{"id":41052,"date":"2023-02-19T23:00:00","date_gmt":"2023-02-19T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-02-19T23:00:00","modified_gmt":"2023-02-19T23:00:00","slug":"ese-culo-respingon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/ese-culo-respingon\/","title":{"rendered":"Ese culo resping\u00f3n"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41052\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Nos conocimos por internet, espec&iacute;ficamente por Twitter. Despu&eacute;s de unos intercambios en p&uacute;blico, comenzamos a enviarnos mensajes directos. Convers&aacute;bamos de todo: experiencias, vida pr&aacute;ctica, pol&iacute;tica y por alguna raz&oacute;n tambi&eacute;n de sexo. No pas&oacute; demasiado tiempo hasta que las conversaciones comenzaron a subir de temperatura, en una extra&ntilde;a mezcla entre coqueteos, descripciones gr&aacute;ficas y preguntas muy directas.<\/p>\n<p>Todo cambi&oacute; una tarde de viernes. Comenzamos a hablar por tel&eacute;fono mientras ella hac&iacute;a las compras en el supermercado. Despu&eacute;s de repasar los temas de la semana, comenzamos nuevamente ese ir y venir, entre preguntas directas del tipo qu&eacute; har&iacute;as si estuviese ah&iacute; e hiciese tal cosa. En un momento la conversaci&oacute;n fue lentamente subiendo de todo, d&aacute;ndole un car&aacute;cter bastante especial que ella estuviese en un lugar p&uacute;blico mientras yo pod&iacute;a hablar con total libertad al encontrarme a solas. Una vez terminada sus compras y sentada en su auto, aunque a&uacute;n aparcada en el estacionamiento, la conversaci&oacute;n subi&oacute; a tal nivel que ella comenz&oacute; a masturbarse. Nunca lo hab&iacute;a hecho en su vida: tener sexo telef&oacute;nico. Las preguntas y contra preguntas, ese qu&eacute; har&iacute;as si estuvieses aqu&iacute;, le arranc&oacute; tres orgasmos. Mucho m&aacute;s de lo que hab&iacute;a tenido con la enorme mayor&iacute;a de sus amantes. De alguna manera, se dio cuenta que era absolutamente real aquello que se&ntilde;ala que las mujeres tienen conectado el cl&iacute;toris con el o&iacute;do. La pregunta que, por supuesto, qued&oacute; en el a&iacute;re era si la realidad podr&iacute;a superar a la fantas&iacute;a que flu&iacute;a v&iacute;a tel&eacute;fono.<\/p>\n<p>Ahora bien, no deseo relatarles la primera vez que tuvimos sexo. Si bien fue una vez especial, como toda primera vez, no fue la m&aacute;s especial. Ella s&iacute; hab&iacute;a tenido sexo con otros, tambi&eacute;n muy buen sexo. Claramente con tipos muy distintos a m&iacute;. Esto pues, algo que a&uacute;n no les he contado, ella me sacaba casi dos d&eacute;cadas de ventaja. As&iacute; como lo leen. Una mujer con dos d&eacute;cadas de ventaja hab&iacute;a tenido un tr&iacute;o de orgasmos en un estacionamiento s&oacute;lo hablando por tel&eacute;fono conmigo. Cuando esas fantas&iacute;as se materializaron, tambi&eacute;n tuvo esa cantidad de orgasmos. Pero nunca hab&iacute;a vivenciado lo que relatar&eacute; a continuaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Viviana era una mujer ancha, no gorda, con pechos normales, muy parados y bien cuidados para su edad. Una cara muy risue&ntilde;a, con una sonrisa expresiva y sonora. Lo mejor era su culo. Un culo redondo y muy respingado. Era de esas mujeres que tienen la gracia de ser acinturadas, de tal manera que, al poseer un culo respingado, lo contonean de manera gr&aacute;cil y coqueta. Sin embargo, ella no era s&oacute;lo un culo precioso. Ten&iacute;a una personalidad muy afilada y una incre&iacute;ble capacidad para hacer la pregunta precisa, el comentario acertado, la intervenci&oacute;n oportuna que desarmaba al interlocutor. Las veces que nos ve&iacute;amos, siempre en su casa, beb&iacute;amos tres o hasta cuatro botellas de vino conversando los m&aacute;s variados temas. Era una mujer le&iacute;da y viajada, que hab&iacute;a dedicado su vida a vivenciar el descubrimiento de su propia individualidad femenina. Nunca antes hab&iacute;a estado frente a una mujer que hab&iacute;a pasado la edad de tener hijos sin arrepentimiento alguno de no haberlos tenido. Por el contrario, mostraba esa hambre de vivencias. La que ten&iacute;a en enfrente ahora era tener un amante dos d&eacute;cadas menor. Esto la hac&iacute;a sentir no s&oacute;lo rejuvenecida, sino que en un grado mayor de autonom&iacute;a femenina.<\/p>\n<p>Un episodio relata bien este grado de autonom&iacute;a al que me refiero. Su vecina sol&iacute;a mirarla con el desd&eacute;n y la suficiencia con que miran las mujeres que ya son abuelas a las que nunca se casaron y tuvieron hijos. Siempre que lograba establecer una conversaci&oacute;n con Viviana intentaba notificarle de alguna manera que su vida no era la vida que toda mujer que se preciara de tal. Que si no hab&iacute;a tenido hijos, por lo menos tuviese una pareja estable con la cual pudiese completar su vida. Todo esto siempre con el tono de envidia que tiene esa generaci&oacute;n de mujeres con la siguiente que avanz&oacute;, aunque sea unos metros m&aacute;s, en ese enrevesado camino a la emancipaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Recuerdo que una vez vi a la vecina, llegando incluso a saludarla, para despu&eacute;s enterarme por boca de Viviana c&oacute;mo era su relaci&oacute;n con esta &uacute;ltima. Despu&eacute;s de arreglar el mundo, acompa&ntilde;ando la tarea con botellas de vino, la tom&eacute; por la cintura de sorpresa en la cocina. Mientras la besaba apasionadamente la fui guiando hasta la habitaci&oacute;n. Despu&eacute;s de tres pasos mis manos ya se encontraban debajo de su falda buscando sus muslos y su culo, bastando esto para comenzar a sentir sus suspiros. Como era habitual la puse de espaldas contra la cama, baj&aacute;ndole su ropa interior a la b&uacute;squeda de su entrepierna con mi boca. La bes&eacute; tan apasionadamente que no hizo falta mucho tiempo para que llegara su primer orgasmo el cual grit&oacute; con total sinceridad. La forma en la cual me hab&iacute;a contado la relaci&oacute;n con su vecina, ese inocultable hast&iacute;o, me hizo proponerme darle un sexo fant&aacute;stico. Posteriormente, ella misma reconoci&oacute; algo que yo ya intu&iacute;a y algo que no. Lo primero, que nunca hab&iacute;a gritado tan fuerte durante el sexo. Lo segundo, es que su vecina le hab&iacute;a hecho saber unas semanas despu&eacute;s que la hab&iacute;a escuchado. Para su sorpresa su cuerpo no contuvo una piza de verg&uuml;enza, como la vecina quer&iacute;a lograr, sino m&aacute;s bien de sincero orgullo. Sab&iacute;a que la vecina, en lo m&aacute;s profundo de su ser, all&iacute; donde hab&iacute;a s&oacute;lo sinceridad, la envidiaba. Era la diferencia entre la que se sent&iacute;a mujer por haber sido esposa y madre con la que se sent&iacute;a mujer por ser deseada y org&aacute;smicamente penetrada.<\/p>\n<p>La experiencia que cambi&oacute; su vida sexual para siempre ocurri&oacute; en terreno neutral. Esta vez ella vino a mi ciudad por trabajo, qued&aacute;ndose en un hotel c&eacute;ntrico. Quedamos en que la pasar&iacute;a a buscar a las ocho de la tarde. Era un viernes de primavera en un d&iacute;a precioso. Lo suficientemente agradable para que ella se pusiese un vestido rojo ligero, con medias caladas negras y tacos aguja del mismo color. Debajo llevaba una ropa interior tambi&eacute;n roja, muy fina y delgada. Recuerdo que al verla llegar inmediatamente pens&eacute; que se ve&iacute;a fant&aacute;stica. Al decirlo me respondi&oacute; con una sonrisa coqueta, acerc&aacute;ndose a mi mejilla con sus rojos labios. Cuando posterior al beso, claramente a prop&oacute;sito, comenz&oacute; a caminar delante m&iacute;o unificando su coqueter&iacute;a en ese culo resping&oacute;n.<\/p>\n<p>Fuimos a cenar a un restaurante que no quedaba lejos. Algo as&iacute; como dos cuadras. El lugar elegido era un excelente restaurante peruano. La comida estuvo exquisita, pero lo que hizo la real diferencia fueron los pisco sours catedral. Unos vasos enormes de casi medio litro. Nos tomamos dos cada uno. A medida que la fant&aacute;stica conversaci&oacute;n ambos sent&iacute;amos esa mezcla &uacute;nica y explosiva que s&oacute;lo logra la cantidad adecuada de alcohol con la cantidad adecuada de deseo. A pesar de que la conversaci&oacute;n transcurr&iacute;a lejos de cualquier tema de car&aacute;cter er&oacute;tico, ambos sab&iacute;amos cu&aacute;nto nos dese&aacute;bamos. Pareciera que el no tocar dichos temas hac&iacute;a que el deseo se delatara en miradas, en risas, en toques de mano, en caricias bajo la mesa. La perfecci&oacute;n de la velada se acab&oacute; cuando nos dimos cuenta de que era la hora de llamar al garz&oacute;n y pagar.<\/p>\n<p>Recuerdo que al levantarme sent&iacute; mi ligera borrachera. Para ella era peor pues deb&iacute;a no s&oacute;lo controlar su cuerpo, sino que tambi&eacute;n lograr dignamente la haza&ntilde;a de caminar con tacos. Es un misterio de la f&iacute;sica c&oacute;mo logr&oacute; caminar gallardamente con esos tacos aguja negros, a pesar de la borrachera. Pero es un misterio divino c&oacute;mo logr&oacute; a pesar de toco contonear ese culo resping&oacute;n enfundado en el vestido rojo. Ese momento divino, ese big bang, s&oacute;lo dur&oacute; unos cincuenta metros. Despu&eacute;s tuvo que agarrarse de mi brazo. Ante la pregunta de si estaba bien, me respondi&oacute; mir&aacute;ndome fijamente con ojos de deseo que se encontraba perfectamente. Suced&iacute;a s&oacute;lo que hace tiempo que no beb&iacute;a pisco sour. Con ir&oacute;nicos ojos le respond&iacute; que le cre&iacute;a su mentira.<\/p>\n<p>Caminamos de vuelta al hotel disfrutando de la brisa de primavera. Eran alrededor de las doce de la noche. Tuvimos la enorme suerte, al llegar al lobby del edificio, de que el ascensor se encontraba vac&iacute;o. Apenas se cerr&oacute; la puerta comenzamos a besarnos apasionadamente. Sent&iacute;a que tanto mi piel como la suya estaba hirviendo, que nuestras bocas se encontraban con desesperaci&oacute;n, que nuestras manos sab&iacute;an perfectamente sus objetivos. Una vez abierta la puerta del ascensor, ella sac&oacute; r&aacute;pida y diligentemente la llave de su cartera. Ni un atisbo de la torpeza que siempre acompa&ntilde;a a la borrachera. Una vez cerrada la puerta detr&aacute;s de nosotros, no tuvimos tiempo siquiera para prender las luces. Yo sab&iacute;a cu&aacute;l era mi objetivo.<\/p>\n<p>Introduje mi mano debajo de su falda, mientras la segu&iacute;a besando con furia, buscando su entrepierna. Al alcanzarla y sentir ese gemido conocido que me encantaba, segu&iacute; con mi tarea primero por encima de la tela, con la intenci&oacute;n de continuar debajo de ella. Cuando ya casi alcanzaba mi ansiado objetivo, ella me detuvo. Al mirarla preguntando con mis ojos qu&eacute; suced&iacute;a, puso su &iacute;ndice en mis labios. Me bes&oacute; en la boca y en el cuello, bajando lentamente hasta enfrentarse a mi entrepierna. Ella desabroch&oacute; mi cintur&oacute;n, desplaz&oacute; despu&eacute;s los botones correspondientes, todo para introducir su mano dentro de mi ropa interior y sacar mi desesperaci&oacute;n de su encierro. Sus labios rojos comenzaron a consumirme con fuerza y profundidad. Una mano se apoy&oacute; en su nuca, sin &aacute;nimo de direcci&oacute;n, sino de caricia y gratitud.<\/p>\n<p>Sus labios lograron activar las dos sensaciones que todo hombre desea. Que ese placer no acabe con el siguiente y que el calor corporal del deseo mezclado con alcohol se concentre donde se hallaban hace poco sus labios. Con un movimiento firme de mi mano la separ&eacute; de su ensimismamiento y la levant&eacute; frente a m&iacute;. La bes&eacute; apasionada y agradecidamente para despu&eacute;s tomarla por la cintura y voltearla, poni&eacute;ndola en frente de la cama. Le saqu&eacute; la cartera que a&uacute;n colgaba de su hombro, lanz&aacute;ndola a un rinc&oacute;n, para posteriormente empujarla suavemente contra la cama. Ella entendi&oacute; mi intenci&oacute;n, poniendo sus rodillas encima del borde de la cama y levantando lentamente su culo resping&oacute;n. Proced&iacute; a levantarle la falta lentamente mientras mord&iacute;a sus muslos a trav&eacute;s de sus medias negras caladas. Ella acompa&ntilde;aba cada mordida con suspiros que se fueron transformando en gemidos. Una vez que pos&eacute; mi boca en su entrepierna, por encima de su fina ropa interior, escuch&eacute; su aprobaci&oacute;n en forma de un gemido largo e intenso. Despu&eacute;s de algunos minutos mordiendo con mis labios aquella zona, me alej&eacute; y le baj&eacute; su ropa interior hasta la parte baja de los muslos. Ella intent&oacute; levantar sus rodillas, pero la contuve. Deseaba verla en esa posici&oacute;n. Sus pies con los tacos negros aguja, seguidos de sus medias caladas negras, coronado con el vestido subido hasta la cintura con la magnificencia de ese culo resping&oacute;n.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de quedar embobado por unos segundos, volv&iacute; a posar mis labios en su entrepierna. Al juntar mis labios con los suyos ella dio un respingo, casi como si le hubiesen dado un golpe de electricidad. A sus labios los mord&iacute;a con los m&iacute;os, los apretaba, me alejaba de ellos recorriendo sus alrededores para despu&eacute;s volver a besarlos. Despu&eacute;s de unos minutos ella comenz&oacute; a comunicar sus ganas de ir m&aacute;s lejos ofreci&eacute;ndome su culo resping&oacute;n en la forma de movimientos hacia atr&aacute;s y hacia adelante. La ignor&eacute;. Segu&iacute; con mi trabajo con los labios interiores hasta que en un momento puse mis manos alrededor de sus muslos y comenc&eacute; a acariciarlos. Cuando sus movimientos ya denotaban una suplicaci&oacute;n, apret&eacute; sus muslos con fuerza e introduje mi lengua hasta el fondo de sus labios interiores. Un &ldquo;aaaah&rdquo; desde el fondo de su garganta me dio la bienvenida.<\/p>\n<p>Mientras segu&iacute;a ateniendo a sus labios interiores y a sus cavidades, un pensamiento cruz&oacute; mi mente y elev&oacute; mi temperatura corporal. Al mismo tiempo, los gemidos de Viviana comenzaban a acelerarse por lo que aprovech&eacute; de seguir su ritmo. Aplicando una t&eacute;cnica que siempre me hab&iacute;a dado buen resultado, saqu&eacute; de mi bolsillo un cond&oacute;n y comenc&eacute; a pon&eacute;rmelo sin detener mi tarea. Pocos minutos despu&eacute;s comenz&oacute; a decir algo por primera vez en la noche &ldquo;sigue&hellip;sigue&hellip;sigue&rdquo;, por lo que llev&eacute; mi pensamiento lentamente a la pr&aacute;ctica. Introduje dos dedos dentro de ella, los cuales recibi&oacute; como una agradable sorpresa. Contin&uacute;e bes&aacute;ndola, ahora en su cl&iacute;toris, y cuando not&eacute; que su orgasmo era inevitable, me dirig&iacute; a besarle su culo. Su primer orgasmo lleg&oacute; entre gritos. Mi idea ten&iacute;a su primer &eacute;xito.<\/p>\n<p>Posteriormente, me puse en p&iacute;e, acercando mi boca a su o&iacute;do y ubic&aacute;ndome en la entrada de sus labios. &ldquo;Lo quieres?&rdquo; le pregunt&eacute;, respondiendo con un &ldquo;&iexcl;siii!&rdquo;. De un solo golpe llegu&eacute; hasta el fondo de su ser. Ella respondi&oacute; con un grito de placer y sorpresa. Yo respond&iacute; moviendo ligeramente mis caderas hacia arriba, hacia abajo y hacia el frente para que se sintiera absolutamente penetrada. Nos conoc&iacute;amos y el &ldquo;ah! ah!&rdquo; fue la respuesta que esperaba. Tengo la fortuna de decir que todas las mujeres que he penetrado se han sentido llenas. Viviana no fue la excepci&oacute;n, sintiendo c&oacute;mo sus labios apretaban mi base. La uni&oacute;n perfecta entre vaina y espada estaba completa.<\/p>\n<p>Mi penetraci&oacute;n consist&iacute;a en sacar un tercio para volver a entrar con fuerza, en una sucesi&oacute;n que terminaba con una salida total y una penetraci&oacute;n con todas mis fuerzas. Ella conoc&iacute;a mi ritmo. Deseaba calentarla a&uacute;n m&aacute;s. Cuando sent&iacute; que sus jugos aumentaban, le di una fuerte palmada en su culo, a lo que ella respondi&oacute; con un gemido de placer. As&iacute;, comenc&eacute; a acelerar la profundidad y cantidad de mis penetraciones, acompa&ntilde;&aacute;ndolas siempre con palmadas en ambos lados de su culo. Viviana me comunic&oacute; con el vaiv&eacute;n de sus caderas y el volumen de sus gritos que continuara. Dos minutos despu&eacute;s vivieron nuevamente sus &ldquo;sigue&hellip; sigue&hellip; sigue!&rdquo;, coronados por un enorme orgasmo lleno de gritos y espasmos corporales.<\/p>\n<p>En el momento en que los gritos comenzaban a apagarse, la volte&eacute; en la cama, poni&eacute;ndola frente a m&iacute;. Me sub&iacute; encima de ella, ubic&aacute;ndome nuevamente en su entrada. Estaba vez entr&eacute; gentilmente mientras la besaba. Me fui hundiendo en ella mientras le mord&iacute;a su cuello y le apretaba sus muslos. Quer&iacute;a ser gentil y darle un descanso despu&eacute;s de aquellos dos exquisitos orgasmos. Le hice el amor durante varios minutos hasta que, en un momento, entre suspiros y gemidos, me dijo al o&iacute;do: &ldquo;har&iacute;a cualquier cosa por ti&rdquo;. Superando la sorpresa inicial, le contra pregunt&eacute; &ldquo;lo que fuera&rdquo;, a lo que contest&oacute; con un s&iacute;.<\/p>\n<p>En ese preciso momento me sal&iacute; de ella. Poni&eacute;ndome de rodillas, la tom&eacute; con fuerza volte&aacute;ndola. Su culo resping&oacute;n estaba nuevamente en frente m&iacute;o. Me acost&eacute; sobre ella, quit&aacute;ndome raudo el cond&oacute;n. No pod&iacute;a quitarle la virginidad sin sentirla. Ella estaba completamente sorprendida, mientras baj&eacute; mi mano para ubicarme d&oacute;nde tanto lo deseaba. Mi deseo era tan grande que no me pude contener. No pude ser un caballero, tampoco un enamorado, sino un amante preso de la lujuria. Una vez ubicado la penetr&eacute; con fuerza tomando su virginidad. Su culo, despu&eacute;s de mis besos y sus orgasmos, estaba totalmente lubricado. Sin que ella lo supiera, su culo deseaba abandonar su virginidad. Como lo esperaba su culo virgen era absolutamente delicioso. Su resistencia, cual mantequilla al sol, ten&iacute;a una resistencia que me llevaba a placeres inimaginables. Viviana grit&oacute; muy fuerte de sorpresa y dolor. Decid&iacute; parar y decirle al o&iacute;do: &ldquo;rel&aacute;jate y disfruta&rdquo;. La termin&eacute; de penetrar completamente con suavidad y dulzura, nuevamente moviendo mis caderas hacia arriba y hacia abajo en el proceso. Continu&eacute; siendo gentil con mi virgen por unos minutos hasta que volv&iacute; a sentir que lentamente volv&iacute;an sus gemidos de placer.<\/p>\n<p>Un morbo que nunca hab&iacute;a sentido antes en m&iacute; comenz&oacute; a dominarme. El morbo de ser veinte a&ntilde;os menos y, sin embargo, estarle quitando su virginidad haci&eacute;ndola sentir un placer desconocido. Sab&iacute;a que se hab&iacute;a mantenido virgen pues ninguno de sus amantes hab&iacute;a logrado convencerla, no porque se lo hubiese preguntado, sino porque sab&iacute;a que nunca nadie hab&iacute;a sacado esa puta que llevan todas las mujeres dentro. Esa puta, no el sentido de dominaci&oacute;n machista o del pago en dinero, sino esa puta que se entrega al placer sin importarle nada m&aacute;s. Ese ser puta que es el estadio superior de las amantes femeninas. Yo sab&iacute;a que con eso la har&iacute;a &ldquo;mi putita&rdquo; para siempre.<\/p>\n<p>De solo recordar c&oacute;mo lo goc&eacute; me calienta el cuerpo. El contacto de mi pelvis con su culo resping&oacute;n no hac&iacute;a m&aacute;s que invitarme a volver a penetrarla. El morbo me hac&iacute;a hablarle sucio al odio. Sab&iacute;a que deb&iacute;a acompa&ntilde;ar la destrucci&oacute;n de su virginidad haci&eacute;ndola sentir lo m&aacute;s puta posible. &ldquo;Te gusta que te rompa el culito?&rdquo; comenc&eacute; a decirle al o&iacute;do. &ldquo;Te encanta que el pendejito te estrene ese culito resping&oacute;n?&rdquo;. Segu&iacute; habl&aacute;ndole sucio al odio mientras la penetraba, sin que a&uacute;n ella respondiera, hasta que llegu&eacute; al momento clave: pod&iacute;a salirme hasta la punta y volver a entrar completamente sin resistencia alguna. M&aacute;s a&uacute;n, cuando la llenaba recib&iacute;a un gemido de aprobaci&oacute;n. Entonces, decid&iacute; llevarla hacia el &uacute;ltimo estadio de placer. La volv&iacute; a penetrar fuerte y completamente. Ella respondi&oacute; con un gemido. Entonces, qued&aacute;ndome completamente quieto, me acerqu&eacute; a su o&iacute;do y volv&iacute; a preguntarle: &ldquo;Te gusta que te rompa el culito?&rdquo;. A lo que ella respondi&oacute; que s&iacute;. &ldquo;No te escuch&oacute;&rdquo; ment&iacute;. Ella volvi&oacute; a decir que s&iacute;. Repet&iacute; mi frase mientras la comenzaba a penetrar con m&aacute;s velocidad. Despu&eacute;s de la tercera vez que pregunt&eacute; su respuesta fue un largo &ldquo;siii!!!&rdquo;.<\/p>\n<p>Entonces me enfoqu&eacute; en que tuviese su primer orgasmo. Mientras le mord&iacute;a el cuello la penetraba sin miramientos. Entonces logr&eacute; sintonizarme con ella. Sus gemidos fuertes comenzaron a transformarse en gritos que aumentaban a cada momento. De manera exquisita su culo estaba totalmente lubricado y me invitaba a romperlo. Logrando controlar mis ganas de venirme, segu&iacute; acoplado a sus tiempos hasta que supe que su orgasmo era inminente. Aceler&eacute; con las fuerzas que me quedaban hasta que ella tuvo su orgasmo, casi estrangul&aacute;ndome con su culo en el proceso. Nunca hab&iacute;a gritado tan fuerte.<\/p>\n<p>Desde ese momento algo cambi&oacute; para siempre entre nosotros. Ella supo que su culo siempre ser&iacute;a m&iacute;o y que s&oacute;lo yo hab&iacute;a sido el que la hab&iacute;a hecho gozar como una puta. Desde ese momento se convirti&oacute; para siempre en mi putita.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Nos conocimos por internet, espec&iacute;ficamente por Twitter. Despu&eacute;s de unos intercambios en p&uacute;blico, comenzamos a enviarnos mensajes directos. Convers&aacute;bamos de todo: experiencias, vida pr&aacute;ctica, pol&iacute;tica y por alguna raz&oacute;n tambi&eacute;n de sexo. 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