{"id":40614,"date":"2023-01-18T23:00:00","date_gmt":"2023-01-18T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-01-18T23:00:00","modified_gmt":"2023-01-18T23:00:00","slug":"siglo-xix","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/siglo-xix\/","title":{"rendered":"Siglo XIX"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"40614\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>A finales del s. XIX viv&iacute;a en Madrid una dama, Susana, viv&iacute;a sola de una forma relativamente acomodada gracias a una peque&ntilde;a renta y un piso heredados de sus padres.&nbsp;<\/p>\n<p>En esa &eacute;poca una mujer sola depend&iacute;a de su marido o de su padre. Pero ella no estaba dispuesta a someterse a nadie, quer&iacute;a su libertad. A causa de esto decidi&oacute; buscar una compa&ntilde;&iacute;a lo mas agradable y entretenida posible.<\/p>\n<p>Por culpa de la &eacute;poca pens&oacute; que el esc&aacute;ndalo seria mayusculo, si se buscaba un hombre ya no solo por la moral, nadie se tomar&iacute;a a bien que conviviera con un tipo. Sino adem&aacute;s, el colmo de los colmos, por tomar ella la iniciativa. Y un hombre querr&iacute;a casarse y quedarse con todo, mandar &eacute;l.<\/p>\n<p>Era una chica decidida y caliente. Ten&iacute;a ganas de sacarse las telara&ntilde;as del xoxito con algo m&aacute;s que sus propios dedos.<\/p>\n<p>Ante ese panorama decidi&oacute; que su compa&ntilde;&iacute;a deb&iacute;a ser de su mismo sexo, a poder ser guapa y de origen pobre. Que entrar&iacute;a en su casa en calidad de criada, ama de llaves y se&ntilde;ora de compa&ntilde;&iacute;a todo junto.<\/p>\n<p>Para encontrarla recorri&oacute; porticos de iglesias y sopas de convento. Susana no se amilanaba por nada, disfrazaba su b&uacute;squeda de caridad. As&iacute; pod&iacute;a recorrer Madrid sin que nadie se extra&ntilde;ara, sin esc&aacute;ndalos. Vagaba por las zonas donde se api&ntilde;aban mendigos y los alrededores del Manzanares al oeste y sur de Madrid.<\/p>\n<p>De pronto una casa llam&oacute; su atenci&oacute;n. Una corrala, construcci&oacute;n t&iacute;pica de la &eacute;poca con un patio al que daban corredores abiertos con las puertas de las viviendas. Penetr&oacute; en ella por un corral&oacute;n o corredor sucio y lleno de basuras.<\/p>\n<p>Por all&iacute; pululaban ni&ntilde;os medio desnudos jugando entre los escombros. En un balc&oacute;n un grupo de prostitutas con los pechos al aire, fumaban y reian. Un poco m&aacute;s all&aacute; un hombre pegaba a una mujer y solo ella sab&iacute;a si gemia de dolor o placer.<\/p>\n<p>Un piso mas arriba, una chica tend&iacute;a de una cuerda ropa reci&eacute;n lavada, entre tiestos de geranios. Aquello era un detalle que no pas&oacute; inadvertido. Una pista sobre una joven limpia y trabajadora.<\/p>\n<p>La observ&oacute; atentamente, el cabello recogido en alto descubriendo un cuello fino y elegante. Era morena, los ojos pardos y grandes, la nariz aguile&ntilde;a, los labios rojos gruesos y sensuales, deliciosos y que invitaban al beso.<\/p>\n<p>Su cuello fino y torneado como una columna de m&aacute;rmol que el pobre vestido no pod&iacute;a tapar, el busto que se adivinaba estaba bien formado y parec&iacute;a firme aunque no muy abundante, quiz&aacute; por su juventud.<\/p>\n<p>Los antebrazos aparec&iacute;an finos y las manos peque&ntilde;as asomando de las cortas mangas, casi como los de una dama. Caderas redondeadas y pies descalzos diminutos.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a encontrado lo que buscaba. Se interes&oacute; por la j&oacute;ven que tendr&iacute;a alrededor de los diez y ocho a&ntilde;os, quiz&aacute; los diez y nueve. Se llamaba Casta, hasta ese momento le ven&iacute;a bien el nombre.<\/p>\n<p>Ya se ocupar&iacute;a Susana de que no fuera tan adecuado. Trabajaba en lo que sal&iacute;a siempre que fuera decente, costurera, planchadora o vendedora. Ya no ten&iacute;a familia, todos hab&iacute;an muerto.<\/p>\n<p>Dos chicas solas en el mundo, bien podr&iacute;an hacerse compa&ntilde;&iacute;a. Susana consigui&oacute; que la joven se lo contara todo en su reducido piso alquilado de una habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>La dama le explic&oacute; su situaci&oacute;n y casi la oblig&oacute; a aceptar el trasladarse. Le dar&iacute;a una vida mejor, una educaci&oacute;n y desde luego su trabajo ser&iacute;a mucho m&aacute;s ligero que todo lo que hab&iacute;a hecho hasta entonces.<\/p>\n<p>Susana hab&iacute;a encontrado una flor en el lodo y no iba a dejar que se pudriera en &eacute;l. Metieron apresuradamente las pocas pertenencias de la joven en un coche cerrado para ir al adinerado barrio de Salamanca.<\/p>\n<p>Ya en la casa la persuadi&oacute; a que cambiara sus harapos por un vestido de mejor tela y corte. Y a que se pusiera unos zapatos.<\/p>\n<p>&#8211; Tengo ropa preparada para ti. Vamos desn&uacute;date, no seas t&iacute;mida conmigo. La dos somos mujeres.<\/p>\n<p>La joven Casta no quer&iacute;a abusar de la generosidad de su nueva se&ntilde;ora. Apenas hablaba. Ella la ayud&oacute; a sacarse el ra&iacute;do vestido por encima de la cabeza.<\/p>\n<p>Se puso colorada, su cara y cuello y casi el pecho se pusieron deliciosamente rojos al quedar solo con un viejo cors&eacute; y unas enaguas, pero todo muy limpio. Lo hizo ante la atenta mirada de su bienhechora que no perd&iacute;a detalle.<\/p>\n<p>Susana, qui&eacute;n quiz&aacute;s con la intenci&oacute;n de confundirla m&aacute;s, la beso en la boca tiernamente. La inocencia de la joven sali&oacute; a relucir e impidi&oacute; que volviera a vestirse y se marchara corriendo a la pobre barriada de donde hab&iacute;a salido.<\/p>\n<p>A pesar de todo lo que hab&iacute;a visto en ese barrio Casta hab&iacute;a intentado permanecer pura, literalmente casta. La dama acarici&oacute; suavemente con dos dedos la mejilla de la chica, baj&oacute; por el borde de su mand&iacute;bula hasta el ment&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Eres preciosa. Ya ver&aacute;s lo bien que vamos a estar juntas.<\/p>\n<p>Continu&oacute; bajando por su cuello, bes&aacute;ndolo hasta su pecho donde acarici&oacute; lo que pod&iacute;a alcanzar con la suave yema de sus dedos. No conform&aacute;ndose con eso comenz&oacute; a desabrochar el cors&eacute;, aflojando cintas y corchetes que estaban cerca de desintegrarse de puro viejo.<\/p>\n<p>&#8211; Se&ntilde;ora, no puede hacer eso. Yo debo cambiarme sola.<\/p>\n<p>&#8211; Primero ll&aacute;mame Susana, al menos aqu&iacute; a solas en casa. Y luego vamos a ser como hermanas o amigas m&aacute;s que se&ntilde;ora y criada. Deja que te ayude.<\/p>\n<p>Su invitada estaba en un estado de consfusi&oacute;n tal que no sab&iacute;a que hacer, pero le gustaba lo que estaba ocurriendo y respond&iacute;a a los besos. Pronto quedaron al descubierto sus duros pechos y niveo abdomen.<\/p>\n<p>Pero esas manos inquisitivas continuaban explorando el hermoso cuerpo. Susana no iba a parar ya por nada del mundo.<\/p>\n<p>Bajaron las enaguas limpias pero raidas y comenzaron a explorar su pubis. Enredando sus dedos en el vello suave y negro que lo adornaba.<\/p>\n<p>Y abrieron los otros deliciosos labios, de esa deliciosa boca asom&oacute; el cl&iacute;toris como una peque&ntilde;a lengua, duro por las caricias. Los dedos no pudieron pasar mucho mas all&aacute; a causa del virgo muy cerrado en ese caso.<\/p>\n<p>As&iacute; como estaba desnuda del todo, la condujo al dormitorio la hizo sentar en la cama y despues tumbarse con los pies colgando. Le abri&oacute; los muslos oliendo el fresco aroma de su suave piel. Como ya se lo imaginaba la dulce joven estaba muy limpia.<\/p>\n<p>Se arrodill&oacute; y comenz&oacute; a besar el tierno co&ntilde;ito y los adorables rizos. Con la lengua acariciaba los labios dejando que se abrieran solos a la caricia descubriendo el cl&iacute;toris.<\/p>\n<p>Casta gem&iacute;a y suspiraba sintiendo el placer que le daba su se&ntilde;ora. Subiendo el volumen hasta llegar a ahogados jadeos mordiendo su propia mano. Hasta que le lleg&oacute; el orgasmo y pudo chupar los abundantes jugos del pubis de la muchacha.<\/p>\n<p>Entonces comenz&oacute; a desnudarse ella, descubriendo su blanco y bello cuerpo. Sus grandes pechos, su liso vientre. La rubia mata de pelo que cubr&iacute;a la vulva, sus muslos que como de marfil parec&iacute;an modelados por el artista que esculpi&oacute; la Venus de Milo.<\/p>\n<p>Casta la contemplaba, admirada, descubriendo a cada minuto que pasaba delicias que nunca hab&iacute;a imaginado.<\/p>\n<p>Entonces su se&ntilde;ora se meti&oacute; en la cama a su lado. Cogi&oacute; su cara entre las manos y la bes&oacute; dulcemente en los labios. Sus pechos se juntaron y se frotaron durante sus abrazos.<\/p>\n<p>Poco a poco la joven se iba soltando y respondiendo a las cari&ntilde;osas atenciones de Susana. Separ&oacute; sus voluptuosos labios y dej&oacute; libre acceso a la lengua juguetona.<\/p>\n<p>La t&iacute;mida y curiosa mano de la jovencita se desliz&oacute; sobre la piel de la dulce amante hasta llegar a la vagina que explor&oacute; curiosa. Asombr&aacute;ndose de lo dentro que pod&iacute;an llegar sus dedos en la caliente y h&uacute;meda gruta.<\/p>\n<p>Pronto una abundante corrida premi&oacute; sus esfuerzos, mojando la manita. Con ella las dudas afloraron de su mente y a su boca e hizo preguntas. La respuesta fue:<\/p>\n<p>&#8211; Luego, ahora goza. Disfruta.<\/p>\n<p>Todo el cuerpo de la muchacha era objeto de besos y caricias, incluso unas manos abrieron sus nalgas para que los labios y la lengua rozaran su ano. La heredera sab&iacute;a que estar&iacute;a tan limpio como el resto de su due&ntilde;a.<\/p>\n<p>Casta gem&iacute;a sintiendo como Susana se dedicaba en cuerpo y alma a darle placer. Cada cent&iacute;metro de suave piel besado y acariciado. Los peque&ntilde;os pies, lamiendo sus deditos, el empeine y los finos tobillos. Las delicadas pantorrillas, entre los muslos torneados para volver a lamer el co&ntilde;ito y culito de la joven.<\/p>\n<p>El cuerpo de la dama tambi&eacute;n recibi&oacute; las atenciones de la lengua y de los dedos curiosos de la jovencita. Su curiosidad por el cuerpo de la otra mujer y por los placeres que estaba descubriendo hizo que se soltara.<\/p>\n<p>Casta con los ojos muy abiertos para no perderse detalle daban gran placer a la n&iacute;vea piel de la rentista. Entre sus muslos lam&iacute;a la rubia vulva haciendo lo mismo que un momento antes le hab&iacute;an hecho a ella. Consiguiendo as&iacute; m&aacute;s orgasmos de su nueva se&ntilde;ora.<\/p>\n<p>La joven prodig&oacute; con sus manos y boca, besos a su nueva amante que recogi&oacute; en su boca los l&iacute;quidos procedentes de la vulva de su protectora.<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente tomaron de un ba&ntilde;o en com&uacute;n, en la ba&ntilde;era de porcelana que era un lujo extravagante que Susana se permit&iacute;a. All&iacute; renovaron sus amorosos goces er&oacute;ticos, sus caricias y besos.<\/p>\n<p>La dama ense&ntilde;&oacute; a su j&oacute;ven alumna poco a poco los secretos del amor, los que ella conoc&iacute;a. Los que iban a descubrir juntas, lo har&iacute;an poniendo todo de su parte.<\/p>\n<p>Le describi&oacute; la vida de placer sin problemas que le esperaba a su lado. Casta por supuesto aceptaba todo aquello maravillada de c&oacute;mo hab&iacute;a mejorado su suerte en esos pocos d&iacute;as.<\/p>\n<p>Que pasar&iacute;an durmiendo y haciendo el amor juntas el resto de las noches y buena parte de sus d&iacute;as, las dos y amandose sin trabas. Casta recibi&oacute; la mejor educaci&oacute;n que Susana pod&iacute;a darle, ambas devoraban cada libro que ca&iacute;a en sus manos.<\/p>\n<p>No s&oacute;lo se dedicaban a pasar el d&iacute;a desnudas. Las dos se quisieron mucho y quizas alguna vez invitaran a alguna otra &quot;dama&quot; a unirse a ellas en los placeres del sexo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 A finales del s. 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