{"id":40768,"date":"2023-01-25T23:00:00","date_gmt":"2023-01-25T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-01-25T23:00:00","modified_gmt":"2023-01-25T23:00:00","slug":"el-lector-parte-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-lector-parte-1\/","title":{"rendered":"El lector (parte 1)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"40768\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>No me hab&iacute;a escrito de todo el d&iacute;a, ni siquiera sab&iacute;a si hab&iacute;a llegado bien a la capital. Hab&iacute;amos quedado en encontrarnos a las 8 de la noche en un bar, entre su hotel y mi casa. Estaba muy estresada, pero tampoco me atrev&iacute;a a mandarle un mensaje. En un momento hab&iacute;a pensado que tal vez se trataba de un juego suyo para dejar subir la espera de la noche, qued&aacute;ndonos sin noticias el uno del otro durante este interminable d&iacute;a.<\/p>\n<p>Saliendo del trabajo, fui al gimnasio para tratar de calmar mis nervios y deshacerme de la idea naciente de que, finalmente, estos dos meses de correos intercambiados eran pura fantas&iacute;a y que no, nunca iba a venir. Una buena y merecida estafa, para que aprendas que no puedes tener todo lo que deseas, Sandra.<\/p>\n<p>Alejandro le&iacute;a mis relatos desde hac&iacute;a tiempo. Me hab&iacute;a mandado un breve correo hac&iacute;a un par de meses para comentarme que algunas escenas le hab&iacute;an puesto bien cachondo. Lo hab&iacute;a agradecido, como lo suelo hacer con los lectores que se dan la pena de escribirme para regalarme este tipo de halagos. Unas horas despu&eacute;s, le&iacute;a su respuesta, provocadora. Me dec&iacute;a que era &ldquo;una buena zorra&rdquo;. Sentada en el sof&aacute; del sal&oacute;n de mis suegros, me molest&eacute;, lo recib&iacute; como un insulto. Mis cuentos contaban haza&ntilde;as sexuales, reales o fantaseadas y a menudo &eacute;picas, y claro, yo era una mujer que disfrutaba del sexo, pero no le daba permiso para tratarme as&iacute;. Mi irritaci&oacute;n dej&oacute; sin embargo un espacio para la curiosidad. Le pregunt&eacute; cu&aacute;ntos a&ntilde;os ten&iacute;a y donde viv&iacute;a. Cuarent&oacute;n, con vida de familia en provincia, un trabajo con responsabilidades, deportista. La cl&aacute;sica. Un correo m&aacute;s y estaba enganchada.<\/p>\n<p>Me gustaba su forma de escribir. Alejandro era r&aacute;pido y su mente afilada. Me coment&oacute; que ten&iacute;a una vida sexual m&aacute;s que placentera y rica con su pareja. Llevaban m&aacute;s de veinte a&ntilde;os juntos y nunca hab&iacute;a tenido experiencias sexuales con otras personas. Cuando empez&oacute; a contarme lo que hab&iacute;an desarrollado, me qued&eacute; tan admirativa como excitada. &Eacute;l era un dominador, ella su perra. Alejandro se dedicaba a complacer todas las fantas&iacute;as de sumisi&oacute;n y de humillaci&oacute;n de su mujer, con mucha imaginaci&oacute;n y usando una amplia gama de dildos, cuerdas, l&aacute;tigos y otros objetos de diversi&oacute;n para adultos. Me calentaba lo que me contaba de sus aficiones, siendo siempre generoso en detalles. Varias veces me masturb&eacute; imagin&aacute;ndolos. Ella, atada en cuatro patas a alguna mesa baja, babeando en la verga que su pareja le clavada hasta la garganta, sus pezones presos de un par de pinzas de metal y su culo ocupado por un plug brillante. Nuestros correos eran totalmente desacomplejados, ya nos hab&iacute;amos dado cuenta de que &eacute;ramos un par de morbosos y nos encantaba exhibirnos el uno al otro por escrito.<\/p>\n<p>Un d&iacute;a me atrev&iacute; a decirle que me encantar&iacute;a satisfacer mi lado voyerista y tener la ocasi&oacute;n de asistir, como espectadora, a una de sus sesiones de dominaci&oacute;n. Me imagino que la idea lo volvi&oacute; inmediatamente arrecho. Me coment&oacute; que nunca lo hab&iacute;a pensado, pero que, si fuera algo que aceptara su mujer, ser&iacute;a un gran momento. R&aacute;pidamente, entendi&oacute; que jug&aacute;bamos en el mismo equipo. Si en un momento se hubiera imaginado tener a dos perritas jadeando de placer bajo sus latigazos, se dio cuenta de que lo que me excitaba era m&aacute;s bien la idea de participar en los cuidados especiales que le regalaba a su mujer. De all&iacute; brotaron en nuestras mentes una cantidad de im&aacute;genes obscenas del potencial trio que formar&iacute;amos. Con gusto y lentamente, yo le hubiera retirado el plug a su puta, anim&aacute;ndola con una alternancia de cachetadas y caricias en su culo. Cumpliendo con sus deseos de castigo anal, lo hubiera reemplazado por el sexo duro y contundente de Alejandro, gui&aacute;ndolo en el agujero entreabierto. De ah&iacute;, y despu&eacute;s de haberlos besado cada uno, probando sucesivamente lo suave de sus lenguas, me hubiera instalado a la altura de la boca de su mujer para que me lamiera. S&iacute;, definitivamente, ten&iacute;amos harto potencial.<\/p>\n<p>Las cosas se descontrolaron a inicios de septiembre. Empezamos a intercambiar fotos de nuestros cuerpos, de nuestras caras y, finalmente, de algunas sesiones de masturbaci&oacute;n que ten&iacute;amos en nuestras oficinas respectivas.<\/p>\n<p>Se volvi&oacute; necesario conocernos. Y era evidente que no &iacute;bamos a pararnos en compartir un vino.<\/p>\n<p>El d&iacute;a hab&iacute;a llegado. Estaba tan febril que las dos horas de ejercicio que me hab&iacute;a infligido no me hab&iacute;an quitado nada de la excitaci&oacute;n que me provocaba la perspectiva del encuentro. Bajo el chorro de agua de las duchas del gimnasio, no pude evitar tener un momento de duda. Y &iquest;si al final no nos gust&aacute;ramos? &iquest;Si no consigui&eacute;ramos conversar? &iquest;Si desapareciera el deseo? &iquest;Si no viniera? Me jaboneaba concienzudamente. Por otro lado, sent&iacute;a que hab&iacute;amos ido demasiado lejos a distancia para que no pueda confiar en mi instinto de que, al conocernos, iba a ser explosivo. Mientras me arreglaba el cabello frente al inmenso espejo de los vestuarios de damas, recib&iacute; un mensaje suyo. Por fin. Un pu&ntilde;etazo invisible me golpe&oacute; el pecho, redoblando mi febrilidad. S&iacute;, iba a ir a la cita.<\/p>\n<p>Me hab&iacute;a sentado de espalda a la entrada del bar, a prop&oacute;sito, no lo quer&iacute;a ver llegar para quedarme con el gusto de la sorpresa de descubrirlo, en el &uacute;ltimo momento, cuando justo estuviera a mi lado. Me di la vuelta cuando sent&iacute; una mano t&iacute;mida en mi hombro. Se sent&oacute; frente a m&iacute;. Ten&iacute;a los ojos h&uacute;medos, sus manos, como las m&iacute;as, temblaban. No s&eacute; si fue &eacute;l o yo, pero nos las agarramos. Nos faltaba la respiraci&oacute;n. Le dije de relajarse, que todo estaba bien, tratando tambi&eacute;n de convencerme a m&iacute; misma, y esforz&aacute;ndome para tener una voz tranquila. Creo que, en este momento, cualquier duda se hab&iacute;a desvanecido, el solo hecho de mirarnos a los ojos hab&iacute;a confirmado lo que present&iacute;amos. Pedimos unas copas de vino despu&eacute;s de haber probado varias botellas que se empe&ntilde;&oacute; en presentarnos una amable camarera. Est&aacute;bamos hirviendo. Conten&iacute;a las ganas de tocarlo y de besarlo, nunca me hab&iacute;a atra&iacute;do as&iacute; un hombre que viera por primera vez. Conversamos un rato suficiente para que la presi&oacute;n bajara un poco. Saliendo, no hicieron falta grandes discursos. La &uacute;nica pregunta era si &iacute;bamos a mi departamento o a su hotel. Optamos por la segunda opci&oacute;n y fue &eacute;l quien cedi&oacute; primero a las ganas de besarnos.<\/p>\n<p>Si la vida te da limones, haz una limonada. Si la vida te da este tipo besos, ag&aacute;rrale la nuca, cierra los ojos y despega.<\/p>\n<p>Nuestras manos se acariciaban con ternura en el taxi. Me sent&iacute;a m&aacute;s relajada, con la tranquilidad llevada por una extra&ntilde;a certeza de que iba a vivir algo rico y muy especial. Alejandro me sonre&iacute;a, compart&iacute;a mis sensaciones.<\/p>\n<p>Cerr&oacute; la puerta de la habitaci&oacute;n y nos abrazamos. Sent&iacute; su verga contra mi pubis, las fotos no ment&iacute;an, ni siquiera en erecci&oacute;n completa, se le notaba un tama&ntilde;o m&aacute;s que respetable. Nuestras lenguas se encontraron r&aacute;pidamente, nos bes&aacute;bamos con evidencia y deseo. Levant&oacute; mi falda para agarrar mis nalgas mientras deshac&iacute;a el cierre de su short. Pocos segundos despu&eacute;s, est&aacute;bamos desnudos. La textura de su piel era particularmente suave y su pecho estrellado de pecas llamaba mis labios y mi lengua. Se maravill&oacute; al descubrir mis senos peque&ntilde;os que se puso a besar y lamer enseguida. Tuvimos el mismo movimiento para llevarnos mutuamente hacia la cama y, antes que tuviera el tiempo de decirle cualquier cosa, ya hab&iacute;a hundido su cara entre mis piernas. Aplic&oacute; su lengua sobre mi sexo, abriendo un camino h&uacute;medo entre mis labios. Cerr&eacute; inmediatamente los ojos y dej&eacute; escapar un gemido de satisfacci&oacute;n, la caricia era de las m&aacute;s placenteras que hubiera conocido. Si dec&iacute;a la verdad acerca de su supuesta carencia de experiencia en cuanto a las mujeres, la que ten&iacute;a hab&iacute;a hecho de &eacute;l un verdadero genio lamiendo. Y parec&iacute;a disfrutarlo tanto como yo.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; rico sabes, Sandra&hellip; &mdash;me dijo entre dos lenguazos.<\/p>\n<p>Lam&iacute;a de abajo para arriba, insistiendo sobre mi cl&iacute;toris. Atrevida, su lengua se aventuraba a entrar un poco en mi concha, era una delicia. Sent&iacute;a su barba suave contra mis muslos y sus movimientos sedosos que acompa&ntilde;aban su boca. Abr&iacute; los ojos, encontr&eacute; a los suyos y mi excitaci&oacute;n se convirti&oacute; en un morbo animal. Con la boca tapada por mi intimidad, Alejandro ten&iacute;a la mirada de una fierra hambrienta. Mi jugo y su saliva empezaban a brillar en sus mejillas, agarr&eacute; su cabeza m&aacute;s fuerte para pegarlo contra mi sexo. Entendi&oacute; perfectamente y sent&iacute; su lengua penetrarme m&aacute;s mientras me sobaba en su cara con unos lentos movimientos de cadera. El primer orgasmo de la noche lleg&oacute; un par de segundos despu&eacute;s, acompa&ntilde;ado por unos deliciosos espasmos que tensaron todos mis m&uacute;sculos. Mi cabeza cay&oacute; en la almohada. Alejandro se acerc&oacute;. Aquella noche, aprend&iacute; que los ojos pod&iacute;an rugir. Los suyos eran sexo. Bruto, puro, sin l&iacute;mites. Entreabri&oacute; sus labios mojados y dej&oacute; lentamente caer un hilo de mi jugo. Mi lengua lo recibi&oacute; con gusto. S&iacute;, sab&iacute;a rico.<\/p>\n<p>El morbo que me daba era inagotable. Cada palabra, cada gesto, cada beso, cada lenguazo suyo era una invitaci&oacute;n a hundirme en la m&aacute;s profunda lubricidad. Me lam&iacute;a sin parar, arranc&aacute;ndome goce tras goce, compartiendo conmigo el jugo de cada uno de mis orgasmos. Era una persona insaciable y generosa. Algunas veces tuve que contener mis pulsiones cuando regresaba a la altura de mi cara para escupir mi goce directamente en mi boca abierta. Lo miraba a los ojos y le agarraba el cuello con fuerza, reprimiendo unas ganas feroces de cachetearlo. Las ansias sexuales m&aacute;s bestiales se confund&iacute;an con las ganas de apoderarme completamente de &eacute;l. Lo quer&iacute;a lamer, morder, ara&ntilde;ar, quer&iacute;a que fuera m&iacute;o. Su existencia misma fuera de m&iacute; se volv&iacute;a intolerable.<\/p>\n<p>Un puto exceso de vida. Eso es lo que era Alejandro.<\/p>\n<p>Tenerlo para una noche era una exageraci&oacute;n. Me hab&iacute;a dado tanto placer que no pod&iacute;a imaginar m&aacute;s. Estaba saciada y agotada, y ni siquiera me hab&iacute;a penetrado. Viendo que estaba muy cansada, me propuso dormir un rato. Lo abrac&eacute; como abrazo a los que saben hacerme dormir. Puse mi cara contra su pecho, estaba en casa. Los ten&iacute;a a todos latiendo debajo de sus costillas. Mat&iacute;as, el barbudo, el mozo, Lionel, el rubio, mis amores adolescentes, mis amantes fugaces, los que devoraba con la mirada en el metro, los que nunca tendr&iacute;a y los que recordaba. Me empez&oacute; a doler la cabeza. Cerr&eacute; los ojos, lo respir&eacute; y me dorm&iacute; al instante.<\/p>\n<p>Continuar&aacute;&hellip;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>No me hab&iacute;a escrito de todo el d&iacute;a, ni siquiera sab&iacute;a si hab&iacute;a llegado bien a la capital. Hab&iacute;amos quedado en encontrarnos a las 8 de la noche en un bar, entre su hotel y mi casa. Estaba muy estresada, pero tampoco me atrev&iacute;a a mandarle un mensaje. 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