{"id":40798,"date":"2023-01-29T14:51:23","date_gmt":"2023-01-29T14:51:23","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-01-29T14:51:23","modified_gmt":"2023-01-29T14:51:23","slug":"los-secretos-de-rebeca-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/los-secretos-de-rebeca-1\/","title":{"rendered":"Los secretos de Rebeca (1)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"40798\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">2<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Siempre me han gustado las mujeres mayores. Desde mi adolescencia, el atractivo de una mujer madura ha generado en m&iacute; esa serie de pensamientos y deseos que no &uacute;nicamente me son irresistibles, tambi&eacute;n me han colmado de idilios gustosos.<\/p>\n<p>Uno de esos idilios, quiz&aacute; el primero, fue con mi vecina Rebeca. De tez morena, curvas profundas, de cadera pronunciada, senos levemente asomados y de piernas que se pronunciaban como el calor de sus encantos, he de reconocer que lo que m&aacute;s me llamaba la atenci&oacute;n eran el vientre y el pubis que se le marcaban, principalmente, en prendas ajustadas como los jeans o alguno que otro vestido: un tri&aacute;ngulo dibujado con un ligero abultamiento debido a que fue madre en su adolescencia. Encuentros casuales en la tienda o en la calle motivaban saludos que en m&iacute; se transformaban en fantas&iacute;as y en ella s&oacute;lo eran atenciones educadas. Despu&eacute;s le perd&iacute; la pista debido a que sal&iacute; a estudiar la universidad a la capital pero no pod&iacute;a olvidarla en lo absoluto.<\/p>\n<p>Pasajeros romances en aquel tiempo apenas pod&iacute;an fingir parecerse a mis sue&ntilde;os con Rebeca. Las chicas de mi edad me representaban no tan deseables como las mujeres mayores y poco a poco fui desistiendo de aquellos placeres juveniles para centrarme, &uacute;nicamente, en carnes con el cl&iacute;max en su punto.<\/p>\n<p>Cuando regres&eacute; a la ciudad, despu&eacute;s de uno que otro encuentro fugaz con mujeres no mayores de treinta que no me convenc&iacute;an del todo, la encontr&eacute; en una plaza bebiendo caf&eacute;, pasaba los cuarenta a&ntilde;os y se ve&iacute;a mucho mejor que en aquellos ayeres de martirio adolescente.<\/p>\n<p>El impulso me llev&oacute; hacia ella en autom&aacute;tico y, al acercarme le llam&eacute; por su nombre, por espacio de unos segundos ella busc&oacute; en su memoria mi rostro pero al ver la tardanza le dije que era Dorian, su ex vecino, el que sol&iacute;a saludarla en la tienda o en la calle y ella me regal&oacute; esa sonrisa que me signific&oacute; tambi&eacute;n un encuentro en su memoria.<\/p>\n<p>Le pregunt&eacute; si esperaba a alguien y ella, dulcemente, me dijo que no pero no dej&oacute; de parecerle extra&ntilde;o. Sin m&aacute;s, le dije que pod&iacute;a invitarle otro caf&eacute; a lo que ella accedi&oacute; no sin mostrarme tambi&eacute;n cierto nerviosismo. &Eacute;ramos dos extra&ntilde;os conocidos y, tras saber que ella administraba el negocio de sus padres, que estaba divorciada y que por el momento no hab&iacute;a mucho que abordar en temas pasionales le dije, sin detenerme a esperar otra casualidad, que siempre me hab&iacute;a gustado, que durante el tiempo que estuve afuera de la ciudad no hab&iacute;a dejado de pensar en ella y que me hab&iacute;a prometido que, si la volv&iacute;a encontrar, s&iacute; o s&iacute;, se lo iba a decir.<\/p>\n<p>Incomodidad y nerviosismo se apoderaron de su rostro, me agradeci&oacute; el cumplido y, despu&eacute;s de unos segundos de no saber c&oacute;mo actuar, me dijo que ten&iacute;a que irse y que agradec&iacute;a de igual manera el caf&eacute;. Le dije que estaba bien y le pregunt&eacute; si ten&iacute;a Facebook a lo que ella, entre ese nerviosismo que clausura la raz&oacute;n, me dijo que s&iacute;, me dio su nombre de usuario, inmediatamente la busqu&eacute; en mi tel&eacute;fono, le envi&eacute; la solicitud y ella, sin m&aacute;s, s&oacute;lo dijo que en un momento me agregaba.<\/p>\n<p>No pasaron muchos minutos para que mi tel&eacute;fono sonara y me avisara que Rebeca hab&iacute;a aceptado mi solicitud. Inmediatamente vi sus fotos y, en tanto se iban presentando esas im&aacute;genes sent&iacute; todos aquellos deseos adolescentes que nacieron desde el primer momento que la vi. Ped&iacute; la cuenta y fui al departamento a seguirme llenando de sus im&aacute;genes para despu&eacute;s explotar entre deseos.<\/p>\n<p>Pero fue una de esas fotograf&iacute;as que me anim&oacute; a enviarle mensaje. Aparece ella con tacones amarillos, blusa amarilla dejando al desnudo sus hombros y con jeans apretados exponiendo su vientre y su pubis que siempre me hab&iacute;an motivado a soledades felices. Le di &ldquo;me gusta&rdquo; a aquella fotograf&iacute;a y le envi&eacute; un mensaje privado. Desde ah&iacute;, poco a poco, nuestras conversaciones fueron acerc&aacute;ndonos hasta tambi&eacute;n intercambiar n&uacute;meros telef&oacute;nicos y usar whatsapp por comodidad.<\/p>\n<p>Un fin de semana quedamos en salir y pensaba que probablemente, esa noche, se consumir&iacute;an, por fin, esos sue&ntilde;os reprimidos adolescentes.<\/p>\n<p>Cuando la vi en el restaurante mi excitaci&oacute;n me desbord&oacute;. Vest&iacute;a igual que en aquella fotograf&iacute;a y pude notar que el pantal&oacute;n le apretaba lo suficiente marc&aacute;ndole los &aacute;ngulos insospechados.<\/p>\n<p>Tras los alimentos y una botella de vino, nos dimos por bien servidos y fuimos a mi departamento en ambos autom&oacute;viles. Ah&iacute; acompa&ntilde;amos nuestras pl&aacute;ticas, en la cocina, con otra botella de vino y un poco de Sting y de Clapton hasta que el tono de la charla y de nuestros rostros fue subiendo hasta lo imposible.<\/p>\n<p>Supe de sus insatisfacciones debido a sus deseos imposibles. Le gustaba la dominaci&oacute;n pero tambi&eacute;n el trato cari&ntilde;oso, tambi&eacute;n el lenguaje soez como el silencio pero le gustaba, principalmente, el ser sometida a encanto de su due&ntilde;o.<\/p>\n<p>Todo en m&iacute; se acrecentaba y poco a poco nuestros labios fueron acerc&aacute;ndose hasta fundirnos en nuestras lenguas humedeci&eacute;ndonos el cuerpo. Despu&eacute;s ella me pregunt&oacute; que por qu&eacute; me gustaba ella si era quince a&ntilde;os mayor que yo y le dije que principalmente por eso. Con entusiasmo y con otro beso me pidi&oacute; que le indicara, de su cuerpo, que era lo que m&aacute;s me gustaba y le ped&iacute; que se incorporara para dej&aacute;rselo claro. Al pararse y al tener frente a m&iacute; a esa hembra dispuesta a mis manos no dej&eacute; de percibir, tambi&eacute;n con el olfato, el olor de sus feromonas estallando. Le ped&iacute; que se acercara a mi rostro y al segundo ten&iacute;a frente de mi rostro su vientre y su pubis dispuestos a mi descubrimiento. Sobre su pantal&oacute;n comenc&eacute; a besarla y tambi&eacute;n a darle peque&ntilde;as mordidas en sus profundidades cubiertas y ella tomaba mi cabello pidi&eacute;ndome que no parara. Al momento de desabrocharle el pantal&oacute;n y bajarle el cierre, de su tanga blanca sal&iacute;an bellos humedecidos y as&iacute;, sin m&aacute;s, fui pasando mi boca por cada resquicio que se asomaba. Despu&eacute;s sub&iacute; a su boca y mientras nos bes&aacute;bamos yo jugaba con mis dedos en su interior y ella acariciaba mi excitaci&oacute;n incontenible. Al poco rato fue ella quien descendi&oacute;, se meti&oacute; a la boca mi deseo y fue jugando con &eacute;l con su lengua y su rostro. &ldquo;Term&iacute;name&rdquo;, dijo y le jal&eacute; el cabello hacia mis labios, despu&eacute;s la volte&eacute; y le baje con dificultad el pantal&oacute;n y la tanga que le hac&iacute;a justicia a sus encantos. Frente de m&iacute; sus monumentos traseros con no poca maravillosa celulitis herv&iacute;an y, sin pensarlo, entr&eacute; en ella para consumar la ebullici&oacute;n del deseo. De nada sirve presumir, los minutos fueron pocos debido a que el previo hab&iacute;a sido un juego de a&ntilde;os pero entre escucharla gritar que la acabara y sus movimientos de madura, termin&eacute; por salir de ella y finalizar en su pantal&oacute;n.<\/p>\n<p>Nos sentamos en los bancos de la cocina, desnudos, y compartimos el resto del vino y comimos una que otra fruta. Poco tiempo pas&oacute; para que ella avisara su salida debido a que su hijo llegar&iacute;a a su hogar pronto. Se puso su tanga y pude ver la complejidad de subirse al pantal&oacute;n, h&uacute;medo por los l&iacute;quidos abandonados. As&iacute;, casualmente, la humedad que hab&iacute;a depositado estaba incrustada entre su vientre y su pubis y ella, como si un trofeo fuera, me dijo que se lo llevaba as&iacute;, sin incomodidad alguna.<\/p>\n<p>Cuando lleg&oacute; a su casa le ped&iacute; una foto de la parte que m&aacute;s me gustaba y tard&oacute; pocos minutos en enviarme ese trazo fulguroso asomando tambi&eacute;n parte de sus ahogantes piernas.<\/p>\n<p>Qu&eacute; extraordinaria es la mujer madura que esconde deseos y pasiones sin saber o reconocer que es esta la que puede dominar al mundo con s&oacute;lo mostrar la grandeza de sus secretos.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s, vendr&aacute; m&aacute;s&hellip;<\/p>\n<p>dorianadrianlisandro@gmail.com<\/p>\n<p>&quot;Texto publicado por primera vez en CuentoRelatos&quot;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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