{"id":40932,"date":"2023-02-08T23:00:00","date_gmt":"2023-02-08T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-02-08T23:00:00","modified_gmt":"2023-02-08T23:00:00","slug":"cartas-de-amor-en-ruso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/cartas-de-amor-en-ruso\/","title":{"rendered":"Cartas de amor en ruso"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"40932\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 18<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Sentado en un banco junto al lago del parque Clara-Zetkin-Park de Leipzig en una fresca y soleada tarde de mediados de octubre,&nbsp; observ&eacute; los dorados, ocres y bermellones de las hojas de oto&ntilde;o contra el cielo azul. Un bote de remos pas&oacute; a la deriva y, a su paso, el brillante follaje oto&ntilde;al se reflejaba como un tapiz ondulado en las ondas del agua. Tom&eacute; un sorbo de mi caf&eacute; tibio y respir&eacute; profundamente el aire intoxicantemente fresco.<\/p>\n<p>Mi enso&ntilde;aci&oacute;n fue interrumpida por una voz que ven&iacute;a detr&aacute;s de m&iacute;.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Vy govorite po-russki?&quot; [&iquest;Usted habla ruso?]<\/p>\n<p>Me di la vuelta para ver a una anciana en una silla de ruedas detr&aacute;s de la cual estaba una mujer que parec&iacute;a tener unos 20 a&ntilde;os, su enfermera o su nieta, supuse. Apesar de la pregunta parec&iacute;an alemanas.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Vy govorite po-russki?&quot; repiti&oacute; la mujer en la silla de ruedas.<\/p>\n<p>&quot;Da, gospozha, ya govoryu po-russki.&quot; [Si, se&ntilde;ora, hablo ruso], aventur&eacute; en mi oxidado ruso, desconcertado al escuchar ese idioma hablado en el entorno del parque Clara-Zetkin-Park.<\/p>\n<p>&quot;Oh, qu&eacute; maravilla que hables ruso&quot;, continu&oacute; la anciana en alem&aacute;n. &quot;Mi difunto padre era un estudioso de la literatura rusa y yo estudi&eacute; ruso en el Leipziger Sprachenzentrum hace much&iacute;simos a&ntilde;os. Pero rara vez tengo la oportunidad de hablarlo en estos d&iacute;as&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Bueno, sin embargo, lo hablas extraordinariamente bien&quot;, respond&iacute; vacilante mientras intentaba recuperar lo que quedaba de mis habilidades en ruso de los archivos polvorientos de mi cerebro. &quot;Es un placer escuchar hablar ruso en este hermoso entorno. Estoy feliz de poder darle la oportunidad de practicar sus habilidades ling&uuml;&iacute;sticas&quot;.<\/p>\n<p>En ese momento, la mujer m&aacute;s joven hab&iacute;a empujado la silla de ruedas directamente a mi lado para que pudiera hablar con ella sin tener que torcer el cuello.<\/p>\n<p>&quot;La t&iacute;a ha estado molestando a los extranjeros que pasan por aqu&iacute; en el parque durante no varias semanas, pregunt&aacute;ndoles si hablan ruso&quot;, dijo la mujer m&aacute;s joven en alem&aacute;n. &quot;Lamento que te est&eacute; molestando as&iacute;&quot;.<\/p>\n<p>&quot;S&iacute;, he estado molestando a los que pasan&quot;, se r&iacute;o la anciana. &quot;Estoy segura de que todos piensan que estoy loca. Pero tengo una raz&oacute;n especial para querer encontrar a alguien con conocimientos de ruso, y mi intuici&oacute;n, en la que siempre conf&iacute;o, me dijo que encontrar&iacute;a a esa persona aqu&iacute; en el parque Clara-Zetkin-Park.&quot;<\/p>\n<p>Nos presentamos. Su nombre era Eva Biedermann. Ella dijo que hab&iacute;a vivido cerca del parque durante la mayor parte de los 70 a&ntilde;os. El nombre de su sobrina, su sobrina nieta, de hecho, era Katrin Bielicki.<\/p>\n<p>&quot;Clara-Zetkin-Park Park tiene recuerdos mixtos para m&iacute;&quot;, continu&oacute; Biedermann. &quot;Regresaron a m&iacute; el otro d&iacute;a mientras limpiaba la casa. Encontr&eacute; una caja que conten&iacute;a algunas cartas viejas que hab&iacute;a olvidado por completo. Me las envi&oacute; alguien a quien conoc&iacute; por primera vez un d&iacute;a de oto&ntilde;o aqu&iacute; en el parque. Hace muchos a&ntilde;os.&quot;<\/p>\n<p>&quot;Era un d&iacute;a hermoso, muy parecido al de hoy. Y de hecho, creo que estaba sentado en este mismo banco cuando escuch&eacute; una voz detr&aacute;s de m&iacute; hacer la misma pregunta que te acabo de hacer: &quot;Ty govorish na russkom?&rdquo; [&iquest;Hablas ruso?] Me volte&eacute; y vi a un caballero extranjero bastante alto, al menos as&iacute; me lo pareci&oacute; a m&iacute;, y bastante bien parecido, sonri&eacute;ndome.<\/p>\n<p>&quot;Era terriblemente t&iacute;mido y yo me avergonzaba de mi pobre ruso. Pero le respond&iacute; en ese idioma y le expliqu&eacute; que estaba estudiando ruso aqu&iacute; en Leipzig. Sus ojos se iluminaron y se sent&oacute; en el banco a mi lado. Me dijo su nombre se llamaba Vlad&iacute;mir, y que estaba buscando un compa&ntilde;ero de intercambio de idiomas&quot;.<\/p>\n<p>Biedermann me mir&oacute; mientras una media sonrisa ir&oacute;nica escap&oacute; de sus labios. &quot;No es un pretexto terriblemente original, obviamente. Pero segu&iacute;, porque, bueno, siempre hab&iacute;a querido tener una aventura rom&aacute;ntica. Crec&iacute; en una familia tradicional muy estricta, y ten&iacute;a muchas ganas de liberarme y dejar andar a mi esp&iacute;ritu. &iquest;Te imaginas que la anciana destrozada que ves ahora fue una vez una joven voluble, llena de est&uacute;pidas nociones sobre el amor y el romance?&quot;<\/p>\n<p>Me abstuve de emitir ning&uacute;n comentario, d&aacute;ndome cuenta de que era mejor dejar que Biedermann continuara con su historia, que obviamente disfrutaba contando. Ella se r&iacute;o y me mir&oacute; con un brillo travieso en los ojos.<\/p>\n<p>&quot;De todos modos, es muy dif&iacute;cil para m&iacute; leer las cartas despu&eacute;s de tanto tiempo; est&aacute;n escritas en ruso, en cir&iacute;lico, y como seguramente sabr&aacute;s, los caract&eacute;res cir&iacute;licos cambian mucho de letra de imprenta a cursiva. &Eacute;l ten&iacute;a una hermosa letra cursiva, descifrarla ahora est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de mis habilidades. As&iacute; que me gustar&iacute;a que alguien las tradujera para m&iacute;. Significar&iacute;a mucho para m&iacute;&#8230; Ha pasado tanto tiempo desde que conoc&iacute; al pobre y querido Vlad&iacute;mir&quot;.<\/p>\n<p>Biedermann suspir&oacute; con nostalgia y mir&oacute; al otro lado del lago. &quot;&iquest;Cu&aacute;l es exactamente tu trabajo?&quot; ella pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&quot;Soy director-ejecutivo en una empresa que fabrica term&oacute;metros industriales&quot;, respond&iacute;.<\/p>\n<p>&ldquo;Pero t&uacute; no eres alem&aacute;n, &iquest;verdad? Me pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&ldquo;No, soy ingl&eacute;s.&rdquo;<\/p>\n<p>&quot;&iexcl;Espl&eacute;ndido! Sab&iacute;a que encontrar&iacute;a a la persona adecuada aqu&iacute; en el parque&quot;, dijo Biedermann felizmente.<\/p>\n<p>&quot;Bueno, me encantar&iacute;a ser de ayuda, Frau Biedermann&quot;, dije, titubeando y resoplando, &quot;pero no creo que est&eacute; a la altura del desaf&iacute;o de traducir estas cartas al alem&aacute;n, ya que tengo mucho trabajo y responsabilidad en la empresa. Mi actividad laboral me mantiene bastante ocupado&rdquo;<\/p>\n<p>&quot;Escucha, joven&quot; -Biedermann ciertamente sab&iacute;a c&oacute;mo acariciar el viejo ego masculino- &quot;Har&eacute; que valga la pena dedicar un tiempo a traducir las cartas de Vlad&iacute;mir. El dinero no es problema. Y por favor, no te preocupes por traducir las letras al alem&aacute;n. Como puedes ver, puedo desenvolverme en ingl&eacute;s: trabaj&eacute; durante muchos a&ntilde;os como secretaria en la oficina de Leipzig de una compa&ntilde;&iacute;a brit&aacute;nica.&quot;<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de que le dije que yo ganaba suficiente dinero en la empresa y que no iba a aceptar ning&uacute;n pago por ayudarla, acept&eacute; al menos echar un vistazo a las cartas. Ella y su sobrina nieta me llevaron a su casa, que estaba a solo unos minutos a pie del parque. Era una antigua casa tradicional alemana de una sola planta, con un jard&iacute;n que necesitaba una buena poda. Fui invitado a tomar una taza de t&eacute; en la sala principal. Biedermann le pidi&oacute; a su sobrina que trajera la caja que conten&iacute;a las cartas.<\/p>\n<p>Estaba hecha de madera y bellamente acabada con laca. &quot;Recuerdo esta caja de cuando era ni&ntilde;a&quot;, dijo Biedermann. Mi padre guardaba en ella su correspondencia m&aacute;s importante.&quot;<\/p>\n<p>Empuj&oacute; su silla de ruedas cerca de la mesa baja sobre la que estaba la caja, se agach&oacute; y quit&oacute; la tapa con una velocidad y un sentido de determinaci&oacute;n que discordaron con mi imagen de ella como una anciana fr&aacute;gil. Adentro hab&iacute;an varias cartas cuya edad era evidente por los sellos postales alemanes de la d&eacute;cada de 1950 y los sobres estaban amarillos por el tiempo.<\/p>\n<p>Todas las cartas estaban dirigidas a Fr&auml;ulein Eva Biedermann en la direcci&oacute;n donde ahora estaba tomando t&eacute;. La direcci&oacute;n estaba escrita en caracteres latinos fluidos y muy estilizados, lo que debe haber representado un desaf&iacute;o para la oficina de correos alemana menos internacionalizada de aquella &eacute;poca.<\/p>\n<p>&quot;Me gustar&iacute;a que comenzaras con esta, por favor&quot;, dijo Biedermann, sacando una carta de la caja, &quot;ya que es la primera que Vlad&iacute;mir me envi&oacute;&quot;. Saqu&eacute; la carta del sobre ya abierto con cuidado, el papel parec&iacute;a estar muy seco y fr&aacute;gil. Estaba escrito con letra cir&iacute;licos, manuscrita y cursiva. Mientras la hojeaba, tuve la certeza de que pod&iacute;a penetrar en la espesura caligr&aacute;fica y ling&uuml;&iacute;stica de las letras y entregar una traducci&oacute;n al alem&aacute;n limpia y clara.<\/p>\n<p>Biedermann se alegr&oacute; cuando le dije esto. Me pidi&oacute; que fuera a su casa en una semana con la traducci&oacute;n. &quot;Si no es mucho pedir, me gustar&iacute;a que me leyera las cartas en voz alta. Eso me facilitar&aacute; mucho las cosas. Mi visi&oacute;n no es la misma de cuando yo era una muchacha. Ser&iacute;a amable de tu parte ayudarme con algunas de las frases en ruso m&aacute;s dif&iacute;ciles.&quot;<\/p>\n<p>Estuve de acuerdo, y Biedermann coloc&oacute; las cartas en un gran sobre manila. Nos despedimos y me dirig&iacute; y sal&iacute; por la puerta yo solo. Qu&eacute; trabajo m&aacute;s interesante e inesperado, reflexion&eacute;. Hay algo que decir sobre pasar la tarde en el parque.<\/p>\n<p>La luz del sol del atardecer bailaba delicadamente en las hojas rojas y doradas de los &aacute;rboles del jard&iacute;n de Biedermann. La calma fue rota por el constante plonk-plonk del agua que goteaba en una peque&ntilde;&iacute;sima cascada. Despu&eacute;s que cerr&eacute; la puerta principal de Biedermann regres&eacute; a mi casa.<\/p>\n<p>Me present&eacute; en la residencia de Biedermann la pr&oacute;xima semana a la hora se&ntilde;alada. Katrin abri&oacute; la puerta. Explic&oacute; que viv&iacute;a con su t&iacute;a abuela y la cuidaba mientras trabajaba en su maestr&iacute;a en educaci&oacute;n en una universidad cercana. &quot;Hemos tratado de hacerla entrar en raz&oacute;n y mudarse con mis padres, pero ella se niega a dejar esta casa, est&aacute; tan apegada a ella, &iquest;sabes? A veces me preocupo por ella. No creo que sea una buena idea, porque vive tanto en el pasado. Y ahora est&aacute; obsesionada con estas tontas cartas antiguas&quot;.<\/p>\n<p>&quot;&iexcl;Te escuch&eacute;, Katrin!&quot; La voz iracunda de Biedermann era claramente audible en la entrada. &quot;Solo porque soy una vieja loca no significa que haya perdido mi sentido del o&iacute;do, &iquest;sabes?&quot;<\/p>\n<p>&quot;Eso fue muy grosero de mi parte, t&iacute;a abuela&quot;, murmur&oacute; Katrin, escarmentada. &quot;Por favor, acepta mis humildes disculpas&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Aceptadas. Ahora corre a la escuela como una buena chica y d&eacute;jame a m&iacute; y a este caballero para llevar a cabo nuestros negocios&quot;.<\/p>\n<p>Katrin puso los ojos en blanco. &quot;Vuelvo en un par de horas&quot;, me dijo. &quot;Aqu&iacute; est&aacute; mi n&uacute;mero de celular si necesita comunicarse conmigo. Estoy segura de que la t&iacute;a abuela estar&aacute; bien. De todos modos, no me malinterprete, es bueno para ella tener a alguien con quien hablar&quot;. Katrin se puso la chaqueta, recogi&oacute; una cartera llena de libros y sali&oacute; por la puerta.<\/p>\n<p>&quot;&iexcl;Adelante, adelante!&quot; Biedermann me llam&oacute; desde la habitaci&oacute;n. Entr&eacute; e hice una reverencia, estaba sentada en su silla de ruedas en el mismo lugar donde la hab&iacute;a visto por &uacute;ltima vez. &quot;Por favor, toma un poco de t&eacute; y algunos de estos deliciosos pasteles. Me recuerdan a Vlad&iacute;mir, que siempre fue goloso. Bueno, entonces, se&ntilde;or, &iquest;qu&eacute; progreso has hecho con esa carta? Me muero por escuchar lo que se le ha traducido&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Bueno, Frau Biedermann, son muy, muy&#8230;&quot;<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Rom&aacute;nticas? Por favor, no te averg&uuml;ences por m&iacute;. No soy una mojigata y no me gustan las ambig&uuml;edades. Quiero la verdad&quot;. Cuando Biedermann pronunci&oacute; esta &uacute;ltima palabra, su voz adquiri&oacute; un tono m&aacute;s oscuro que contrastaba con lo que hasta ahora hab&iacute;a encontrado como su personalidad bastante optimista.<\/p>\n<p>&quot;Si puedo ser franco, la verdad es que, a juzgar por esta primera carta, Vlad&iacute;mir estaba muy enamorado de ti.&quot;<\/p>\n<p>Biedermann suspir&oacute;. &quot;Y yo con &eacute;l. Bueno, no soporto el suspenso. Perdona a una anciana impaciente, &iquest;puedo ver tu traducci&oacute;n, por favor?&quot;<\/p>\n<p>Le entregu&eacute; una copia impresa del texto que hab&iacute;a preparado. Biedermann la mir&oacute; r&aacute;pidamente. &quot;Leer&eacute; esto en mi tiempo libre m&aacute;s tarde. Pero mientras tanto, seg&uacute;n nuestro acuerdo, &iquest;me lo leer&iacute;as en voz alta?&quot;<\/p>\n<p>&quot;Ser&aacute; un placer&quot;, respond&iacute;. &quot;La primera carta est&aacute; fechada el 29 de septiembre de 1955. Dice as&iacute;:<\/p>\n<p>Mi querida Eva,<\/p>\n<p>Me cuesta creer que hayan pasado tres semanas desde que nos encontramos en el parque. El tiempo ha pasado tan r&aacute;pido y tan dichosamente porque lo que he pasado contigo. Estaba tan solo en Leipzig antes de conocerte, sin saber hablar alem&aacute;n y encontrando muy pocas personas que pudieran hablar ruso. Has progresado mucho en ruso desde que nos conocimos; eras la mejor estudiante de la universidad donde ense&ntilde;o. Y estoy verdaderamente agradecido por que me hayas ayudado a aprender alem&aacute;n.<\/p>\n<p>&quot;&iexcl;Oh, qu&eacute; buen operador era Vlad&iacute;mir!&quot; se rio Biedermann. &quot;Mi ruso era atroz, y dudo que supiera suficiente alem&aacute;n para hacer un pedido de una brocheta a la parrilla&quot;.<\/p>\n<p>Nunca podr&eacute; olvidar lo hermosa que te ve&iacute;as cuando te vi sentada sola junto al peque&ntilde;o lago. Eras como una visi&oacute;n de una pintura, con tu su&eacute;ter dorado y rojo brillante, que combinaba perfectamente con las hojas que comenzaban a adquirir su brillo oto&ntilde;al.<\/p>\n<p>Al principio dud&eacute; en hablar contigo, en parte porque era t&iacute;mido, pero tambi&eacute;n porque no quer&iacute;a estropear la imagen perfecta de ti sentada all&iacute; bajo la brillante luz del sol, mientras los reflejos del follaje de oto&ntilde;o se reflejaban en el agua ondulante del estanque<\/p>\n<p>&quot;Lo pone un poco pesado, &iquest;no?&quot; dijo Biedermann. &quot;Disculpa mi interrupci&oacute;n, por favor contin&uacute;a&quot;.<\/p>\n<p>Recuerdo la mirada de sorpresa en tu dulce rostro cuando te volviste para mirarme cuando finalmente me sent&iacute; lo suficientemente valiente como para hablar contigo. Cuando nuestros ojos se encontraron, supe que mis miedos al rechazo eran infundados, porque me di cuenta de que hab&iacute;a encontrado a mi alma gemela, una joya brillante, que al igual que yo quer&iacute;a experimentar la belleza y la pasi&oacute;n del amor.<\/p>\n<p>Aqu&iacute; Biedermann emiti&oacute; un largo suspiro, y despu&eacute;s de un momento continu&eacute;.<\/p>\n<p>Me alegr&eacute; mucho cuando accediste a encontrarte conmigo para tomar un yogur al d&iacute;a siguiente, y nunca olvidar&eacute; nuestro rom&aacute;ntico paseo juntos por el jard&iacute;n. Ten&iacute;a miedo de que te sorprendieras cuando trat&eacute; de plantar un beso en tus dulces labios. Pero cuando est&aacute;bamos en una parte apartada del jard&iacute;n, y me miraste con tanta dulzura, supe que era el momento adecuado para tomarte entre mis brazos y besarte. Tal vez te averg&uuml;ence recordar nuestro primer beso; por favor, perd&oacute;name, mi querida Eva. Pero nunca olvidar&eacute; la exquisita sensaci&oacute;n de aspirar el delicado aroma de tu perfume, mientras te sosten&iacute;a junto a m&iacute; y apret&aacute;bamos nuestros labios, sin importarnos si alguien pudiera venir por el camino.<\/p>\n<p>&quot;Todo est&aacute; volviendo a m&iacute; ahora. &iexcl;Pens&eacute; que iba a morir!&quot; exclam&oacute; Biedermann. &quot;Pero despu&eacute;s de que super&eacute; el shock, estaba en el cielo&quot;.<\/p>\n<p>M&aacute;s tarde ese d&iacute;a, cuando el sol comenz&oacute; a ponerse debajo de los &aacute;rboles y tuvimos que separarnos, me pregunt&eacute; si deber&iacute;a pedirte que me acompa&ntilde;aras a Berlin, que hab&iacute;a querido recorrer m&aacute;s profundamente desde que llegu&eacute; a Alemania. Me preocupaba si estaba siendo demasiado atrevido e inepto, sabiendo lo respetable que eres. Pero recordando que &quot;el coraz&oacute;n d&eacute;bil nunca conquist&oacute; a la bella doncella&quot;, decid&iacute; preguntarte, a pesar de que una vez m&aacute;s ten&iacute;a miedo de que retrocedieras y me rechazaras. Cuando aceptaste, me llen&oacute; una felicidad indescriptible y una sensaci&oacute;n de anticipaci&oacute;n que mitig&oacute; el dolor de tener que separarme de ti ese d&iacute;a.<\/p>\n<p>Tengo muchas ganas de nuestro viaje rom&aacute;ntico juntos a la hermosa ciudad de Berlin.<\/p>\n<p>Miles de besos,<\/p>\n<p>Vlad&iacute;mir<\/p>\n<p>&quot;Bueno, bueno, &iquest;no fui una ni&ntilde;a traviesa?&quot; se ri&oacute; Biedermann. &quot;Recuerdo haber inventado una historia tonta sobre un viaje de una noche con una amiga de la secundaria a la villa de su familia en Riesa, despu&eacute;s de que convenc&iacute; a mi amiga para que me cubriera. Fue bastante conveniente que la villa no tuviera un tel&eacute;fono en aquella &eacute;poca.&rdquo;<\/p>\n<p>&quot;De todos modos, creo que es suficiente nostalgia rom&aacute;ntica por un d&iacute;a. &iquest;Hacemos una cita para encontrarnos aqu&iacute; nuevamente a la misma hora la pr&oacute;xima semana?&quot; Estuve de acuerdo y beb&iacute; lo &uacute;ltimo de mi t&eacute; antes de saludarla y salir de la habitaci&oacute;n mientras Biedermann me segu&iacute;a en su silla de ruedas.<\/p>\n<p>Cuando estaba en la puerta, Biedermann volvi&oacute; a decirme cu&aacute;nto apreciaba mi trabajo en la carta e intent&oacute; darme un sobre con dinero que yo de la manera m&aacute;s educada que pude no lo acept&eacute;. &quot;Esto lo hago con mucho placer&quot;, respond&iacute;.<\/p>\n<p>Katrin me recibi&oacute; en la puerta la semana siguiente. Sent&iacute; una leve desaprobaci&oacute;n por la mirada en sus ojos, y me sent&iacute; un poco inc&oacute;modo. Hice una pausa mientras trataba de pensar en algo que decirle. Antes de que pudiera decirle algo a Katrin para tratar de tranquilizarla sobre mi traducci&oacute;n de las cartas, su t&iacute;a abuela llam&oacute; desde la sala de estar.<\/p>\n<p>&quot;Ahora oc&uacute;pate de tus propios asuntos y vuelve a tu trabajo escolar, Katrin. &iexcl;Estoy cansada de que la gente se entrometa en mis asuntos!&rdquo;<\/p>\n<p>Biedermann se rio cuando entr&eacute; en la sala de estar. Despu&eacute;s de pedirme que me sirviera t&eacute; y galletas, me pregunt&oacute; c&oacute;mo hab&iacute;a ido mi trabajo en el segundo lote de cartas.<\/p>\n<p>Me sonroj&eacute; levemente. &quot;Bueno, este es un poco m&aacute;s&#8230; &iacute;ntimo que el anterior&quot;.<\/p>\n<p>&quot;S&iacute;, por supuesto. No hay necesidad de avergonzarse en mi nombre. He estado esperando toda la semana por esto, as&iacute; que volvamos al carril de la memoria, &iquest;de acuerdo?&quot;<\/p>\n<p>&quot;Vlad&iacute;mir escribi&oacute; esta carta el 15 de octubre de 1955&quot;.<\/p>\n<p>Mi m&aacute;s dulce Eva,<\/p>\n<p>Mientras escribo esto, todav&iacute;a estoy inundado por el resplandor rosado de nuestra estancia celestial en Berlin. Todo parece todav&iacute;a un sue&ntilde;o.<\/p>\n<p>Cuando nos reunimos en la estaci&oacute;n para tomar nuestro tren rom&aacute;ntico (&iexcl;ser&iacute;a el nombre m&aacute;s apropiado para este medio de transporte!) a nuestra ciudad de destino, me impresion&oacute; de nuevo tu refinada elegancia y belleza mientras estabas de pie en tu adorable Lederjacke [chaqueta de cuero] (ves, &iexcl;estoy aprendiendo algo de alem&aacute;n!) y tu su&eacute;ter dorado claro; Pens&eacute; que estaba viendo una visi&oacute;n de un cuento de hadas alem&aacute;n. Pero cuando sent&iacute; tu mano delicada apretada en la m&iacute;a, supe que eras muy real, mi dulce &aacute;ngel.<\/p>\n<p>El viaje en tren a Berlin pareci&oacute; pasar como un borr&oacute;n; todo lo que puedo recordar es sentarme a tu lado y mirarte a los ojos en lugar del paisaje que se precipitaba afuera. Para ser honesto, recuerdo muy poco de las vistas a Berlin mientras explor&aacute;bamos sus encantos pintorescos y deliciosos, cuando camin&aacute;bamos por la Alexanderplatz y cantabas una vieja canci&oacute;n en alem&aacute;n. En silencio sent&iacute; que la dicha que hab&iacute;a encontrado contigo durar&iacute;a para siempre.<\/p>\n<p>Escuch&eacute; lo que son&oacute; como un leve resfriado y mir&eacute; a Biedermann al otro lado de la mesa. Se sec&oacute; los ojos con un pa&ntilde;uelo. &quot;&iquest;Deber&iacute;a dejar de leer?&quot; Pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&ldquo;No, por favor contin&uacute;a. Parece que tengo algo en el ojo&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Est&aacute; bien, pero podemos parar en cualquier momento si quieres&quot;.<\/p>\n<p>La posada que hab&iacute;a elegido para nosotros era la quintaesencia de la refinada est&eacute;tica alemana. Ojal&aacute; pudiera recordar los nombres de todos los platos exquisitamente presentados que disfrutamos en la cena; me temo que les prest&eacute; mucha menos atenci&oacute;n que a ti. Y hasta entonces no me hab&iacute;a dado cuenta de que el vino de Sajonia pod&iacute;a ser tan delicioso y tener una textura tan seductora y sedosa; se me subi&oacute; a la cabeza mucho m&aacute;s r&aacute;pido de lo que esperaba.<\/p>\n<p>&quot;Ambos est&aacute;bamos bastante &laquo;iluminados&raquo;, como dice la expresi&oacute;n tan curiosamente&quot;, dijo Biedermann con una risita de ni&ntilde;a. &quot;Segu&iacute; intentando que bebiera un poco de agua, pero &eacute;l no paraba de hablar del orgullo de los sovi&eacute;ticos o de alguna tonter&iacute;a por el estilo&quot;.<\/p>\n<p>Correr&eacute; un discreto velo de silencio sobre la noche de gloriosa pasi&oacute;n que sigui&oacute;; baste decir que fue realmente maravilloso haber logrado una comuni&oacute;n intelectual, espiritual y f&iacute;sica tan total contigo, mi querida Eva.<\/p>\n<p>&quot;Oh querido&quot;, murmur&oacute; Biedermann, sonroj&aacute;ndose ligeramente.<\/p>\n<p>Hice una pausa.<\/p>\n<p>&quot;Por favor, contin&uacute;a&quot;, insisti&oacute; ella.<\/p>\n<p>Quiero escribir vol&uacute;menes de poes&iacute;a rindiendo homenaje a tu belleza y exclamando el tema infinito de mi profundo y eterno amor por ti, pero mis pobres habilidades no est&aacute;n a la altura de tan formidable tarea. En cambio, quiero expresar mi amor por ti con una mir&iacute;ada de besos que depositar&eacute; en tus labios divinos la pr&oacute;xima vez que estemos juntos. Propongo que visitemos Magdeburg este pr&oacute;ximo fin de semana, es una ciudad de la que tanto he o&iacute;do hablar pero que a&uacute;n no he visitado. Espero que en alg&uacute;n momento pueda conocer a tu familia; entiendo que, despu&eacute;s de los terribles tiempos de la guerra, deba pasar alg&uacute;n tiempo antes de que acepten la idea de que te involucres con un sovi&eacute;tico. Dado eso y al hecho de que aqu&iacute; no tengo tel&eacute;fono, supongo que tendremos que mantenernos en contacto por correo. Espero ansiosamente recibir tu respuesta, mi &uacute;nico amor.<\/p>\n<p>Tuyo para siempre,<\/p>\n<p>Vlad&iacute;mir<\/p>\n<p>PD: Olvid&eacute; mencionarte que despu&eacute;s de regresar de Berlin encontr&eacute; tu horquilla de laca mezclada con mi ropa. Debi&oacute; caer en mi maleta cuando est&aacute;bamos haciendo las valijas y de repente te abrac&eacute;. La encontrar&aacute;s en este sobre.<\/p>\n<p>El silencio descendi&oacute; sobre la habitaci&oacute;n. Biedermann mir&oacute; hacia el jard&iacute;n a trav&eacute;s de la ventana de la sala y no dijo nada, aparentemente ajena a mi presencia. Se llev&oacute; una mano a la cabeza y con cuidado ajust&oacute; lo que me di cuenta que era la horquilla que Vlad&iacute;mir le hab&iacute;a devuelto. Pens&eacute; que era mejor no hablar y observ&eacute; c&oacute;mo las part&iacute;culas de polvo giraban sin rumbo bajo los rayos del sol que entraban a raudales por la ventana de la habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&quot;Lo siento, estaba a mundos de distancia&quot;, dijo Biedermann con una sonrisa. &quot;Bueno, creo que ya basta de revolcarse en el pasado&quot;, dijo con aire distra&iacute;da. &quot;Por favor, s&eacute; tan amable de leerme otra carta a la misma hora la pr&oacute;xima semana&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Es un placer&quot;, dije. &quot;&iquest;Est&aacute;s&hellip; bien?&quot; me aventur&eacute;.<\/p>\n<p>&quot;&iexcl;S&iacute;, s&iacute;! No te preocupes por mi estado de &aacute;nimo. Pero gracias por preguntar. Por favor, saluda al gran mundo exterior de mi parte, &iquest;quieres?&quot;<\/p>\n<p>Dej&eacute; a Biedermann sola mientras la luz del sol se desvanec&iacute;a y las sombras emerg&iacute;an sigilosamente de los rincones de la habitaci&oacute;n como la vanguardia de la fresca tarde de oto&ntilde;o.<\/p>\n<p>Regres&eacute; a la residencia de Biedermann la pr&oacute;xima semana a la hora acordada. Toqu&eacute; el timbre y escuch&eacute; la voz alta pero firme de Biedermann pidi&eacute;ndome que pasara.<\/p>\n<p>&quot;Bueno, espero que la pr&oacute;xima carta no sea demasiado lasciva&quot;, dijo cuando entr&eacute; en la sala de estar. &quot;No me gustar&iacute;a trastornar tu tierna sensibilidad&quot;.<\/p>\n<p>&quot;No exactamente,&quot; dije. &quot;Es todo lo contrario&quot;.<\/p>\n<p>Biedermann me mir&oacute; con una sonrisa melanc&oacute;lica. &quot;De hecho&quot;, dijo ella. &quot;Bueno, &iquest;volvemos a los &laquo;poteryannoye vremya&raquo; [en ruso: tiempos perdidos]?&quot;<\/p>\n<p>&quot;Si est&aacute;s lista&hellip;&quot; dud&eacute;.<\/p>\n<p>&quot;Lo estoy. Por favor, adelante&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Correcto. La siguiente carta de Vlad&iacute;mir est&aacute; fechada el 23 de octubre de 1955. Es mucho m&aacute;s corta que la primera&quot;.<\/p>\n<p>Querida Eva,<\/p>\n<p>Conf&iacute;o en que &eacute;sta te encuentre bien. Espero que hayas disfrutado del espl&eacute;ndido cuadro de las hojas de oto&ntilde;o, lo que me hace desear haber empezado a pintar para intentar hacer justicia a su sutil belleza.<\/p>\n<p>Espero que hayas recibido mi carta del 15 de octubre; ten&iacute;a la esperanza de que fu&eacute;ramos el fin de semana pasado a Magdeburg, pero no recib&iacute; una respuesta tuya. Estoy seguro de que hubo una muy buena raz&oacute;n para que no me respondieras; quiz&aacute;s est&eacute;s ocupada con tu trabajo escolar o tengas compromisos familiares. En ese caso, perdona mi insistente y ego&iacute;sta reiteraci&oacute;n en encontrarme contigo lo m&aacute;s pronto despu&eacute;s de nuestro viaje a Berlin.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n se me ocurre que tal vez hayas tenido alguna dificultad para leer mi escritura impenetrable.<\/p>\n<p>&quot;S&iacute;, debe haber sido una gran lucha para ti leer sus cartas, Frau Biedermann&quot;, observ&eacute;.<\/p>\n<p>&quot;S&iacute;, de hecho&quot;, respondi&oacute; ella, con un ligero temblor en su voz. &quot;Por favor, contin&uacute;a&quot;.<\/p>\n<p>Intentar&eacute; escribir de forma m&aacute;s clara (&iexcl;y sucinta!) a partir de ahora.<\/p>\n<p>Mi dulce, dulce Eva. Me encanta tu alegr&iacute;a, y c&oacute;mo me provocas coquetamente con ese brillo travieso en tus ojos, cuando estamos solos.<\/p>\n<p>&quot;&iexcl;Oh, Vlad&iacute;mir! &iexcl;Hombre travieso, travieso!&quot; exclam&oacute; Biedermann como si su antiguo amante hubiera entrado de repente en la habitaci&oacute;n. &quot;Fui una coqueta incorregible&quot;, se ri&oacute; entre dientes, dirigiendo su atenci&oacute;n hacia m&iacute;. &quot;Lamento interrumpirte, por favor contin&uacute;a&quot;.<\/p>\n<p>Cada vez me resulta m&aacute;s dif&iacute;cil concentrarme en mis funciones docentes; cuando miro a las j&oacute;venes en mis clases, todo lo que puedo ver es a ti. Espero ver tu hermoso rostro pronto, mi amor, y besar tus dulces labios mientras nos abrazamos tiernamente.<\/p>\n<p>Por favor escr&iacute;beme cuando puedas; cada d&iacute;a que pasa sin saber de ti es una eternidad insufrible para m&iacute;.<\/p>\n<p>Miles de besos,<\/p>\n<p>Vlad&iacute;mir<\/p>\n<p>&quot;La eternidad&#8230; s&iacute;, qu&eacute; terriblemente larga es&quot;, murmur&oacute; Biedermann. &quot;Hablando del paso del tiempo, demos por terminado el d&iacute;a, &iquest;de acuerdo? No puedo soportar mucho que me recuerden los tiempos perdidos. Katrin volver&aacute; pronto para ayudarme a preparar la cena&quot;.<\/p>\n<p>Acordamos volver a encontrarnos a la misma hora la semana siguiente y nos despedimos.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Deber&iacute;amos hacer retroceder el reloj una vez m&aacute;s?&quot; Biedermann pregunt&oacute; cu&aacute;ndo me present&eacute; en su casa la semana siguiente.<\/p>\n<p>&quot;S&iacute;, si est&aacute;s lista&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Ciertamente lo estoy. Por favor, procede&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Est&aacute; bien. La siguiente carta est&aacute; fechada el 25 de octubre de 1955&quot;.<\/p>\n<p>Mi querida Eva,<\/p>\n<p>Como no he sabido nada de ti, me estoy preocupando seriamente por ti, mi amor. Cada noche espero que no te hayas encontrado con alguna calamidad desafortunada. &iquest;O me has rechazado? Puede ser que un simple b&aacute;rbaro como yo sea indigno de ser el amante de una princesa exquisita y ex&oacute;tica como t&uacute;.<\/p>\n<p>&quot;Oh, Dios m&iacute;o&quot;, intervino Biedermann, sonroj&aacute;ndose ligeramente.<\/p>\n<p>Pero debes creerme cuando te digo, con la mayor seriedad y gravedad, que eres mi &uacute;nico amor, y que la ambici&oacute;n de mi vida es hacerme digno de tu afecto.<\/p>\n<p>Es mi mayor esperanza que alg&uacute;n d&iacute;a viajemos juntos a Rusia, para poder presentarte a mi familia y mostrarte mi ciudad, Voronezh y la hermosa campi&ntilde;a donde he pasado tantos d&iacute;as felices y tranquilos.<\/p>\n<p>&quot;Ese tambi&eacute;n era mi sue&ntilde;o&quot;, dijo Biedermann.<\/p>\n<p>Mientras tanto, sin embargo, nada me dar&iacute;a m&aacute;s placer que pasar un tiempo contigo en este hermoso y dorado oto&ntilde;o, y escuchar tu risa alegre y tintineante como cuando nos encontramos por primera vez en el parque cerca de tu casa.<\/p>\n<p>Estoy medio tentado de ir a tu casa para ver si te encuentras bien; pero s&eacute; que bajo las reglas de la etiqueta eso ser&iacute;a una imposici&oacute;n imperdonable y una violaci&oacute;n de tu privacidad.<\/p>\n<p>As&iacute; que por favor, escr&iacute;beme cuando puedas. Estoy tan solo sin ti, Eva.<\/p>\n<p>Tuyo solamente,<\/p>\n<p>Vlad&iacute;mir<\/p>\n<p>Mientras le&iacute;a estas &uacute;ltimas l&iacute;neas, Biedermann solloz&oacute; y se sec&oacute; los ojos con un pa&ntilde;uelo.<\/p>\n<p>&quot;Me temo que todo esto es demasiado para m&iacute;&quot;, dijo, sec&aacute;ndose las l&aacute;grimas. &quot;Siempre me he considerado una persona poco sentimental, pero como puedes ver, soy muy sentimental&quot;.<\/p>\n<p>No sab&iacute;a qu&eacute; decir.<\/p>\n<p>&quot;Hay dos cartas m&aacute;s de Vlad&iacute;mir, Frau Biedermann. &iquest;Est&aacute;s segura de que quieres continuar con esto?&quot;<\/p>\n<p>&quot;&iexcl;S&iacute;, s&iacute;! Ahora que hemos llegado tan lejos, no tiene sentido detenerse. Algunas personas, Katrin por ejemplo, bendita sea su alma, piensan que es morbosamente sentimental para m&iacute; sacar a la luz viejos recuerdos como &eacute;ste. Pero no estoy de acuerdo. Yo &iexcl;quiero enfrentar el pasado de frente, sin importar lo doloroso que sea!&quot; La voz de Biedermann se hizo cada vez m&aacute;s fuerte mientras dec&iacute;a esto, y mientras casi que gritaba la palabra &laquo;doloroso&raquo;, golpe&oacute; con fuerza el pu&ntilde;o sobre la mesa mientras me miraba con furia.<\/p>\n<p>R&aacute;pidamente recuper&oacute; la compostura. &quot;&iexcl;Oh, lo siento mucho! Qu&eacute; grosera de mi parte. Por favor, perdona a una anciana amargada y frustrada&quot;.<\/p>\n<p>&quot;No hay nada que perdonar, Frau Biedermann. S&eacute; que todo esto debe estar afect&aacute;ndote emocionalmente&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Gracias por tu comprensi&oacute;n. Realmente lo aprecio. Pero ahora me gustar&iacute;a estar sola y ordenar mis pensamientos. Por favor, trae las traducciones de las dos &uacute;ltimas cartas la pr&oacute;xima semana&quot;.<\/p>\n<p>Prescindiendo de las formalidades habituales, sal&iacute; de la residencia de Biedermann. Era tarde en la tarde y el sol, bajo en el cielo, arrojaba algunos rayos d&eacute;biles de luz en el jard&iacute;n. Algunas hojas marrones y amarillas quedaron en las ramas casi desnudas de los &aacute;rboles. Nada se mov&iacute;a. Me detuve y observ&eacute;. Perd&iacute; la noci&oacute;n del tiempo, hasta que el fr&iacute;o de la tarde me hizo recordar que ten&iacute;a una cita que cumplir. Sal&iacute; del jard&iacute;n y camin&eacute; por las tranquilas calles.<\/p>\n<p>&quot;Buenas tardes, Frau Biedermann&quot; dije cuando entr&eacute; al genkan una semana despu&eacute;s. &quot;Conf&iacute;o en que est&eacute;s bien&quot;.<\/p>\n<p>&quot;&Agrave; la recherche du temps perdu [En busqueda del tiempo perdido] c&eacute;lebre novela de Marcel Proust,&rdquo; dijo Eva con una sonrisa melanc&oacute;lica.<\/p>\n<p>&ldquo;Escelente pronunciaci&oacute;n del franc&eacute;s. &iexcl;Felicitaciones! Eva Biedermann&rdquo;<\/p>\n<p>&ldquo;Gracias. Estoy mejor que nunca&quot;, respondi&oacute;. &quot;Ahora, creo que nos estamos acercando al desenlace de mi asunto del coraz&oacute;n de hace mucho tiempo. Debes estar terriblemente aburrido con los excesos floridos de Vlad&iacute;mir, &iquest;no?&quot;<\/p>\n<p>&quot;Realmente no. En estos tiempos c&iacute;nicos, es refrescante constatar que alguna vez existi&oacute; el romance y la pasi&oacute;n. Y que la gente sol&iacute;a dedicar tiempo y esfuerzo al noble arte de escribir cartas. Pero debo admitir que me siento un poco&#8230; voyerista mientras leo las cartas de Vlad&iacute;mir&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Entiendo. Pero recuerda que me est&aacute;s haciendo un gran favor al leer la prosa enredada de Vlad&iacute;mir. Ahora, &iquest;procedamos?&rdquo;<\/p>\n<p>&quot;Correcto. Aqu&iacute; est&aacute;n las dos &uacute;ltimas cartas. Ambas son bastante cortas. La primera est&aacute; fechada el 27 de octubre de 1955, solo dos d&iacute;as despu&eacute;s de su carta anterior&quot;.<\/p>\n<p>Querida Eva,<\/p>\n<p>&iquest;Por qu&eacute; no respondes a mis cartas? &iquest;Soy un pretendiente rechazado? &iquest;No soy digno de tu cari&ntilde;o? &iquest;Solo fui un capricho pasajero para ti? &iquest;Una novedad? Por favor, dime que me equivoco y disipa los pensamientos oscuros y melanc&oacute;licos que nublan mi mente atribulada.<\/p>\n<p>No puedo trabajar. Me he perdido varias clases recientemente, alegando enfermedad. Me acuesto en la cama todo el d&iacute;a pregunt&aacute;ndome qu&eacute; pude haber hecho para ofenderte. No tengo energ&iacute;a, ni siquiera para llorar. Mi coraz&oacute;n est&aacute; roto en un mill&oacute;n de pedazos. Estoy enfermo de angustia. &iquest;Por qu&eacute;, oh por qu&eacute;, me tratas as&iacute;?<\/p>\n<p>Peor que estos pensamientos son aquellos que me sugieren que algo terrible te ha sucedido, que est&aacute;s enferma o has tenido alg&uacute;n accidente, espero que no sea as&iacute;, que nada te impida mantener correspondencia conmigo.<\/p>\n<p>Ayer reun&iacute; suficiente energ&iacute;a para ir al Clara-Zetkin-Park con la d&eacute;bil esperanza de que pudieras estar all&iacute;. Pero no estabas. Las hojas de oto&ntilde;o no ten&iacute;an ning&uacute;n atractivo para m&iacute;. Me sent&iacute; muerto para el mundo. Ya nada tiene ning&uacute;n significado para m&iacute;. El mundo es solo un revoltijo de polvo y sombras, y la vida para m&iacute; no tiene sentido o, en el mejor de los casos, es una broma cruel.<\/p>\n<p>Por un capricho tonto, trat&eacute; de encontrar tu casa, pero mi lamentable falta de habilidad para leer alem&aacute;n me hizo imposible determinar d&oacute;nde estaba. Mientras caminaba por las calles de tu barrio, un polic&iacute;a se detuvo para preguntarme si necesitaba ayuda. Le mostr&eacute; tu direcci&oacute;n y tu nombre, y me acompa&ntilde;&oacute; hasta donde indicaba el papel que le mostr&eacute;. Se fue y toqu&eacute; timbre en el n&uacute;mero que indicaba el papel con tu direcci&oacute;n que me hab&iacute;as dado. Sali&oacute; un se&ntilde;or mayor, le mostr&eacute; el papel con tu nombre y direcci&oacute;n. Me respondi&oacute; con un categ&oacute;rico &laquo;Nein. Es ist nicht hier.&raquo; [No. No es aqu&iacute;].<\/p>\n<p>Regres&eacute; a mi habitaci&oacute;n solitaria, donde ocupo mi tiempo pensando en los momentos trascendentemente rom&aacute;nticos que pasamos juntos. Solo una palabra tuya tranquilizar&iacute;a mi alma torturada, incluso si esa palabra es &quot;sayonara&quot;.<\/p>\n<p>Te amo, Eva. Por favor, alivia el dolor de mi coraz&oacute;n y escr&iacute;beme. Te lo ruego&hellip;..<\/p>\n<p>Con todo mi coraz&oacute;n,<\/p>\n<p>Vlad&iacute;mir<\/p>\n<p>Levant&eacute; la vista de la carta, medio esperando ver a Biedermann llorando. Pero estaba mirando hacia el jard&iacute;n o hacia alg&uacute;n punto indefinido del espacio. Su mirada de acero y su mand&iacute;bula apretada me dijeron que estaba haciendo todo lo posible para mantener a raya sus emociones turbulentas. Respir&oacute; hondo y se aclar&oacute; la garganta.<\/p>\n<p>&quot;Estoy segura de que piensas que fui una zorra despiadada al tratar a Vlad&iacute;mir de esa manera. Si tan supieras&#8230;&quot;<\/p>\n<p>En ese momento decid&iacute; que la discreci&oacute;n era la mejor parte del valor y opt&eacute; por permanecer en silencio.<\/p>\n<p>&quot;Bueno, &iquest;no vas a leerme la &uacute;ltima carta?&quot; dijo Biedermann, alzando la voz. &quot;&iexcl;Vamos, adelante!&quot;<\/p>\n<p>&quot;Correcto. La &uacute;ltima carta est&aacute; fechada el 5 de noviembre de 1955. Aqu&iacute; vamos:&rdquo;<\/p>\n<p>Estimada Eva,<\/p>\n<p>Es con gran pesar que debo decirte que regresar&eacute; a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica la pr&oacute;xima semana. Debido a mi profunda e interminable depresi&oacute;n, he descuidado tanto mis deberes como docente que el director no ha tenido m&aacute;s remedio que pedirme que renuncie.<\/p>\n<p>Cuando llegu&eacute; por primera vez a Leipzig hace un a&ntilde;o, uno de mis compatriotas me dijo que, a menos que tuviera cuidado, Alemania me romper&iacute;a el coraz&oacute;n. En ese momento, me re&iacute; de esto como una percepci&oacute;n c&iacute;nica y barata de un expatriado hastiado, pero ahora entiendo cu&aacute;n perspicaz fue su comentario. Mi entusiasmo ingenuo por todas las cosas alemanas se ha desvanecido, lamento decirlo, y ahora es solo una sombra tenue en mi mente atribulada.<\/p>\n<p>Lo que permanece fresco y v&iacute;vido para m&iacute; es mi recuerdo de ti, que atesorar&eacute; hasta el d&iacute;a de mi muerte. Hablar de ti como un recuerdo hiere mi coraz&oacute;n con mil lanzas; Ojal&aacute; pudiera hablar de ti como mi sue&ntilde;o, mi esperanza, mi amor eterno.<\/p>\n<p>&iexcl;Parece que tal esperanza es una mera quimera!, de la que la sangre vital se escurrir&aacute; como los colores de las hojas del oto&ntilde;o.<\/p>\n<p>Estoy seguro de que debe haber alguna muy buena raz&oacute;n para que hayas decidido rechazarme. Tenga la seguridad de que cualquier resentimiento, ira y frustraci&oacute;n que pueda sentir por eso ser&aacute; m&aacute;s que compensado por el feliz conocimiento de que una vez nos amamos y estuvimos juntos.<\/p>\n<p>Nunca te olvidar&eacute;, Eva; por favor piensa en m&iacute; a veces, o al menos sue&ntilde;a un sue&ntilde;o conmigo.<\/p>\n<p>Tuyo para siempre,<\/p>\n<p>Vlad&iacute;mir<\/p>\n<p>Biedermann se qued&oacute; en silencio cuando termin&eacute; de leer esta &uacute;ltima carta.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Quieres otra taza de t&eacute;?&quot; ella pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&quot;Um, s&iacute;, claro&quot;, respond&iacute;. Ella recogi&oacute; la tetera y la acerc&oacute; a mi taza. Pero mientras lo hac&iacute;a, sus manos comenzaron a temblar; tanto que tuve que arrebatarle la tetera.<\/p>\n<p>&quot;Perm&iacute;teme, yo lo hago&quot;, le dije.<\/p>\n<p>&quot;Oh&#8230; gracias&quot;, respondi&oacute;. &quot;Me temo que la &uacute;ltima carta me afect&oacute;&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Entiendo. S&eacute; lo emocional que ha sido esta experiencia para ti. Solo puedo imaginar lo traum&aacute;tico que debe haber sido volver a leer esas cartas despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os&quot;.<\/p>\n<p>&quot;As&iacute; es, ya ves&quot;, respondi&oacute; Biedermann. &quot;Me temo que no he sido lo suficientemente comunicativa contigo. La verdad es que no estaba al tanto de su existencia hasta que las encontr&eacute; cuando estaba limpiando la casa hace unas semanas&quot;.<\/p>\n<p>El silencio descendi&oacute; sobre la habitaci&oacute;n. De repente, Biedermann parec&iacute;a muy vieja y preocupada.<\/p>\n<p>&ldquo;La guerra, el odio. Vlad&iacute;mir y yo fuimos v&iacute;ctimas inocentes de la guerra, del odio. Parece que mi padre, que no ocultaba su admiraci&oacute;n por el nazismo y su aborrecimiento por el comunismo, intercept&oacute; las cartas de Vlad&iacute;mir y me las ocult&oacute;&quot;.<\/p>\n<p>&quot;&iexcl;Oh no! &iexcl;No se puede llegar a tal extremo! &iexcl;Destruy&oacute; el amor sano entre dos j&oacute;venes!&rdquo; exclam&eacute; yo tambi&eacute;n con rabia.<\/p>\n<p>&quot;S&iacute;. Exactamente. Todos estos a&ntilde;os pens&eacute; que Vlad&iacute;mir se hab&iacute;a burlado de m&iacute; y luego me olvid&oacute;. Pero ahora me doy cuenta de que&#8230;&quot;<\/p>\n<p>Biedermann inclin&oacute; la cabeza y se disolvi&oacute; en un torrente de l&aacute;grimas. Su fr&aacute;gil cuerpo estaba atormentado por los sollozos. Trat&eacute; de decir algunas palabras de consuelo. Sonaban huecas y falsas. Katrin, al o&iacute;r el llanto de su t&iacute;a abuela, entr&oacute; en la habitaci&oacute;n y la abraz&oacute;.<\/p>\n<p>&quot;&iexcl;Estoy demasiado vieja para que me rompan el coraz&oacute;n en un mill&oacute;n de pedazos otra vez!&quot; gimi&oacute; la anciana. &quot;&iexcl;Ay, Vlad&iacute;mir! &iexcl;Vlad&iacute;mir! Mi amor, mi &uacute;nico&#8230;&quot;<\/p>\n<p>Biedermann se levant&oacute; de repente y estir&oacute; los brazos, como si estuviera a punto de abrazar a alguien. Pero junt&oacute; los brazos y solo abraz&oacute; el aire vac&iacute;o. Los sostuvo contra su pecho y solloz&oacute; pesadamente.<\/p>\n<p>Me sent&iacute; muy fuera de lugar. Murmur&eacute; algunas formalidades educadas sobre tener buena salud y mantenernos en contacto, y sal&iacute; de la casa.<\/p>\n<p>Todav&iacute;a era temprano en la noche y ten&iacute;a algo de tiempo, as&iacute; que baj&eacute; la colina hasta el parque Clara-Zetkin-Park. El fat&iacute;dico banco estaba vac&iacute;o. Me sent&eacute; para tener un momento de paz en la quietud silenciosa. La luna creciente se reflejaba en las ondulantes aguas grises del estanque.<\/p>\n<p>Me levant&eacute; repentinamente sin control ninguno y grit&eacute; a los cuatro vientos:<\/p>\n<p>&ldquo;&iexcl;LA PUTA QUE LOS PARI&Oacute; A LOS HOMBRES DE LA GUERRA QUE DESTRUYEN VIDAS Y SIEMPRAN EL ODIO! &iexcl;LA PUTA QUE LOS PARI&Oacute;&Oacute;&Oacute;!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 18<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Sentado en un banco junto al lago del parque Clara-Zetkin-Park de Leipzig en una fresca y soleada tarde de mediados de octubre,&nbsp; observ&eacute; los dorados, ocres y bermellones de las hojas de oto&ntilde;o contra el cielo azul. Un bote de remos pas&oacute; a la deriva y, a su paso, el brillante follaje oto&ntilde;al se reflejaba [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":23978,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[],"class_list":{"0":"post-40932","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-grandes-relatos"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40932","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/23978"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40932"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40932\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40932"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40932"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40932"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}