{"id":40516,"date":"2023-01-07T23:12:55","date_gmt":"2023-01-07T23:12:55","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-01-07T23:12:55","modified_gmt":"2023-01-07T23:12:55","slug":"como-movia-el-culo-mi-mujer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/como-movia-el-culo-mi-mujer\/","title":{"rendered":"C\u00f3mo mov\u00eda el culo mi mujer"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"40516\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">3<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Est&aacute;bamos pasando un per&iacute;odo de vacaciones en la Costa, disfrutando de los entretenimientos que se ofrecen al turista en aquellos lugares, museos, sitios de inter&eacute;s, balnearios, restaurantes, bares, discotecas y sitios de entretenimiento para adultos. La estancia transcurr&iacute;a sin contratiempos y hab&iacute;amos gastado el tiempo realizando diferente tipo de actividades hasta que lleg&oacute; el viernes, el fin de semana, que pareciera despierta deseos dormidos.<\/p>\n<p>Caminando por las calles del centro hist&oacute;rico nos topamos con Imperio Night Club, aparentemente una discoteca de las muchas que pueden encontrarse por all&iacute;. Y, no s&eacute;, por alguna raz&oacute;n no sentimos impulsados a entrar y echar una mirada. As&iacute; que entramos. De entrada, el ambiente nos cautiv&oacute;. Hab&iacute;a buena m&uacute;sica, una iluminaci&oacute;n atractiva y gente divirti&eacute;ndose, bailando animadamente. No tuvimos dudas, entonces, y buscamos d&oacute;nde acomodarnos, con la intenci&oacute;n de pasar parte de la noche ah&iacute;.<\/p>\n<p>La m&uacute;sica nos encant&oacute; desde el principio y r&aacute;pidamente nos vimos bailando, disfrutando del ambiente, y tambi&eacute;n, bien pronto, pude percibir como gente alrededor, hombres, principalmente, le echaban una mirada de reojo a mi mujer, que, desenvuelta, se mov&iacute;a instintivamente al ritmo de la m&uacute;sica, totalmente desinteresada de lo que ocurr&iacute;a a su alrededor. Simplemente disfrutaba del momento y del ambiente del lugar. Y, en principio, nuestra velada transcurr&iacute;a en calma. Nos tom&aacute;bamos unos tragos de ron, de cuando en vez, y bail&aacute;bamos y bail&aacute;bamos, para no desperdiciar el tiempo.<\/p>\n<p>El ejercicio, sin embargo, al cabo del tiempo, causa desgaste. Y yo, por lo tanto, requiero tiempo de recuperaci&oacute;n antes de volver al ataque. Pero mi esposa, no s&eacute;, en estos momentos, pareciera ser inagotable. As&iacute; que, mientras yo me puse en modo reposo, ella sigui&oacute; bailando sola y, l&oacute;gico, alguien tendr&iacute;a que aparecer para hacerle compa&ntilde;&iacute;a. Su eventual parejo, un hombre de la misma condici&oacute;n m&iacute;a, pues, encontr&oacute; en ella la pareja de baile para no, tal vez, danzar solo.<\/p>\n<p>Finalizada la tanda, ella volvi&oacute; a la mesa para tomar algo de agua, y, reci&eacute;n empez&oacute; a sonar la m&uacute;sica, apareci&oacute; otro hombre, m&aacute;s joven, convid&aacute;ndola a bailar. Y ella, sin recato alguno, y tal vez halagada por haber sido escogida por un hombre m&aacute;s joven, lo acept&oacute;. Se alejaron, entonces, y empezaron a bailar muy animadamente. Pronto vi que parecieron congeniar y armonizar. El tipo bailaba bien, sin duda, y se acoplaba bien con ella como pareja de baile. Indudablemente, desde mi perspectiva, ella disfrutaba de su compa&ntilde;&iacute;a.<\/p>\n<p>Terminada una tanda, ella volvi&oacute; a la mesa. El pareci&oacute; tomar otro camino. As&iacute; que, mientras pasaban los minutos, charlamos un rato. Me cont&oacute; que el sitio estaba excelente, que la m&uacute;sica estaba muy buena, que el muchacho era oriundo del lugar, que ven&iacute;a con regularidad al sitio, que hab&iacute;a venido con un grupo de amigos, que iba a darles una vuelta, motivo por el cual se hab&iacute;a ausentado, y que bailaba muy bien. Que la estaba pasando rico, sin m&aacute;s comentarios.<\/p>\n<p>El ambiente era de fiesta, as&iacute; que le pregunt&eacute; si estaba cansada y me contest&oacute; que no, por lo cual le hice se&ntilde;as para que sali&eacute;ramos a bailar de nuevo. Y, otra vez, como muchas veces antes, nos dirigimos a la pista. Estuvimos danzando un largo rato al ritmo de salsa, merengues, bachatas, vallenatos, boleros y no s&eacute;, qu&eacute; tantos otros ritmos m&uacute;sica colocaron all&iacute; para deleite de todos. Al final bail&aacute;bamos todo y la est&aacute;bamos pasando bien. Y, ya pasadas las 2 am, entramos en receso. Volvimos a la mesa.<\/p>\n<p>Estando all&iacute;, apareci&oacute; de nuevo el lugare&ntilde;o que andaba de rumba con sus amigos. Pero esta vez mi mujer declin&oacute; la invitaci&oacute;n a bailar y convid&oacute; al visitante a que nos acompa&ntilde;ara. Estuvimos conversando un rato sobre lo habitual, d&oacute;nde vive, que hace, cu&aacute;les sus hobbies, etc. Mejor dicho, averigu&aacute;ndole la vida. El tipo, muy espont&aacute;neo, contestaba sin prevenci&oacute;n sus preguntas. Y luego &eacute;l, sin verg&uuml;enza alguna, nos cont&oacute; que ven&iacute;a con frecuencia a ese lugar principalmente en busca de ligar, y que, si hab&iacute;a alguna opci&oacute;n, trataba de no perder la oportunidad.<\/p>\n<p>La conversaci&oacute;n se hab&iacute;a puesto algo caliente, pero, en principio, no le dimos importancia. Mi esposa, h&aacute;bilmente, desvi&oacute; la conversaci&oacute;n hacia otros temas, pregunt&aacute;ndole si hab&iacute;a otros sitios como ese en la ciudad, cu&aacute;l prefer&iacute;a, en d&oacute;nde le iba mejor en sus conquistas, a todo lo cual nos respond&iacute;a con total desparpajo. Al final, como para no seguir con aquel interrogatorio, el tipo le dijo a mi mujer que salieran a bailar y aprovecharan la m&uacute;sica. Ella acept&oacute;. Y, de nuevo, otra vez se dirigieron a la pista, que, para la hora, 3 am tal vez, ya no contaba con tanta gente.<\/p>\n<p>Los pod&iacute;a ver bailando desde donde me encontraba y comprob&eacute; que el tipo estrechaba a mi mujer, de seguro con la intenci&oacute;n de seducirla y hacerle la propuesta indecente: llevarla a la cama. No me pareci&oacute; raro que aquello ocurriera y, de verdad, en vista que yo estaba de espectador, el solo contemplar la idea en mi cabeza me calent&oacute; e los imagin&eacute; fornicando. &iquest;Por qu&eacute; no?<\/p>\n<p>Llegados de nuevo a la mesa y sentados para descansar del ajetreo, el tipo fue directo con ella. Se&ntilde;ora, le dijo, &iquest;estar&iacute;a de acuerdo en hacer el amor conmigo? Los dos nos miramos. Ella, sonriendo, contest&oacute;, me gustar&iacute;a, pero ya es un poco tarde. Si uno quiere y tiene ganas, replic&oacute; &eacute;l, nunca es tarde. Cualquier hora es buena. Ella me volvi&oacute; a mirar de nuevo, como pidiendo consentimiento, y yo asent&iacute; haciendo un gesto de aprobaci&oacute;n con mi cabeza. No s&eacute;, exclam&oacute; ella. A esta hora &iquest;d&oacute;nde podr&iacute;amos conseguir un motel? Eso no es problema, se apur&oacute; a responder &eacute;l. Eso est&aacute; solucionado.<\/p>\n<p>Bueno, dijo ella, &iexcl;vamos! Voy al ba&ntilde;o y no tardo. As&iacute; que se alej&oacute; y nos dej&oacute; a los dos solos. &iquest;Es muy lejos el lugar? Pregunt&eacute;. No, dijo &eacute;l, la verdad, es aqu&iacute; mismo, detr&aacute;s del edificio. All&iacute; hay unas habitaciones donde podemos pasar el rato. Y son buenas, &iquest;amplias? Hmmm, balbuce&oacute;, pues no tanto. Son habitaciones para que las parejas pasen el rato. Ya, contest&eacute;. Hay espacio suficiente para que usted le haga la vuelta a la se&ntilde;ora y nada m&aacute;s. S&iacute;, respondi&oacute; &eacute;l, agachando la cabeza. No se preocupe, dije, si vamos all&aacute; es porque ella quiere. Y si aquello no resulta de su agrado, pues nada que hacer. No hay obligaci&oacute;n. O, &iquest;s&iacute;? No, respondi&oacute; &eacute;l.<\/p>\n<p>Lo &uacute;nico que le pido, continu&eacute;, es que la cosa se d&eacute; sin malos rollos. Ni ella ni yo estamos para l&iacute;os de ninguna clase. Solo disfrute del sexo con ella hasta donde lo permita y ya. &iquest;Se la quiere culear, de verdad? Ella ya est&aacute; mayorcita. S&iacute;, respondi&oacute; &eacute;l. Bueno, contest&eacute;, pues h&aacute;galo bien y no nos vaya a defraudar. Seguro que no, contest&oacute;. En eso lleg&oacute; ella, renovada. El tiempo en el lavabo le sirvi&oacute; para acicalarse y ponerse a punto para su conquista. Esa coqueter&iacute;a en el arreglo me dio a entender que realmente aquel muchacho le hab&iacute;a interesado y que quer&iacute;a que el encuentro funcionara. Bueno, dijo ella, no m&aacute;s llegar, &iquest;d&oacute;nde es la cosa?<\/p>\n<p>S&iacute;ganme dijo el hombre mostr&aacute;ndonos la ruta, caminando delante de nosotros. Bajamos al primer piso, caminamos media cuadra, giramos a la derecha en la esquina y all&iacute;, a no m&aacute;s de veinte metros, estaba la entrada del lugar. Amor fugaz dec&iacute;a el letrero a la entrada de la puerta. El joven, conocido en el sitio, tal vez, lleg&oacute; hasta la recepci&oacute;n, dispuso lo necesario y, volvi&eacute;ndose a nosotros, dijo, listo, tenemos que subir escaleras. La habitaci&oacute;n est&aacute; en el tercer piso. Adelante, indiqu&eacute;, &iexcl;sigamos!<\/p>\n<p>La habitaci&oacute;n no era nada del otro mundo. Un espacio peque&ntilde;o, sencillo y bien decorado, con grandes espejos a lado y lado. Agradable, s&iacute;, pero peque&ntilde;ita. El espacio disponible no exceder&iacute;a m&aacute;s de 2,50 x 2,50 metros. Menos mal ten&iacute;a ba&ntilde;o, pero miniatura. Estaba amoblada con una cama semidoble, una peque&ntilde;a mesa de noche con su l&aacute;mpara, una silla y un peque&ntilde;o televisor plano fijo en la pared. Me incomod&oacute; que el &uacute;nico espacio para situarme a contemplar la faena era a los pies de la cama, pero, no existiendo posibilidades diferentes, ni modo.<\/p>\n<p>No m&aacute;s haber entrado all&iacute;, mi mujer se adentr&oacute; en el ba&ntilde;o. El hombre aquel y yo, quedamos solos, sin saber qu&eacute; hacer. Bueno, dije, yo, seguramente ella va a salir lista para la acci&oacute;n. &iexcl;Prep&aacute;rese! El tipo, entonces, muy obediente, se desnud&oacute; con rapidez y se acost&oacute; en la cama, a la espera de su dama, que no tard&oacute; en hacer su aparici&oacute;n. Al salir del ba&ntilde;o, claro, que aquel tipo estuviera desnudo esper&aacute;ndola en la cama la cogi&oacute; un tanto de sorpresa. De seguro intuy&oacute; que no iba a haber preliminares, caricias y dem&aacute;s, y que el escenario ya estaba dispuesto para lo que se esperaba.<\/p>\n<p>Ella, en consecuencia, empez&oacute; a desnudarse. Vaya, dijo, ten&iacute;as muchas ganas. S&iacute;, contest&oacute; &eacute;l, desde que bailamos la primera vez. Mi esposa acab&oacute; de desnudarse, lo cual no fue dif&iacute;cil, porque, la verdad, al estar en un clima c&aacute;lido, andaba muy ligerita de ropas. Se quit&oacute; la blusa, el brasier y sus pantis, dejando se calzados sus zapatos, y ya, lista para la faena. Lleg&oacute; hasta la cama y se mont&oacute; sobre &eacute;l, que ya ten&iacute;a su miembro erecto, un pene un tanto grande y grueso.<\/p>\n<p>Ella, teniendo claro lo que quer&iacute;a, tom&oacute; aquel miembro con su mano y lo acomod&oacute; para poder sentarse sobre el y que penetrara dentro de su cuerpo. Mojada estaba ella, as&iacute; que aquello no cost&oacute; ning&uacute;n trabajo y la cabalgata comenz&oacute;. Ella qued&oacute; de espaldas a m&iacute;, de manera que observ&eacute; con atenci&oacute;n, en vivo y en directo, con vista privilegiada, como aquel pene era devorado por la cuca de mi mujer con un inusitado apetito. Ella mov&iacute;a sus caderas, adelante y atr&aacute;s, a un lado y al otro, manteniendo insertado en su cuerpo aquel miembro que, apenas cupo en su peque&ntilde;o agujero.<\/p>\n<p>Ese pene, por lo visto, la llen&oacute; por completo y mi esposa lo disfrutaba a plenitud. Ella era quien hac&iacute;a el trabajo con sus movimientos y era ella quien se procuraba a voluntad su propio placer. Los movimientos se volvieron intensos y pronto ella empez&oacute; a gemir. Al principio el sonido parec&iacute;a un simple jadeo, pero despu&eacute;s se oy&oacute; mucho m&aacute;s sonoro; casi que un grito. &iexcl;Caramba! Pensaba yo excitado mientras mi mujer hac&iacute;a de las suyas con su macho. &iexcl;C&oacute;mo mueve el culo mi mujer! Jam&aacute;s antes hab&iacute;a reparado en eso y, ahora, teniendo que contemplarla a ella desde atr&aacute;s, a sus espaldas, era imposible no ver c&oacute;mo se ve&iacute;an sus nalgas en movimiento.<\/p>\n<p>El tipo aprisionaba las nalgas de ella, pero segu&iacute;a ah&iacute;, tendido, pasivo, dejando que ella se deleitara con su cuerpo. Ella, tal vez, disfrutaba tan solo del goce sexual, porque todo el tiempo manten&iacute;a sus ojos cerrados, quiz&aacute; concentr&aacute;ndose en las sensaciones que el contacto con el pene de aquel hombre le estaba produciendo en su cuerpo. Yo, mientras tanto, segu&iacute;a atento los movimientos vigorosos que ella estaba haciendo y que, golpe tras golpe, parec&iacute;a incrementar en intensidad hasta que, de repente, y sin dejar de moverse, exhal&oacute; un sonoro ay, ayyy, aayyy&hellip; al que poco a poco le sigui&oacute; detenerse, quedando tendida sobre el cuerpo de aquel.<\/p>\n<p>Ambos se quedaron tendidos ah&iacute;, un rato. El hombre no quer&iacute;a molestarla, ni exigirle nada, as&iacute; que esper&oacute; a que ella se recuperara del esfuerzo y le diera libertad. Pasaron los minutos y as&iacute; fue. Ella se recost&oacute; a su lado. Entonces &eacute;l, levant&aacute;ndose, le pregunt&oacute; si le permit&iacute;a penetrarla de nuevo. Mi mujer, por supuesto, le respondi&oacute; que s&iacute;. En consecuencia, nuestro macho, ni corto ni perezoso, abri&oacute; sus piernas, se acomod&oacute; en medio de ellas y se recost&oacute; sobre su cuerpo, penetr&aacute;ndola.<\/p>\n<p>Qued&eacute; yo, esta vez, desde atr&aacute;s, observando c&oacute;mo aquel miembro ingresaba dentro del cuerpo de mi put&iacute;sima esposa, que, excitada, abr&iacute;a sus piernas todav&iacute;a m&aacute;s, permitiendo que aquel hombre ingresara a voluntad dentro de ella. Era una delicia ver como se humedec&iacute;a el sexo de mi mujer y como aquel miembro entraba y sal&iacute;a lubricado en cada embate. Ten&iacute;a un calent&oacute;n enorme deber aquello y escuchar nuevamente los gemidos de mi esposa que gustosa se deleitaba con los movimientos de aquel se&ntilde;or.<\/p>\n<p>La faena sigui&oacute; unos minutos m&aacute;s. El dando y ella recibiendo. Su verga deber&iacute;a estar causando estragos en mi mujer, porque para nada se resist&iacute;a a los empujes de aquel y, por el contrario, lo alentaba a que le siguiera dando como lo estaba haciendo. &Eacute;l se retir&oacute; un instante y le pidi&oacute; a ella que se pusiera en posici&oacute;n de perrito. Mi mujer, muy obediente, por dem&aacute;s, r&aacute;pidamente se acomod&oacute; para que el hombre accediera a ella desde atr&aacute;s.<\/p>\n<p>La penetraci&oacute;n debi&oacute; ser placentera y muy profunda. Mi mujer empez&oacute; a hacer gestos y a contorsionar su cuerpo, y a gemir con mucho volumen, en respuesta a cada movimiento de aquel, que, empoderado en su papel de macho dominante, dispon&iacute;a de ella a su entero antojo. Con vigor y mucha rapidez, pronto, bien pronto, la hizo llegar al orgasmo, aunque &eacute;l tambi&eacute;n estaba al l&iacute;mite. Ambos se sacudieron casi que al mismo tiempo. El tipo se retir&oacute; y dejo chorrear su contenido en la espalda de mi esposa. Ella, por un rato, permaneci&oacute; ah&iacute;, en la posici&oacute;n de perrito, pasando el espasmo que le produjo el contacto con aquel.<\/p>\n<p>El tipo se levant&oacute; como un resorte, cogiendo su ropa. Ya es tarde, dijo, tengo compromisos y los debo dejar. &iquest;Me excusan? Pierda cuidado, le dije, todo est&aacute; bien. Mientras &eacute;l entraba al ba&ntilde;o, ella reci&eacute;n se dejaba caer sobre la cama para reposar de la faena y dormitar, porque as&iacute; fue, un rato. El tipo sali&oacute;, se despidi&oacute; y se fue. Y yo me qued&eacute; ah&iacute; contemplando a mi esposa, desnuda sobre la cama, adormilada, reci&eacute;n culiada y contenta, con rostro de satisfacci&oacute;n. Mas tarde me dir&iacute;a que hab&iacute;a tenido uno de los orgasmos m&aacute;s intensos de su vida y que la verga de ese tipo, no sab&iacute;a por qu&eacute;, hab&iacute;a sido toda una delicia.<\/p>\n<p>Sent&iacute;a algo de celos por esa confesi&oacute;n, porque no era el primer hombre con el ella hab&iacute;a tenido sexo, pero este le hab&iacute;a parecido especial. Para m&iacute;, aparte de compartir el gozo de mi esposa ante esta nueva experiencia, lo m&aacute;s impactante fue haberme fijado con que intensidad y apetito mov&iacute;a su culo mientras se deleitaba con el pene de aquel hombre. Su verga, ciertamente, debi&oacute; ser muy rica y apetitosa para ella, porque no deja de recordar el encuentro que tuvo con &eacute;l. Y yo no dejo de recordar c&oacute;mo mov&iacute;a el culo mi mujer&hellip;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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