{"id":40871,"date":"2023-02-02T23:00:00","date_gmt":"2023-02-02T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-02-02T23:00:00","modified_gmt":"2023-02-02T23:00:00","slug":"un-reencuentro-con-amigos-termina-en-sexo-y-bondage-1-y-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/un-reencuentro-con-amigos-termina-en-sexo-y-bondage-1-y-2\/","title":{"rendered":"Un reencuentro con amigos termina en sexo y bondage (1 y 2)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"40871\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Con veinti&uacute;n a&ntilde;os reci&eacute;n cumplidos sent&iacute;a que mi vida era un lugar inerte y gris,&nbsp; carente de emociones, un continuo de casa al trabajo, sin perspectivas de cambio. Hab&iacute;a puesto en suspenso mis estudios despu&eacute;s de reprobar un par de ex&aacute;menes de la carrera de comunicaci&oacute;n en la UBA y realmente me sent&iacute;a sin rumbo. Apenas sobreviv&iacute;a como empleado en una marroquiner&iacute;a de la calle Florida, haciendo equilibrio entre las insinuaciones de Pedro y las exigencias de Mirta, ambos socios del emprendimiento donde yo pasaba al menos ocho horas al d&iacute;a acomodando carteras y cinturones o tratando de vender alguna valija.<\/p>\n<p>Me sent&iacute;a solo en una ciudad enorme y ruidosa, muy diferente a mi Balcarce natal. El ruido, la opulencia, el v&eacute;rtigo de los transe&uacute;ntes me hac&iacute;an sentir peque&ntilde;o, acentuando mi apariencia d&eacute;bil a causa de un f&iacute;sico esmirriado. Apenas superaba al metro setenta y era delgado, destacaba de mi rostro, unos labios rojos y carnosos herencia de mi madre, Por otro lado, me hab&iacute;a dejado crecer el flequillo lacio y casta&ntilde;o un poco m&aacute;s all&aacute; de las cejas, por tanto acostumbraba correrlo con un soplido vertical o acomodarlo pasando los dedos por mi frente. Otro detalle que desdibuja cualquier atisbo varonil eran los enormes lentes de pasta por delante de unos ojos peque&ntilde;os y almendrados, huidizos al contacto visual.<\/p>\n<p>En ese contexto, fue todo un suceso toparme en el subte con Juan, ex compa&ntilde;ero de secundario en Balcarce. Pese a que en el colegio fui v&iacute;ctima de algunas de sus bromas, el estar lejos en una metr&oacute;poli desconocida impl&iacute;citamente derrumb&oacute; cualquier resquemor o distancia. Conversamos durante el trayecto de seis estaciones y me enter&eacute; de que hab&iacute;a entrado a la polic&iacute;a de la ciudad y que viv&iacute;a junto a Carlos (otro compa&ntilde;ero de aula) en un peque&ntilde;o departamento por la zona de Congreso. Por supuesto, intercambiamos tel&eacute;fonos y quedamos de juntarnos el s&aacute;bado a tomar algo y recordar nuestro pago.<\/p>\n<p>No fue dif&iacute;cil dar con la direcci&oacute;n, de hecho lo encontr&eacute; a Carlos cuando entraba al edificio, lo chist&eacute; y nos dimos un abrazo como si fu&eacute;ramos consangu&iacute;neos. Subimos las escaleras tres pisos entre risas: el departamento era una cocina comedor amplio, el ba&ntilde;o y dos dormitorios; antes de preguntar c&oacute;mo pod&iacute;an bancar semejante piso, Carlos aviso que era propiedad de sus padres y el solo pagaba las expensas y los servicios.<\/p>\n<p>Tomamos varias cervezas entre papas y manises, nos mostramos fotos por celular, recordamos perdidos y ausentes del pueblo, alguna que otra maldad de anta&ntilde;o, fue un momento grato. Se hizo de noche, la cerveza me hab&iacute;a pegado por tanto me recost&eacute; sobre un sof&aacute; destripado mientras Juan y Carlos juagaban con la play. Me levant&eacute; y mir&eacute; la hora, era casi medianoche; estaba a punto de pedir un auto cuando Juan me dijo que no hab&iacute;a problema en quedarme a dormir, que el sof&aacute; estaba libre. Pens&eacute; que iba a ser dif&iacute;cil dormir all&iacute;, pero Carlos volvi&oacute; a insistir, inclusive me ofreci&oacute; un short para estar c&oacute;modo. Finalmente, mi tendencia a conceder ante cualquier opini&oacute;n o pedido adverso fue mas fuerte y acepte la invitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>El pantalonito era de nylon negro y quedaba cubierto por el largo de la remera dado que Carlos me llevaba al menos una cabeza. En ese momento me percate que mis anfitriones eran mucho m&aacute;s grandes y fuertes f&iacute;sicamente que yo, por tanto deb&iacute;a atenerme a mi plan de no confrontar. Volv&iacute; a sentarme en el sill&oacute;n- &iquest;alguna vez te esposaron? &#8211; me pregunt&oacute; de la nada Juan sin apartar la mirada de la pantalla.<\/p>\n<p>Me ve&iacute;a venir una situaci&oacute;n dif&iacute;cil y lo mejor era no ir al choque: pens&eacute; que si me adelantaba a los hechos de alguna forma podr&iacute;a mantener el control sobre los acontecimientos.<\/p>\n<p>&iquest;Sabes que no? &iquest;Juan practica con vos?- pregunte con una risa impostada.<\/p>\n<p>Si, si, menos el gas pimienta, entren&oacute; con Carlos- se adelant&oacute; Juan.<\/p>\n<p>&iquest;Tienes las esposas por ac&aacute;? Sin levantarse de la silla y con joystick en mano Juan se estir&oacute; hasta un caj&oacute;n de la mesada y arroj&oacute; un par de marrocas cromadas sobre el sof&aacute;. Sin perder tiempo y antes que alguno de ellos lo hiciera por la fuerza, las ajust&eacute; a mis mu&ntilde;ecas y levant&eacute; los brazos haciendo sonar el metal fr&iacute;o.<\/p>\n<p>Seguimos unos minutos en silencio, estaba inc&oacute;modo, sent&iacute; la obligaci&oacute;n de decir algo.<\/p>\n<p>Al final vine a pasar un buen rato y termin&oacute; secuestrado- suspir&eacute;.<\/p>\n<p>Juan largo una sonrisa mal&eacute;vola. -no sabes lo que te espera con Charly que es son&aacute;mbulo y toquet&oacute;n.<\/p>\n<p>Ay, no &#8211; sonre&iacute; nervioso levantando un hombro.-Solo me queda rezar y gritar- acot&eacute; entre nervioso y asombrosamente excitado.<\/p>\n<p>&iquest;Dec&iacute;s que si pido auxilio los vecinos me ayudan? -no pod&iacute;a contenerme, hab&iacute;a algo incierto que deseaba peligrosamente.<\/p>\n<p>Creo que voy a tomar cartas en el asunto- Carlos se levant&oacute; y busco en un caj&oacute;n de la mesada. Volvi&oacute; sobre m&iacute; y se sent&oacute; en la mesa ratona justo enfrente. Ten&iacute;a un rollo de cinta gris en la mano<\/p>\n<p>Parece que hable de m&aacute;s, por favor no me amordaces -suplique haciendo pucherito. No me reconoc&iacute;a, la excitaci&oacute;n por la indefensi&oacute;n le ganaba al temor.<\/p>\n<p>Carlos corto un trozo de cinta y lo aplic&oacute; con firmeza sobre mis labios rojos, sent&iacute; el pegamento adherirse con fuerza a mi piel, gem&iacute; en protesta, lo cual incomodo a mi captor y se retir&oacute; a su dormitorio. Me sent&iacute; frustrado, inconcluso.<\/p>\n<p>Me quede recostado sobre el sill&oacute;n, aunque f&aacute;cilmente podr&iacute;a remover la mordaza con mis manos, no lo hice; en cambio, estire, flexione las piernas y sacud&iacute; los brazos en protesta, pero Juan pas&oacute; directo a su habitaci&oacute;n sin registrarme. Me qued&eacute; solo, en la penumbra, el reflejo de la ventana devolvi&oacute; la imagen de lo que pod&iacute;a ser una joven mujer luchando con sus ataduras y mordazas. No pude contener las ganas de masturbarme pero el ruido de una puerta entreabierta me detuvo.<\/p>\n<p>Carlos pas&oacute; al ba&ntilde;o y cruzamos miradas, fue una extra&ntilde;a conexi&oacute;n. Sin pensarlo, me acost&eacute; boca abajo y cuando mi hu&eacute;sped volv&iacute;a, me descubr&iacute; la cola y llamando su atenci&oacute;n con un fuerte gemido. &Eacute;l se detuvo y observ&oacute; indeciso; por fin, se acost&oacute; a mi lado haciendo cucharita con una mano abraz&aacute;ndome por la cintura, con la otra, desprendi&oacute; la cinta de mi boca. Gire cayendo al suelo, desde all&iacute; desabroche la cremallera y comenc&eacute; a lamer sus bolas. Cuando el pene estuvo erecto, lo introduje en mi boca, subiendo y bajando con mis labios por toda la extensi&oacute;n de esa pija que me pareci&oacute; negra y enorme. Comprend&iacute; que los gemidos y los besos en la punta eran m&aacute;s efectivos que cualquier otra cosa. Volv&iacute; a subir al sill&oacute;n y acerqu&eacute; mi cola; entonces, Juan me penetr&oacute; de una. Fue un poco molesto al principio, pero una vez que mi ano se extendi&oacute; lo suficiente, los sucesivos embates despertaron inusitado placer en mi cuerpo. Comenc&eacute; a sollozar dulcemente, desesperado Carlos me tapo la boca con su manaza, era claro que Juan pod&iacute;a despertarse y ser&iacute;a mucho que explicar. Finalmente, sent&iacute; una sustancia tibia recorrer mi interior, ca&iacute; al suelo.<\/p>\n<p>Necesito que me laves- ped&iacute;, mostrando mis mu&ntilde;ecas esposadas.<\/p>\n<p>-Veni, no hagas ruido -susurro mi amante- nos desplazamos sigilosamente, luego comprobar&iacute;amos que Juan dorm&iacute;a profundamente. Acerque mi p&aacute;lida cola a la ba&ntilde;era donde Carlos me enjabono y enjuago. Me sent&eacute; en el inodoro con la ropa interior en los tobillos y orin&eacute; sentado, mi &ldquo;asistente&rdquo; cerr&oacute; la puerta y desapareci&oacute;. Volv&iacute; al sof&aacute; e intent&eacute; dormir en vano. Sin embargo, lejos de sentirme abrumado por el tobog&aacute;n de sensaciones, por primera vez en mucho tiempo, sent&iacute; alguna certeza en aquella ciudad imposible&hellip;<\/p>\n<p>Parte 2<\/p>\n<p>Pasaron dos semanas desde mi noche de &ldquo;iniciaci&oacute;n&rdquo; y si bien nos segu&iacute;amos en redes, no hab&iacute;a vuelto a tener contacto con Carlos. Sin embargo, aquella jornada cambi&oacute; mi vida: ahora ten&iacute;a la certeza de donde radica mi placer y eso era mucho m&aacute;s de lo que obtienen muchas personas a lo largo de su existencia. Sin embargo, mi trabajo parec&iacute;a dirigirse al extremo contrario de lo deseado, dado que con la llegada del clima fresco, Pedro y Mirta hab&iacute;an extendido la l&iacute;nea de negocio a las prendas de cuero y vender ropa era un verdadero martirio.<\/p>\n<p>Pedro me insist&iacute;a en hacerme modelar las prendas para subirlas a la p&aacute;gina de la tienda, entonces, yo buscaba cualquier excusa para cambiar la conversaci&oacute;n. En realidad, me acomplejaba mi cuerpo y por otro lado, no quer&iacute;a darle oportunidad a mi empleador de extender nuestro v&iacute;nculo. Siempre andaba incomodando, halagando con una carga lasciva en su mirada: caramelo, cari&ntilde;o, bebe; cualquier oportunidad era buena para ponerme una mano en el hombro, tocar mi cintura o la cara.<\/p>\n<p>Hasta el momento Mirta se hab&iacute;a mantenido prescindente, pero su socio era como la gota que cincela la roca y era cuesti&oacute;n de tiempo para que cediera. Por tanto, me adelante en las negociaciones, tuvimos una conversaci&oacute;n que termin&oacute; en una sugerencia, que con ella, siempre era una orden a mediano plazo. Por las fotos, obtendr&iacute;a cinco por ciento de las ventas online y Mirta se encargar&iacute;a de tomarlas, eso &uacute;ltimo, fue mi &uacute;nica condici&oacute;n.<\/p>\n<p>Finalmente, el lunes antes de abrir la tienda empec&eacute; mi carrera en el modelaje urbano. Empezamos por una campera y morrales, desde el mostrador Pedro estriba el cuello y lanzaba sugerencias. Yo estaba nervioso, no sab&iacute;a c&oacute;mo pararme ni donde poner los brazos, mi sonrisa transmit&iacute;a ansiedad.<\/p>\n<p>-Esto no est&aacute; funcionando, ten&eacute;s que soltarte, nene<\/p>\n<p>.Ya se, hago lo que puedo, si pudiera usar una m&aacute;scara seria feliz<\/p>\n<p>Mirta se detuvo a pensar. Y si te tapas la cara con una bandana, como en pandemia- pregunto como tratando de armar el pensamiento<\/p>\n<p>Me parece genial-conteste y hurgue entre en los cajones hasta dar con una caja de bandanas vaqueras, tome una roja y la anude a mi cuello cubriendo mi boca.<\/p>\n<p>No te olvides de modelar los pantalones que entraron ayer &#8211; grit&oacute; Pedro desde la otra punta del local.<\/p>\n<p>Fui al probador y me calc&eacute; unos elastizados de cuero negro. El reflejo en el espejo llam&oacute; mi atenci&oacute;n, me contorsione para ver como la superficie brillosa remarcaba mis curvas: realmente daba una imagen intersex. Tomamos m&aacute;s fotos y Mirta recalc&oacute; que el pantal&oacute;n me quedaba &ldquo;pintado&rdquo; y me pidi&oacute; de usarlo en la tienda para que los clientes vieran la nueva mercader&iacute;a. Si bien Pedro no pod&iacute;a sacarme los ojos de encima, lo cual no era novedoso, note como se multiplicaban las miradas de los transe&uacute;ntes ni bien me acercaba a la vidriera. Ese d&iacute;a, las ventas se multiplicaron. En los d&iacute;as siguientes, las visitas de hombres de todas las edades se multiplicaron, tambi&eacute;n los comentarios p&iacute;caros y las miradas lascivas, lo cual me incomodaba de la misma forma que me hac&iacute;a sentir m&aacute;s seguro de mi cuerpo.<\/p>\n<p>De todos los visitantes, hab&iacute;a uno que se destacaba: un hombre de cincuenta a&ntilde;os bien llevados, canoso, con un hoyuelo en la pera y de rostro varonil, siempre bien vestido, que tomaba su tiempo para ser atendido por mi y compraba los items m&aacute;s caros: su presencia me intrigaba de la misma forma que me aseguraba buenas comisiones.<\/p>\n<p>Una tarde de lluvia torrencial, tan tranquila que Pedro no se hab&iacute;a molestado en volver del almuerzo y Mirta opt&oacute; por encerrarse en la oficina a ver la tele. volvi&oacute; el hombre de gris. A pesar del aguacero, apenas unas gotas hab&iacute;an ca&iacute;do sobre su hombro derecho y su cabello permanec&iacute;a alineado. Con el local sin clientes, me di cuenta que aquel hombre pasaba largas horas en el gimnasio.<\/p>\n<p>Buenas tardes- sonri&oacute;<\/p>\n<p>Buenas, &iquest; que tal, como anda?- conteste sonrojado, era se&ntilde;al de que me sent&iacute;a atra&iacute;do y por verme profesional, la cosa se pon&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil dado que se me secaba la boca.<\/p>\n<p>-Mira, te voy a pedir un favor, quiero regalarte un pantal&oacute;n y el destinatario es m&aacute;s o menos de tu tama&ntilde;o&#8230; te molestar&iacute;a prob&aacute;rtelo, as&iacute; puedo decidir mejor.<\/p>\n<p>-Si, no hay problema&hellip;vos decime cual quieres . Nuevamente eligi&oacute; el item mas caro, unos de cuero negro talle 40 . Entr&eacute; al probador y me los calc&eacute;. -&iquest;Qu&eacute; le parece?<\/p>\n<p>-Bien, girate un poco, quiero ver la espalda- gire apretando la cola.<\/p>\n<p>-&iquest;Tienes shorts no? Se que son prendas de mujer pero mi hija&hellip;<\/p>\n<p>-Est&aacute; bien, no hay problema -interrump&iacute; la excusa innecesaria. Entre nuevamente al probador y me calc&eacute; los shorts de cuero negro y sal&iacute;. Gire sin que me lo pidiera. El hombre de gris se acerc&oacute; como quien inspecciona una pieza de arte, su cercan&iacute;a me intimid&oacute;.<\/p>\n<p>Gracias, muy amable -dijo tom&aacute;ndome del ment&oacute;n y sonriendo. Me cambi&eacute;, entregu&eacute; las prendas y fui al fondo para hacer el cobro por tarjeta. Cuando volv&iacute; al mostrador el hombre ya no estaba. Afuera diluviaba, a trav&eacute;s de la vidriera vi las luces de un auto detenido, al acercarme a la puerta distingu&iacute; al hombre de gris dentro del habit&aacute;culo. Sal&iacute; a la vereda y me acerqu&eacute; al coche, &eacute;l me reconoci&oacute; y abri&oacute; la puerta del acompa&ntilde;ante, logr&eacute; sentarme, estaba empapado.<\/p>\n<p>Sus tarjetas se&ntilde;or- dije sec&aacute;ndome la cara con la manga del pul&oacute;ver.<\/p>\n<p>-Gracias, que molestia- Sin pensarlo dej&eacute; caer mi cabeza sobre su hombro derecho, &eacute;l puso su mano sobre mi mejilla. Acerque mi cara a la suya y nos besamos, &eacute;l apag&oacute; las luces, afuera el golpe de la lluvia gorda sobre la chapa ensordec&iacute;a.<\/p>\n<p>Me recost&eacute; sobre su regazo y baj&eacute; la cremallera. su pene ya estaba activado, venoso y peludas las bolas. Comenc&eacute; a chupar con tenues gemidos, &eacute;l puso su mano sobre mi cabeza y me empuj&oacute; hacia abajo. Apret&eacute; los labios estirando el despliegue sobre la superficie. Enseguida, sent&iacute; el lechazo en mi garganta, un chorro cay&oacute; sobre el embrague.<\/p>\n<p>El hombre de gris sac&oacute; un pa&ntilde;uelo de su bolsillo y me lo entreg&oacute;. Tambi&eacute;n me dio su tarjeta. La lluvia amainaba y antes de bajar me dijo- los pantalones son tuyos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Con veinti&uacute;n a&ntilde;os reci&eacute;n cumplidos sent&iacute;a que mi vida era un lugar inerte y gris,&nbsp; carente de emociones, un continuo de casa al trabajo, sin perspectivas de cambio. Hab&iacute;a puesto en suspenso mis estudios despu&eacute;s de reprobar un par de ex&aacute;menes de la carrera de comunicaci&oacute;n en la UBA y realmente me sent&iacute;a sin rumbo. 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