri&oacute; ella misma el preservativo y se le puso al joven, asegur&aacute;ndose de que quedaba bien colocado y no hab&iacute;a burbujas. Le masturb&oacute; ligeramente para que se habituase al l&aacute;tex y se estir&oacute; para que pudiese contemplarla, mordi&eacute;ndose el labio con una ligera inquietud.<\/p>\n<p>&ndash;No s&eacute; bien qu&eacute; quieres que haga &ndash;confes&oacute; el chico mientras se la com&iacute;a con los ojos.<\/p>\n<p>Para su alivio, Thal&iacute;a no era demasiado grande. Su pene erecto y h&uacute;medo mostraba un glande rosado, no demasiado oscuro, y no medir&iacute;a m&aacute;s de diecis&eacute;is cent&iacute;metros, no demasiado grueso y sin venas visibles. La joven se hizo cargo de su inexperiencia y con una sonrisa alentadora, sin rastro de inquietud o preocupaci&oacute;n, le cogi&oacute; la mano derecha y la dej&oacute; sobre su pecho. El contacto familiar pareci&oacute; calmar tambi&eacute;n a Carlo que llev&oacute; la mano al pubis de la joven, que gimi&oacute; levemente.<\/p>\n<p>&ndash;Quiero que disfrutes, &iquest;te apetece tocarlo? &ndash;al ver que el italiano asent&iacute;a le anim&oacute; arrimando m&aacute;s sus caderas a &eacute;l&ndash;. Hazlo, ve despacio y no aprietes mucho. Yo te guiar&eacute;.<\/p>\n<p>Carlo tendi&oacute; la mano y agarr&oacute; el pene de Thal&iacute;a, sorprendentemente suave. Irradiaba calor y parec&iacute;a encajar perfectamente en su mano. Con cierta torpeza empez&oacute; a mover la mano arriba y abajo, intentando imitar en ella lo que a &eacute;l le gustaba y le excitaba. Sus esfuerzos se vieron recompensados por el agudo gemido de placer que emiti&oacute; y, m&aacute;s confiado, empez&oacute; a mover m&aacute;s deprisa la mano. Con cierta curiosidad frot&oacute; el frenillo de Thal&iacute;a, observando como sal&iacute;a el l&iacute;quido preseminal cuando lo hac&iacute;a. Al ver sus dedos cubiertos de fluido no pudo contenerse y se inclin&oacute; sobre el pene erecto de la joven. Se pas&oacute; la lengua por los labios nervioso y dirigi&oacute; la mirada a la cara de la chica. Su sonrisa era tranquila, alentadora, pero nada exigente. Supo que aceptar&iacute;a lo que quisiera hacer, aunque no le presionaba. La elecci&oacute;n era suya.<\/p>\n<p>Abriendo la boca meti&oacute; el glande en ella. El sabor le result&oacute; extra&ntilde;o, ligeramente m&aacute;s salado de lo esperado, pero para nada desagradable. No sab&iacute;a bien qu&eacute; hacer, por lo que se qued&oacute; as&iacute;, pasando la lengua por cada rinc&oacute;n del glande hasta que encontr&oacute; el orificio. La joven gimi&oacute; y agarrando los oscuros rizos de Carlo le empuj&oacute; con suavidad para que empezase a bajar si as&iacute; quer&iacute;a. Muy despacio, intentando no tener arcadas, trag&oacute; hasta que se activ&oacute; el reflejo far&iacute;ngeo, momento en el que se apart&oacute; tosiendo, incapaz de seguir. Ni siquiera hab&iacute;a llegado a la mitad.<\/p>\n<p>&ndash;Despacio, despacio. No es necesario que vayas deprisa, es dif&iacute;cil controlar las arcadas. No tragues tanto, es tu primera vez, as&iacute; que es mejor que vayas despacio y vigiles los dientes.<\/p>\n<p>Carlo asinti&oacute;, algo avergonzado. Volvi&oacute; a humedecerse los labios y agarrando la base del pene para marcarse un tope y a la vez no desatender toda la superficie que no pod&iacute;a lamer lo intent&oacute; de nuevo. El glande entr&oacute; sin problemas y, con confianza renovada, aprovech&oacute; a pasar la lengua por el frenillo y el orificio antes de bajar un poco m&aacute;s. Teniendo buen cuidado de no rozar con los dientes y de no llegar a tocar la parte posterior de su boca para no causarse arcadas empez&oacute; a tragar, movi&eacute;ndose con cierta rigidez por la falta de costumbre.<\/p>\n<p>Poco a poco gan&oacute; confianza, acelerando y atrevi&eacute;ndose a tragar algo m&aacute;s. Con cierta indecisi&oacute;n solt&oacute; el pecho de la chica y ahuecando la mano tante&oacute; sus test&iacute;culos, mucho m&aacute;s peque&ntilde;os que los suyos, pero infinitamente m&aacute;s suaves y carentes de vello. Thal&iacute;a gem&iacute;a y gem&iacute;a y con habilidad consigui&oacute; pasar una pierna al otro lado de su cabeza, dej&aacute;ndole entre sus dos muslos. Abriendo la botella de lubricante empez&oacute; a masturbarse, meti&eacute;ndose dos dedos en su ano para comenzar a dilatar. Carlo se percat&oacute; de lo que hac&iacute;a y soltando el pene, confiando en que no volver&iacute;a a causarse arcadas, la ayud&oacute; a extender el lubricante. Sus dedos entraron y salieron con facilidad del ano de la joven que se dilat&oacute; sin problemas. Su estrecho esf&iacute;nter acept&oacute; sin problemas los dedos de la joven que se sumaban a los de Carlo en una masturbaci&oacute;n r&aacute;pida y fren&eacute;tica.<\/p>\n<p>La joven levant&oacute; m&aacute;s sus piernas hasta que sus rodillas quedaron en el colch&oacute;n, en una muestra de su sorprendente elasticidad. Con un provocador gemido se ech&oacute; hacia atr&aacute;s en la cama, mir&aacute;ndole con confianza y lujuria. Carlo se incorpor&oacute; y se lanz&oacute; a capturar sus labios. Ten&iacute;a el pintalabios corrido y difuminado, pero no le import&oacute; en lo m&aacute;s m&iacute;nimo. Sus labios se pegaron a los de la chica que le abraz&oacute; con fuerza mientras &eacute;l guiaba su pene a la entrada de su ano. Con un salvaje empuj&oacute;n se introdujo entero en el ano de la chica que gimi&oacute; con fuerza, clavando sus u&ntilde;as en la espalda del italiano que empez&oacute; a moverse, algo sorprendido por lo r&aacute;pido que el esf&iacute;nter de Thal&iacute;a parec&iacute;a aceptarle.<\/p>\n<p>Empuj&oacute; con las caderas, entrando y saliendo a gran velocidad. Debajo de &eacute;l la chica se retorc&iacute;a y gem&iacute;a aferrada a su espalda. Sus grandes senos se balanceaban arriba y abajo y Carlo aferr&oacute; uno de ellos, descargando parte de su peso sobre la joven mientras segu&iacute;a moviendo las caderas. Jadeando retuvo el pecho en su mano, calcando m&aacute;s hasta que sus dedos se hundieron en la suave piel de la chica que gimi&oacute; m&aacute;s y mordi&oacute; el hombro del chico. Colando la mano entre ambos Carlo aferr&oacute; el pene de Thal&iacute;a y le masturb&oacute; arriba y abajo, intentando no perder el ritmo ni desacelerar sus embestidas. Volviendo a besar a la joven pellizc&oacute; el delicado pez&oacute;n y tir&oacute; de &eacute;l mientras mordisqueaba su labio.<\/p>\n<p>&ndash;Para, quiero cambiar de postura. T&uacute;mbate t&uacute; en la cama.<\/p>\n<p>Carlo obedeci&oacute;, algo fastidiado por tener que parar cuando se empezaba a acercar de nuevo al orgasmo. En cuanto estuvo tumbado boca arriba la chica pas&oacute; una pierna perfecta por encima y qued&oacute; sentada a horcajadas sobre &eacute;l. Elev&aacute;ndose sobre las rodillas cogi&oacute; el pene del joven y orient&aacute;ndolo hacia su ano se sent&oacute; en &eacute;l con un experto movimiento que la arranc&oacute; un agudo gemido de placer. Ante la at&oacute;nita mirada de Carlo, en la que se combinaba el morbo con el placer absoluto, comenz&oacute; a cabalgarle con m&aacute;s que evidente pericia. Sus maravillosos pechos rebotaban arriba y abajo y su pene golpeaba al joven en el vientre, goteando l&iacute;quido preseminal sobre su piel morena.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Joder, nena! Eres incre&iacute;ble. Non ti fermi7, preciosa &iexcl;Non ti fermi!<\/p>\n<p>Thal&iacute;a sonri&oacute; y comenz&oacute; a moverse m&aacute;s deprisa, deteni&eacute;ndose de vez en cuando para rotar sus caderas en un movimiento circular destinado a volverle loco. Carlo volvi&oacute; a agarrar el pene de la chica, tan r&iacute;gido que ahora s&iacute; se marcaban un par de venas sutiles. Le masturb&oacute; todo lo r&aacute;pido que pudo, jadeando y gimiendo mientras Thal&iacute;a hac&iacute;a lo mismo. Cada vez m&aacute;s deprisa, la chica se ech&oacute; hacia atr&aacute;s arqueando la espalda y con un grito se rindi&oacute; al orgasmo, que cay&oacute; sobre el vientre y la mano del italiano quien la agarr&oacute; de la estrecha cintura. Empuj&aacute;ndola arriba y abajo con extrema facilidad se impuls&oacute; un par de veces m&aacute;s antes de que su propio orgasmo le alcanzase. Con un grito ronco y grave experiment&oacute; uno de los mayores orgasmos de su vida, tan intenso que le cort&oacute; la respiraci&oacute;n moment&aacute;neamente.<\/p>\n<p>La joven cay&oacute; exhausta sobre su pecho, con su pene empezando a deshincharse atrapado entre ambos cuerpos. Carlo se removi&oacute; lo justo para poder sacar su pene del ano de la chica y la abraz&oacute; con fuerza. Incluso ahora, con el cuerpo cubierto de una fina pel&iacute;cula de sudor, segu&iacute;a oliendo divinamente: flores y vainilla. Acarici&oacute; la larga cabellera dorada de la chica y se libr&oacute; del cond&oacute;n procurando no moverla demasiado. Estirada encima de &eacute;l su respiraci&oacute;n se hab&iacute;a ralentizado. La apart&oacute; el pelo de la cara y, aunque abri&oacute; la boca para preguntarla qu&eacute; tal, al ver que se hab&iacute;a quedado dormida volvi&oacute; a cerrarla. La dio un ligero beso en la frente y tras echarse por encima el edred&oacute;n se acomod&oacute; para dormir. Ma&ntilde;ana tendr&iacute;an tiempo de sobra.<\/p>\n<p>1. Y sobre esto no llueve (equivale a &ldquo;y punto&rdquo; en castellano)<\/p>\n<p>2. Eres la mujer m&aacute;s hermosa que he visto.<\/p>\n<p>3. Gilipollas<\/p>\n<p>4. Un clavo saca otro clavo<\/p>\n<p>5. Pero no entiendo<\/p>\n<p>6. Te doy mi palabra de honor<\/p>\n<p>7. No te pares<\/p>\n<p>&ndash;Nota de ShatteredGlassW&ndash;<\/p>\n<p>Antes de agradeceros la lectura quisiera pedir disculpas por la demora en subir el relato, entre las fiestas y que no me convenc&iacute;a la tem&aacute;tica elegida he apurado mucho el plazo con el que suelo trabajar, y tambi&eacute;n quisiera adem&aacute;s clarificar un par de puntos:<\/p>\n<p>En primer lugar quiero decir que espero haber tratado con respeto el personaje de Thal&iacute;a. Aunque sea una mujer trans, he procurado no fetichizar su transexualidad e intentar un acercamiento respetuoso con el que integrar esa faceta suya de manera org&aacute;nica, no siendo el eje central de la atracci&oacute;n de Carlo hacia ella. Carlo la desea porque la ve una mujer hermosa, que es lo que ella es y ser&aacute; siempre al margen de sus genitales. Espero que eso quede claro y no haya malos entendidos. Del mismo modo, Carlo todav&iacute;a sigue defini&eacute;ndose a s&iacute; mismo como hetero. Si en el futuro eso cambia o no, queda &uacute;nicamente a mi criterio y potestad.<\/p>\n<p>En segundo lugar, Thal&iacute;a no es hostil hacia &eacute;l al inicio por ser trans. Es hostil porque, precisamente por ser trans, se ha tenido que enfrentar a una serie de situaciones y conlictos que han dejado su huella en ella, aunque no voy a revelar nada m&aacute;s porque eso lo contar&eacute; en futuros relatos y lo considero un spoiler.<\/p>\n<p>En tercer lugar, no hablo apenas italiano, as&iacute; que si he cometido alg&uacute;n error en las expresiones o la gram&aacute;tica pido disculpas por ello. He intentado contrastar las expresiones que he usado, pero no puedo garantizar nada.<\/p>\n<p>Ya por fin gracias a todos por haber le&iacute;do este relato aunque se aleje de la tem&aacute;tica gay que suelo tratar. Espero que no se os haya hecho demasiado lento, entended que es el relato introductorio de la relaci&oacute;n entre Carlo y Thal&iacute;a y por eso el sexo se ha demorado algo en aparecer, prometo que los siguientes donde intervengan Thal&iacute;a y Carlo ser&aacute;n m&aacute;s &aacute;giles.<\/p>\n<p>Si ten&eacute;is comentarios o sugerencias y quer&eacute;is comunicaros de una forma m&aacute;s personal conmigo pod&eacute;is hacerlo a trav&eacute;s de mi correo electr&oacute;nico: shattered_glass_writer@outlook.com.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 33<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>La vida de Carlo siempre hab&iacute;a sido sencilla. Mimado desde peque&ntilde;o, era el menor de la familia. Sus dos hermanas mayores siempre le hab&iacute;an querido y adorado por ser el &uacute;nico ni&ntilde;o, igual que sus padres y sus abuelos y sus t&iacute;os y sus primos&hellip; De ascendencia italiana, su padre proven&iacute;a de unos acaudalados mercaderes [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":23677,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[32],"tags":[],"class_list":{"0":"post-40446","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-transexuales"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40446","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/23677"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40446"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40446\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40446"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40446"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40446"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}